Capítulo 11

Le había costado relativamente poco descubrir gracias a su tutor esa maravilla llamada MySpace. En apenas dos horas, había logrado abrirse una cuenta y comenzar a utilizarlo. Los no mágicos realmente tenían muy buenos inventos. Eso, y el llamado Ipod, lo habían dejado totalmente fascinado. Había encargado uno online (además de otros aparejos muggles) y al parecer, tardarían un par de días en llevárselos a casa. Ni siquiera tendrían que ver su horrible cara, sólo tendría que abrir la puerta y coger el paquete.

Llevaba un buen rato escribiendo y trajinando con el ordenador, cuando, el espejo que guardaba en el cajón del escritorio empezó a emitir luces y chisporroteos. Draco, malhumorado, dejó lo que estaba haciendo y abrió el cajón de un tirón.

-¿Qué quieres? -se dirigió el chico al espejo, con total descaro. - ¿No ves que estoy ocupado?

Pero ella, la chica reflejada en la superficie del espejo, Savina, pareció ignorar sus preguntas, para contestarle con otra:

-¿No te das cuenta de que no funcionará? No puedes... -dijo ella, pero él la interrumpió.

-¿No puedo qué? Acepta que he encontrado una manera de romper tu estúpido hechizo de un modo en el que no sea necesario que la gente me vea la cara.

-No puedes enamorarte a través de un ordenador. Eso no es amor verdadero Draco, y lo sabes.

-Pero, ¡he leído acerca de gente que se conoce así! Salen juntos, hablan por chats... -el chico comenzaba a ponerse nervioso, y se estaba cabreando, llegando a la desesperación.

-La mayoría de cosas de tu perfil son falsas. Así, nadie podrá enamorarse de tí, porque sólo eres un personaje que tú mismo has inventado. -le explicó ella. - Por mucho que quieras hacer trampa de esa manera, no funcionará. Tan sólo estás perdiendo el tiempo.

Él comenzó a agitar el espejo. Volvía a tener ganas de romper cosas, y seguramente la primera sería cualquiera que tuviera en sus manos. El espejo.

-¿Un consejo? Deja de perder el tiempo y pensar sólo en ti mismo. Aprenderás mucho. -y dicho esto, Savina desapareció de la superficie del espejo, dejándola de nuevo lisa y un tanto deteriorada por el paso de los años. Draco se tiró encima de su cama, para simplemente, coger varios cojines de los que allí había y comenzar a pegarles puñetazos, totalmente frustrado.


En pocos minutos, Hogwarts se había convertido en un caos. Los prefectos intentaban llevar a los niños más pequeños a sus respectivas salas comunes, entre gritos, gente corriendo nerviosa, y escaleras llenas de gente empujándose, yendo y viniendo. Los profesores, algunos todavía con cara de sueño (no hacía ni media hora que habrían bajado a desayunar cuando se dio la alarma), caminaban o corrían presurosamente hacia las puertas, conjurando hechizos por doquier para intentar salvaguardar las defensas del castillo.

-Tengo que encontrar a Harry y Ron. -pensó inmediatamente Hermione, levantándose de la mesa e intentando superar el estado de shock en el que se había sumido temporalmente. Hasta que los aurores, los señores Weasly y la Orden del Fénix no se enteraran de lo ocurrido, estarían solos, lo que podría requerir hasta media hora. La chica salió corriendo apartando gente, hacia la Sala Común de Gryffyndor. En su camino, vio a algún que otro alumno de Slytherin, pero supuso que la mayoría de ellos se encontrarían en sus ricas mansiones a salvo, o con sus capas y máscaras ayudando a los otros mortífagos. Se les tendría que caer la cara de vergüenza, ¡era el colegio en el que estudiaban, por el amor de Morgana!

Chocó contra alguien en su carrera para encontrar a sus amigos. Alguien más alto que ella. Un chico. Lo agarró ligeramente de los brazos como impulso, para no caer al suelo, y se fijó en que llevaba una túnica con el emblema de la casa de las serpientes. Levantó la cabeza, murmuró un ''lo siento'' y Hermione continuó corriendo escaleras arriba. Sin apenas haberse dado cuenta de que era Theodore Nott con quien había chocado, y que éste la miraba con un brillo enigmático en sus ojos, que bien podrían delatar la idea que se le acababa de pasar por la cabeza.


