When you are in love
it's the loveliest night of the year
stars twinkle above
and you almost can touch them from here...


10 de junio, 1942

Un pueblo cerca de Trondheim, Noruega.

"¡Vamos, vamos, sírveme un poco más!" Los risas inundaban el bar de los Vinter en aquella fresca noche, y los gritos demandantes de Johan se perdían entre el mar de voces.

Afortunadamente, Selma estaba lo suficientemente cerca como para saber que aquel hombre ya había tenido suficientes tragos. "¡Para ya, Agotness! No tienes vergüenza ni modestia," Dijo la joven con ambas manos a la cintura. Su cabello era corto, a los hombros, y su complexión robusta. Sus ojos grandes, verdes y expresivos. A pesar de estar aparentemente enojada, reía.

Johan rió, tomó a Selma de la cintura, y con poco esfuerzo logró que la joven quedara sentada en sus piernas. Los hombres alrededor silbaron e hicieron más ruido cuando aquellos dos intercambiaron un pequeño beso superficial. Selma usualmente no habría permitido tal cosa, sin embargo estaban felices y celebraban.

Con la finalidad de poder llevar a cabo, por fin, su misión de derrumbar de su trono al agente de la Gestapo más influyente en Noruega, habían necesitado algunos detalles de su horario de trabajo. Después de un tiempo plagado de intentos sin respuesta positiva, por fin lo habían conseguido, gracias a un milagro en que Morten tuvo la disponibilidad de hacer saber aquella información a Lukas por medio de un mensajero, un hombre moreno que usualmente llevaba una máscara y se hacía llamar el Turco. Todos en la resistencia habían escuchado rumores de tal persona, cosas como que se mantenía al margen por razones desconocidas desde unos meses atrás y que filtraba información a cambio de un buen pago; pero una descripción así no pasaría desapercibida en el norte, por lo que siempre lo consideraron solo eso, rumores.

Lukas, en ese momento, se encontraba presente en la celebración solo en cuerpo, pues su mente divagaba entre sus recuerdos de la breve reunión con el Turco, repasando exactamente lo que le había dicho aquel hombre sobre el itinerario de Rinnan.

Un brazo de repente se enredó en su cuello, y el noruego volteó hacia arriba para encontrarse con el rostro sonriente de Simon Densen. No parecía estar ebrio.

"¿Qué tal la fiesta, Lukas? ¿No has bebido?" Preguntó, con su sonrisa amplia y sus azules ojos brillando.

"No. Por lo que veo, tu tampoco," Respondió en su usual manera monótona.

"¡No es necesario beber para divertirse! De hecho, me estoy divirtiendo solo viendo lo borrachos que están todos," Rió entre dientes, y se presionó más contra Lukas. Olía a madera mojada y pino, a pesar de tener ya tiempo sin talar árboles para el fuego en casa. "Hacen las cosas más tontas mientras están intoxicados. Selma incluso besó a Johan, ¿puedes creerlo?"

"¿Se puede saber qué significa eso, danés?" Exclamó Johan desde su lugar en la barra.

"¡Nada, amigo mío, disfruta tu velada sin preocupaciones!"

Ante eso Johan gruñó, pero no parecía enojado en lo absoluto. Lukas tuvo que sonreír un poco; Simon y Johan habían desarrollado una extraña amistad, desde el desagrado hasta la confianza.

El bar no estaba muy lleno. De hecho, la mayoría de las caras que andaban por ahí, Lukas podía reconocerlas. Rolf, Inger y Eirik eran los encargados de darles a todos sus bebidas; Emil se mantenía cerca para hablar con sus amigos de vez en cuando, y el Turco estaba sentado junto a él, silencioso y contemplativo. Jan Munch se encontraba en una esquina, junto a otros hombres, hablando (totalmente ebrio) sobre su esposa y su hijo. De igual forma, Reidar tenía su propio auditorio escuchando sus exageradas historias. Lukas casi podía escuchar en su cabeza a Ole Landvik riendo y a Arne Blom gritando enojado, a pesar de que ellos ya no eran parte de este mundo. No tuvo tiempo de sentirse nostálgico, pues Simon una vez más se dirigió a él.

"¿Qué te parece si nos vamos a casa? Ninguno de los dos parece estar disfrutando mucho," Continuaba sonriendo de forma cariñosa. Lukas apenas pudo asentir. Apartó la vista del danés, y se dispuso a ir con Emil para avisarle que era hora de irse.

"Pueden ir ustedes," Dijo su hermano de inmediato, con su expresión tranquila. "Yo quiero quedarme un poco más."

"¡Emil puede quedarse a dormir aquí!" Sugirió Inger entusiasmada. "Eirik también se quedará, ¿verdad?"

El muchacho no había alcanzado a responder cuando Lukas volvía a hablar. "No es necesario. Nuestra casa—"

"No es necesario," Coincidió Emil. "Pero yo quiero hacerlo."

"¿Todo está bien?" Se unió Simon en ese momento. "¿No nos íbamos, Lukas?"

Lukas continuaba viendo a su hermano, quien descaradamente sonrió y le guiñó un ojo. Lukas sintió su rostro calentarse al darse cuenta de lo que Emil intentaba, y al instante dio media vuelta. "Sí, ya nos vamos."

"Bien, ¡adiós a todos! ¡Duérmete temprano, Emil!" Se despidió Simon. Lukas podía jurar que escuchó a Emil decir algo parecido a no puedo decirles lo mismo a ustedes.

Caminaron por el pueblo, Lukas un poco más adelante que Simon. "¡Hey, espera! ¿Qué pasó?" Preguntaba el hombre. Con una mano intentaba fútilmente taparse un poco de la ligera llovizna que caía; Lukas ni siquiera se molestó en sacar sus manos de las bolsas de su abrigo. En pocos minutos recorrieron el pueblo hasta a casa, y entraron con prontitud. Simon se quedó atrás para cerrar la puerta mientras Lukas se apresuraba a sentarse en uno de los viejos sillones de la estancia.

"¿Lukas…?" Se escuchó la voz tentativa de Simon una vez se sentó junto al noruego.

