Hetalia no es mío, le pertenece a Himaruya-Sensei, aun que si me caso con él… No, mejor que siga siendo suyo.

Como decía, Hetalia es de Himaruya-Sensei, yo solo tome prestados sus personajes.

Y a petición de quienes si querían la continuación del cap.9; He aquí la versión de Francis, espero les guste.

Al final se encuentran las respuestas a su reviews, y un pequeño adelanto del cap.12 y cap.13, Junto con mi decisión final respecto al poll que les deje. Espero sea de su agrado que me tomo un buen pensarlo.

Ah, y también recordandoles que tengo facebook: Linum Bonnefoy-Kirkland. Donde subo dibujos y a veces cosillas FrUK para a quien le interese.

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Desde el punto de vista de Francis.

Cap.11

La vi sentada en las gradas. Le llame un par de veces sin obtener respuesta alguna. Caminé a paso veloz hacia donde se encontraba. Una vez frente a ella, solté:

-Tenemos que hablar.

Mi novia frunció el ceño, molesta. Se levanto y comenzó a andar a paso firme, gradas arriba.

-Hasta donde tengo entendido tú y yo no somos nada… Así que por ende, no tenemos nada de qué hablar. - dijo cortante sin mirarme.- Y ahora, si me disculpas…- soltó echándose a andar.- Me gustaría estar sola.

Apreté los puños. Odio esto. Maldita sea la hora en que a esa chica se le ocurrió coquetearme en el parque… Y maldita sea la hora en que Jeanne se dio cuenta de que la estaba observando, pero es que… debo admitir que esa tía era en verdad guapa y… ¡Diablos!

Sacudí la cabeza. No tenia caso enojarme ni arrepentirme por lo que ya estaba hecho. Lo único que puedo hacer es tratar de arreglarlo… lo cual sería sencillo si no fuese porque mi novia es bastante terca y orgullosa.

-Jeanne…

-Déjame sola.- soltó.

-Jeanne, por favor, escúchame…- le pedí.

-Dije que me dejes en paz, François.

-Es que, Jeannie, ma cherie… Puedo explicarlo…- Lloriqueé. Jeanne se detuvo y se volteo hacia mí.

-Bien…- soltó fríamente, mirándome como si fuese basura.-Tienes solo cinco minutos para explicarte, y más te vale que no sea una pérdida de tiempo.

- Yo… esto…sobre esa tía tan guapa…- solté nervioso.- No pude resistirme a verla pero… - Jeanne me fulmino con la mirada.- Quiero decir, sabes… Es que es algo… -titubeé.- Genético, tú sabes, ¿No? Cuestión de masculinidad… y yo… ah…- me miró más feo aun.- Tú sabes, ¿Me entiendes, no?

-No.- soltó.- No entiendo de qué diablos me estás hablando.

-¡Te juró que no era mi intención desviar la mirada!- chillé sintiéndome desesperado.- Es que no puedo evitar ver a las tías guapas que se atraviesan en mi camino pero, no es porque tu no seas guapa, es que ellas son tan lindas…- Jeanne se empezó a poner colorada, lo cual no es muy buena señal.- no quiero decir que tu no seas linda, claro…, esto…, de modo que, puede sonar como una excusa pero…

-¿Esa es tú gran explicación?- gritó interrumpiéndome.- No trates de hacerme cumplidos ni de engañarme con algo tan estúpido…- se dio vuelta y echo andar a paso veloz.- ¡Donjuán de mierda!

"Diablos… ¿Por qué soy tan malo explicándome?"Pensé, mientras corría tras ella.

-¡Jeanne!- grité tomándola por los hombros y acto seguido la giré hacia mí.- ¡Por una vez en tu vida deja de ser tan terca y escúchame!- Jeanne desvió la mirada.-Por favor…- dije.- Tú sabes que no es mi intención, sé que soy muy coqueto y que eso… no es de buen gusto…

-Es lo peor que puedes hacer…- farfulló.-Se supone que vas conmigo…

-Lo sé…- dije.- Pero tú sabes cómo soy…- me miró. -Y también sabes que eres valiosa para mí; no importa cuán guapa sea la chica que pase frente a mis ojos, tú eres la única a la que quiero.

-Sí, lo sé, pero estoy harta de que siempre que salgamos sea lo mismo…- soltó.- Francis, yo te quiero, pero debes de dejar de hacer eso si quieres que esto funcione…- su mirada se volvió sombría- Mira, yo sé que no soy la más femenina… ¡Pero soy mejor que esas!

-Jeanne…- sonreí con ternura.- Créeme que no es eso. Es solo… mmm… que soy un chico.-Mi novia me miró como si fuese un idiota. -Un chico un tanto estúpido…- dije.- No tiene nada que ver el hecho de que tú seas un tanto… menos delicada que las otras chicas, ni el hecho de que seas grosera, ni brusca, ni…- miré a Jeanne. Estaba completamente roja y temblaba… de rabia.

-Así que soy poco femenina…- me reclamó.- Y grosera… ¿No te falto decirme que soy hombre?

-¿¡Qué! ¡No! Espera- solté.- no es eso lo que quise decir…-balbuceé- bueno, es cierto que en ratos actúas como un chico pero… -Jeanne me miró con odio.- ¡Pero si tú misma lo dijiste!

-Ah, ahora resulta que porque lo dije yo, te sientes con todo el derecho de restregármelo… ¡Eres un idiota!- gritó pisándome.

-Merde…- farfullé sintiendo mi pie palpitar.

Jeanne echo a correr gradas arriba. Corrí tras ella.

-¡Jeanne!

-¡Déjame en paz, maldición!

-Por favor…

-¡No!

-Mira, sé que no lo dije de la mejor manera, pero yo…

-No me vengas con tonterías, Francis…- gritó.- Mejor búscate otra novia…

-No quiero…- solté molesto.- No quiero una novia bonita y femenina, o tierna y delicada… ¡No cuando tengo a una chica como tú!

-Solo cállate, quieres…- me pidió.- Mi paciencia llego a su límite, ¡Eres un tonto y no quiero volver a verte!- gritó.- Estoy harta de que me digas que ya no harás algo y que no me cumplas.

-Jeanne…- solté acercándome.

-¡Basta ya!- dijo retrocediendo bruscamente.- Ya d…- mi novia dio un respingo. Había pisado en el filo de la escalera perdiendo el equilibrio. Estiré la mano con fuerza tratando de tomarla; pero no fui lo suficiente mente rápido… Cuando caí en cuenta ella se encontraba rodando violentamente gradas abajo.

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-¡JEANNE!- grité levantándome bruscamente de la cama. Sentía mi corazón latir a todo lo que daba y me costaba trabajo respirar. Vaya manera de despertar…- Solo fue un sueño…- solté temblando.- Solo un mal sueño, un muy mal sueño… un terrible recuerdo…- mascullé.

Di un largo suspiro. Relájate, Bonnefoy. No tiene caso mortificarse por algo que ya paso… y que en definitiva ya no puede solucionarse.

-Jeanne…- solté.- Necesito verla….

Miré el buro al lado de mi cama. Abrí con dificultad la gaveta de este. Solo un momento, aun que duela… debo sacarme esa terrible escena de la mente. Saque una foto que tenía guardada dentro de un libro de filosofía… que jamás leí, ni leeré.

-No puedo creer que perdí a la chica más bella de Francia.- solté esbozando una sonrisa triste en el rostro.- Por una estupidez…

Di un último vistazo a la foto y volví a guardarla.

-Ah, bien, ya que estoy despierto…- dije poniéndome de pie.- Es mejor que baje a preparar el desayuno.

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Me encontraba en la cocina preparando unos hot cakes. Hace tiempo que no hacía y realmente tenía antojo de unos. Al poco rato, me percate del sonido de unas pisadas. Alguien ya había despertado y al parecer venia justo a donde me encontraba.

-Ah, b- buenos días, Fra…- dijo entre bostezos mi hermanita, que aun se encontraba en pijama, entrando a la cocina.

-Buenos días, Sey.- le salude tratando de sonar tranquilo.

-¿Qué estás haciendo?- soltó estirándose.

-El desayuno.- dije obvio.

-Eso ya lo sé…- exclamó molesta.- Lo que yo pregunto es…- Sey miro el plato en donde tenía los hot cakes ya hechos. Sus ojos brillaron, de la misma manera que brillan los míos cuando veo una chica realmente buena. -¡HOT CAKES!- gritó emocionada dibujando una sonrisa en su rostro; acerco la mano para tomar uno.

-¡Ni lo pienses, señorita!- exclamé dándole una palmada.- ¡Aún no termino!

-Jo… ¡Eso me dolió, Fra!- lloriqueó.- ¡Que malo eres!

-No exageres.- le pedí.- Ni siquiera te di con fuerza.- me volví a lo mío.- Además, sabes a la perfección que los sábados desayunamos en familia, así que sería grosero que iniciaras sin nosotros.

-Suenas igual a una mamá regañona…- dijo haciendo morritos.- No, mejor dicho: Eres como una mamá regañona.

-Yo no soy como una mamá regañona.- chisté.

-Claro de que si…- dijo a la defensiva.- Eres gritón y siempre estas hablándome de tener buenos modales: Igual que una madre.- explicó señalándome.- ¿Y sabes algo?- inquirió.- Creo que partir de hoy empezaré a llamarte así, ¿Qué dices, mamá?

-¡Digo que no soy así!- solté.- ¡Y no me llames mamá!

-Qué gritona eres, mamá.

-¡Que yo no soy gritón!

-Claro de que sí.- dijo burlona.

-¡Basta ya, Sey! ¡No es divertido!

-Jo… - gruñó.- ¿Ves como si eres gritón y regañón?- dijo frunciendo el entrecejo.- ¡Sí ameritas que te compare con una mamá!

-¡Ya te dije que no!- exclamé.- ¡Además, ni siquiera parezco mujer!

-¿No?- soltó con sarcasmo.- ¿Seguro? Porque de no ser porque tienes cierta cosa, tú podrías bien pasar por mujer.- dijo seria.

-Ya cállate.- le ordené a Sey autoritario, esta me lanzó una mirada desafiante.

-Y qué si yo no quiero callarme, ¿Eh?

La miré fijamente. En verdad odio cuando se pone así, queriendo mandar y ganar. Como hermano mayor no le puedo permitir eso, incluso si se enoja conmigo.

-A parte de gritón, dramático…- farfulló.

-¿Qué dijiste?- le espeté molesto.

-Dije que eres un…

-¿No creen que es algo temprano para discutir?- nos interrumpió la voz del abuelo de pronto, metiéndonos un susto de muerte.- Creí que ustedes ya no discutían… - soltó con aire abatido.- Pero veo que me equivoque…- dijo. Soltó un largo suspiro.- Como sea, vengan al comedor que tengo algo para ustedes.

Seychelles y yo intercambiamos miradas. ¿Algo para nosotros? ¿Qué podría ser?

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En cuanto entramos al comedor, nos encontramos con la vista de una mesa llena de cajas; mejor dicho regalos, ya que todas eran de colores llamativos y llevaban lazos atados.

-¿Qué es? ¿Quién los envía?- preguntó Sey curiosa.

-¿Por qué no lo averiguas por ti misma?- soltó el abuelo, apilando estos.

Sey asintió y paso veloz se acerco a la mesa y tomo uno. Con cuidado tomo el tarjetón que había sobre este y comenzó a leerlo. Se volvió a mí con los ojos abiertos de par en par completamente emocionada.

-¡Los envían papá y mamá!- gritó dando saltitos de alegría.

El abuelo sonrio complacido. Y yo también. Cuando se lo propone, mi hermana aún puede ser linda… Pero, algo dentro de mí me decía que su felicidad no iba a durar mucho.

-Lamento no haberlos sacado antes, pero últimamente he estado ocupado.

-¿Tiene mucho de que los enviaron?- preguntó mi hermanita mirando el paquete en sus manos con deseo.

-Como tres días.- respondió.- Y bien, ¿Qué esperan para abrirlos?- soltó mirándonos.

Me quede en silencio, mirando los regalos. Esto no pinta nada bueno. Por lo general papá y mamá no envían algo así por así… Siempre hay una enorme razón, o un por qué o pero de por medio. Y no dudo que esta vez sea lo mismo.

