Sí, sí. Ya sé. PERDÓN, ¿Felices? ¿No...? No es que importe de todas formas. ¡Gracias! por los revwies~ :3 Pienso responder más tarde (cuando la maldita red pueda sostenerse por más de 7 minutos -.-) Así que justo ahora lo subo en carrera, igual volvi a la escuela (yupi~! :D) y es posible que el sig cap no tarde tanto, asi que no se desvelen... ¡Sólo lean y ya! D:
Capítulo 10. Fearless: Matiel.
- Flores azules de espinas rojas, flores azules de espinas rojas, flores azules de espinas rojas…- Murmuraba Tobi entre dientes una y otra vez.
Cuando la tormenta se había soltado esa misma mañana no había logrado más que acurrucarse bajo el enorme tronco podrido de un anciano árbol perteneciente a un bosque diferente al que rodeaba los alrededores de la guarida. Pues en ese, las benditas flores no podían ser encontradas. Maldecía una y otra vez con gran pasión a los tres culpables de su desgracia:
° Irania, por haberse sentado en el lugar equivocado y por ser la piedrita en su zapato.
° Deidara. Quién de nuevo, había elegido el asiento equivocado, el muy hijo de su…
° Y finalmente, él mismo. Por haber tratado de envenenar a la primera sin prever que las probabilidades de matarla a ella serían las mismas que las de matar a cualquier otro miembro.
- ¡Apuesto a que ni siquiera existen!- Escandalizo. Alzando en desespero los brazos al cielo que en ese mismo instante rugió con fuerza.- ¡Oh, tú calla!- Gritó de nuevo. Como si el cielo se burlara de él.- Lo peor de todo, es que no puedo volver con las manos vacías… Eso no es algo que Tobi haría.
Y así, Uchiha Obito se lamentó patéticamente por lo que sería un largo tiempo.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
- ¡Itadakimasu!- Exclamo Kisame chocando las palmas. Un más suave 'Itadakimasu' siguió al suyo mientras Itachi se disponía a comer su propia porción.
Comieron en confortable silencio siendo los únicos sentados al comedor.
- Vamos Deidara-san.- Ambos giraron sus cabezas en dirección a la sala en donde Irania trataba de que el rubio comiera algo.- Ten, coma.- Acercó una cuchara llena a sólo un cuarto de su capacidad a la boca del muchacho. Deidara se negó una vez más volteando la cara lejos de la comida.- ¿Por qué no quiere comer?
El rubio murmuró arrastrando con dificultad su respuesta. Siendo ella la única que logro descifrar lo suficiente del mensaje para entender lo que trato de decir.
- No debe ser fácil para usted, pero tiene que hacerlo. De lo contrario, sólo empeorara. Sé que aún tiene asco… ¡Se un criminal rango 'S' y aguántate!- Tal vez si lo provocaba terminara obedeciendo en regla de su orgullo. Sin embargo, cuando acercó de nuevo la cuchara él la volvió a rechazar. Esto se ganó un rostro y mirada profundamente molestos de su parte.- ¿Por qué haces eso?- La cuchara tembló ante su agarre tan repentinamente fuerte.- ¿Quieres que te obligue a tragarlo todo como ayer? ¿Eso quieres? ¿¡Eh!?- Si bien su voz era dura y algo cruel, anunciando que perdía la paciencia, no tenía planeado empezar a gritar. Deidara no respondió, ni siquiera la miró.- Maldita sea.- Murmuró.
Dejo tanto el tazón como la cuchara a un lado casi aventándolos en orden de poder recargar sus codos en la orilla del asiento del mueble y seguido hundir su cara en sus manos, con el rostro debidamente cubierto no se contuvo al gruñir como un animal rabioso, queriendo liberar la frustración. Deidara viró los ojos para verla ahí, temblando de lo que él creía era rabia, entonces gruño una vez más antes de respirar profundo y relajar su cuerpo. Se descubrió corriendo una mano por su cabello, miró a Deidara y este aparto la vista de inmediato volviendo a observar un horizonte imaginario. Causando que Irania bufara rodando los ojos.
-Eres imposible.- Susurró. Miró al suelo negando lentamente con la cabeza. Los antebrazos recargados en el filo del asiento y las manos entrelazadas.- Como un niño.- Declaró más alto, para que le escuchara claramente. Un mocoso mimado y berrinchudo que la sacaba de sus casillas, quiso decir. Porque ella conocía niños que no se comportarían como él en tal situación… Oh, ¡Vaya que los conocía!
¿No podía el peligroso criminal ex-terrorista frente a si hacer lo mismo que aquellos? ¿Sólo aguantarse?
Mientras se preguntaba por una forma de alimentar al rubio, los otros dos Akatsuki restantes apuraron a terminar su desayuno. Pronto, Itachi estuvo impasible a su lado.
- Si quieres descansa.- Sugirió. Irania giró la cabeza en su dirección demostrando que lo escuchaba.- Yo me aseguraré de que coma.
- No, puedo manejar esto yo misma.- Aseguró antes de mirar al suelo de nuevo.- Además, no veo como usted de entre todas las personas se las arreglaría para hacerlo comer por su propia voluntad…- Recargo su mentón en una mano en una pose pensativa.- Y no. Genjustsu está fuera de ser una forma de tratamiento mientras yo esté a cargo.- Se apresuró a agregar cuando sintió que podría replicar algo por el estilo, efectivamente deteniendo al Uchiha a punto de hablar.
- ¿Y quién te puso a cargo?- Demandó Kisame. En respuesta recibió una mirada plana y neutral, la sostuvo durante unos segundos antes de tomar sus trastes y levantarse de la silla tan rápido que casi la tira con el movimiento.- Yosolodecía.- Soltó antes de desaparecer por la cocina. Una vez más Irania rodó los ojos.
- Como sea… Como decía, Itachi-san. Podré arreglármelas.- Le aseguró.- Besaré a Kisame-san si no.- Sonrió bromista.
- Si tú lo dices.- Itachi suspiró y salió de la habitación justo después de Kisame. Quien había corrido fuera de esta después de dejar sus trastos sucios al lavabo.
Irania volvió a mirar al suelo durante seis minutos exactos. Si bueno ya había usado su técnica número dos, (no por decisión propia, había entrado en 'modo soldado' en cuanto encontró ayer a Deidara) y había resultado ser totalmente inútil al tratar con el artista rubio. Supuso que sería un buen momento para usar su técnica número uno, preferiblemente mientras no hubiese nadie más que pudiese verla actuar de ese modo y guardar la información para usarla en su contra en un futuro. ¡Y más valía que esa funcionara! O de lo contrario… tendría que besar al Rey Tiburón. Suficiente motivación para cualquiera, nada más que decir.
- Deidi…
Tomo la mano derecha de Deidara, ambas caían a los lados de su cuerpo sin fuerza, y tras darle un apretón cariñoso se puso a jugar con sus dedos. Continuó así mientras ordenaba sus ideas en lo más profundo de su cabeza.
- Deidi…- Comenzó. Insegura, con una tonada dulce y algo infantil.- ¿Por qué haces eso?- Dejó la pregunta al aire mientras seguía jugando con la mano del artista, no es como esperase una respuesta de todos modos.- ¿No ves qué me tienes preocupada?- Sintió una débil tensión en los músculos de la mano del rubio durante apenas unos segundos. Le tomó de la barbilla delicadamente y le obligó a mirarle.- ¿Por qué me haces esto?- Se miraron a los ojos un largo rato hasta que Deidara los apartó.- Deidara.- Le llamó una vez más. Y de reojo la vio como armándose de valor. Finalmente, con una voz aguda y temblorosa, dijo.- No quiero besar a Kisame…
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Kisame, no era un cobarde… ¡Claro que no! Pero tampoco era un tonto, y tenía las razones perfectas para no haber buscado pelea con Irania cuando tuvo la oportunidad.
1°| Si bien era cierto que nadie la había puesto a cargo también lo era que nadie podía negarle el puesto. Y es que en realidad, ella había hecho más cosas de provecho en sus dos primeros días que el o Itachi-san o cualquier otro miembro en toda su estadía. Salvarlos de la hambruna con deliciosos platillos, salvarle la vida a Deidara y correr a Tobi de la guarida cuando menos se le necesitaba eran algunos de sus actos más renómbrales. Y ellos que no tenían ningún hecho con que rebatirlos, se encontraron de repente prácticamente obligados a aceptar que estuviese a cargo y a acatar sus decisiones. (La triste realidad, sea dicha.)
2°| Si hubiese peleado… Sasori lo hubiese vuelto sushi cuando volviera y se enterará. Por qué él sabía que de una u otra forma se hubiera enterado. Y que su destino hubiese sido ese mismo, aún si Irania se las hubiera arreglado para ponerle una paliza peor que la que le dio a Itachi-san y ella hubiese salido de la empresa sin un solo maldito rasguño o moretón.
