DÉCIMO AÑO
Los señores Loud sólo tenían un plan para comenzar ese día, era el dormir hasta tarde. Consideraban que se lo merecían. Habían terminado una pesada semana laboral, era domingo y principalmente, se trataba de su décimo aniversario. Quizá otras parejas considerarían aprovechar el día llenándose de caprichos rindiendo cada minuto entre los dos, pero con una familia tan numerosa como la suya, el dormir hasta tarde era un auténtico lujo.
—¡Buenos días papá y mamá! ¡Feliz aniversario!
Ambos se incorporaron asustados de la cama. Su puerta había sido abierta repentinamente para dar paso a los gritos entusiastas de su hija de nueve años, que llevaba entre sus manos una pequeña y pegajosa tarta con diez velas, la cual era más betún que pan. Su hermanita de ocho años, también rubia a su lado, silbando con un ruidoso espantasuegras tampoco había sido un aliciente precisamente.
—Lori, Leni —rumió la madre sobándose la cabeza—. ¿Si saben que es domingo, ¿verdad?
—Por supuesto que lo saben, pero no lo comprenden —respondió fastidiada una jovencita de siete años muy elegante, de largo cabello castaño sujeto con una diadema. Parecía estar de mal humor, más lograba mantener el recato para disimularlo cuidando de mantener su falso y formal acento británico—. Intenté advertirles que sería una grosería despertarlos con semejante escándalo, pero no me hicieron caso.
—Vamos, no seas tan aguafiestas, Luna —le reprochó entre risas su hermana menor de seis años, llevando su mano cubierta con un muñeco de trapo fabricado con un calcetín—. ¿Qué dices, señor cocoa? —se lo acerca casi a la cara para su fastidio agravando su voz—. Luna, lo que deberías "estirar" es tu sentido del humor, ¿entendiste?
—Tú ya deberías de entender que no me gusta que me llames estirada. Además, te vi mover los labios y la voz que hiciste no tuvo cambios, Luan.
—¿Ya podemos pasar?
Las chicas se hicieron a un lado para dejar entrar a la pequeña de cinco años cargando una rígida tarjeta de felicitaciones con la ayuda de su hermanito de tres años. La tarjeta era tan grande como un periódico abierto
—¡Feliz cumplaños, papi y mami! —canturreó el pequeño.
—Que es su aniversario, Lincoln —lo reprendió su hermana.
—Pedón, Lynn.
Lori buscó con la mirada un lugar donde poner la tarta, Leni hizo lo mismo por los vasos con leche que llevaba, pero el tocador de su madre estaba lleno de sus enseres de belleza. Rita resignada estaba por levantarse para darles una mano, cuando Lincoln puso la tarjeta sobre sus regazos y le ayudó a sus hermanas mayores con indicaciones, para que usaran la tarjeta como una bandeja. Eso terminó por mejorar el humor de ambos padres, quienes se permitieron consentir por sus hijos.
—Es muy amable de su parte traernos el desayuno —aunque ya con treinta y cinco años, de pronto a Lynn Sr. le preocupó el nivel de azúcar que esa tarta tenía. Junto con su esposa se animó a darle un bocado. No estaba tan mal pese a lo empalagosa que les quedó—. Esta muy buena, gracias.
—¿Quieren que les demos sus regalos ahora? —Lynn dio saltitos entusiasmada y orgullosa pasando su mano sobre el hombro de su hermanito—. Lincoln ya hizo su propio regalo con mi ayuda.
—Más tarde pueden darnos las tazas, cielo —contestó Rita con un trozo de pastel en la boca. Realmente le había encantado—. Vamos a terminar de desayunar primero.
—¿Cómo supieron que los regalos son tazas? —les preguntó Leni contrariada—. ¿Estuvieron espiándonos?
—Por supuesto que no, cariño. Fue una corazonada.
Lori y Luna pensaron que tal vez para la próxima celebración sería buena idea comenzar a variar los presentes.
—¿Quieren que les haga de desayunar de una vez?
—No te molestes, querido padre. Estoy seguro que podremos apañárnosla bien Lori y yo para atendernos. Ustedes descansen.