-¿Francis?- me llamo Sey sacándome de mis pensamientos.- ¿Ocurre algo?

-No… - solté meneando la cabeza.- Solo creo que sería mejor que los abramos después de desayunar.- sugerí.

-Anda, Fra… ¡Vamos abrirlos! ¡Por favor! ¡Por favor!- rogó sin dejar de sonreír. -No será lo mismo después…- tomo el extremo del lazo.

Me acerque a la mesa, para ser precisos al lado de Sey. Mi hermana tiro del lazo que mantenía cerrada la caja y quito la tapa de esta. Ambos miramos en silencio, perplejos, lo que había en el interior de esta.

-¡LINDO! ¡DIVINO, DIVINO, DIVINO! ¡Es hermoso!- soltó sacando el vestido blanco que se encontraba dentro.- ¡Me muero por probármelo!

-Espera un momento, ma cherie…- le pidió el abuelo.- ¿No vas a ver qué más enviaron?

-¡Tienes razón!- gritó Sey juntando la manos completamente emocionada.- ¡Sera mejor abrirlos todos de una vez!- tomó otro paquete al azar.- ¡Vamos! ¡Adelante!- gritó tirando del lazo.

Di un largo suspiro… Ahí vamos.

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Para cuando Sey termino de abrir todos los obsequios ya era un poco tarde. Mi hermana estaba vuelta loca con tantos vestidos que ya no sabía ni que hacer. A mí también me habían enviado cosas pero la verdad no me entusiasmo mucho. El abuelo en cambio, se hartó de estar sin hacer nada y se levanto de la mesa.

-Lleva eso a tu cuarto, cherie…- pidió.- Y apresúrate a cambiarte para ya irnos.

-Sí.- soltó Sey tomando los vestidos.

Una vez que dejamos los obsequios arriba. Bajamos para por fin desayunar. Cuando llegamos a la mesa ya todo estaba servido y listo para comerse.

-Bueno…- soltó soliendo de la cocina con unos vasos en la mano.- No se ustedes, pero yo me estoy muriendo de hambre…- dijo riendo.

Ambos asentimos y nos sentamos a comer. El desayuno transcurrió tranquilo, entre charlas sobre el club, el final del trimestre, exámenes y cosas por el estilo; aun que al final todo terminaba en un mismo tema: Los obsequios que enviaron papá y mamá.

-Y bien…- soltó el abuelo.- Cambiando de tema…- vaya, ya era hora.- ¿Por qué tanto discutían en la mañana?- cuestiono con seriedad.

Tragué saliva. De haber sabido que ese iba a ser el tema hubiese preferido seguir escuchando a Sey alardear sobre todos los lindos y nuevos vestidos que tiene. Mi hermana me miró seria, después se volvió al abuelo.

-Es que mamá Fra no me dejaba comer.- Dijo con una sonrisa maliciosa. El abuelo le miro confundido.

-¿Mamá?- soltó perplejo.

-Deja de llamarme mamá.- le pedí.

-Pues eso es lo que eres: una madre gritona.

-¡Qué no soy gritón!- chisté molesto.

El abuelo nos miró serio, después se echo a reír. Lo miré. No lo comprendo, hay días en que nos regaña por todo y otros en los que nos encuentra de lo más divertidos; creo que hoy es justamente uno de esos días.

-Ustedes dos son un estuche de monerías…- dijo sin dejar de reír.- Pero ya…- soltó recuperándose.- Vístete Sey o llegarás tarde a tu club.

-Cierto.- exclamó esta levantándose bruscamente.- Voy a ponerme ese hermoso vestido blanco que me enviaron, y bajo en seguida…- finalizó. Y acto seguido echo a correr escaleras arriba.

Miré a Seychelles subir. No dejaba de sentir que algo no estaba bien… Algo dentro de mí me decía que esta felicidad solo era momentánea.

-Las mujeres son algo vanidosas, ¿No crees?- soltó el abuelo riendo.

Me limite a asentir. No es que no quisiera seguirle el juego, pero ahora tenía esa idea dándome vueltas en la mente. Tal vez aun seguía algo consternado por el sueño de Jeanne; pero estaba seguro de que eso era punto y aparte.

-¿Qué ocurre?- me preguntó este sacándome de mis pensamientos.

-Nada…- solté meneando la cabeza.- ¿Qué se supone tiene que ocurrir?

-A mi no trates de engañarme.- dijo con un tono un tanto austero.- Tienes rato serio; y no creas que voy a tragarme un "no, no es nada" como respuesta.

-Pues bien…- solté.- En vista de que me estas pidiendo sea honesto… hay algo que debo preguntarte.

-Dime.

-¿Has hablado con ellos?- pregunté.- ¿O te han llamado? Porque honestamente no creo que…

-No he sabido nada de Jean-Pierre y Annaïs si es eso lo que quieres saber.- dijo interrumpiéndome.- No sé porque haces este tipo de preguntas así tan de repente.

-La última vez que enviaron tantas cosas fue cuando Sey cumplió once, ¿Recuerdas?- exclamé.- Ellos llamaron de último momento para decir que no vendrían, el mismo día que llegaron un montón de regalos.

-Ah, si… eso-soltó.- Tranquilo, Francis…- dijo colocándome la mano en el hombro.- Se que ellos siempre hacen esto cuando se presenta un percance. Pero créeme, de ser así ya me hubiesen llamado…- me miró.- O te hubiesen llamado a ti. Así que, en vista de que no lo han hecho, lo mejor que puedes hacer es no sacar conclusiones apresuradas.

Asentí no muy convencido. Sí, claro. Para él es fácil decirlo. Él no tuvo que consolar a Sey, ni ver su mirada llena de desilusión; él no tiene que convencerla a cada rato de que ellos si la quieren, no la tiene que estar cuidando, ni vigilando, ni viendo por ella de la manera en que yo lo hago y…

Dios, Sey tiene toda la razón… en verdad sueno como una madre.

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-¿Sabes, Fra?- soltó mi hermana tratando de atar los lazos de sus zapatillas.-He estado pensando en algo, de hecho tiene un buen de tiempo dándome vueltas en la mente.

- ¿Ah, sí? ¿En qué?- pregunté mientras quitaba los lazos de sus manos y los ataba debidamente.

- ¡En que te hace falta salir de casa!- exclamó señalándome. La miré serio.- Y no me mires así. Últimamente has estado bastante raro y la verdad es que no me está gustando.- soltó.- Además, me parece insano que te quedes todos los sábados en casa, sin hacer absolutamente nada, es más creo que…

-Solo espera un momento.- le pedí, interrumpiéndola.- ¿Cómo que absolutamente nada? Para que te lo sepas yo hago muchas cosas.- le espeté.

-¿Las haces?- soltó Sey incrédula.

-Sí, las hago. Yo limpio, cocino, hago las compras, lavo la bajilla, pulo la plata, lavo la ropa; en fin, hago muchas cosas aquí.- exclamé entrecerrando los ojos.

-Cosas que bien una doméstica puede hacer si el abuelo afloja algo de plata.- soltó Sey.- No es tu responsabilidad.

- Pues no, no lo es.- solté.- Pero dejemos eso de lado y mejor explícame…- dije terminado de atar los lazos.- ¿Según tú por qué necesito salir más y en qué sentido estoy raro?

-Para empezar, estas bastante serio, en ratos parece que ni siquiera estas aquí.- dijo.- Después de la nada te pones gritón e histérico… y últimamente siempre luces afligido y preocupado.

-Pues no lo estoy…- dije.- Son solo cosa tuyas.

-No. No son solo cosas mias.- dijo levantándose.- A ti lo que te hace falta es hacer algo más que solo estar en casa como una madre…- dijo. Traté de abrir la boca, pero Sey ya había metido la directa.- Necesitas, no sé, hacer deporte, aprender a tocar un instrumento, cantar, salir, enamorarte. ¡Algo más que solo estar en casa!

-Ah…- suspiré.- Mira, Sey; primero que nada: No soy una mamá y dejemos eso, ¿Sí?; Segundo: Ya se tocar un instrumento, tal vez no lo recuerdes, pero el violín que tengo en el cuarto no está de adorno; Tercero: No me molesta en absoluto limpiar ni nada de eso. Lo hago con gusto. Y cuarto y último: Olvídate de eso de unirme a un club, eso no está hecho para mí y lo sabes a la perfección. Y sobre enamorarme… eso está en veremos. Ah, y deja ya de preocuparte. Ese es mi trabajo.

-Lo haría si me dieras razones para dejar de hacerlo…- farfulló entornando los ojos.- Pero parece ser que no me escuchas…- dijo.- Al menos trata de unirte a un club.

-Ya te dije que no estoy interesado, no creo que haya alguno que me apasione.

-Okey…- soltó.- Si ese es el problema, la solución es sencilla.

-¿En serio?- dije.- ¿Y cuál es tu solución?

-Solo es cuestión de crear tu propio club. Así de fácil. Es más…- exclamó.- ¿Por qué no consideras el reabrir el club de esgrima?- sugirió. -A fin de cuenta tú eras el jefe, ¿No? Además te sería fácil volver a comenzarlo puesto a que el equipo sigue ahí, tienes todo a la mano y…

No sé en qué momento deje de escuchar a Sey. Lo único que escuchaba era el sonido del metal de las espadas chocando una con la otra y junto con una vieja conversación que revoloteaba dentro de mi cabeza… "Ja, ¡touché!" "Sí, lo has hecho. Has tocado mi corazón, Jeanne" "… Francis..." "Yo te amo, Jeanne, y te amaré por siempre."

-…Y así de fácil.- finalizó Seychelles dándome una palmada en espalda.

Sentí un nudo formarse en mi garganta. No. Ni hablar. Eso era agua pasada.

-Así que, ¿Qué dices?

-No.- escupí secamente.

-¿Eh? ¿Cómo qué no?

-Simplemente no.- dije cortante.- Eso se acabo y no seré yo quien le dé inicio de nuevo.

-Jo…- soltó Sey haciendo morritos, molesta.- Eso no es una repuesta. Además, si eres, eras y sigues siendo bueno para algo no deberías dejarlo en el olvido…,-tomo un suspiró, y prosiguió.- sin importar el motivo por el cual lo dejaste en primer lugar.

-Ah, Sey…- suspiré.- Tú no lo entiendes, ¿Verdad?

-Trató, ¿Sabes? Pero estoy harta de hacerlo.- exclamó bajando la mirada.- Bien, ¿Sabes qué? Olvidalo.- soltó.- Igual si no quieres, no voy a obligarte.- dijo con un aire resignado.- Fui una tonta al creer que podría convencerte de ir, por creer que sería divertido que ambos fuésemos y viniésemos después del club…- tomo su bolso y echo a andar.- Disculpa a esta ingenua por molestarte. Nos vemos. - acto seguido mi hermana salió disparada, dando un portazo.

Merde… Creo que esta vez en verdad la herí.

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-¡SEYCHELLES!- grité. Mi hermana estaba a escasos pasos del auto, donde el abuelo la esperaba impaciente.- ¡Sey, espera!- Esta hizo caso omiso a mi llamado y subió al asiento trasero del automóvil.- ¡SEY!- le volví a llamar.

-¿Qué?- respondió secamente sin mirarme. Corrí hasta donde estaba.

-Cambie de opinión…- solté recargándome de la puerta.- Me voy con ustedes.

-¿Seguro?- soltó sin mirarme, cabizbaja.- Porque si te sientes obligado… me dolería mucho si fueses solo por eso…

-No. No es por eso…- mentí. La verdad es que me sentía un tanto culpable.- Es que creo que tienes razón con eso de que debería de hacer algo más.

-¿En serio?- dijo sin levantar la mirada.

-Sí. En serio.- solté.- Ahora hazme espacio para subirme yo también.

Mi hermana asintió. En silencio se hizo a un lado. Abrí la puerta del coche y me subí.

-Ah, vamos entonces…- dije mirándola. Pude notar cómo se restregaba el rostro con una mano.- Sey…- dije apartándole esta.- Mírame. No llores, por favor.- le pedí. Mi hermana no me hizo caso.- Vamos, muéstrame ese lindo rostro…- dije tomándola por la barbilla para mirarla.

-¿Quien dice eso?- dijo mostrando una amplia sonrisa de satisfacción en el rostro. Un rostro que no tenía ni rastro de lágrimas o tristeza alguna. La miré confundido.- De lo contrario, estoy feliz de ver que aun no pierdo el toque.- Y de pronto entendí. ¡Lo tenía todo planeado!

