Holaa! Aqui su queridima onee-chan, robando (otra vez) internet en la universidad, ajaja, y en medio de muchos, muchos temblores. (sismos)

La verdad a mi no me asustan, soy bastante relajada en ese sentid,o porque lo veo más por el lado cientifico :) de hecho me emociona sentir a la tierra moviendose. En lo que va del día ya van como 10 temblores, de esos fuerte que pueden sentir las personas y muchos más de esos pequeñisimos. Mientras escribía este capitulo a esa hora de las 12:30 - 13:00 hrs. hubo uno muy fuerte y como la biblioteca en la que estaba es "anti-sismica" se movio mas de lo normal, parecia gelatina, jajaj. Para mi, fue genial! Pero se que hay personas que se asustan mucho, asi que tambien hay que preocuparse por ellas y abofetear a las que se ponen histericas. muahaha.


Pero en fin, sin más bla bla , les dejo el capitulo 11 de la historia. Ojala les guste y si no pues... se aguantan! Ajajaj, mentira! ¡LOS QUIERO! ¡NO ME DEJEN! :) Ahora aprovecho de subir el capi durante el tiempo libre antes de mi siguiente clase a las 8 pm. :(


Un abrazote desde la sísmica ciudad de Arica, Chile. jejej. ¡Ah, es cierto! Desde hace muuucho que se viene "pronosticando" un terremoto nivel Aizen XD en mi cuidad, así que si ven las noticias y dice "TERREMOTO EN ARICA, CHILE " probablemente quede aplastada por algo y ya no pueda seguir actualizando XD... esperemos que no sea así u.u. Bueno, ya me dejo de decir tonterias.

Gracias a todos por sus comentarios, de verdad me gusta mucho leerlos y ver que les gusta las locuras que escribo.


Bleach no me pertenece! Por si las dudas.


CAPITULO 11: EXPLICACIONES

Mientras tanto en la Sociedad de Almas.

En uno de los cuarteles del noveno escuadrón, un sonriente shinigami de cabello negro miraba hacia el horizonte con una expresión de triunfo. La luz naranja del atardecer bañaba su cara, aumentando aquella sensación de felicidad que lo envolvía por completo. Cerró los ojos lentamente tratando de preservar aquel momento, mientras su mente deambulaba en su paraíso personal.

Al abrir los ojos y fijarse en toda la gente que hacía fila frente al puesto de ventas de la Revista Shinigami, su sonrisa volvió a iluminar su rostro, dándole un aspecto casi infantil.

– ¿Crees que queden algunas? – se escuchó a una hermosa jovencita que se acercaba rápidamente a la fila en compañía de otra muchacha. Ambas vestían elegantes y coloridos kimonos. – Mi hermana y mi prima también desean una. – agregó.

– Esperemos que sí. – respondió la amiga – Yo también quiero llevar dos.

Hisagi alcanzó a escuchar la conversación y sus ojos brillaron con miles de estrellas.

– No se preocupen. – dijo acercándose a las chicas, quienes lo saludaron con una educada reverencia. – Todavía quedan muchos ejemplares disponibles. – les aseguró con una sonrisa.

De pronto, un shinigami de cabello alborotado y con cara de no haber dormido en días, días, salió del interior de la tienda con un megáfono en las manos.

– ¡Lo siento, ya no quedan más! – gritó a la multitud de clientes, sintiéndose un poco aliviado de al fin tener un tiempo libre para descansar.

Las chicas se cubrieron la boca con las manos en una exagerada expresión de sorpresa y preocupación, mientras un reclamo colectivo se escuchaba en todo el lugar. Al parecer todos deseaban comprar la nueva edición de la Revista Shinigami y nadie se iría sin ella.

Hisagi no perdió tiempo, tomó su celular y rápidamente llamó a un número conocido.

– Soy yo. – se identificó apenas contestaron su llamada. – Quedamos cortos. Imprime otras 300 copias. – ordenó. – ¡No me importa! ¡Tienes 15 minutos! – gritó y sin esperar contestación, colgó. – Lo siento, tendrán que esperar un poco, pero ya llegarán más ejemplares, se los aseguro. – informó a la multitud, a lo que el shinigami del megáfono dio un suspiro. ¡Al parecer su descanso nunca llegaría!

En cambio, la multitud respiró aliviada y todos comenzaron a cuchichear felizmente entre ellos mientras esperaban que llegara la famosa revista.

Hisagi Shuuhei no cabía en felicidad. Nunca en todo su tiempo como editor en jefe de la Revista Shinigami había vendido tantas copias durante la primera semana de publicación. La gente prácticamente se agarraba a golpes con tal de comprar un ejemplar. ¡Con esta sería la tercera vez que tenían que volver a imprimir copias! ¡Y todavía quedaba el resto del mes!

Definitivamente ese era un gran momento para él. ¡Aquella edición fue todo un éxito! Y tenía que agradecérselo a la encantadora y profesional teniente del décimo escuadrón por escribir aquel increíble reportaje, y desde luego, al shinigami pelinaranja que accedió amablemente a contar su historia de amor.

Claro que al principio se sentía muy asustado por la posible reacción del capitán Kuchiki al ver ventilada la vida privada de su hermana en ese mundo tan mediático, pero después se convenció que no había nada de qué preocuparse. Toda la entrevista estaba hecha por Matsumoto, quien era la mejor en su trabajo, así que no debería haber problemas. Además si el capitán tenía esa confianza con Ichigo era porque aceptaba completamente la relación entre esos dos y estaba dispuesto a compartirla con el mundo, ¿no? ¡Claro que sí! Ichigo así lo dijo y Matsumoto así lo escribió, así que tenía que ser cierto.

Con la sonrisa todavía adornando su rostro y en espera a que llegaran los nuevos ejemplares, Hisagi entró al puesto de ventas para ayudar a sus subordinados a ordenar un poco el lugar. Se fijó en un gran sobre que estaba sobre uno de los escritorios. Era para él, así que lo abrió. Al ver el contenido, una sonrisa todavía mayor adornó su cara.