—Muchas gracias, Luna. No me molesta preparárselos de una vez. Denme un minuto solamente.
Rita repasó la vista entre sus seis hijos notando finalmente quién faltaba en el cuadro.
—¿Por qué no trajeron a su hermanita con ustedes? ¿Sigue dormida?
—¡Nosh olvidamosh de ella! —gritó Lincoln escandalizado y saliendo de la pieza para ir a buscarla.
Preocupada por que quizá Lincoln no pudiera sólo, Lynn salió detrás de él. Rita observó con cierta reprobación a las mayores.
—¿Hijas? ¿Realmente se les olvidó o fue por algo más?
Lori tragó saliva.
—Lo lamento, mamá. Es que… ya sabes, nos inquieta un poco.
—Pero la seguimos queriendo a pesar que nos asuste mucho —exclamó Leni con sinceridad. Sus hermanas detrás de ella temieron que hubiese metido la pata.
La madre suspiró comprensiva.
—Está bien. En realidad, su padre y yo ya lo hablamos con el especialista y mañana parece que podremos llevarla para un tratamiento capilar.
—¿Y eso le dolerá?
—Significa que le pintarán el cabello, Leni —le aclaró Lori—. ¿Pero qué hay de sus ojos?
—Bueno, para eso en realidad no hay mucho que hacer —les explicó su padre esta vez—. Es muy pequeña para usar contactos, tal vez le dejemos crecer un poco más el flequillo para ocultarlos.
No le gustaba pensar en esa opción que ya había discutido con su esposa, pero hasta ella tuvo que mostrarse de acuerdo en que sería un cambio a favor de la pequeña. Aunque la amaban y estaban felices de tenerla como con el resto de sus hijos, se mostraban inquietos cuando pasaban largos periodos de tiempo con ella en la misma habitación y la bebé se limitaba a observarlos sin expresión alguna. En realidad no podían culpar a sus hijos porque se asustaran un poco por su hermanita cuando ellos también lo hacían con culpa.
Mientras tanto, Lynn se detuvo frente a la habitación de Lincoln dudosa. El niño sin temor había entrado como siempre lo hacía.
—¿No me ayudash? —le preguntó a su hermana mayor.
Ella negó con la cabeza sintiéndose un tanto ridícula. Siempre le había gustado hasta hace cerca de un año entrar y pasar todo el tiempo dentro de esa habitación jugando con su hermano, hasta que la cambiaron al cuarto de Luan, con quien le costaba confraternizar debido a su sentido del humor tan pesado. A su hermanita la habían dejado con Lincoln y nunca terminó de gustarle eso.
El niño se asomó en la cuna, a sabiendas que ella no estaba ahí. Lori la había sacado temprano para cambiarle el pañal y por la prisa de hacer la tarta de sus padres, la dejó sobre el tapete de la habitación para seguir preparándola. Lincoln se asomó debajo entonces, pero sin resultado.
—No eshtá.
Se dio la vuelta y pegó un grito que estremeció a Lynn, por lo que venciendo su temor entró para ayudarle.
La bebé estaba sentada justamente detrás de Lincoln quien se sujetaba el pecho por la impresión, Lynn no pudo culparlo, pues ella estuvo a punto de reaccionar del mismo modo al verla de pronto ahí.
—Luchy. Me ashutashte como fantashma.
La comparación era acertada. Lincoln era albino a medias, siendo su cabello lo que sufría la mayor decoloración, en contraste con su hermanita que era completamente albina, pues su pálida piel no tenía ninguna pigmentación como según contaba Pop-pop, careció también su madre, pero lo que atemorizaba de la niña era sus ojos.
Tenía heterocromía. El derecho era de un azul muy claro cual cielo de la tarde que apenas y se perdía en su blanca esclerótica, mientras el izquierdo debido a un derrame ocular que se produjo desde su nacimiento, pero del que se pudo recuperar sin pasar a mayores, habían dejado su ojo marrón oscuro dentro de una esclerótica rojiza.
Dado que Lucy constantemente centraba su atención en alguien y apenas parpadeaba, en más de una ocasión había hecho sentir incómodos a sus hermanas, incluso a Lincoln, aunque este solía ser más tolerable a su presencia, pese a constantemente asustarse cuando lo encontraba desprevenido.