"No… no es nada, solo, Emil…" Lukas intentó calmar sus latidos con una respiración profunda y estable. Lo cual no resultó muy bien, ya que la principal razón de esos rápidos latidos estaba junto a él y se acercaba cada vez más con una expresión preocupada en su rostro.

"Vamos, no te enojes con él," Al parecer Simon aún no sabía identificar los sentimientos que se reflejaban en el noruego, porque lo que menos sentía Lukas en aquel momento, era enojo. "No tiene nada de malo que quiera pasar un poco más de tiempo distrayéndose, con amigos," Rió, con aire incrédulo. "Aunque uno de esos amigos sea nada más y nada menos que el Turco… Le tomó cariño a Emil rápido, ¿no?"

Un suspiro dio paso a la respuesta de Lukas, encontrándose por fin calmado gracias a la escasa habilidad de Simon al leer emociones en otros. "Sí. Me comentó que Emil le recordaba a un viejo amigo, alguien que conoció de joven."

"¡Así que es por eso!" Asintió repetidas veces, como haciendo confirmación para sí mismo. "Aunque me sorprende que ese hombre te dijera algo así."

"Notó mis dudas hacia él cuando empezó a entablar conversación con Emil," Se recargó en el respaldo del sillón, cómodamente. "Me dijo eso, y su nombre, como muestra de confianza o algo, supongo."

"¿Y coincidía con el nombre que te dijo Morten? ¿Sadik Adnan?"

"Sí. De igual forma, puede que no importe mucho saberlo; podría desde un principio ser falso."

"¡Es probable! Además, no creo que ese hombre proporcione ese tipo de información sin que antes le paguen por ello."

Lukas se quedó callado, recordando la breve mirada nostálgica que pasó por los ojos de Adnan mientras le explicaba a Lukas lo mucho que su hermano le recordaba a aquel viejo amigo. Parecían ojos llenos de un sentimiento real, aunque apegados al pasado. Quizás Sadik Adnan sí había recibido un pago; uno que no se podía medir con valor monetario.

"¿Quieres comer?" Sugirió Simon de repente, con entusiasmo. "Puedo prepararte algo, Emil me ha enseñado."

Lukas rió un poco, entre dientes. "¿Serás mi ama de casa en un futuro?"

"Preferiría algún sinónimo de eso, con el sexo masculino en él," Consideró el danés, con fingido dolor. "Aunque puedo ser simplemente tu fiel acompañante preparándote la comida, sin esperar a que llegue ese futuro."

"Eres insufrible," Murmuró Lukas sin sentir eso en lo absoluto, y se inclinó un poco hacia enfrente para levantarse del sillón. "No tengo hambre. Me iré a dormir."

Antes de que se pusiera de pie, Simon lo tomó de la mano, y lo vio con completa seriedad. "Antes me gustaría que habláramos. Parece que hoy por fin tendremos algo de tiempo de sobra y quiero aprovecharlo."

Lukas lo vio aprensivo. "¿Hablar?"

"Hace unos meses… bueno, ahora que lo pienso me parece como que hubiera sido hace mucho…" Rió, y se puso una mano detrás del cuello en señal de nerviosismo. "Me dijiste que no podía pedirte que confiaras en otros, si yo mismo me guardaba todo…" Lukas pensó que Simon buscaba un tipo de afirmación cuando volteó a verlo, por lo que asintió lentamente, y el otro continuó. "Bueno, quiero que sepas que no podía evitarlo. Pasé varios años yo solo, viajando por Suecia, solo con la compañía de Monica y digamos que, bueno… un avión no es la mejor compañía del mundo," Rió un poco más, y Lukas se mantuvo en silencio. "Al contrario, tú tienes y siempre has tenido a Emil. Por eso yo consideraba que para ti sería más fácil expresar lo que sentías…"

"¿Esto es sobre ti o sobre mí?" Preguntó Lukas al notar que Simon había pausado sin razón aparente.

Simon pareció dolido por aquella pregunta, pero no se quedó mucho con ese sentimiento plasmado en su cara. "Supongo que ambos, pero, ya no sé si recuerdo bien lo que quería decir en realidad…" Lukas esperó hasta que el danés volviera a hablar luego de pensar un poco. "No puedo dormir bien desde que inició la guerra, sí, eso era. Tenía planeada una forma genial de empezar con ese tema, pero lo olvidé, así que tendrá que sea así," Simon rió y Lukas no pudo evitar sonreír; aquello era tan… tan Simon, que sintió su estómago dar un vuelco. "Antes les había explicado a ti y a Emil que no puedo dormir por estar siempre alerta, pero no es necesario estar alerta en tierra pacífica, ¿no?"

Aquello, honestamente, nunca se le había ocurrido a Lukas. Le parecía tan sensato que Simon no pudiera conciliar el sueño por el hecho de estar siempre atento a lo que pasaba a su alrededor, pues Lukas se sentía de esa forma cotidianamente, por lo que nunca dudó en el razonamiento del danés. Se sintió estúpido por haber dejado pasar un dato tan importante y tan obvio como lo era el hecho de que Simon vivía en Suecia, una tierra lejos de la guerra, donde no era necesario mantenerse alerta.

"La verdad es que constantemente estuve soñando sobre el día de la invasión. Mis compañeros caer de su avión hacia la muerte inminente, ¿sabes?" No esperó a algún tipo de afirmación para continuar. "Llegó a un punto en que era patético. ¿Un hombre grande asustado de dormir por unas cuantas pesadillas…?" Una risa desdeñosa, un segundo de silencio, y un suspiro siguieron a eso. "Pero era mi realidad," Poco a poco había dejado caer sus hombros y en su rostro dejó que se vieran, por primera vez, sentimientos que abiertamente expresaban desdicha. El pecho de Lukas se oprimía, pero continúo escuchando. "Y después de estrellarme aquí, después de conocerlos, otro tipo de sueños empezaron a aparecer… cuando podía dormir lo suficiente como para soñar, claro. Por los entrenamientos de la academia y los horarios, estoy acostumbrado a las pocas horas de sueño. Pero estoy llegando a mi límite… no he podido descansar en… en mucho tiempo," Parecía tan dolido, que Lukas estuvo a punto de intentar reconfortarlo de alguna forma, pero Simon volvió a sonreír. "Ni siquiera con ese sueño que te conté me sentí mejor. Fue uno bueno, de verdad, pero una cosa es soñar algo agradable y otra es haber descansado."