De inmediato comenzó a hacer cálculos en una pequeña calculadora y anotaba algunas cifras en una libreta. Al parecer la Revista Shinigami tendría un suplemento especial muy pronto.

De vuelta a Karakura.

La escasa luz del atardecer se colaba por las ventanas de la casa de Urahara.

En la sala, un pelinegro de ojos grises esperaba la respuesta de los dos tontos responsables de tamaña tontería publicada en papel: Ichigo y Matsumoto.

– ¿Qué es eso? – preguntó Ukitake tratando de ver la revista que Byakuya sujetaba.

– Explíquense los dos. – ordenó Byakuya, ignorando al peliblanco y entregando a Rukia a la chica pelinaranja. Al parecer necesitaba los brazos libres para romper algún cuello o cortar alguna cabeza, tal vez.

– Hahaha, c-capitán Kuchiki, es algo muy gracioso. – comenzó Matsumoto. – Verá, lo que pasa es que…hahaha. – y una risa nerviosa la invadió. Dio un vistazo a su capitán pidiéndole ayuda, pero éste la ignoró olímpicamente.

– Habla ya. – ordenó el pelinegro, a lo que la rubia tembló internamente de pies a cabeza.

Sin que nadie se diera cuenta, comenzó a presionar un pequeño artefacto que tenía escondido en uno de sus bolsillos, mientras intentaba ordenar sus ideas para responder algo que le salvara la vida.

– ¿Qué pasa? – preguntó Kyoraku ladeando la cabeza.

Ahora todos se percataron de la tensión en el ambiente y de la expresión asustada de Ichigo y Matsumoto.

– Sigo esperando una explicación Kurosaki. – dijo Byakuya con su voz filosa.

– Eso… eso no es… – Ichigo tembló como si fuera gelatina y su cara se volvió blanca.

¿Por qué le preguntaba a él? ¿De dónde diablos había salido esa revista? ¡Jamás en su vida la había visto! ¿Y por qué ese reportaje tenía ese estúpido título?

– Ichi se ve pálido. – comentó Yachiru acercándose al pelinaranja y picándolo con un dedo para que reaccionara. – ¿Qué tienes Ichi?

– Kurosaki, ¿qué te pasa? – preguntó Ishida mirándolo fijamente. Inoue y Chad también se acercaron a él.

Rukia lo miró atentamente desde los brazos de Inoue y trató de acercar sus manitos a la cara de Ichigo, pero el chico seguía deambulando en el espacio, tratando de buscar alguna explicación para algo de lo que no tenía ni la menor idea.

– Rangiku-san, ¿estás bien? – preguntó Renji, pero ella tampoco le respondió. Parecía congelada. Lo único que se movía era su mano derecha que presionaba sin cesar aquel aparato.

– Kurosaki-saaan. – lo llamó Urahara. – ¡Yohooo! ¡Llamando a Kurosaki-san! – pero el pelinaranja no contestó. Sentía la fiera mirada de Byakuya sobre él y no podía emitir palabra alguna.

– ¿Es por esto? – preguntó Yoruichi tratando de quitarle la revista a Byakuya. El pelinegro retiró el brazo, a lo que la morena insistió en quitársela. Así pasaron algunos segundos hasta que Yoruichi finalmente pudo arrebatársela y buscó entre los reportajes algo que explicara el congelamiento de Ichigo y Matsumoto.

Desde luego el resto de shinigamis se acercaron rápidamente a ella y todos leyeron el reportaje. Renji se quedó junto a Inoue y Rukia, así que no pudo leerlo.

– ¡Ajajajaja! – rio Yoruichi con muchas ganas al terminar de leer. – ¡Con que por esto es! – se burló. – Vaya Ichigo, ¡qué gran historia!

– Una historia muy hermosa. – agregó Urahara, limpiándose unas falsas lágrimas con un pañuelo. – Casi lloro.

– Buen trabajo teniente Matsumoto. – la felicitó Kyoraku. – Si el Pulitzer existiera en la Sociedad de Almas, ten por seguro que lo ganarías. – explicó con una sonrisa. Byakuya frunció el ceño y la sonrisa de Kyoraku desapareció.

– ¿Qué es Pulitzer? ¿Se come? – preguntó Ikkaku.

– ¿Cómo les puede gustar leer esas tonterías? – se quejó Zaraki. – Solo causan dolor en el trasero.

– ¿Acaso Ken-chan nunca escribió cartas de amor cuando era joven? – cuestionó Yachiru.

– ¡Claro que no, idiota!

– ¡Yo quiero leerlo también! – exclamó Kon, dando pequeños saltitos.

– Ichigo-kun, Ichigo-kun, ¿estás bien? – preguntó Ukitake. – Vamos, no es para tanto. Ya todos lo sabíamos. – lo animó. – Aunque me sorprendí de algunas cosas. – agregó con una sonrisa. – Pero me alegra que lo reconocieras al fin.

Ichigo pareció reaccionar y lo miró confundido, con un leve rubor adornando sus mejillas.

– No tengo idea que es esa tontería. – dijo al fin.

– ¿No recuerdas haber dicho esas cosas? – preguntó Kyoraku extrañado. Él sabía que Ichigo no tenía muy buena memoria que digamos, pero no recordar una entrevista tan reciente ya era demasiado.

– Solo estás fingiendo demencia, tonto. – se burló Yoruichi.

– ¿De qué hablan? – preguntó Inoue. Ella se sentía excluida de la conversación y no le gustaba.

– Aquí va. – dijo Yoruichi lanzando la revista hacia ellos. Chad la atrapó en el aire y la abrió con dedos temblorosos. El chico moreno pasó por varios reportajes hasta llegar al que supuso, era el origen de todo ese problema.

Los chicos humanos y Renji se reunieron para poder leerlo. Chad le pasó la revista a Ishida, quien estaba en el centro del grupo, para que así todos pudieran verla bien.

– "El amor en todas sus caras; Kurosaki Ichigo y su trabajo como niñero de la mujer amada". – leyó Ishida en voz alta, causando que la cara de Ichigo se volviera roja.