3°| Irania había vencido a Itachi-san sin problemas. ¡Nadie sabía cómo! Y si para averiguarlo tenía que ser derrotado de manera dolorosa y vergonzosa… estaría más que feliz y orgulloso de vivir el resto de su existencia a la sombra de la ignorancia.
Y era por esto y más que cuando se la encontró arrojando al pasillo bolsas plásticas repletas de lo que era sin lugar a dudas basura desde la habitación de Deidara cuando él iba de camino al exterior (había una hermosa llovizna ahí afuera) supo e-xac-ta-men-te qué hacer.
- ¡Irania-chan~! ¿Necesitas ayuda con algo?- Canturreó con una sonrisa boba.
Quizás estaría echando por la ventana su orgullo como hombre, pero no sería el primero en perderlo a manos de esa chica. Sasori ya había dejado bastante en claro que estaba a su entera disposición o algo parecido, el si no le importaba lo que ellos pudieran pensar o si más bien no se daba cuenta de lo obvio que era… no era verdaderamente importante.
- Kisame-san.- Eso y un asentimiento fue todo el saludo que recibió.- De hecho, estaba pensando en usted…- Sonrió amigable e hizo una seña hacia las bolsas de basura con la cabeza.- ¿Cree que podría llevar esas bolsas a dónde-sea-que-ustedes-saquen-la-basura? Lo haría yo misma… Pero no tengo idea de dónde será eso.
- Sí, claro.- Se acercó a cargar cuatro de los sacos de una vez. Dos sobre cada hombro.- Eh… Irania-san, ¿Exactamente qué estás haciendo?
- Purgando este desolado y oscuro agujero de miseria.- Sonrió como si contase un chiste, lo era pero la cara del tiburón le dejó en claro que no lo entendió en lo absoluto.- Estoy buscando la fuente de la intoxicación de Deidara-san.- Explicó.- Hay tantas cosas aquí que no me sorprendería si me encuentro la entrada al paraíso terrenal o un Espino saurio. ¡O ambos!
- ¡Seguro!- Se rieron juntos un buen rato.
- Jaja… No tiene la más mínima idea de lo que estoy hablando, ¿La tiene?- Preguntó con esa expresión y sonrisa suyas tan amables.
- No.- Admitió seriamente.
- Bueno, me temo que no puedo hacer mucho por usted entonces.- Tranquilamente encogió los hombros.
- Irania-san. Mire esto.- Se escuchó la voz de Itachi llamándola desde dentro de la habitación.
- Ya voy. Debería darse prisa con eso Kisame-san, así podrá descansar.- Aconsejó al volver dentro.- ¿Qué ha sido lo que encontró?- Preguntó al moreno acuclillándose a su lado.- ¡Hay por Jesús! ¿Eso es una rata… o un gato?
- Rata, aunque en verdad es muy grande. ¡No es la única! Alcancé a matar a esta, pero las demás escaparon.
- Mo~ Ratas salvajes en su habitación. ¿Qué es lo que está mal con ese chico?- Se quejó Contemplando el resto del lugar.- ¡Espera! ¿Se te escaparon las otras ratas? ¿A ti…?- Su rostro de incertidumbre fue reemplazado por una enorme sonrisa maliciosa.- ¿¡Al gran Uchiha Itachi!? ¿¡En serio!? ¡Que eres un ninja entrenado, hombre!- Acto seguido rompió en carcajadas.
- ¿¡Q-qué significa eso!?- Se alteró el Uchiha.
- Oh~ Nada, nada. Es una buena noticia, ¿Sabes?- Recargo la cabeza en su puño mientras observaba a la rata muerta con mirada soñadora.
- ¿Eh? ¿De qué hablas?
- Se trata en realidad de una buena noticia, que las ratas hayan escapado… ¡Pero lo es aún más que tú no hayas sido capaz de atraparlas!- Una sonrisa cínica curvo sus labios.- Significa que tengo esperanza… Significa, que hay una posibilidad de traspasar sus barreras.
'¿Traspasar las barreras? ¿De quién?' La sonrisa de Irania se ensanchó de manera antinatural e Itachi no pudo reprimir el escalofrío que recorrió su espalda en una fracción de segundo. '¿Irania…?'
- Eso significa… Jiji, ¡Es una excelente noticia!- Entonces el brillo soñador de su mirada se volvió un resplandor lejano y perturbador.- La única pregunta que queda… ¿Quién de ustedes debería de ser la rata muerta?
- …- Sintió un nudo en la garganta que amenazaba con asfixiarlo y su cuerpo empezó a temblar sin control. Sintió el impulso de alejarse pero su cuerpo petrificado se negaba a moverse.
- ¿Quién desea tanto el estelar de la obra… que moriría por él?- Se rio. Rio quedamente y con gracia, una risa aterradora que estaba seguro colmaría lo profundo de sus pesadillas.
- …- 'No… No otra vez.'- I-ira…- La luz que se filtraba por la ventana de la habitación de repente era muy molesta, era muy brillante. Tanto que amenazaba con cegarlo.- Irania…- un golpe seco resonó en algún lugar. Pero no quería averiguar que había sido o dónde, sólo quería huir.
- ¡Itachi-san!- Lloriqueo soltándole un zape directo en la nuca.- ¿Qué forma es esa de disponer de un cadáver?- Su ceño fruncido y un puchero adorable.
- ¿Qué… cosa?
- Eh… ¿¡Qué hay con esa cara de ignorancia!? ¡La rata, la rata! La has tirado.- Señalo al animal en el suelo.
- Ah, sí.- La rata. Sólo había soltado la rata y ya, fue sólo eso. ¿Verdad?
- ¿Sí? Pero no te quedes ahí.- Suspiró.- Eres raro Itachi-san. Ratas en su habitación.- Estiró el brazo a sacar algo por debajo de una playera mugrosa.- Aunque no me sorprende.- Acerco un poco el descuidado paquete de comida mohosa.- Prácticamente las estuvo criando él mismo. Oye, Itachi-san. ¿Esto de aquí no es Dango?- Itachi se acercó a verlo detenidamente tras volver a levantar la rata.
- Sí, creo que sí. Mitarashi Dango.
- Oh.
Permanecieron ahí, en silencio. Observando su alrededor y la podredumbre del alimento.
- No lo hagas.- Habló Irania rompiendo el silencio.
- ¿Qué cosa?
- Comerte esto, no lo hagas.- Itachi se sonrojó muy, muy pero que muy poquito.
- No iba a hacerlo.
- No me mientas. ¡Sé lo que estabas pensando! Así que por favor, NO LO HAGAS.
- Y yo te repito, no iba a comérmelo.- Insistió.
- Pues no lo hagas ahora.- replico con seriedad.
- No iba a hacerlo. Ni siquiera había pensado en hacerlo.- Continuó él preguntándose de dónde rayos había salido el tema, por qué se veía tan inmersa en este y, ¿Por qué demonios estaba él siguiéndole la corriente?
- Pues ahora que ya has pensado en ello… No lo hagas.- Itachi suspiró, era una batalla perdida.
Tomó la rata y el empaque de alimento levantándose para irse.
- ¡No te lo comas!- Escuchó que le advertía en cuanto salió.
- ¡No iba a hacerlo!- Explotó.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Era un día que podía fácilmente ser clasificado como precioso, hermoso. Todos parecían estar felices o al menos de buen humor en aquel pequeño y pintoresco pueblo, mientras se movían bulliciosamente de un lado a otro atendiendo a sus tareas diarias. ¡Incluso el clima había mejorado considerablemente! Tras dos días enteros de no parar de llover. Y, mientras tanto. Todo lo que él quería hacer era caminar hasta el pilar de cemento más cercano y estrellar su cabeza una y otra vez contra este hasta que su cráneo se partiera por la mitad y sus sesos quedasen esparcidos por todo el suelo… No que después de hacer eso algo fuese a cambiar porque, para empezar, él no tenía sesos.
Observo una vez más por entre las rendijas que formaban los dedos de sus manos que hacían cuanto podían para taparlo del cuadro, -aún si sólo podían intentarlo cubriendo su rostro- el propiamente dicho berrinche que Kakuzu armaba a plena vista en medio del mercado discutiendo con un viejo mercader por el precio de las zanahorias.
- Alguien, máteme.- Murmuró.
- Eso puede arreglarse, ¿Sabes?- Susurró sonriente el Jashinista a su lado. El marionetista le devolvió una mirada que claramente le exigía mantener su distancia.- Bueno, tú te lo pierdes.- Fanfarroneó Hidan con su tono despreocupado de siempre.
Sasori reprimió el impulso de girar los ojos ante su actitud.
Ahora. Luego de ese corto y, bastante inútil, descanso. Volviendo al problema actual que era, ¿Cómo en el nombre de todos los Dioses conocidos y por conocer, podría lograr que el tesorero dejase por las buenas su épica empresa de intentar recuperar sus muy preciados 2 Ryo que el con tanto afán declaraba que le estaban siendo robados?