"¿Por qué me dices esto ahora?"

"No lo sé… «Parecía el momento adecuado»," Se encogió de hombros, pero volteó a verlo con determinación. "Eres inteligente, Lukas, y mucho. Sé que no me creerás si te digo eso, aunque sea parte de la verdad."

"¿Y cuál es la otra parte?" Preguntó, a pesar de tener una buena idea de lo que Simon diría. Se dio cuenta de que la mano de Simon seguía tomando la suya.

"Estoy preocupado," Dijo finalmente. Nada muy diferente a lo que Lukas se imaginaba. "No soy tan bueno observando a las personas, no como tú, pero me gusta pensar que te conozco lo suficiente como para saber que estás agotado. Sé que tú también tienes pesadillas, pero no quieres hablar de eso y supongo que… luego de hablarlo, podrías sentirte mejor. Luego de hablar contigo, me sentí mejor."

Lukas juntó las cejas, pero no apartó su mano. "Hablar de ello no cambiaría nada," Dijo a secas, y salió un poco más brusco de lo planeado. Simon hizo una discreta mueca dolorida, y apretó un poco más su agarre en la mano del otro. A pesar de haber respondido de forma grosera, Simon continuaba terco con su idea de ayudar, y Lukas entonces sintió aquella extraña calidez que siempre estaba presente en él cuando de Simon se trataba. Algo en su reacción hizo que Lukas fuera incapaz de dejar las cosas así, incompletas. "No cambiaría, porque…" Tragó saliva, y se sorprendió ante sus propios nervios. "Solo me haría sentir mal," Afirmó. Después, devolvió el apretón de mano. "Es cierto que estoy agotado; quiero descansar, Simon."

Se puso de pie sin soltar la mano del danés, quien lo siguió de cerca, claramente confundido. Llegaron a la puerta del cuarto de Lukas, la cual abrió sin cuidado. "Es hora de dormir," Dijo despacio. Soltó la mano de Simon para quitarse el abrigo y desabrocharse el cinturón. El danés lo vio en silencio, estupefacto, y Lukas se acercó a él para quitarle su abrigo con manos ligeramente temblorosas. "No podemos dormir con esta ropa puesta," Razonó en voz aún más baja que antes. Eso pareció bajar algún tipo de palanca dentro de Simon, pues el hombre entonces siguió el ejemplo del noruego quitándose los zapatos, la camisa y el pantalón.

Se escabulleron debajo de las capas de sábanas en la cama de Lukas, para después acomodarse cerca uno con el otro, de frente, con las piernas entrelazadas y guardando silencio unos momentos solo para apreciar el calor que emanaba del otro. Simon pasó un brazo alrededor de Lukas, por su espalda, sintiendo la delgada tela de su camiseta, y lo acercó más contra su pecho. Lukas acomodó su cabeza arriba del otro brazo del danés, e intentó de nuevo sus ejercicios de respiración para calmar sus latidos. Así de cerca, se dio cuenta de que los latidos de Simon eran incluso más frenéticos que los suyos.

"Esta es una mala idea," Dijo, y sintió al danés ponerse tenso junto a él cuando terminó de decir eso. "Se supone que así debería poder descansar. ¿Cómo voy a descansar si mi corazón decide justo este momento para volverse loco?"

Entonces, Simon rió, la tensión disipándose. Acurrucó su cara entre el cabello de Lukas, y de repente el noruego sintió que todo era demasiado. Pasaron de tomarse de las manos a estar juntos en su cama, y por un momento Lukas pensó que moriría prematuramente por un ataque al corazón.

Pero entonces Simon empezó a mover su mano por la espalda de Lukas, en círculos, lentamente. Casi de inmediato, Lukas se calmó. Después, Simon empezó a cantar. En voz baja, como un susurro; el noruego sintió un escalofrío recorrer su espalda, y dejó que su cuerpo prácticamente se derritiera junto a Simon.

Yours 'til the stars lose their glory

Yours 'til the birds fail to sing

No era el mejor cantante del mundo, ni su inglés el mejor pronunciado, pero para Lukas aquella voz era lo más perfecto que podría estar escuchando en ese momento. En el siguiente verso Lukas tarareó junto a Simon, quien rió despacio, sorprendido. Aquella risa era prácticamente perfecta, también.

"Creo que es nuestra canción," Dijo Simon, interrumpiendo su presentación. "¿No te parece? Me gusta lo que dice. Nunca he amado a alguien como te amo a ti—"

Lukas entonces rió con un poco más de ganas, por el absurdo intento de Simon para cantar aquella canción en noruego. "Creo que se escucha mejor en inglés," Simon asintió, y continúo cantando, arrullando a ambos. Sus respiraciones empezaron a tener un ritmo más calmado, mientras el cansancio se apoderaba de ellos. Antes de permitir que el sueño le ganara, Lukas pensó que, efectivamente, nunca había amado a alguien como amaba a Simon Densen.

.

Lukas estaba rodeado por un paisaje blanco. Por alguna razón, el blanco le pareció extraño, pues esperaba encontrarse con el color rojo. Al enfocar más su vista, pudo ver con claridad que aquello blanco era nieve, y que se encontraba en un bosque de pinos. Igual que lo demás, su ropa era blanca: el uniforme que usó en la guerra. Un rifle estaba en su espalda, y sentía el frío metal contra su piel, como si sus capas de ropa no existieran entre él y el arma.

Todo parecía pacífico, pero Lukas sabía que eso eran solo apariencias. En un momento u otro una explosión se escucharía, una ráfaga de balazos penetraría por el aire, una mancha de oscura sangre teñiría el manto blanco a su alrededor. Pero el silencio era fúnebre.

