Disclaimer: Ninguno de los personajes, del mundo de Harry Potter, me pertenecen, si no a JK Rowling.

La historia es de MrBenzedrine y me dio su permiso para traducirla. ¡Thank you Amy!

Esté capitulo fue beteado por MissFerret.


SEX ED

Capítulo 11:

Una imagen


ALERTA DE LEMMON. ALERTA DE LEMMON. Han sido advertidas.

~ A.


"Champaign and Wine" de Otis Redding, aunque prefiero la versión de Michael Grimm


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Sus palabras fueron simples: "Escoge algo seductor y reúnete conmigo en mi dormitorio en una hora ". Él se negó a proporcionarle más información, simplemente declaró que le indicaría su deseo cuando ella llegara. Entonces, Hermione rebuscó en su vestidor, tirando a un lado su ropa interior desgastada y encontrando el conjunto de bragas que realmente acentuaba su trasero, un par de shorts de encaje color rosa pastel. Habían sido un regalo de Ron de hace algunos años atrás, pero ella no había tenido la oportunidad de usarlos ni una vez antes de que se hubiera separado. Esta noche, pensó alegremente que ¡En realidad les servirían!

No tenía un sostén con que combinarlo, así que optó por uno sin tirantes de azul oscuro, pensando que el color se vería impresionante en combinación con el rosa. Los dejó sobre la cama y se dirigió a su armario. Ya que había venido a Hogwarts para enseñar, y no para seducir, las elecciones eran escasas. El ganador fue un suéter blanco de mangas largas hecho de un material fino que Ginny le había regalado para navidad el año pasado. Era demasiado grande, cómodo y, lo mejor de todo, colgaba justo sobre la curva de sus caderas, a la vez que mostraba sus hombros y clavícula. Ella pensó que nunca podría reunir el coraje para usarlo en público, pero... algún día tendría que agradecer a los Weasley por haberle regalado un atuendo escandaloso para... bueno, ¿para qué, exactamente? Su curiosidad estaba hambrienta de satisfacción, y tenía muchas ganas de saber que le esperaba detrás de la puerta cerrada de Draco.

Se quitó la ropa y la arrojó al cesto antes de irse al baño para una ducha rápida. Puede que no sepa qué esperar, pero quería estar preparada para cualquier cosa de esa lista de deseos. Cuando sus pensamientos se desviaron hacia esa lista, pensó en sus preferencias cuando se trataba de cómo se presentaba una mujer, debatiendo sobre si debía continuar con pista de aterrizaje a la que estaba acostumbrada, o si debería estar completamente desnuda debajo de ese short de encaje. ¿Siquiera él miraría debajo de sus bragas? ¿Esperaba mucho demasiado pronto del puritano sangre pura? ¿Por qué esperaba estar completamente equivocada con él?

Decidió quedarse con su pequeña pista de aterrizaje; la mantuvo delgada y pequeña, y la hizo sentir más mujer. Después de la ducha, se secó el cabello rápidamente con un hechizo y se vistió con su atuendo seductor justo cuando alguien golpeó la puerta. Sus ojos se abrieron de par en par, y rápidamente se puso la túnica, abotonándolas con prisa. Ya había planeado usarla para ir al dormitorio de Draco, así que esto no era lo peor, pero aún así no le gustaba que la apuraran. Cuando abrochó el último botón, forzó una sonrisa en su rostro y se dirigió hacia la puerta, y la abrió. Por supuesto, era Neville quien estaba del otro lado. Y, por supuesto, la estaba mirando con una sonrisa inocente que hizo que sus entrañas se sacudieran de culpa.

—Hola, Neville —sonrió.

—Hey, Hermione —Se frotó la nuca —. Entonces... sólo quería preguntarte, ¿estás bien?

Ella parpadeó una vez, confundida.

—Si, por supuesto ¿por qué?

—Por casualidad escuché a algunos de los estudiantes en el camino de regreso, y estaban hablando de cómo Malfoy y Ron casi llegan a los golpes.

Wow, las noticias vuelan, ¿no?

—No fue nada de eso. Ron fue sólo sobreprotector. Me vio con Draco y...no lo tomó bien.

—Ya veo... —la voz de Neville se desvaneció.

Hermione sabía que, si alguna vez habría un momento para decepcionarlo con delicadeza, seria ahora. Además, no estaría mal sacar esto de su conciencia para no llegar al dormitorio de Draco mientras engañaba a Neville.

—Mira, Neville, quería hablar contigo.

—Eso nunca es una buena señal —dijo, aún con una sonrisa en su rostro, aunque era un poco más triste—¿Qué tienes en mente?