…
Tenía que admitirlo, no tenía idea. Pero tenía que hacer algo, ¡Ya! ¿Qué cosa? Lo que fuera.
Sin mucho miramiento se plantó calmadamente entre el confundido tendero y Kakuzu. Su mano se elevó lentamente volviéndose en un firme puño colocado frente a su cara. Con gran elegancia soltó un falso tosido, 'Ahem-ahem'.
- Kakuzu-san. Creo que ya va siendo hora para nosotros de reanudar nuestro viaje de vuelta.- Sin siquiera dejar que el tesorero procesara lo dicho se vio arrastrándolo lejos, abandonando a sus bebés atrás. (Aunque, Sasori no sé olvido de tomar las zanahorias antes de partir.)
- Eso fue raro.- Farfulló el comerciante viendo a aquellos hombres desaparecer entre la muchedumbre.- Esperen, ¿Dónde están las ganancias del día?
Mientras el pobre hombre se mortificaba por la aparente desaparición de su efectivo los tres miembros de Akatsuki habían ya salido del área del mercado y se dirigían fuera del poblado.
- ¿¡Cuál es tu maldito problema Akasuna!?- La rabieta de Kakuzu fue interrumpida cuando tuvo que alzar la mano para atrapar un objeto que se le fue arrojado por el marionetista resultando ser una bolsa de cuero. Al mirar al interior encontró que estaba llena hasta el tope de dinero.
- ¿Feliz ahora?- Bufó Sasori dándose la vuelta para seguir su camino hacia la entrada principal del pueblo para abandonar este. ¡Por fin!
- Algo así…- Replicó deslizando su premio dentro de un bolsillo de su pantalón.
- ¡Sólo demonios prisa!- Se quejó Hidan con desgano.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Kisame se encontraba sentado en posición de loto con los ojos cerrados y la cara elevada al cielo sintiendo la lluvia caer sobre su piel. (Posiblemente terminaría amaneciendo congestionado, pero eso ya lo lamentaría más tarde). Se trataba de una sensación agradable y que lo ayudaba a relajarse.
- ¡Amegakure tenía que ser!
Abrió un ojo e inclino la cabeza en dirección de ese sonido. A la lejanía entre los arboles distinguió a Irania haciendo su camino hacia el bosque, en su mano la olla a la que al parecer ya le había tomado cariño para que la acompañara en sus expediciones. Un sombrero de paja del uniforme de Akatsuki se encontraba firmemente amarrado a su cabeza con el obvio objetivo de protegerla de la lluvia. No parecía estar funcionando muy bien, dado que su cabello se apegaba a su cara mientras la ropa hacía lo propio a todo su cuerpo.
Kisame sólo se preguntó a dónde iba y que iría a traer, ya que aún tenían comida y agua suficiente. Por lo que no veía la razón de que saliese. Ya bastante picado por la curiosidad se levantó de su sitio estirando los músculos un tanto mirando el agujero entre el follaje por donde hace apenas unos pocos segundos que la había visto pasar y fue tras ella. La encontró no mucho después haciendo lo que podía y lo que no para quitarse los largos y encimeros mechones de pelo de la cara con una mueca de fastidio y hablando consigo misma. Distraída, simplemente perfecto.
- No me había metido en una tormenta como esta desde ya hace mucho tiempo.- Gruño.
- ¿Qué es lo que estás haciendo Irania-san?- Kisame se arrepintió de aparecerse de la nada saltando desde la rama de un árbol frente a ella en el momento exacto en que recibió un certero cazuelazo en la sien y un chillido truena tímpanos atravesó su cerebro.
Aturdido, lo siguiente de lo que se pudo enterar era que su cara estaba enterrada hasta el fondo en lodo. Lentamente se las arregló para girar su cabeza liberando lo suficiente su nariz para respirar, abrió con dificultad los ojos. La danzante imagen de Irania estaba hincada justo a un lado con un rostro de mortificación y repitiendo lo mismo una y otra vez.
- ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento!
Cerró los ojos y se concentró en respirar profundamente. Llegado el momento de que su mareo se había extinguido casi por completo y el dolor punzante disminuido lo suficiente, reunió valor para empujar su cuerpo lejos del suelo y sentarse con cuidado.
- Estoy bien, Irania-chan~- Ronroneó sobándose el área donde recibió el golpe.- Ahora cálmate. Voy a seguir vivo un buen rato.- Se rio un poco sacudiendo su mano de un lado a otro. Su afilada sonrisa burlona apareció pronto en su cara.
- Eso creo. Aun así, ¿En que estaba pensando cuando hizo eso?- Reprochó cruzando los brazos frente a su pecho y mirándolo severamente.
- En que gritarías como bebita, te medio desmayarías y sería muy, muy divertido.- Repuso con calma. Ahora examinando el área del impacto con ambas manos, buscando un hilillo de sangre o algo. Aunque entre eso y el agua era difícil decir.
- ¡En serio! ¿Qué se supone que haga con ustedes?- Con ese tono y la forma que le miraba llego a sentirse de algún modo como un niño regañado.- ¿Y qué si lo hubiera lastimado, Kisame-san? No sé si se haya dado cuenta, pero justo ahora…- Su expresión se endureció incluso más. - ¡Ya tengo más que suficiente con tratar de mantener vivo a Deidara-san! Y no es fácil, ¿Sabe?- Durante aquella aclaración su voz tembló y a Kisame le pareció que el agua que corría por su rostro no era más lluvia, sino más bien lágrimas. Diablos, ahora hasta se sentía mal.- ¡No puedo estar pendiente de los tres y aparte de mí!- Irania se calmó repentinamente y frotó con fuerza sus ojos.
Permanecieron ambos callados por un largo rato.
- Yo… Lo siento.- Atinó a decir el hombre al final, cuando todo el silencio lo sintió insoportable. Sí lo sentía, y mucho. Aunque ahora el problema resultaba ser que no sabía que era lo que lamentaba. No iba a mentir, sólo lo había dicho para sacarse ese cargo de conciencia. Y ahora que lo había hecho ese sentimiento de culpa era ahora reemplazado por la terrible duda de no tener idea que era eso que lo había hecho sentir, pues, culpable. Era ahora atormentado de una manera diferente, incluso peor.
- Está bien. No… No importa ya.- Retomando la cazuela en el suelo procedió a ponerse en pie.- Tengo un trabajo que hacer.- Su anunció le recordó a Kisame la razón de todo eso.
- ¡Ah! Sí.- Se apuró a levantarse de un salto.- ¿A dónde vas Irania-san?
- Al rio. Ayer vi una planta en especial que crecía cerca de ahí.- Asegurando su canasta bajo su brazo derecho con la mano contrario se limpió un poco de lodo que había en su codo.- Recogeré un poco de ella para preparar un té.
- ¿Al rio?- Kisame juntó sus cejas con preocupación. Su sonrisa de burla no falló en ningún momento, de todas maneras.- Ten cuidado, Irania-san. Con esta lluvia es muy probable que se haya salido de su cauce y la corriente sea fuerte.- Le advirtió.
- Sí, lo sé. Ya he tomado eso en cuenta.- Empezó a caminar. Pronto pasó por un lado del tiburón y lo dejó atrás.- Debo darme prisa con eso. Nos vemos luego, Kisame-san.
- Sí, hasta luego.- Murmuró. Sin estar seguro de si le había escuchado.
Antes de que pudiese saberlo se encontraba de nuevo solo. Giró a ver por donde Irania se había ido esperando encontrar su silueta allá en la lejanía, pero lo único que vio fue que se había desaparecido. Como si se hubiera desvanecido en el aire. Se frotó con delicadeza el golpe al ir a recargarse contra el tronco de un árbol.
- Golpea duro. ¿Quién lo diría? Je, je…- Cruzando los brazos frente a su pecho cerro los ojos y continuó disfrutando de la lluvia.- Es una chica extraña~
El rio que tan apacible había sido apenas ayer (tanto que se había permitido relajarse en su orilla un buen rato junto a Itachi) se había convertido en cuestión de horas en una bestia enardecida y furiosa. Ahora con un tamaño de poco más del doble que el original. La aguas calmas y cristalinas volvieron se turbias y rabiosas. Irania se detuvo a más de dos metros de este, asentó con la mayor firmeza que pudo sus pies al lodo. Enterrándolos un poco bajo el barro.
- Y pensar que estaba jugando aquí apenas ayer.- Sus ojos viajaron de un lado a otro evaluando la situación.- Esto será complicado.- Gruño cuando su vista alcanzo el objetivo de todo eso.
