CAPÍTULO XI.- La llegada de Ikki.

Serían las 4:00 a.m. cuando extendió su brazo y se sobresaltó al ver que no había nadie a su lado.

Ella estaba apoyada con su hombro en el marco de la puerta que daba al balcón. Miraba al infinito con los brazos cruzados, haciendo círculos con su pie derecho, gestos indicativos de que algo ocupaba su mente en ese momento. Para Seiya su actitud también significaba que no tenía que ponerse alerta, ella seguía siendo "Saori".

Antes de interrumpir sus pensamientos, se mantuvo un rato más en estado contemplativo de la sexy mujer que, vestida únicamente con su camisa, que le caía por uno de sus hombros, se dejaba iluminar casi mágicamente por la luna.

- Saori, vuelve a la cama.

Ella se giró hacia él, que la observaba ya sentado, sonriéndola. No pudo evitar pensar en lo increíblemente atractivo que era: sus pelos alborotados, esa sábana que le cubría lo justo dejando su pecho perfectamente cincelado a la vista, su forma infantil de rascarse detrás de la cabeza y sobre todo sus ojos, brillantes, sinceros y que dejaban ver una intención juguetona que erizó la piel de la joven.

- Siento si te desperté. – Él le hizo un gesto de despreocupación.

- Deja de darle vueltas… - Ella ya estaba a su lado en la cama. Le miraba de tal manera que sus miedos se evaporaban. – Esta es nuestra noche, sin preocupaciones. – Empezó a besarla el cuello suavemente, descendiendo por su hombro. – Señorita... creo que esta camisa no le pertenece – la sonrió pícaro.

Ella se limitó a dejarse hacer mientras él la desnudaba sin dejar de besarla. El baile entre sábanas de los dos amantes comenzó de nuevo, esta vez ambos más seguros y conocedores de sus cuerpos que, con minuciosidad, habían recorrido en detalle en su primer encuentro… y en el segundo.

Ambos se abrazaban bajo las sábanas. Saori apoyaba su cabeza en el pecho de Seiya, él la acariciaba el cabello.

- Saori – el joven interrumpió su cómodo silencio - ¿Cómo es él?

- ¿Quién? – se sorprendió ella ante la pregunta.

- Tu caballero de Pegaso – dudo sobre si continuar su frase – Se que yo te recuerdo a él.

- Uhm… - Saori no sabía muy bien cómo abordar la conversación. – No es que me recuerdes a él. Eres él. Sólo que en esa versión de ti nunca te fuiste del orfanato. Fuiste a Grecia, pero a entrenarte como caballero para obtener la armadura de Pegaso. Cuando regresaste… no nos llevábamos muy bien, por prácticamente los mismos motivos por lo que no querías saber de mi cuando Shiryu te llamó – él besó su frente al notar que no era un recuerdo agradable para la chica. – Pero cuando descubrimos que yo era la reencarnación de una Diosa, te convertiste en mi más fiel y entregado caballero. Eras el que siempre luchaba con más determinación, con más valor, ningún enemigo te amedrentaba. Siempre fuiste la esperanza para el resto de nuestros amigos, también caballeros de bronce que luchaban a tu lado, y sobre todo para mí. Sabía que pasara lo que pasara siempre estarías a mi lado. Tal era tu fuerza y voluntad que incluso la armadura de Sagitario, la más fuerte de las armaduras de oro, te eligió como su nuevo portador.

- Así que el más valeroso de los caballeros de Athena ¿eh? – una sonrisa burlona apareció en sus labios.

- Sí, creído. – Ella golpeó su pecho a modo de reproche en broma. – Aunque para ser precisos, siempre decías que no luchabas por la Diosa que luchabas porque por mí, la mujer. – Él alzó su rostro para mirarla a los ojos ante su último comentario.

- Entonces… ¿también somos amantes en tu otra realidad? – preguntó curioso.

- Lo cierto es que no. – Un brillo de tristeza asomó en los ojos de ella. – Siempre fuiste muy correcto, me respetabas más que ninguno. Al fin y al cabo mi condición de Diosa virgen, valedora de la humanidad, no me permitía querer a ningún caballero por encima del resto. Aun así, siempre te he amado Seiya y… - la joven se atrevió a verbalizar la duda que eternamente la había acompañado – siempre he esperado que en el fondo tú me correspondieras. – Seiya la sonrió amoroso y la besó dulcemente en una pretendida afirmación de su anhelo.

- Saori… - continuó – hay algo que no me cuadra… ¿Por qué hablas en pasado? – La expresión de ella se entristeció como nunca, unas lágrimas contenidas asomaban en sus ojos.