-¡TÚ!- solté sintiéndome arder.- ¿¡Cómo pudiste!

- Lo sabía. Aun no pierdo mi encanto. – soltó Sey riendo. Acto seguido, se recargo en el asiento del abuelo.- Te lo dije abuelito. Ya sabía yo que vendría.

Mire al abuelo, el cual me sonreía compasivo y con cierto aire de derrota.

-Creí que tendrías más fuerza de voluntad…- dijo.- Pero veo que al igual que yo, eres débil ante una mujer…- se volvió a Seychelles.- Y a ti te debo una cena.

-Pues sí. Así es.- dijo Sey con un aire suficiente.- ¿Y sabes a donde quiero ir? ¡A ese nuevo restaurant al final de la calle!

-Pero ese es muy caro…- exclamó el abuelo.

-Pero perdiste, y si no mal recuerdo, acordamos que si tu perdías me llevarías a cenar a donde yo quisiera.- le explicó.- Y yo quiero ir ahí.

-Eso me pasa por irle al lado equivocado…- masculló.

-Un segundo.- exclamé.- ¿Es que acaso me usaron como sujeto de apuesta?

-Sí.- admitieron tranquilamente, y se volvieron a su discusión.

Me deje caer en el asiento y respire profundamente. Dios, como pude olvidarme de lo mald… maliciosa que puede llegar a ser Seychelles. Pero bien, ya estaba ahí y de camino a la escuela. No podía dar marcha atrás.

-Oye, Fra…- me llamó Sey.

-¿Qué quieres?- solté sumiéndome en el asiento.

-¿Sabes jugar futbol?

-Sí, ¿Por qué?- respondí secamente.

-Porque Xóchitl me comentó el otro día que hay una vacante en el equipo, y estaba pensando en que tal vez tú podrías cubrirla.

-¿Eh?- solté.- A mi Antonio no me dijo nada.

-Es porque tiene poco que ocurrió.- explicó.- Al parecer Sandra no podrá jugar por un tiempito…

-¿Y eso por qué?- pregunté enderezándome.

-¿Y yo como diablos voy a saberlo?- exclamó.- ¿Es que acaso tengo escrito periódico en la frente?

-No, pero…

-Ya lo sabrás…- soltó.- Una vez allá.

Me limite a asentir. No tengo ganas de terminar metido en más líos, (No al menos por parte de Sey); ni ganas de entrar al equipo de futbol. Aun que la curiosidad me carcomía, ¿Qué le habría pasado a Sandra? Bueno… supongo que tendré que sacrificarme, e ir a la cancha a averiguarlo.

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Cuando llegamos, Sey se fue por su lado y yo por el mío (No sin antes acordar que nos veríamos después en las canchas). En fin, me fui a paso lento hacia la cancha donde el equipo de fut-bol realiza sus prácticas porque, honestamente, aun que no tenia deseo e interés alguno por unírmeles, quería saber cuál era la razón por la cual Sandra no podía jugar; y aclaro que no soy cotilla ni nada por el estilo, solo me gusta estar bien informado.

Bien, como sea… Iba a paso de tortuga hacia las canchas y entre más me acercaba mayor era el escándalo que se escuchaba. Al parecer, como para no perder la costumbre, los latinos estaban en plena discusión. ¿Cómo lo sé? Es simple, la voz de Xóchitl y de Santi son inconfundibles, ese par siempre se la pasa peleando, gritando… Son tan p…

-¿Por qué jolines todas nuestras reuniones terminan así?- reprochó Antonio (interrumpiendo mis pensamientos) molesto.

Me detuve en seco. No es que fuera la primera vez que escuchará gritar a Tonio, pero si me era extraño. La verdad es que para que él se ponga de malas las cosas deben de ir en verdad muy, pero MUY, mal.

-¡Porque eres un pendejo, por eso!- chilló Xóchitl respondiendo a su pregunta.

Miré a la ex de Antonio. Me sorprendí mucho al verle puesto un vestido, y que se le viera bien. Tomando en cuenta lo desaliñada que es y grosera, a pesar de ser tan guapa; a veces me cuesta trabajo creer que sea una chica y mucho más trabajo el hecho de que mi amigo haya salido con ella. ¿De dónde saco paciencia?

-¡Óyeme, bastarda ésta!- gritó Roma mirándole feo.- ¡A este idiota nadie lo insulta más que yo!- concluyó aferrándose a Tonio.

Otra linda chica con un vocabulario… poco apropiado. Estoy empezando a sospechar que mi amigo es masoquista.

-Esas palabras, chicas…- les regaño Piero el cual, por cierto, se encontraba recostado en el césped con una toallita sobre el rostro.

-¡Cierra el pico, entrometido!- exclamaron a la par las aludidas.

-Okey, por eso decía que mejor me callo…- dijo Piero en un tono bobalicón.

-Hermana…- soltó Felicia nerviosa tomando a Roma por el brazo.- Tranquilízate, por favor…- le pidió.

Roma hizo caso omiso a la petición de Felicia y siguió discutiendo con Xóchitl. Di un largo y profundo respiro. Esto siempre ha sido así, bueno, de hecho era peor. Antes Xóchitl hubiese respondido al insulto con otro peor; esta vez solo se limito a mirarla como si fuese un bicho e ignorar cada una de sus palabras, y en ratos a responder de manera retórica o con sarcasmo, lo cual molestaba aun más a Roma. Felicia y Sandra (que ahora que lo pienso: ¿Qué es lo que hace aquí? ¿Qué no se supone no iba a venir un tiempito?) Les rogaban que se calmasen, mientras que los demás… bueno, cada quien estaba en lo suyo.

Eche a andar nuevamente. Si me quedaba de pie a esperar a ver a qué hora se calmaban me podía ir despidiendo de llegar a casa esta noche. Además, no pensaba estar ahí sin hacer nada, aburriéndome. Al menos con ellos tendría de que hablar. Como sea, me pare tras de Tonio, él cual no se había dado cuenta de mi presencia, y le di un ligero puntapié en la espalda baja. Éste se giró.

-Hola…- le salude haciendo el ademán correspondiente.- ¿Interrumpo algo?- dije haciéndome el ingenuo.

Antonio me miro contrariado, después dio un suspiro de alivio y sonrio.

-En absoluto.- exclamó.- De hecho nosotros solo…- dijo mirando a Xóchitl, después a Santi y por último a Roma.- Estábamos en reunión, pero ya terminamos.- se volvió a mí.- Pero eso no importa.- exclamó.- Lo que me sorprende es verte aquí. Tenías un buen sin venir.

-Bueno…- solté.- Tú sabes, debes en cuando hay que salir de la rutina.

Antonio entrecerró los ojos poco convencido.

-¿Te trajo Sey, verdad?- inquirió.

-Tú sí que me conoces, mon ami…- dije.- Ahora dime, ¿Qué hay de nuevo?

Mi amigo rio y me indico con la mirada que me sentará a su lado.

-Pues…- dijo con aire abatido sin dejar de sonreír.- La novedad es que nos van a cancelar si no movemos el culo.

-¿Cómo?- solté contrariado.- Pero, ¿Por qué?

-Así como oyes, primo Fra…- dijo Felicia.- Al parecer el consejo estudiantil noto la falta de integrantes en el equipo y pues… e-esto…- se le quebró la voz.- esto…

-Los bastardos idiotas esos amenazaron con cerrar este club de mierda si no se completa para hoy.- clamó Roma molesta.- Pero se van a ir a la jodida, eso es seguro.

-Oye…- exclamé ofendido al recordar que Sey forma parte del consejo. Y de pronto reaccione. No era preocupación la suya, bueno si la era. Pero por el club. Ella era de quienes sabían de esto pero jamás menciono nada.

-¿Qué, bastardo?- dijo Roma aferrándose a Tonio.

-Nada.

-Pues…- soltó Xóchitl.- Sé que no es buen momento para recordarlo, pero nos siguen faltando integrantes.

-Lo sé, lo sé…- exclamó mi amigo dándole la razón.- Pero dime, ¿De dónde quieres que los saque?

-¿Quieres qué te diga?

-No, gracias.

-¿Qué tal ellas dos…?- sugirió Manuel, que hasta ahora no había hablado, señalando a las gemelas.- Creo que pueden ayudarnos, ¿No?

-Yo no.- exclamó Roma cruzándose de brazos.- A mi no me interesa lo que le ocurra a esta mierda.

-¡Hermana!- le regañó Felicia.- ¿No me digas que solo venias a ver como se lamentaban?- inquirió. La gemela mayor asintió.- ¡Eso es cruel!

-¿Y quien dijo que no lo fuera?

-Chamaca esta…- soltó Xóchitl molesta.

-¡Que mala eres, Roma!- lloriqueó Tonio.- Me deprimes…

-¿Y crees que eso a mí me importa, bastardo?

Xóchitl rechino los dientes. Sandra la tomo por los hombros antes de que las cosas pasaran a mayores. Manuel meneó la cabeza en señal de desaprobación.

-Genial…- exclamó.- Estamos como al inicio.

-Vamos, Manu- dijo Santiago rodeando al chileno por los hombros.- Ya habrá quien se nos una. Si ponemos manos a la obra nuestro groso club vivirá para reinar y decir: "Púdrete, soy mucho mas capo que vos"- exclamó triunfal bajando la mano hasta la cintura de este.

El chileno miró feo al argentino. Le tomo la mano y comenzó a apretarle con fuerza.

-Esta es la segunda…- soltó.- A la tercera que me hagas no vas a vivir para contarla.- le advirtió.

-Pero, pero…- lloriqueo el argentino.

-Sin peros.- dijo Manu haciéndose aun lado.

-Esto…- soltó Feli. Nos volvimos a ella.- Yo… yo si estoy interesada.

-¡Hurra!- exclamó Alejandra.

-Eres un amor, Felicia…- dijo Antonio con una expresión de adoración abrazándola.

-Coincido contigo.- dije galante.- Una verdadera lindura.

Roma frunció el ceño, completamente crispada. Tenía las mejillas rechonchas y rojas por completo. Como sea, se metió entre Antonio y Felicia, apartándolos a una distancia prudente.

-Pues, si esta boba se une es obvio que yo tendré que hacerlo también, maldición…- dijo.- No sabe hacer nada por ella misma.

-Sí, claro…- exclamó Xóchitl sarcástica.- Por Felicia…

-¿Qué estas insinuando, idiota?

-¿Tú qué crees, pendeja…?

-¿Por qué ustedes dos siempre se arrojan indirectas como si hubiese un secreto?- dijo Antonio con un aire ingenuo.

Todos le miramos obvios. Suspiré. Creo que es evidente el porqué de que Roma cambiara de idea tan repentinamente. Por lo menos para todos… todos menos Tonio.

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-Solo nos falta uno más…- dijo Tonio emocionado.- Uno más…

-De hecho, te faltan dos…- dijo Sandra.- Recuerda que yo no puedo jugar.

-¿Eh? ¿Por qué?- cuestione mirándola.

-Por esto.- dijo levantando su falda para mostrarme su tobillo derecho; el cual tenía vendado.- Cero futbol para mí. Al menos hasta que mejore…- explicó sin dejar de sonreír.

-Oh, cierto…- dijo Antonio.

-Qué manera tan positiva de ver las cosas…- le dije parándome frente a ella. Acto seguido me agache, tome su tobillo y le di un beso. Sandra me miró con una expresión de asombro completamente sonrojada. Y bien, ¿Qué puedo decir? No soy hombre de una sola m…

-¡ALEJA TUS SUCIAS MANOS DE ELLA, MALDITO INTENTO FALLIDO DE CABALLERO!- soltó Alejandra alejándome de Sandra con un golpe.- ¡Ella es mía, solo mía, ¿Entendiste?

-Venga ya, Ale…- le pidió Sandra.- Francis solo era amable conmigo, ¿Verdad?- dijo mirándome.

-Sí, claro. Como con toda chica que se le cruza; él quiere hacerte cosas malas, Sandra.- exclamó señalándome.

-Yo nunca le haría nada a Sandra…- dije haciéndome el ingenuo. No al menos de que ella me lo pida. Y no le diré que no si lo hace.- Solo le demostraba mi aprecio, ¿Qué hay de malo en ello, Ale?

