No money, no love-Uhuru-Chan
Yui:
Aprovecha ahora a Arthur uwu El puto bastardo te manda saludos desde la disco (?) Mejor dejo que leas en paz ahora, no se me ocurre algo estúpido que decir xD
Recuerden que bajo el efecto de las drogas las cosas cambian ~
Disclaimer: Todo Hetalia es de Himaruya.
Capítulo 11: Primer paso
-¡No pesan nada!, fíjate.
Alfred se sacó sus gafas nuevas y las puso en el rostro de Arthur para que pudiese comprobar la veracidad de sus palabras. Kirkland abrió sus ojos algo sorprendido, de verdad no se sentía el peso de los lentes. Se sacó las gafas, algo mareado, no podía ver nada con ellas aparte de manchas, de verdad Alfred no veía nada.
-Cuídalos esta vez-Dijo Arthur, entregándoselos al menor.
-Gracias- Jones besó al británico en los labios y se quedó echado sobre su hombro, abrazándolo.
-De nada- Arthur sonrió e intentó sacarse de encima al estadounidense, quien al parecer había agarrado la mala costumbre de ser afectuoso en público -Hagamos algo, mañana debo volver a trabajar.
-¿Qué quieres hacer?
-Lo que tú quieras.
-Te pediría que fuéramos a algún juego de beisbol, pero aún no empieza la temporada-Dijo Alfred, frunciendo el ceño. Nunca había tenido oportunidad de ir a un partido de profesionales.
-Podemos ir en otra ocasión, piensa en algo más-Dijo Arthur, zafándose del abrazo para empezar a alejarse de la óptica de la que acababan de salir.
-No quiero pensar-Declaró Jones, haciendo un puchero y siguiendo al mayor.
-No me sorprende-Murmuró Arthur, ganándose una mirada de odio por parte de Alfred-Volvamos a casa, quizás se me ocurra algo.
Alfred bufó y siguió al británico, se le ocurrían formas de divertirse, pero no encajaban con el estilo de vida de Arthur, y no quería que el inglés le hiciera un escándalo si decía lo que quería hacer en voz alta.
Pasaron la tarde tranquilamente, almorzaron y después tomaron el té, aunque sería más correcto decir que Arthur bebió té y Alfred se dedicó a comer los sándwiches que el inglés compró para acompañar el té. En la noche Alfred se aburrió de mirar la televisión junto a su novio y se levantó en busca de su chaqueta y sus llaves. Arthur le miró con curiosidad desde el sofá, el menor se había puesto de pie sin previo aviso, dejándole sin su calor.
-¿Qué haces?
-Saldré por ahí.
-¿A dónde?-Preguntó Arthur, presionando sus labios con angustia.
-No lo sé-Dijo Alfred, listo para marcharse. Miró al británico y le sonrió seductoramente-¿Quieres acompañarme, cariño?
-Ah…-Kirkland se sonrojó al oír cómo le había llamado y lo pensó unos momentos, debía aprovechar ahora que tenía tiempo libre para estar con su novio, ¿Verdad? - Está bien.
Arthur se levantó con rapidez y tomó las llaves de su auto, pero Alfred lo detuvo "Iremos en bus", le aclaró, dejando las llaves en su lugar.
Alfred le dijo que se vistiera más acorde para la ocasión, dado que el inglés, como siempre, vestía ropa demasiado formal. Arthur frunció el ceño, si se refería a usar jeans de colores y sudaderas estaban mal, porque no tenía ese tipo de ropa, toda su ropa, incluso la ropa casual, era de colores sobrios. Al final decidió ponerse un pantalón de tela negro que se ajustaba un poco más a sus piernas, una camiseta de mangas largas de color gris y zapatos deportivos.
Arthur volvió junto a Alfred y se fueron juntos rumbo al centro de la ciudad. Bajaron del bus y caminaron en busca de algún local que fuera del agrado de ambos, aunque personalmente a Arthur no le gustaba ninguno, él no bebía y no iba nunca a esos lugares. Llegaron a una calle que sólo contaba con pubs, bares y discotecas, y uno que otro motel.