La pequeña mata de Tomillo con sus pequeños botones rosados se mantenía a salvo contra todo pronóstico sobre una salida lodosa justo encima del rio. Las zonas más seguras y convenientes para extraerla estaban demasiado cerca de la orilla de aquella bestia para su gusto. Tragó duro, y su mirada se endureció justo en el momento que un buen trozo de la orilla cercana a la planta de Tomillo se desprendió de su lugar por la fuerza de la corriente y desapareció a una velocidad preocupante al ser arrastrada por la misma. Mordió su mejilla por dentro con nerviosismo.
Eso era peligroso. Muy, muy arriesgado.
- Esto es peligroso. Casi pareciera que no vale la pena el riesgo.- Se mordió con fuerza la lengua como reprimenda ante tal pensamiento.- ¡No! No importa el peligro. ¡Ni las probabilidades de que algo salga mal! No puedo rendirme, no ahora.- Con cuidado dio un paso al frente. Aseguro este al suelo y lentamente desclavo su otro pie para seguir avanzando.- Con cuidado.- Su pie toco nuevamente el barro y en ese momento empezó a asegurarlo, cuando la suela de su tenis resbalo.
El súbito movimiento le hizo perder el equilibrio, todo su cuerpo golpeo con fuerza el lodo terminando en que se deslizara aún más.
- ¡NO!- Respiro agitadamente cuando su movimiento fue bruscamente detenido.- Eso… eso fue…- Ni siquiera sabía que decir. Sólo regulo su respiración con sus ojos fijos en sus largas uñas clavadas en la tierra.
Respiró una vez más. Y con mucho cuidado se puso de pie. Revisó que tanta distancia había recorrido en su desliz, aproximadamente un metro y veinte centímetros. Ahora ella misma estaba demasiado cerca de la orilla para su gusto.
- Rayos… ¡Demonios! No puede ser. ¡No me pienso ir!
- ¿Qué se supone que está haciendo?- Murmuró Kisame tras una hilera de arbustos, recargado contra el tronco de un árbol. La curiosidad era demasiada así que no podía ser ayudado.- Igual estuvo a punto de morir en ese momento, ¿Aun así no se irá? ¿Qué es tan importante?
Irania se pasó la mano por la cara con frustración, observo de nuevo la orilla del rio y sus horribles aguas. Por un momento volvió a pensar en retirarse. ¡Pero no podía hacer eso! Simplemente, si se daba por vencida…
- Deidara.
- Juju~ ¿Ves que no ha sido tan difícil?- El tazón ahora vacío fue a parar volcado contra la mesa.- Ajá, ajá. Yo digo que me merezco un premio. Ambos lo hacemos, ¿No lo cree Deidara-san?- Irania sonrió abiertamente al rubio recostado.
- Jum.- Fue todo lo que dijo. Apartó la vista avergonzado y también molesto. Su sonrojo lo delataba.
- Oh, por favor. ¿No me diga que se pondrá de berrinchudo de nuevo?- Le picó burlona. Deidara no respondió. Ella terminó de recargarse contra el mueble como la noche anterior.- No puede ser. Lo dije una vez y lo reitero: Es como un niño.
- M-más respeto…- Irania giró la cara de inmediato sorprendida al escucharlo hablar.- Soy… mayor que tú…
- ¿Pero quién está aquí faltando el respeto? Hasta donde yo sé, me he mantenido al margen. ¿No piensa usted eso Deidara-san?
- Verda… deramente… D-dices que… Soy imposible…- Se detuvo a descansar del esfuerzo que hablar le causaba. Tomo una gran bocanada de aire, produciendo un silbido parecido al lamento de un espíritu maligno y solitario.- Pero yo… Encuentro a-aun… Más difícil… Tratar cont-tigo… Un…- Una vez más ese asqueroso sonido emano no de su garganta, sino de su pecho.
Irania estuvo a punto de reírse del hecho de que ni siquiera en ese estado fuese capaz de dejar su tic verbal. Pero ese impulso se disipo en cuanto una tercera vez ese horrible sonido cruzo el espacio permitiéndole prestar más atención a este. Solamente con escucharlo lo supo, había empeorado.
- Basta ya Deidara-san. No se sobre esfuerce, en el estado que se encuentra no es lo más conveniente.- Se inclinó rápido y se a cercó a su rostro para escuchar.
- Fuiste tú… quien empezó…- Devolvió con la sombra de una sonrisa altanera mirándola directamente a los ojos.
- Lo sé, lo sé.- Fue a presionar su oreja contra su pecho.- Ya terminaremos con eso después. Luego de que se recuperé.
Mordió su labio inferior con fuerza. Le había parecido que Deidara tenía un color extraño, aunque lo había atribuido a la escases de la luz y el cansancio de sus ojos. Ahora sabía que no era así. Deidara se estaba asfixiando lentamente.
- Ah… Esto es malo Deidara-san. Parece que la inflamación en sus vías respiratorias empeoro durante la noche.
- Ya déjalo así…- La respuesta le sorprendió.
- ¿De qué rayos está hablando? No diga tonterías, Deidara-san.- Tratando de ignorar aquella actitud, dio golpecitos en su pecho escuchando el eco que regresaban desde el interior.
- No tiene caso…- Bufó. Esta vez se apartó de él y le miro, su comportamiento era muy extraño.- ¿P-por qué te alejas…? Ahora… tengo… frio, un…
- No entiendo. ¿De qué habla?
- Hace un momento… que estabas… s-sobre mi… me sentía b-bien… y ahora…- Tomo una pausa para respirar de nuevo. Ella aprovecho para interrumpirle antes de que volviese a hablar.
- No, no. Eso lo entendí, (Más o menos). Yo estoy preguntando de las otras cosas que dijo, que no tiene caso y eso. No comprendo a que se refiere.
- Si me fuera a d-dormir… y no despertará de nuevo… ¿Qué más daría? Na-nadie… preguntaría por mí, ¿O sí?- Respirar. Debía de hacerlo.- Y aún si lo hicieran… d-definitivamente… nadie se sentiría mal de ello… un…- De nuevo tuvo que detenerse. De nuevo aquel silbido. Sus facciones se contrajeron en molestia. ¿Acaso le dolería cada vez que lo hacía?
- No diga esas cosas Deidara-san. Hay más de una persona que lamentaría su perdida.- Ante su mirada inquisitiva, agrego.- Pain-sama, por ejemplo. Usted es un miembro más valioso de lo que cree. Y Sasori-san, le aseguro que extrañara esas peleas tontas que tienen cada segundo por el resto de su vida.- Le sonrió confiada. Aunque era más que cierto que ya no sabía a quién más mencionar.
Ese silbido se escuchó un par de veces antes de que alguno de los dos volviera a hablar.
- ¿Y… q-qué hay de ti?
- Deidara-san. Si su muerte me viniera valiendo lo mismo, no estaría aquí.- Le dijo con gran seriedad.
- Su-supongo, un.
Hubo de nuevo algo de silencio. El silbido apareció cuando Deidara abrió su boca para decir algo más.
- P-por cierto… ¿Quién es el… sujeto que está… bailando sobre la mesa?
Irania se preocupó todavía más, si es que era posible. Estaba alucinando. No podía ser que ya que todo parecía estar a punto de acabar, decidiera empeorar de repente. Aunque… Sólo por precaución, giró a ver que en serio no hubiese nadie bailando tras ella. Una vez que se cercioró con gran alivio de que no fuese así, volvió de inmediato al rubio que en ese momento empezó a presentar lo más parecido a un ataque de asma severo.
- ¡Deidara-san!- Colocó las manos sobre el pecho de Deidara. Subía y bajaba frenético, y ahora estaba también tosiendo.- Cálmese, Deidara-san. Respire con calma por favor.- Tras un largo momento consiguió que el ataque pasará. La mala noticia era que Deidara estaba a más o menos cuatro tonos de ser una Pitufina de la vida real. Algo era evidente, si seguía así no iba a durar mucho.- Iré a buscar algo con que ayudarlo.- Anunció poniéndose de pie.
- ¡N-no…! No me dejes…
- Deidara-san, necesita ayuda con eso. Ya.- Busco razonar con él.
- P-pero… tengo miedo…- Confesó.- No quiero que me dejes… solo, un…
Largo un suspiro y se preparó para tratar hacerlo entrar en razón de nuevo.
- Deidara-san. Usted no entiende, tengo…
- T-tú me… vas a proteger… ¿Cierto?- Se vio interrumpida. Le observo atónita, ¿Qué quería decirle?- ¿Me v-vas a… cuidar como lo has… hecho todo este tiempo, un?- Aún sin saber a dónde iba con sus desvaríos, asintió.- Q-quédate aquí…- Le pidió. Logro mover su mano derecha hasta tomar la suya, débilmente.- Con… migo… Por favor…- De nuevo le dio su plegaria. Ay no. Estaba… ¿Estaba a punto de llorar? No podía ser cierto.
