Nightmare.

By S. Hisaki Raiden

(20 de Marzo de 2013)

Los personajes de Metal Fight Beyblade pertenecen a Takafumi Adachi, yo sólo los tomo prestados para realizar este fanfic.

Resumen:

Angustiado por que las pesadillas no desaparecen, las cosas empeoran cuando Ginga distingue en sus sueños a Kyouya y teme que esto sea un aviso de que su amigo está en peligro. Kyouya toma bastante mal la situación… Pero ¿Qué hará Ginga para proteger a su amigo?

Rating: T (13+)

Genero: Romance, Angst.

Advertencias: Ninguna.

Notas de la Autora:

Hola a todos esta es la entrega No. 11 de Nightmare, y antes que nada, lamento el retraso. Había dejado un poco pausada esta historia debido a que me pidieron que siguiera otra ("¿Y después de San Valentín?", si así se llama xDD) o era esta o aquella, y pues decidió por aquella. Este capítulo lo tenía escrito desde hace casi un año xDD, pero siempre al pasarlo a la PC agrego y cambio cosas, espero que haya quedado bien. Y espero también que todavía les interese, no volveré a tardar así. Agradezco a: Sei-LaRous, a Lilian-chan123, a Winter Rain 3, a Smeraldtsuki y a Hikuraiken, por seguir esta historia, y por su apoyo, ya que sin sus comentarios no habría llegado este fic a este capítulo. El final está cerca.

Sin más preámbulo… al fic.

Aclaraciones:

–Diálogos; "..." Resaltar palabras o frases; –––Cursiva––– Recuerdos; /…../ Pensamientos; (…) aclaraciones; MAYUSCULA Gritos.

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Episodio 11: Caminando a la perdición.

El pelirrojo alzó la mirada encontrándose con los zafiros de Kyouya y aunque no era la primera vez, tenía mucho tiempo de no ver ese gesto tan cálido en ese par de zafiros…, pero… ¿Era su imaginación o Kyouya estaba acercándose a él? Ginga se alejó de manera instintiva mirando para otro lado, pero alcanzando a sentir como su rostro se calentaba. Kyouya reaccionó de lo que hacía, soltándolo y apartando la vista también, no sabía que estaba pensando, se había dejado llevar…

–Tategami…

Esa voz hizo reaccionar a Kyouya de inmediato haciendo que su mirada de volviera gélida, y volteara hacia la persona que le nombró, con un gesto cargado de desprecio, un total contraste con la mirada que antes tuviera. Ginga lo miró y volteó también.

Dos personas se pararon junto a la mesa de ambos (1), mirándolos de un modo no muy agradable. (?), el más grande, tenía el cabello azul, muy oscuro casi negro, y sus ojos eran castaños, llevaba una chamarra de cuero con solapa, y guantes del mismo material, la solapa de la chamarra estaba deshilachada, como si la prenda fuera muy vieja… (Quizás), y tenía unos pantalones gris oscuros, también deshilachados. El otro tenía el cabello rubio cenizo… y mal arreglado, y unos ojos verde jade, fríos y llenos de enojo, o eso le pareció al pelirrojo. Vestía un saco negro, de cuello de tortuga que le daba más debajo de la cintura, de donde colgaba un cinturón de cuero, y llevaba unos pantalones azules, este era de menor estatura que el de cabello azul, y caminaba atrás de él, como si de un guardaespaldas se tratara –difícil ser un guarda espaldas, cuando tu protegido es más alto que tu-, era extraño. Ginga no era bueno calculando edades, pero atinaba a que eran como de la misma edad que Tsubasa, quizás le superaban al dueño de Aquila por un año.

El peliazul se detuvo justo al lado de Kyouya, mirándolo con frialdad.

–Kakeru tiene una deuda con nosotros –Dijo de malhumor, y con un ligero tono de conminación.

–No debe nada, ya es suficiente con lo que pasó –Dijo Kyouya demasiado tranquilo a pesar de parecer realmente enfadado con aquellos que le hablaban.

El rubio cenizo se adelantó al fin rebasando al peliazul.

–¡A nosotros no nos interesa si está vivo o muerto! –Dijo con desprecio– ¡Una deuda es una deuda! ¿Quién nos va a pagar? ¿He? –Dijo con violencia, cosa que no pareció asustar a Kyouya en lo más mínimo.