-No, pues nada…- dijo ésta.- Pero igual te estoy vigilando.- soltó.

Me eche a reír de manera disimulada. Creo que en verdad me voy a divertir aquí.

-Oye, Fra…- me llamo Antonio.- Y a todo esto, ¿A qué viniste?

-A echarte una mano…- solté. Antonio me miro confundido.- Sey me pidió que viniera a ayudarles.

- ¡Sey es una santa!-exclamó Xóchitl.- Pero creo que pudo haber mandado algo mejor.

-Una santa que envía demonios a hacer el bien…- dijo Alejandra mirándome feo.- Coincido contigo, Xóchitl.

-Así que…- solté ignorando los comentarios.- Aquí tienes aun integrante más. Al menos en lo que se recupera Sandra.- le expliqué. Quiero dejar en claro solo una cosa, si me estoy uniendo tan repentinamente es porque quiero ayudar a mi amigo, no porque quiera quedarme.- Así que solo te faltaría uno. Cuenta conmigo.

Antonio me miro de principio sorprendido. Después cambio su mirada a una de adoración.

-¡Es por eso que eres mi mejor amigo, Fra!- gritó rebosante de alegría arrojándoseme encima. Ambos caímos al suelo.- Te quiero, amigo…- dijo abrazándome con más fuerza aun.

-¡Hey no hagan sus cochinadas aquí!- pidió Xóchitl.

-Siempre supe que había algo extraño entre ustedes…- masculló Ale.

-Y luego dicen que los trolos somos Manu y yo.- soltó Santiago malicioso.

-Habla por ti, Santiago…- dijo el chileno sin expresión alguna.

-Qué lindo…- dijo Sandra con aire soñador.

-¿¡Qué!

-…Nada.

Los miré. Roma me miraba de la manera más fría. Sé que en su cabecita la idea de matarme a golpes por robarle la atención de Tonio debe estarle revoloteando. Quise separarme de mi amigo pero este se aferro más fuerte aun y dolía…

Ahora que lo pienso, eso de que el amor duele… es muy cierto.

-A-Antonio…

-¿Sí, mi súper mega genialoso amigo?

-N-no p… puedo r… r-res-respirar…

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-¡Piensen rápido!- soltó una voz bastante infantil y molesta. Me volví hacia donde provenía… Y no debí de haberlo hecho.

-¡…Merde!- chillé reaccionando demasiado tarde.

Una pelota venia hacia mí a toda velocidad, y por desgracia me golpeo el rostro. Estoy empezando a sospechar que mi cara es un imán para las heridas y/u objetos dañinos.

-¿¡Qué demonios!- exclamó mi amigo.

-Eso debió doler…- soltó Piero.

Me sobe la nariz con las yemas de los dedos… en verdad dolía.

Una carcajada estridente y molesta se hizo presente. Me volví hacia donde provenía. Merde, se trataba del novio, amigo o lo que sea de Arthur. Alfred sino mal recuerdo. Arthur me miró e hizo un mohín de disgusto, le respondí con otro igual. Alfred miró a Arthur y después me lanzó una mirada inquisidora. Ni quien quiera quitarle a su amante.

-What t… you doing here?- soltó mi compañero. Y por increíble que parezca le entendí. Como ya tiene un buen de tiempo que nos insultamos y todo eso… Y bueno, la gran mayoría de los insultos que Arthur suelta son en inglés, le pedí a Sey que me los tradujera. Así que por lógica los más comunes ya me los sé.

-Aun que no es algo de tu incumbencia y que realmente no sé porque me tomo la molestia de explicarte…- dije indiferente.- Estoy aquí para ayudar a un amigo. ¿Y tú? ¿Qué pretexto tienes para estar aquí?

-No sé. Tal vez sea porque soy parte del equipo, ¿O no?- dijo con un muy notorio sarcasmo.- Y no me digas que vienes a jugar…- soltó.- No creo que ayudes de mucho, ¿Sabes?

-Eres un cínico…- farfullé.

-And you're a silly.

-Al menos ten la decencia de decírmelo en la cara y en francés…- solté sintiéndome arder.

-Venga, cállense los dos…- pidió Piero levantándose.- ya de por si es bastante molesto oírlos discutir en clase como para tener que aguantarles aquí también.

-¡Esa no es mi culpa! ¡Siempre es él que inicia con los problemas!- gruñí señalándole. Me di cuenta de que Arthur hacia lo mismo y me miraba molesto.- ¡Deja de mirarme así y de imitarme!- soltamos Arthur y yo a la par.- ¡¿Ves lo que te digo?

Piero nos miro con desdén, (Y debo admitir que ya me está asustando esta etapa de mal humor suyo); y paso por completo de nosotros. Miro a Alfred con cierta curiosidad e inquirió:

- ¿Y tú eres…?

-Yo diría que un gringo pendejo…- soltó Xóchitl metiéndose en la conversación.

-Un boludo chusma.- bufó Santi.

-Una amenaza para todos.- exclamó Ale.

-Un chico… un tanto problemático.- dijo con delicadeza Sandra.

-Un idiota.- suspiró Manu inexpresivo.

El novio de Arthur los miró serio. Después se volvió a Piero.

-Alfred- se presento ignorando los comentarios de los latinos.- The hero!

-Sí, aja. Lo que tu digas.- soltaron éstos con cinismo al unísono.

No sé por qué, pero tengo la leve impresión de que ninguno de ellos le estima. Ni un poquito.

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Tome el balón con el cual el estúpido de Alfred me golpeo. Los latinos seguían quejándose de la presencia del amigo de Arthur pero este los ignoraba por completo mientras seguía charlando con Piero. Arthur se encontraba junto a estos escuchando la conversación. Le miré un rato y luego vi la pelota.

-¿Ocurre algo, Fra?- me preguntó Tonio preocupado.

-No…- dije sonriendo.- Oye, ¿Quieres jugar un rato?

Antonio me miró y asintió.

-La pregunta ofende.- dijo divertido. Dio un silbido y todos voltearon.- Hey, ¿Quién quiere jugar un rato?- un enorme YO colectivo resonó por toda la cancha. Antonio arrojo el balón por los aires y echo a correr.

Supongo que a estas alturas lo único que podemos hacer es dejar de lamentarnos. Además, estando en la cancha, puedo demostrarle a todos, en especial a Arthur, lo bueno que soy.

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Solo estábamos jugando con equipos de cuatro debido a que las gemelas se tuvieron que retirar. Bueno, de hecho Roma se fue hecha una furia y Feli la siguió. Así que no nos quedo de otra. Lo bueno era que el equipo ya estaba salvado. Lo malo es que Antonio estaba algo molesto, pude notarlo en sus ojos…

En fin, al principio todo iba por así decirlo, viento en popa. Era solo un montón de alardeo y hasta cierto punto de egoísmo e impresionismo, al no dejar jugar a los demás, (aclaro que fue sin intención). Escuchando a todo mundo quejarse. Pero no me importaba. Valía la pena con tal de ver el rostro contrariado de Arthur cada vez que le robaba la bola o le cancelaba un pase.

Todo iba bien. Iba. Pasado. En un momento me obsesioné tanto con taparle la boca a mi compañero inglés que no me di cuenta cuando se volvió una discusión. No, de hecho si lo sé, fue en el momento en que al querer quitarle el balón se tropezó con mi pie, llevándome consigo.

-¡Eso es una falta!- chilló Arthur molesto.- ¡Lo ha hecho a propósito!

-¡Claro que no, merde!- grité.- ¡Eres un mentiroso!

-¡Yo no miento!- gritó Arthur.

-¡Claro que sí!

-¡Claro que no, Bloody hell!

-Venga, no fue culpa de nadie…- soltó Antonio.- Yo vi todo. Fue descuido de ambos.

-Qué descuido de ambos ni que nada…- exclamó Arthur molesto.- Fue su culpa. Lo hizo a propósito, pero claro, como es tu amigo lo encubres…- farfulló.

-El no me encubre.- le espeté.- Y ya deja de echarme la culpa de tus descuidos.

-¿Mis descuidos? Los tuyos, dirás.

-¿Seguro?

-¿Quieres apostar?

-¡Cállense los dos!- gritó mi amigo. Nos volvimos a él. Antonio frunció el ceño y nos miró de la misma mañera que veo yo el lavadero lleno de trastos por lavar. Con hastió.

-Ni que tú fueras un santo…- soltó mi amigo molesto.- Y saben qué, hagan lo que quiera, fue culpa de ambos y se acabo.- dijo dándose la media vuelta.

Arthur y yo comenzamos a discutir como para no perder la costumbre. Poco a poco todos fueron metiéndose. Dando opiniones y quejas. Todos menos Sandra y Alfred. Alfred solo miraba la escena divertido. Sandra, en cambio, lucia resignada.

En fin, la pelea siguió un rato. Pero a esta se fueron agregando más y más personas. Todo llego a un punto en el cual ya nadie sabía ni de que hablaba, no yo me acordaba cual era el por qué de mi pelea con Arthur.

Y, de pronto, sentí un liquido fría darme un golpe en la espalda. Y en el pecho…. ¡En todo el cuerpo!

-¡Ahhh! ¡Esta fría!- chillamos.

Los aspersores se habían encendido o más bien alguien los había encendido. Me volví hacia donde estaban los interruptores pero solo vi la sombra de alguien. Estaba dispuesto a seguir a esa persona y reclamarle por arruinar mi ropa… ¡Se lava con agua caliente, el color se va a arruinar!, cuando de pronto la ex de mi amigo gritó:

-¡Se me trasluce todo!

No pude evitar mirar. Ahora veo porque Antonio estaba con ella; tendrá un humor terrible y una actitud poco femenina, pero tiene un cuerpo de diez. Dentro de lo que cabe, obviamente.

Xóchitl siguió gritando y corrió tras Piero, el cual la miró y se volvió completamente sonrojado a otra parte.

-Y a mí… ¡Qué pena!- dijo Alejandra escondiéndose tras Xóchitl que se escondía tras Piero. Qué repetitivo. Y maldito Piero suertudo. No es justo, le toca lo mejor del incidente.

-¡Vamos todavía! ¡Camisas mojadas! ¡Qué SEXY! No seas tímida y sal a mostrarnos…- soltó Santiago emocionado jalando a la aludida. Alejandra se negó y forcejeo.

-¡No la molestes, Santi!- gritó Sandra levantándose de golpe, (Que lindo, dos chicas lindas bastante amorosas entre ellas). Pero debido a su tobillo no llego muy lejos. Cayó inmediatamente al suelo, (empapándose de pasada y manchándose de lodo), y soltó un gemido de dolor…

Ah, debo admitir que, aun que es cruel, el hecho de que le haya pasado eso me animaba. Esas si son buenas curvas.

-¡Esto es más sexy aun: Lodo y chicas con cacho de cuerpazo!- gritó el argentino. Asentí convencido.

Las chicas fruncieron el seño y le replicaron molestas que se callase. Santiago sonrio malicioso. Tonio masculló que se alegraba de que las gemelas no estuviesen.

-Lastima, hubiese sido más caliente, ¿Verdad?- dijo Santi divertido dándole un golpecito a Manuel, el cual no lucia para nada feliz. No sé porque, pero estoy sintiendo venir la catástrofe.-Ah, vamos, no te calentes…- le pidió rodeándolo por la cintura.- Ellas serán sexys, pero tus tetillas son las únicas que me ponen a mil y lo sabes.

El rostro del chileno se ensombreció por completo.

-Date por muerto…- farfulló. Acto seguido le soltó una patada en…, ah, dejémonos en que Santi tal vez no pueda tener descendencia.

Solo sonreí compasivo. No se puede hacer otra cosa tratándose de ese par.

Un viento frio sopló, y un escalofrió me recorrió la espalda. Si seguíamos así a todos nos daría un resfriado. Pero, a mi parecer, eso era lo último que les interesaba, ya que estaban bastante metidos en sus conversaciones…

-Ah, venga ya basta… Apaguemos esto antes de que nos resfriemos…- dije externando lo que se suponía era para mí.

En fin, quise echar a andar pero pise en falso… y me resbale. Fui a caer a un charco enorme de lodo y mis ropas terminaron completamente sucias y arruinadas. Todos se echaron a reír.