—Lucy, no asustes a Lincoln. Eso no se hace.
La bebé de once meses giró su rostro hacia Lynn haciéndola retroceder dos pasos instintivamente. Lincoln colocó su mano sobre la cabellera de la pequeña revolviéndosela cariñosamente. Una cabellera tan blanca como la del mismo Lincoln que terminaba de darle un efecto fantasmagórico a todo el porte de Lucy junto con su overol azul claro.
—No pasha nada. Luchy no hisho adrede, ¿verdad, Luchy?
La bebé de nuevo regresó su vista a su hermano, asomando una débil sonrisa que impresionó a Lynn, pues era raro verla sonreír, a no ser claro que por algún motivo Lincoln estuviera presente jugando con ella. Quizá se debía a que de todos era con quien pasaba mucho más tiempo.
El niño trató de cargarla, pero su hermana le resultaba muy pesada, no entendía por qué no podía con algo que debería ser tan sencillo, si Lynn al contrario podía cargarlo a él desde hace un año con relativa facilidad.
—Creo que Luchy ya comió.
Aunque interesada por saber hasta donde su hermano podría conseguirlo, al final Lynn temió que sin querer la lastimara, por lo que tuvo que intervenir y cargar a Lucy. La niña al principio pareció resentirlo, pero enseguida se recompuso alternando su ansiosa mirada constantemente entre su hermana y hermano.
Más tarde tras el desayuno, la familia se reunió en la sala para escuchar la dulce y hermosa pieza que Luna tocaba con su violín. A pesar de su edad, la niña parecía tener una habilidad nata para tocar aquel instrumento que impresionó a todos.
—Eso fue muy hermoso, Luna —exclamó Rita entre lágrimas como su esposo.
—Bastante soberbio, hija.
En respuesta tras terminar la pieza, ella se inclinó ante la familia recibiendo los aplausos correspondientes.
—Feliz aniversario, queridos padres. Me siento halagada de haberlos complacido —aunque su expresión denotaba algo distinto—. También les agradezco que consintieran que tomara lecciones de violín. Sé que yo se los pedí, pero…
—¿Qué sucede, cariño?
Al verlos tan ilusionados, Luna no tuvo valor para decirles que a estas alturas encontraba las clases sosas y aburridas, sencillamente no habían sido lo que ella esperaba, pero ya habían invertido dinero y tiempo en las mismas, por lo que no los desilusionaría.
—Pero estoy más agradecida de lo que imaginan por el esfuerzo que pusieron en ayudarme a conseguirlo.
Para los padres, cualquier sacrificio valdría la pena para desarrollar el talento de su hija.
Hablando de talentos, Rita no dejaba de acariciar la bella bufanda que Leni le había tejido, siendo junto con su correspondiente taza, un regalo adicional. Seguía sorprendida de lo bien que le había quedado.
Lynn que se había quedado dormida, tras despertar por el manotazo de Luan indicándole que ya Luna había acabado, pidió permiso para salir a jugar al jardín con Lincoln.
—Está bien, sólo tengan cuidado.
Lincoln se puso de pie para acompañar a Lynn, pero en ese momento la pequeña Lucy reaccionó intentando alcanzarlo pero cayendo sobre su pañal tras un par de pasos. Al notarlo, el niño volvió a acariciarle su blanquecino cabello, cuando de pronto la bebé lo tomó de la mano con las suyas.
—¡Eso es adorable! —Exclamó sonriente su padre sacando la cámara de video con la que había estado grabando a Luna—. ¡Y no lo quiere soltar!
En efecto, aunque Lincoln gentilmente trataba de apartar su mano, no conseguía que la niña se deshiciera de su fuerte agarre. Cuando finalmente lo consiguió, Lucy manoteó un poco y enseguida se puso a gatear hacia Lincoln para seguirlo. Divertido por su acción, Lincoln pidió permiso para llevársela al jardín para así poder jugar los tres.
—Lo siento, hijo —Rita tuvo que negarse—. Tu hermana aún está muy chiquita para salir al jardín. Además el día está muy soleado y le puede hacer daño.
