Hoy es el primer mesversario de la historia! Felicidades a ustedes, felicidades a mi, turururururu n.n
Gracias a: bruxi, Neri Dark, andreb1401, Desirena, paulanic, setsuna17, RatillaFresa, .3720, tamyinu26, haru10, Clau Gazz, CaandyPink, Marlene Vasquez, Lizell, aky9110, elvi, Alejandra, Bastard Tendencies, gaby, Soohari, JOAN, Lily Moon Skin. July miko, hitomiko15.
Gracias a las nuevas chicas que se han integrado! Ya se que los demás capis estuvieron como muy depres porque Inu se portó super mal con Kagome...pero va a mejorar, se los prometo n.n Además de que alguien va a aparecer en la vida de Kagome y hará ver a Inu que esta haciendo las cosas mal, jijijiji. Les agradezco mucho sus comentarios! Enserio que no hay nada mejor que saber la opinión de los lectores, las quiero mucho!
Espero que el cap sea de su agrado y nos leemos en el cap que viene. Besos.
11.
Rin deseaba comer fuera en el patio del restaurante pero el anfitrión les informó que todo estaba reservado. Rin sonrió diciendo que no había problema y que una mesa de dentro estaría bien. Esperaron cierto tiempo en el cual Sesshōmaru se separó de su lado y a los quince minutos fueron pasados a la mesa más grande del patio.
Rin arrugó el ceño.
―Dijeron que no tenían mesas afuera. ¿Alguien canceló? ―le preguntó al anfitrión quien escondió una sonrisa traviesa.
―Algo así. Enseguida les atenderá un camarero.
Todos empezaron a ver sus menús.
―Eres una tontita, Rin ―le susurró Sango tras su menú para evitar que alguien las viera hablar.
Rin levantó una ceja.
―… ¿Gracias?
Sango rio y decidió que Rin lo descubriera por sí misma. Era obvio que Sesshōmaru había pagado una buena cantidad para estar ahí afuera y todo porque Rin quería comer afuera.
InuYasha y Kagome llegaron poco después que ellos y siguieron a sentarse en la mesa en donde todos veían sus menús. La comida llegó y comieron riendo y platicando de esto y de aquello.
― ¿Estás bien? ―preguntó Sango cuando terminaban de comer―. No has hablado mucho.
Kagome volteó a verla y le sonrió.
―Estoy bien. Un poco cansada. Creo que ya no estoy para ponerme la borrachera que me puse ayer.
Sango asintió y vio a InuYasha igual que ella. Ninguno de los dos había dicho mucho y estaban callados y pensativos. ¿Qué habrá pasado la noche pasada?
―Tu hermana no se da cuenta de todas las atenciones que Sesshōmaru tiene con ella ―cambió de tema―. Es muy tontita y distraída.
Kagome sonrió viendo a Rin diciéndole algo a Sesshōmaru quien no hacía nada más que verla seriamente sin perder de vista ningún gesto de manos que ella hacia como maniaca.
―Me sorprende que no le haya pedido ser su novia todavía.
―Lo hará, ya lo verás.
Miroku se acercó a ellas con una cara de pocos amigos.
― ¿Qué pasa? ―cuestionó Sango.
―Acabo de escuchar hablar a InuYasha con Kikyō ―dijo de mala gana―. Viene para acá.
Las dos chicas pusieron caras de desagrado y Sango asesinó a Miroku con la mirada por no tener tacto. Miroku se dio cuenta de su error y cerró el pico.
―Mejor, así no tendremos que aguantarlo más ―dijo Sango tratando de hacer el aire llevadero.
Kagome asintió ausente.
En el camino al hotel, Kagome regresó en la camioneta mientras que Miroku e InuYasha compartieron un taxi. Kagome no podía estar más feliz de no tener que verle la cara a InuYasha por un rato más. Las cosas no podían ir peor con el llevando a esa chica al viaje que era solo para amigos. Trató de no pensar en ello y platicó con los demás acerca de que hacer esa noche.
Cuando llegaron al hotel, las chicas decidieron llegar a jugar en las maquinitas y los chicos se dirigieron al bar.
― ¡Vaya es divertido jugar estas cosas! ―gritó Rin saltando como enana por aquí y por allá.
Sango y Kagome rieron. Ayame estaba a un lado de Rin quien le platicaba cosas y le decía que había una maquina con vacas espaciales por algún lugar, la arrastró y Sango y Kagome se quedaron solas.
― ¿Ayame te habla? ―preguntó Sango.
Kagome sonrió.
―Me soporta. Es lo importante.
―Sé qué hace mucho que no hablamos de esto y que no tiene cabida en ninguna parte pero… ¿Qué pasa con Kōga?
Kagome levantó una ceja.
―Nunca ha pasado nada con Kōga. Es un amigo.
―Un amigo que está loco por ti.
Kagome ladeó su boca y se sentó en un asientito de cuero delante de una máquina.
― ¿Sabes? Creo que no es tanto como antes. Lo he visto muy pendiente de Ayame últimamente.
― ¿Enserio? ―preguntó Sango, sorprendida.
Kagome asintió.
―Sip. Esa chica es muy buena y Kōga es un tonto por no hacerle caso.
―Es muy chillona ―se encogió de hombros.
Kagome rio.
―Lo es, pero tiene buenos sentimientos. No se merece a un tipo como Kōga. Es bueno que ella y Rin sean buenas amigas. Por lo menos tiene a alguien con quien hablar en el viaje.
Dejaron el tema atrás y se dedicaron a jugar. Rin llegó al rato con tres mil dólares en monedas y fue a restregárselos a Sesshōmaru a la cara quien la felicitó seriamente.
― ¿Podemos hablar de tu hermana y Sesshōmaru? ―preguntó Sango muriéndose de las ganas.
Kagome la vio con una cara y rodó sus ojos.
― ¡No me veas así! ―la acusó Sango con un dedo―. Es solo que ellos son taaaaan tiernos.
Kagome rio.
―Si tú lo dices ―se encogió de hombros.
― ¡Lo son! ¿No ves las caras de baboso que ese hombre de dos metros pone al ver a Rin? Y ella ni siquiera lo voltea a ver de esa forma.
―Yo no estaría tan segura ―comentó Kagome haciendo que Sango abriera su boca muy en grande.
― ¡Suelta lo que sepas, Higurashi de mierda! ―Kagome se carcajeó―. ¡Ahora!
―Antes del viaje, Rin me dijo que Sesshōmaru empezaba a ponerla nerviosa. Pero que seguro era ella misma y que pronto se le pasaría. Parece que al fin se está dando cuenta de cómo la ve Sesshōmaru.
―Es que no puedo creer que todos sepamos, menos ella. ¿Esta tonta?
―Es una idiota, pero es tierna ―sonrió.
Los chicos veían a las chicas jugar mientras se tomaban una cerveza en el bar del casino.
― ¿Cuándo le dirás a Rin lo que sientes por ella? ―preguntó Miroku a Sesshōmaru.
Recibió una mirada mortal y un silencio sepulcral que hizo el ambiente denso y Kōga y Miroku se excusaron para acompañar a las chicas en las maquinas.
―No te lo tomes tan personal, hermano ―le dijo InuYasha una vez que estuvieron solos.
Sesshōmaru no dijo nada y observó con la mirada a Rin quien se paseaba con su cubeta de dinero por todo el casino. Ella era pequeñita y esa cubeta era casi más grande que ella. Se veía adorable aunque jamás de los jamases lo admitiera o dijera en voz alta.
―¿Qué ha pasado con Kagome? ―preguntó Sesshōmaru.