Había conseguido llegar a salvo a su Sala Común y además, encontrar a Ronald, pero supo de inmediato que se quedarían poco tiempo allí. Según su amigo pelirrojo, Harry se encontraba en esos momentos discutiendo estúpidamente con su hermana Ginny, mientras medio Hogwarts se mataba en los terrenos, escaleras abajo. Pocos minutos después, los dos bajaron con cara de pocos amigos corriendo por las escaleras y reuniéndose con Hermione y Ron. Al parecer, Harry no había conseguido hacer entrar en razón a Ginny, a pesar de que Hermione había llegado a escuchar gritos en una de las habitaciones de arriba, y no descartaba la idea de que también se hubieran tirado cosas a la cabeza. No tenían tiempo para peleas estúpidas, tenían una más importante que librar contra Voldemort y sus seguidores. Aunque a Harry no le hiciera ni puta gracia que Ginny estuviera allí también, corriendo peligro por puro entretenimiento.

Abajo, el alboroto seguía su curso. Muchos eran los alumnos de cursos superiores que estaban dispuestos a echar una mano en la batalla, mientras algunos profesores terminaban de conjurar barreras y hechizos protectores. Harry, Ron, Hermione y Ginny se dirigieron hacia la entrada principal, desde donde podían vislumbrar a una gran cantidad de enmascarados con túnicas oscuras a lo lejos, pero cada vez más cercanos al castillo.


Después de hablar con Savina y haber estado un buen rato aporreando almohadones, el propio colchón en el que dormía, e incluso las paredes, Draco volvía a encontrarse sin nada que hacer. No es que se hubiera cansado del Internet, ni de ese otro aparato que Jack le había comentado, el televisor, donde podía ver imágenes en movimiento, como si se tratara de uno de los periódicos mágicos, solo que con sonido, y que contaban historias. No era aburrimiento, era... Algo parecido a la desgana por culpa de una soledad que siempre le había gustado, pero que ahora podía con él. Decidió buscar a su tutor, y tras gritar su nombre por toda la casa, lo descubrió en el jardín interior que no había pisado nunca. Jack pareció notar su presencia.

-¿Un poco de ayuda? -le había dicho el chico ciego, que estaba rodeado de maceteros y arrinconado contra el muro por una bolsa de tierra.

-Menuda cara llevas. -le espetó Draco desde dentro de la casa, sin duda sonando muy estúpido. ¡Él no hacía amiguitos muggles, y mucho menos bromeaba con ellos!

-No puedo decir lo mismo. -contestó Jack sarcásticamente. - ¿Vas a venir a ayudarme, o no?

Draco Malfoy tampoco ayudaba a los muggles con sus putos problemas, joder. Él no era un lacayo, y mucho menos un elfo doméstico (del que por cierto, Jack desconocía su existencia, creyendo que éste era un ayudante que el joven tenía en su casa, y que no hablaba mucho). Sin embargo, volvió a hacerlo: salió fuera, y despejó un poco los alrededores del chico que había quedado atrapado contra la pared. La bolsa se abrió, y Jack quedó parcialmente cubierto de tierra, ahogando un gruñido.

-Ups. -fue lo único que se le ocurrió decir en esa situación. ¡Ya parecía uno de esos absurdos monigotes animados que salían por la pantalla de la televisión! Se había convertido en un ser patético. Él. Draco Malfoy. Diciendo algo como ''ups''. Intolerable.

Entonces se dio cuenta de lo que Jack había estado haciendo durante parte de la mañana, mientras él destrozaba su habitación. Había estado plantando flores, miles de ellas por todo el jardín. Rosas, de todos los colores, adornaban la alta valla que impedía la visión a cientos de curiosos que por allí pasaran y quisieran asomarse y mirar. El pequeño espacio que había entre la puerta y la valla estaba cubierto de maceteros llenos de rosas blancas, así como lilas y algunas otras amarillas.