Puta merde, hoy no es mi día.

-Merde…- Dije mirando mi ropa, lo cual me molesto más aun. ¡Argh!.- Ahora si se arruino. Estas manchas no van a salir con nada, ¡Con nada!

-Eso te pasa por traerte eso puesto. Esto es futbol, no un paseo dominical.- me dijo Arthur burlón.

Se acabo. No estoy de humor como para estar escuchando criticas, ni mucho menos venidas de alguien con tan mal gusto como Arthur, (No lo he visto con otra ropa además del uniforme, pero con solo verle como se arregla sé que no tiene buen gusto). Así que opte por hacer lo más maduro en base a alguien de mi edad: Arrojarle lodo para manchar su uniforme también.

Aun que, pensándolo bien… Eso no fue nada maduro.

-¡Mi uniforme! ¡Eres un…!

-Eso te pasa por traer ropa blanca a una práctica…- dije arremedándole.

Mi compañero se agachó y tomo lodo también, al ver sus negras intenciones me moví. Así que su intento por devolvérmela fue a parar a con Alfred. Arthur se quedo boquiabierto, como estrujándose el cerebro. Yo reí para mis adentros: ¡Que mala puntería!

Alfred se sonrio y tomo una bola.

-¡Guerra de lodo!- chilló arronjándomela.

¿¡Por qué demonios el mundo se la trae en contra mía! Dime qué es lo que he hecho dios, ¡Qué!

-¡SEEEHHH!- le secundo Santi arrojándole una a Manu… Y luego por qué le pasan cosas malas.

Manu le tiro una a Santi dándole a Sandra, ésta le arrojo una a Ale y a Xóchitl, alguien le dio a Piero y este le dio a Tonio. Y así sucesivamente.

Bueno, ya que más da. A estas alturas, si me mancho, si se arruinan las cosas o no. Ya nada puede empeorar más. A menos que…

-¡Ni se te ocurra, dios!- dije por lo bajo en un tono amenazante mirando hacia el cielo.

Me levante. Si no puedes contra el enemigo… ¡Dale más duro entonces!

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Después de un rato, y de una guerra auto declarada con mi compañero inglés, los aspersores dejaron de funcionar. No, más bien alguien los había apagado. Me volví hacia donde está el interruptor de éstos. Mi hermana se encontraba de pie junto a estos y tenía una cara de pocos amigos que no podía con ella. Me lanzo una mirada, una de esas miradas que dicen que no importa lo que digas o hagas, te irá mal. Y echo a andar.

-Hey, Seychelles…- le salude como si nada. Sey hizo una mueca de disgusto y me dio un buen baño con la manguera que traía entre manos.- ¿¡Por qué mierdas hiciste eso!- inquirí enfadado.

-Porque a los perros solos se les puede calmar con agua fría, por eso. ¡Ya dejen de discutir maldita sea y compórtense! ¡Si Monique les cancela el club la verdad no me sorprendería!- Nos regaño. Aun que gran parte del tiempo su mirada se poso sobre mí.

-No digas eso, Sey. Se ve mal en una chica como tú.- dije tranquilamente. Eso solo la molesto más.

-Como en ti el que rompas tus promesas…- me espetó. Su expresión se endureció.-Creí que te comportarías… Pero veo que tú eres el primero en empezar todo. ¡Eres un tonto!- dijo mojándome nuevamente con la manguera.

-¿Sabes si quiera lo que está pasando?- inquirió Xóchitl de pronto.

-No es lo que parece…- dijo Antonio.

-Y no somos vagos…- bufó Santiago.

-¡Claro que lo son! ¿O me dirán que ya solucionaron el problema?- soltó molesta.

-¡Pues claro, si por algo no la estamos pasando bomba!- Le dijo Santiago colocándose las manos en la cintura.- ¡Es obvio!

-Las gemelas, Alfred y tu hermano…- dijo Piero.- Estamos más que completos.

-Así que deja de gritar…- dijo Xóchitl.- ¿Qué paso con la niña buena que no rompe ni un plato?

-Sí, ¿Qué paso con la santurrona aburrida?- dijo Alejandra. No debió de decir eso. No así.

-¡Estoy hasta la coronilla de que me digan aburrida!- gritó agitando los brazos.- ¡Maldita s…!

Se hizo el silencio. Todo ocurrió de una manera tan rápida y extraña que… bueno, ah, esto… Mejor les explico.

Sey sacudió los brazos y en una de esas le dio un tiro a la manguera trayéndose consigo el grifo de esta. Sí, el grifo. Mi hermana solo lo miró con ojos de plato. Al igual que la gran mayoría de nosotros. El agua del grifo salió con tal presión que creó un efecto de lluvia.

-¡WOA!- exclamó Alfred.

-Qué fuerza la tuya…- soltó Xóchitl sorprendida.

-Huy, la señorita perfecta se metió en líos…- dijo Ale burlona.

Seychelles se volvió a esta molesta, Alejandra retrocedió y su zapato se atoro en uno de los aspersores, y al tratar de zafarse lo rompió. Así que una segunda mini lluvia se creó en el campo.

-Oh, Ale…- soltó Sandra preocupada.

Todos nos miramos anonadados ante la situación.

-Ahora sí que estamos metidos en uno bien gordo…- dijo Piero.

-Pero no hicimos ni una mierda…- exclamó Santiago palideciendo.- ¡Somos inocentes! ¡Las instalaciones seguramente ya estaban hechas pelota!

-Eso trata de explicárselo al sistema imparcial y de "yo siempre tengo la razón" de Zwingli…- dijo Manuel.

-Nos va a cargar la chingada…- soltó Xóchitl.

La gran mayoría entro en pánico, menos Antonio, Arthur y yo. Yo no podía entrar en pánico por más que quisiese, ya que Sey estaba en medio de una crisis. Estaba completamente pálida, pero lo que es hacerle honor a la palabra palidecer; y con una expresión de horror y pavor que no podía con ella. No paraba de farfullar un montón de cosas sobre que se iba meter en problemas, que no podía estar metida en problemas y etcétera…

-Hey…- dijo mi amigo con calma. Todos le ignoraron.- ¡HEEEEY!- gritó. Todos nos volvimos a él.- Tranquilícense, por favor.

-¡Como si eso fuese tan fácil!- soltó Santiago.

Y se armo el alboroto de nuevo. Antonio silbo obligándolos a voltear nuevamente.

-Ya dejen de lloriquear como nenas…

-Pero somos nenas…- gritaron las latinas más Sey al unísono.

-Y de llorar, en el caso de las mujeres…- dijo Antonio rodando los ojos.- Y escuchen. – Pidió poniéndose serio, cosa que ocurre muy rara vez.- Okey, se que la situación esta crítica y que Zwingli va a matarnos, pero hay que mantener la calma. Hay que compórtanos con madures como los jóvenes adultos que somos.- dijo. El alboroto se fue haciendo menor. Incluso Sey comenzó a recuperar su color.- Sé que si nos explicamos el castigo será menos duro. Si no afrontamos las cosas como son lo único que conseguiremos será que no nos crean y un castigo que ni dios quiera nos ponga mal. Así que, les digo amigos míos que…- el discurso de Antonio se interrumpió por el estrepitoso chillido de una voz que todos conocíamos a la perfección.

- ¿¡QUÉ CARAJOS ESTÁ OCURRIENDO! ¿POR QUÉ LLUEVE EN DÓNDE LAS CANCHAS?- Sí, Zwingli ya había visto el desastre y al parecer venia hacia acá.

Todos nos volvimos a Tonio y le miramos como preguntándole que debíamos de hacer. Mi amigo trago saliva.

-¿Toño?- le llamó Xóchitl suplicante.

-¡CORRAN POR SUS VIDAS…!- gritó mi amigo tomando a Xóchitl por el antebrazo y acto seguido se echo a correr.- ¡…Y SI ALGUIEN LES PREGUNTA ÉCHENLE LA CULPA A PIERO!

-¿¡Ehh! ¡Eso no es justo!- chilló Piero echándose a correr también.

Santiago tomo a Manuel y de un solo movimiento se lo echo al hombro y comenzó a correr, mientras que el segundo le pegaba e insultaba. Alejandra también se echo a Sandra en la espalda y echo a correr. Alfred tomo a Arthur de la mano y corrió como alma que se lleva el diablo.

Y yo solo me quede ahí de pie, observando a Sey lamentarse. La tomé de la mano pero la aparto bruscamente. Estaba horrorizada y necia a quedarse. Y yo no podía irme y abandonarla… Aun que eso significase problemas.

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Tomé por la mano a mi hermana, y por enésima vez se zafó bruscamente.

-Sey, esto es en serio, hay que irnos de aquí.- le pedí.

-No, no podemos.-dijo nerviosa.- Esto está mal.

-Y quedarnos será peor…-solté.

-Pues vete tú…- exclamó.- Yo me quedo, y…- palideció.- ¡Dios, ¿Qué voy a hacer?- chilló- ¿Cómo diablos me vine a meter en esto? ¡Se supone que soy la buena, la bien portada! Esto me va a hundir…- se lamento.

Solté un largo y profundo suspiro. Seychelles estaba balbuceando, como siempre que algo se le sale de las manos; y cuando esto ocurre a mi hermana, que no entiendo cual es su obsesión por ser la típica "chica buena", el mundo prácticamente se le viene encima. Lo peor del caso es que, por más que lo intentes, no se le puede sacar de su estado de autocompasión.

-No, no lo mereces…- dije disimulando el sarcasmo.- Ahora vámonos.- reiteré.

-No, no y no.- dijo. Me miró molesta.- ¡Todo es tu culpa!- gritó señalándome.

-¿Eh?- solté señalándome. Sey asintió.- ¿Y ahora qué hice?

-Que no hiciste.- exclamó.- Y no solo tú, sino del equipo de futbol, yo les di la mano y ellos qué hacen: ¡Me roban a Felicia!

Ya salió el primer problema, el primero de varios. No creo que este así solo por eso.

-Y luego esa estúpida de Monique con su aire de superioridad viene a querer mandarme…- prosiguió.- Y luego Matt, y…- frunció el entrecejo.- ¡Al diablo con Matt, Monique y todo lo demás!- chilló.- Zwingli va a matarme y todo es culpa de ellos por sacarme de quicio…

-Pues ya se los echaras en cara cuando puedas…- le espeté. (Y después me darás explicaciones a mí.)- Ahora, por lo que más quieras Seychelles, muévete, por favor.- le imploré.

-No, es que… ¿Qué haré? Si me quedo me castigan, si me voy está mal…- se debatió.

-Más vale aquí corrió que aquí murió.- irrumpió una voz conocida. Mi hermana y yo dimos un respingo.- ¿Qué diablos ocurre con ustedes dos? ¿Acaso son suicidas?- inquirió.

No podía darle crédito a mis oídos. Conocía a perfección esa voz, estaba seguro de que era él, pero… ¿Por qué? ¿Por qué se devolvió? Si él ya estaba seguro al lado de Alfred, ¿Por qué?

Di un vistazo veloz solo para comprobar que no eran alucinaciones mias, y no lo eran.

Arthur, sí, Arthur Kirkland, nos miraba inquisidor.

-Sí ella no se va, yo tampoco…- dije mirando a Sey que se encontraba al borde de las lagrimas.

No podía abandonarla, no solo porque fuese mi hermana, sino porque es mi amiga; y, no sé si por fortuna o desgracia, los amigos están juntos en las duras y en las maduras, (Algo que como parte de BFT conozco a la perfección).

Arthur dio un suspiro agobiado y meneo la cabeza, dejando en claro que no le interesaba, ni había tiempo para entender lo que ocurría. Miró a mi hermana y le llamo, ella le miro de mala gana.

-Ya habrá tiempo para aclarar la conciencia…- le dijo con convencimiento. Pero Sey le ignoro por completo. Mi compañero arqueo la ceja, notoriamente molesto.

-Lárgate de aquí.- le pedí, aun que realmente me daba lo mismo.- No la vas a sacar de su negativa. Será lo mismo si te quedas o no.- bufé.

Arthur me miró serio, y se volvió a Seychelles. Le insistió una vez más, pero ella se negó rotunamente. Mi compañero resoplo, dejo en claro que no pensaba esperarnos más y se dio la vuelta dispuesto a largarse.