—Yo sólo... —¿Cómo podría explicarlo?, incluso si no estuviera interesada en Draco Malfoy en lo más mínimo ¿todavía no habría ninguna posibilidad de que sintiera algo por Neville más que una simple amistad? Él era genial. Realmente lo era. Era amable, divertido, y dulce... pero ella no se sentía atraída por él de una forma válida. La cita de hoy se lo había confirmado. A pesar de lo maravilloso que era Neville Longbottom, simplemente no la convencía. Y eso estaba bien, pero tenía que decirlo de una manera que no ofendiera o rompiera su amistad. Era una situación muy delicada.

—En primer lugar, quiero agradecerte por la cita encantadora, lo pasé de maravilla.

—Sí yo también.

Maldita sea, eso no lo hizo más fácil.

—Y eres un gran hombre, Neville. Eres dulce, divertido y simplemente te admiro —su pecho se desinfló cuando terminó—, pero creo que debemos mantener nuestra amistad y continuar trabajando juntos como profesores del colegio.

—Ah. Ya veo. Todo el asunto de "suavizar el golpe" —se le cayó el semblante, pero no parecía enojado. Un poco triste, tal vez —¿Fue porque viste a Ron otra vez?

Las cejas de Hermione se alzaron, y no pudo evitar reír, colocando una mano en su hombro.

—¡No, Neville! ¡Válgame, Dios! No... —negó con la cabeza, sonriendo —. Ron no tiene nada que ver con esto. Lo único que quiero de él es una amistad.

—Entonces es Malfoy — sus hombros se desplomaron, y dio un paso atrás. Hermione se mordió el interior de la mejilla, tratando de encontrar una mejor manera de explicarle que Draco tampoco tenía nada que ver con su decisión. Aunque tal vez un poco, pero él no fue el factor decisivo.

—Es porque creo que nuestra amistad es demasiado valiosa para empañarla. Si no funcionáramos, destruiría lo que tenemos… y creo que es muy especial, ¿no lo crees?

Neville se vio pensativo, asintiendo en respuesta. Su mirada era distante, perdido en su propia mente sin duda.

—Sí… ¡Sí! No, lo entiendo. De verdad —Se agachó, tomó su mano y la llevó a sus labios, dándole un beso con ternura—.Eres una buena alma, Hermione. Y sí valoro lo que tenemos. Si alguna vez cambias de opinión...

—…sé dónde encontrarte —Ella se sonrojó a su pesar, y le palmeó la mejilla—. Gracias por ser tan comprensivo.

—Por supuesto, Mione

Se inclinó hacia ella y giró para irse, deslizando su mano de la de ella. Pareció un poco agitado cuando se dirigió a la escalera, dejando que Hermione cerrara la puerta suavemente detrás de él y se arrojara sobre la cama. Su corazón latía salvajemente por la tensión nerviosa que se sentía en el aire. No estaba acostumbrada a rechazar a potenciales pretendientes, pero... Neville no era un prospecto con el cual realmente pensara que podía explorar sus fantasías más oscuras. Y aunque algún día sería un marido maravilloso para una bruja o chica muggle, simplemente no era el indicado para ella. No es que supiera si había uno para ella. Esta cita con Draco se dirigía a un territorio desconocido, y ella no sabía dónde terminaría al final de su conquista sexual.

Pero por ahora, supuso que en realidad no importaba.

Contó hasta trescientos antes de levantarse de la cama (sintiéndose segura de que era tiempo suficiente para asegurarse de que Neville no la viera irse), se puso los zapatos y se aventuró por la escalera que conducía a su dormitorio, e incluso más abajo por la escalera que la llevaría a los dormitorios de Slytherin. La habitación de Draco era la única al final de un largo corredor que giraba en dirección a los dormitorios de los muchachos, y ella llegó a su puerta con minutos de sobra de su hora límite. Golpeó la puerta de madera grabada con serpientes, y a él le tomó sólo unos segundos responder. Estaba vestido más casual de lo que ella lo había visto con una camisa gris de manga larga hecha de cachemira y un conjunto de pantalones informales.

—Profesora Granger—dijo —. Adelante.

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Por fuera, Draco podría haberse visto fresco, tranquilo y recogido; pero por dentro, era un infierno de aprensión y nerviosismo. Verla en la puerta de él le dio la abrumadora idea de que esto era real, y ella estaba realmente dispuesta a dejar que él decidiera su destino esa noche. Ese tipo de poder hubiera sido tan atractivo para cualquier Malfoy, pero Draco, quien, de niño, se había deleitado en los aires de poder que había aprovechado hasta que los convirtió en cenizas y brasas. Todavía era tan egoísta como siempre lo había sido, pero ahora había una conciencia persistente que le dificultaba tomar decisiones de vida.

La vio entrar en su dormitorio, y cerró la puerta detrás de ella. Le temblaban las manos, pero no creía que ella se hubiera dado cuenta ya que estaba ocupada admirando su habitación por segunda vez. Él le echó un vistazo y pensó que quizás ella realmente debería decir algo. ¿O esperaba que él lo hiciera? Esto era todo tan... nuevo.

