Disclaimer: La historia no me perteneces, es propiedad de Laura Lee Guhrke, una adaptación de su libro; Y entonces él la besó, en el mundo de Naruto, cuyos personajes tampoco son de mi autoría, sino del mangaka Masashi Kishimoto. Personalidades un poco OoC


CAPÍTULO 11

Ha sido mi deber, querida Hinata, guiarte hacia la edad adulta. Enseñarte a comportarte como una dama, orientarte en los momentos difíciles de tu juventud, y protegerte de las maldades de este mundo. He tratado de inculcarte lo que significa de verdad ser una dama, y al verte ahora, sé que lo he conseguido. Estoy orgullosa de ti, querida. Muy orgullosa.

Últimas palabras de la señora

KURENAI YUUHI a su sobrina, 1888

Hinata supuso que su tía no se sentiría tan orgullosa en aquel momento. Ella y lord Uchiha salieron de Au Chocolat y emprendieron el camino de regreso hacia Little Russell sin decirse ni una palabra. Cosa que agradeció, pues estaba demasiado confusa para hablar.

Sabía que ciertas cosas estaban mal. Así se lo habían enseñado. Consentir que un hombre le lamiera los dedos era una de ellas. Así como permitir que un hombre se sentara tan cerca en la hierba y le rozara la pierna con la suya. Y también dejar que la muñeca de ese hombre rozara su muslo. Si la tía Kurenai hubiera estado con ellos durante esos incidentes, no habría permitido que lord Uchiha se tomara tales libertades. Y si con su mera presencia no hubiera bastado, la tía habría tosido o le habría golpeado con la punta de la sombrilla para advertirle.

Dejando aparte el caso de Matsuri y su excelente señor Jones, para los que Hinata se había atrevido a reinterpretar las reglas de conducta, en sus escritos ella siempre aconsejaba a las jóvenes damas que mantuvieran las distancias. Si la señora Byakugan se hubiera encontrado en una situación como la de aquella tarde, habría detenido a lord Uchiha y lo habría abofeteado.

A Hinata le preocupaba no estar hecha de la misma pasta que su personaje de ficción.

Cuando él le había lamido el chocolate de los dedos y le había acariciado la mano con la lengua, se había quedado tan aturdida que ni se le ocurrió siquiera resistirse. Había bastado sentir su boca en su piel para que todas las normas de conducta, junto con sus principios, se desvanecieran de su mente. Era horrible descubrir que sus convicciones tenían tan poco fundamento.

Lo miró de reojo mientras caminaba a su lado. Antes, él jamás se había comportado así. En alguna ocasión le había tomado el pelo, eso sí, y de vez en cuando le había gastado alguna broma.

Pero ahora todos los comentarios que hacía eran personales, como si flirteara. Ningún hombre había flirteado con ella antes. Ninguno había tratado de hacer nada inapropiado, y Hinata no lograba entender que lord Uchiha lo hiciera precisamente entonces. Él podía comportarse de ese modo con cualquier mujer, y seguro que lo había hecho muchísimas veces. ¿Por qué ella? ¿Por qué entonces?

«Me gustaría mucho besarte.»

De jovencita, Hinata había soñado alguna vez con que el señor Uzumaki la besara. Ahora ya no, y hacía mucho tiempo que había enterrado esos sueños junto con sus esperanzas y su corazón roto. En esos momentos sentía que aquellos sueños secretos y tan románticos volvían a renacer, pero con otro hombre; uno mucho menos apropiado y mucho más presuntuoso que el señor Uzumaki. Un hombre que quería besarla y que no escondía su deseo, que la hacía preguntarse, al igual que cuando era aún casi una niña, qué sentiría cuando alguien la besara.

Volvió a mirarlo, y un escalofrío de anticipación le recorrió la espalda. Quería que la besara.

Estaba mal que un hombre besara a una mujer sin estar casados o como mínimo prometidos, se recordó a sí misma, y era sabido que lord Uchiha no quería volverse a casar. Él era un hombre de mundo, de los que tienen ilícitas aventuras con bailarinas. Y desde luego, ella tampoco quería casarse con él.

Se detuvieron en una esquina y, sin dejar de mirarlo, Hinata se llevó a los labios los dedos que él le había besado.

Lord Uchiha giró la cabeza, la miró a su vez y sonrió. Ella se quedó sin aliento, y el corazón le dio un vuelco, causándole dolor y placer a la vez.

Era un sentimiento demasiado fuerte. Apartó la mirada y bajó la mano con brusquedad. Ella era una persona seria, se dijo a sí misma mientras cruzaban la calle. No le gustaba hacer cosas prohibidas o que estuvieran mal. Ya no era una jovencita. Y desde luego, no era una provocadora.

—¿Qué pasa, Hinata?

