Después de un sábado en el que me enteré de la mayoría de estupideces que corrían por la mente de las personitas de mi curso, el domingo Shimizu consiguió ser más espeluznante. Me presentó a una chica que quería perder la virginidad conmigo, para tener el control cuando se acostara por primera vez con su novio. Lo que evidentemente aquella chica no sabía es que yo tampoco tenía la más menor idea de cómo te acostabas con una chica. Y no me refiero a que no sepa cómo funciona el mete-saca y ya, pero se supone que como profesional ofreces algo más ¿no?

Así Mai y yo postergamos la cita, con la excusa de que teníamos que encontrar el lugar idóneo para quedar, ya que ella no quería ir al edificio de chicos pero mucho menos me quería a mí en el de chicas. Básicamente, que yo aproveché para indagar cómo hacer aquello, sin que Kiyoko pensara que yo era tonto o algo. Porque por algún motivo me importaba lo que la reina maligna pensara de mi persona.

Por aquello el martes por la noche, en la soledad de mi cuarto, porque me habían anulado una cita de trabajo con un chico de primero bastante pasable, llamé a Misaki. Misaki Hana, Hana Misaki, a la que no había llamado desde nunca, casi para nada porque solíamos pasar bastante tiempo juntos a pesar de que ella siempre me consideró el perdedor que más tiempo le hacía perder. Éramos amigos desde pequeños, no podía evitar quererme un poquito.

—Ya han pasado tres semanas desde que te marchaste ¿y me llamas para preguntarme eso?— formuló aquello como si de verdad estuviera ofendida o molesta porque yo dijera "Oye Misaki-chan ¿cómo se folla uno decentemente a una dama?".

—Claro, eres mi única esperanza, si yo te lo hiciera ¿Cómo te gustaría? — pregunté. Yo creo que aquel asunto era natural, aunque claro ella hubiera preferido que le explicara el concepto general de por qué le preguntaba aquello y no solo aquella pregunta tan directa.

—Para empezar, con la luz apagada para no verte la cara — contestó malhumorada. Y entonces empecé a explicárselo todo un poco más largo. El asunto de la prostitución y cómo había sido mi vida las últimas semanas —.Pero ¿Por qué me lo preguntas a mí? Es Kazuma el que va por ahí alardeando de grandes conquistas y de ser un monstruo en la cama.

—Misaki, Misaki, Misaki, Bobata es un fantasma de categoría y sobre todo no es una chica, hay que contrastar bien las fuentes — dije tratando de sonar más pro de lo que en realidad soy. Porque Oikawa tenía razón, intentaba ir de chico guay aunque no lo consiguiera demasiado bien. Y como precisamente pensé en él en aquel momento, recordé que quería regalare unas gilipolleces que quería darle para mantener la paz en el territorio.

—Hay apps que te enseñan a comer coños, no sé por qué crees que me necesitas — añadió ella algo molesta. Supongo que era normal, yo siempre iba a mi bola, pululando por aquí y por allá y normalmente era ella la que me decía de quedar y esas cosas. A pesar de todo, me hizo un par de esquemas bastante sencillos que fueron al menos útiles.

—Iba a preguntarte como sabes tú eso, pero también quería pedirte que si vienes a verme… ¿Podrías traerme unas cosas para otra persona?— Era infinitamente importante conseguir aquellas cosas para Oikawa. Aunque asumo que decirme que lo hacía por la paz era una mentira como una catedral gótica centroeuropea como las que me habían mostrado en catequesis. Yo solo quería ayudarle y supongo que era porque empatizaba con él de algún modo absurdo. Bueno, a veces siento simpatía genuina por alguna persona, que se yo, me da vergüenza recalcar en estos asuntos tan idiotas.

En cualquier caso a la mañana siguiente llegó mi ansiada pintura. Bajaba yo de la clase de aritmética, en dirección a mi catequesis, que me libraba de reducación sexual dos veces por semana, cuando el conserje apareció con el paquete. Envuelto en papel de embalar de color marrón y con cinta aislante de color blanco, el señor Ukai, me entregó el paquete mientras negaba con la cabeza. Solo con leer la etiqueta me emocioné lo que viene siendo mucho, porque si no me expulsaban, bueno, al menos mi cuarto me gustaría más.

Y después de dos horas en las que interrumpí constantemente al pastor Takeda para terminar en un intenso debate sobre la inutilidad de la existencia de Dios, fuera o no fuera real este, considerando los avances de la tecnología y la ciencia llegué a mi cuarto con la felicidad absoluta y una amonestación leve por insistir en ideas que iban en contra del ideario del colegio. En realidad el pastor Takeda se enrollaba bastante, era un señor que creía de verdad, con una fe inquebrantable, pero sin ser fanático. Solo estaba enamorado de la idea de Dios y eso le hacía amable frente a la madre superiora Agnes.