—Si eso lo consideras seductor, deberíamos tener una seria charla —Bien hecho, Draco. Se un verdadero imbécil. Eso la hará ir a la cama contigo.

Hermione lo miró por sobre su hombro, una sonrisa provocadora cruzó sus labios. Él se sintió aliviado al descubrir que, incluso detrás de su comportamiento, podía ver la tensión nerviosa escrita en sus ojos al igual que él. Le hizo más fácil no meter el rabo entre las piernas y huir cuando ella alcanzó la parte superior de su túnica y comenzó a desabrocharse un botón tras otro. Giró para mirarlo mientras dejaba que la túnica se deslizara por sus brazos, y ¡Oh, joder! Eso era... ella no llevaba pantalones ¿verdad? Y esa suéter…En verdad tendría que ser retirado. Pronto. ¿Se ofendería si él se lo arrancara? Probablemente...

—¿Esto era lo que más tenías en mente? —preguntó ella, quitándose los zapatos para pararse delante de él.

Para un hombre que había sido educado para despreciar a su clase, Draco no podía encontrar nada malo en esa "sangre sucia" que corría por ese cuerpo seductor. ¿Cómo podría algo presentado tan maravillosamente ser considerado "sucio" o "contaminado"? Mientras crecía, a Draco le habían enseñado que la sangre mixta era una injusticia para el funcionamiento mágico de la naturaleza. Ahora, todo lo que Draco podía pensar era que tal vez debería escribir una carta a sus padres muggles y agradecerles por haberle dado tan buena genética...sólo que nunca le diría a su padre que le había escrito a los muggles.

Draco asintió, apretando con fuerza la mandíbula así no volvía a decir algo cruel. Tragó saliva, deseando que le dejaran de temblar las rodillas. Era extraño pensar que cualquier mujer podía ponerlo nervioso, pero aquí estaba, sintiéndose tímido y abrumado cuando debería estar confiado. Las mujeres hermosas no eran algo nuevo para él, entonces, ¿cómo era posible que Hermione Granger había sobrepasado sus nervios? Dio un paso adelante, listo para poner su mejor espectáculo mientras caminaba alrededor de ella, con los brazos escondidos detrás de su espalda, con los ojos hambrientos recorrían cada pedazo de piel que podía ver. Tal vez si él pudiera encontrar algo malo en ella, eso la haría más accesible. Pero no había nada de malo en esa piel suave, piernas delgadas, estómago plano o en la curva sutil de sus pechos debajo de ese suéter. Su cuello era elegante, sus ojos eran como pozas de chocolate, y sus labios se veían listos para estar sobre su polla en este momento.

Mierda. ¿Cómo podía ser que ya estuviera duro? Ni siquiera habían comenzado.

—¿Vas a decirme lo que elegiste? —Ella le preguntó con voz tranquila.

Draco parpadeó por un segundo, dirigió su mirada hacia ella, y esbozó una sonrisa atrevida. Se dio cuenta de que, aunque era una descarada hermosa que lo intimidaba, tampoco tenía idea de lo que él planeaba hacer con ella. Eso le dio una nueva confianza, y colocó un dedo bajo su barbilla para forzar su rostro hacia arriba. Ella se quedó inmóvil, derritiéndose bajo su toque. Él pudo sentir su cálido aliento cosquillear su mano mientras la miraba a los ojos por lo que parecía una eternidad.

—Quiero fotografiarte.

Sus ojos fueron Imposible de leer por un momento. El único movimiento que la delató fue la forma en que sus cejas se juntaron al evaluar sus palabras.

—Fotografiarme. No recuerdo que eso estuviera en la lista.

Él sonrió.

—Saca la lista y lo verás por ti misma.

Su cuerpo se tensó, pero todavía estaba allí con la barbilla apoyada sobre su dedo, siempre la bruja diligente.

—Está bien —Él la soltó, y ella se acercó a su túnica para sacar la lista de uno de los bolsillos. Cuando se agachó para recuperar el pergamino, Draco se tomó el tiempo para admirar su trasero. Merlín, mira esas nalgas. Se merecían un buen azote... -La voz de sus días de sangre pura lo golpeó en la nuca, afirmando que esos pensamientos eran inapropiados. Aunque otra voz más fuerte que surgió de su lado desviado le dijo que ese trasero se vería aún mejor con cera goteando sobre ella.

Hermione se levantó, desenrolló el pergamino y comenzó a examinar la columna de su lista de deseos. Frunció el ceño y le llevó la lista.

—No veo nada aquí sobre fotografiar a alguien.

—¿No? —Intentó ocultar su sonrisa sin escrúpulos cuando dijo—: Déjame ver —Tan pronto le sacó la lista de sus manos, se dirigió a su escritorio en el rincón de la habitación, tomó su pluma favorita, la mojó con un poco de tinta y escribió una nota en la línea de sugerencias antes de que ella pudiera siquiera comprender lo que había hecho. Cuando escribió la última letra, Hermione se dio cuenta de lo que estaba haciendo, jadeó sorprendida y cruzó corriendo por la habitación.

