Yep! Lo sé, apenas subí el otro capítulo el miércoles, pero como es Navidad os quería dar una sorpresa! Os lo debía por los 18 maravillosos reviews que habéis dejado. Mil gracias de nuevo y espero que os guste este adelanto!
Disclaimer: Naruto y sus personajes son de Masashi Kishimoto.
Capítulo 10:
Inexplicable
"El alma descansa cuando echa sus lágrimas; y el dolor se satisface con su llanto."
Ovidio, poeta latino.
Eran pasadas las doce cuando Kuroi entró en la morgue. Hacía dos horas que habían encontrado los cuerpos de los niños de Kusa y les estaban practicando también la autopsia, junto a la niña que murió en la arena de batalla. Se acercó a la ninja-médico que estaba frente a los tres cuerpos, con los brazos cruzados, y dijo:
-¿A quién se le ocurre hacer esta barbaridad? Eran apenas unos críos…
-¿Qué han dado los resultados?-Murmuró Kuroi intentando no mirar los cuerpos.
-Los tres tenían una bolsa de veneno dentro, alojada muy cerca de los pulmones y el estómago. Eran como bombas de relojería preparadas para estallar en cualquier momento. Los dos varones murieron por heridas de arma blanca, probablemente un kunai-Le enseñó las numerosas puñaladas que tenían los cuerpos-A ella se le rasgó la bolsa y debido a la cantidad masiva de veneno, se expandió rápidamente por su cuerpo. Era cuestión de horas que muriese, solo lo hicieron más rápido…Incluso sufrió menos…
-He hablado con los guardias del turno de noche y vieron como la jōnin a cargo de ellos volvía sola del bosque. Avisaron de inmediato a mi tío y él me ordenó que rastreara el bosque…Fue ella, encontré junto a los cuerpos sangre y un símbolo en el suelo. Un círculo con un triángulo dentro, el mismo que lleva colgado al cuello.
-Entonces ve a avisar a Raikage-sama. Que den la orden de arrestarla de inmediato.
Kuroi asintió y antes de marcharse preguntó:
-¿Qué harán con ellos?-Miró los tres cuerpos sin vida con pena.
-Los incinerarán. Y después esparcirán sus cenizas en la montaña…Es lo que tengo entendido.
Desapareció en una voluta de humo y reapareció fuera del edificio. Fue corriendo de tejado en tejado hasta llegar a la oficina del Raikage y una vez dentro, echó la rodilla a tierra. Su tío se encontraba con su madre, hablando frente a frente.
-¿Qué ha pasado Kuroi?-Preguntó A en un gruñido.
-Sí, hijo, ¿qué han dicho los resultados?-Murmuró Mei suspirando.
-Tenían bolsas de veneno en su interior-Sacó un pequeño frasco con una sustancia negra-Parece el mismo veneno que te envió Tsunade-sama, mamá.
-Bien, manda a los jōnin mejor cualificados a que la arresten y ve con ellos.
Kuroi asintió de nuevo, apretando la mandíbula. Salió a toda prisa, igual que había llegado, y pronto fue seguido por cinco jōnin de Kumo. No debían dejar que saliese de la aldea.
-Shannaro!-
-Desde que llegué aquí con mis compañeros, no sabía lo que me esperaría al final del recorrido. Llegamos a los preliminares veintitrés y nos vamos veinte. Cuatro de nosotros, volvemos con orgullo a nuestro hogar, al igual que otros trece. Pero tres no lo consiguieron, no podrán regresar a su hogar…Quizás sea demasiado joven para comprenderlo todavía, comprender lo que realmente supone la muerte de un compañero…Pero solo sé que Kazuma, Kento y Kanade no merecían aquello…
Mimi tomó aire para conseguir contener las lágrimas. Sus hermanas estaban tras ella, al igual que los demás genin que habían participado y sus maestros. Shikari, Shin y ella llevaban puestos sus recién adquiridos chalecos tácticos. Midori también lo había obtenido, pero no se encontraba en el improvisado funeral por lo ninjas de Kusa.