En cualquier caso, me puse una camiseta cualquiera y me deshice de los pantalones del uniforme y empecé la reforma. Moví las camas hacía la otra pared y retiré el crucifijo, dejándolo sobre el alfeizar da la ventana, que estaba abierta para que se ventilara perfectamente el cuarto. Ya había hablado con Suga para dormir con él en su cama, lo cual era divertido porque tendría a Sawamura cerca, demostrándole con vivos hechos el miedo que me daba su actuación de yakuza de pacotilla.

Pinté una base de un color blanco roto, que le daba un toque empobrecido al solo dar una capa que se fusionaba con el color amarillento que tenía la pared con anterioridad. Las marcas de lápiz apenas se veían como una leve silueta y las reseguí con una pintura blanca básica. Estaba enfrascado en aquella tarea cuando Kiyoko apareció con Koshi. Me miraron sorprendidos y se sentaron en la cama de mi fallecido compañero.

—Tengo noticias de Nametsu — dijo a modo de saludo mi reina del hielo particular.

—¿No te vas a buscar más problemas por ponerla así? — preguntó Suga, más que por que lo sospechara, para avisarme porque en el fondo le preocupaba que me marchara y no tener un juguete humano.

Yo estaba centrado en mi trabajo de pintura blanca, fijándome en que esta no dejara grumos sobre el plano. Me gustaban las cosas bien hechas, divertidas, pero hechas a consciencia. Responsabilidad, Yuji, Responsabilidad. Podía oír a mi madre diciendo aquello y sinceramente, estaba siendo consecuente, quería una consecuencia funesta, una expulsión histórica, y aquel era el único modo del que se me ocurría conseguirla.

—Pues la realidad sea dicha, Koshi, me da igual. Cuando sientes que has perdido lo que más te importa, la realidad es que valoras positivamente la idea de perder más cosas — dije exagerando y dramatizando. Al girarme pude ver cómo él se acercaba a mí y tomaba un pincel para ayudarme. No le rechacé el acto, me pareció agradable, casi como si por primera vez desde que había llegado a alguien le importara una mierda cómo me sentía—. Y ¿qué cuentan esas noticias?

Supongo que no podía clasificarme en esa clase de personas que viven amores idílicos, pero siempre que alguien me gustaba me gustaba mucho, aunque me gustaran también mucho otras personas. Y en cierto modo Suga me gustaba, aunque no confiaba en él en absoluto. Dejé mi pincel y le abracé por la espalda, mientras juntos movíamos el pincel sobre la pared a la par que yo le obligaba a bailar. Él se reía y yo solo me sentía muy cómodo. Le besé en la cara antes de soltar su mano con el pincel y le dejé para sentame junto a Shimizu. Era muy extraño, porque sí confiaba en ella.

—Cree que deberías ir el jueves por la noche al aula de música— anunció Shimizu. Me pregunté automáticamente en qué estaría pensado ella ¿Creería que yo tenía un genuino romance con Sugawara? ¿O simplemente se había dado cuenta ya que aquel era mi carácter con casi todo el mundo? En parte no entendía por qué me importaba tanto lo que ella pensara de mí, pero casi la consideraba una amiga—.Suga te vas a manchar el uniforme de pintura.

—Igual me confunde lo de follarme a una chica — le dije intentando expresar mi idea de que yo me creía homosexual, gay, marica, sarasa, sodomita, un maricón de todas todas—, porque a mí en general me gustan las chicas, pero solo en lo teórico.

— No seas llorica, Teru — dijo Koshi dejando el pincel en la cubeta y sentándose a mi lado.

—Nunca lo hubiera dicho mejor— añadió Shimizu con seriedad— aprende de una vez que la sexualidad es fluida, con la luz apagada la piel no entiende de géneros.

Tragué saliva al oír aquello. Era la segunda tía que me había dicho de forma indirecta que para follar conmigo era mejor tener la luz apagada. Mi ego se resentía, pero tenía trabajo así que continué pintando mi mural hasta déjalo completamente acabado. Sobre el blanco roto, una línea de blanco dibujaba la estrella, dando luminosidad a una capa superior en gris tiza y alrededor de la pared, un negro habría espacios decorados del mismo modo con una tabla de Ouija que decoraría mi pared hasta el fin de mi existencia en aquel tugurio al que yo llamaba escuela de zombies.

De cualquier modo a mí me gustaba follar con luz tenue, y cuando llegó el jueves por la noche, allí estaba yo. Cerca del piano, con un par de preservativos y una sábana robada de la lavandería tirada en el suelo, esperando a que llegara Mai. Cojones, estaba ultra nervioso, como no recordaba haber estado cuando perdí la virginidad con Tendou. Y es que mi primera vez fue fluida, natural. Después de un año en el que Satori y yo solo nos besábamos ocasionalmente, él fue a verme cuando mi madre estaba ingresada en el hospital y simplemente las cosas salieron casi sola. Nada había forzado aquella situación, no había habido planes de antemano, no sé. No era importante eso de perder la virginidad, pero me temía que acostarme con aquella chica, aunque solo fuera un negocio, iba a traerme problemas y de los gordos.