Se detuvieron frente a un local abarrotado de gente. Alfred acarició la mano de Arthur para llamar su atención. Kirkland miró dentro del local, se podía escuchar música electrónica, miró a su pareja sin una expresión en específico. Alfred ya estaba perdiendo la paciencia, quería entrar en un local, beber o meterse algo dentro y divertirse de una maldita vez, pero Arthur no se decidía nunca.
-Entremos a este, de todos modos son todos los lugares iguales-Aprobó Arthur, entrando junto al menor, tomados de la mano.
-Al fin…-Resopló Jones, llevándose a su pareja hacia la barra-Bebamos algo primero.
-¿Beber?
-No me vas a decir que nunca has bebido, ¿Verdad?-Dudó el menor, sentándose frente a la barra, junto al británico.
-Si he bebido…pero… - No era bueno bebiendo, eso pensaba Arthur. Había probado el alcohol cuando era más joven y aún vivía en Inglaterra, sin embargo, no aguantaba beber más de tres vasos sin marearse, incluso menos a veces, y según le habían contado sus amigos de aquel entonces, había hecho el ridículo bailando mientras se desnudaba a vista y paciencia de todos.
-Relájate, no dejaré que te borres-Dijo Jones, pidiendo dos cervezas individuales.
-¿Borrarme?
-No dejaré que pierdas la conciencia-Aclaró, abriendo las botellas y ofreciéndole una a su compañero-Brindemos por lo nuestro.
Alfred se acercó a besar a su pareja y golpeó su botella contra la del británico. Arthur imitó el gesto y se empinó la botella después de ver como el menor bebía la propia. Sintió el líquido bajar por su garganta, y se sintió con sed, la primera botella la bebió sin detenerse, igual que Alfred. Se sintió un poco acalorado y algo mareado, pero de todos modos aceptó la segunda botella y la bebió con la misma avidez. De repente se sintió más relajado y feliz, pidió una tercera botella y la bebió rápidamente, sabía bien y le entraron ganas de levantarse y bailar. Miró a Alfred, quien se estaba metiendo una pastilla amarilla a la boca, pero éste se detuvo al ver que tenía la atención de los verdes ojos de su pareja. El americano se puso de pie, se metió la pastilla y se quedó entre las piernas de Arthur, quien seguía sentado, intentando no moverse demasiado. Se acercó a su boca y susurró.
-Vamos a divertirnos.
Alfred junto sus labios y metió su lengua y algo más dentro de la boca del inglés. Arthur sintió la pastilla deshaciéndose entre sus lenguas y sintió que el calor de su cuerpo ascendía, ¿Por qué Alfred tenía que besar tan jodidamente bien?, lo acercó más hacia su cuerpo y siguió disfrutando del contacto, sin interesarle de verdad lo que acababa de tragarse.
-Buen chico-Murmuró Alfred, sonriendo radiante mientras se tragaba una pastilla de color rojo-¿Me concedes esta pieza?
-Umm…-Arthur miró la mano que su pareja le estaba ofreciendo y sonrió juguetonamente, poniéndose de pie, aceptando la invitación- Desde hace mucho que no bailamos.
Alfred llevó al inglés hacia la atiborrada pista de baile y se pegó a él, sin tener oportunidad de moverse mucho en realidad. Arthur miraba divertido como el rostro de Alfred cambiaba de color gracias a las luces que se movían en el techo del lugar, primero rojo, luego verde, azul, blanco, amarillo y de nuevo rojo…
Bailaron un buen rato, esperando que la pastilla hiciese su trabajo. Arthur lo sintió primero, fue extraño, tenía deseos de sacarse la ropa, hacía mucho calor, y le daba más calor al ver como su novio se movía frente a él. Optó por arremangarse las mangas y continuó bailando sin decirle nada a Alfred, no quería interrumpirlo cuando parecía tan concentrado en su sensual baile. La canción cambió, era más lenta. Arthur se detuvo para admirar el baile de Alfred, de verdad era una delicia observarlo, fue a sentarse en una de las mesas y le miró desde ahí, jadeaba gracias al trabajo físico que estuvo realizando y sentía sed, pero ignoró el deseo de beber.