Había perdido uno de sus guantes, y al darse cuenta, supo qué día era. En aquella ocasión, varios de sus compañeros noruegos habían fallecido por una granada que cayó de repente frente a ellos. Lukas no había estado cerca, pero Tino llegó corriendo junto a él para darle las noticias. El cabello platinado de Tino apenas se veía debido al gorro, bufanda, y otro montón de trapos resguardándolo del frío. Sus ojos eran lo único visible; grandes, expresivos, de un peculiar color violeta en días soleados. En aquel día, solo reflejaban miedo.

"¡Lukas, es horrible, es—!" Dijo el joven, su voz quebrándose, estridente en el silencio. Apenas había llegado junto a él cuando Lukas tuvo que taclearlo al piso, pues un enemigo ruso había aparecido, apuntando hacia ellos. El sonido de sus cuerpos caer contra la nieve fue lo único que escuchó, pero ahora sus oídos zumbaban.

Rápidamente se incorporaron, listos para apuntar desde su lugar en el suelo. El ruso cayó sin hacer sonido alguno.

Tino volteó a verlo, e hizo una mueca de dolor. "Lukas, hay sangre en…"

En sus oídos... Claro. Era por eso que no podía escuchar nada, lo había olvidado.

"Estoy bien, solo—" Su recuerdo cambió en ese momento. Se suponía que hablarían un poco, Tino le informaría lo que sabía, y en unas cuantas horas más el fin de la guerra sería anunciado. Pero en aquel recuerdo, Tino empezó a llenarse de heridas, y en su uniforme blanco se expandían manchas de sangre. Con sus ojos desorbitados, llamaba el nombre de Lukas, moribundo. Y Lukas entró en pánico, porque así no era como debía terminar. Tino debía sobrevivir, regresar con su familia con una enorme sonrisa adornando su cara; él no debía morir en aquel lugar frío, tan contrario a su personalidad cálida.

"Lukas, Lukas, estoy aquí," Le decía el cadáver de Tino, y Lukas gritó.

De repente ya no estaba en la fría nieve, ni frente a un finlandés. Lukas estaba en una superficie suave, rodeado de sábanas, y una cálida persona lo abrazaba. "Lukas, estoy aquí, todo está bien," Susurraba una y otra vez, en una profunda y hermosa voz. Y cuando Lukas se dio cuenta de que Simon lo abrazaba, se dejó llevar por el cansancio una vez más. Y durmió, y descansó, como no lo había hecho en mucho tiempo.

.

Una mujer leía el periódico a dos mesas de distancia. Dos hombres charlaban el otro extremo del establecimiento, sus cafés olvidados. La mesera se acercó con Lukas y preguntó si podía retirarle la taza. El noruego asintió, mientras dentro de la bolsa de su abrigo, jugueteaba con su broche en forma de cruz. Entonces, escuchó que alguien se acercaba por detrás de él, pero inmediatamente supo que aquellas pisadas no eran de la persona a la que esperaba.

"Ya pasaron 40 minutos," Anunció Simon al tiempo que se sentaba frente a él. "Luego de 30 minutos de la hora acordada, ninguno de los dos debe estar en el punto de reunión. Lo sabes bien."

"Simplemente quería pasar un poco más de tiempo aquí," Lukas vio por la ventana. Hombres y mujeres iban y venían por las calles de Trondheim. Cada vez había más poco movimiento en la ciudad.

Un suspiro. Un segundo. Simon habló. "No vendrá. Vámonos."

Ambos se pusieron de pie, y salieron del establecimiento. Caminaban a la par, cerca, para hablar más cómodamente, aunque también para continuar sintiendo la presencia del otro cerca. Pasaron por la calle que llevaba a la antigua zapatería de los Bondevik, pero el primogénito de la familia ni siquiera le dedicó una mirada al camino.

"Sé que estás preocupado, y querías confirmación, pero ya todo está listo," Hablaba Simon. "Los hombres están nerviosos, pero desean que se llegue el día."

Lukas apretó los puños con fuerza dentro de su abrigo. "Morten afirmó que podría verme hoy."

"Cualquier cosa puso suceder para que no se presentara," Razonó el danés. Faltaban menos de dos días para a cabo la misión de cazar a Rinnan, y Lukas había quedado de verse con Morten para confirmar una última vez los horarios del miembro de la Gestapo. Había sido una acción opcional simplemente guiada por la inseguridad de Lukas, pues se suponía que los datos ya estaban validados.

"Apresurémonos," Comentó Simon de nuevo, luego de un momento de silencio. "Diría que Emil nos espera, pero seguro está con Inger y Eirik intentando calmarlos antes del gran día."

Ningún alemán se acercó a ellos mientras hacían su recorrido hasta el lugar donde los esperaba su transporte. Los transeúntes pasaban junto a ellos sin saber que estaban a punto de cambiar su ciudad. De repente, varia gente parecía muy interesada en caminar viendo hacia abajo en el sentido opuesto al que Simon y Lukas se dirigían.

Al llegar a una esquina, de lejos, un muchacho les hizo señales con las manos.

No se acerquen.

Simon no pareció reconocerlo a tiempo, y para cuando Lukas extendió una mano para impedir que el danés siguiera avanzando, ya habían dado vuelta en la esquina donde debía estar la camioneta que los llevaría de regreso a su pueblo. Y la camioneta estaba ahí, pero su dueño yacía en el piso rodeado de un charco de sangre, y tres alemanes uniformados de negro estaban a su alrededor.

Lukas jaló a Simon del brazo para dar media vuelta e irse, como los demás que habían visto pasar, pero los alemanes los voltearon a ver. Y debieron reconocer el rostro de Simon, el rostro de aquel teniente de la fuerza aérea danesa que llevaban tanto tiempo buscando, pues rápidamente desenfundaron sus armas y los miembros de la resistencia se vieron obligados a empezar a correr por sus vidas.