Ella llegó un poco tarde. El colegio estaba completamente a oscuras y yo ya había calculado que solo podría volver a mi cuarto por la ventana del baño del segundo piso. Con lo que caería de considerable altura y podía ser que me hiciera daño. Pero eran riesgos aproximados. Evidentemente Mai se había hecho con una llave maestra que no pensaba compartir.

La miré entrar sentado en mi sabana, con dos preservativos en la mano. De sabores. Ella se escandalizó un poco cuando le expliqué a grandes rasgos que esperaba que hiciera, y más que una relación puta y clienta, fue mi concepción inicial de lo que eran las clases de reeducación sexual. Sexo hetero con preservativos y diría que de forma políticamente correcta, pero ella soltó herejías mientras se la metía, así que diremos de forma apostatica.

—Si quieres pensártelo antes de llegar a más, ahora el momento — le dije cuando ya estaba encima de ella, y había sacado un aprobado en felación, masturbación ajena y masturbación propia. Aquello fue extraño, placentero cuando logré que no usara dientes, pero raro.

—¿Me devolverías el dinero? — preguntó ella.

Mi mente visualizó todos los yenes que tenía en aquel momento en el bolsillo de la chaqueta. Yo me consideraba una buena persona, pero en asuntos de dinero…

—Ni de coña, volver a mi cuarto ya vale la mitad de lo que has pagado — creo que le contesté casi borde, saliendo del papel de chico amable y paciente que habla correctamente y se cepilla los dientes a consciencia que había estado haciendo desde que había llegado.

—Entonces continua — Me ordenó y yo obedecí.

El resumen de las diferencias era que, evidentemente mis genitales estaban pensados para encajar en los suyos. Como consecuencia aguantar para no correrse antes fue algo complicado, porque era más húmedo y olía diferente. Como veredicto diré que no me desagradó, aunque uno siempre sabe si le gustan más los macarrones o los espaguetis.

Lo malo de aquello fue la perspectiva paranoica que me entró respecto a Futakuchi. El tipo quizá ni siquiera sabía de mi miserable existencia, pero yo creía que sí. Creía que me perseguía, me acechaba ente clase y clase. Y a pesar de que Bokuto me aseguró y me re-aseguró que aquel tipo no me perseguía, ni me miraba mal, ni nada, yo continuaba pensado que sí. Conseguía relajarme, pero eran escasos los momentos en los que no saltaba de mi asiento presintiendo que alguien me observaba. Y no, yo no estaba teniendo un delirio paranoide. Aunque sí, me equivocaba ante la idea de que fuera aquel chico.

Una hora del patio, apoyado contra la verja mientras me tomaba mi zumo en pose de malote guay, Tsukishima se acercó a mí. Llevaba un sobre en la mano. Era un sobre blanco, con los bordes amarillentos. Shimizu, que estaba por allí, se colocó a mi lado sin apartar la mirada de aquel sobre sospechoso.

Tsukishima la miró con desdén y entonces yo le bauticé como Nemesis.

—Esto es para ti — dijo entregándome el sobre. Considerando a la gente a la que yo estaba haciéndole chantaje con el método Shimizu para pequeños extorsionadores, me asusté—. Te sugeriría que la quemaras después de leerla.

Y se marchó.

Dado mi carácter metome en todo, no me molestó que ella se arrimara a mí para leer aquel mensaje. Lo abrí rápidamente y miré la carta que contenía.

"Estimado Terushima Yuji, o quizá no tan estimado, le enviamos esta carta para decirle lo impresionados que hemos quedado con el acto vandálico que ha llevado a cabo en la pared de su cuarto. Y es por ese motivo que nos sentiríamos profundamente agradecidos de que el próximo día once de mayo, acuda usted a uno de nuestros eventos secretos en el sótano del edificio madre de la escuela. Allí atenderemos cualquier pregunta que tenga. Atentamente; el club de ocultismo."

—¡Ja! Con el club de cálculo, sabía que ni él podía llegar a tan lejos — dije mirando a donde estaba Némesis. — ¿quieres que vayamos o qué?

Shimizu me miró sorprendida. Tenía los ojos como platos y yo llegué a pensar que de verdad le hacía ilusión aquello del club de ocultismo. Un club secreto en el que se dedicaban oraciones a los demonios, se jugaba a la ouija y cosas por el estilo. A mí todo me parecía una patraña, pero sonaba divertido.

—Sería genial ir contigo— mencionó dejándome pasmado. Quizá a ella le apasionaba el ocultismo, o quizá ella también me consideraba casi un amigo.

La miré reírse, acompañada de aquella mirada casi señorial. Y me asusté de lo guapa que me pareció.

NA: Feliz semana santa a los que tengan vacaciones, deberías saber que me pareceís unos putos porque os tengo mucha envidia. Y dicho esto, desde el amor más profundo de mi corazón, voy a ponerme a llorar por la precariedad del empleo en España, porque estoy rollo drama queen. Nah, en verdad no, pero ya estoy saboreando mis vacaciones de diciembre… y queda un rato.