Ginga no entendía nada de lo que hablaban, y aunque le asustó la agresión del que dijo eso último, no dijo nada y se quedó en el mismo lugar, no quería ser imprudente, y menos entrometido… pero… ¿Quién era Kakeru?

–¿Pagarles…? –Se levantó Kyouya haciéndole frente aunque era más alto que él– Una deuda es una deuda… ¡Y están a mano! –Dijo firmemente, sin levantar la voz– Su porquería se destrozó… ¡y él, también! –Eso no pudo evitar decirlo más fuerte y con ira contenida, Ginga fue capaz de verla en sus ojos.

El peliazul sonrió de manera burlona, sin perder de vista al ojiazul.

–¿Con que te crees muy rudo?

El castaño cenizo al fin notó la presencia del pelirrojo de ojos color oro, en la misma mesa, de la que se levantara Tategami y le miró detenidamente. Ginga le regresó una mirada neutra, estaba acostumbrado a tratar con bravucones, esos no serían los primeros, pero no quería entrometerse, no sin saber qué pasaba, antes.

–¡Mira Ikari! –Llamó al peliazul, con una molesta risa burlona– ¡Es la novia de Tategami! –Y señaló al pelirrojo.

Tanto Kyouya como Ginga se estremecieron al oír eso. Ginga casi se cae de la silla… ¿Lo estaban confundiendo con una niña?

–¡Soy un chico! –Se levantó molesto, apoyando sus manos en la mesa, sin poder evitar que su cara se pusiera bastante roja por la supuesta.

Tanto Ikari como el otro se echaron a reír escandalosamente.

–¡Es verdad, es un niño…!

–¡Que niño tan bonito! ¿Ya viste, Ikari? –Dijo de manera burlona, inclinándose sobre la mesa, y jalando a Ginga de la bufanda bruscamente, para alzarle el rostro. Ginga sintió como la prenda le apretaba el cuello. Ese tipo, casi lo estaba ahorcando, y en parte se debía a que le estaba jalando y tenían la mesa en medio, además de que él castaño era mucho más alto que él.

–¡Suéltame! –Gritó logrando liberarse del agarre del castaño, dando un manotazo a la mano de éste– ¿Cuál es tu problema? –Reclamó aflojando la bufanda de su cuello.

El castaño ni se inmutó con eso, pero mientras miraba a Ginga, vió como Kyouya se interponía entre él y el pelirrojo, con una mirada seria, pero furiosa.

–Si quieren un encuentro… ¡Lo tendrán! –Gritó– Pero, si gano, ¡desaparecerán de mi vista y se olvidarán de esa estúpida deuda!

Esos gritos finalmente habían llamado la atención de los presentes, que miraban con desconfianza a los cuatro, y se retiraban de las mesas que estaban cerca de allí, y ya algunas personas habían ido a buscar al gerente para avisar que había gente problemática dentro del restaurante. Ginga notó como el lugar se estaba volviendo caos, y se sentía culpable, él había sido el causante de que eso se complicara, por primera vez en todo el día, deseo no estar allí con Kyouya, para no causarle problemas.

–No seas tan engreído, Tategami –Dijo el que respondía al nombre de Ikari con el rostro grave– En lo que a mi respecta, terminarás igual que tu inútil hermano.

Kyouya afiló su mirada sobre el peliazul en cuanto escuchó eso.

–Ikari…, desgraciado… –sus palabras salieron cargadas de odio, pero en un susurro.

–Ya nos vamos, ya nos vamos –Dijo Ikari al ver que varios guardias de seguridad del establecimiento se acercaban–. Sólo vinimos a dejar un recado.

–Ya sabes en donde es –Dijo el castaño, del que aun no se sabía su nombre– En el mismo lugar de esa vez…a las dos de la tarde.

Kyouya entrecerró sus ojos con un gesto lúgubre y despectivo, como si hubiera recordado algo que no quería.

Ikari se volteó todavía, mientras era escoltado fuera del lugar, por el personal de seguridad.

–No faltes, o vendremos por ti… y por tu novio, también –Dijo de manera burlona, y aunque no lo parecía, Kyouya sabía que hablaba en serio.

