NA: ¡Hola gente! Qué contenta estoy con la aceptación que tuvo el último capítulo de esta historia. Parece que dejó a más de una sufriendo un poco...
Hay quien me ha comentado mediante reviews que creen que Hermione está siendo inmadura. ¿De verdad pensáis eso? Yo creo que está siendo realista. Simplemente poneos en su situación, no hay por dónde cogerla. Un embarazo no deseado siempre tiene un gran impacto en las personas, imaginaos que encima el padre es alguien que conocéis de menos de una semana. Eso es algo loco. Yo me pongo en su lugar y me dan ganas de morirme xD
En fin, mil millones de gracias por los reviews. Me encuentro super inspirada con esta historia y eso, en parte, es gracias a vosotros :D *manda besitos a sus lectores*.
Capítulo 11: Caught!
Cuando Hermione se fue del apartamento de Draco, estuvo dando vueltas por el barrio en busca de una farmacia. Si le hubieran preguntado no hubiera sabido decir cuánto tiempo había estado caminando hasta que encontró una, lo único que sabía era que el día había empezado a oscurecer y que un molesto calambre recorría sus piernas de vez en cuando.
Supuso que había caminado bastante. No podía decirlo a ciencia cierta porque había una especie de neblina en su mente que nublaba sus pensamientos y la hacía sentir un poco desorientada.
Dentro de la farmacia se las arregló para, con un escaso puñado de palabras, hacerle saber a la farmacéutica lo que quería. En su cartera tenía el dinero justo para pagar una sola prueba de embarazo. Se dio cuenta entonces de que no hubiera tenido suficiente para comprar todos los ingredientes necesarios para haberle hecho a Draco su rica tarta de limón.
Pensar en él le hacía sentir una punzada de dolor en la boca del estómago. Lo último que le había dicho antes de que ella saliera por la puerta retumbó en su cabeza con tanta intensidad que casi se queda sin aliento.
"No te vayas".
Pero ella lo había hecho, irse. Dejarlo atrás. Simplemente no podía quedarse, no era una opción después de haber visto la alegría reflejada en el rostro del rubio cuando supo que había posibilidad de embarazo. Discrepaban en algo tan serio como el hecho de tener un hijo. Era una locura, una demencia en letras mayúsculas. Bien grande. Dementes.
Hacía sólo cinco días que había perdido la virginidad y ahora pensaba en abortar.
Hermione había crecido en un ambiente un tanto conservador aunque ella siempre había sido bastante abierta de mente, desde bien pequeñita. Temas polémicos socialmente como podían ser la homosexualidad, el cambio de género o el aborto nunca le habían causado dolores de cabeza. Para ella todo era más simple que para los demás. Vive y deja vivir. ¿No te gusta la homosexualidad? No seas homosexual. ¿No te parece bien que una persona que siente que vive en un cuerpo que no es el suyo cambie su género? No lo hagas tú. ¿Estás en contra del aborto? No abortes, pero no obligues a los demás a hacer o pensar lo que tú consideras correcto. Al fin y al cabo, ¿quién sabe cómo se siente el vecino? Nadie experimenta el dolor de las personas que les rodean, sólo el suyo propio. Hermione siempre había pensado que prohibirle a una persona ser feliz a su manera era un poco cruel.
Pero ahora que era ella la que se encontraba en una tesitura delicada, la cosa cambiaba un poco. ¿Qué haría si efectivamente estuviera embarazada? Simplemente no podía tener un hijo con un desconocido. No, las cosas no se hacían así. No podía bajar una cuesta corriendo si sabía que justo cuando llegara al final habría un muro bien alto y duro con el que se daría de bruces sin remedio. Tenía que ser responsable, todas esas locuras que había cometido en los últimos días sin pararse a pensarlas ni un segundo tenían que parar. Ella tenía que relajarse. Pensar.
Pensar la manera de solucionar aquel posible problema y ser consciente de las consecuencias. Un aborto la marcaría para toda la vida. Le dejaría secuelas no sólo físicas, también psicológicas. ¿En qué diablos había estado pensando? Su falta de cabeza ahora le pasaba factura. Y una bien gorda.
Sabía que había empezado a llover, pero no había nada que le animara a echar a correr. Es más, sentía un gran peso a sus espaldas que se lo impedía. La lluvia sólo era agua que mojaba su ropa y su pelo. Se preguntó por qué demonios sentiría que le calaba hasta el corazón y los huesos.