-…porque llegó un momento que ya no había diferencia entre aldeas. Éramos compañeros a pesar de las rivalidades. Y eso nos seguirá uniendo hasta en el peor de los momentos, aunque llegue el día en que tengamos que enfrentarnos de nuevo. Kanade me agradeció que acabara con su dolor y me gustaría creer que Kazuma y Kento tampoco sufrieron. ¿Quién no habló con ellos si quiera una vez? ¿Quién no vio cómo se cuidaban entre ellos, a sabiendas de que quizás no conseguirían sobrevivir? Aunque pasen muchos años, estos tres compañeros seguirán en nuestros recuerdos. Solo espero que encuentren paz en este lugar.
Guardó silencio y fue escoltada hasta la orilla del acantilado por sus hermanas. Tsume y Nioi tenían las cabezas gachas y no pronunciaban ni una palabra. Como a los demás, las palabras de Mimi les había llenado el corazón. Vaciaron las urnas que contenían los restos de los tres genin de Kusa y el viento se las llevó entre las rocas. Mimi cerró los ojos y aferró con fuerza el pequeño saquito que colgaba de su cuello, contenía un pequeño frasco con la sustancia que había matado a su compañera. Después de aquello, todos bajaron por la ladera en dirección al centro de la aldea. El día siguiente partirían hacia sus casas.
Hana miró el cielo. Estaba nublado, parecía que estuviese a punto de descargar una fuerte lluvia veraniega. Miró a Takara un momento y ésta le devolvió la mirada. Se acercó a la Uzumaki y le tendió la mano.
-Siento lo que dije sobre vosotros y siento lo que ocurrió en la segunda prueba-Le sonrió tímidamente-Quizás debería replantearme mi forma de ver las cosas.
-No tienes porqué sentirlo…-Estrechó su mano y le devolvió la sonrisa-La que lo siente soy yo, me pase un poco…
-¡No te preocupes!-Exclamó dándose un golpecito en el hombro-En un par de semanas estaré bien.
-Quería preguntarte una cosa Takara…
-Pues pregunta.
Hana miró de soslayo a su alrededor, esperando que no hubiese nadie que la pudiese escuchar. Takara soltó una risita al ver el sonrojo en las mejillas de la chica, que se acrecentó cuando se miraron de nuevo a los ojos.
-Tu madre… ¿ella te ha dicho algo sobre la pelea?-Tragó saliva para deshacer el nudo que tenía en la garganta-Digo, te escuché decir que tenías que demostrarle…
-Ah, eso. Mi madre…bueno…en cuanto me vio con el hombro así y las costillas, se largó a llorar. No la había visto llorar desde que murió papá, supongo que en realidad quería que me hiciese fuerte para que no pasara lo mismo…¿y tu padre? Te oí hablar con la chica estirada de que le dabas igual o no sé qué.
-Él…él no me ha dicho nada. Ni si quiera me ha…mirado a la cara durante la ceremonia de ascenso, supongo que no cumplí con sus expectativas.
-No le des importancia. Si no le gusta lo que tiene, mándale a la mierda-Comentó despreocupada-Siendo irrespetuosa y malhablada, para mí que es un…
Hana cerró un ojo al escuchar la tremenda burrada que la chica de Iwa soltó. A veces también creía que su padre era todas aquellas palabras malsonantes que había soltado Takara de golpe y porrazo. Se despidió de ella y de pronto sintió unas manos masculinas en su cintura.
-¿Qué tal te encuentras, Hana?-La suave voz de Kin la tranquilizó.
-Estoy bien, supongo…Cansada y con ganas de volver a casa.
-Yo también. Por cierto, que te parece que cuando volvamos a Konoha vayamos los dos a comer dangos ¿eh? Esta vez pago yo, te lo prometo.