Alfred seguía con sus ojos cerrados, no le interesaba si Arthur se había marchado o si seguía ahí, simplemente quería disfrutar de la canción, era algo de Daft Punk, no sabía qué exactamente, pero le agradaba como la melodía se metía lentamente en su cerebro, y como su cuerpo se anticipaba en sus movimientos, antes de siquiera pensar en hacerlos. Sonrió atontado y dejó que su cuerpo hiciese el trabajo de moverse, no quería pensar. El ritmo cambio después de un par de minutos, rápido otra vez, todos saltaban, él también lo hizo.
Se veía tan feliz mientras bailaba, Arthur se apoyó en la mesa sin apartar su vista del menor, amaba su expresión en esos momentos, y amaba también como se movía sin interesarle lo que ocurría a su alrededor, y amaba como el sudor hacía brillar su piel, y como acababa de abrir sus hermosos ojos azules para mirarle, suspiró al ver como Alfred se apartaba el cabello de la cara, tenía unas increíbles ganas de follar con él en ese mismo instante, en ese lugar, no le importaba si todos les miraban, sólo quería estar con él.
Alfred le sonrió y guiñó un ojo. Arthur le miró con expresión lujuriosa y le llamó con un gesto de su mano.
-¿Qué quieres, guapo?-Preguntó Alfred, al llegar junto a su novio.
-Hazme compañía un rato-Ronroneó Arthur, cariñosamente, haciéndole sentar junto a él.
-¿Te cansaste?
-Sí, me siento raro - Explicó, en un murmullo, frotando su rostro melosamente contra el de su novio.
-Jajaja, no te preocupes por eso-Dijo Alfred, acariciándolo de buena gana, la pastilla que había ingerido anteriormente también le hacía sentir un cariño inusitado hacia su compañero-Te traeré algo de agua, quédate aquí.
Arthur vio cómo su pareja se alejaba y asintió tardíamente. Alfred volvió después de un rato con un vaso de agua, tardó porque él mismo se había bebido cuatro vasos llenos antes de volver, estaba algo deshidratado.
-Gracias.
-Te sentirás mejor-Dijo Jones, viéndolo beber el agua desesperadamente-Debí traer más.
-Está bien así-Respondió el británico, dejando el vaso vacío sobre la mesa-Ven.
Alfred tomó asiento nuevamente, pero no alcanzó a decir nada más, puesto que Arthur estaba enfrascado en dejarlo sin aire con el profundo beso que le estaba dando. Kirkland agradecía que nadie se fijase en ellos, o de seguro harían un problema al verle tocar descaradamente la ingle de su novio. Jones le siguió el juego, comenzando a acariciarlo de igual modo, mientras pasaba su lengua por el blanco cuello del británico.
-Umm… Alfed-Le llamó Arthur, sin dejar de frotar la erección del menor bajo sus pantalones.
-¿Sí?
-Vamos a un motel - Pidió, mirándole a los ojos- Ahora.
-¿Para qué gastar más dinero?-Ronroneó el menor, lamiendo y mordisqueando la oreja izquierda del inglés-Vamos.
-¿Eh?
Alfred se arregló el pantalón y se puso de pie, llevando al mayor a rastras hacia el baño de hombres, ya estaba acostumbrado a hacer uso indebido del pequeño cubículo público para evitar "gastos innecesarios".
-¿Aquí?-Dudó Kirkland, entrando junto al menor en uno de los baños de todos modos.
-¿No te pone?, es divertido-Comentó Alfred, sonriendo mientras ponía el seguro de la que alguna vez fue una blanca puerta, pero que ahora estaba llena de manchas dudosas y escritos con marcador.
-¿A ti te pone el olor a mierda?-Preguntó molesto, jalando la cadena a pesar de que no había nada a simple vista dentro del inodoro. Podía estar drogado y borracho, pero no perdía su obsesión por la limpieza y el orden.
-No exageres, es un baño público, es lo que hay.
-Tengo dinero, ¿Por qué no vamos a un motel?-Insistió Kirkland, acariciando seductoramente la nuca del americano.
-Hazme caso hoy.
Alfred sacó un condón de su chaqueta, desabotonó el pantalón del mayor y el propio, después intentó pensar en una forma cómoda para poder lograr su cometido. Arthur suspiró molesto, pero se dejó hacer sin protestar más, necesitaba acabar con el intenso deseo que se había apoderado de su razón y su cuerpo desde hacía una hora.