'No lo hagas, Deidara. ¡No te atrevas a derramar una sola lágrima!' A pesar de todo sabía, muy en el fondo de su ser sabía, que si el rubio se ponía a llorar como un bebé desamparado dejar su lado sería el triple de difícil de lo que ya era. Si se mostraba vulnerable ante ella (más de lo que ya estaba en todo caso), ¡No importaba si le pedía que le masajeara los pies con puré de papa! Lo más probable es que terminara haciéndolo. Acabaría cediendo a todo sus caprichos. Todos.
- No me dejes solo… P-por favor.- No. No llores.- Tengo miedo y… y frío…- No llores. Hagas lo que hagas, NO llores.- Quédate con migo... dame de tu calor. C-como hace rato… que estabas sobre mí, y m-me abrazaste…- Muy bien. ¿Exactamente en qué momento dijo que lo abrazó? ¡Maldición! ¡No llores!- Tengo mucho… m-miedo, Irania…- Ahí estaba. De sus acuosos ojos, la primera, la primera muy malnacida lágrima estaba por caer. No, no llores. ¡Por favor! Solo no llores.- Ese oso cantante… me da mala e-espina, un…
…
- No hay ningún oso, Deidara-san.- Solo sabía que ya iba saliendo de la cueva con una olla bajo el brazo.- Volveré pronto.
- No puedo rendirme.
Una última mirada a aquella condenada planta y sus alrededores fueron suficientes para dejárselo en claro. Si Deidara en verdad tenía miedo como él mismo había declarado, ella estaba aterrada. Aterrada de que la planta cayera en un capricho de la vida al rio y la perdiera, de que ella se cayese en el rio y se ahogara, de que Deidara terminase muriendo asfixiado. Tenía miedo. Tenía mucho miedo, y aun así…
- Te crees muy gracioso. ¿Eh, Tláloc? *- Se agachó lentamente y tomo con fuerza el azadón del instrumento de cocina.- ¿Pues qué crees? ¡No pienso seguir tus tontos jueguitos!- De un solo jalón la olla se despegó del suelo. Las uñas de su mano derecha se clavaron fuertemente en su palma.- Tengo miedo. Estoy muy, muy asustada.
Y volvió a su forma de avanzar de hace apenas un minuto. Un pie tras otro, lentamente y con cuidado. Se iba acercando cada vez más a la salida donde peligraba el Tomillo. La planta que era, posiblemente, la única esperanza de sobrevivir para Deidara. Estaba cerca, tan cerca. Sus pies se movían en automático a la exigencia del recuerdo de una voz rasposa en la distancia. "¡Uno, uno, uno! ¡Un-dos, un-dos, un-dos! ¡Izquierdo, izquierdo! ¡Uno!" En su imaginación, se encontraban tras ella. Aquel hombre, y esa mujer…
- ¡Más rápido! No pierdan el paso. ¡Fallar no es una opción!- Le gritó él. Ella mientras tanto permanecía impasible a su lado con el rostro bajo tinieblas, seguía llamando al ritmo que debía llevar.- ¡Un error! ¡Un solo error no es aceptable!
Ahí estaba, justo frente a ella. Aseguró sus pies en el fango y con cuidado empezó a agacharse con la mano extendida para tomarla. Se estiró lo más que pudo, hasta sentir que sus huesos iban a salirse de su lugar ante lo que se les exigía. Pero fue inútil. Aún estaba muy lejos, fuera de su rango de alcance. Respiro profundo. Podía hacerlo, ¡Tenía que hacerlo! Desencajó de nueva cuenta sus pies del barro y se movió lento hasta que las puntas de sus zapatos estaban a la par de la orilla del rio.
- Peligroso. Muy peligroso.- De nuevo se fue agachando.
Cuando las yemas de sus dedos alcanzaron a rozar las hojas creyó que escuchaba a su corazón desbocado dentro de su cabeza, donde al parecer se había mudado. Sus dedos se cerraron con fuerza alrededor del tallo principal, con miedo de que se le escapara en el último segundo.
- Bien. Falta poco.- Apretó su agarre.- Uno, dos… ¡Tres!- Tiró con toda la fuerza que sus dolientes y quejosos músculos podían proporcionarle. Sin importarle un comino algún posible desgarre o calambre causa de las inclemencias del tiempo y el helado aire. Y había que decirlo para estar atada a un montón de fango mal oliente, una salida débil e inestable, estaba muy bien enraizada.- Oh, vamos. Suéltate. ¡Suelta!- Continuo jalando hasta que pudo sentir como poco a poco las raíces cedían bajo la presión de su insistencia.- Casi. Ya casi.- Iba a lograrlo. Podía sentir como la tierra se daba por vencida y dejaba ir a su esperanza en la que residía por completo su espíritu en ese mismo instante. Se le antojó como un milagro.- ¡Te tengo!- Con un último jalón. Finalmente consiguió zafarla de su refugio. Pero aquella fuerza brutal que empeño jugo en su contra cuando una vez más, su cuerpo desprevenido siguió las leyes de la inercia, y resbaló.
El golpe seco, y el desliz de su cuerpo. La alarma interior que disipaba por completo todos sus sentidos, abandonándola indefensa a merced del cruel aunque siempre justo destino. El frio impacto del agua y su ira contra su existencia. Su impertinencia.
´ ¡No puede ser! Fallé. Yo fallé… ¿De nuevo?' Y entonces respirar era muy difícil.
- ¿Eh? Jaja, al final se cayó.- Se burló Kisame observándolo todo desde tu sitio.- Después de todo es alguien torpe.
- ¡Aaaaah! ¡No, no!- Su mano derecha incrustada en el lodo, con la restante hacia lo que podía para mantener la olla con el tomillo dentro elevada y fuera del alcance de la corriente del rio. Revolviéndose y pataleando sin distinción buscaba llevar la contra a los deseos de su captor.- No. ¡Déjame ir!- No podría hacer mucho mientras continuara así.
Reunió un poco más de su fuerza y en un efecto de latigazo arrojo lejos la cazuela y su valor. Su mano ahora libre se encaramo a la tierra con su gemela y su cuerpo busco desenterrándola la voluntad de egoísta supervivencia para tratar de impulsarse fuera del agua. El cazo se encontró a salvo con un sonoro golpe. Como si fuese este una cruel señal de condena la tierra en que buscaba la salvación se cuarteo burlona antes de desprenderse por completo, mandándola al olvido en la profundidad de las aguas.
- ¡Jajaja! ¡Eso en verdad fue terrible!- Kisame se limpió las lágrimas de la risa con el índice.- Que curioso espectáculo~ Je, je.- Calmándose recobró compostura y espero paciente sonriendo al rio. Treinta segundos, cincuentaicinco segundos. Ya no debía tardar tanto. Un minuto y veinte segundos.- Vamos. Sé que puedes hacerlo.- Un minuto y treinta tres segundos.- No me digas que eres así de débil. Lo harás, estoy seguro~.- Un minuto y cuarenta siete segundos. La sonrisa desapareció por completo de su faz y la reemplazo mordiendo su labio inferior.- ¿Por qué tarda tanto? ¡No me digas que…!
- ¡Graaaaaaooow~!- El sorpresivo rugido que surgió de la nada junto a Irania lo congelo en su lugar cuando se disponía a arrojarse el mismo al agua. Era más el grito rabioso de algún tipo de bestia que un llamado de pelea.- ¡Ghyaaaoh! ¡Raaaaaa!- Se vio incapaz de darle crédito al acto de cómo entre gruñidos y alaridos de furia Irania se hizo su camino de nuevo hasta la orilla. De un último esfuerzo de sus brazos y una clase de salto se liberó del rio. Arrastro su cuerpo helado y exhausto lejos casi alcanzando la cazuela donde se rindió al suelo bajo la lluvia.
Kisame permaneció en su sitio atento a su cuerpo inerte. La maliciosa sonrisilla volvió.
- Ya decía yo. Y pensar que por un momento hasta me preocupe, ¡Que estúpido!- Kisame rio de sí mismo un rato más antes de decidirse a ir hasta ella.- Hey, chica. Interesante show el que acabas de dar, hehe~ - Comentó en cuanto llego a su lado. Irania no respondió, ni siquiera se movió.- Ahmmm… ¿Irania-san?- Inclinó su cabeza esperando alguna respuesta de cualquier tipo.- ¿Hola? ¿Sigue habiendo alguien ahí?- Cuando de nuevo no hubo respuesta la punta de su pie empezó a picarle el costado.- ¡Oye, Irania-san! ¿Acaso te has muerto?- El mismo pie con el que la molestaba la hizo girar dejándola boca arriba.- Oh~ Sólo has perdido la conciencia. Jiji.- Acuclillándose sobre ella extendió una mano para retirar algo de su cabello que se había pegado a su rostro. Ahora notaba que el sombrero de paja se había perdido en algún momento cuando cayó al rio.- Que lástima, si estuvieses despierta podría inventarme miles de chistes al respecto de todo esto.- Paso a limpiarle algo de lodo de la cara.- Pero ya que no es así… ¿No es cómo que pueda dejarte aquí tirada, o si?
