Capítulo 11: El cambio de Hans
Elsa y el rey depuesto Dante fueron llevados a los calabozos del palacio italiano. Por primera vez en su vida, Elsa vio un lugar que era mucho peor que los calabozos de Arendelle. Había moho y humedad por todas partes. Y era un caos. Los soldados leales al usurpador duque de Toscana se encontraban ahí, metiendo prisioneros a las celdas. Elsa y Dante fueron llevados a la última celda, en el pasillo más oscuro del calabozo.
La celda en la que fueron encerrados no estaba tan sucia y húmeda como las demás, pero estaba completamente cerrada por 4 paredes. Las dos únicas luces provenían de una lámpara en una esquina de la celda, y la otra de un pequeño hueco en la puerta.
Elsa no tuvo tiempo de observar antes de entrar. Los soldados la empujaron dentro. Tanto ella como Dante fueron encadenados, uno frente al otro, a las paredes de la celda. Tan pronto como se aseguraron de que ninguno de los dos podía escapar, los soldados salieron y los dejaron solos.
La mente de Elsa estaba pensando en Anna, seguramente sola en un calabozo. Se preguntaba si Kristoff habría sobrevivido, porque lo habían dejado muy lastimado. Y sus fieles Kai y Gerda, ¿que habrían hecho con ellos?
Elsa levantó la mirada, y vio a Dante cabizbajo, sentado en el suelo del calabozo, con su cara entre sus manos.
-¿Estás bien?- dijo Elsa, pero de inmediato se dio cuenta de lo estúpida que sonaba su pregunta. Por supuesto que no estaba bien. Dante levantó sus ojos, y su mirada quedó fija en Elsa. Ella se sintió un poco mal por lo que había ocurrido- lo siento mucho. En parte es mi culpa, por ceder a sus presiones-
-No es tu culpa- dijo Dante- seguramente Paolo amenazó a alguien muy querido por ti, para que accedieras a venir con él-
-Sí, a mi hermana- dijo Elsa, en un tono derrotado. Dante sonrió tristemente.
-Yo hubiera hecho lo mismo por Beatrice- dijo el joven rey- no tienes nada de que disculparte…- miró sus cadenas y suspiró- ¿qué vamos a hacer al respecto?-
-No hay nada que podamos hacer- dijo Elsa, volviendo su mirada el suelo- tanto mi hermana como Beatrice son rehenes de Hans, el aliado de Paolo. Si intentamos algo, las consecuencias serán terribles para ellas-
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Markus, junto con Kai, Gerda y los demás exiliados, y gracias a la ayuda de Oaken, habían ya reunido a una gran cantidad de seguidores. Habían dejado su campamento y se encontraban en los límites de Arendelle.
Mientras esperaba la hora acordada al amanecer, Markus notó algo extraño entre los árboles del bosque. Al acercarse, curioso, con su mano en el mango de su espada, se sorprendió al ver que no era ningún enemigo. Era Sven, el fiel reno de Kristoff.
-¡Sven!- dijo Markus al reconocerlo- ¿qué haces aquí?-
Sven dejó escapar un sonido entristecido. Markus le acarició la cabeza cuando dejó de hacer ese sonido, y suspiró.
-Kristoff se encuentra prisionero en el castillo de Arendelle- dijo Markus- no te preocupes. Iremos a salvarlo, al igual que a la princesa Anna-
Sven irguió la cabeza, orgulloso, y siguió a Markus, cuando el joven iba a reunirse con los aliados rebeldes que Oaken había ayudado a reunir.
-Markus, ¿estás seguro?- le preguntó uno de los aliados.
-Sí- dijo Markus con convicción, mientras algunos de sus aliados repartían armas- mis cálculos son correctos. Somos mayoría. Los soldados de Hans no podrán detenernos-
-Es nuestro deber como ciudadanos de Arendelle- intervino Oaken- rescatar a nuestra reina y nuestra princesa-
-¿Cuál es el plan?- dijo otro de los hombres.
-Crearemos una conmoción delante del palacio- dijo Kai- la gente de Arendelle se unirá a nosotros, no aprueban el reinado de Hans Westegard. Mientras eso sucede, algunos entraremos al palacio para liberar a la princesa Anna y tomar prisionero a Hans…-
Los aliados se miraron entre sí. Markus suspiró y levantó su espada.
-Hans Westegard entregó a nuestra reina Elsa al enemigo- gritó Markus ante la mirada expectante de los aliados- y encerró a la princesa Anna en un sucio calabozo para usurpar su lugar en el trono. ¡No lo permitiremos!-
-¡No!- gritaron los aliados.