La voz de lord Uchiha interrumpió sus pensamientos.

—Después de lo que ha pasado, no entiendo que me haga esa pregunta, milord.

Él se rió.

—Después de lo que ha pasado, creo que deberías llamarme Sasuke.

Hinata suspiró exasperada.

—Yo diría que no, milord.

Él se encogió de hombros y se cambió de mano la edición del Social Gamite y la caja de bombones que había comprado para sus hermanas.

—Sólo te he besado la mano.

—¡Hace que parezca tan inocente! —Se dio cuenta de que había levantado la voz, y miró alrededor para asegurarse de que nadie la había oído, pero el tráfico de Londres era tan ruidoso que aseguraba que los demás transeúntes no pudieran escuchar su conversación—. Tal vez no sepa… no sepa tanto como usted sobre estos temas —prosiguió, mirándolo a los ojos—, pero ¡incluso yo sé que no ha sido «sólo un beso»! Usted… usted estaba… —Le tembló la mano, una oleada de calor le recorrió todo el cuerpo, y se quedó sin habla.

Apartó la mirada, y, con las manos enguantadas metidas en los bolsillos de la falda, aceleró el paso, pero Uchiha la atrapó en seguida y caminó relajado a su lado.

—Hinata —le dijo al llegar a la calle donde ella vivía—, no ha pasado nada. —La ternura que había en su voz sólo consiguió empeorar las cosas—. Ha sido algo inocente.

—No ha sido inocente. Si hubiera entrado alguien y nos hubiera visto…

—No ha entrado nadie.

—Pero ¡podría haber pasado! Y sería mi reputación, y no la suya, la que habría pagado las consecuencias.

Por primera vez, una sombra de culpabilidad apareció en el rostro del vizconde, y Hinata apartó la mirada.

—Tú no me detuviste.

—Usted no me soltaba la mano.

—Tú no lo intentaste demasiado.

Contra eso no podía decir nada, porque era verdad.

—¡Y he hecho mal! Oh, ¿cómo he podido permitir que me hiciera algo tan perverso?

—¿De verdad crees que lo que ha ocurrido entre los dos es algo perverso? Hinata, no vas a ir al infierno por lo que ha sucedido, eso lo sabes, ¿no? Nadie te va a mandar a la cama sin cenar, ni se va a llevar tus regalos de Navidad.

Eso la puso furiosa, y contribuyó a alterar aún más sus emociones.

—¡No se burle de mí! —gritó ella, deteniéndose en mitad de la calle, a escasos metros de la puerta de entrada.

Sasuke se puso serio de golpe y también se detuvo.

—No lo hago. Pero me parece que te preocupas demasiado por lo que ha sido un flirteo inocente, y no entiendo por qué.

«Por todo lo que tú me has hecho sentir.»

Quería gritarle esas palabras allí, en plena calle. Pero en vez de eso, inspiró hondo y dio media vuelta encaminándose a la puerta de entrada del edificio.

—Cosas como ésa nunca son inocentes —murmuró en voz baja, tratando de recordar las advertencias que su tía le repetía siempre de niña—. Cosas como ésa pueden llegar a… —Se detuvo, con la mano en el picaporte.

Detrás de ella, escuchó una suave risa gutural.

—¿En una bombonería? Créeme, si hubiera querido que eso llegara ser algo más, te habría llevado a un sitio mucho más íntimo y romántico antes de besarte la mano.

—¡Pues qué alivio! —contestó sarcástica, y empezó a abrir la puerta, pero él apoyó la mano e impidió que pudiera escabullirse.

—¿De qué va todo esto en realidad? —preguntó Sasuke.

—Deje que me vaya. —Cuando vio que él no iba a permitírselo, se volvió y lo fulminó con la mirada—. Me pregunto qué pensará la gente si ve a un hombre acosando a una mujer de esta manera.

—¿Qué gente? ¿Tu casera? Me parece que te pierdes por lo que piensen los demás.

—Es importante tener en cuenta la opinión de la gente que te rodea.

—No, no lo es. La respuesta a lo que está bien y lo que está mal no la encontrarás en las opiniones de los demás. Ni tampoco en los libros de etiqueta. Sólo hay un modo de saberlo. —Se inclinó hacia ella sin avisar, y la tocó justo en el esternón.

Hinata se quedó sin respiración.

—Tienes que buscarla aquí —dijo, con la palma apoyada en el plexo de la muchacha y los dedos extendidos entre sus pechos—. Aquí es donde siempre encontrarás la verdad.

Angustiosamente consciente de que estaban en mitad de la calle y de que todos sus vecinos podían verla, Hinata miró a ambos lados, pero por suerte era la hora de cenar, no había nadie por el barrio.

—Se refiere al corazón, supongo.