Pronto Irania pasó de estar solamente ahí echada a colgar en la espalda del tiburón con las piernas alrededor de la cintura (Torso, más bien.) de este y sujetas en su lugar por sus brazos. Los suyos propios caían flojamente sobre los hombros del hombre, Kisame se las había arreglado para de alguna forma llevar la cazuela con el Tomillo entre los dientes. Una vez que creyó tenerlo todo bien sujeto emprendió el camino de vuelta a la guarida.
A eso de la mitad del camino Irania tosió su cálido aliento sobre su nuca advirtiéndole de su despertar.
- ¿Haz despertado ya, Irania-san?- Preguntó escupiendo las palabras por entre sus dientes y el mango que mordía.
- Sargento, Comandante…- Le escuchó murmurar.- Me equivoque, lo lamento… Todo fue mi culpa…
- ¡Oye! ¿Qué tanto dices? No te entiendo.- ¿Era acaso alguna especie de lenguaje que desconocía?*2
Durante un momento permaneció tan callada que estaba por creer que todo había sido solo su imaginación.
- Nada…- Susurró con un extraño tono en su voz que no supo clasificar.- No es nada importante Kisame.- Se vio sorprendido de que olvidase los honoríficos y el habla formal.- Ya no importa. No más.
- Si tú lo dices.
Con tantas dudas en su cabeza que aparecieron de repente mastico nervioso el agarre de goma de la olla. Algo estaba mal, él lo sabía. Conocía bastante bien esa sensación dentro de él, más de lo que quisiera en realidad. Entonces, ¿Había significado verdaderamente algo esas palabras extrañas que pronunció? ¡Y ese tono en su voz! ¿Era acaso culpa, o tristeza? O talvez… ¿Rencor? ¡Demonios! Ahora se la iba a pasar toda la maldita noche tratando de averiguarlo seguro. Y por si fuera poco, el fluente de preguntas y teorías seguía llenando su cabeza sin descanso. La lluvia no le toco más y la poca luz que se filtraba por entre las nubes desapareció por completo al entrar en la gruta para ingresar en su cueva, dónde si bien el aire no era el más cálido al menos el viento helado ya no golpeaba sus húmedos cuerpos.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
- ¡Achú!
Por tercera vez Kisame sorbió los mocos que se escurrían fuera de su nariz tras estornudar. ¿Recuerdan que había hablado sobre lamentarlo más tarde? Pues ya lo hacía. ¡Oh, como lamentaba haber salido a la lluvia! Se envolvió mejor en la frazada que Irania le había traído cuando lo recorrió un escalofrío. No iba a enfermarse, ¿Cierto?
- Kisame-san.- Irania se acercó a él depositando una taza humeante entre sus manos.- Tómese esto.
El olor le ayudo a identificarlo como esa extraña infusión que Irania había preparado con la extraña planta como primera cosa al llegar a la base para darle de beber a Deidara una buena cantidad de esta.
- Gracias, pero ¿No es esto para Deidara?- Alcanzo a verla sacudir la cabeza afirmativamente mientras toma asiento en la silla adyacente a la suya.
- Con lo que ya le he dado tendrá suficiente, espero. Tomar un poco será bueno para usted.
- De acuerdo.- Frunció los labios tras tomar el primer trago. No era en definitiva un sabor agradable. Pero con todo término tomándoselo.- Gracias.- Farfulló volviendo a acomodar la cobija alrededor suyo.
- ¿Sabe algo Kisame-san?- Comentó Irania tomando de su mano la taza vacía.- Eso de la frazada no sirve de mucho si no se quita la ropa.
- ¿Eh?- Un sonido de incredulidad fue la gran aportación de Kisame a la conversación presente.
Ella volvió a asentir.
- Sí. Como su ropa esta mojada mantiene su temperatura corporal baja, así que si se la queda ni se calienta ni se seca.- Explicó ausente con el torso torcido para mirar a la sala y Deidara.- Sin mencionar que terminará mojando la cobija también.
- Oh, sí.- Se quedó ahí sentado con los ojos clavados en la madera de aquella mesa, contemplando si debería hacerlo ya mismo o irse mejor a su habitación.- Ah, a… ¡Achú!- ¡Oh! ¿Qué diablos?
Se levantó de un saltó abandonando la manta sobre la silla y en un dos por tres la ropa voló a algún sitio en el suelo, zapatos incluidos. Hasta su bandana fue a parar a la mesa cuando se sentó de nuevo con prisa, envolviéndose en la manta igualmente.
- Así está mejor. Ku ku~- Se acomodó en su lugar sintiendo la tibies de aquella tela.- Tenías razón, Irania-san.- Cuando giro a sonreír a la chica se enteró de que al final desnudarse frente a ella tal vez no había sido tan buena idea como lo pareció en su momento.
Sus ojos marrones estaban abiertos de par en par, con un sonrojo apasionado.
No debió voltear. NO debió de haber volteado. Por qué, ahora se sentía como incapaz de apartar la vista del tiburón. Dejando de lado el predominante azul platinado en su piel… ese hombre se encontraba en posesión de un cuerpo de dios griego. Igual tenía que agradecer profundamente que se hubiese deshecho de todo, de todo menos de la ropa interior. Gracias. Daba gracias de que se hubiese quedado con la ropa interior. Y ahora, Kisame ya se había dado cuenta de que le miraba. Mierda. Se enderezó rígida en el asiento y miro al frente a la pared.
- ¡Ki-Kisame-san! No me refería a aquí y ahora.- Espetó. Si tan sólo pudiera controlar su sonrojo.
- ¡Whoops! Lo siento.
- Ya da igual. Sólo… ¡Sólo vaya a tomar un baño y póngase un cambio de ropa!- Trató de mandarlo lejos de inmediato.
- Sí, sí.- Y entonces se fue a perderse lejos.
Irania se dejó caer sobre la mesa una vez que se encontró sola. Al menos, sin compañía de alguien que se hallara consiente. Suspiro.
- ¿Por qué estas cosas me tienen que pasar a mí?
En ese momento un escalofrió recorrió sus brazos descubiertos. Tal vez también ella debería ir por un cambio de ropa. Lo malo era que sólo le quedaba uno, y era su uniforme de instrucción. Decidiendo aguantar su deseo de no ensuciar el uniforme se puso de pie, reiterando su necesidad de secarse cuando sintió que se le caían los pantalones de lo pesados que estaban. Paso por la sala dispuesta a darse prisa, cuando un quejido la detuvo en seco. Miro a Deidara mordiéndose los labios nerviosamente. ¿Se iba y se daba prisa con eso o se quedaba ahí para seguir cuidándolo? ¿Qué se supone que debía de hacer? Deidara se quejó una vez más en sueños. Esta vez más fuerte, más lastimero.
- En serio debe de haber algo realmente mal conmigo.
Se devolvió hasta el comedor donde tomo otro cobertor y luego entro en la cocina. En apenas unos minutos y ya estaba devuelta sentada en el suelo contra el sofá donde Deidara parecía hacer de todo menos dormir pacíficamente. Flexiono las rodillas para poder abrazarse a ellas con un brazo y con el otro apretó la manta con fuerza. Una extraña y bastante desagradable sensación empezó a formarse a su alrededor succionando todo el aire que necesitaba, mientras que en su interior algo parecido se expandía y retorcía buscando una manera de salir.
- Y de nuevo, ¿Por qué esto me tiene que pasar a mí?- Su desolado susurro murió sin orgullo ni reconocimiento ante los acentuados quejidos y gemidos de dolor de Deidara.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
- Llueve, llueve, y no para de llover.
Aquella voz cansada cruzo la oscura estancia com un fantasma al surgir de entre la neblina. Konan casi se encogió ante la repentina aparición de esta en el espacio. Giró a ver a quien había hablado meramente confundida.
- ¿Nagato?- Le llamó.
Siendo su forma de pedir una explicación. El esquelético cuerpo al final del salón se tomó su tiempo para responder.
- Tengo un mal presentimiento, Konan. Uno muy malo.
- ¿Sobre qué?
Otra vez no respondió hasta después de un rato. El si lo había hecho pensando en si debía o no contarle, o por qué le costaba trabajo hablar en su estado era algo complicado de deducir.
- No lo sé.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
- Muchas gracias Itachi-san.- Irania reverenció al Uchiha en agradecimiento.
Después de que este le hubiera ayudado a llevar a Deidara de vuelta a su habitación. Frente a la puerta de la cual estaban ambos en medio del pasillo. Itachi asintió en respuesta.
- ¿Cómo esta él?- Se atrevió a preguntar tras un momento de duda.