Oían el entrar y salir de diversos hombres en el lugar, e intentaban no hacer mucho ruido, pero era difícil, en especial para Arthur, quien no estaba acostumbrado a sentir un placer tan intenso recorrer su cuerpo. Tan sólo con un baile se había calentado, y ahora que Alfred le estaba embistiendo contra la pared del cubilo, apenas podía acallar su grave voz. Se sentía tan bien, nunca antes había sentido tanto placer, incluso el sencillo acto de respirar oyendo los gruñidos de su pareja en su oído le ponía a mil, sentía que acabaría en cualquier momento sin poder controlarlo, y no era normal, él podía controlar todo perfectamente en su vida, todo...
-Acabemos rápido, – Jadeó el mayor, mirando hacia atrás para asegurarse de que el menor le estaba prestando atención – mañana debo ir a trabajar.
-¿No te relajas ni… cuando te están follando? –Preguntó Alfred, entre jadeos, mirándole incrédulo.
-S… sólo, acaba- Insistió- quiero acabar.
-Como sea.
No habían pasado ni cuarenta minutos desde que empezaron cuando acabaron, se quedaron quietos esperando que sus respiraciones se normalizaran, Arthur apoyado firmemente en la pared y Alfred casi echado en la espalda de su pareja, sin dejar que éste se enderezara.
-Tengo mucha sed –Jadeó Arthur, después de un largo rato en silencio.
Alfred escuchó perfectamente, pero no soltó a Arthur, en vez de eso comenzó a acariciarlo y besarlo melosamente, en un gesto que no era muy común en él.
-¿Me oíste?-Preguntó Kirkland, irguiéndose cuan largo era, sin dejar de sentir las insistentes caricias del menor, que ahora eran dirigidas a su abdomen.
- Estás arruinando el momento- Gruñó Alfred, besando bajo la oreja del inglés.
-Alfred, tengo mucha sed-Repitió Arthur, subiéndose los pantalones-Es en serio.
-Lo sé-Contestó Alfred, imitando a su pareja-Es normal.
Arthur salió del cubículo, el lugar estaba vacío, se inclinó sobre el lavamanos y bebió agua hasta que se sintió satisfecho. Alfred llegó a su lado y se mojó el rostro, estaba colorado, igual que Arthur.
Después de recomponerse del ejercicio físico, ambos salieron del baño de varones y fueron a sentarse a un rincón del local, donde se quedaron abrazados haciéndose cariño durante un buen rato, hasta que decidieron marcharse cuando Arthur comenzó a quedarse dormido. Salieron del lugar y caminaron sin prisa hacia la parada de autobuses. Arthur estaba algo mareado aún por el alcohol, así que prefería caminar a paso lento.
Llegaron a la casa del inglés rápidamente, subieron las escaleras y se acostaron a dormir sin desvestirse, estaban cansados, especialmente Arthur, quien se quedó dormido pensando en cómo podría levantarse al día siguiente e ir a trabajar fingiendo que estaba en perfectas condiciones.
La alarma sonó puntualmente en la madrugada, como era costumbre.
Arthur gruñó, Alfred también. El británico estaba echado sobre el menor, levantó su cabeza y tanteó su mesa de noche en busca de su celular, lo encontró y apagó la alarma sintiendo como si estuviesen golpeando su cabeza con un martillo. Dedujo que Alfred sentía lo mismo, puesto que había hecho una fea morisqueta al oír el ruido emitido por el aparato telefónico.
-Oh… joder-Murmuró el inglés, moviéndose lentamente. Se sentía horrible, le dolía todo el cuerpo, pero el dolor de cabeza opacaba los demás malestares- Joder…
Alfred se enrolló en las sábanas al verse libre de peso cuando Arthur se puso de pie. Arthur le miró con envidia, Alfred se quedaría dormido durante la mayoría del día mientras él debía ir a encerrarse a una oficina llena de molestos ruidos y molesta gente. El británico chasqueó su lengua y fue a darse un baño, aún estaba algo adormecido, y su ropa apestaba a sudor, no podía creer que había dormido así, cuando volviese de su trabajo cambiaría las sábanas, de seguro ellas también olían horrible después de anoche.