Hana asintió con una gran sonrisa acompañada de un gran sonrojo. Lo único que la hacía sentir de verdad querida era Kin. Le daba la mano, le besaba de vez en cuando la mejilla, le abrazaba cuando se sentía mal…Era su, y por fin lo podía decir, novio. Bueno, era más que eso y fue entonces que le quiso recompensar.
-Cierra los ojos Kin-Murmuró Hana con una sonrisa tímida, viendo como el chico obedecía-Por favor.
-Claro, pero ¿para qué quieres que…?
Se quedó mudo. Al abrir los ojos se encontró a Hana de puntillas, uniendo sus labios en un suave beso. Duro a penas un fragmento de segundo, pero Kin sintió aquel mero roce entre sus labios inexpertos como un detonante que hinchó su pecho de felicidad.
-Muchas gracias por todo Kin.
El Hōzuki soltó una carcajada y la levantó, dando un par de vueltas con ella. Hana también rió, nunca había visto al chico así. Un tosecita les interrumpió y Hana se encontró con los ojos verdes de Midori al girar la cabeza.
-¿Puedo hablar contigo un momento, Hana?
-Por supuesto Midori.
Kohaku se acercó a Kin y, junto a él, vio como las féminas se alejaban por la calle principal, preocupado. ¿Qué hacía la chica Uchiha con una mochila puesta sobre sus hombros?
-Shannaro!-
Hana y Midori caminaron en silencio, la una al lado de la otra, hasta salir de la aldea. Se adentraron en el bosque y de pronto, se pararon en un claro. La Uchiha suspiró un par de veces y habló:
-Quiero que me escuches atentamente, por favor…
-Claro-Asintió la Uzumaki, pero de pronto se fijó en la mochila-Micchan, ¿qué haces con eso…?
-¡Escúchame!-Expulsó el aire de golpe por la nariz-Por favor, Hacchan…
La examinó mejor y se sintió confusa. ¿Por qué no llevaba su nuevo chaleco ni su banda ninja? ¿Por qué tenía los ojos brillantes? Midori se acercó despacio a Hana y tomó con cuidado sus manos. No sonreía ni nada por el estilo, sus labios estaban fruncidos en una férrea línea.
-Yo…lo he estado pensando durante todo este tiempo, Hacchan. Quiero cumplir nuestro sueño…y necesito volverme todo lo fuerte que pueda. Y sé que si vuelvo a Konoha no lo conseguiré, tengo que explorar todas las posibilidades que me proporcionan mis ojos…
Hana se comenzaba a quedar sin respiración. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué decía aquello?
-Debo irme de la aldea. Alguien me proporcionará la ayuda necesaria para volverme realmente fuerte…Tan fuerte que hasta los mismísimos Kage me temerán. Y cuando lo consiga, iré a buscarte y compraremos una casa para las dos, como dijimos.
-¿Te vas a ir?-Jadeó la Uzumaki-¿Por qué? ¿Qué le voy a decir a Tsunade-bāchan? ¿Y tus padres qué…?
-Ellos me dan igual, solo dile a Tsunade-bāsan que mi promesa sigue en pie…Ahora tengo que irme, no puedo seguir aquí durante más tiempo-Apretó sus manos y frunció el ceño-Honō me espera tras esos árboles y…
-¡No, no te dejaré irte!-Gritó de pronto Hana-¡Y menos con ella!
-¿Pero qué…?
-¡Es una asesina Midori!-Hana comenzó a escanear los árboles con la mirada-¡Mató a sus alumnos! ¡No vayas!
Entonces la vio salir entre los árboles, con andares sinuosos y su sonrisa macabra tan característica. Sus ojos negros brillaban con maldad. Hana soltó las manos de Midori y la puso tras ella, preparando los puños.
-¡No te acerques ni un paso más víb…!
-No me hagas reír…por favor.