Aunque la pequeña albina seguía seria, pareció contener un pequeño puchero. Lincoln no pudo resistirlo.
—Lynn, mejor juego con Luchy aquí. ¿Eshtá bien?
Su hermana mayor refunfuñó no muy feliz por eso. Quizá le hubiera insistido a Lincoln a que dejara a Lucy y mejor jugara con ella, de no ser por Leni quien notando su cambio de humor se levantó para intervenir de inmediato.
—Lynn, yo puedo jugar contigo.
Aunque hubiese preferido hacerlo con su hermano, el cuál a pesar de ser tan pequeño a veces conseguía llevarle el ritmo, desistió finalmente cuando hasta a ella le impresionó que Lucy riera ante las muecas que Lincoln le hacía.
—Está bien, acompáñame.
—¡Bien! ¿Y a qué jugaremos? ¿A la comidita? ¿A las muñecas? ¿A las escondidas? ¿Quieres jugar a los vestidos?
—Quiero jugar fútbol.
De pronto Leni se arrepintió. Seguramente su vestido terminaría todo sucio. Lori decidió acompañarlos para vigilarlos, más preocupada por Leni, sabiendo que la castaña era un tanto agresiva cuando jugaba a la pelota, a veces incluso con Lincoln. Luna por su parte decidió quedarse a cuidar del niño y Lucy conduciéndolos hacia su habitación.
El señor Loud le dirigió una mirada pícara a su esposa, sugiriéndole una agradable y muy placentera actividad que podrían hacer los dos señalándole la cámara.
—Puedo poner una nueva cinta para que hagamos una película más "íntima", ¿entendiste?
Sonriéndole, su esposa se negó burlona señalándole con la mirada detrás de él. Al volverse, el padre se encontró con otra de sus hijas observándolo ansiosa con una amplia sonrisa y unos ojos de cachorro buscando ser adorable e irresistible, efecto que conseguía a pesar que sus dientes estaban ligeramente chuecos, logrando lucir en realidad bastante graciosa.
—¿Qué es lo que quieres, Luan? ¿No quieres ir a jugar con tus hermanas?
—Papi, ¿me prestarías tú cámara?
—Lo siento, cariño. Es delicada. Además, ¿sabes cómo se usa?
—Pues… ¿no me enseñarías?
—Hmm… hija, no tengo tiempo.
Rita se puso de pie estirándose antes de ir a la cocina a lavar los platos. Tal vez después se relajaría dándose un baño de tina. Al pasar junto a su esposo, le guiñó traviesamente un ojo.
—Estoy seguro que tienes tiempo de sobra para pasarlo con tu hija. Además, ¿no mencionaste que tienes una cinta nueva? De todas maneras, puedo asegurarte que no ibas a necesitarla en ningún momento.
Más que frustración, Rita le provocó gracia.
—Está bien, Luan. Acércate. ¿Te interesa hacer películas?
—¡Sí! ¡Películas graciosas! Como las bromas de cámara escondida de internet, o para grabar a las chicas y a Lincoln cuando hacen algo divertido.
—Bueno, pero sólo para ti. Más te vale nunca subir jamás nada de lo que tu familia haga a Internet sin su permiso.
—¿Por qué no?
—Por que no es lo mismo que tú te rías, a que los avergüences frente a los demás. Es tan obvio que es una regla que no necesita decirse.
Mentalmente la niña iba tomando nota.
—¿Entonces es bueno hacer bromas si son divertidas para mí?
—Así es. Eso es lo correcto.
Durante la siguiente media hora y con una cinta nueva para no echar a perder la que usaron en Luna, el señor Loud le dio todas las instrucciones, indicaciones y consejos que se le ocurrieron para que su hija no tuviera problemas en manejar la cámara, la cual ya era algo vieja y obsoleta si la comparaba con los modernos aparatos de video digitales que comenzaban a aparecer. El entusiasmo y emoción de Luan en aprender a usarla le agradaban.
—Cariño, tal vez debería comprarte una mejor cámara si estás tan interesada en hacer videos. Creo que sería mejor que el muñeco de ventrílocuo que me pediste. ¿Qué dices?