-Liberaremos a la princesa Anna- continuó Markus su discurso- volveremos a tomar el control de Arendelle, y salvaremos a la reina Elsa-
-¡Sí!- respondieron.
-Les enseñaremos a los Isleños y a los Italianos que no deben meterse con nosotros- terminó Markus- les enseñaremos que no pueden ponerle las manos encima a nuestra reina-
-¡Viva la reina Elsa!¡Viva la princesa Anna!- exclamaron todos.
Markus sonrió. Junto con Kai y Oaken, seguidos primero de Sven, guiaron a los aliados rebeldes a través de la frontera hacia Arendelle.
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Esa mañana, Beatrice se despertó sobresaltada. Lady Akinra había entrado a su celda, llevando una tetera y un par de tazas de té, así como algunas galletas. Beatrice miró sospechosamente a la mujer que había intentado envenenarla previamente.
-El desayuno está listo, su alteza- dijo lady Akinra.
-Ni loca voy a tocar algo que me des- dijo Beatrice, desafiante- tú trabajas para Paolo. Traicionaste a tu rey. Espero que la recompensa de ser una traidora haya valido la pena-
El rostro de lady Akinra se desfiguró en una horrible sonrisa que no le gustó nada a Beatrice.
-Oh, ni siquiera te imaginas, niña tonta- dijo lady Akinra, acercándose a ella con una mirada malvada- tu querido primo me pagó muy bien por tres cosas. ¿Quieres saber cuales son?-
Beatrice dio un paso atrás involuntariamente. Lady Akinra acentuó su sonrisa.
-La primera fue envenenarte lentamente durante nuestro viaje a las Islas del sur, como ya sabes- dijo lady Akinra. Dio un paso adelante, y Beatrice instintivamente dio otro paso atrás- la segunda fue vigilarte y vigilar que Hans, una vez tomando el puesto de rey de Arendelle, no te dejara ir a intentar reclamar tu derecho a la sucesión del trono-
Otro paso adelante de lady Akinra, y otro paso atrás de Beatrice.
-¿Y la tercera?- dijo Beatrice casi sin voz.
Como respuesta, lady Akinra dio otro paso adelante, y cuando Beatrice quiso dar un paso atrás, la pared de la habitación se lo impidió. La malvada mujer acortó la distancia.
-Asegurarme de que no seas una amenaza para su reinado- dijo la mujer. Mientras pronunciaba esas palabras, tomó a Beatrice del cuello con sus dos manos.
-No… no….- Beatrice intentó gritar, pero las manos de la mujer apretaban su cuello con fuerza. Por más que Beatrice trataba de quitarla y defenderse, la mujer era mucho más fuerte que ella. No tuvo otra opción que quitársela de una patada. Funcionó. La mujer cayó al suelo.
Beatrice intentó correr hacia la puerta, pero tropezó con una grieta en el suelo. Intentó también gritar, pero la voz no le salía. Lady Akinra la alcanzó y, tomándola de su cabello, la obligó a levantarse y la volvió a lanzar contra la pared, para nuevamente apretar su cuello.
-Calma, querida princesa- dijo lady Akinra- pronto todo terminará…-
Beatrice sintió que sus rodillas claudicaban, y su mente le mostraba imágenes borrosas de Markus y de su hermano Dante. Moriría ahí, sin volverlos a ver. Cerró los ojos, mientras una lágrima se escapaba de uno de ellos.
De pronto, toda la presión en su cuello desapareció del todo. Beatrice sintió su cuerpo caer hacia delante, siendo detenido por otra persona. La joven princesa abrió los ojos, y vio que se encontraba en los brazos de su prometido. Éste había lanzado a lady Akinra al suelo y había atrapado a Beatrice antes de que cayera al suelo. Beatrice miró los ojos de Hans, los cuales miraban a la malvada mujer llenos de furia.
-¡Cómo te atreves a tocarla!- rugió Hans- ¡guardias!-
Beatrice miró como cuatro guardias entraron a la habitación, poniéndose bajo las órdenes de Hans.
-Llévense a esta mujer al calabozo- dijo Hans despectivamente. Los soldados obedecieron y se retiraron.
Una vez solos, Hans se volvió hacia Beatrice.
-¿Estás bien?- dijo Hans en voz baja. Beatrice trató de decir algo, pero su voz no quiso salir- no hables. Vas a estar bien. No dejaré que nadie vuelva a intentar lastimarte-
Beatrice lo miró. ¿Era el mismo Hans que había traicionado a todos?