– ¡Dame esa cosa! – gritó el pelinaranja abalanzándose sobre Ishida para quitarle esa revista y destruirla, aunque también le daba algo de curiosidad saber qué era lo que decía.

Ishida en cambio no tenía ninguna intención de entregársela y lo esquivaba sin problemas.

El quincy leyó las dos primeras páginas del reportaje y todos los chicos humanos se sonrojaron, incluyendo al teniente del sexto escuadrón y al mismo supuesto entrevistado.

– ¡¿Qué diablos es todo eso?! – gritó Ichigo. – ¡Jamás he dicho nada como eso!

– No mientas. – le dijo Ikkaku.

– Es muy feo retractarte de tus palabras. – comentó Yumichika moviendo la cabeza negativamente.

– ¡Ichigo idiota! ¡Ni pienses que te dejaré a Nee-san!

– ¿Cuándo hiciste esa entrevista Ichigo? – le preguntó Renji arqueando una ceja. Algo en las fechas no le cuadraba.

– ¡Te digo que no he hecho tal cosa!

Rukia miraba a todos con mucho interés y su cara dibujaba una enorme sonrisa.

– Te crecerá la nariz como a Pino…Pincho… bueno, como a ese extraño niño de madera. Kuchiki-san está sonriendo, ¿la ves? – dijo Urahara, señalándola. – Eso quiere decir que lo que aparece ahí es cierto.

– ¿Qué clase de lógica es esa? – se defendió el pelinaranja.

– Ya basta. – dijo Byakuya. – No se entrometan. – otra vez la situación se estaba saliendo de control, y es que con tantos tontos rodeándolos, era difícil mantener una conversación civilizada. Y por civilizada se refería a pedir una explicación y si no lo convencía, arrancar cabezas.

Rukia lo miró fijamente por unos instantes para luego darle una gran sonrisa. No sabía lo que estaba pasando, pero todos se veían divertidos para ella.

Byakuya le sostuvo la mirada y luego cerró los ojos.

– Vamos Byakuya-boy. – la voz burlona de Yoruichi era irritante. – No te enojes con nosotros. Somos los organizadores de la boda después de todo. – agregó con una gran sonrisa.

Ichigo quedó congelado cuando oyó la palabra "boda". Esta vez, Rukia no estaba entre sus brazos. No había nada que lo aislara del mundo exterior, así que pudo escuchar perfectamente lo que decían todos.

– ¿B-boda?

– ¡Claro Ichigo! – exclamó Matsumoto, despertando de su estado de estupor. – ¿No lo recuerdas? Ya habíamos hecho los preparativos.

Hitsugaya le dio una furiosa mirada a su teniente. ¡Cómo se atrevía a decir algo como eso cuando todavía estaba hasta el cuello de problemas!

Byakuya también la fulminó con la mirada, pero la rubia estaba demasiado emocionada como para notarlo.

– Matsumoto, nos vamos. – ordenó el peliblanco. Tenía que sacarla de ahí antes que los metiera en más problemas.

Byakuya lo miró fijamente. ¿Por qué quería escapar con tanta prisa? ¿No se supone que se irían al anochecer o como máximo, a primera hora mañana?

– Capitán Hitsugaya. – lo llamó Byakuya. – ¿Sabías sobre esto? – preguntó, apuntando con la mirada a la revista que sostenía Ishida.

– C-claro que no. – trató de defenderse y de nuevo lanzó otra mirada furiosa a su teniente. Esta vez, la rubia lo notó y presionó con más fuerza aquel pequeño artefacto.

"¿Qué pasa con esta cosa que no funciona?" se preguntaba mientras lo presionaba una y otra vez.

Al mismo tiempo en el Departamento de Investigación y Desarrollo. (DID)

– ¡Vicepresidente Akon! ¡Vicepresidente Akon! – llamaba un shinigami muy joven que miraba una especie de señal en una gran pantalla. – ¡Otra vez hay un punto que parpadea en esta cosa!

"¿Qué clase de descripción es esa?" pensó Akon, molesto y sin voltear a verlo. Dio un suspiro y siguió sentado en su silla. Estaba leyendo algo demasiado interesante como para prestarle atención a ese novato que ni siquiera sabía cómo se llamaban las cosas de su departamento.

– ¡Ah, otra vez! – exclamó el chico. – ¡Vicepresidente Akon! ¿Qué es…?

– ¡Arrg! ¡Ya cállate! No me dejas leer con tus gritos. – lo regañó y se dio vuelta en su silla giratoria para dar una fugaz mirada a la pantalla. – Ah, no es nada. – dijo, regresando a su posición original. Subió los pies a una de la mesa de controles y volvió a sumergirse en la lectura.

– Pero… es una señal, creo que viene de Karakura. ¿Qué es?

– Es un botón de pánico. – le informó Akon, fastidiado y sin voltear a verlo. – Por ejemplo, si estás rodeado de enemigos, sin posibilidad de ganar, al presionarlo se supone que debemos enviar una Senkaimon a donde estés y así puedes escapar.

– ¿Entonces no deberíamos enviar una?

– No. – sentenció. – Esas cosas solo se presionan una vez y de inmediato envía la información del número de hollows que te rodea. ¿Lo ves? – apuntó detrás de él, sin voltear. Obviamente él sabía la ubicación precisa de todo lo que le rodeaba. – No hay registros de hollows en Karakura por el momento. Tal vez a alguien se le quedó en el Mundo Real y algún idiota lo encontró y ahora está jugando con él. – dio un suspiro. – Solo apágalo y ya. – le ordenó. – Déjame leer tranquilo.

El chico apagó la pantalla sin saber que en una ciudad del Mundo Real, una asustada teniente pedía silenciosa y desesperadamente que le abrieran una Senkaimon para poder escapar. Tal vez no estaba rodeada de hollows, pero el tener a dos capitanes mirándola con furia era mucho peor.