- La fiebre ha regresado, entre otras cosas. Ya no hay que preocuparse de que no pueda respirar. Está teniendo alucinaciones. También creo que el veneno ataca sus tejidos…- Notó de inmediato la baja en el volumen de su voz. Además evadía verlo a la cara como solía hacer cuando hablaba con él.- Y yo, yo…- Mordió sus labios y permaneció mirando al suelo con un brillo inusual en sus ojos.
Itachi no sabía tampoco que hacer o que decir. Aunque creía ya saber lo que había estado a punto de decir. No sabía si presionarla a terminar. Al final se acercó un poco y coloco sus manos sobre sus hombros y les dio un apretón que esperaba sirviera de algo. A pesar de eso ella no dio señal alguna de que así fuera, ni siquiera de que se hubiera enterado de lo cerca que estaba o que la estaba tocando.
- Yo…- Su voz resonó al final del pasillo como el recuerdo de algo lejano.- Temo que no sobreviva esta noche. Y yo ya no tengo nada que pueda hacer por él.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Un chillido interrumpió el caos que eran sus pensamientos en ese momento. No estando segura de si debía alegrarse o molestarse por ello, se frotó sus ojos que ardían de cansancio. Los giró a ver por la rendija de la puerta del baño como entre las sombras Karin se retorcía alrededor de un objeto peludo en una hipnotizante danza que le provocaba escalofríos. Su mano siguió acariciando el cabello de Deidara, quien se revolcaba en las sabanas de su futón dejando salir gemidos y quejidos lastimeros. Apretó los dientes con fuerza sintiendo que algo en algún lugar se derrumbaba. ¿Eso que escuchaba era la respiración agitada de Deidara o la suya propia?
- Silencio.
Su puño se estrelló contra el baúl de madera una y otra vez sin importar el dolor. Sus gemidos de dolor y sufrimiento llenando la habitación como una señal neón de que era su culpa. Todo era su culpa.
- Basta ya. Cállate.
Golpeó su puño aún con más fuerza, con más rabia. De repente el insoportable dolor que esto le causaba no era suficiente para distraerla de como a Deidara parecía escapársele la vida de la manera más dolorosa posible. La prueba de su sufrimiento inundaba la pequeña habitación, que a cada momento se hacía más pequeña, y parecía querer consumirla también. Un tibio líquido llenó su mano cuando el mueble ya astillado y su puño siguieron encontrándose a pesar de todo.
- Detente… Cállate, cállate…- Su visión era borrosa y la luz colgando del techo solo contribuía a su dolor de cabeza.
Deidara continuaba sufriendo. Ese sonido, ese maldito horrible sonido…
- Sólo cállate.- Otro chillido estridente de una rata más se hizo su camino en todo ese infierno. Pero no pudo brillar tanto como el canto de muerte de Deidara.- Ese sonido, de nuevo. Ese sonido…- Sus dedos se enredaron con fuerza en el rubio cabello.- No quiero escucharlo.- Y lo jaló. Jaló el cabello de Deidara con toda la fuerza que creía tener.- Guarda silencio. No me gusta el sonido que haces.- Pero Deidara no podía responder a su orden. ¿Acaso ahora lo hacía más alto?- Ese sonido tuyo…- Jaló una vez más. Y otra vez. Y otra.- Es asqueroso.- Jalo con más fuerza todavía, hasta que apenas y había una pequeña pausa cada vez que lo hacía. La cabeza de Deidara era zarandeada de un lado a otro. De sus ojos, cerrados con toda la fuerza, pequeñas lágrimas escapaban ante el nuevo dolor que lo azotaba.- Cierra la boca…
Demasiado. Su puño cubierto de sangre y con, posiblemente, más de un hueso roto. La luz, el dolor de cabeza, esa fuerza que se negaba a dejarla respirar. Deidara y su llanto. Sus pies azotándose con fuerza en el suelo. Deidara, Deidara muriendo... frente a ella. Por su culpa. Todo eso era demasiado.
- ¡Cállate de una maldita vez!
Y ahí estaba. Había saltado desde su sitio sobre Deidara y ambos puños aterrizaban sin compasión por el rubio o por ella, una y otra vez. Con fuerza y furia aterradoras. Al concierto de los chillidos de rata, los quejidos de Deidara y el 'pump' de los golpes, se había unido ahora sus propios gritos de histeria. Sólo un poco más… Los músculos que eran el cuerpo de Karin encerrándose sobre su presa, rompiendo huesos y botando ojos con la presión que causaba su emoción ante su próxima comida. Deidara gritando de miedo y dolor, ahora medio consciente de lo que ocurría. Un poco, un poco más… La luz en el techo ahora parpadeante, no ayudaba de nuevo en nada, dándole un avista más horrorosa al escenario. Sus manos ahora llenas de sangre ajena. Y la energía que desprendía la existencia de Deidara empezaba a desvanecerse. Una sonrisa se abrió paso en sus labios cuando supo lo que eso significaba.
Sólo un poco más, y todo terminaría.
- I-irania…
Sus ojos se abrieron de golpe cuando escuchó su voz llamándola, sintiéndose tonta de quedar medio dormida y también del salto que su cuerpo realizo de la sorpresa. Sacudiendo la cabeza para terminar de espantar el sueño, gateo hasta Deidara.
- Aquí estoy, Dei.- Le hizo saber acariciando su mejilla.
- T-tengo frio…
- Lo sé. Ya lo sé. Pero no puedo hacer nada, necesitas intentar bajar tu temperatura corporal.- Le explicó. Pero él pareció no escucharle.
- Tengo frio… M-mucho frio…
- Calma. No pasa nada.
- Tengo miedo, Irania.- Sus ojos azules lucharon para abrirse y encontrarse con los suyos.- ¿Quién es ese…?- Lloriqueo. Sus orbes ya llenándose de lágrimas.- M-me da miedo… un.
- Shhh, shhh. Tranquilo, estoy aquí.- Le aseguró con la voz más firme que pudo convocar en esa situación.- Todo está bien.- No supo de donde saco la fuerza para que su voz no se quebrara al decir eso, porque sentía que estaba mintiendo. Enredo ahora su otra mano en sus cabellos acariciándolos. Y acaricio su rostro de nuevo con una dulzura tan extraña que casi parecía maternal.- Estoy aquí.
- Tengo miedo…- Espetó en un murmullo agudo.- ¿Quién es…?- Las lágrimas caían por su cara siendo a veces detenidas por los dedos de Irania.- ¿Quién es él que está sentado al pie futón?- Lloriqueo.
Despego sus ojos de los suyo y los dirigió casi con tanto miedo como el rubio hacia donde señalaba. Expulsó aire con fuerza de nariz lentamente. Y obligó a su cuerpo repentinamente tenso relajarse. Devolvió a mirar a Deidara.
- No hay nadie ahí, Deidara.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Finalmente había conseguido que Deidara durmiera de nuevo. Poco después de que entre lágrimas el rubio la convenciera de dejarlo usar su regazo como almohada y que incluso le cantará. Demonios, nadie, absolutamente nadie tenía que enterarse de eso. Jamás.
Aunque seguía sin parecer un sueño agradable. Había dejado de quejarse un poco.
- ¿Qué rayos haces aquí?- Soltó al aire. Pero nadie respondió.- ¿Acaso pretenderás que no nos conocemos? ¿Qué uno de los dos no existe?- De nuevo nadie le respondió.- Eso en decepcionante. Después de todo este tiempo, viejo amigo.- Aquella última palabra la escupió con malicia juguetona.
Sus ojos se separaron por una vez del rostro del rubio y observaron con una extraña mezcla de diversión y odio, esa figura alta y blanca, sentada al pie del futón, mirándola.
- ¿Qué has venido a hacer aquí? Responde.- Lo que parecían ser los ojos del ser la abandonaron para mirar a Deidara con una sonrisilla en los labios.- ¡Ni lo pienses!- La parte superior de su cuerpo se dobló al frente elevándose sobre sus manos para tratar de cubrir todo lo que podía del cuerpo de Deidara.- Sólo sobre mi cadáver.- Gruño. Mostrando sus dientes en un siseo animal.- Y tú y yo sabemos que para eso falta mucho.- Su voz sonó triste. Pero se recuperó de inmediato y le dirigió una dura mirada.- Ahora… ¡Largo!
Respiró ruidosamente aún después de que se encontraban de nuevo solos. Se incorporó lentamente y acaricio distraídamente el cabello de Deidara.
- No durará mucho más, ¿O sí?- Susurró.
- Sasori volverá pronto. Él podrá sanarlo.
Las palabras de Itachi resonaron en su mente en ese momento.
- Él no podrá volver a tiempo. Creo que después de todo, sí hay algo que puedo hacer.- Con cuidado de no despertar a Deidara lo dejo sobre su almohada original y salió de la habitación, cerrando la puerta con cuidado. Salió corriendo com un caballo desbocado hasta su habitación.