-No me mires así- dijo Hans- te dije que hoy te iba a explicar todo. Vamos con Anna y su desagradable prometido-
La ayudó a levantarse, y caminó con ella por el pasillo del palacio.
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Elsa no sabía que pensar. Estaba encerrada en el calabozo del palacio italiano junto con el depuesto rey Dante. Suspiró. Al parecer, Dante quería hacer algo al respecto. Un plan para liberarse de la prisión en la que se encontraban. Pero cuando Elsa le dijo que Beatrice también era prisionera de Hans, el joven rey desistió.
-No podemos arriesgarnos a que les hagan daño- dijo Dante finalmente- a tu hermana o la mía-
Elsa asintió. Miró a Dante.
-Hay algo que no entiendo- dijo Elsa- ¿porqué accediste a que tu hermana se casara con Hans Westegard?-
Dante se encogió de hombros.
-Paolo dijo que era un buen partido para Beatrice- dijo Dante- realmente yo no tenía ni la más mínima idea de que Paolo estaba conspirando contra mí. Ahora todo tiene sentido-
-Pero… signor Giordano, tu ministro, fue a mi coronación- dijo Elsa- seguramente él te contó lo que Hans intentó hacer…-
Dante sacudió la cabeza.
-Sí lo mencionó- dijo Dante- pero Paolo insistió en que todo fue un malentendido, y que Hans era un buen príncipe a pesar de los rumores. Para mi vergüenza, le creí. De hecho, lo sucedido fue enteramente mi culpa-
-No te atormentes- dijo Elsa, mirando sus cadenas y suspirando- no puede ser nuestro destino quedarnos aquí-
Dante le sonrió, dudoso de que aquello fuera verdad.
El rechinar de la puerta abriéndose llamó la atención de los dos. Parecía que Paolo había vuelto para atormentar a Dante un poco más. Dante, por su parte, miró a su malvado primo traidor indiferentemente.
-Veo que rápidamente te has acostumbrado a tu nuevo hogar, Dante- dijo Paolo, y se volvió a mirar a Elsa- ¿y cómo no? Con tan hermosa compañía-
Elsa frunció el entrecejo.
-¿Qué quieres de nosotros, Paolo?- dijo Dante con paciencia.
-Oh, nada que no haya tomado ya- dijo Paolo con una sonrisa- solo vengo a traerte noticias. Quizá debí haberte dicho esto antes…-
-No tengo interés en lo que tengas que decir- dijo Dante.
-Esto te interesará, te lo aseguro- dijo Paolo, sin dejar de sonreír- ¿recuerdas a lady Akinra, la dama de compañía de tu hermana?-
Dante frunció el entrecejo. Elsa le había dicho como la malvada lady Akinra había intentado envenenar a Beatrice en su camino a las Islas del Sur, y como el joven médico real se había dado cuenta y había salvado su vida.
-Bueno, antes de irme de Arendelle, le dejé a lady Akinra una tarea muy importante- dijo Paolo- ya te imaginarás cual fue. No podía dejar que tu querida hermanita estuviera aún viva y con posibilidades de amenazar mi reinado…-
Tanto Dante como Elsa palidecieron. No podía ser posible. Ni siquiera Paolo podría ser tan malvado.
-¡No te atrevas!- dijo Dante, desesperado- Beatrice no es ninguna amenaza para ti. No lo hagas-
-Demasiado tarde, Dante- dijo Paolo, casi riendo- la orden fue dada. En este momento, ella debe estar…- e hizo un gesto significativo.
-¡No!- exclamó Dante.
Elsa vio como el tranquilo y sereno Dante por fin se desmoronó. No quedó en él nada de su antiguo orgullo real. Era como un niño pequeño, abandonado, mientras sus lágrimas fluían abundantemente de sus ojos. Mientras tanto, Paolo reía.
-¿Cómo puedes ser tan cruel?- dijo Elsa- Beatrice no era una amenaza para ti. Estaba bajo la vigilancia de Hans-
-Guarda silencio, Elsa- dijo Paolo en tono de advertencia- mejor reza por que no se me ocurra hacer lo mismo con tu hermana-
Elsa palideció, pero no dijo nada.
-Así está mejor- dijo Paolo.
Paolo miró a Elsa, quien estaba aterrorizada por su crueldad. Dante se encontraba de rodillas en el suelo, con su rostro entre sus manos, sin poder contener sus sollozos silenciosos. Elsa lo miraba con una mezcla de terror por lo que Paolo podía ser capaz, y de compasión hacia la tristeza de Dante. Ni siquiera Paolo podía negar que su prisionera era una mujer muy hermosa.