Akon por su parte volvió a concentrarse en las letras. Estaba muy entretenido leyendo. Él no sabía que la relación entre la teniente del 13vo. escuadrón y el shinigami sustituto fuera así de hermosa y a la vez le dolía que siempre tuvieran que pasar por algún obstáculo. ¡Casi parecía una telenovela! Y justo ahora que hablaban de hacer público su amor, ¡pum! Ella se transforma en bebé. ¡Qué terrible!

"Intentaré ayudarlos" pensó Akon, visiblemente emocionado por la relación de esos dos. Además entre más pronto la teniente volviera a la normalidad, más pronto sería la boda entre ellos y por ende, una celebración gigantesca en todo el Seireitei. ¡Al fin podría ir a una fiesta después de tanto tiempo!

¡Definitivamente la Revista Shinigami se superó esta vez!

"¡Fuerza, teniente Kuchiki!" pensó el tercer oficial del 12vo. escuadrón al terminar de leer. "El departamento de Investigación y Desarrollo está contigo"

De vuelta a Karakura.

– ¡Ja! ¿Qué pasa enano? Te ves asustado. – señaló Zaraki.

– No lo estoy. – respondió el capitán, volviendo a su expresión calmada.

– Como sea. – dijo Urahara. – Ya todos lo sabíamos, pero buen trabajo Matsumoto-san. – la felicitó con una sonrisa.

– ¡Gracias!

– ¡No agradezcas, idiota!

– ¿Por qué? – cuestionó la teniente extrañada. – ¿No le enseñaron en la escuela que hay que agradecer ante un cumplido?

– ¡Shirou-kun es un maleducado! – se burló Yachiru. – ¡Momo-chan lo regañará!

– ¡Tú cállate! – le gritó el pequeño.

– Buaaaa... ¡Ken-chan, Shirou-kun me gritó otra vez! – lo acusó, llorando teatralmente.

– Cierra la boca Yachiru. – la regañó Zaraki. – Tus gritos también causan dolor en el trasero.

La teniente pelirrosa se sintió abandonada por el capitán y le dio un fuerte golpe en el rostro a lo que Rukia dio una sonora carcajada.

– Le gusta. – comentó Yumichika. – Hazlo otra vez. – Zaraki le dio un gruñido a su quinto oficial, pero no pudo evitar el golpe de Yachiru y la siguiente carcajada de Rukia.

– Yo también quiero hacerlo. – dijo Kyoraku y se lanzó a golpear a Zaraki.

– Definitivamente le gusta. – comentó Ukitake al escuchar a su teniente reír con tantas ganas.

– ¡Es mi turno! – gritaron Ikkaku, Matsumoto y Yumichika al unísono.

Y así entre varios fueron golpeando a Zaraki, quien no sabía cómo había acabado la situación así, ni tampoco como era que él les permitía golpearlo. Aunque claro, esos golpes eran como piquetes de mosquitos para él.

– Ya basta. – los regañó Ichigo. – Parecen idiotas.

– Lo dices porque no puedes hacer reír a Rukia. – se burló Yoruichi.

– ¡Claro que puedo!

– Kurosaki. – lo llamó Byakuya. – No desvíes el tema.

– Es cierto Kurosaki-san, ¿es verdad que le dices "hermano" al capitán Kuchiki? – le preguntó el rubio. – Suena algo extraño. – agregó sonriendo.

Ichigo sufrió un ataque de tos al escucharlo y Byakuya frunció el ceño, tratando de suprimir el revoltijo que sentía en el estómago. "¿Qué?" pensó el pelinaranja.

– Byakuya, no sabía que te llevabas bien con el padre de Ichigo. – comentó Ukitake.

– ¿Así que le das lecciones de conducta a este mocoso? – se burló Zaraki. – Mejor deberías concéntrate en su educación, creo que ni con toda su vida estudiando dejará de ser estúpido. – y dio grandes carcajadas.

– Ajajaja, Ken-chan también debería tomar lecciones. – señaló Yachiru. – ¿Le enseñas, Bya-kun? – el aludido no le prestó atención. Aun si fuera cierto lo de sus dotes de maestro de modales, ese salvaje de Zaraki no tenía posibilidad de arreglo.

– No sabía que ustedes se habían conocido en un crucero que después se hundió. – comentó Ikkaku mirando hacia Ichigo.

"¿Crucero? ¡Qué demonios!" gritaba Ichigo en su mente.

– Vaya que tienen mala suerte. – señaló Yumichika. – Primer viaje y se hunde.

– Yo tampoco sabía que ya le tenías una habitación a Ichigo en tu casa, Byakuya. – agregó Yoruichi.

Con cada afirmación, Matsumoto se encogía casi imperceptiblemente, Byakuya fruncía más el ceño e Ichigo se ponía más rojo.

– ¿Es verdad que al primer hijo le pondrán Sojun? – le preguntó Ukitake con mucho interés.

Byakuya ahora palideció. No recordaba aquella parte en el estúpido reportaje. ¿Acaso pensaban ponerle el nombre de su padre a una posible pequeña copia de Ichigo? ¡Jamás!

Ichigo tembló. Con solo oír ese nombre, el sueño que tuvo hace tiempo apareció en su mente tan claro como si hubiera sido ayer.

– ¡Claro que no! – gritó el pelinaranja. – ¡¿Quién le pondría ese nombre tan raro a un niño?! – exclamó con la cara roja.

Renji se estremeció al oírlo. ¡Cómo podía Ichigo ser tan idiota!

Rukia frunció levemente el ceño y miró a Ichigo como si lo estuviera regañando. En ese momento, el chico recordó lo que Renji le había advertido aquella vez. ¡Hizo justamente lo que no se supone que tenía que hacer!

– ¿Dices que ese nombre no es lo suficiente para ti, pequeño insecto? – cuestionó Byakuya con voz furiosa y mirándolo fijamente.

– Yo... no...¡Oye! ¿Quién es un pequeño insecto? – le preguntó ofendido.

– Pues tú. – respondieron todos al unísono, como si alguien les hubiera pedido su opinión.