—¡Eso es hacer trampa! —Intentó sacarle la pluma, pero él la alejó fuera de su alcance y la sujetó a ella con un brazo, sonriendo todo el tiempo—. ¡No puedes agregar algo a la lista como si nada!

—¿Qué? Ha estado allí todo el tiempo, ¿no lo ves? —Él se rió, recogiendo el pergamino y empujándolo en sus manos—. Justo ahí.

Él observó cómo sus ojos exploraban las palabras, y vio como se sonrojaba después de leer lo que había escrito. Repitió las palabras en voz alta, solidificándolas.

—Que Hermione Granger pose de manera seductora para mí, de cualquier forma que yo imagino mientras le tomo fotos —Sus dedos apretaron el pergamino con fuerza cuando encontró el coraje de verlo a los ojos—. Tú... escribiste mi nombre en esto.

—¿Sí? —Realmente no entendía porque eso era tan significativo.

—Podrías haber escrito "Que una mujer pose de manera seductora para mí", pero no lo hiciste.

Oh. Bueno, esa era fácil de explicar.

—No quiero que cualquier mujer pose para mí. Te quiero a ti.

Ella se mordió el labio inferior, lo miró por un momento antes de asentir, colocó la lista sobre el escritorio y le preguntó…

—Entonces... ¿siquiera tienes una cámara?

—Así es —Antes de cruzar la habitación para buscarla, se detuvo justo al lado de ella, se inclinó y la besó en la frente. No estaba del todo seguro de porque lo hizo, pero se sentía bien. Se acercó a su vestidor, hurgó en el cajón de calcetines y sacó una pequeña cámara de mano, que estaba desgastada y muy vieja. Se la mostró para que ella la pudiera tomar. Ella la agarró, y dejó que sus dedos se deslizaran sobre el diseño de metal y la lente de gran angular—. Perteneció a mi abuelo —dijo él tranquilo—. Disfrutaba de la fotografía, y cuando falleció, me la dejó.

—¿Te gusta la fotografía? —le preguntó, todavía apretándolo entre sus dedos.

—Cuando encuentro la musa indicada—respondió él, haciéndole un pequeño guiño—. Nunca me permitieron el lujo de encontrar un pasatiempo fuera de lo que mi padre deseaba de mí cuando era joven. Quidditch era un deporte que cualquier Malfoy podía practicar, y lo disfruté. Pero con el paso del tiempo, encontré que el arte, en muchas formas, es una manera válida de... dejar salir a los demonios.

Le quitó la cámara a ella y, sin previo aviso, apretó el disparador. Hermione jadeó y lo golpeó en el brazo.

—¿Acabas de sacarme una foto?

Él sonrió maliciosamente

—Tal vez.

—¡No estaba preparada!

—Bueno, a veces las mejores fotografías vienen de momentos inesperados —Él se rió, ahora un poco más libre que sabía que a ella no le importaba una mierda su preferencia en la lista de deseos—. Mira, me siento generoso, lo cual no es muy frecuente, así que te propongo un trato. Por cada foto que me dejes tomar, responderé una pregunta sobre mis tradiciones de sangre pura. ¿Te parece justo?

—¿Y cómo sé que no vas a chantajearme con estas fotos más tarde?

Se habría sentido insultado si no hubiera sabido que sonaba exactamente como algo que él haría. Pero ese no era el destino de estas fotos.

—Porque estas fotos me pertenecen. No quiero compartirlas con los demás porque de la manera que te tenga esta noche… —estaba tan sorprendido por sus palabras como ella—, no quiero que nadie más te experimente de esta manera. Eso es para mí. Y esto... es entre nosotros. Eso es todo. Así que, si incluso esta es nuestra última noche de libertinaje, siempre tendré esto.

Sabía que la había atrapado con eso, y en poco tiempo los hombros de Hermione se relajaron y se mordió el pulgar.

—Bueno.

Click

—¡Oye! ¡Ni siquiera hice una pregunta!

—Así no es como funciona esto, Granger —¿Por qué había estado tan nervioso? Tener una bella mujer en su dormitorio era más fácil de lo que pensaba—. Responderé una de tus preguntas cuando me des la fotografía que deseo. Así que no seas perezosa. Extendió la mano que tenía desocupada y rozó su labio inferior con la yema de su pulgar—. Ahora, ¿por qué no eres un buena Gryffindor para mí y te sientas en la cama? —A pesar de que fue formulado como una pregunta, era definitivamente una orden. Una que esperaba que obedecieran. Hermione lo sorprendió cuando le mordió suavemente la punta de su pulgar y lo miró con ojos lujuriosos.

—¿Cómo me quieres en la cama?

Su polla se sacudió en sus pantalones. Mierda. Carajo-Carajo-Caraaajo. Esto iba a ser mucho más caliente de lo que había previsto.