El ojiazul de cabellos esmeralda miró a los guardias y sin decir nada caminó para salir del establecimiento también, Ginga comprendió que también tenían que salir de allí, aunque ellos no habían iniciado el alboroto, a Kyouya no le interesaba aclararlo, es más parecía frustrado por estar dentro de ese lugar, como si hubiera habido algo más que quisiera hacer o decirles a esos sujetos, pero que al estar entre esas cuatro paredes se lo había impedido. Ginga fue tras él, y al salir del restaurante, el pelirrojo se dio cuenta de que Kyouya avanzaba como si fuera solo.

–Kyouya…

Kyouya reaccionó al oir la voz de Ginga, estaba como en trance, su alrededor se había borrado de pronto, tanto que incluso se había olvidado de que no estaba solo. Y Bufó, no podía creer lo que acababa de pasar, no quería que nadie se enterara de eso, y ahora Ginga estaba involucrado, poco faltaba para comenzar a oír las preguntas que Hagane comenzaría a hacerle sobre esos tipos.

–Me voy –Fue todo lo que dijo, y siguió caminando cerrando los ojos y dejando al otro allí.

–¡Espera, Kyouya! –Exigió Ginga tomándolo del hombro, pero Kyouya simplemente se soltó de su agarre.

–Olvida lo que viste.

Eso molestó al pelirrojo.

–No seas ridículo ¿Cómo lo voy a olvidar?

–Si puedes, esto no te concierne en absoluto –Dijo indiferente, aunque él mismo sabía que lo que estaba diciendo era una tontería, pero no quería a más personas involucradas en sus problemas.

Ginga corrió para ponerse en el camino del chico de ojos azules de nuevo, y Kyouya frunció en cejo al verlo.

–¡Maldición, Kyouya! –Lo tomó de los hombros mirándolo con un gesto muy serio– Si vas a combatir con esos tipos déjame ayudarte… Son pandilleros ¿verdad? ¡No puedes ir solo!

Eso molestó mucho a Kyouya quien se soltó de sus manos.

–¡No seas presuntuoso!¡Jamás he necesitado de tu ayuda, ni de la de nadie! –Gritó.

Desde antes del inicio del Torneo mundial de Beyblade, Kyouya se había fijado la meta de superar a Ginga, y aunque fueran amigos, no estaría a la sombra de él, eso jamás.

–¡Si la necesitas! ¡Voy a ir! –También gritó Hagane.

–… –Kyouya miró detenidamente a Ginga cuando le decía eso, aunque se sentía frustrado por la obstinación del pelirrojo de meterse en lo que no le importaba, no pudo apartar su vista de los intensos ojos color miel, había en ellos tanta determinación que incluso se sentía abrumado por ella, a veces simplemente no comprendía como en unos ojos tan amables y tan tranquilos podía haber reflejada tanta determinación, pero también distinguió en ellos la preocupación, misma que le vio al dueño de Pegaso desde la mañana, antes de su encuentro a la salida de Miyagi.

-Kyouya… ¡Kyouya escúchame! Cada vez que te veo morir… Yo… ¡Yo también creo morirme!-

-¡No son tonterías Kyouya! ¡Estoy preocupado por ti!-.

-Ojala en mis sueños alcanzara tu mano para poder salvarte… -.

Kyouya continuó con su mirada color zafiro sobre el niño pelirrojo. Y éste obviamente esperaba que le dijera algo.

–Ginga… –Dijo de lo más tranquilo, tanto que hasta Ginga se desconcertó– ¿Sólo quieres ir para ver si se cumple lo de tus sueños?

El pelirrojo se asustó al oír eso, y no pudo evitar que se reflejara en sus ojos, los cuales por cierto Kyouya no había dejado de mirar fijamente. El ojiazul, finalmente cerró los suyos y lanzó un bufido cansado… tal vez decepcionado. La aparición de Ikari y el otro le había generado un malestar progresivo, tanto que sabía que no importaba que Ginga fuera con él o no, las cosas no saldrían bien. Y confirmaba lo que antes pensó, no quería cerca a Ginga, si éste sólo estaba preocupado por un tonto sueño.

–Si estas pensando que voy a perder ahórrate el discurso– Tomó a Ginga del brazo, y lo apartó de su camino, la calle fuera del restaurante era muy amplia, pero con esa acción, Kyouya quería dejarle en claro a Ginga, que se apartara de su camino– … No vengas si crees que perderé.