– ¡Arggg! ¡Ya cállense todos! – gritó el pelinaranja rascándose la cabeza. – Yo jamás había visto esa revista. ¡Ni siquiera sabía que Rangiku-san trabajaba ahí!

Todos voltearon a ver a Matsumoto e Ichigo recién se percató que había sido totalmente engañado.

– Matsumoto, explícate. – ordenó Hitsugaya.

– Yo… hehehe…. Es que Shuuhei…yo… ¡Ichigo me obligó! – gritó de pronto.

– ¡¿Qué?! ¡Yo no te obligué a nada! ¡Di que tú inventaste todo!

– ¿Es cierto eso, Diosa? – preguntó Kon, aprovechando el momento para saltar encima de la teniente, pero ella instintivamente lo derribó.

– ¡Claro que es cierto! – se defendió Ichigo. – Yo jamás me he entrevistado con ella. ¡Como si fuera a participar en una cosa así!

– Bueno, eso es cierto. Kurosaki no es una persona muy comunicativa. – mencionó Ishida acomodándose los lentes.

– ¡Mira quién lo dice!

– Pero Ishida-kun tiene razón. – lo apoyó Inoue. – Kurosaki-kun nunca contaría sus cosas de esa manera tan… pública. – agregó sonriendo. – ¿Verdad, Kuchiki-san? – preguntó a la bebé pelinegra, a lo que ella solo le sonrió.

– Mmmm… ahora que lo dicen eso de "mi amor por ella quema con la intensidad de mil soles" no suena a algo que Ichigo diría. – señaló Ikkaku sujetándose la barbilla y mirando al cielo.

Ichigo miró a Matsumoto con ganas de golpearla. ¿Cómo pudo escribir algo tan cursi como eso?

– ¡Y menos eso de "la enana se queda conmigo para siempre" "yo juré protegerla desde antes, no solo porque ahora es un bebé"! Suena tan "No-Ichigo". – mencionó Yumichika acomodándose el cabello.

El pelinaranja se sonrojó y bajó la vista. Eso sí era algo que él había dicho durante la discusión de aquella vez en que la perdieron en el centro comercial. ¡Diablos! ¿Acaso Matsumoto había grabado alguna de las frases raras que a veces se le escapaban? ¿Cuánto de verdad tendría aquella revista? No quería ni pensarlo. ¡Qué bueno que Ishida no siguió leyendo el reportaje!

– ¿Entonces no hay bendición de su parte capitán Kuchiki? – preguntó Urahara con cara de bobo. Byakuya le dio una furiosa mirada que lo hizo encogerse como ardilla.

– Creo que no, Kisuke. Al menos por ahora. – agregó Yoruichi, burlona.

– A menos que haya un bebé de por medio. – sugirió el rubio ganándose otra mirada furiosa. – L-lo decía por Kuchiki-san. – trató de justificarse.

– ¿Y eso de "Byakuya también es como una figura de hermano para mí"? – apuntó Kyoraku con una mueca graciosa. – Era tan lindo. – suspiró. – Una lástima que no sea cierto.

"¡Figura de hermano!" gritó el pelinaranja internamente. ¡¿Qué tonterías escribió Matsumoto?! ¡Con mayor razón no leería ese reportaje! Se preguntaba qué tanto se había arruinado su reputación en la Sociedad de Almas con aquella "entrevista". Solo esperaba que poca gente la hubiera leído.

– ¡Fue una de mis mejores frases! – dijo Matsumoto reaccionando al fin y riendo fanfarronamente. – ¡Pero estoy segura que pronto vendrá la bendición! – y le guiñó un ojo a los demás. – Tendremos fiesta antes de lo que creen.

Hitsugaya quiso agarrar a su teniente por el cuello y ahorcarla. No podía creer que no supiera cerrar su boca y que además no se percatara del aura maligna que rodeaba al capitán Kuchiki.

Por otro lado, el pelinaranja tenía varias venitas furiosas palpitando en su cabeza y veía a la rubia teniente con cara de malas pulgas.

– Entonces toda la culpa es de la teniente Matsumoto. – comentó Kyoraku rascándose la barbilla y sintiéndose algo decepcionado. El ya soñaba con la fiesta.

– Creo que sí. – lo apoyó Ukitake. – Me imagino el revuelo que tendrá ese reportaje.

– ¡Te demandaré Rangiku-san! – la amenazó Ichigo, gritando como un loco. – ¡Por mentiras, perjuicios, suplantación de identidad y todas esas tonterías! – la apuntó con un dedo. – ¡Y también por acosarme al sacarme tantas fotografías!

– Ichigo, eres pobre y no puedes pagar a un abogado. – le recordó Chad y todos rieron.

– ¡Entonces buscaré a alguien que lo haga gratis! – gritó.

– Kurosaki, no hay abogados en la Sociedad de Almas. – señaló Ishida, acomodándose los lentes.

– Entonces… entonces yo…

– ¡Ya cállate, tonto! – le gritó Renji. – Deja de decir tonterías.

– ¿Creen que lo haya leído mucha gente? – preguntó el pelón, ignorando los comentarios sin sentido de Ichigo.

– Esperemos que no. – dijo Ukitake. – Tal vez Hisagi-kun se percató que esa entrevista no era verídica después de imprimirla. Y tal vez la sacó de circulación a tiempo.

¡Cómo estaba de equivocado!

– Es cierto, de hecho, por donde la mires se nota que es falsa. – comentó Kyoraku tratando de aparentar sabiduría.

– ¿Cómo se te ocurrió hacer eso? – preguntó Byakuya a Matsumoto con su típica voz fría. La teniente comenzó a sudar, pues ahora que Ichigo se había librado del asunto, toda la culpa era únicamente de ella.

– Es que…. – volvió a mirar a su capitán con ojitos suplicantes, pero el peliblanco solo la miraba furioso. Había tratado de salvarla pero ella se encargó de hundirse aún más.

– Habla de una vez. ¿Qué pretendías? – la encaró Hitsugaya y le dio una mirada de hielo.