Lukas era rápido y ágil entre los callejones de Trondheim. Simon no tanto, pero seguía al noruego de cerca, y después de unas cuantas cuadras recorridas y cercas escaladas, ambos hombres se encontraron de cuclillas, tomando aire detrás de un enorme contenedor con basura.

"Creo que me reconocieron," Susurró Simon entre respiraciones. Lukas se ahorró el comentario irónico.

"No veo otra explicación al por qué nos persiguieron," Dijo en su lugar.

"Seguro vieron tu rostro también, ¿qué pasará con la misión?"

"Todo sigue de acuerdo al plan," Tomó su arma y la colocó en el bolsillo interno de su abrigo, para mayor accesibilidad. "No estamos comprometidos aún. ¿Puedes seguir? Unos edificios más y estaremos en la base de uno de los muchachos. Seguro alguien ahí nos puede llevar al pueblo."

Simon asintió, y continuaron a paso veloz. Al llegar a su lugar destinado y asegurar transporte de regreso, Lukas soltó un suspiro el cual no sabía que había estado guardando. Sentado en la parte de atrás del auto, junto a Simon, se dio cuenta de que la sola idea de que los alemanes reconocieran al teniente danés era suficiente para inundarlo de miedo. Dicho danés pareció sentir algún cambio en él, pues puso su mano de forma tranquilizadora en una rodilla de Lukas, la cual había estado moviendo rápida y erráticamente arriba y abajo.

"Fuimos descuidados al mover gente de la resistencia tan seguido en aquel mismo vehículo," Decía el conductor, un muchacho apenas mayor que Emil. "Seguramente lo hicieron solo para asegurarse de que no fuera un rebelde."

"¿Matarlo solo para asegurarse?" Comentó el copiloto. "Siendo los imbéciles de uniforme negro, no me sorprende en lo absoluto."

Ambos jóvenes continuaron haciendo plática insípida por el camino, hasta que llegaron al pueblo. Detuvieron el coche a la orilla del bosque, cerca de unas residencias abandonadas.

"Nos vemos en el día de la verdad, entonces," Se despidió el conductor, antes de poner en marcha el auto una vez más, y desaparecer por donde habían llegado. Lukas simplemente asintió, y Simon les agradeció el favor.

Tenían que caminar un tramo considerable de camino para llegar a casa, pero ninguno de los dos caminó con prisa. Se encontraban con pocas personas al recorrer las rústicas calles, y a Simon le pareció un buen momento para empezar con pláticas para levantar el ánimo.

"Vamos, sé que estás preocupado," Dijo Simon después de notar que Lukas no se distraía un poco ni siquiera hablando sobre su querido hermanito Emil. "Pero tú mismo dijiste que la misión no está comprometida. Todo está bien."

"¿No te parece extraño que te reconocieran tan rápido?" Lukas aún no levantaba la vista, contemplando montones de ideas en su cabeza. "Hace meses que Morten dejó de decir que los alemanes te buscaban."

"Morten no usa uniforme negro," Le recordó. "Los amigos de Johan lo han dicho varias veces: la Gestapo es prácticamente otra organización. Quizás algunos de ellos seguían buscándome."

El noruego levantó la cabeza, y vio a Simon con ojos acusadores. "Estás muy calmado, a pesar de la situación. Es la Gestapo. Todo lo que hemos oído hablar de ellos—"

"¡—Son cosas que no tendremos que vivir, así que puedes quedarte calmado!" Exclamó, tan inocentemente como siempre. De alguna forma, Lukas sabía que eso eran solo apariencias; al menos en gran parte. "De verdad, no te preocupes por eso."

"Aún así, siento que algo no cuadra. La misión…"

"Si te molesta tanto, puedes llamar a una reunión y hablar con los muchachos—"

"Sabes que eso no servirá de nada, no a estas alturas," Suspiró exasperado.

"Sí, tienes razón," A pesar de la situación, Simon rió, como siempre lo hacía. "Entonces… si te ayuda a calmarte, podríamos dejarle nuestro puesto a alguien más," Lukas le dirigió una mirada fría y severa. Simon continúo hablando, algo nervioso, dando sus razones. "¡Tenemos suficientes personas ahora, como para hacer ese cambio! No pasa nada si—"

"No los abandonaré en el último minuto. Si algo sale mal, saldrá mal con todos en su posición," Dijo, con aquella voz ligeramente autoritaria que ahora utilizaba en las reuniones.

Como respuesta, Simon suspiró. "Valía la pena intentarlo. De verdad eres terco, ¿de quién lo sacaste, huh?"

Caminaron un poco más, en silencio, y Lukas aprovechó aquellos instantes para calmarse observando el atardecer. Gracias a la pregunta que le hizo Simon antes, el noruego intentó alejar sus pensamientos un poco de la molestia que sentía sobre la misión próxima. "De mi padre, definitivamente," Respondió, sorprendiendo a Simon. "Nunca retrocedía de algo. Por eso… quizás por eso me pareció tan extraño cuando me enteré de que vendió la zapatería. Para él era importante."

"¿Aún estabas en Finlandia cuando pasó, cierto?" Simon no esperó a una respuesta. "Lo hizo pensando en tu bienestar y en el de Emil; en su futuro. Así son las personas. Por sus seres queridos, todos están dispuestos a dejar de lado su orgullo."

Lukas consideró esto mientras pasaban por enfrente del hogar de los Raske. La señora tenía la ventana de la cocina abierta, y el olor a pescado llegaba hasta la calle. Lukas se preguntó si el olor era por la comida, o por el oficio del señor.

"No creo que eso pase con todos," Desde el lugar donde estaban, Lukas podía ver a lo lejos su casa. "Emil es muy importante para mí, pero no pude dejar mi orgullo para que él tenga una vida más segura."

"No empieces con eso," Simon hizo un puchero, y desde ahí hasta que llegaron a casa, le enumeró a Lukas las razones por las que era un buen hermano mayor y razones por las que no debía preocuparse de ser lo contrario. Resultó tan absurdo y repetitivo, que el noruego incluso rió una vez adentro de su casa. Emil lo cuestionó, demandando saber qué cosa brillante había dicho Simon para hacer reír a su hermano unos días antes de una misión importante.