-¿Qué os ha dado a todos con las rosas? -preguntó repentinamente Draco, que no entendía nada. Alargó un brazo, intentando coger una de las flores. Saltó. Una de las espinas se había clavado en su garra, que había salido tan rápido que ni siquiera se había dado cuenta de ello. La arrancó con cuidado, y la herida se curó instantáneamente.

-Me gusta cómo huelen las rosas. Y ya has pasado demasiado tiempo escondido tras esas cortinas y esas persianas bajadas. -le contestó Jack, mientras se acuclillaba para arreglar algunos tallos.

-¿Cómo mierda sabes que las cortinas están cerradas?

-Una habitación está fría cuando todo está cerrado y oscuro. Creo que hace tiempo que no has visto la luz en esta casa.

-¿Y crees que plantar flores cambiará algo? -preguntó Draco.

-No lo sé, pero sé que las flores no hacen daño a nadie. A las chicas les gusta que les regalen flores. -contestó él, y Draco inmediatamente pensó en aquél día de Halloween, en Pansy y la puta flor que ésta no había querido, y aquélla chica misteriosa de la máscara de plumas... Había estado presente en sus pensamientos de vez en cuando, no podía negarlo. No obstante, había comprobado que con decir ''la chica del antifaz'' no bastaba para que el espejo la mostrara. Le hubiera gustado saber su nombre.

-Tú... ¿También... Has estado con... Chicas? ¿Aún siendo...? -Draco no supo cómo enfocar la pregunta.

-A los dieciséis años, mis amigos perdieron la virginidad. Yo mi vista. Antes de eso, estuve con un par de chicas, y además, aprendí un poco de jardinería. Me gustaba. -le explicó Jack, con tono un tanto sombrío. Joder, Draco no esperaba eso. Suponía que el chico había sido ciego toda su vida. Ser feo era horrible, pero no volver a ver nunca más, debía ser una auténtica mierda, más cuando sabías perfectamente qué forma o color tenían las cosas, y que además, ya no tendrías la oportunidad nunca jamás de volver a verlas. Por primera vez, sintió algo extraño apretándole incómodamente el pecho. Compasión. Pero también comprensión. - En fín. ¿Me ayudas con esto, o no? -le preguntó Jack.


Después de ayudar a Jack, Draco había vuelto a su habitación con lo que podría definirse como, un mejor humor. No estaba contento, ni feliz, ni nada de eso, pero digamos que hablar con Jack (además de con Robby, cuando lo encontraba por la casa) era algo así como una pequeña liberación a todos sus tormentos interiores.

Por ello, esa tarde cogió el espejo, para iniciar ese extraño pero interesante ''juego'' que realizaba de vez en cuando, con el anuario de Slytherin. Empezó a citar nombres, y el espejo fue mostrándole imágenes que sin duda, le dejaron impactado.

-Están... Están atacando el colegio. -dijo, en un murmullo para sí. Vio conocidos y gente a la que había llamado ''amigos'' en un pasado, tanto en un bando como en el otro. Había gente tirada por el suelo, y rayos de colores partiendo el cielo que rodeaba al castillo en millones de trocitos. Cuerpos inertes aquí y allí, mortífagos lanzando maldiciones en el fondo de la escena que veía a través del espejo. Estar en Hogwarts en esos momentos debía ser una pesadilla. Agradeció mentalmente no estar allí, ya que sabía perfectamente que no pertenecía ni a los unos ni a los otros, no tenía un bando predilecto, hubiera escogido el que mayores posibilidades tuviera de ser el ganador. Tal y como le había enseñado su padre. ¿Dónde estaría éste, por cierto? Quizá hubiera escapado de Azkaban, y estuviera de nuevo en las filas del Lord Oscuro. Tan sólo deseaba que su madre estuviera bien, en Malfoy Manor, a salvo.

Citó más nombres, todos los que encontraba en el anuario. Se sorprendió al ver aquélla escena al nombrarlo.

-Muéstrame a Harry Potter -pidió.