– Yo… yo solo escribí las cosas que ellos no se atreven a confesar. – con esa respuesta, Ichigo volvió a enrojecer por milésima vez. – Ese es el deber de una buena periodista, ir a donde está el calor de una noticia, informar profundamente acerca de un tema conocido superficialmente por todos y cautivar los corazones de la gente. – agregó con una voz que parecía de discurso. Esperaba que así pudiera salvarse de los dos capitanes que la miraban con furia, pero obviamente no funcionó.

– ¿Y para eso era todo ese circo? – la voz de Byakuya era filosa como una espada.

Matsumoto sintió un temor que nunca había sentido antes. ¿Cómo se le ocurrió pensar que Byakuya tomaría con humor su genial artículo? ¿O que su capitán no se enteraría? ¿Y por qué los estúpidos del DID no abrían la puerta para que ella pudiera huir?

Ambos capitanes la miraban con furia, casi a punto de lanzarse sobre ella. Uno; por haber inventado semejante tontería entre su hermana y el naranjo y haber mezclado al Clan Kuchiki en esas ridiculeces de los plebeyos; y el otro, por avergonzar una vez más al 10mo. escuadrón. ¡Como si no hubiera sido suficiente con quedar como una loca roba bebés frente a varios personajes del Seireitei!

"¡Vamos, superhéroes! ¡Demuéstrenme que existen!" pedía internamente la rubia teniente, pero sentía que sus esperanzas eran en vano.

En eso, el timbre de la puerta sonó con una estridente canción que decía "cliente, cliente…ti-ri-ti-ri-ti-tii…dinero, dinero… ti-ri-ti-ri-ti-tii…no hay devoluciones, no hay devoluciones… ti-ri-ti-ri-ti-tii"

Una gotita cayó por las cabezas de todos al oír ese horrible timbre.

En eso apareció Tessai en la puerta, acompañado de una señora regordeta de cabello castaño.

– Buenas noches a todos. – saludó la señora, mientras Tessai se retiraba.

Byakuya la miró sorprendido. Era la vecina humana que lo había ayudado a enfrentar al enemigo "muda de pañal" ¿Qué hacía ahí?

– Vaya, pero si es Toyama-san. – la saludó Urahara. – ¿A qué debemos su visita?

– Lamento molestarlos, pero quería devolverle algo a Kuchiki-san. – todos la miraron sorprendidos. ¿Cómo se conocían? – Se le quedó esto en mi casa. – informó, enseñando dos cascabeles de juguete. Obviamente eran de Rukia.

La pequeña al reparar en sus juguetes dio una gran sonrisa y extendió sus manos para alcanzarlos. La señora se acercó a ella y se los entregó acariciándole la cabeza.

– Aquí tienes pequeña. – le dijo, a lo que Rukia le sonrió nuevamente.

Byakuya la miró y sin decir nada dio una muy, pero muy ligera inclinación de cabeza. Esa era su forma de agradecerle por devolver esos carísimos juguetes a su hermana.

– ¿Cómo la conoces Byakuya? – preguntó Yoruichi sonriendo, pero el pelinegro no le respondió.

– Kuchiki-san necesitaba ayuda con su hija. – respondió la señora sin saber la bomba que había dejado caer sobre toda la sala.

¿Ayuda? ¿El orgulloso capitán Kuchiki pidiendo ayuda a una simple humana? ¿Y qué era eso de una hija?

– Capitán Kuchiki, no me diga que tiene una hija del amor aquí en Karakura. – dijo Urahara fingiendo sorpresa e impacto.

– ¿QUEEEE? – gritaron todos al mismo tiempo, haciendo que la señora Toyama los mirara asustada.

– ¿Es cierto eso? – preguntaron Ikkaku, Yumichika, Matsumoto, Yachiru y Kon al mismo tiempo.

– No. – respondió sin más, aunque deseaba con todas sus ganas despedazar a todos esos idiotas que lo fastidiaban, incluyendo a esa miserable vieja regordeta que aparecía ahí divulgando información sobre hechos recientes.

Renji sabiamente, no dijo nada. Él sabía perfectamente que era imposible que algo como eso ocurriera. Los demás shinigamis y los humanos también permanecieron calmados. Nadie dudaba del honor del capitán del sexto escuadrón.

– Ella no es su hija. – aclaró Yoruichi todavía sonriendo. – Es su hermana, pero ¿por qué necesito su ayuda Toyama-san?

– Ahh, lo siento, no lo sabía. – se disculpó la mujer. – Kuchiki-san necesitaba ayuda con el cambio de pañal de la pequeña.

Byakuya abrió los ojos y fulminó la gorda con la mirada. ¡Cómo se atrevía a revelar su debilidad ante ese enemigo especial en frente de todos!

– ¡Jajaja! Sabía que no podías ser perfecto en todo, Kuchiki. – se burló Zaraki. – ¿Así que un simple cambio de pañal es demasiado para ti? ¡Qué perdedor! – se burló dando grandes carcajadas. Aunque sin darse cuenta le había dicho "perfecto" en todos los otros sentidos. Los demás lo miraron extrañados.

– ¿Acaso Ken-chan sabe hacerlo? – cuestionó Yachiru, haciendo que Zaraki quedara en blanco. Era cierto, él tampoco sabía de eso. ¡Pero era más divertido escuchar que Byakuya no sabía!

– ¿Qué ocurrió Byakuya-boy? ¿No pudiste hacerlo? – se burló Yoruichi.

– ¿O tal vez no sabía que parte del pañal va hacia adelante? – se unió Urahara.

– ¿Y cuál va hacia adelante? – Ikkaku no sabía nada de eso y le causó curiosidad.

– Pues… supongo que la que tiene bolsillos, ¿no? – respondió el rubio con una tonta sonrisa.

– ¡Es cierto! Esa es la parte delantera. – habló Kyoraku quien tampoco tenía idea.

Matsumoto dio una mirada a la señora que los miraba asustada. Tal vez no era el guapo héroe musculoso que ella esperaba, pero sin duda la había salvado de una peligrosa situación. ¡Al día siguiente le haría un pastel como agradecimiento!