Ginga lo vio caminar y no supo que hacer, su amigo era terriblemente terco, aunque parecía que ese día, estaba más terco que nunca. Además, las palabras de Kyouya habían sonado demasiado solitarias, tanto que Ginga se sintió algo triste.

–¡Gingiii!

El "nombrado" reaccionó al oír esa voz, y volteó viendo como dos niños, uno rubio y el otro de cabellos verdes, llegaban con él.

–Yuu… Kenta… –Murmuró.

Los dos niños, se acercaron a él.

–¿Qué pasó? –Preguntó el niño de cabellos verdes.

–¿Quiénes son esos tipos que se metieron con Tatekyo y Gingi? –preguntó el niño de ojos esmeralda.

–¿Ustedes…? –Los ojos de Ginga estaban algo sorprendidos, al parecer ambos niños también estaban en el restaurant cuando todo eso pasaba, y si le preguntaban algo así, quería decir que habían visto todo lo ocurrido. Al principio el pelirrojo no supo que decir, en realidad no tenía ni idea de quienes eran los tipos en cuestión. –No estoy seguro, pero creo que conocen a Kyouya desde hace tiempo…–Dijo mirando hacia donde Kyouya se fuera– es cómo si algo hubiera pasado entre ellos.

–Creo que uno de ellos los he visto antes –Dijo Kenta. Y Ginga y Yuu lo miraron– Cuando Kyouya formaba parte de los Face hunters llegué a escuchar que tenían una banda rival muy fuerte y creo que ese tipo pertenece a esa banda.

–¿Pero, qué dices, Kenta? –Exclamó Ginga muy sorprendido– Kyouya hace mucho que no tiene nada que ver con bandas…

–Lo sabemos Ginga, pero estoy seguro de que es ese sujeto… –Bajó la vista y se llevó un dedo a su boca– Creo que se llamaba…

–¿Ikari? –Pronunció Ginga, al recordar como el otro tipo le nombró así al de cabello azul oscuro.

Kenta alzó la vista.

–¡Si, su nombre era Takeo Ikari!

Yuu miró a Kenta.

–¿Cómo es que Kenchi sabe eso? –Se extrañó.

–Bueno, cuando, Ozamu, Takashi, Akira y yo comenzamos a jugar Beyblade, lo que más se escuchaba en el Beypark era sobre las bandas del Beyblade, ya que por seguridad no debíamos…

Ginga dejó de prestar atención a lo que sus dos pequeños amigos decían, y mantenía fija su mirada por donde Kyouya se había ido. De hecho, ahora se sentía mucho más desconcertado que antes… ¿Acaso Kyouya estaba involucrado con pandilleros otra vez? ¿Qué estaba pasando con él? ¿Era eso cierto? No…, debía de haber otra explicación… trató de recordar la discusión, el problema no parecía ser directamente con Kyouya sino… con…

–¡Oye, Kenta! –Lo volteó a ver de manera muy repentina, tanto que su reacción hizo saltar a ambos niños y que dejaran de hablar de lo que lo hacían– ¿De casualidad escuchaste en donde llevaban a cabo sus encuentros esos tipos?

Kenta y Yuu miraron a Ginga de nuevo.

–He… a las afueras de Beycity en la salida oeste, sino me equivoco allí empieza el sector tres de Miyagi, o eso decían… nadie en realidad ha ido allí, es la zona de los Desert Fighters (2), ir sería un suicidio.

–Voy a ir.

Kenta se alteró.

–¿Estas hablando en serio, Ginga? –Inquirió preocupado– Los Desert Fighters, no respetan las reglas del Beyblade… ¡Son Bladers sin sentido del honor! ¡No sabemos lo que serán capaces de hacer!

Ginga sonrió con su misma tranquilidad de siempre.

–Lo sé, por eso no puedo dejar que Kyouya vaya solo allí.

Yuu también se preocupó.

–Tatekyo se enfadará si ve a Gingi en ese lugar.

Ginga no dejó de sonreír aunque su sonrisa ahora era un poco nerviosa.

–Lo más probable es que si, –se llevó una mano a su nuca y cerró los ojos– pero, me enojaré más conmigo si algo le pasa y no estoy allí para ayudarle. –Concluyó.

