Declaimer: Los personajes pertenecen a Cassandra Clare yo solo juego con ellos. La trama es mía.


Capítulo XI

—Jace ¿estás listo? —preguntó Clary tocando a su puerta. Él llevaba puesto un ligero pijama azul marino.

—Todavía no —escuchó como ella suspiró—. Pasa un segundo —le comentó. Al verla sus ojos se iluminaron, ella llevaba una falda negra con vuelos y una blusa verde, con unas zapatillas a juego. Su melena iba suelta y sus senos se veían encantadores. Él se acercó con paso decidido y la abrazó.

—¿Sucede algo? —preguntó extrañada y no era para menos. Aquella muestra de afecto le sorprendió.

—Solo quiero hacer esto —dijo besándola. Ella se dejó hacerlo, de igual manera lo deseaba pero él al parecer estaba necesitado. Sin cuidado alguno rompió la blusa y atacó los senos de su hermana, ella gemía a tal punto que suplicaba por más. Jace no se quedó corto y rasgó su panty permitiéndole besar aquel manjar de ella.

Se sentía un dios al escuchar los gemidos que él le provocaba, siguió la faena hasta hacerla acabar en su boca. Sin dejarla descansar, entró de golpe en ella haciéndola gritar su nombre. Los embistes fueron feroces a tal punto de hacerla llorar del dolor y placer. Estaba ciego, estaba ido por el placer que provocaba el tener a su pequeña hermana así.

—Te amo —dijo mordiéndole la oreja. Ella no podía hablar y él tampoco le daba chance. En cuanto medio abrió la boca, él metió su lengua para robar el más feroz de los besos dados esa tarde. Sin poder contenerse más acabó dentro de ella, vaciando así su sexo pues el uso del preservativo fue dejado a un lado.

—Jace despierta que Cris nos está esperando —gritó Clary sacándolo de aquel sueño caliente.

—Mierda —dijo al darse cuenta que ese había sido un sueño muy mojado. Se dirigió al baño y tomó una ducha súper fría, no quería andar todo caliente y deseoso con sus hermanos. Una vez acabada esa acción, se colocó un bóxer blanco y una playera del mismo color; un jean negro y converses a juego. Tomó su cartera, llave y aplicó un poco de perfume.

Al llegar a la sala, encontró a Cris vestido similar a él, la diferencia estaba que en vez de converse usaba unos vans. Cuando hubo detallado a Clary, deslumbró que vestía igual de parecido, solo que en vez de un jean largo, traía uno corto de tiro alto, con un torerito de mangas largas y un bustier blanco, con unos converse botines negros. La risa no se hizo esperar, aquella situación les causaba gracia a los hermanos. De haberse querido ponerse de acuerdo, tal vez no hubiese salido así de perfecto.

—Te tardas más que Clary —regañó Cris a Jace una vez acabadas las risas.

—Yo dormía enano y ella —señaló a Clary— se estaba arreglando desde temprano y te aseguro que cuando llegaste, ella todavía no estaba lista —aseguró.

—No puedo negar que tienes razón allí —dijo riendo. Clary los observó seria y sin decir más abandonó la sala. Ellos la siguieron bajo largas carcajadas, ella suspiró. Jace quería llevar la tarde en paz e hizo que Cris se calmara. Al llega al vehículo, vio a su hermana usando el celular y frunció el ceño, no quería encontrarse con el "novio" de ella y menos con aquel amigo con quien la vio cogiendo en público. El recordar eso agrió su actitud y en silencio partió al parque de diversiones, que de seguir así, no sería divertido para nada.

Los hermanos Morgenstern tenían ya cuatro horas en lo mismo, se subieron a cuantos juegos era posible y ahora iban a comer. Ellos sabían que era peligroso estar en un lugar así y sin protección pero amaban ver la felicidad en Cris y siguieron el paseo aunque ya fuese de noche.

Después de haber comido y con un Cris prácticamente dormido en sus brazos, Jace y Clary iban a paso lento hacia la camioneta donde habían venido. Clary abrió la puerta para que Jace dejara a su pequeño hermano en la parte trasera.

—Jace —gritó Clary— ayuda —chilló aún más fuerte. Jace lanzó la puerta, volteó y vio como dos hombres arrastraban a su hermana a una camioneta negra. Él corrió hacia ellos pero un sonoro disparo le hizo caer de bruces, la burla en la mirada de aquellos hombres le golpeó fuertemente y aun tirado en el duro suelo, vio como el vehículo se llevaba a su hermana, al amor de su vida.

Aquella se convirtió en una pesadilla para Jace, perdió a su hermana, al amor de su vida y tenía que hallarla lo más rápido posible. Intentó llamar a sus padres pero estos no respondían su llamado. Llevó a Cris al internado y se despidió con el mal sabor en la boca, le pidió que se cuidara y no hablara con extraño; besó su frente y se marchó no queriendo preocuparlo con lo de Clary.