– No te culpo. – dijo Yoruichi poniéndole una mano en el hombro al pelinegro. – Ichigo tampoco pudo hacerlo.

– ¡Claro, este sujeto es un niño rico! ¿Cómo podría saber algo así? – dijo Kon saltando sobre la mesa y apuntando al pelinegro con la mano.

Sonoras carcajadas se escucharon en la sala y de pronto un aura oscura se sintió en toda la habitación.

La señora Toyama se encontró con los ojos grises de Byakuya que brillaban como el filo de una espada a la luz de la luna. Eran ojos que pedían ver rodando alguna cabeza por atreverse a burlarse de él y se dirigían también hacia ella.

La regordeta mujer supo que había hecho algo mal y temió por su vida como nunca antes. Sentía tal miedo que ni siquiera reparó en el peluche parlante parado en la mesa. Sin decir nada más, y con una torpe y nerviosa reverencia, se despidió de todas esas personas y se alejó corriendo hasta su casa. Cerró la puerta con todos los seguros que tenía y se fue a dormir, oculta entre las sábanas.

Al día siguiente comenzaría a buscar una nueva casa para cambiarse.

– Ahhh… ya perdimos a otra vecina. – suspiró Urahara. – Capitán Kuchiki, ahora por su culpa no tendremos a quien pedirle un tazón de azúcar cuando haga falta.

– Tus necesidades no son mi problema. – respondió el pelinegro.

– Volviendo al tema, ¿es cierto que le pediste ayuda? – preguntó Yoruichi quien no podía dejar pasar la oportunidad.

– El silencio otorga capitán Kuchiki. – dijo Urahara al ver que Byakuya no decía nada.

– Jajaja, cobarde. Ni quiera te atreves a ver el pequeño trasero de tu hermana. – se burló Zaraki.

– ¡Capitán! – exclamaron Ikkaku y Yumichika, totalmente horrorizados. ¿Cómo podía hablar de eso tan tranquilamente? Ellos temblaban como ardillas y el capitán ni siquiera fingía preocupación. Aunque claro, si Byakuya estallaba, Zaraki tal vez sería el único superviviente.

Por su parte, Byakuya solo permanecía en silencio, pero con una mirada que hablaba por sí sola.

Todos se estaban divirtiendo en grande al enterarse de aquello; como el valiente y orgulloso capitán Kuchiki podía enfrentarse a lo que sea, pero sucumbía ante algo tan simple como el cambio de pañal para su hermanita. Sin duda era algo que ameritaba muchas bromas y no se detendrían por nada del mundo.

Las carcajadas rebotaban por toda la sala. Solo algunos eran lo suficientemente inteligentes como para permanecer en silencio, mientras veían como microscópicas venitas aparecían en la cabeza del capitán pelinegro.

De pronto, Rukia dio un potente grito, haciendo que todos voltearan a verla.

Ella tenía la cara sonrojada, con las mejillas ligeramente infladas y el ceño un poco marcado. Obviamente estaba molesta, y la razón era: porque toda esa gente estaba fastidiando a su hermano frente a ella.

– Kia-chan, les está diciendo: "¡cállense imbéciles!" – dijo Yachiru acercándose a la pelinegra.

– No digas eso, Yachiru-chan. Kuchiki-san no usaría esas palabras. – dijo Inoue con una sonrisa.

– En realidad si lo haría. – señaló Renji. Ichigo e Ishida asintieron.

– Y creo que nos golpearía también. – agregó Ichigo.

– ¿A quién quieres castigar primero, Kia-chan? – preguntó Yachiru acercándose a ella y tomándola en brazos.

– ¡Nee-san, castígame a mí! – se ofreció el peluche a lo que Ichigo lo aplastó contra el suelo. Ya no soportaba sus comentarios pervertidos.

Yachiru otra vez se tambaleaba mientras caminaba con Rukia. La pequeña estiró sus manos y apuntó hacia Urahara.

– ¿Eh? ¿Por qué yo? – preguntó. – Ah, ya sé. El personaje guapo siempre es el primero. – agregó sonriendo burlonamente.

Yachiru se acercó al rubio y levantó a Rukia a la altura de su cara. La pequeña extendió las manos y con un dulce gruñido le ordenó al sombrerero que se acercara. Urahara obedeció y sintió un suave golpe, casi como una caricia sobre sus mejillas, pero esa era la forma en que Rukia lo castigó.

– ¿Quién más? – preguntó Yachiru. Rukia indicó a Ikkaku y compañía.

La acción se repitió varias veces, pero a Ikkaku le dio un golpecito un poco más fuerte sobre su calva, a lo que ella rio divertida.

– Es suficiente. – dijo Byakuya. – Déjala aquí. – le ordenó.

– ¡Bya-kun no quiere que Kia-chan juegue con nosotros! – gritó.

– ¿Por qué gritas tanto? – se quejó Hitsugaya, haciendo una mueca de disgusto.

– ¡NO ESTOY GRITANDO!

– Bueno, bueno, calmémonos. – ordenó el capitán comandante del Gotei 13, pero nadie le prestó atención.

Todos siguieron gritando por quien sabe qué cosa, hasta que algunos capitanes recibieron un mensaje en sus respectivos celulares.

– Tengo que irme. – anunció Ukitake. – Sentarou tuvo un accidente y Kiyone no puede sola con tanto trabajo.

– ¿Te vas ahora? – preguntó Kyoraku, recordando el encantador mensaje que su teniente le había enviado hace poco. El peliblanco asintió.

– También nos vamos entonces. – dijo Hitsugaya. – Nuestra división tiene mucho trabajo acumulado.

– ¿Y el tercer oficial para qué está entonces? Bueno, tal vez ya se suicidó por tanto estrés. – comentó Matsumoto como si no fuera algo terrible.

– ¡Todo es por tu culpa, idiota! ¡Así que cierra la boca!

– Entonces nos vamos todos. – dijo Zaraki, quien no se mostraba ni remotamente preocupado en que su división estuviera casi abandonada. – ¡A Hueco Mundo!