El cara rajada estaba en el patio exterior de Hogwarts, cerca del campo de Quidditch, en el suelo, apuntando con su varita a Lord Voldemort, que reía sádicamente con una mueca. Draco escuchó un ''Bombarda'', y supo que sería inútil que Potter intentara acabar con el Señor Oscuro con aquéllo. Se preguntó dónde andarían Weasel y Granger, pero supuso que no muy lejos. Si ese idiota de Potter no se movía rápido, Voldemort acabaría con él en menos de lo que se decía ''Avada Kedavra''.

Draco entonces susurró otro nombre al espejo, y éste le mostró inmediatamente a una chica de pelo castaño y rizado, escondiéndose detrás de unas grandes piedras, observando cómo Harry se arrastraba por el suelo, retrocediendo. Granger estaba justo detrás del Señor Oscuro, y Draco creyó que sabía lo que la chica pretendía. Nombró al pelirrojo, y la imagen cambió para mostrarle a la comadreja, escondido tras otra piedra al igual que su amiga, un poco más cercano a Potter. La miraba a ella de reojo, como esperando una señal que pareció darse en ese mismo instante.

Aresto momentum! -chilló Hermione, apuntando con su varita a Lord Voldemort. Entonces, Draco escuchó un ''Expelliarmus'' de Potter, también dirigido a la figura que tenía enfrente de él. Pero el Lord ni se inmutó. Mucho antes de que el Trío Dorado actuara, él ya se había girado rápidamente, de su varita había salido un rayo violeta y un instante después, el lugar donde estaba escondida Granger salía volando por los aires.

Draco se encogió. Era como ver una película de acción, solo que sabía que lo que estaba pasando delante de sus narices (a través del espejo), era totalmente real, y que probablemente, acababa de presenciar la muerte de alguien. De la sangresucia Granger. Agradeció mentalmente no estar allí. Todo aquello comenzaba a producirle escalofríos. No importaba que fuera ella, simplemente, no quería ver morir a nadie así.

-No me puedo creer que tú y tus amiguitos seáis tan estúpidos como para intentar acabar conmigo... Así. -dijo el Lord, mirando con sus fríos ojos al chico que tenía delante, y que había comenzado a levantarse con dificultad.

-¡No podrás con nosotros! ¡No te tenemos miedo! -le gritó Harry.

Fumus! -se escuchó detrás de Harry, y todo se llenó de humo. Se escuchó un estruendo. Draco supuso que habían llegado refuerzos para Potter y decidió por su salud mental, dejar de mirar ese espejo durante un buen rato. Estaba comenzando a sentir miedo por su madre. ¿Y si estaba allí? Incluso si él mismo no hubiera sido víctima de la maldición de Savina, en esos momentos puede que estuviera presenciando en vivo y en directo aquélla batalla, puede que en el bando del Señor Oscuro. Y eso le ponía los pelos de punta.


Sin embargo, si Draco Malfoy hubiera seguido observando la escena, y hubiera pronunciado el nombre adecuado, hubiera podido comprobar que la mismísima Hermione Granger no estaba muerta. Estaba herida, y posiblemente tendría un par de costillas rotas, pero había podido huir a tiempo, gracias a la ayuda de Ron. Se había abalanzado contra él antes de que el hechizo impactara contra su escondite, y un poco antes de que apareciera la Orden del Fénix en aquéllos momentos de confusión, la chica había quedado en un estado de total inconsciencia. Ron no sabía qué hacer. El plan había salido... Más o menos. Sin embargo, la Orden todavía estaba intentando ayudar a Harry y por más que estuviera herida, sería terriblemente estúpido llamar la atención, podría resultar mucho peor.

Intentando despertar a su amiga, Ron no se dio cuenta de que alguien se aproximaba a ellos. Alguien con una túnica totalmente destrozada, y algunos arañazos en la cara. Cuando Ron intentó alcanzar su varita, fue demasiado tarde.

-Expelliarmus -dijo el chico calmadamente, desarmando totalmente al pelirrojo. ¡Mierda! Ahora sí que estaban perdidos. Y mientras, Harry y el resto de la Orden, luchando contra Voldemort pocos metros más allá. Menudo gilipollas estaba echo. Theodore Nott se acercó a él despacio, bajando los brazos. - Entrégame a la chica, y no te pasará nada.

-¡Nunca! -gritó Ron, agarrando más el cuerpo de Hermione, que respiraba con dificultad.