"Usualmente se la pasa callado y de mal humor, antes de salir," Dijo Emil seriamente, a lo que el danés simplemente rió y se encogió de hombros.

"Ya saben que me gusta creer que siempre hay una primera vez para todo," Mientras comían lo que Emil había preparado para la cena, Simon continuaba hablando y hablando. Lukas sabía que lo hacía para desviar la atención de la insípida y progresivamente escasa comida que podían consumir. Las provisiones se acababan, y con la finalidad de ahorrar todo el dinero posible, tenían que vivir apenas alimentándose de lo que tuvieran a su alcance.

"Entonces, Emil, ¿qué quieres hacer una vez se acabe la guerra?"

Emil volteó sorprendido hacia Simon, y rió despacio de forma incrédula. "¿Quieres la imagen del mejor escenario? Porque la verdad, en lo primero que me visualicé fue como esclavo por la eternidad," Su tono era sarcástico, pero su mirada lo delataba.

"¡Debes tener algo que quieras hacer, intenta pensar en grande! No necesitamos tu humor de adolescente en negación, no ahora," Simon le dio una palmada en la espalda y le sonrió. Emil devolvió la sonrisa muy levemente, y empezó a considerar.

"Creo que me gustaría ir a Islandia… mamá siempre hablaba de ella," Tenía una mano en la barbilla, y miraba hacia arriba con ojos de ilusión. Lukas se vio incapaz de apartar la vista. "Conseguiría un frailecillo de mascota y lo traería hasta acá."

"Tenías uno de esos de peluche, antes," Comentó Lukas, y Simon pareció encantado de que se uniera a la conversación. "El Señor Puffin… ¿no continúa guardado en tu clóset?"

"¡Hermano!" Exclamó el muchacho, poniéndose colorado fácilmente. Después se llevó una mano a la boca, como si decirle hermano a Lukas hubiera sido algo extraño.

"¿Qué es eso? ¿Quién es el Señor Puffin?" Simon brincaba en su asiento, emocionado como un niño.

"Es un tipo de ave," Empezó a explicar Lukas, pero fue interrumpido por Emil y sus exclamaciones sin sentido.

"¡Qué lindo! Una prueba de inocencia," El danés suspiró con aire soñador. "¿Qué hay de ti, Lukas?"

Emil volteó a ver a Simon con una mirada que decía imposible que te conteste, pero no contaba con que Lukas dijera: "Quiero recuperar la zapatería."

"Oh…" Dijo Simon, tan elocuente, pues no esperaba una respuesta tan rápida. No sabía qué responder a eso, y aparentemente, Emil tampoco.

"Que sea funcional una vez más," Continúo Lukas, consciente de que sus acompañantes estaban faltos de palabras. "Ya que no estudié la universidad, al menos puedo trabajar en algo que sé."

Ante eso, los focos de las ideas por fin se prendieron en la cabeza de Simon, y sonrió al tiempo que hablaba. "¡Es una idea genial! También, me puedes enseñar, para ayudarte… ¡Quiero aprender a hacer todas esas cosas geniales que hiciste cuando arreglaste nuestras botas!" Hizo ademanes exagerados para dar énfasis.

Lukas sonrió con sorna. "¿Crees que podrás aprender?"

"¡Claro que sí!" Las palabras del danés salían en pausas por las carcajadas incrédulas que soltaba ante lo que Lukas le decía. Emil los observó, en silencio, asombrado por la facilidad con que ahora interactuaban.

"¿Y tú, Simon? ¿Qué quieres hacer?" Preguntó el islandés ya que las risas se calmaron.

"¡Muchísimas cosas!" Extendió las manos, feliz de que le preguntaran. Típico de él. "Me gustaría ir a Suecia, y agradecerles formalmente a todos los que me ayudaron alguna vez," Empezó a levantar dedos, enumerando. "Ayudarles a ustedes a hacer lo que quieren. Buscar algún rastro de Monica, si no es que los alemanes se deshicieron de ella, ¡porque en el lugar donde caí, ya no está!" Lukas volteó hacia Emil, y ambos sonrieron enternecidos. "¡Y claro, quiero volver a Dinamarca!"

El tiempo se detuvo. El contacto visual entre los hermanos se rompió, y Lukas se dio cuenta de un detalle que al parecer había ignorado, un detalle esencial. La casa contigua no era el hogar el Simon, a pesar de que ahí viviera. El hogar de Simon estaba en Dinamarca.

Allá, tenía familiares. Una abuela y sobrinos, y quizás otros parientes que el danés no hubiera mencionado. Una casa pequeña y humilde, con un huerto detrás, y todas las cosas que en alguna ocasión Simon describió. Amigos, la fuerza aérea. Montones de razones, suficientes para regresar. Suficientes para que Simon se fuera de Noruega. Suficientes como para tener mayor peso que la sola existencia de Lukas en algún pueblito noruego olvidado por los Dioses.

"La abuela perdió a sus dos hijos en manos de las guerras, y no me gustaría que viviera hasta el final pensando que me perdió a mí de la misma manera," Explicaba el danés, indiferente a la recaída de Lukas. "Mis sobrinos seguro la han cuidado bien, me gustaría saber cómo están…"

Emil volteó hacia su hermano, con preocupación. Simon se dio cuenta, y de igual forma volteó hacia Lukas, y sonrió, enorme. Lukas sintió que su pecho se oprimía; sabía que estaba siendo irracional, pero el repentino temor existía dentro de sí.

"¡No te preocupes, Lukas!" Continuaba sonriendo. "Es una señora muy convencional y estricta, ¡pero estoy seguro de que estará encantada contigo! Con Emil también, claro."

Cualquier tontería que hasta ese punto se había acumulado en la paranoica mente de Lukas, se esfumó en el instante. Antes de empezar a preguntarse a sí mismo cómo es que llegó a pensar que Simon simplemente lo haría a un lado al tener la oportunidad, se puso de pie y levantó su plato vacío de la mesa, para después llevarlo a la cocina y limpiarlo rápidamente. No quería sentirse culpable por haber perdido la confianza tan rápido, pero era inevitable.