—De rodillas, por supuesto.

Ella arrastró su lengua alrededor de la yema del pulgar de él antes de alejarse y caminar hacia la cama. Tomó una foto de ella mientras iba, capturando para siempre ese delicioso trasero mientras caminaba. Y gracias al hecho de que era una cámara mágica, él no solo tendría la imagen, sino también el movimiento de sus caderas balanceándose. Se obligó a contener la sonrisa que quería extenderse a través de sus labios, y en cambio optó por una expresión más seria y casual cuando la vio subir a su cama y sentarse sobre sus rodillas, con los brazos entre las piernas delante de ella, como si fuera una vasalla a la espera de la petición de su superiora.

—Muérdete el labio —él susurró, sin importarle levantar la cámara hasta la línea de sus ojos. Había hecho suficiente fotografía para saber exactamente cómo resultaría la imagen si inclinaba la cámara ligeramente hacia la izquierda y la sostenía a la altura del pecho. Su yo más joven había ido las calles de Hogsmeade y fotografiado a personas en sus vidas diarias para practicar. Estaba contento de haberse tomado el tiempo para conocer sus fortalezas, pero en cambio disfrutaba mucho más de la intimidad de este escenario. Hermione Granger, la estudiante recta y que superaba las expectativas que no hay nada más que amara más que enterrar su nariz en un libro, iba a posar en fotografías subidas de tono para su placer visual. Predispuesta. Y sólo para él.

Click.

—Mi turno —dijo ella, dejando caer sus pretensiones seductoras y volviendo a caer en su personalidad habitual de una insufrible sabelotodo—. ¿Cómo se piden una cita entre los sangre pura?

Él se encogió de hombros.

—Normalmente, las citas son arregladas por los padres. Pero por ejemplo, mi padre en verdad quería salir con mi madre, aunque mi abuela trató de arreglarle citas con una cantidad considerable de otras mujeres. Entonces, le pidió a ella que lo acompañara a una Fiesta de Cotillón que sus padres organizaron por cumplir diecisiete años.

—¿Un cotillón? Eso es muy anticuado.

—¿Lo es? —Se acercó un paso más a ella y llevó la cámara a su hombro—. Recuéstate en la cama, Hermione —Había algo tan poderoso en decir su nombre de pila. La observó mientras ella hacía lo que le decían, y su cabello caía contra sus sábanas. El suéter blanco que llevaba se levantó ya que sus brazos estaban sobre su cabeza, revelando el hundimiento en el estómago desde su ombligo hasta su ropa interior que él deseaba con ganas sacársela. Un paso a la vez se recordó a sí mismo. Notó la forma tímida en que ella mantenía las piernas juntas y tomó una foto para capturar el momento—. Qué buena chica eres.

Vio como un sonrojo subía por las mejillas de ella mientras se empapaba sus palabras. No se movió de su posición seductora cuando hizo su segunda pregunta.

—¿Es común que los sangre pura pierdan la virginidad antes del matrimonio?

Tomó otra foto para conservar su rubor, y luego otra que captó la forma en que sus tobillos se movían nerviosamente bajo su mirada.

—No para las mujeres. Pansy, al renunciar a su virginidad conmigo, la marcó en un nivel más bajo entre los otros muchachos de nuestro año.

—¿Pero no es lo mismo para los hombres?

Él sonrió, disfrutando de esta curiosidad sensacional que ella poseía.

—Primero, quiero que abras tus piernas para mí —Ella frunció el ceño, y él bajó su cámara—.Quieres que te responda las preguntas, ¿no? Abre las piernas y, por si acaso, ponte la mano en la cintura de tu ropa interior, mientras que la otra mano toca el pecho a través del suéter.

—Eso es bastante específico.

—Sé lo que me gusta —Levantó la cámara y se mordió el labio inferior mientras la observaba actuar para él. Sus manos eran tan pequeñas, pero eran perfectas para que pareciera tocarse a sí misma para sus fotografías—. Hazlo creíble, Hermione o no compartiré mis conocimientos contigo.

Sus palabras la frustraron, pero hizo lo que le pidió y acarició su propio pecho mientras su otra mano jugaba con el dobladillo de sus bragas. Pero no fue suficiente que su cuerpo actuara, él quería capturar su rostro disfrutando del acto también. Con cuidado, se arrastró hasta la cama entre sus piernas y extendió la mano libre y acarició su otro pecho con cuidadosa presteza. El contacto de su mano hizo que ella separar su boca en una deliciosa "O", y tomó una foto rápidamente. Luego colocó la cámara a un lado en la cama por un momento, haciendo un punto para dejarla en posición vertical y mantenerla a su alcance para cuando viera su próxima oportunidad de obtener una foto impresionante. Él se inclinó sobre ella, apoyándose en uno de sus codos, mientras que su otra mano todavía sujetaba uno de sus pechos debajo de su sujetador y suéter. Sus labios comenzaron un rastro de tiernos y provocadores besos por el largo de su cuello mientras la masajeaba a través de su prenda.