– ¡Yo no quiero ir, quiero quedarme con Kia-chan!

– ¡Tu vienes conmigo! – le ordenó Zaraki.

– ¡No, me quedaré con Bya-kun! – exclamó agarrándose de la pierna de Byakuya quien solo cerró los ojos, sorprendido del nivel de molestia que podía mostrar esa niña.

– Yo también me voy. – anunció Byakuya, sorprendiendo a Yachiru. – Renji, tú te quedas. – añadió dándole una mirada a Rukia y a Ichigo. – Cuida de ella.

El mensaje que recibió era de su tercer oficial que al parecer no era tan eficiente como para manejar la situación por él mismo. Aunque claro, también comprendía que era demasiado trabajo.

– ¿No necesita que yo vaya también? – preguntó el pelirrojo.

– No. – respondió sin más. Renji asintió y se acercó a Rukia que los miraba con un dejo de tristeza. Al parecer presentía que sus amigos se iban.

– ¡Kia-chan, dile a Bya-kun que no se vaya! – chillaba Yachiru colgándose con más fuerza de la pierna del Kuchiki.

Sin decir nada, el pelinegro sacó una bolsita de dulces del interior de su chaqueta, la abrió y sacó un dulce redondo y pequeño. Lo agitó delante de Yachiru, quien comenzó a olfatear el ambiente como si fuera un perrito. Cuando obtuvo su atención, Byakuya arrojó el dulce por la puerta, a lo que la pelirrosa salió corriendo tras él, muy feliz.

Todos lo miraban boquiabiertos. ¡Byakuya la trataba como si fuera un cachorro!

- o -

A fin de cuentas una gran Senkaimon se abrió frente a la casa de Urahara. Los shinigamis dejaron sus gigai para cruzar por la puerta que los conectaba a la Sociedad de Almas y regresar a sus respectivas divisiones. Zaraki y compañía ya se habían ido a Hueco Mundo.

– Cuiden de ella. – dijo Byakuya. – Y que no ocurra nada extraño. – les ordenó con voz de ultratumba, clavando sus ojos grises en la cara de los dos shinigamis de cabello extravagante.

– S-sí.

Todos entraron en la Senkaimon y solo se oían los lloriqueos de Matsumoto que quería quedarse a toda costa en Karakura.

Inoue tenía a Rukia en brazos y le sujetaba la manito para que despidiera a los shinigamis. Byakuya se acercó a ella y la miró detenidamente sin decir nada.

La ojivioleta le extendió los brazos mientras sus ojitos se aguaban, amenazando con llorar, pero Byakuya le tomó las manos y bajó sus brazos. Un sollozo quiso escapar de sus labios, pero Byakuya clavó sus ojos en ella diciéndole muchas cosas que tal vez nunca podría decir frente a toda esa gente y la pequeña se calmó. Finalmente el capitán acarició su cabeza con cuidado y se alejó.

La Senkaimon se cerró al fin, dejando tras de sí a ocho personas, incluida Rukia.

Ichigo suspiró sintiéndose aliviado. ¡Al fin se fueron todos! Tal vez ahora podría tener un poco de la tranquilidad que necesitaba. Aunque se preguntaba cuánto duraría y al mismo tiempo no dejaba de preguntarse cuándo podrían regresar a Rukia a la normalidad.

Con la partida de su hermano, la pequeña se sentía triste y extendió los brazos hacia Ichigo para que la cargara. El chico la tomó de inmediato y de nuevo el mundo de alrededor dejó de existir. De nuevo esa burbuja los envolvió a los dos, aislándolos de los demás.

- o -

Matsumoto se sentía triste por dejar a Rukia y a los demás, pero a la vez se sentía increíblemente aliviada de poder regresar a la Sociedad de Almas en una sola pieza.

A fin de cuentas el asunto de la revista no llegó a mayores y nadie murió. ¡Por suerte!

– Bueno, ahora hay que ver los daños que ocasionó ese reportaje. – comentó Kyoraku a lo que Byakuya frunció el ceño.

"Revista Shinigami" se repetía a sí mismo, pensando en si le causaría muchos problemas si la destruía. "Probablemente no"

Matsumoto dio un grito ahogado mirando hacia el capitán pelinegro. ¡No quería hacerlo recordar! Casi podía adivinar sus pensamientos y solo esperaba que al llegar a su división, el capitán estuviera tan ocupado que no tuviera tiempo para tratar de vengarse de ella.

Al día siguiente.

Cuando el shinigami encargado de abrir el puesto de ventas de la Revista Shinigami llegó, se llevó una gran sorpresa al encontrar el lugar clausurado. Corrió hacia la editorial de la revista y se encontró con la misma escena.

"Establecimiento suspendido por difundir falsa información"

"Violación al código de ley número 46785-890 del Reglamento Ético de Conducta Periodística, versión 2014."

"Solicitado por: Kuchiki Byakuya, capitán del sexto escuadrón."

"Verificado, ratificado y ejecutado por: Cámara de los 46."

A los pocos minutos llegó Hisagi a la editorial, quien casi desvanece al leer el gigantesco cartel que colgaba sobre la entrada.

– ¡RANGIKU-SAN! – el grito del pelinegro recorrió todo el Seireitei llegando hasta los oídos de un tranquilo capitán Kuchiki, quien no pudo suprimir una pequeña sonrisa.

Tal vez no pudo destruir el lugar, pero al menos no podrían escribir más tonterías en un buen tiempo.

- o -

Mientras tanto Matsumoto estaba sepultada bajo miles de montañas de papel, escribiendo a velocidad máxima. Eran muchos, muchos papeles; tres pilas de un metro de altura por CADA persona del Seireitei que hubiera visto su tonto reportaje.


:) chan chan... Bueno, ojala les haya gustado. Pobre señora Toyama, ya se tuvo que cambiar de casa! jajaja... Y Akon leyendo la farandulera revista esa, me mato! XD

Y los shinigamis ya se fueron u.u buuuuu

Bueno, nos estamos leyendo pronto.

Matta nee :)