Una vez hubo avanzado, llegó a casa de sus tíos y con desesperación llamó a la puerta de aquella casa. Su tía Maryse abrió la puerta con el ceño fruncido pero al ver que era su sobrino y este venía llorando, le hizo entrar de inmediato.

—¿Qué pasa? —preguntó desesperada.

—Es Clary —dijo entrecortado.

—¿Qué le pasó a Clary, Jace? —preguntó alarmada.

—Le han secuestrado —Jace tembló al revelar aquello. Su corazón bombeaba a magnitudes considerables y sus piernas cedieron por lo que cayó. Escuchó como su tía gritaba por su esposo. Alec, Izzy y Max aparecieron frente a él e intentaron abrazarlo pero Jace no le permitió paso. No quería un consuelo, quería hallar a su hermana. Ya había perdido a sus padres, ¿acaso debía sentir más dolor? Pensó.

Investigadores llegaron a paso rápido y él relató lo poco que sabía de aquella situación, les habló sobre las amistades de su hermana; también se dio cuenta que conocía poco de ella y que de tener enemigos, él no lo sabría pero eso le importaba poco. Quería recuperar a su niña, a su ángel, su Clary. Sus tíos intentaron comunicarse con Valentine pero fue en vano, ahora el celular salía apagado y los enviaba directo a la contestadora.

—Mierda —exclamó Izzy llorando. A Jace le tenía sin cuidado lo que hicieran sus primos, él quería salir y revisar cada piedra del mundo, encontrarla era su meta. Fue a su habitación en aquel hogar y se encerró como si esta fuese una torre. Su torre de la devastación.

—Jace —llamaron—, mamá que bajes a comer —entró un chico de nueve años.

—Dile que al rato voy —dijo no muy convencido, solo quería que él lo dejara solo—. Max —llamó al ver que el chico salía.

—Dime —volteó a verlo.

—¿Por qué no estás en el internado con Cris?

—Él dijo que se quedaría con ustedes a dormir, por eso me vine a casa. Odio estar en el internado sin él —dijo simple. Jace asintió y dejó ir a su primo.


Las paredes de aquella habitación eran algo rústicas, el piso estaba polvoriento y mugroso. Ella tosía a cada cuento y sus lágrimas ensuciaban su rostro. Tenía miedo, mucho miedo y odiaba no poder ver más allá. La obscuridad le asustaba y el chirrío de los grillos hacía que su corazón saltara de terror.

El único punto que Clary podía ver con claridad, era donde la luz de la luna se reflejaba por una minúscula ventana que estaba entablada. Esperaba que el día pudiera revelarle más y así poder huir pero tenía un problema, no sabía dónde estaba, qué querían de ella y menos si saldría viva de aquel lugar.

Su miedo subía con pasos apresurado a su garganta y sentía que poco a poco se estaba asfixiando. Quería gritar, quería sacar dentro aquella emoción pero no podía; se había quedado sin voz y solo podía emitir leves quejas o sollozos.

Siempre había pensado en la muerte como al abstracto, no alto tan cerca, no tan real y ahora que podía sentirla sobre ella quería vivir. Siempre había pensado que la muerte era parte del universo, parte de todo lo que nace y veía absurdo temerle pero allí, ahí a obscura se dio cuenta que la gente no le teme a la muerte, le teme al dolor que esta deja.

Recordó cuando estaba en el internado y conoció a este chico que le parecía el ideal. Encantador y buenmozo.

Raphael —suspiró. Él era una cosa particular, cuando ella llegó a ese Instituto se sentía sola e insegura. De todos, el chico popular se le acercó.

—Hola ¿estás bien? —le dijo él. Ella lo miró fijamente y lo contempló. Él llevaba el uniforme algo desordenado y sus negros rizos gruesos despeinado. Era exótico y eso a ella le fascinaba, su piel era una morena del color de la miel y su arrogante sonrisa le hizo temblar. No pudo evitar compararlo con Jace y vio en él un encanto fascinante.

—Sí, es solo que soy nueva y ando un poco perdida —respondió con una sonrisa.

—Yo te ayudo —le dijo con una cálida sonrisa. Le tomó del brazo y se la llevó consigo a caminar por el internado.

Al finalizar el día él le había pedido una cita y ella aceptó gustosa, pero eso fue el inicio de todo su problema. Los secretos ahora la invadían y todo por él. Por haberle permitido a él hacerse dueño de su vida, se perdió a sí misma y ahora moriría como él.

—Hola Clarissa —dijeron.


Hola aquí les dejo un nuevo capítulo.

Feliz fin de semana.

P.D.: El capítulo está recién sacado del horno... Lamento los errores ortográficos y demás que puedan ver, por favor me avisan si así es.

¡Saludos!