–Ginga…–Lo observó Kenta.

Yuu se echó a reír despreocupadamente, como siempre.

–¡Tatekyo es el mejor amigo de Gingi!

El pelirrojo casi se ruboriza al escuchar eso, aunque no era la primera vez que Yuu decía algo así. Después se puso serio, de cualquier modo, la última advertencia de Ikari lo incluía a él también, y aunque no fuera más de Kyouya que un amigo, eso ya se había vuelto problema de ambos. También le había prometido a Benkei que no dejaría sólo a Kyouya, y que lo cuidaría… bueno, en realidad no había sido así, y tampoco se trataba de una promesa, o quizás si. De cualquier modo, NO dejaría que nada le pasara a Kyouya.

–Chicos ¿Pueden hacerme un favor? –Dijo Ginga.

–¡Claro! –Dijeron los niños al unísono.

–Vayan a casa, y dígale a mi papá que lo siento, ya que no podré estar en casa a la hora que él me pidió.

Los dos pares de ojos parecían desconcertados.

–¿Sólo eso? –Dijeron al mismo tiempo.

–¿No crees que deberíamos llamar a la policía? –Sugirió Kenta.

–¿O a los bomberos? –Le secundó Yuu.

Una gotita bajó por la sien de Ginga al oír eso.

–He… no… –Dijo sonriendo un poco incómodo.

–¿Qué tal una ambulancia? –Fue la sugerencia final, de Yuu.

–Ummm… Esa quizás si –pensó Ginga mirando hacia arriba.

–¡Ginga…!– Le llamó Kenta, algo angustiado, no le cabía en la cabeza que tomara eso tan a la ligera cuando el sabía perfectamente que los Desert Fighter era una de las bandas más peligrosas de Beycity.

–¿Si? –Le respondió Ginga volteando a verle con una sonrisa y con una tranquilidad tal, que momentáneamente calmó al angustiado Yumiya.

–Ten mucho cuidado Ginga, por favor –Le dijo.

El pelirrojo le sonrió cerrando los ojos y alzando su puño.

–No te preocupes Kenta, cuidaré de Kyouya ¡Los veré más tarde! –tras decir eso, salió corriendo de ahí.

Una gotita bajó por la cabeza de Kenta.

–¿Y quién va a cuidar de ti? –le dijo a Ginga, aunque era evidente que él ya no pudo escucharle.

–No te preocupes Kenchi –Dijo el pequeño de ojos esmeralda, cerrando los ojos y levantando los brazos emocionado–, ¡Tatekyo cuidará de Gingi! –Aseguró.

–¿He? –Se desconcertó Kenta y le volteó a ver– ¿Tú crees eso…? –Estaba sorprendido, pero también incrédulo de lo que decía Tendou.

–¡Claro que si! Tatekyo quiere mucho a Gingi, e igual Gingi a Tatekyo, y ninguno dejará que algo le pase al otro.

–… –Kenta no supo que pensar ante lo que decía su amigo rubio– De acuerdo, vamos Yuu. Debemos ir con el señor Ryuusei.

–Es cierto… –Reaccionó– ¿Y no crees que BenBen, debería de saber de esto también?

–Tienes razón… ¡Vamos a avisarle también, quizás él tenga más información sobre los Desert Fighters! –Y así, los dos, corrieron a casa de Ginga para cumplir con su primera misión.

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El pelirrojo se dirigió a toda prisa hacia la salida oeste de Beycity, esperaba alcanzar a Kyouya antes de que saliera de la ciudad, de lo contrario no encontraría el lugar del encuentro y no podría asistir con él a la pelea.

Cuando llegó, el lugar estaba sumamente tranquilo, lo único que le hacía brincar de pronto eran los claxon, de algunos camiones de carga que llegaban a la ciudad. Ver ese lado de la ciudad le recordaba cuando llegó a Beycity por vez primera; recordó que cuando llegó no tenía ni idea de que se quedaría a vivir en ese lugar, ni tampoco imaginaba que encontraría allí a sus mejores amigos, entre ellos al que quería como un verdadero hermano menor (Kenta).

