Disclaimer: Los personajes de CCS no me pertenecen son de Clamp, y la historia tampoco me pertenece es propiedad de Sherrilyn Kenyon


Eriol estaba de pie ante el aparador sosteniendo el medallón que ella le había regalado cuando alcanzó la pubertad a los veintisiete años.

—¿Para qué es esto? —le había preguntado cuando se lo entregó.

—Ahora eres un hombre, Eriol. Debes tener algo que te recuerde este momento.

No le había costado muy caro ni era particularmente bonito. Sólo era un círculo pequeño con una X. Y aún así lo había conservado todos estos siglos.

Incluso aunque ella le había traicionado.

Hizo una pelota con el colgante en el puño y la miró.

—¿Por qué estás aquí?

La verdad es que no estaba segura. No, no era cierto, sabía perfectamente por qué había venido.

—No podía marcharme sin antes decirte algo.

La respondió con tono seco y quebrado.

—Que me odias. Que apesto. Que soy un animal indigno de respirar el mismo aire que tú.

Dejó caer el colgante en el cajón de arriba y lo cerró.

—Ya me sé la letanía. La vengo escuchando toda mi vida. Así que, vete.

—No. —dijo ella y la voz se le quebró con el peso del miedo y de la culpa. —No es eso lo que quería decirte.

Sin estar segura de su reacción, se acercó lentamente como lo haría con un animal herido. Puso su mano sobre la que él había cerrado en un puño.

—Lo siento, Eriol. Me diste tu amistad y tu lealtad y mientras que debería haberlas atesorado, te volví la espalda. No tengo excusa. Podría decirte que estaba asustada pero no debería haber estado asustada de ti.

Eriol miró su mano en la de él. Toda su vida le habían rechazado. Cuando dejó la patria de su madre no se había acercado a nadie por miedo a que le hicieran daño de nuevo. A causa de su inexperiencia con sus poderes, siempre se había sentido incómodo con los que le rodeaban.

La única persona que le había hecho sentirse como el hombre que deseaba ser había sido…

Ella.

—Me apuñalaste.

—No, —dijo ella apretando el agarre de su mano. —Apuñalé un recuerdo doloroso. Me conoces, Eriol pero lo que no sabes es que nunca en mi vida me he transformado en un lobo. Aunque es una parte de mí, es una parte que nunca he sido capaz de aceptar. He vivido toda mi vida intentando silenciar una pesadilla que nunca descansa. Éramos amigos, tú y yo. Y ni una vez desde que me dejaste he encontrado a nadie que me haga sentir como me hacías sentir. A tus ojos, siempre he sido hermosa.

Él le buscó la mirada y el dolor en sus ojos la abrasó.

—Y a tus ojos siempre he sido un monstruo.

—¿Un monstruo llamado Erriol?

Él apartó la mano de las suyas.

—Todavía no sabe pronunciar mi nombre.

—No, pero tú le contestas y has protegido a la mujer que te hirió dos veces.

—¿Y qué? Soy un estúpido gilipollas.

Alargó la mano y le tocó la cara.

—Nunca has sido un estúpido.

Volvió la cara.

—No me toques. Ya es bastante difícil luchar contra tu olor. Después de todo, sólo soy un animal y tú estás en celo.

Sí, lo estaba y cuanto más cerca de él estaba más quería su parte más básica estar con él. Cada hormona de su cuerpo estaba en llamas y su voluntad se estaba debilitando.

¿O sólo lo estaba usando como excusa? La verdad era que, aun sin el celo, había pasado horas pensando en él por la noche, recordándole. Recordando su olor y su amabilidad. Preguntándose qué habría pasado si hubiera sido un Arcadio y se hubiera quedado con ella.

En todos estos siglos, había sido su único amigo y le echaba de menos terriblemente. Tragándose su miedo, se forzó a decirle lo que de verdad quería.

—Sáciame, Eriol.

Parpadeó antes sus palabras.

—¿Qué?

—Te deseo.

Movió la cabeza y le lanzó una mirada mordaz.

—Son tus hormonas las que hablan. No me deseas. Sólo necesitas que te echen un polvo.

—Estoy en una casa llena de hombres escaleras abajo entre los que podría elegir. O podría irme a casa y escoger alguno. Pero no los quiero.

Se alejó de ella.

Ella le siguió y enroscó los brazos en su cintura.

—Tu hermano me dijo que los leones nos están persiguiendo. No tengo ninguna duda de que me encontrarán y me matarán. Pero antes de morir quiero hacer la única cosa con la que solía soñar.

—¿Y eso es?

—Contigo. ¿Por qué crees que mientras tú estabas en la patria nunca elegí un macho con el que acostarme después de que alcanzara mi ciclo?