-¿Qué demonios ocurre aquí?- gritó Zwingli a lo lejos.

Oh, genial. Puta Merde, ya no hay escapatoria. Miré a mi hermana, la cual temblaba; Ah, supongo que tendré que culparme. Aun que, igual, sino lo hago, Zwingli dará por sentado que lo hice yo. Nadie creería que ella fue capaz de algo así. Además, sino me culpo, en el momento que Zwingli la regañé, todo se saldrá de sus límites y entrara en depresión, Y, honestamente, le prefiero arrogante a deprimida.

En fin, Zwingli seguía gritando y amenazando. No pude evitar dar un respingo como siempre que le veo. Sé a la perfección que lo que dice, lo cumple. Vi a Arthur y note como miraba de reojo a Sey. Y vi a Zwingli acercándose cada vez más.

Y entonces ocurrió algo verdaderamente extraño, al menos para mí.

Arthur Kirkland, sí, el mismo, se dio la vuelta, y echo a correr hacia nuestra dirección. Estiro la mano justo al pasar a lado de Sey, pero justo en ese momento esta se escondió tras de mí, y la mano que tomo Arthur no fue la suya sino la mía, arrastrándome tras suyo. Me quede un tanto shockeado una decima de segundo, pero reaccione y tome la mano de mi hermana arrastrándola conmigo a pesar de sus forcejeos. Y a lo lejos vi a Zwingli, mirándonos de la misma forma que un sabueso ve a una zorra.

-Francis…- sollozó mi hermana al verlo.-…Tengo miedo…

-Solo corre…- le ordené.- Ya verás como todo saldrá bien.

O al menos eso espero.

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Arthur no soltaba mi mano y su agarre tan fuerte me estaba lastimando. Traté de zafarme, pero lo único que conseguí es que su agarre se volviera más fuerte aun. Debo admitir que me sorprende la firmeza de su agarre, y que me sorprende su decisión de arrastrarnos consigo. En cierto modo, esa firmeza me hace sentir seguro… me hace sentir sienta calidez, es tan…

-…su mano es agradable…- solté entre labios.

De pronto reaccione y me sacudí violentamente.

¿¡Q-Qué estoy diciendo! ¡No es agradable, ni cálido, ni mucho menos seguro! ¡A lo sumo solo me ha dado la impresión de que Zwingli no nos alcanzará tan fácilmente! Y nada más. No me produce alguna otra sensación. NADA MÁS. Sí, además, su mano,… Es desagradable, lo es…, esta toda sudada y sucia, resbalosa y pegajosa; lastima…

Pero, esa sensación de seguridad no se va… y su calidez… bueno, no es tan horrible, solo un poco…

Sentí una punzada en el pecho bastante desagradable. Diablos, ¿Qué ocurre conmigo? Estoy pensando puras incoherencias. Sueno igual que un loco.

-…son solo ideas tuyas por los nervios…- me dije a mí mismo. Sí, debe ser eso.

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No me di cuenta de en qué momento mi hermana se zafó de mi agarre, solo hasta que me volví para preguntarle si estaba bien, y note su ausencia.

-Sey…- solté nervioso, y apreté la mano de Arthur.

Mi compañero comenzó a reducir la velocidad hasta que se detuvo. Miró a todas direcciones como para tratar de verificar que Zwingli, por arte de magia, no nos hubiese alcanzado.

Y aun que duela, debo admitir que Arthur sí que es veloz.

-Lo perdimos. No fue tan difícil, ¿Verdad?- soltó con un gesto victorioso que me recordó a Gil.

-Hasta donde recuerdo, nadie dijo que fuese difícil.- dije imitando su tan habitual cinismo.

-Le estoy hablando a tu hermana, no a ti.- respondió volviéndose.- ¿En dónde…?- inquirió al no verla.

-No tengo idea. Cuando me volví simplemente no estaba.- le expliqué. Arthur hizo un mohín de disgusto.

-¿Fue en vano, entonces?

Sentí unos enormes deseos de soltar un "Te lo dije" pero solo me limite a decir:

-Creo que sí.

Arthur dio un bufido y farfullo algo; se dio la vuelta, y echo a andar… hasta que el límite de mi mano lo detuvo…

Un segundo, ahora que lo pienso, ¿Por qué diablos no le he soltado?

Miré nuestras manos unidas. No me resultaba repulsivo, pero la sensación que iba desde mi pecho hasta la boca del estomago no era precisamente agradable. Un escalofrió recorrió todo mi cuerpo.

-No deberías soltarme primero…- inquirí nervioso, pero lo disimule fingiendo que bromeaba.- ¿O acaso ya te gusto?

-Claro que no, bloody hell…- dijo apartándose bruscamente.- Todo este tiempo creí que eras Sey. Por eso no te solté; no creas que es por otra cosa.- bufó.- Además, creo que tu deberías preguntarte lo mismo, que tampoco me soltabas.

-Eso era porque me tenías bien agarrado…- exclamé.- Pero, es bueno saber que no fue por otra cosa.- dije cambiando de tema.- Ahora, solo quiero preguntar si es cierto lo que dices, ¿Qué es lo que traes con ella?- escupí secamente.

-¿Huh?

-Reitero, ¿Qué traes con mi hermana?- dije serio.- ¿Quieres con ella?

Arthur me miró como uno mira a un loco, y lo negó. Pero sus excusas o razones no me convencían del todo, y cuando se trata de Sey no dejo de insistir.

-¿Quieres con ella?- reiteré cortante.

-¡Si quieres una respuesta lee mis labios: NADA, NO y NO!

Entrecerré los ojos. Eso no me convencía en lo absoluto. De hecho el que lo negará me ponía más en duda… Aun que bueno, tomando en cuenta que Sey ya tiene a Matt… Dudo mucho que eso ocurra. Debo dejar esas ideas locas de lado.

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Después de una larga discusión, Arthur opto por ignorarme e irse. Pero se detuvo en seco. Pude notar como miraba confundido a todas partes. Era obvio que no sabía dónde estaba. No pude contener la risa. Cejón, terco y descuidado.

-¿No tienes ni la menor idea de dónde estás, verdad?- solté burlón.

Arthur me miró molesto. Dijo que sabia donde estaba y que no necesitaba que le estuviese molestando. Pero bueno, a mi no me molesta en absoluto molestarle, de hecho, me es divertido ver cómo le hago enojar con cosas tan triviales. Es como darme por hecho que le he ganado.

-Me parece perfecto, y ya que estas por irte…- Arthur me lanzó una mirada amenazadora, la cual me pase por el arco del triunfo.- ¿Qué tal si me das un aventón? A fin de cuentas, tú me trajiste aquí.

-¿Crees que eso me importa?- bufó.- ¡No soy tu nana, hazle como puedas!

-Uh, ya veo…- solté malicioso llevándose el dedo índice a la boca.- Te niegas a llevarme porque estás perdido. Corriste sin fijarte y ahora estas tan perdido que no puedes ayudarme, ¿Me equivoco?

-¡Cierra el pico, bastard! ¡Que no te quiera llevar no significa que no sepa en donde estamos! Porque lo sé y puedo sacarte de aquí en menos de lo que canta un canario, ¿Cómo la vez?

-Me parece perfecto.- dije dibujando una sonrisa. A ver Arthur quiero ver cómo "nos" sacas de esta.- Guíeme, por favor.

Arthur me miró anonadado. Reí con cinismo. En verdad quiero ver cómo nos saca de esto.

Será muy divertido

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-En parís nació el amor - canturreé mirando por enésima vez el mismo árbol. Arthur solo me traía dando vueltas por el patio de atrás. Pero que conste, el sabe donde estamos, no está perdido.- gracias a Arthur me perdí yo - mi compañero me miró feo. Yo solo me limité a soltar.- ¿Estamos perdidos, cierto?

-C-claro que no… Solo hay que… ah… esto…- soltó mirando a la nada.

-Reitero, ¿Nos perdimos aun más, verdad?- solté.- Sabia que era mala idea seguirte.- le restregué.

Arthur frunció el ceño y cerro los puños. Bien, cuenta regresiva: Tres, dos, uno…

-¡Pues lárgate tu solo entonces…!- Gritó molesto.

¡HEEECHO! Ya sabía yo que tarde o temprano me daría la razón.

-¿Bromeas? Si conozco a Zwingli, y vaya que sí. Encontrar la salida de este jardín que parece bosquecillo, la cual sé donde esta, sería la cosa más tonta que podría hacer.

-¡Lo estás haciendo a propósito!- gritó señalándome. Le miré.- ¡Sabias donde estábamos y aun así no hiciste nada!

-Moi? ¿Cómo puedes pensar tal cosa de mí?- inquirí dramáticamente.

Mi compañero me lanzó una mirada asesina y me insulto. Yo estuve a punto de hacer lo mismo cuando me calló. ¿Cómo se atreve? Abrí la boca para rechistar pero no me dio chance. Al parecer había escuchado algo… pero yo no. Después de discutirlo un poco pude ver, bueno, más bien oír, de que hablaba. Era el sonido de alguien corriendo. Y después el sonido de una voz llamando a Piero por su apellido.

-¿¡ZWINGLI!- soltamos al unísono.

-¡Rápido, hay que escondernos! ¡Conozco un buen lugar!- sugerí echándome a correr. Arthur me siguió a pesar de no lucir seguro.-Aquí.- dije señalando un frondoso arbusto. Que por cierto ya ocupa una podada.

Mi compañero me miró poco seguro y me lo hizo saber. Yo le afirme que nadie me había encontrado ahí, y que no me importaba si no me creía… Al final termino accediendo.

-¡Piero Rosse!- gritó nuevamente una voz, pero se escuchaba más cerca.

-¿Logras ver algo?- solté asomándome.

-¡Quédate en tu sitio!- me ordenó Kirkland empujándome.

-¡No me gusta estar sumido aquí! ¡Yo también quiero ver! ¡No es justo que solo tú lo hagas!- me quejé.

-Bien, bien, sal… Pero deja de gritar como niño pequeño... – lo miré.- Que infantil eres…

-No soy infantil…- chisté.

Arthur rodo los ojos, y con su tan propio cinismo soltó:

-No, claro que no lo eres…

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Al poco rato aparecieron Piero y Marcel, que para no perder la costumbre estaban peleando. Me sentí aliviado de que solo fuese una falsa alarma. Arthur y yo nos levantamos dispuestos a irnos, cuando ocurrió algo que no esperaba ver nunca. Marcel tomo a Piero y lo giró hacia él, y con toda la pasión del mundo, porque se notaba la pasión, le dío un beso. No cabe decir que Piero tenía una expresión de sorpresa y la quijada tan abierta que por poco y toca el suelo. Acto seguido, le planto un tremendo golpe.

En cuanto a mi compañero y a mí, decidimos que era mejor quedarnos en nuestros lugares.

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Piero y Marcel tenían una acalorada discusión. A pesar de lo rápido que iban no me costaba trabajo entenderles. Así que no me estaba perdiendo detalle alguno.

-¡Eres un embustero! ¿¡Me escuchaste! ¡EMBUSTERO!- gritó Piero.

-¡Yo no mentí en ningún momento!- Replicó Marcel.- ¿¡Por qué siempre sobrellevas las cosas!

-¡Yo no estoy exagerando la situación!- chistó.- ¡Y si que has mentido! ¡Todo este tiempo que me hiciste creer te gustaba una chica y resulta que esta era hombre y para colmo ese hombre soy yo! - Oui Esto se está poniendo bueno.

-Que recuerde, jamás te dije que me gustara una chica…- gruñó Marcel.- Lo que te dije fue que me gustaba una persona amable, tierna y gentil, un tanto molesta. Jamás dije que fuera una mujer.

-Pues eso se presta a la malinterpretación, ¿No crees? Esas son palabras que por lo general se usan para describir a una chica.- Cierto. Muy cierto.

-¿Y no reparaste en molesto?

-Esa palabra aplica en ambos. Además, yo no me considero molesto.

-Pues en ratos con tu afán de que todo el mundo debe ser honesto, lo eres.- Buen punto.

-¿Así eres con todas las personas que te gustan? ¡Con razón no has conseguido nada!

Marcel miró el suelo con tristeza. La verdad, lo que dijo Piero, fue muy… ¿Cómo decirlo? Poco sutil.