-Basta de tonterías- dijo Paolo de pronto- tengo una propuesta para ti, Elsa-
Elsa lo miró.
-Si no quieres que, como dijiste, tu destino sea quedarte aquí encerrada para siempre con este… fracaso de monarca- dijo Paolo, mirando de reojo a Dante- hay un puesto vacante en mi corte. Una hermosa reina para un poderoso rey…-
Elsa no podía creer lo que escuchaba. ¿Le estaba pidiendo que se casara con él? ¿Tan cínico era? Pero la joven cuidó sus palabras. Si lo hacía enojar, la vida de Anna podía estar en peligro. Tragó saliva dolorosamente, pero no respondió.
-Veo que necesitas pensarlo- dijo Paolo, tras unos minutos de tenso silencio- no me importa, sinceramente. Si quieres podrirte en esta celda, bien por mí. Pero te estoy dando una oportunidad. Medítalo… tienes todo el tiempo del mundo-
Con una risa macabra, Paolo salió y los dejó solos.
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Hans acompañó a Beatrice por el pasillo, hasta llegar a la habitación donde Anna y Kristoff estaban encerrados. Abrió la puerta y entró junto con ella. Kristoff estaba tirado en la cama, y Anna estaba sentada a su lado.
Dentro de la habitación, Anna se sorprendió de verlos juntos. Aún más, se sorprendió de ver las marcas de dedos en el cuello de Beatrice.
-¡Beatrice!- exclamó Anna, levantándose de pronto- ¿estás bien? ¿Qué le hiciste?- añadió mirando a Hans, furiosa- ¿cómo te atreves a lastimarla?-
Kristoff, al escuchar eso, se incorporó con algo de dificultad.
-Tranquila, Anna- susurró Beatrice con voz roncha- lady Akinra me atacó. Hans me acaba de salvar-
Anna miró a Hans, incrédula, de la misma manera que Kristoff. Hans sacudió la cabeza, en una señal para que dejara de hablar de eso. Acompañó a Beatrice para que se sentara en la cama vacía, y se sentó a su lado.
-Bueno, el día de ayer les dije a los tres que hablaría con ustedes- dijo Hans- y a eso vengo…-
Anna se sentó nuevamente junto a Kristoff, y se cruzó de brazos. Kristoff, por su parte, lo miró con curiosidad, al igual que Beatrice.
-Les voy a revelar la verdad de lo que sucedió- dijo Hans- y la razón detrás de mis acciones. No lo hago para justificarme, sino para que se unan a mí en la última fase de mi plan…-
-¡Ja! Como si fuéramos a ayudarte en cualquier cosa que…- comenzó Anna. Kristoff la interrumpió.
-¿Cuál es la siguiente fase de tu plan?- preguntó el rubio.
-Simple- dijo Hans con seriedad- salvar a Elsa-
Beatrice lo miró con incredulidad, Kristoff se sorprendió, y Anna se llevó las manos a la boca.
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Los aliados rebeldes entraron a Arendelle. En el camino, muchos de los aldeanos se unieron a ellos. No les gustaba lo que había sucedido con Hans, y no querían que un traidor los gobernara. Los soldados de Hans no parecían ofrecer ninguna resistencia tampoco.
-¡Viva la reina Elsa!- exclamaban los rebeldes- ¡viva la princesa Anna!-
Kai, Markus y Oaken se reunieron en la entrada al castillo de Arendelle.
-Ahora es el momento, Oaken- dijo Markus- asegúrate de alejar a los soldados del palacio, mientras que Kai y yo intentamos entrar a liberar a la princesa Anna…-
-Déjenmelo a mí- dijo Oaken y, con un grito, comenzó a guiar a los rebeldes hacia el muelle. Su plan funcionó. Los soldados que rodeaban el palacio comenzaron a seguir a los rebeldes, aclarando el camino para que Markus y Kai se acercaran al palacio.
-Entraremos por la puerta de servicio- dijo Kai a Markus- habrá mucho menos vigilancia…-
Markus asintió y siguió a Kai. A su vez, fueron seguidos por Sven.
-Vamos, Sven- dijo Markus, mientras corría tras Kai hacia la entrada de servicio del palacio de Arendelle, sin poder evitar sonreír por un momento- vamos a liberar a Anna, a Kristoff… y a Beatrice-
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CONTINUARÁ…
¡Hola! Espero que les esté gustando. Nos leemos pronto.
Abby L.