—No. Me refiero a tu instinto, él siempre te dirá la verdad. El corazón puede mentir. La intuición, el instinto, no.

—¿Y usted siempre sigue sus consejos?

—Siempre. —Hizo una pausa y apartó la mano—. Casi siempre.

No era asunto suyo, pero tuvo que preguntarlo.

—¿Y qué pasó la última vez que escuchó a su corazón y no a su instinto?

—Que me casé.

—Ya veo. —Dudó unos instantes, pero no pudo evitar continuar—. ¿Y qué fue lo que lo impulsó a divorciarse, su corazón o su instinto?

Él hizo una mueca de desdén.

—Supongo que tú, como el resto de la sociedad, me condenas por haberlo hecho. A pesar de que yo era la parte ofendida.

—Me educaron en la creencia de que el matrimonio es para toda la vida, de que es un voto sagrado que se realiza ante Dios y que no debe romperse, si es a eso a lo que se refiere.

—Qué fácil resulta para alguien como tú decir todo eso.

—¡El que esté soltera no implica que no pueda tener una opinión formada sobre el matrimonio y el divorcio! —replicó dolida.

—¿Y no deberías saber lo que hizo mi mujer, antes de juzgar si yo tenía o no motivos suficientes para divorciarme de ella?

—No me corresponde a mí juzgar eso.

—¿Que no te corresponde? —Se rió, pero fue una risa dura y sin humor—. La señora Byakugan se pasa la mayor parte del tiempo dando consejos a los demás sobre normas de etiqueta, así que, ¿cuál es el protocolo en una situación como la mía? —Bajó la voz, que le vibraba con una ira y una rabia que Hinata no le había oído jamás—. ¿Qué debería hacer un hombre cuando su esposa se pasa todo el día insultándole y deseando estar con otro? ¿Debe ser educado y caballeroso y fingir que no se da cuenta y que no lo está pasando mal? ¿Tiene que comportarse como un santo o un mártir y no decir nada?

Se acercó a ella, y, a la luz nocturna, Hinata vio brillar algo en sus ojos, algo frío y duro como el hielo.

—Y cuando ella se va a América con su amante —prosiguió el vizconde—, humillando públicamente tanto a su marido como a su familia política, ¿qué debe hacer él? ¿Fingir que no tiene importancia? ¿Empezar el proceso de separación? ¿Pasarse el resto de su vida célibe? ¿Buscarse una amante?

Ella se quedó atónita al ver el dolor que se reflejaba en su rostro.

—Quería a su esposa —dijo, comprendiéndolo por primera vez.

—¡Por supuesto! —Él apartó la mirada, y respiró hondo—. Si no, no me habría casado con ella.

—No lo sabía. Supongo que… —Se detuvo antes de continuar—. Supongo que siempre había pensado que, si la hubiera amado, habría ido tras ella.

—¿Te refieres a que debería haberla seguido hasta Nueva York? ¿Arrancarla de los brazos de su amante y convertir el resto de mi vida en un infierno? ¿Habría sido más apropiado que hiciera esa barbaridad antes que divorciarme de ella?

Hinata lo miró sin saber qué decir. Para ella, el divorcio era tan impensable como salir de casa sin corsé o no ir a misa. Pero por otro lado, ¿qué sabía de las relaciones entre hombres y mujeres? Casi nada.

—Me enamoré de Sakura la primera vez que la vi —prosiguió Sasuke, apoyando la espalda en la pared del edificio—. No sabía nada de ella, ni de su personalidad, ni de su carácter, pero no me importó. Me bastó con mirarla a los ojos para enamorarme. Tenía los ojos más grandes, hermosos y tristes que había visto jamás. Empecé a organizar la boda inmediatamente después de que me la presentaran. Fue así de rápido.

Hinata se quedó mirándolo, atónita, y recordando un día, tiempo atrás, en el salón de casa de su tía, cuando otro hombre le había contado algo similar.

—Yo también me enamoré una vez —confesó.

—¿De verdad?

Ella asintió y apoyó la espalda contra la puerta, mirando a la gente que pasaba por la calle, pero con la imagen de la casa de Red Lion Square, seis bloques más allá, en su mente.

—Se llamaba Naruto Uzumaki, y era un amigo de la familia de mi madre. Lo conocía desde que ambos éramos niños. Cuando mi madre murió, mi padre rompió con su familia política y sus amistades, y no volví a verlo hasta que me mudé a Londres con mi tía. El señor Uzumaki y yo nos hicimos amigos. Muy buenos amigos.

—¿Novios?

Hinata respiró hondo.

—Eso creía yo.

—¿Qué pasó?