Entre besos y mordiscos, él le respondió.

—No se espera que los hombres de sangre pura pierdan su virginidad a una edad temprana, pero, si se dejan llevar por sus deseos, deben mantener un sentido de discreción al elegir a alguien para... practicar.

—¿P-Practicar? — Hermione se quedó sin aliento cuando él encontró su oreja con los dientes y mordisqueó.

—Palabras de mi padre—Él arrastró la mano hasta el dobladillo de su suéter y apoyó la palma de su mano contra su estómago, sintiendo su respiración entrecortada—. Cuando descubrió que rompí el estatus quo de la espera hasta que se lo propuse a alguien, me dejó muy claro que debía aprovechar la oportunidad para aprender lo que se necesitaba para complacer a una mujer —Él clavó los dedos muy ligeramente en su estómago, ganándose un suspiro de ella—. Me dijo que, si iba a divertirme un poco, sólo tenía que hacerlo con los que tenían el linaje adecuado.

—Entonces... ¿por qué... por qué haces esto conmigo?

Le mordió con fuerza el cuello, estiró la mano para agarrar la cámara y rápidamente tomó una foto de ella gimiendo suavemente ante su acción. Luego se bajó de ella, se levantó de la cama y tomó otra foto de su aturdimiento lleno de lujuria. Sus piernas ahora estaban abiertas para él, y podía ver el rastro de humedad empapando sus bragas. Merlín, ni siquiera la había tocado desnuda, y ella seguía tan mojada para él. Tomó dos fotos más antes de hablar de nuevo.

—No soy alguien que siga la tradición, Granger. En este momento, con la forma en que te ves ahora mismo, me importa una mierda el "linaje adecuado". Ahora, ¿qué tal si te quitas ese suéter y me dejas ver con que estás trabajando, hmm? —Hermione hizo exactamente eso, tiró de la prenda hacia arriba y la pasó por sobre su cabeza para arrojarla al suelo. Sus pechos eran pequeños pero llenos, y estaban escondidos bajo un sujetador azul muy bonito que deseaba poder arrancarlo con los dientes—. Ahora te quiero en cuatro, de cara a la pared.

—Entonces, cuando estás cortejando a alguien, ¿esto está fuera de los límites? —Rodó sobre sus manos y rodillas, el trasero arriba presentándolo como un buen vino. Uno que le gustaría mucho probar, dada la oportunidad. Se acercó a un lado de la cama y presionó la palma de la mano contra su espalda, balanceándola y arqueando su trasero aún más alto de lo que había estado. Tiró de sus brazos hacia delante para que se extendiera como mantequilla sobre una tostada. Si ella no mantuviera el equilibrio necesario, caería, y ese tipo de tensión en sus músculos era exactamente lo que él había estado buscando. Deslizó la mano hacia la base de su columna vertebral, justo en el coxis, antes de levantar la mano en el aire y con un firme golpe cayó sobre una de sus nalgas. Hermione gimió suavemente, empujando su trasero en el aire para equilibrarse de la fuerza de su golpe. Draco, satisfecho, volvió a los pies de su cama y tomó una foto de su culo redondo en todo su esplendor.

—Está absolutamente fuera de los límites —le susurró, tomando una foto tras otra—. Sin mencionar que es muy tabú. ¿Fotos subidas de tonos? —chasqueó la lengua—. Cualquier mujer sangre pura que conozco habría muerto de la vergüenza. Pero no eres como ellas, ¿verdad, Hermione? Eres diferente. Eres especial —Para no ser demasiado amable, vociferó otro conjunto de órdenes—. Quédate cómo estás, pero quiero que extiendas la mano y te bajes las bragas para que pueda ver lo que tienes para ofrecerme.

—Draco... —ella le susurró, luchando contra las ganas de mirar hacia atrás. Una de sus manos fue a la parte superior de su ropa interior y comenzó a tirar hacia abajo.

—Lentamente —él ordenó—. Sí, así. Que regalo tan especial tienes... —Tomó una foto y luego la vio bajar sus bragas por debajo de la curva de sus nalgas finalmente revelándose ante él. Los labios de su vagina eran suaves, rosados y cubiertos con una excitación resbaladiza. Miles de imágenes diferentes pasaron por su mente: tomándola por detrás; haciéndola sentarse en su cara mientras él la lamía; empujando su polla, sus dedos, cualquier cosa que pudiera poner sus manos en ese coño que goteaba. Quería hacerla gritar y llorar y gemir por él como ningún hombre la había hecho antes. Su deseo por Hermione Granger se hizo más fuerte de lo que él podría haber anticipado.

Tomó otra foto.

—Joder... —Draco agarró la cámara como si fuera su único vínculo con la realidad—. Tócate para mí.