Mientras Arthur se bañaba y recordaba la noche anterior, más se arrepentía por haberse dejado llevar, ¡Se había emborrachado!, ¡Y encima se había drogado!, ¡Y también había follado en un sucio baño público de una discoteca de mala muerte! Arthur se jaló los cabellos con frustración, ¿Dónde estaba su cerebro en aquellos momentos cuando más lo necesitaba?, seguro estaba de vacaciones en algún otro lugar más decente, rehusándose a compartir el sucio destino que estaba deparado para su dueño, quizás había vuelto a su natal Inglaterra, mientras el estúpido Arthur se dedicaba a babear mirando a su compañero bailar.
Jamás, nunca jamás volvería a meterse una pastilla de éxtasis en el cuerpo, y tampoco volvería a siquiera acercarse a una botella de alcohol, a pesar de que si lo pensaba bien, se había sentido maravillosamente bien el ser follado estando colocado, pero no necesitaba semejante tontería, prefería estar totalmente consciente y disfrutar sanamente de su vida sexual con su pareja.
Arthur salió de la ducha sintiéndose miserable, miró a su novio dormir, parecía un niño pequeño aferrado a su madre, aunque en realidad estaba aferrado a una almohada. Kirkland sonrió y se vistió de mejor humor. Miró el reloj de su celular, aún le quedaba tiempo para desayunar. Arthur se acercó a Alfred y lo besó en los labios con cariño a modo de despedida, aunque él estuviese dormido, después bajó a la primera planta en busca de su desayuno.
Llegó puntual a su trabajo, entró en el edificio y subió al ascensor, aún no se encontraba con sus compañeros de trabajo, quienes de seguro habían esparcido todo tipo de rumores por su ausencia. Suspiró al llegar a su piso, salió del ascensor y saludó a las personas que estaban ahí a esa hora, fue hacia su oficina y se sorprendió al encontrar la puerta sin seguro, frunció el ceño y entró, encontrándose con Francis sentado en su lugar, mientras hurgaba en sus cajones.
-¿Qué haces?-Preguntó, extrañado.
-¡Arthur!
El francés cerró los cajones de golpe, se levantó ágilmente y corrió dramáticamente al encuentro con su amigo. Arthur sonrió disimuladamente y abrazó de vuelta a Francis, lo había echado de menos a pesar de lo molesto que podía llegar a ser en ocasiones.
-¡Creí que ya no volverías!, ¿Estás bien?, tienes ojeras.
Arthur puso sus ojos en blanco, ya había comenzado con su verborrea y sus inspecciones. Francis presionó los oscuros bultos bajo los ojos del inglés y movió su rostro de un lado a otro.
-¡Basta!, sólo no dormí bien-Contestó el británico, alejándose un poco de su compañero.
-¿Y por qué estás pálido?-Interrogó, entrecerrando sus azules ojos en sospecha. Arthur no podía estar cansado, no después de haber tomado vacaciones- ¿Envejeciste o qué?, siento que estás más feo.
-¡Cállate imbécil!, tráeme una aspirina-Ordenó el inglés, perdiendo la paciencia, ya se arrepentía por haber pensado en extrañar al francés.
-No te enojes, iré por la aspirina, pero volveré-Amenazó, marchándose de la oficina.
Arthur suspiró hastiado, se sentó en su sofá y revisó sus cajones, no faltaba ni sobraba nada. Kirkland se encogió de hombros, quizás Francis sólo andaba de chismoso y pensaba que podía descubrir algo, pero Arthur sólo guardaba cosas que necesitaba para trabajar en aquellos cajones.
El británico observó su oficina en silencio, de repente todas sus responsabilidades habían vuelto a pesar en su espalda y se sintió cansado, encendió la computadora que la empresa le había proveído para trabajar y se puso al tanto de lo que ocurría con la empresa, debía recordar el comprarse una nueva laptop, nunca le había gustado usar ordenadores.
-Traje tu aspirina, ahora me contaras que tal estuvieron tus vacaciones, mon chéri.- Dijo Francis, entrando nuevamente en la oficina, mientras cerraba la puerta tras de sí.
-¿Vas a estar metido aquí todo el día?-Preguntó Arthur.
-Me has echado de menos, lo sé, no finjas que no es así-Contestó el francés, acercando una silla al escritorio del inglés-Escúpelo todo.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Presiento que se enojarán, así que huiré xD Cuídense y no sigan el ejemplo del yonki ni del roast beef…
Bye bye!