-Tienes razón, no he conseguido nada aun. Pero, no importa. Fui feliz a tu lado a pesar de haber tenido que mentir sobre lo que siento. A pesar de las discusiones y enredos…

-Que no resultaron ser falacias del todo…

-No, no lo eran. No me avergüenza decirte que te amo, Piero, porque es la verdad. Siempre lo he hecho y siempre lo haré…- Esto se está subiendo de tono. ¡Magnifico!

-Marcel, por favor, basta…

-No, déjame continuar… Yo… Tú siempre serás…

-Bájate o nos verán...- me regañó Arthur interrumpiéndome tan buena conversación.

-¿Bromeas? ¡Esto esta buenísimo! Además, dudo que nos vean, están demasiado sumido en lo suyo como para…- dije asomándome un poco más. Pero por desgracias no me sostuve bien y resbale… dándome un buen golpe en la nariz. – Auch, mi nariz…

-¿Decías?- soltó mi compañero con cinismo.

-Cierra el pico, Cejotas…

Me volví a donde la charla, pero nuestros compañeros también nos observaban. Piero se puso completamente rojo y salió corriendo de ahí. Marcel, en cambio, se acerco a nosotros.

-Bonnefoy, Kirkland, que sorpresa verles aquí…- dijo serio.- En fin, no me andaré con rodeos, lo que vieron y escucharon es cierto, por lo menos de mi parte; Piero no tiene nada que ver para que ni se les ocurra andar diciendo cosas de él.- Abrí la boca para hablar pero Marcel ya estaba en modo automático.- Aun que si hablan, tampoco lo negaré. En fin, este es el trato, si ustedes no dicen nada, yo no diré que los vi aquí. Y créanme que puedo invertirme muchas cosas, ¿Esta claro?-sonrio- Después de todo, Arthur tiene una mirada tan dulce y Francis tan mala reputación, que no me sorprendería que… Bien, bye.- dijo alejándose. Me quede con la boca abierta. ¡Marcel es un cerdo maldito!

-¿¡Por qué demonios me lio contigo!- exclamó mi compañero después de un rato- ¿Luzco acaso desesperado, necesitado o piensan que soy estúpido?

Era obvio que no era el único que estaba molesto. Yo también lo estaba. ¿Cómo es posible que me hayan liado con Cejotas? ¡HORROR!

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Después de una discusión con Arthur sobre quien estaba más desesperado por quien, mi teléfono comenzó a sonar. Al escuchar la melodía supe de inmediato quien era.

Sí, ya decía yo… Si lo estaba viendo venir.

-Ahora vuelvo con nuestra "gratificante" conversación.- Le dije a mi compañero con cinismo sacando el celular. Arthur comenzó a quejarse respecto a que mi compañía no tiene nada de gratificante y que quería que lo sacase del apuro en que lo había metido. ¿Perdón? ¿Yo? El se metió solo. Pero como mamá ya se estaba poniendo ansiosa al otro lado de la línea termine cediendo con la condición de que mantuviera cerrada la boca.- Disculpa la demora, ¿Decías?

-Oh, ya era hora François…- dijo mamá al otro lado de la línea.- ¿Qué modales son esos? ¡Es de muy mal gusto dejar a una dama esperando!

-Lo sé. Lo siento.- solté de mala gana. "Es de mucho peor gusto lo que vas hacer ahora" Pensé decirle. Pero mejor me lo guarde.- ¿Qué ocurre?

-¿Cómo que "Qué ocurre"?- soltó ofendida.- Estoy bien y tu padre también, gracias.

-Lo siento.- volví a decir.- Me alegra que estén bien. ¿Cómo va el trabajo?

-Bien, bien.- dijo.- ¿Qué tal la escuela?

-No muy bien.- solté.

-Ah, ¿Qué voy a hacer contigo, François?- suspiró.- En fin, solo te llamo para hablarte sobre las vacaciones de invierno. ¿Ya faltan dos semanas para que salgan de clases, verdad?

-Sí, dos semanas y media, de hecho.- aclaré.- ¿A qué viene la pregunta?

-Para que se busquen otros planes.- dijo mamá. Sentí un vuelco al corazón. ¿Cómo es posible que pueda ser tan directa?- Papá y yo no podremos ir.

-P-pero, ¿Por qué?- inquirí.

-Solo nos darán cuatro días…- dijo.- No tiene caso que me vaya a Marsella solo por tan poco tiempo, ni tiene caso que Jean-Pierre salga de París solo por eso. Así que nosotros acordamos que sería más conveniente nos viésemos solo los dos. Yo sé que ustedes se conseguirán que hacer, son jóvenes a fin de cuentas. ¿Alguna duda sobre lo que te acabo de decir?- inquirió.

-P-pero… ¡Eso es egoísta e injusto! ¡¿Cómo pretendes que se lo esplique a Sey?- grité completamente molesto.

-Solo díselo tal cual.- dijo mamá.- Seychelles ya no es una niña, François, solo díselo y ya. Ella lo comprenderá; ah, por cierto, no vuelvas a levantarme la voz, ¿Entendido?

- Vale, lo haré. Disculpa.- solté resignado.

-Confió en ti, igual felices fiestas, los quiero…- dijo. Rode los ojos. Sí, claro.- Te encargo se lo digas, y salúdame a tu abuelo. Bien, adiós.

- Sí, yo le digo. Adiós.- bufé. Sí, que fácil.

Estoy harto. Estoy hartísimo de que siempre hagan lo mismo. Ya debía de habérmelas olido desde la mañana; ya se estaban tardando, de hecho. Estoy harto de no aprender la lección; aun que, bueno, no es como si realmente esto me importe…

"Si en verdad no te importase, no te pondrías así…" escuche que me dijo una vocecita. Genial, hasta mi conciencia está en esto.

-Sí, tal vez, pero no es por mí. Ellos ya hacían esto desde mucho antes de irse… A veces siento que soy más un padre que un hermano para ella…- le respondí.

"¿Hablas de Seychelles?"

-La pobre de Sey no se lo merece. Ella estaba tan ilusionada con todo; y ellos… lo prometieron. Dijeron que vendrían y ahora resulta que no, es tan… tan…

"¿Estúpido?" Continúo esa voz por mí.

-No, estúpido no, egoísta. Y, puta merde, ahora pretenden que yo lo arregle. ¿Cómo voy a explicárselo? Si lo digo, ya sea con delicadeza o directamente, sufrirá.

"Pues tampoco te ganas mucho con darle vueltas al asunto."

-Lo sé.

"¿Entonces? ¡Solo ve al grano!"

-Supongo que es lo más indicado.

"No sería… Es lo más indicado."

-Lo sé, lo sé… Pero no me causa nada de entusiasmo el tener que hacerlo. Digo, ¿Por qué siempre debo de ser yo quien de las malas noticias?

"No sé. Aun que, a todo esto… ¿Cuál es el problema?"

-El hecho de que mis padres crean que yo tengo la obligación de explicarle a Sey sus idioteces…Eso. Como odio que me deje lo más difícil a mí. Odio que traten de lavarse las manos de esa manera, y odio que…

Un segundo. Está no es la voz de mi conciencia, hasta donde sé, no tengo. Además, me es bastante familiar… Me volví hacia Arthur el cual me miraba como si nada.

-¿Me has estado, esto, escuchando?- Inquirí. Mi compañero se limito a asentir.- ¿¡Me estabas escuchando!- grité sintiéndome arder.

-Si lo estabas gritando. Además, si lo dices significa que no solo está en tu mente.- dijo.

-Oh, mierda… Qué vergüenza.- solté echándome a andar. Qué pena, mierda, Arthur escucho todo lo que dije… ¿Qué estará pensando ahora de mí? Y sobre todo, ¿Por qué me importa?

-Mira, no es que me importe, realmente ni me importa.- soltó mi compañero de pronto. Lo miré.-Sé que no me importa. Lo único que puedes hacer es dejar de darle vueltas al asunto. Sea lo que sea, la va a herir. Así que mejor díselo tú antes de que se entere por terceros.-Le miré conmocionado. ¿Quién es este tipo y que le hizo al Cejón?- Solo digo… No es como si me importe o sepa mucho de ello… Solo es una sugerencia.

Arthur se volvió a otro lado, levemente sonrojado. Sentí una extraña punzada en el pecho por segunda ocasión. Lo que estaba diciendo era cierto, lo sé, pero me sorprendía el hecho de que me lo dijera a mí, tomando en cuenta nuestra relación.

-Es buena…- admití.-G-gracias…

-¿Es todo lo que piensas decir?- inquirió.

-¿Qué más quieres que diga? Aun que me duela admitirlo tienes toda la razón.- solté- Es mejor decírselo de una sola vez.

-No luces muy convencido de ello.- Lo miré. Esto ya se estaba poniendo raro. ¿Acaso se estaba burlando de mí?

-¿Qué acaso estas preocupado por mí, Kirkland?- dije burlón. Si esto era un juego me daría cuenta en su respuesta.

-C-claro que no… Solo estoy dando mi opinión. Eso es todo. – Exclamó.-Me es indiferente tu vida, créeme.

Lo miré. Simplemente no lo entiendo. Me odia pero me aconseja a pesar de que el afecto es mutuo… Supongo que así es Arthur. Su actitud es rara… pero única.

-Esa actitud tuya es muy…- solté. ¿Qué mierdas? Arthur me miró como esperando que terminara la frase.-Nada, olvidalo.- solté nervioso. -Retomando lo de la sugerencia.- dije. Seh, es mejor cambiar el tema.- Es buena, lo difícil es ponerla en práctica. Debo admitir que haces que suene muy fácil.

-Haces que suene como si le vas a decir que morirá. Mira, no sé de qué va el asunto. Pero hasta donde lo veo son solo malas noticias.- explicó.

-Te equivocas. No son solo "Malas Noticias" son "Las MALAS Noticias"

-Oh, por favor…- soltó.- No seas exagerado.

-No soy exagerado.

-No, Francis, tú no eres exagerado; eres "El EXAGERADO"

-Jo, que chistosito…- solté.

Seh, aquí está el Arthur que conozco.

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No sé en qué momento ocurrió, ni como. Pero para cuando caí en cuenta ya me encontraba explicándole a Arthur la situación. Todo. Como es que mis padres siempre prometían algo y nunca lo cumplían. Como siempre esperaban que yo arreglara las cosas como si fuese mi responsabilidad… Incluso le confesé que a veces ya no sabía que sentir. Quiero a mis padres, lo sé. Pero odio la actitud que toman hacia mí y mi hermana y hacia el abuelo. Es como si no existiéramos, como si fuésemos muy aparte de sus vidas. Arthur solo me miraba y hacia alguna que otra pregunta. Debo admitir que es algo muy amable de su parte; y también debo admitir que me sentía algo apenado y confuso al decir todas esas cosas, pero feliz. Era un enorme desahogo.

-Lo que dices…- soltó después de un largo rato.-…no suena como algo que te sorprenda.

-No, de hecho no. Solo me es molesto. No quiero que Sey termine dañada por su culpa.- confesé.

-Ya veo… Le quieres demasiado, ¿No es así? Así que qué importan ellos. Creo que, a lo que me has dicho y he visto, ella está mejor contigo.- Dijo mi compañero y le sorprendí sonriéndome compasivo. Balbucee algo, pero Arthur siguió dejándolo incompleto.-Porque… Es obvio que tú eres el que siempre está velando por ella. Pero… Es triste, porque si al final las cosas no llegaran a resultar y por algo se viesen separados… Haberte desvivido por ella habrá sido en vano. Se que es cruel pero… Es mejor que empieces a ser egoísta con ella. Así las cosas que le sigan cuando tu ya no estés no le dolerán tanto. Si sigues protegiéndole tanto la vas a ser dependiente de ti y ya no sabrá defenderse sola. Y no creo que quieras eso, ¿Verdad?

Me quede en silencio y Arthur también. Era bastante extraño. Yo también pensaba eso, pensaba en ser egoísta y dejar que mi hermana madurara ya, cosa que necesitaba con urgencia. Pero siempre me sentía egoísta de pensar así. Pero Arthur, el parecía seguro de sus palabras, a pesar de la tristeza que transmitía en ellas. Jamás imagine fuera tan maduro. Al menos, en lo que respecta a él, no sé como sea su manera de pensar hacia los demás.