Sus dedos se deslizaron debajo de ella y entre sus piernas, y con una timidez que solo alguien que nunca había hecho antes algo así, comenzó a jugar consigo misma delante de él. El dedo de Draco presionó el botón del obturador una y otra vez mientras se acercaba, observando cómo sus dedos se arrastraban a lo largo de sus pliegues y se deslizaban sobre el nudillo de su pequeño clítoris. Él quería extender la mano para tocarla de la forma en que ella se tocaba a sí misma. Como si supiera exactamente lo que estaba pasando por su mente, ella gimió suavemente…

—Tócame, Draco.

Sin necesitar más indicaciones, se subió a la cama detrás de ella, dejó su cámara y extendió las manos temblorosas hasta que le agarró las nalgas. Hermione todavía jugaba consigo misma debajo de él, y él observó por un momento mientras ella se deslizaba un dedo y gemía. Su culo expuesto a él, arrastró sus ojos por sus nalgas, su precioso orificio, y su delicioso coño solo rogando ser lamido. Antes de que su apetito por ella lo consumiera, él se inclinó y mordió una de sus nalgas, provocando un gemido cuando Hermione perdió el equilibrio y cayó de bruces sobre su almohada, sus dedos se deslizaron fuera de ella mientras agarraba la cama. Su culo subió más alto, y Draco se echó sobre su espalda con vigor, disfrutando de la vista ante él antes de arrancarle la ropa interior de las piernas (supongo que ella tendría que irse desnuda después de esto, porque no habría manera que esas bragas volvieran a su estado original) sacó la lengua y la saboreó.

El sabor de Hermione Granger era como el océano. Era el equilibrio perfecto entre el agua del océano, la sal y el aire fresco, y si Draco pudiera, embotellaría el sabor y se lo vendería al mejor postor. Porque… maldita sea. Eso es lo bien que le sabía. Y por la forma en que ella gemía de manera incomprensible en su almohada, le gustaba la forma en que su lengua bailaba sobre su clítoris. Sus manos, ahora encontrando la voluntad para dejar de temblar, se acercaron a sus caderas y la hicieron caer sobre él para sentarse en su cara. Siempre había querido probar esto también: sofocarse debajo de una mujer de la forma en que había leído en esas historias eróticas que se suponía que no debía saber, escondidas en el armario de su madre.

Hermione se enderezó, dándose cuenta de que esto era lo que quería, y se rindió. Juntó las rodillas para enmarcar su rostro y se enderezó, con la cabeza inclinada hacia atrás y las manos encontrando su camino detrás de ella para desabrochar su sujetador y desecharlo al suelo con el resto de su ropa. Draco observó, con la lengua subiendo y bajando por su coño mojado todo el tiempo, como ella liberaba sus pechos en la tenue iluminación de su dormitorio. Oh, Merlín mira esos pezones, ellos también merecían un poco de adoración. En otro momento, supuso, porque en ese momento estaba dedicado al coño delicioso de Hermione. Draco cerró los ojos para no distraerse y la agarró del trasero para inclinarla hacia adelante y mejor en su boca.

—Ca-carajo... —Hermione se quedó sin aliento.

Draco se apartó de su clítoris para burlarse de ella.

—Vamos, profesora, cuidado con el lenguaje—Él lamió su nudo de nervios, dándole suavemente unos cuantos besos aquí y allá para mantener las cosas interesantes.

—Oh, a la mierda con el lenguaje, Draco. Mmm... Dios... sí... cómeme toda... mierda...

Ooh, ¿quién era esta versión de la profesora Granger y cómo se había mantenido escondida durante tanto tiempo? Mejor aún, ¿cómo podría mantenerla cerca? Se rió en voz baja, dejando un rastro de besos en sus labios y hasta el montículo por encima de su nudo—. Alguien se está divirtiendo.

—No te detengas —gimió ella, sus manos rozándose contra sus senos y bajando por su estómago en una frenética necesidad de contacto—. Por favor, Draco. Por favor.

—Bueno, ya que lo pediste tan amablemente —Él devolvió sus labios, besando y chasqueando la lengua, y probándola hasta que pudo sentirla comenzar a moverse sobre su cara. Presionó la lengua contra su clítoris con más presión, dejándola girar sus caderas ligeramente y follar su boca. Desde que era un adolescente, esto siempre había sido una de sus fantasías. Blaise Zabini había contado este relato erótico de la época en que se había metido con Lavender Brown después de que Weasley la hubiera dejado. La forma en que lo había descrito hacía que el acto pareciera peligroso y poderoso. Si una mujer estaba tan cómoda contigo para sentarse en tu cara y dejarte comerla como si fuera tu última comida, habrías alcanzado un sentido de poder en la vulnerabilidad de esa mujer. Pero notó algo interesante, mientras lamía sus jugos y la follaba con su lengua, y era que no se sentía muy poderoso. En todo caso, ella era la poderosa que estaba sentada encima de él, controlándolo, los ojos puestos intensamente en él con una sola orden: hacerla acabar.