-¿Quieres alejarla de esto? ¡Está herida! -insistió él. No llevaba túnica de mortífago, ni máscara, ni le había atacado con su varita o le había lanzado una maldición cuando estaba distraído. Pero era Slytherin. Además de que no le entregaría a su amiga en esas condiciones a nadie. Nott volvió a hablarle con voz calmada, como si en lugar de estar en medio de un campo de batalla, estuvieran tomando el té tranquilamente - Los amigos de Potter están en peligro. Si ella se queda más tiempo aquí, puede morir, y tú tampoco es que estés en muy buenas condiciones, Weasley.

-¡Jamás! ¡Eres uno de ellos! ¡Te la llevarás con...! -pero Theodore no le dejó acabar la frase, y le miró a los ojos.

-No soy un mortífago. Y no la voy a llevar con ellos. Incluso, puedo intentar ayudaros próximamente. Pero Granger tiene que venir conmigo. -le dijo él autoritariamente, agachándose para alcanzar a Hermione. Ron sólo la agarró más fuerte, y ella se removió. Theodore Nott no era de fiar. Seguramente, los estaba utilizando como chantaje. ¿Para qué querría llevarse a Hermione con él? No tenía sentido ninguno. Y sin embargo, cuando escuchó otra explosión cercana, y las voces de mortífagos maldiciendo cerca, supo que de todas formas, iban a morir.

-Júrame que no le pasará nada. ¡Ahora! -le exigió Ron. Nott no pareció inmutarse.

-Juro que no le ocurrirá nada a Granger. Estará en un sitio seguro, totalmente alejada de Hogwarts y la guerra. A cambio, os ayudaré a ti y tus amigos. Si no cumplo mi palabra, podéis matarme. -le dijo Nott seriamente, con una mirada totalmente impenetrable.

Ron escuchó la voz de su madre de fondo, y supo que ésta había lanzado un hechizo contra un mortífago y que además, le había alcanzado. Lord Voldemort estaba siendo atacado por Harry, y un par de miembros de la Orden lo cubrían. Pero sabía que quizá las cosas saldrían mal, y que si esto ocurría, puede que Hermione estuviera a salvo. Escuchó a alguien acercarse a su improvisado escondite, y supo que era ahora o nunca. Le entregó a su amiga, que temblaba, y Theodore Nott pronunció unas palabras, se apuntó a si mismo con la varita mientras sujetaba a Hermione, y desapareció en el aire.

Sabiendo que la llevaba con alguien con quién estaría totalmente sana y salva.


Nota de autora: Hola! :) Qué tal? Siento si me he retrasado algo. Querí haber continuado escribiendo esta semana, para dejar al menos un par de capítulos ya preparados, pero por circunstancias, no he escrito todavía el siguiente capítulo, así que, puede que os haga esperar un poco. De todas formas, aquí tenéis este ya.

Si os soy sincera, no me acaba de gustar mucho cómo ha quedado. Pero creo que era necesario hacerlo así. ¿De verdad veíais a los padres de Hermione abandonándola a su suerte? Además, no tenía ni idea de cómo podría haberlos ''conectado'' con Draco. Así que... Pensé que la idea más fácil y rápida era... ¡Que alguien la pseudo-secuestrara! xDDDD Qué mejor que además, secuestro express by Theodore Nott. Jajajaja. La verdad es que yo creo que Ron no sería capaz de dejar a su amiga así como así, por lo que esa última conversación ha sido bastante ''tira y afloja'', pero finalmente, yo creo que él hubiera echo lo que ha pasado anteriormente: entregar a Hermione sólo por tener una mínima esperanza de que ésta va a estar bien. Además, Nott nunca se ha metido con él ni sus amigos, eso se lo dejamos a Malfoy xD

Qué creéis que pasará ahora entre Draco y Hermione? Cómo se va a quedar él cuando vea a Granger en su casa? Quiero opiniones e ideas, aunque creáis que sean descabelladas! De todas formas, mañana mismo me pondré a escribir en próximo capítulo, os lo prometo! Dadme una semana aproximadamente :)

Y ahora, me marcho rapidísimo, que me llaman! Un saludo a todos y todas!