Quizás fuera el hecho de que recordaba con demasiada claridad la lluvia de la noche anterior, bajo la cual Draco y ella se habían besado por primera vez. Ahora sentía que había sido una lluvia diferente a la de hoy. Más ligera y jovial, menos dura. Esa noche solitaria, caminando con la cabeza gacha y las manos metidas en los bolsillos de su pantalón, cada gota que caía sobre ella se sentía un martirio.
Una gota tras otra, y otra más… Y de repente la lluvia se tornó en tormenta. Sin previo aviso, sin darle oportunidad de ponerse a cubierto. Pero eso ya no importaba, porque sus pies dejaron de moverse sin una orden expresa, y cuando ella levantó la cabeza se encontró delante de la casa de sus padres. De su casa.
¿En qué momento había decidido volver? ¿Lo había hecho realmente?
Ya daba igual. Empapada, con el corazón encogido y el peso más grande que había tenido nunca en su mente, lo único que necesitaba era volver a casa. Sentía una urgencia desmesurada de meterse en su cama y olvidar todo lo que había pasado… aunque en el fondo era muy consciente de que no podía ni debía hacer eso.
¿Qué tal si simplemente se dejaba olvidar durante una noche? Sólo mientras dormía. Podía intentarlo al menos.
Sus nudillos golpearon la puerta de su casa un par de veces. No es que recordara haber cruzado el pequeño patio delantero, pero tampoco iba a torturarse por ello. Estaba claro que todo aquello se debía a que se encontraba en estado de shock. Era normal, ¿no? Podía perdonárselo… algún día.
Los brazos de su madre la abrazaron de repente. Se había lanzado a ella con tanta fuerza que casi la tira de espaldas. Le había dado exactamente igual la lluvia, no parecía importarle demasiado estar mojándose junto a ella. Hermione la rodeó con los brazos y dejó caer la cabeza contra su hombro. Su padre apareció de la nada un segundo después y se unió al abrazo.
Era agradable. Volver a casa y recibir el amor sincero y sin reproches de tus padres, definitivamente era una sensación más que agradable.
Hermione recordaba haberse dado una ducha caliente antes de ponerse el pijama, lo que no sabía era cómo había llegado hasta su cama. Supuso que había dormido toda la noche de un tirón porque cuando recuperó la consciencia de sí misma su habitación estaba completamente iluminada. No tenía la sensación, por vaga que fuera, de haber soñado algo. Estaba tapada con las sábanas y alguien acariciaba su pelo lentamente. Se dejó hacer un rato más, con el rostro medio hundido en la almohada y los ojos aún cerrados. No necesitaba abrirlos para saber que quien acariciaba su cabello era su madre. Siempre lo había hecho cuando, siendo pequeña, se enfermaba o estaba triste por algo.
Cuando decidió que ya iba siendo hora de reaccionar, Hermione abrió los ojos poco a poco para darle tiempo a sus pupilas de adaptarse a la claridad.
Lo primero que vio fue a su madre, sentada en una silla junto a su cama y mirándola con una mezcla de preocupación y alegría en el rostro.
—Buenos días cielo —le susurró con cautela.
—¿Qué hora es?
La mujer miró su reloj de muñeca un par de segundos.
—Las doce y media —respondió con suavidad.
Hermione se deshizo de sus caricias incorporándose un poco en la cama.
—¿Y tu trabajo?
—Me he pedido el día libre.
La chica miró a la pared del fondo de su habitación por encima del hombro de su madre. Ahora se daba cuenta de que ella tampoco había ido a la Universidad. Dio un suspiro por lo bajo y luego, haciendo acopio de toda su fuerza, miró a su madre a los ojos por primera vez en los últimos días. Los vio algo más hundidos y apagados de lo habitual.
—¿Y papá?
—Él sí ha ido a trabajar. Me ha pedido que te diga que lo llames cuando te despiertes.
Hermione no estaba del todo segura de que le apeteciera hacer eso. Se dispuso a levantarse de la cama para evitar decir algo al respecto, pero su madre le puso una mano en el hombro y la hizo parar.
—Cariño… ¿dónde has estado? —su madre se percató al instante de la mueca de dolor que apareció en el rostro de su hija ante su pregunta—. Está bien, cielo. No tienes que contármelo ahora —Hermione tomó una gran bocanada de aire antes de agachar la cabeza. Su madre le puso dos dedos en la barbilla para levantarla de nuevo—. Eh, no pasa nada. Todo está bien. Tu padre y yo hemos tenido largas y contundentes conversaciones desde el día que te fuiste por la ventana… No estamos enfadados contigo, sino con nosotros mismos. Tenemos la sensación de que hemos fracasado como padres. Ha sido necesario que hicieras esto para que nos diéramos cuenta de nuestros errores…
Su voz se quebró al final de la frase y no pudo continuar.