Ginga sonrió sin darse cuenta, al pensar que por nada cambiaría lo que había vivido los últimos dos años, ni tampoco cambiaría el modo en que conoció a cada una de esas personas, tampoco cambiaría el cómo conoció y se hizo amigo de Kyouya, porque de no haber sido así, no lo estimaría como lo hacía, ni Kyouya a él. Al pensar en el ojiazul sintió un poco de tristeza, sabía que su amigo era muy independiente, pero, era realmente triste el saber que éste no quería aceptar su ayuda, el pelirrojo no sabía cómo interpretar eso, ya que su amigo ojiazul siempre estaba dispuesto a ayudarlo… pero entonces… ¿Por qué él no le dejaba apoyarlo con sus problemas?

Sin darle mucha importancia se sentó en el suelo a un lado de la carretera, el sol ya estaba dando con fuerza, pero eso poco le importaba, no se movería de allí.

Un par de ojos color zafiro le atisbaron desde lejos, haciendo que estos se afilaran más. Ese chico era un dolor de cabeza. No escuchaba nada de lo que le decía. Reanudó su paso, sin prestar más pensamientos hacia ese pelirrojo, iba a pelear, no tenía tiempo para niños testarudos y entrometidos.

Ginga escuchó como los pasos de alguien remolieron la tierra en el asfalto y volteó.

–¡Kyouya! –Exclamó irguiéndose un poco, pero ante sus ojos, el nombrado pasó de él ignorándole por completo. Ginga se puso de pie, y le miró andar– …Kyouya… –Dijo bajito, pero luego frunció el cejo, se puso firme y comenzó a caminar, siguiendo a Kyouya, no le importaba que le ignorara, ni lo que le dijera, tampoco si estaba enojado con él por estar allí.

Caminaron por varios minutos, saliendo completamente de la ciudad. Los cúmulos de tierra y rocas se levantaban silenciosos al lado de la carretera y con forme avanzaban la bulla de la ciudad se escuchaba menos, y tal pareciera que no había ni un alma más que la de ellos dos y de los conductores ocasionales que hacían zumbar sus claxon para anunciar su arribo a la ciudad. Grandes camiones y Tráileres circulaban por allí, con uno que otro automóvil. Ginga se sentía intranquilo con ese ruido, y no sabía el porqué, sino era la primera vez que lo escuchaba. De pronto, en un decidido paso, Kyouya giró hacia la izquierda caminando terreno adentro, Ginga sin demora le siguió, por lo que, poco a poco comenzaron a alejarse de la carretera. Pero la tranquilidad de Ginga no regresó, pese a que ya no escuchaba los camiones de la carretera, o peor aún, eso era lo preocupante, estaban de verdad solos, inmersos en los territorios de los Desert Fighters.

El Sol estaba justo sobre sus cabezas, Ginga alzó la vista, no sabía la hora, pero debían de faltar poco para las dos de la tarde, bajó la vista para dejarla sobre el chico de cabellos color esmeralda, éste parecía andar solo, y eso era muy preciso dado que no le pidió que fuera. Mientras le miraba vió como Kyouya se detenía, y él hizo exactamente lo mismo. La distancia que les separaba era de casi diez metros, y aunque estuvo tentado a aproximarse hasta quedar al pie del ojiazul, no lo hizo. Respetaba demasiado a Kyouya como para mantenerse lejos aunque estuviera en realidad cerca.

Además, la sola presencia del peliverde enojado, hacía temblar a muchos e incluso, aunque nunca lo admitió, también le hizo temblar a él, sobre todo en su último encuentro.

Frente a ellos se alzaba una peña, grande, las más grande de las de allí, Ginga notó que un extraño silencio subsistía en aquel lugar, pero un ligero ruido invadió el espacio, era una pequeña roca, que rodó desde lo alto de la peña hasta la parte de abajo… y como si de ratas saliendo de sus escondites se tratara, frente a los confusos ojos de Ginga y los fríos de Kyouya, comenzaron a aparecer varios sujetos, unos de muy mal aspecto y otros no tanto, de hecho muchos otros se veían tan comunes. Conforme el número de chicos aumentaba, la preocupación de Ginga se incrementaba también. Sabía de la increíble fuerza de Kyouya, sabía que él podía con cualquier oponente y con cuantos oponentes se le pusieran en frente, sin embargo, sentía un inexplicable temor en su corazón, aunque quería ya de dejar de pensar en tonterías, no le era posible, algo le decía que algo saldría mal, nunca daba por hecho el resultado de un encuentro, pero ese día, no podía alejar de su mente que Kyouya corría peligro.