Estaba asustado por la idea de perder a los que amaba.

"Lukas," Emil hablaba apenas en un susurro, como temiendo que su hermano saliera corriendo en el acto. "Me voy a dormir. Mañana… ¿Nos vemos mañana, temprano?"

No te vayas sin despedirte le había dicho Emil, desesperado, meses atrás.

"Sí. Nos vemos mañana," Asintió.

Su hermano asintió, y se marchó de la cocina. En su camino, se despidió de Simon, quien después de un rato entró con Lukas y le anunció que se iría también a dormir. Continuaba de buen humor, pero no hablaba mucho; probablemente con la finalidad de acercarse con cautela a Lukas, por la forma incómoda en que había terminado la anterior plática.

El noruego salió con él al patio, y evitaron pisar las plantas de Emil en lo que llegaban al cerco que dividía las partes traseras de ambas casas. Antes de cruzarse al otro lado, Simon volteó hacia él y le deseó buenas noches. Lukas lo tomó de la mano, instintivamente, antes de que el danés avanzara.

"Necesito pedirte algo," Le dijo el noruego, calmado, viéndolo directamente a los ojos.

"Puedes pedirme lo que sea," Respondió Simon sin dudar.

"Bien. Porque esto es importante," Lo soltó, indicando que se pusieran de pie frente a frente. "Cuando decidiste unirte a nosotros, te dije que debías seguir mis órdenes. Sé que a partir de ahora eso no será suficiente, y necesito que me prometas algo."

Expectante, con seriedad, preguntó: "¿Qué es?"

"Prométeme que cuidarás a Emil. Que él será una prioridad para ti," Empezó, con voz decidida. "Sin importar lo que me pase a mí… él es mi hermano, y quiero asegurarme de que estará a salvo."

"Pero, Lukas," Simon levantó las manos, buscando tomar las de Lukas, pero éste se apartó.

"Sé lo que vas a decir; y es un buen sentimiento, lo aprecio, pero no es lo que necesito. Necesito saber que cuidarás de él, y por lo tanto, que cuidarás de ti mismo para cumplir esta promesa."

"Lukas, no es justo; en ese caso, yo debo pedirte lo mismo—" Simon aún intentaba acercarse a él, un poco desesperado, sus ojos cristalinos con preocupación.

Lukas simplemente apartaba sus manos, mientras negaba. "No pienses que estoy abandonando la idea de vivir. Claro que pienso continuar y estar yo mismo con él, pero debo tener asegurado esto," Sonrió de lado, un poco, y vio al danés con un aire de tristeza en su mirada. "Además, yo te pedí primero esta promesa."

Simon buscaba palabras, pero nada le convencía. "No puedes, no… No puedo—"

"¿No puedes hacer esto por mí?" Se acercó un poco más. "¿De verdad no puedes?"

"¡Claro, haría lo que sea! Solo… solo que," Se llevó ambas manos al cabello en un movimiento rápido, y las bajó casi al mismo tiempo. Lo vio con ojos azules llenos de miedo e incertidumbre. "¿Sabes lo que esa promesa conlleva, cierto?"

Quieres que asimile la idea de perderte, decía aquella mirada.

"Lo sé," Afirmó al instante. "Pero no lo pienses demasiado. ¿No eres tú quien siempre dice que todo estará bien? Simplemente quiero… esa paz mental."

"¿En esto pensaste todo el día? Todas esas dudas que tienes sobre lo que puede pasar en la misión… ¿A esto te llevaron?" Lukas asintió, y Simon supo que había perdido. Respiró profundo, y vio al noruego con seguridad. "Bien, Lukas. Te prometo que cuidaré a Emil."

"Gracias," Lukas Bondevik le sonrió agradecido, y justo después, algo apenado. "Y si no es mucho pedir, quisiera que cuidaras a Eirik también. Su difunto hermano me pidió de forma muy vehemente que nunca le quitara un ojo de encima, y entenderás que no puedo simplemente dejarlo solo…"

Simon abrió mucho los ojos, y después se dobló hacia enfrente, riendo. "¡Y me pides más de un encargo! No tienes vergüenza, de verdad…"

"Me aprovecho de que eres tú," Entonces Lukas se acercó a él, y puso ambas manos en el pecho de Simon. Se inclinó hacia enfrente, buscando tentativamente algo de contacto, sin embargo Simon se apartó un poco, juguetonamente, y Lukas levantó una ceja en un intento de suprimir su diversión. "¿Tú, rechazándome? ¿Dónde está el danés idiota que conocía?"

"Puede que se haya quedado encerrado en mi casa desde la mañana," Simon fingió estar considerando tal posibilidad, mientras veía hacia arriba, contemplativo. Después volteó de nuevo hacia abajo, y observó a Lukas con un curioso brillo en sus ojos, un brillo nuevo. Un brillo que, de alguna forma, hizo que Lukas pensara que en aquel entonces se iba presentar su última oportunidad. ¿Última oportunidad para qué? El noruego no lo sabía con exactitud; pero lo sabía lo suficiente como para aceptar cuando Simon preguntó: "¿Qué te parece acompañarme a buscarlo?"

Entraron a la casa de Simon silenciosamente, como si necesitaran esconderse de alguien; uno de ellos hablando cursilerías en susurros y el otro intentando suprimir su risa cuando casi tiraba un jarrón de ornamento en un movimiento tosco, poco característico de su personalidad estoica. Al cerrar la puerta de la recámara, Lukas no supo en dónde exactamente estaban sus manos, simplemente con el conocimiento de que en ocasiones ayudaba a Simon a desabotonar su camisa, en otras las pasaba por suave cabello alborotado, y en otras tocaba piel, todo mientras se besaban torpemente. Y Lukas en ese momento recordó que nunca habían compartido un segundo beso, ninguno verdadero y profundo, no después de aquel día de navidad; comprendió que lo necesitaba, tanto, a pesar de que hasta ese entonces había estado muy distraído con otras cosas como para considerarlo.