—Supuse que pensabas que eran cojos.

Ella sonrió ante su insulto. Era tan clásico de Eriol.

—No. Te estaba esperando. Quiero que seas el primero para mí.

Ella arrastró su mano bajándola para cubrirle.

Eriol aspiró con fuerza. Era tan difícil pensar mientras le acariciaba. Difícil recordar porque quería dejarla.

—Estate conmigo esta única vez.

—Ella le lamió el lóbulo de la oreja.

Escalofríos le recorrieron a lo largo del cuerpo mientras el lobo en él aullaba de placer. En completa honestidad, él nunca había tomado muchas amantes. Principalmente a causa de la mujer cuya mano estaba frotando su pene a través de los vaqueros. ¿Cómo podía confiar en alguien después de la manera en que ella le había traicionado?

Él siempre había evitado a otras wolfswans. Cuando ellas estaban en celo, él se había retirado hasta que la mujer había reclamado otro lobo.

Era fácil de esa manera. A él no le gustaban las emociones humanas, y no le gustaba ninguna clase de intimidad. Esto lo dejaba demasiado vulnerable. Lo dejaba abierto a las heridas y él no quería ser herido.

Él debería apartarse de ella y olvidar lo bien que se sentía el ser sostenido. Estaba a punto de hacer justo eso cuando ella le rodeó con los brazos y le dio la única cosa que no había tenido de ningún otro a excepción de su sobrino.

Un abrazo.

—¿Tienes alguien que te abrace?

Esa pregunta destrozó su última resistencia.

—No.

Ella lo rodeó y se puso de puntillas para alcanzar sus labios. Eriol vaciló. Los lobos no se besaban cuando estaban emparejados. Esa era una acción humana y era una que nunca había experimentado.

Pero cuando sus labios tocaron los suyos, él se dio cuenta de por qué esto significaba tanto para los humanos. La suavidad de su respiración cosquilleó su piel. De su mezclada respiración mientras su lengua separaba sus labios para saborearle. Eso era algo que el lobo en él entendía.

Gruñendo, la atrajo a sus brazos, saboreándola profundamente.

Tomoyo gimió ante la gentil ferocidad de su beso. El ahuecó su cara en sus manos mientras exploraba cada pulgada de su boca. Parte de ella no podía creer que estuviera tocando un lobo.

Pero este es Eriol... su Eriol. Incluso, aunque ellos no escogían a sus compañeros, él era el único hombre al que había entregado su corazón, incluso cuando sólo era una niña.

"Siempre serás mi mejor amigo, Eriol y un día cuando crezcamos lucharemos juntos. Tú me protegerás la espalda y yo protegeré la tuya". Cuan inocente había sido esa promesa.

Y cuán difícil de mantener.

Eriol se retiró del beso para bajar la mirada a ella con esos ojos que la abrasaban con su dolor e incertidumbre. Ella estaba asustada. Podía olerlo. Es sólo que no sabía qué era lo que la asustaba.

—Tú sabes lo que soy, Tommy. Estás a punto de tenderte con un animal. ¿Estás lista para eso? Tenderse... eso era jerga Katagaria y repugnante para los Arcadians.

Tomoyo trazó la línea de sus labios.

—Si esta es mi última noche de vida. Quiero estar contigo, Eriol. Si los destinos no hubiesen sido crueles con nosotros y te convirtieran en un animal cuando llegaste a la pubertad, habríamos hecho esto hace siglos. Sé exactamente lo que eres y te amo a pesar de ello. —Ella alisó el ceño enfadado de su frente—. Más que nada, te amo por lo que eres.

Eriol no podía respirar cuando oyó las palabras que él nunca pensó en oír saliendo de los labios de alguien. Amor. ¿Qué significaba eso para ella?

—¿Morirías por mí, Tommy?

Ese fue su turno de fruncir el ceño.

—¿Por qué me lo preguntas?

—Porque yo moriría por mantenerte a salvo. Eso es el amor para mí. Quiero asegurarme que esta vez ambos entendemos los términos. Porque si amarte es estacarme y dejarme morir, entonces puedes conseguirlo.

Ella irrumpió en un sollozo ante las tiernas palabras sentidas de corazón.

—No, bebé. Eso no es amor. Eso es ser estúpida, y te juro que si pudiera regresar y cambiar ese momento, me quedaría allí y lucharía por ti... igual que te prometí que lo haría. Cerrando los ojos, ella frotó su rostro contra su mejilla, acariciando su piel con sus patillas. Tomoyo sonrió ante la pura acción lobuna. Él la estaba marcando como suya.

Mezclando sus esencias. Y honestamente, ella quería su olor sobre su piel. Era tan caliente y masculina. Puro Eriol.