—Oh, mamá —Hermione la abrazó con fuerza y ambas hicieron que ese abrazo durara más de lo normal—. Siento haberos hecho esto.
Cuando su padre llegó del trabajo aquel día, Hermione le dio un cálido abrazo a modo de disculpa. Éste le dio un beso en la coronilla y le frotó un poco la espalda como respuesta. No podía creer que sus padres no le hubieran echado la bronca de su vida después de lo que hizo. Le parecía casi inverosímil que su escapada hubiera servido para hacerlos recapacitar sobre su actitud. ¿Habrían entendido al final que ella era una persona adulta y que, aunque viviera bajo su techo, ellos no tenían ningún derecho a controlar su vida? Realmente esperaba con todas sus fuerzas que así fuera.
Y el miércoles pasó con todas las atenciones y muestras de cariño por parte de sus padres. Era evidente que su comportamiento estaba motivado por el miedo a que pudiera volver a marcharse, y aunque Hermione sabía que su madre intuía que su tristeza no sólo era debido a la sobreprotección de la que siempre había sido víctima en su casa, ninguna hizo comentarios al respecto. Supuso que le estaba dando tiempo para que fuera ella quien acudiera a su madre a contarle lo que le pasaba. Tal vez terminara haciéndolo algún día.
La noche del miércoles no podía dormir, lo único que hacía era dar vueltas y más vueltas en la cama. El hecho de que sus padres no le hubieran montado un escándalo contribuyó a que pudiera relajarse y empezar a pensar con claridad. Y si bien lo primero era bueno y necesario para ella, lo segundo lo único que hizo fue aumentar su ansiedad.
Había leído en internet que para que una prueba de embarazo fuera efectiva había que realizarla una semana después de la fecha prevista del periodo. Eso tampoco ayudaba. Había decidido dejar de tomar las pastillas anticonceptivas y esperar a que su cuerpo hablara. Según sus cálculos debía venirle la regla en una semana, aunque no estaba del todo segura de que fuera a poder esperar una semana más para hacerse la prueba y salir de dudas. Seguramente si no le bajaba el miércoles siguiente por la mañana terminaría haciéndosela el miércoles por la tarde. Y si daba negativo iría a comprar otro test para por la noche.
Hermione resopló. Era imposible dormirse cuando su mente no dejaba de darle vueltas a todo. Había estado pensándolo durante el día y ahora creía que lo mejor era no adelantar acontecimientos. Intentaría no dejarse llevar por las emociones, pero sobre todo no dejaría que aquello arruinara su vida antes incluso de saber si estaba embarazada o no. Así que lo único que quería hacer esa noche era dormir, descansar para poder levantarse temprano por la mañana e ir a la Universidad. Ya había faltado demasiado y no quería perder el ritmo de la clase… pero Draco no se iba de sus pensamientos. Aparecía vestido con unos pantalones vaqueros rajados por las rodillas, una camiseta blanca bajo su chupa de cuero negro y un casco bajo el brazo. Le sonreía. A veces movía la cabeza para hacerse el flequillo rubio a un lado, otras se mordía un labio sensualmente… y luego los movía para que pudiera leer en ellos su manera favorita de llamarla. Hermie. No hacía ningún sonido en su memoria, sólo se paseaba por ella de un lado a otro sin intención aparente de marcharse.
Lo extrañaba mucho más de lo que nunca hubiera imaginado. Echaba tremendamente de menos a una persona que acababa de conocer. Ni siquiera podía decir que se acordara de Ginny un dos por ciento de lo que lo echaba en falta a él. Era completamente loco, ilógico, y algo dentro de ella la instaba constantemente a buscarlo… pero otra parte le ordenaba ser un poco más cautelosa.
Se decía a sí misma una y otra vez mientras las horas seguían pasando y la noche se convertía en madrugada que, si se daba un tiempo para recapacitar antes de conocer su estado, podría llegar a encontrar la manera de perdonarse por lo que había hecho con él. No se arrepentía de vivir nuevas experiencias, se arrepentía de haberlo hecho dejándose la cabeza y el sentido común en casa. Iba a dejar que pasara aquella semana antes de su periodo o falta del mismo, después podría volver y tener una conversación tranquilamente con él. Seguro que entendía su posición, ¿verdad? Sentía que así era como debía proceder, sin prisas y sin locuras, dando un paso tras otro y pensando las cosas con claridad.
No tenía ni idea de la hora a la que se habría quedado dormida por la noche, pero a juzgar por el ruido de la calle seguramente habría sido bastante tarde. Hermione miró el reloj de su escritorio… Eran las dos de la tarde. Sin poder creerse que no se hubiera despertado antes, Hermione dio un salto y salió de la cama rápidamente.