Le dio un fuerte golpe en el pecho que hizo que saliese disparada, derrapando contra el suelo con la espalda. Aún estaba algo débil por las heridas de la batalla del día anterior. Se levantó algo entumecida y abrió los ojos con sorpresa.
Honō pasaba un brazo sobre los hombros de Midori y ésta no se apartaba.
-¡Aléjate de ella!
Corrió cuanto sus piernas pudieron, con el puño cargado de chakra para darle un devastador golpe a la jōnin e impedir que escapara. Pero esta vez fue la propia Midori quién la golpeó, deteniendo la trayectoria de su puño. Volvió a levantarse y fue cuando vio los ojos rojos como la sangre de su amiga brillar.
-Aléjate tú Hana-Su voz había perdido el tono conciliador con el que le había hablado, tornándose frío y despiadado-No me obligues a detenerte.
-No lo hagas Micchan, por favor. Ella es mala, no te fíes de ella…¡Seguro que quiere algo de ti y…!
Se atragantó con las palabras pues Midori se movió velozmente hasta cogerla del cuello. Sentía como su férrea mano apretaba su cuello y solo podía mirarle a los ojos, con el Sharingan activado. Ya no era de dos tomoes, tenía un tercero. Lo más probable es que lo hubiese conseguido con el trascurso del entrenamiento.
-Cállate, no quiero que vuelvas a pronunciar mi nombre de esa manera-Gruñó poniéndose agresiva-Vete, esfúmate…Ya te he dicho que volveré a por ti cuando esté preparada.
-Midori-Consiguió pronunciar-Podemos…volvernos fuertes…en la aldea. Juntas…ya...ya sabes…
-¿Bajo el yugo de nuestros padres?-Bramó cabreada-¿O quizás del de nuestras madres? No, quizás tú te conformes con vivir así, pero yo no…
-Tic tac, mocosa, el tiempo escapa…-Canturreó Honō con el ceño fruncido-Haz algo con ella, de inmediato.
-Me quería despedir de ti por las buenas, no me obligues a dejarte postrada en una cama.
La soltó y Hana se levantó de inmediato cuando cayó al suelo. Tenía los ojos aguados, mientras intentaba retener las lágrimas.
-Me prometiste que todo iba a salir bien y ahora te largas…Dime la verdad, ¿por qué lo haces?
Una sombra cruzó el rostro de Midori y entonces supo que esa ya no era su amiga. O por lo menos no era la que ella conocía.
-Junto a ti lo único que podría hacer es retroceder. Eres débil, Hana-Exclamó entrecerrando los ojos-Eres una inútil, no me extraña que hasta tu hermana cinco años menor te supere. Ni si quiera has sido promovida a chūnin. Pensé que querías demostrarle al estúpido de tu padre que no eras todas esa cosas…Pero mírate, cuando estás asustada simplemente te pones a llorar, esperando que venga la vieja para decirte que no te preocupes y tres mil mentiras más…
-¡Te permito que me insultes a mí, pero a Tsunade-bāchan tenla un respeto!-Chilló con fuerza-Si hace falta te llevaré a rastras, no te irás…
-¿Qué me harás entonces, eh?
La sonrisa ladina que compuso su compañera la sacó de quicio. Todo lo que estaba pasando era una ilusión, un sueño, una pesadilla. O quizás las tres cosas juntas. Después de hablar tanto, después de creer por un momento que con que Midori la reconociese como igual le bastaba, se fue todo al traste. ¿Cuánto tiempo estuvo mintiéndola? De las oscuras nubes de tormenta comenzaron a caer gotas, que empaparon con rapidez a las tres féminas. Hana sentía el chakra fluir tan rápido como su propia sangre a través de su cuerpo. Detendría a Midori, no dejaría que se marchase con esa asesina. Aunque tuviese que romperle algún hueso. No lo permitiría.