Kisame fue a espiar por su puerta cuando escucho la carrera apresurada de alguien. Efectivamente, vio pasar a Irania en un flash al final de un corredor.
- ¿Y ahora qué?- Se quejó. Y aunque no quería hacerlo (En verdad, en verdad que NO quería) salió y fue a seguirla. Si algo andaba mal en todo eso, él quería saber cómo armarse una cuartada para zafarse de cualquier culpa.
Finalmente llegó hasta su habitación y abrió lentamente la puerta para espiar por una pequeñísima rendija. Dentro, Irania escribía a la carrera en un papel. Apenas y terminó corrió a sacar de su baúl una enorme valija negra, y esta vez de esta saco algo más. Y no podía ver de qué se trataba porqué, oh la casualidad, le daba la espalda y cubría sus acciones con eso. ¡Diablos! La curiosidad lo estaba matando.
- Matiel. Matiel, escucha. Necesito que me hagas un favor.*2
¡Bien! Eso significaba que no se había imaginado nada cuando la escuchó hablar incoherencias. Ahora, ¿Tenía que preocuparse al respecto de no seguir sabiendo lo que ocurría?
- Tienes que darte prisa. ¿De acuerdo? Confió en ti.*2
Maldiciendo en su interior por tener más preguntas que antes. Cerró la puerta con cuidado y volvió a su cuarto antes de que se enterara de su presencia.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
El repiquetear de la fogata y sus juegos de sombras habían pasado hace mucho a no ser suficiente distracción para que él pudiese pasar el tiempo. Era en momentos como ese en que creía llegar a sentir algo parecido al arrepentimiento por haberse convertido en una marioneta, sin necesitar o poder dormir consecuentemente. Al menos, al dormir el tiempo parecía pasar en un flash de relámpago. Parpadeó un par de veces reprimiendo el indignante impulso de suspirar derrotado. (No que alguien fuese a enterarse, pero era más como instintivo.) Esa noche en especial estaba pasando muy lentamente, demasiado desgraciadamente lenta.
- Puto Kakuzu…- Balbuceo Hidan entre sueños en su lugar junto a la fogata.- Maldito hereje… de mierda…
- Cállate ya… Hidan.- Repuso el moreno desde el otro lado de su improvisado campamento recostado a las sombras contra el tronco de un árbol.
Tenía que admitirlo. Verlos a ellos dos peleando aún dormidos había sido bastante gracioso (casi hilarante) las primeras nueve veces. Pero siendo esta la veinteava sexagésima*3 vez de la noche, ya se había también vuelto viejo y ahora en vez de entretenerlo le recordaba las muchas horas que todavía le quedaban por soportar. ¿Cuándo rayos iba a salir el maldito sol?
Se levantó de inmediato en una posición defensiva. En alguna parte del bosque algo brillante llamo su atención. Tras examinar minuciosamente el follaje hasta donde su vista alcanzaba por tres minutos exactos, decidió que solo se había tratado de su subconsciente buscando desesperadamente algo con que distraerlo. 'Buen intento cerebro.' Pensó. 'Casi me engañas.' Y estaba a punto de sentarse de nuevo cuando lo vio otra vez. Una luz muy brillante en la oscuridad del bosque, alejándose. Ni si quiera lo pensó al ir tras ello. Lo que sea que fuera seguro sería mucho mejor que quedarse ahí sentado por horas esperando a por fin poder hacer algo más que sólo ver como la saliva goteaba fuera de la cavidad vocal de Hidan.
Aunque por un momento se sintió estúpido de correr hacia una trampa. Pero eso quedo atrás cuando se tropezó con una raíz. No podía hacer mucho, aquella luz era como hipnotizante. Apuró un poco el paso impacientándose de simplemente no alcanzarla. Pronto se halló a sí mismo corriendo, esquivando ramas, agujeros, piedras, arbustos y cuanto se topara en su camino. Era como si aquella luz hubiese aumentado también su velocidad para que no la alcanzará. Bastante confundido quedó cuando hasta él llego el sonido ligeramente perturbador de un bebé llorando. El sonido parecía provenir de aquella luz. Curiosamente esto sólo lo hizo correr más rápido todavía. No sentía lástima o preocupación por la pobre criaturita que había sido raptada por el espectro luminoso… ¡Pero demonios! ¡Tenía que alcanzar esa luz ya!
Se detuvo en seco cuando la luz decidió encararlo de repente. Entre cerró los ojos de lo fuerte y brillante que esta era. El llanto se incrementó durante un momento. Él continuó tratando de ver algo que negara el que había seguido a un alma en pena. Por qué, los fantasmas NO existían, ¿Verdad?
Entonces el llorar del niño cesó y lo pudo ver. Sólo podía pensar dos cosas en ese instante. "¿Qué mierda es eso?" y "¿Por qué carajos lo seguí?" Frente a él en el extremo de un claro terroso se encontraba lo que parecía ser un león enorme. Sus ojos cerrados casi por completo escondían la potente luz del sol, y sus patas envueltas en llamas iluminaban su cabeza y alrededor. Su cuerpo hecho de tierra se confundía con su alrededor. De los ojos del animal se derramaron unas pocas lágrimas sangrientas, y profirió un rugido en su dirección que a él le pareció que fue el grito de un niño antes de desaparecer por completo.
Se quedó ahí parado, en silencio.
- ¿Qué rayos acaba de ocurrir?*4- Murmuró. Miró a su alrededor buscando rastros de aquella bestia. Lo único que hallo fuera de lugar fue una hoja pulcramente doblada en donde aquel animal había estado parado. Sería tonto ir a por ella, ¿Cierto? La solución era simple también.
El papel flotó hasta él cuando lo invocó con sus hilos de chakra, una forma bastante útil de eludir cualquier posible trampa. Dudoso, pero aún curioso, lo desdobló y tranquilamente comenzó a leer. Su agarré en el mensaje se apretó y sus ojos viajaron por las líneas una vez más, queriendo creer que había leído mal algo. Pero no, el mensaje seguía siendo igual a cuando lo leyó la primera vez. Y ya estaba corriendo de vuelta a su campamento.
- ¡Despierten!
Kakuzu se saltó en pie de inmediato, giró sobre su eje mostrándose amenazante y entonces ese calcular frio se volvió en enojo viendo que nadie los estaba atacando y que Akasuna estaba echando el alma a gritos.
- ¡Levántense! ¡Rápido!
Respiro profundo y contó lento hasta cinco. (Por que la paciencia no le alcanzaba para hacerlo hasta diez.)
- ¿Qué rayos te pasa ahora Akasuna?- Gruño dando a mostrar su irritación en cada silaba.
- Tenemos que irnos.- Respondió el pelirrojo atropellando las palabras.- ¡Maldición! ¡Mueve tú trasero Hidan!- Gritó metiéndole una patada al albino en la espalda.
- Uhmmm… ¿Ah? ¿Qué…? ¿Qué pasa?- Farfulló. El albino ahogando un bostezo y tallándose los ojos.- Yo no fui.- Escupió a la defensiva.
- ¡No me importa si fuiste tú quien hizo o no hizo lo que sea! ¡Debemos volver a la base ahora mismo!
- ¿A la… base?- Murmuró el albino empujándose para sentarse. Todavía muy adormilado.
- ¿Por qué? Sé que eres impaciente por naturaleza pero, ¿Qué hay con tanta prisa?- Bufó Kakuzu.
- Irania me mandó un mensaje.- Respondió. Era claro que se estaba enfadando.- Dice que necesita urgentemente que vuelva, que es de vida o muerte. ¡Ahora, vámonos!
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Apuesto a que más de uno no se esperaba esa escena sacada de Higurashi no naku koro... ni. ¡No me miren! Les advertí que las cosas se pondrían raras por aqui. Ahí van unas aclaraciones~
* un Dios perteneciente a la mitología de varias culturas indigenas de México, relacionado principalmente a la lluvia. A algunos nos gusta culparlo de todos nuestros males causados por estas en verano, y también por muchas cosas que no tienen ni una gota de agua que ver.
*2 Aquí Kisame no le entiende por que Irania estaba hablando español. Sí, Irania ha estado hablando Japonés todo este tiempo.
*3 ¿Alguien sabe si escribí bien eso? Se supone que tiene que referirse a la 26° vez.
*4 Recuerden que Sasori estaba en un estado muy inestable emocional y mentalmente hablando en el desierto, de ahí que NO RECUERDA a Matiel. Muy probablemente debido a que su cerebro bloqueo esas memorias por ser dolorosas y confusas. También, SÉ que estoy haciendo a Sasori muy 'Oc', pero todo tiene una explicación (que no daré ahora por que no tengo tiempo) y no se preocupen poco a poco volverá a ser el Sasori huraño y sádico que todos amamos~ xD
Pues espero les haya gustado, chaochao byebye~!
¡No se olviden de dejar review o, o, o...! ¡O IRANIA BESA A KISAME!
Irania: OxO!?