-Arthur, tú…- solté. ¿Y ahora que digo? - Lo sé. Lo sé y lo he intentado como no tienes idea. Pero no puedo. Tengo una debilidad tan desgraciada hacia ella, que por más que quiera no puedo ser malo. No puedo. Así como no puedo evitar sentir que odio a mis padres cada vez que hacen eso…- confesé.

-… Ya veo. Es difícil…- dijo.

Arthur me sonrio, y me sorprendí a mi mismo devolviéndole la sonrisa.

-Si, a veces pienso que… Sé que sonará absurdo pero creo que yo… soy…

-¿El único adulto en casa?- sugirió. Asentí.

-¿Tú también?- solté un tanto sorprendido.

-Como no tienes idea. También he odiado a mis padres… - confesó.

- Pero a nuestra edad eso es común.- Dios, soné como un viejo.- Aun que se que está mal, porque si algo les pasará… me sentiría terrible de seguirles odiándolos… aunque se lo merezcan…

-Sí, no hay nada peor que arrepentirte después… Y ya no poder hacer nada.- dijo con notoria tristeza.

-Sí. Pero por suerte no han muerto y aun puedo…- Guarde silencio. Mierda, había olvidado por completo lo del papá de Arthur. Justo ahora debe pensar que soy un maldito por haber dicho algo así.- Lo siento.- solté completamente apenado. Y empecé a deshacerme en disculpas.

-Está bien…- soltó después de un rato.- En todo caso, yo te debo una disculpa, aun que eso vaya en contra de todo mi orgullo.

-¿Eh?- solté confundió.- ¿Por qué?

-No debí de decir todo eso cuando te disculpaste por primera vez en mi casa. Se vio muy mal.- dijo.

Ah, con qué era eso. Ya ni me acordaba.

-Sí, parecías un desquiciado bipolar.- bromee. Arthur me miró feroz. Ops, creo que no era momento de bromear.-Pero es comprensible. Años atrás yo hubiese estado igual…

-¿Ehh?- soltó.

Guarde silencio. ¿Estaba listo para confesarle a alguien más lo de Jeanne? En especial si ese alguien es Arthur… Pero, él es tan ajeno al asunto; y ha vivido una experiencia similar.

-… Tiempo atrás yo…- dije nervioso.

-¿Francis? ¿Kirkland?- nos interrumpió Marcel de pronto. Me sentí aliviado, me estaba apresurando a contarle eso a Arthur.

Así que me volví junto con mi compañero y comenzamos a discutir/hablar con Marcel. Después de todo, no se le he perdonado la insinuación que hizo hace un rato.

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Al final las cosas resultaron bien para todos… menos para Marcel al cual terminamos culpando injustamente de lo que paso en la cancha. Supongo que a esto es a lo que se le llama justica poética, bueno, no. Esto es más bien burda y cruel venganza.

Ya no vi a Arthur y mucho menos pude despedirme de él. Pero me sentía tranquilo y agradecido. Es extraño, nunca creí que llegaría el día que sentiría eso hacia Kirkland.

Seguí andando por la acera hasta llegar a la parada de autobuses. Ahí me encontré con Ionel. Vaya, tenía tiempo sin verlo. Este estaba cargado de bolsas y al parecer también esperaba el autobús.

-Hola…- solté acercándome a él. El rumano me vio y sonrio.- ¿A dónde vas tan cargado?

-A casa, Bonnefoy.- me respondió.- Pasa que tengo muchas cosas en el club y ya no caben, así que me estoy llevando lo más importante.- se explicó.

-Ah, ya veo…- un autobús se paro frente a nosotros. Ese daba una larga vuelta, pero me dejaba en casa.- ¿Esta es tu ruta?- pregunté.

-Sí.- dijo tomando sus cosas. Tome una de sus bolsas.- ¿Vas a ayudarme?

-Sí.- dije.- Después de todo, no tengo prisa y es obvio necesitas ayuda.

-Je, tienes razón.

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-Tenía tiempo sin verte…- Soltó Ionel una vez en el autobús. Nos encontrábamos en la parte trasera.- ¿Cómo has estado?

-Algo atareado, pero bien. ¿Y tú?

-No me quejo.- dijo.- Entre la escuela y el club no tengo tiempo dé.- rió.

-Ya me imagino.- solté.- ¿Y no has tenido problemas con Monique?

-No, la nueva jefa del cuerpo estudiantil ni me ha dicho nada.- exclamó.

Lo supuse. El problema es conmigo…. Después de todo, Monique y Seychelles eran amigas, de no haber sido porque la rechace, ella no…

-Las mujeres son sádicas cuando se lo proponen, ¿No?- irrumpió Ion mis pensamientos.

-¿Disculpa?- inquirí. Ionel es una persona bastante especial y extraña. Siempre me ha dado la impresión de que te lee la mente.

-Monique es cruel, ¿No?- soltó-Oí que amenazó a muchos clubes de cancelarlos.

-Lo hizo- le aclaré.

-Ah, ya veo…- Ionel me miró largo rato fijamente.

-¿Ocurre algo?

-Oí, Bonnefoy, ¿Quieres una galleta?- ofreció sacando un paquete.

-¡Vainilla!- exclamé tomando una.- ¡Mis favoritas!

Ionel me observo comerla, le miré un tanto contrariado. Sonrio.

-¿Te gusto?

-Ah, sí…

-Qué bien.- dijo juntando las manos.- Oí…

-¿Qué?

-¿Aun te sigue gustando el color azul?- inquirió.

-Claro.

-¿Y cómo te va en la cocina?- preguntó.- ¿Sigues haciendo platillos?

-¡Yo no hago platillos!- gimotee.- Hago arte.

-Jejeje, lo sé- dijo.- Escuche que salvaste a Sey de un lio gordo…- dijo cambiando de tema. Lo miré, ¿Quién se lo habrá contado?

-Sí, ya ves.- solté.- Alguien tiene que hacerse responsable de ella. Y por desgracia o fortuna, aun no sé…- bromeé.- Ese alguien soy yo.

-Un poco de ambas diría yo.- exclamó poniéndose de pie.- Bajo en la segunda cuadra.- me dijo tomando sus cosas.- Pero bueno, eso no es algo que te moleste.

-No, en absoluto…

-Eso es bueno. Bien,- dijo acomodándose.- Nos vemos.

-Nos vemos.- dije pasándole la bolsa que le faltaba.

- Gracias…- la tomo.- Y suerte.

-¿Suerte?- solté.- ¿y como que por qué me deseas suerte?

-Porque mis predicciones nunca fallan…- dijo riendo. Alce la ceja.- Y créeme, que con lo que te espera a futuro, la vas a necesitar.

Ionel bajo del camión dejándome en ceros. Creo que el pobre de tanto estar en ese jodido armario para escobas empieza a desvariar.

O tal vez algo estaba a punto de pasarme…

Nah, es lo primero. Estoy seguro de ello.

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Fin del Cap. 11 –Pueden tomarlo como el 9-

Pues bien, como lo prometido es deuda aquí está la continuación para quienes la pidieron. Del cap.12 en adelante la historia ya avanza normal, así que no desesperen. No sé cuánto tarde en subir el nuevo cap. porque tengo unos problemitas -nada que no se arregle con algo de paciencia- Pero eso es lo de menos.

Aquí les dejo la respuesta a sus Reviews:

Sandy: Me alegra ver que mi historia te guste. Gracias por dejarme review. No sabes el bien que me hizo verlo.

Deskdraik: En serio? Pensé que lo había dejado en claro. En efecto, Vash Zwingli es nuestro querido Suiza -Bueno, al menos yo le quiero- XDu Bien, respecto a Perú, abrí la pagina pero no le entendí muy bien. Mary es genial, es más que genial, es mega-genial! Pero ya ustedes lo verán adelante. Nos leemos~

The silverpumpkin: Sip, Zack es Australia. Respecto a tu comentario sobre si a Ashley le atraen los cejones la respuesta es... Al parecer sí. Es que entre más tupidas las cejas, mejor. -Más, mucho más SEXY *q*- Arthur SEME, al principio la idea como que no me hacia click, pero vi un djs que me cambio completamente. -Era un UKFra- Y me encanto. Francis no perdía la elegancia en absoluto a pesar de ser UKE. Bien, creo que esto es todo, nos leemos~

NosoyManuel: Jejeje. Primero -sin intención de ofender- Permíteme decirte que tu username me encanta. Me recuerda mucho a un fic sobre USA que leí en el cual él escribía en fanfiction y su username era: NOSOYALFRED XD Y no pude evitar reír. En fin, Arthur fue cruel, pero creo que dejo muy en claro el porqué. Y sí, realmente no hay que tomárselo tan a mal, porque este es un FrUK y por ende terminaran juntos... -O no? ¬w¬- XDDDu Claro que sí! Y como dije anteriormente, Arthur SEME me gusta. La verdad tiene algo especial que te seduce con solo verlo y…-se limpia la baba- es tan sexy. Pero ya, me desvió, bien, nos leemos y me alegra te gustase mi fic.

Tari Deex Faelivein: Tu crees? Yo solo quise que se viera un tanto... de acción. Sí, lo que Alf quiso decir fue: Mira, Arthur, que alto van las gotas. -Paréntesis para decir que ChibiAlf es AMOR */¬/*- La escena de la gripe de Arthur en la cual aparece Francia, la saque por completo del capitulo de Hetalia Series en el cual Inglaterra pesca un resfriado. Mmm, repecto a la enfermedad de Allan, ni yo misma sé que es. Pero tu idea no es mala. En fin, demontres es como diablos, maldición, chingado, y etc. Es decir, algo que usas para expresar molestia. Otra cosa, PierrexGilbird? Cuando lei esto me quede así de : Qué? Pero ahora que lo pienso, eso sería algo divertido. Pues yo también veo a Arthur como seme, ya que manejo un Francis muy pasivo. Pero ya les comunicaré -cuando temine de dar respuestas- mi opinión final. Bien, creo es todo, nos leemos~ PD. Por favor, no me metas en líos con Iván.

Nekoogirl: En efecto, quién acompaña a Mary es nada má y menos -por desgracia para Arthur- Patrick (Scotland), Jujuju.

DTBlackheart: No te apures. Comprendo si estabas ocupada, el mundo no se acaba por ello. Lo bueno es que me dejaste uno ahora y eso me hace feliz. No odies a Arthur por lo que dijo, después de todo aun estaba un tanto choqueado. El novio sádico y frió que mencionaba es Alexander (Noruega) que sale obviamente con Erik (Dinamarca). Maria como ya dije y repito, es la onda! Y ya verán porque insisto tanto en ello. Bien, nos leemos. Gracias por comentar.

River94:Pues no te puedo prometer nada. A veces actualizo rapido y otras tardo -eso depende más que nada de como esten las cosas en mi vida- Pero este capi se los traje antes porque ya lo tenia hecho. Espero te guste, y me halaga te guste mi fic. Nis leemos~

Bien, gente, no les hago esperar más. Esto es un FrUK, y el poll que puse fue para hacerme a la idea de algo. Para empezar, vi que 10 personas votaron por Arthur seme y 7 por Francis seme. Me ponen en crisis, pero después de pensarlo tomé una decisión: Este Fic manejará a un Francis y un Arthur SUKES. Y él chico que tendrá el honor de se el seme en la primera vez, será: -redoble de tambores- ARTHUR KIRKLAND! Les agradezco a todos los que votaron y espero no sean duros al juzgar mi decisión. Pero creo que es la más conveniente a vista de los resultados.

Y bien, para ya no entretenerles más:

Cap12: Mary no vino sola. Al parecer Scott esta con ella. Pero Arthur ya dejo en claro que él quiere una vida más tranquila. Por su parte, Antonio esta vuelto una fiera, Gilbert se las está viendo difícil para ayudar a sus amigos -Fra y Arthie-, mientras que Francis está más que confundido porque, al parecer, es el único no entiende en absoluto la situación.

Cap13: Navidad. Blanca y dulce navidad... Al menos eso dice la canción. Pero para Fra y Arthie no es así. Una discusión, un encuentro y una revelación. Y también, una invitación que lo cambiará todo. Porque tal vez, solo tal vez, uno ve las cosas cuando ya no las busca, y también, se puede seguir siendo la misma persona y teniendo los mismos gustos aun que no lo demuestres de manera externa. Difícil, no?