- En la última batalla, a pesar de mis esfuerzos por manteneros a salvo, te interpusiste entre Hades y yo. Él clavó su espada en tu pecho… y bueno… te sentí morir en mis brazos – dos lágrimas cayeron por sus mejillas. – Creo que no he sentido mayor dolor en mi vida, mi corazón se rompió en ese momento. Aunque finalmente no fue ese tu destino… quedaste en un estado vegetativo, lo que casi fue peor, no merecías ese final.

Seiya quedó paralizado ante tal revelación. Ese había sido su sueño, aquél extraño sueño que le pareció tan real y que incluso le causó dolor físico. ¿Podía ser verdad? En ese momento, ante la tristeza de la joven, prefirió no hablarle de ello, de todos modos era algo que necesitaba procesar con calma.

- No estés triste princesa – la besó – al fin y al cabo, tu tristeza es por mí, y yo estoy aquí contigo ¿no? – Intentó sacar a Saori de esos tristes pensamientos.- Por lo que me cuentas… ese Pegaso, de todos modos, parece un chico muy serio ¿no? – la guiñó un ojo a lo que la chica le respondió con una sonrisa.

- Para nada. Cuando no estamos peleando es el más guasón de todos los caballeros, siempre está gastando bromas y picando a sus amigos. A veces parece un niño grande y patoso. En realidad, eres más maduro y serio en esta realidad – rió - aunque no has perdido esa picardía infantil tan tuya.

- Uhmm, así que mi lado juguetón te gusta ¿eh? – la cogió con más fuerza entre sus brazos, atrayéndola hacia él. – Sigamos jugando entonces… - la susurró antes de besarla.

- ¿Nunca te cansas? – exclamó ella, aunque sin poner oposición alguna al juego que el muchacho había comenzado nuevamente.

- No me culpes mi Diosa, son muchos años deseándote desde el otro lado de la barrera…

Los dos hermanos y su amigo ruso estaban parados frente a su puerta esperando que les abriera. Shiryu aún legañoso les ofreció entrar y tomar un café o té, esto último más por su propia necesidad que por cortesía.

- Entonces la fiesta de ayer terminó con una "estocada" importante de nuestro amigo Julián ¿no? – preguntó Hyoga después de que Shun les relatara todo lo vivido y sobre todo como Saori se veía ciertamente alterada, era obvio que ese compromiso escondía cierta coacción.

- Saori me llamó anoche– Ikki habló por primera vez desde que habían llegado. No cambiaba nunca, le encantaba mantener un halo de misterio y seriedad, cuasi de enfado, en su actitud. – Efectivamente Julián la amenazó con haceros daño a todos vosotros, a vuestras mujeres – miró a Shiryu – incluso a los niños del orfanato.

- Pero ¿cómo va a hacernos daño? En mi caso, bueno, financia mi investigación, pero no creo que tenga problemas porque la retire – preguntó su hermano Shun confundido, "Shun, tu siempre tan inocente" pensó su hermano Ikki.

- Shun – continuó Ikki – daño de verdad, ese daño que ha dado lugar a que Saori acceda a esa farsa de matrimonio. Imagino… que el dinero de ese hombre puede dar para un buen sicario. ¿entiendes ahora?

Por sus caras no sólo Shun había entendido perfectamente.

- He hablado con mi contacto en la policía, la teniente Liceras. Me ha confirmado lo que creía, necesitan alguna prueba más para poder actuar frente a él. Me consta que tiene importantes relaciones con un capo de la mafia italiana, pero todavía no he conseguido pillarles. Si así fuera, las cosas son más peligrosas de lo que apenas podemos imaginar. – Les miró con aire tremendista, innecesario por cuanto tenía la atención de todos sus amigos. – Es por eso que creo necesitaré vuestra ayuda y la de Saori, tengo un plan que quizás nos permita obtener esas pruebas. – añadió - Por cierto, hay una cosa que me sorprendió de la llamada de Saori, me pidió que protegiera a Seiya que le sacara del país ¿En qué momento ha vuelto Seiya? Y lo más importante ¿desde cuándo Seiya y Saori tiene algo que ver?

- Creo que eso es una larga e interesante historia hermano – contestó Shun – por lo que percibí ayer en la cena…

Shiryu y Hyoga se miraron y sonrieron cómplices.

- Hablando de Seiya – Hyoga se dirigió a Shun – ¿dónde está?

- Ayer no regresó – dijo Shiryu.

- Pues lo último que yo sé, es que le obligué a acompañar a Saori a casa, se le veía, se les veía, muy afectados por lo ocurrido.

- Entiendo…- concluyó Ikki. – Algo me dice que no está muy lejos de aquí.

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