Hasta que sus piernas se tropezaron con la cama, y ambos cayeron en ella en un enredo de extremidades y sábanas, fue cuando Lukas empezó a estar consciente de lo que pasaba entre ellos. De no ser porque a esas alturas habían pasado ya unos pocos días durmiendo uno junto al otro, acostumbrándose a sus presencias, Lukas seguramente hubiera entrado en pánico.

Pero ese no era el caso, para nada, en ese momento. Lo que pasó en realidad, fue que el noruego recorrió sus manos por el torso de Simon, levantándole al mismo tiempo la delgada camiseta desmangada que había llevado bajo a su camisa, y con su lengua recorrió el labio inferior del danés, ganándose un temblor de pies a cabeza de parte de Simon. Aquellas manos con piel gruesa se sentían tan bien contra la piel de Lukas, que se dejó perder en la sensación, en el olor de Simon, en las palabras bonitas que le susurraba al oído, en su rubio cabello y sus profundos ojos azules que lo veían, nublados por el deseo.

Simon empezó a bañarlo en besos; en su cara, por su cuello, y se detuvo en su pecho, donde Lukas pudo sentir un ligero cosquilleo por la pequeña barba que se había dejado crecer el danés. Cuando sintió una mano recorrer su abdomen hasta llegar entre sus piernas, Lukas empezó a sentirse más consciente de sí mismo, avergonzado. Donde quiera que pusiera sus manos en el cuerpo de Simon, éste tenía músculos firmes y tonificados. Lukas en cambio, era delgado, huesudo, y seguro no se sentía bien tocarlo, mucho menos verlo.

"¿Qué pasa?" Simon inmediatamente apartó sus manos, y las puso a los lados del cuerpo de Lukas. Debió haber sentido el cambio de humor en el otro, y lo veía con ojos de culpa, como si acabara de hacer algo horrible.

Lukas no respondió e intentó apartar la vista mientras apretaba sus manos en la espalda del otro. Simon sonrió una vez más, con dulzura. "¿Sabías que eres la persona más hermosa que he visto? Cuando recién llegué aquí… cuando estaba tocando la armónica y tú saliste, tu pelo y tus ojos se veían tan bonitos y… apenas cubriéndote, mostrando tus clavículas," Pasó la mano por aquellos huesos debajo del cuello de Lukas. Rió, avergonzado, y el noruego se dio cuenta de que no solo él se estaba exponiendo. Simon también estaba en la misma situación. "Creo que nunca nadie me pareció tan atractivo."

Simon estuvo a punto de no poder terminar aquella oración, pues Lukas tomó su cara con ambas manos y lo acercó a él para besarlo, una vez más, apreciando cada sensación que la lengua de Simon le causaba, respirando el mismo aire en el mismo aliento. Entonces, sintiéndose intoxicado por la presencia del otro, enredó ambas piernas en la cintura del danés, e hizo presión hacia abajo hasta que sus entrepiernas estuvieron juntas. Simon soltó un ruido que fue ahogado contra su boca, y fue suficiente para que Lukas perdiera la razón momentáneamente, pues no supo cómo habían perdido su ropa restante, ni cuándo fue que el danés se estiró hacia su cómoda para sacar una pequeña botella de algún cajón.

Simon lo trataba delicadamente, no como temiendo romper algo, sino como grabando en su mente la textura de la piel de Lukas, el profundo color de sus ojos, escuchando detalladamente cada sonido que salía de la boca del noruego. Y sonreía, y le decía en voz alta cada tontería cursi que pasaba por su cabeza, mientras Lukas intentaba apartar la vista, mientras Lukas intentaba disminuir el calor que sentía en su rostro y en todo el cuerpo, pero adorando cada momento en que Simon se acercaba un poco más, adorando cada palabra que decía entrecortada por falta de aliento, memorizando las expresiones del danés. Y Lukas sabía que nunca iba olvidar aquello, no si le ponía la debida atención.

Entre caricias y respiraciones forzadas, la intimidad del momento se expandió gradualmente; la sensación fresca y extraña dentro de él se sentía incómoda por los primeros instantes, pero Simon se encargó de distraerlo con besos y susurros. A Lukas, en realidad, no podía importarle menos. Simplemente deseaba continuar así, cerca, y permanecer sintiendo a Simon junto a él, dentro de él, con él. Porque se sentía como su última oportunidad, y aún no sabía de qué. Solo sabía que a esas alturas, ya no quería nada que no fuera Simon.

"Dime si te lastima," Lo escuchó diciendo, justo antes de sentir que, por fin, no había nada más inundándolo, solo Simon, Simon, Simon, lenta y dolorosamente, hasta que solo quedó placer. Y ese placer dio paso a exclamaciones suyas que no sabía que podrían alguna vez salir de su boca, así como a sus uñas enterrándose en una tonificada espalda, y sus dientes mordiendo la piel más cercana.

Y en algún punto, abrazado de Simon, respirando su calor, con lágrimas en los ojos, sintiendo que algo casi terminaba, de su boca solo salía una oración, una y otra vez. "No me sueltes, Simon— No me sueltes."

Y Simon nunca lo soltó; solo continúo asegurándole, con voz temblorosa, con suspiros llenos de adoración y cariño: "Aquí estoy, no te soltaré, no te dejaré ir."

Concilió el sueño tranquilamente. Con los brazos de Simon rodeándolo, sus piernas entrelazadas, su respiración junto a su oreja, donde el frío de afuera no podía llegar, donde la crueldad de la realidad no podía alcanzarlos, al menos no en ese momento. Porque ese momento, esa noche, era perfecta. Porque Lukas estaba perdidamente enamorado, y Simon permanecía junto a él.


Notas:

Cuando estás enamorado
es la noche más hermosa del año
las estrellas brillan arriba
y casi puedes tocarlas desde aquí...

La canción es The Loveliest Night of The Year de Vera Lynn

Sigo viva, lo juro, es solo que ando super perdida con otras cosas... como sea, se viene lo bueno.

Muchas gracias si alguien sigue leyendo esto, de verdad.