El líder de aquellos pandilleros apareció frente a ellos, Ginga lo reconoció, era Takeo Ikari, como le confirmó Kenta.

–Creí que no vendrías, Tategami –Gritó desde donde estaba– ¿Tan valiente te crees para venir a la boca del lobo… o más bien a la boca del Oso…? –Dijo socarrón alzando la barbilla en superioridad, pero sin dejar de mirar a Kyouya– Supongo que la estupidez es de familia…

–¡Tú no sabes nada de mi familia, Imbécil! –Gritó Kyouya, interrumpiendo al otro.

Ikari sonrió, parecía disfrutar de ver tan enojado a Kyouya.

–Sé todo lo que tengo que saber. No eres muy diferente de nosotros –aseguró.

El ojiazul apretó sus dientes, y apretó también sus puños, pero no contradijo esas palabras.

Los ojos castaños de Ikari miraron a la redonda.

–¿Dónde está tu banda?

–No los necesito, Ikari. Conmigo es más que suficiente para derrotarte.

–Así que en efecto, disolviste a los Face Hunters –dijo de modo aclarativo, como si eso fuera lo que le faltara para confirmarlo.

Ginga estaba atento escuchando eso cuando sintió la mirada de Ikari sobre si.

–Bueno, veo que no vienes del todo solo –Le dijo Ikari a Kyouya.

–¿De qué demonios estás hablando? –Dijo Kyouya despectivo haciendo un movimiento transversal con su brazo derecho– ¡Al único que te enfrentarás es a mí! ¿Cuántas veces te lo tengo que repetir? ¿Es que eres más imbécil?

Extrañamente el sujeto no se molestó por el insulto, sino que sonrió, y Ginga alcanzó a distinguirlo, pese a la distancia, era evidente que Ikari no le había creído a Kyouya; de cualquier modo, Ginga había ido a pelear sin ninguna duda para ayudar a su amigo ojiazul, y sabía que esos tipos también le atacarían.

Ikari miró a todos los de su banda y alzó los brazos.

–¡Honremos la visita del líder de nuestros más grandes rivales: Los Face Hunters! –Exclamó– ¿Qué le vamos a ofrecer? –Inquirió.

–¡COMBATE LIBRE, COMBATE LIBRE, COMBATE LIBRE…! –Gritaron todos la unisonó llenando de ruido el lugar, mientras que se veía como alzaban sus Beyblades en sus manos, mientras le pedían eso a su líder.

Ikari volvió su vista a Kyouya.

–Un combate libre… como siempre –se burló– Espero que todavía sepas de eso, ya que te hemos visto actuar como un león enjaulado en esos "torneos" –dijo con sarcasmo.

Kyouya devolvió una sonrisa despectiva, retando a ese tipo, no le tenía miedo, le haría tragarse todas sus palabras, pero sobre todo… ¡Lo haría pagar! Tomó a Rock Leone, y lo preparó en su lanzador, al mismo tiempo que Ikari y todos los Desert Fighters preparaban los suyos.

Ginga conocía de batallas en pandilla, sabía que jugarían sucio, incluso los Face Hunters lo intentaron con él, pero, después de tanto tiempo, conocía el sentido de honor de Kyouya, y confiaba en él, sabía que su amigo respetaba las reglas, no obstante, en ese momento eso podría ser riesgoso.

–¡AHORA! –Gritó Ikari, y todos los beyblades salieron volando.

El pelirrojo se desconcertó… ¿Era su imaginación o no habían contado para tirar? Pero esa idea se borró de su mente de inmediato al ver como Kyouya corría y saltaba esquivando a todos los beys que fueron directo a donde él estaba, el terreno terroso y seco hizo que se levantara una gran nube de polvo, tanto que Ginga perdió de vista a Kyouya por un momento, pero de pronto vio como su amigo emergió del polvo, haciendo que Leone rechazara hábilmente a un Bey que estaba por darle directo en el rostro.

–¡Leone, tornado del rey de las bestias! –Gritó, y el intenso movimiento de Leones creo al poco un gran tornado verde que terminó por dispersar todo el polvo y también rechazando a varios beys que se dirigían al ojiazul, el potente tornado también paró el giro de varios de ellos, aun así el número de contrincantes era bestial.