Y estaba muy dispuesto a cumplir.

Su lengua se movió más rápido contra su clítoris y labios, y la lamió con una determinación que solo podía ser alcanzada por el movimiento de sus caderas y sus gemidos guturales. Quería hacerla venir. Quería lograr su felicidad haciéndola experimentar esa sensación orgásmica que ella le había otorgado la noche en que se la había chupado. Él quería ser el responsable de hacerlo.

Él gimió suavemente, la vibración de su voz bailando en su lengua, y, sin previo aviso, la envió por el borde. Hermione se deshizo en su boca sin un grito ni un gemido, sino un suspiro suave y delicado que sonó más a satisfacción que cualquier otra cosa que alguna vez había oído escapar de sus labios. Sus caderas dejaron de moverse mientras jadeaba por respirar. Draco continuó lamiéndola hasta que estuvo completamente satisfecho de que había agotado su orgasmo. En un estado de total post-éxtasis, ella se apartó de él y aterrizó sobre las sábanas de seda de su cama. Draco sonrió, se subió a ella y la besó metiendo la lengua en su boca, animándola a probarse a sí misma. Para su placer, la lengua de ella se encontró con la de él con gran entusiasmo. Sus bocas lucharon por unos minutos felices, pero cuando Hermione fue a buscar el prominente bulto de Draco, éste tomó su mano y la llevó a un lado de su cabeza.

Después de unos besos más ligeros, se separó y negó con la cabeza.

—No esta noche, Granger. Esta noche fue para ti.

—Pero... —Ella sonaba casi decepcionada.

Él le sonrió abiertamente.

—Dijiste una cosa de mi lista. Recibí dos. Estoy bastante satisfecho, Hermione. Créeme.

Ella se estiró, le corrió un poco el pelo del rostro y le dio un tierno beso en los labios.

—Sigue sorprendiéndome, profesor Malfoy.

Él se echó a reír.

—Sí, bueno... supongo que tengo que mantenerte alerta, ¿no? —rozó sus labios contra los de ella—. Además, tenemos mucho más tiempo para explorar esa lista, ¿no es así? —Deslizó una mano por su costado y la apoyó en su cadera—. Y todavía me debes una de tu lista.

Ella bostezó y le sonrió.

—Su lista es mi lista, profesor.

Él alzó una ceja.

—¿Cómo es eso?

Hermione le dio un delicado beso en la nariz.

—Quiero intentarlo todo en tu lista, Draco. Eso es lo único que hay en la mía.

Él se arrojó a un lado y la atrajo hacia su brazo.

—¿Quieres pasar la noche? —preguntó—. Podríamos comenzar temprano con esa lista.

Ella sonrió y rodó los ojos.

—No estamos de vacaciones aquí, Draco. Somos profesores en Hogwarts. Tenemos la obligación de mantener el profesionalismo.

—Pero mañana es domingo —hizo un mohín, sin saber por qué la idea de que ella dejara su dormitorio esa noche hizo sentirlo vacío.

—Tal vez alguna otra noche —ella se inclinó, le besó la mejilla y comenzó la molesta tarea de volver a ponerse la ropa. Lo último que encontró fueron sus bragas rasgadas, y le dirigió una mirada que decía lo mucho que lo despreciaba—. ¿Sabes? Sólo usé esto una vez.

—Cumplieron su propósito —él se rió. Hermione se metió la ropa interior rota en el bolsillo de la túnica, se puso los zapatos y se dirigió a la cama. Draco se inclinó hacia adelante, saboreando su beso de las buenas noches—. ¿Cuándo podremos hacer esto de nuevo?

—Hmm... —Ella lo pensó —. Vamos a ver qué tan bien te comportas en clase esta semana.

—¡Oh vamos! —El gimió —¡El profesor Malfoy no es tan divertido como el Draco perverso! ¡No pongas mi vida sexual en manos de ese pícaro mojigato!

—Tal vez deberías intentar fusionarlos en una misma persona —le dijo ella caminando hacia la puerta —¿Te veo mañana en el desayuno?

—Sí, sí, hasta mañana entonces. Pero no seré yo. Será él. Y no seré responsable de cualquier burla arrogante que él haga.

—Entonces mantenlo en línea. Buenas noches, Draco.

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NdT: ¡Holaaaa queridas lectoras de este fic tan candente! Espero que estén bien. Sepan disculpar la demora, sé que siempre digo lo mismo, pero créanme que hago todo lo posible para adelantar el trabajo, cosa que a veces no puedo como quisiera, pero tengan por seguro que nunca abandonaré una traducción, voy lento pero voy.

¿Qué les pareció el capítulo? ¿Quedaron satisfechas? Espero que sí, y si no sólo puedo decir, esto recién comienza ;-)

Gracias por todo, les deseo lo mejor. Les mando un gran abrazo y muchos cariños.