—El venía a visitarme a casa de mi tía casi cada día. Cenaba con nosotras, dos o tres veces por semana. Teníamos una gran cantidad de cosas en común, y pensábamos de forma parecida acerca de muchas cosas. En las fiestas, si había música, bailábamos el uno con el otro. Íbamos juntos a todas partes, y todo el mundo daba por sentado que algún día nos casaríamos.

—¿Y? —la instó Sasuke cuando ella se quedó callada.

—Y entonces, una noche fue a una fiesta. Yo tenía que ir también, pero estaba muy resfriada y no pude asistir. Mi tía se quedó en casa para hacerme compañía, y a la mañana siguiente me enteré de que el señor Uzumaki había bailado mucho con una chica menuda de pelo rubio. Se llamaba Shion Moryo, y era de Yorkshire. —Al contarlo, Hinata se dio cuenta de que ese recuerdo ya no le dolía—. Tres días más tarde, cuando ya me había recuperado del resfriado, el señor Uzumaki vino a verme para contarme las buenas noticias: se había enamorado de Shion. Ella era la chica más guapa, más vivaz, más encantadora que había conocido jamás, e iban a casarse.

—Hizo una pausa y negó con la cabeza, como si aún no lograra comprenderlo—. Acababa de conocerla y ya quería casarse con ella. Los seis años que él y yo habíamos compartido no eran nada comparados con los tres días que llevaba con Shion.

—Lamento que te rompiera el corazón.

—No fue sólo el corazón. Ese día también perdí a mi mejor amigo. La traición duele mucho.

—Sí —reconoció él—. Mucho.

—¿Cómo es posible? —preguntó curiosa, confiando en que Uchiha pudiera explicarle lo que nunca había logrado entender—. ¿Cómo puede uno enamorarse en un instante?

—No lo sé. Pero en mi caso puedo decirte que fue una especie de locura.

—¿Y ya se ha recuperado?

—Sí. Si se tiene suerte, se supera antes de cometer el error de casarse. Yo no la tuve, pero ¿qué me dices de tu señor Uzumaki? ¿Está felizmente casado?

—Lo último que supe de él fue que era muy feliz. Claro que… —añadió con maldad—, él vive en Londres y su mujer en Yorkshire.

Lord Uchiha se rió.

—Seguro que ése es el secreto de un buen matrimonio.

—Seguro —asintió ella, riéndose también. De repente, se sentía relajada, como si le hubieran quitado un gran peso de encima. Giró la cara y lo miró—. Es raro, es la primera persona a quien se lo cuento. Mi tía sabía lo que había pasado, por supuesto, y nuestras amistades, pero nadie hablaba nunca del tema, ni yo tampoco. A las damas no se nos permite desmoronarnos frente a nadie, ni preguntar otras cosas que pueden ser indiscretas. Nunca me sentí capaz de decirle a nadie lo mal que lo estaba pasando.

—Es muy doloroso descubrir que el amor no es correspondido.

—¿Su esposa nunca le quiso?

—Nunca. Y lo peor de todo es que yo lo sabía. —Se colocó el puño en el mismo lugar donde momentos atrás la había tocado a ella—. Aquí dentro, mi instinto lo sabía. Pero no le hice caso. En vez de eso, escuché a mi corazón. Si hubiera atendido a mi instinto nos habría ahorrado, tanto a Sakura como a mí, años de sufrimiento. —Meneó la cabeza e hizo el ademán de partir—. Está oscureciendo, será mejor que me vaya.

—Sí, claro. Buenas noches. —Se dio media vuelta para abrir la puerta, pero la voz de él la detuvo.

—¿Hinata?

Ladeó la cabeza y lo miró.

Estaba de pie en la acera, observándola.

—Si de verdad creías que lo que estaba haciendo estaba mal, ¿por qué no me has detenido?

Sasuke dio media vuelta sin esperar a que ella respondiera, y se dirigió hacia su carruaje. Hasta que Hinata no vio alejarse el coche no reconoció la verdad:

—Porque, aunque sabía que estaba mal, dentro de mí he sentido que estaba bien. Y eso me asusta.

Miró cómo el carruaje desaparecía al doblar la esquina. Ella podía recitar de memoria todas las normas de educación del mundo, pero no podía dejar de preguntarse si esas normas servían para distinguir lo que estaba bien de lo que estaba mal. Y lo peor de todo era que empezaba a darse cuenta de que, aunque era una madura mujer de treinta años, no sabía nada de la vida.


Notas de la autora: Esta es una nueva adaptación y aunque pueden estar un poco salidos de los personajes pensé que sería como una combinación de las personalidades originales y las de Road to Ninja, espero que les guste tanto como a mi.

Hola, no sé en que momento o lugar estés leyendo esto, pero muchas gracias por pasarte y leer esta adaptación, dejen unos reviews que siempre son bien recibidos.

Gracias por todo, ya nos leemos. Pronto, espero :D