-Se acabó Micchan-Anunció reteniendo las lágrimas-No te dejaré ir.
-Cuando tomé esta decisión, me dije que nadie me detendría. Y me da igual si te tengo que matar para hacerlo.
Miles de pájaros chillaron enfurecidos en aquel claro, o por lo menos eso escuchó Hana mientras corría para intentar golpear a Midori. Su amiga también corrió, cargando con un Chidori a gran potencia en su mano. El puño de Hana comenzó a brillar también, el chakra había comenzado a manifestarse debido a la concentración que le ponía.
Honō siguió sonriendo mientras contaba mentalmente los segundos para la colisión. ¡Cuatro pájaros de un tiro, estaba en racha! Estaba segurísima de que la Uchiha mataría con aquel jutsu a la Uzumaki, sobre todo viendo la altura de su brazo, muy cerca del estómago.
Y ocurrió. No hubo ninguna explosión ni nada por el estilo. Solo se escuchó como la carne se rasgaba y un jadeo seguido de una tos.
Midori sostuvo a Hana para que no se derrumbase. Un poco más abajo del estómago de la Uzumaki, la había casi atravesado con su mano. El brazo izquierdo de Hana se quedó como muerto sobre el hombro de su compañera y la chica sintió el sabor metálico de la sangre en su boca.
-Olvídate de mí, o si quieres ódiame. Pero no me vas a detener-Susurró a su oído-Date cuenta de que solo estorbas en el camino de todos.
-Micchan…-Murmuró paralizada, sintiendo como la mano de Midori se adentraba un poco más en su cuerpo y la sacaba de golpe.
La tiró al suelo y Hana gritó de dolor. Midori la miró desde su altura, componiendo una mueca de profundo asco hacia ella. Sus ojos volvían a ser verdes y habían perdido cualquier tipo de brillo que hubieran tenido antes.
-Y no vuelvas a llamarme así.
Y se marchó. Honō la siguió, soltando carcajadas. La lluvia caía sin compasión sobre el cuerpo de Hana. No podía levantarse, no podía si quiera moverse, solo giró la cabeza para ver como su amiga se envolvía en la oscuridad del bosque junto a aquella asesina.
Era incapaz de llorar, era incapaz de gritar con todas sus fuerzas para pedir auxilio y se limitó a esperar. Esperar a que de una vez por todas, se la llevase la muerte y saliese de aquel mundo que no comprendía. ¿Por qué había ocurrido todo tan deprisa? ¿Por qué Midori había dicho todo aquello? ¿De verdad sentía todo eso con respecto a ella? No quiso seguir cuestionándose más sobre lo que acababa de ocurrir.
Cerró los ojos y se quedó allí, en mitad del claro, con la lluvia cayendo sobre ella como si la limpiase. Le dolía el cuerpo a horrores pero quizás el dolor físico hiciese que se olvidara del dolor que aquejaba en ese mismo instante su corazón…su alma.
Eres débil. Eres una inútil. Solo estorbas.
Por fin dejaría de estorbar. Su madre ya no tendría que estar amargada, su padre estaría feliz por haberse deshecho de ella por fin e incluso dudó en que sus hermanos la consideraran más que algo que ocupa aire innecesariamente. Solo se sintió mal por Tsume, por Shikari, por Kin y por Tsunade.
Tosió, saboreando la sangre de forma más intensa. Y solo pudo sonreír.
Quizás, por fin, pudiese descansar de una vez por todas.
Y os dejo con toda la intriga para el próximo capítulo! Espero que os haya gustado la sorpresa (a pesar de despachar a Midori tan rápido) y que vayáis comprendiendo un poco más todo el lío que hay con Hana. Los de Kusa merecían un "entierro" digno. Y Mimi era la perfecta para decir unas palabras bonitas a pesar de que casi no les conocía.
Espero que sigáis esperando a que actualice el miércoles que viene y me digáis vuestras inquietudes en un review (;