Ginga se había quedado como tonto, hasta que tuvo que moverse debido a que algo estuvo por golpearle, pero justo a tiempo lo esquivó, para ver que se trataba de un Bey, el cual ahora estaba en el suelo girando a toda velocidad, pese a que el suelo era irregular.

–Atento, niño –Escuchó que alguien le decía, y al voltear se encontró con el chico de cabellos rubios cenizos, al cual habían visto también en el restaurante con Ikari. El chico en cuestión, llamó a su bey con su mano y este sólo patinó para llegar cerca de sus pies. Una sonrisa fría se dibujó en sus labios al mirar a Ginga. –¿Así que dejarás a tu novio pelear solo?

–¿Quién eres? –preguntó Hagane.

–Beige (3) –Dijo–, es todo lo que tienes que saber.

–¿Beige…?–Repitió… ¿Qué clase de nombre era ese?

–Tengo curiosidad por saber si le ayudarás o te quedarás viendo –movió su cabeza señalando al dueño de Leone.

Ginga apretó sus dientes.

–¿Qué es un combate libre? –Preguntó.

Beige se echó a reír al oír su pregunta, de manera tan escandalosa y despectiva que Ginga se estremeció.

–¡Contesta! –Exigió.

–¡Orsa! (4) –Gritó Beige mandando a su Bey.

Ginga se sorprendió, pero en un segundo reaccionó, apenas esquivando el ataque directo contra su cabeza, y cayendo al suelo en el acto.

–¡Qué demonios! –Exclamó– ¡No estoy en combate!

Beige se burló.

–Pero yo sí. Y esto es un combate libre: No hay tiempo, no hay límites, no estamos en un estadio, todo aquí es el estadio, –Alzó sus brazos, como si señalara todo el lugar– y todo aquí puedes atacar con tu Bey, sea bey o persona, no hay reglas, la única regla es pelear hasta que tu caigas, con o sin Beyblade –Dijo eso último de manera cruel.

Ginga se levantó del suelo, estaba sorprendido por lo que acaba de escuchar… ¿Beyblade o persona? ¿Todo era válido? ¿Aun atacar a uno que no había disparado su bey?

–Pelea o corre –Agregó Beige inclinándose– Orsa está deseosa de pelear y de desgarrar a su presa… empezando por ese par de oros –Dijo refiriéndose a los ojos de Ginga, los cuales se abrieron desmesuradamente ante ese comentario, pues supo que iba en serio…

TSU ZU KU… (Continuará…)

Aclaraciones:

(1) Al empezar esta historia no creí que terminaría creando estos OCs, pero son sólo unos OCs en turno xDD.

(2) Desert Fighters: Fue el primer nombre que me llegó a la mente, sé que no tiene nada de original xDDU.

(3) Beige: Sip, se llama como el color.

(4) Orsa: Del equivalente en Latín Ursus= Oso. Es un Beyblade de equilibrio, por su peso tiene una buena defensa y al mismo tiempo un gran poder de impacto. Bey que representa la constelación de La Osa menor. Igual que la de los hermanos Kumade de Beyblade Metal Fusión.

ЖЖЖЖЖЖЖЖЖTSUZUKUЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖ

Notas Finales:

Si, se que fue un capítulo muy aburrido, y lamento entregar algo tan nefasto después de tanto tiempo, pero era necesario este capítulo. Les prometo que el siguiente estará mejor. Por favor me gustaría saber su opinión al respecto.

¿Kyouya aceptará la ayuda del pelirrojo? ¿Esto tendrá relación con el sueño de Ginga? ¿Cómo reaccionará Ryuusei ante la desobediencia de Ginga? ¿Ginga ya aceptó que es "la novia" de Kyouya? xDDD ¿Les gustó el capítulo? ¿Qué fue lo que les gustó? ¿Qué creen que pase ahora? Y No, no me traigo nada en contra del hermano de Kyouya ¡Lo juro (Para los que leyeron mi fic "24 de Diciembre" xDD)!

Comentarios, preguntas, sugerencias, regalos, felicitaciones, jitomatazos y de más frutas y legumbres serán bien recibidos en los Reviews.

ATTE: S. Hisaki Raiden.

до свидaния!

(Hasta luego)