Capítulo 11

El Legado del Tercer Reich – Segunda Parte

Una vez que Himmler terminó su exposición, Emily y Luna se quedaron heladas.

-Sí, sabíamos de las guerras y tal… sin tantos detalles, claro.-Mencionó Luna.

-Es entendible. Ahora bien, ¿cómo llegaron aquí, exactamente?-Preguntó Himmler.

De acuerdo a su historia, parecía tener métodos para arrancarle la verdad a la gente. Emily pensó rápido. Podían mentir y jugar sus chances, o arriesgarse a que las fuercen a admitir la existencia de la carta y revelar que una había Aurora infiltrada. Ninguna opción era inofensiva…

-Por el profesor Snape…-Contestó Emily.

-Severus Snape.-Agregó Luna.

Himmler se cruzó de brazos, pensativo. Caminó hasta el centro de la sala y ordenó que todos dejen sus tareas para escucharlo. Mientras los presentes acataban, Himmler desenfundó su varita: tenía un mango plateado con una calavera similar a la que llevaba uno de los presentes en una gorra militar.

-¿Quién es este "Severus Snape" del que tanto escucho hablar? No recuerdo haber dejado entrar a ningún profesor de Hogwarts a este búnker.-Expresó Himmler en un tono de fastidio.

Varios de los presentes se miraron entre sí. En ese momento Emily se dio cuenta del error que había cometido.

-Dado que ningún Severus Snape estuvo aquí alguna vez, asumo que tenemos una filtración.-Continuó Himmler.

Una tensión se apoderó del ambiente. Himmler pasaba su mirada de uno en uno, como si pudiera detectar la mentira.

-Vamos a hacer inspecciones estos días. Cualquier traidor que encontremos será ejecutado en el acto… excepto los que se entreguen. Y si colaboran, seguramente seré más benévolo.-

Dicho esto les ordenó que vuelvan a sus tareas. Guardó la varita mientras se acercaba a las chicas.

-Me doy cuenta que llegaron aquí sin tener muy claro qué está pasando.-Dijo en un falso tono amistoso como si se disculpara. Acto seguido le hizo un gesto a Helga con la mano.

La mujer se acercó rápidamente.

-No se asusten, no las voy a interrogar. Vamos a hacer otra cosa, que además me asegurará de que este profesor no se enterará nada si es que las mandó para espiar… aprovechándose de su ingenuidad.-Explicó Himmler.

Luna y Emily no dijeron nada. La situación era bastante tensa, estaban en un punto en el que no sabían qué decir.

-Un Juramento Inquebrantable. Y tú Helga, serás nuestra testigo.-Dijo Himmler.

A cada una le hizo jurar que no revelarían bajo ningún concepto absolutamente nada de lo que vieron esa noche. Helga consolidó los juramentos, y dejaron claras las consecuencias de romperlo.

-Es una pena… pero si el búnker está comprometido, no puedo tomar riesgos.-Se disculpó Himmler nuevamente.

-No diremos nada…-Murmuró Luna.

-Cuento con ello. Y que eventualmente regresarán. Reflexionen sobre todo lo que dije, verán que tengo razón.-Dijo Himmler.

Luego de eso miró su reloj. Parecía ser tarde, porque les dio por terminada la visita. Las escoltó por el camino de regreso junto a Helga, mientras seguía hablando del futuro que tenía en mente.

Poco antes de llegar a la recepción le cortó el paso el científico rubio de ojos azules que se había acercado a escuchar su historia previamente.

-¿Qué pasa, Herbert?-Preguntó Himmler.

-Creo que lo conseguí. El suero es un éxito… necesito ir cuanto antes a Londres para poder probarlo.-Dijo el científico con un notable entusiasmo.

-Luego de las inspecciones.-Himmler fue tajante. Pero para el científico fue una respuesta aceptable. Hizo un gesto afirmativo y se fue con una sonrisa triunfal.

Siguieron el camino hasta la recepción donde el encapuchado les devolvió las varitas. Himmler se despidió extendiendo su brazo derecho, y poco después la puerta se cerró. El encapuchado tomó su puesto, se quedó inmóvil como esperando que se vayan.

Luna y Emily empezaron a caminar lentamente. Una sensación escalofriante recorría sus cuerpos tras lo que habían visto. Emily hubiese preferido que le apliquen un hechizo desmemorizante, pero sabía que la decisión del Juramento Inquebrantable era mucho más macabra.

Sintió que la temblorosa mano de Luna se aferraba a la suya. No dijeron nada en todo el trayecto hasta el exterior.

Para cuando salieron de la taberna vieron que el cielo estaba aclarándose, era poco antes del amanecer. Tenían que llegar al castillo cuanto antes.

Habían visto una horripilante mezcla de magia y tecnología al servicio de un megalómano… aliado con Voldemort, nada más y nada menos. Sin embargo no podían decir nada.

-Hay que hacer algo…-Dijo Luna.

-Temo haber metido en esto a Snape… y que descubran a la Aurora…-Emily habló casi en un hilo de voz.

-Yo también mencioné a Snape, pero no creo que hagan nada contra él. En cuanto a la Aurora…-

Emily tragó saliva mientras la angustia se apoderaba de ella. Podría recurrir a Dumbledore… pero sería inútil. El juramento era una amenaza permanente.

Luna la aferró con fuerza.

-Lo vamos a resolver.-Dijo con firmeza.