La casa estaba en absoluto silencio, así que sus padres no deberían haber llegado del trabajo todavía. Hizo su cama, se quitó el pijama y se vistió con algo cómodo. Luego bajó las escaleras para beber un poco de agua. Su padre había dejado hecha la comida. Sabía que había sido así porque olía a su estofado. Ella fue poniendo la mesa para cuando llegaran. Luego recogió el correo del buzón, barrió el patio delantero de la casa y tiró la basura. Cuando no supo qué otra cosa hacer para mantener la mente distraída, se sentó en el sofá y encendió la televisión. Empezó a cambiar los canales en busca de algo que llamara su atención, pero la puerta de la entrada se abrió cuando había cambiado a las noticias. Después de dar la bienvenida a sus padres, la familia Granger empezó a comer el rico estofado de había dejado preparado su padre. Ninguno sabía muy bien qué decir. Desde que había vuelto el ambiente en casa era un poquito tenso. Aunque sus padres se esforzaran por hacerle ver que no, así era. Así que comieron en silencio con la televisión de fondo. Los tres la miraban, aunque ninguno le estaba prestando demasiada atención a decir verdad. Hermione tenía la sensación de que siempre era lo mismo. Cambio climático, asesinatos, tragedias, políticos corruptos… Tanto era así que estuvo tentada a cambiar de canal en más de una ocasión.
Pero la voz de la presentadora se tornó divertida cuando volvieron a enfocarla.
"Todos sabemos que internet nos puede servir de gran ayuda, más aún cuando sabemos que siempre habrá vídeos virales abarrotando nuestras redes sociales y logrando sacarnos una sonrisa cuantas veces los veamos. Muchos de ellos han tenido éxito porque no fueron premeditados. Muchas personas a veces se olvidan de que cualquier movimiento o expresión que hagan podría ser capturado por cualquiera y subido directamente al ciberespacio. Éste es el caso del siguiente vídeo, que fue captado por la cámara de una viandante londinense y que se ha hecho viral en internet en las últimas cuarenta y ocho horas."
La atención de Hermione y de sus padres estuvo puesta en la chica morena que les hablaba al otro lado de la pantalla antes de que diera paso a las imágenes. Un chico corría tras una chica que parecía negarse a devolverle un paraguas mientras llovía intensamente en lo que parecía ser cerca del río Támesis. Ambos se reían tan fuerte durante su particular juego que se podía escuchar cómo le contagiaban la risa a la persona que grababa las imágenes en la distancia. El chico logró agarrarla de la cintura y, tras un breve instante en el que se miraron a los ojos, ambos se besaron bajo la lluvia. La voz de una chica tras la cámara murmuró "Esto es hermoso". Alguien a su lado pareció estar de acuerdo y comentó "Ojalá me pasara a mí algo parecido. Siempre quise besar a alguien bajo la lluvia pero mi novio es tan tiquismiquis que cuando le cae una gota en el pelo ya está de morros todo el día".
Hermione sólo se percató de que la protagonista de aquel vídeo viral era ella cuando el zoom del teléfono de la chica que grababa los enfocó más de cerca. La presentadora de las noticias volvió a aparecer en la pantalla con una gran sonrisa en el rostro.
"Bajo el título de "Si de verdad amas a alguien bésalo bajo la lluvia", el vídeo que acabamos de mostrarles ha obtenido dos millones de visitas en apenas un par de días y se ha convertido en el vídeo más visto de YouTube de la semana, aunque a juzgar por la velocidad de su propagación por las redes sociales es muy posible que sea el vídeo más popular del mes de Septiembre de dicho sitio web."
La chica de las noticias siguió hablando un poco más, pero Hermione dejó de escucharla. Miró a sus padres intentando no mover mucho la cabeza. Los dos estaban con la boca muy abierta y una expresión de extrema sorpresa en sus rostros. No estaba muy segura de si eso era bueno o malo. Pensó en salir corriendo y encerrarse en su habitación antes de que sus padres volvieran en sí y empezaran a lincharla a preguntas. Pero no pudo moverse, sus extremidades simplemente no le respondían… Y los ojos de sus progenitores se clavaron en ella antes de que quisiera darse cuenta.
Hundiéndose un poco en el asiento, con las mejillas encendidas y completamente abochornada, Hermione optó por utilizar sus manos para taparse la cara. Como si así, cubriéndose el rostro, desapareciera de la vista de sus padres. Como si así se solucionaran por arte de magia todos sus problemas.
¿Me dejas un review? :)
Cristy.