Luan lo consideró. Le emocionaba mucho cómo su padre hacía sus propios videos, pero de verdad se había quedado enamorada del muñeco de ventrílocuo de traje azul y sombrero que vio en el exhibidor de aquella tienda la semana pasada. Ya había invertido mucho en ayudar en la casa con el aseo, ayudando a cuidar de Lincoln y Lucy, aprendiendo a cambiar pañales, portándose bien con sus hermanas, todo por el muñeco.
—No, de verdad quiero que el señor Cocoa tenga un compañero. ¿No puedes sólo prestarme la cámara de vez en cuando?
Lynn Sr. temía que de permitírsela, al final Luan se la terminara quedando como hizo Lori cuando le pidió "prestado" su teléfono por los juegos que tenía. A los pocos días tuvo que comprarse otro y dejarle ese a ella tras quitarle el chip. Luan volvió a dedicarle ese gesto tan adorable e irresistible de cachorro triste que quizá con el tiempo olvidaría, solo esperaba que Lynn antes no lo aprendiera para usarlo posteriormente con él.
—Está bien, cariño. Sólo ten cuidado de no romperla, o le dirás adiós al amigo del señor Cocoa.
Luan le dio su promesa de ser muy cuidadosa. Apenas se la entregó, corriendo peligrosamente con ella salió al jardín.
Leni temblaba delante de la cerca hacia la casa del señor Grouse cada vez que Lynn se disponía a patear el balón. El tiro era tan potente, que la niña se hacía un lado y la pelota pegaba limpiamente contra los tablones de madera aflojándolos un poco.
—¡Así no, Leni! Se supone que tienes que parar el balón para que no le pegue a la cerca.
—Como que no le pegaría si patearas a otro lado.
—¡Ese no es el punto del juego!
Lori que hasta entonces las miraba a la vez que jugaba un poco de Tetris en el celular "prestado" de su padre, lo guardó para auxiliar a Leni.
—Cambio. Déjame intentarlo, Lynn.
Agradecida, Leni se retiró, mientras Luan llegaba y enfocaba la cámara de su padre hacia sus hermanas. Lynn feliz y confiada en que Lori por ser la mayor sería más competente de lo que pensó Leni lo sería, pateó con fuerzas el balón. Lori corrió y de un salto atrapó el balón con una mano… enseguida lo soltó sujetando su muñeca con dolor.
—¡Santo cielo, Lynn! ¡Literalmente tenías que patearlo con tanta fuerza!
—No seas llorona. Creí que jugabas fútbol en tu escuela.
—¡Sólo de vez en cuando, pero nadie patea el balón con la fuerza con que tú lo haces!
A pesar de ser un reclamo, Lynn infló el pecho sintiéndose muy orgullosa. Luan reía por las expresiones que Lori hacía, agradecida de poder capturarlas en video. Realmente le veía mucho potencial a todo ese material.
—Lincoln nunca se queja de mi fuerza.
—¿Alguna vez ese niño ha detenido tus tiros?
—Pues… no. ¡Soy tan buena que ni él puede parar mis goles!
—Yo creo que es más discreto que Leni para fingir que no quiere pararlos haciendo como que lo intenta. Un balonazo de estos podría lastimarlo seriamente.
—Él… nunca se ha quejado.
—Tal vez no quieres hacerte sentir mal para no negarse a jugar contigo.
—Pe… pero es un chico. Se supone que es más fuerte que yo.
—Vamos, Lori —intervino Luan para tratar de defender a Lynn quien parecía de pronto muy compungida por esto—. Estás exagerando. ¿Cómo podría a Lincoln ocurrírsele todo eso? Es sólo un niño de tres años.
—Luan, te sorprendería lo ingenioso que Lincoln está demostrando ser cuando cree que se meterá en problemas... o nosotras. ¿No te has dado cuenta de eso?
Lynn ciertamente lo había hecho, más no la había dado mucha importancia. ¿Realmente era demasiado brusca con él cuando jugaban juntos? Eso no le gustó mucho. Quizá por eso esta vez entre jugar con ella y hacerlo con la bebé, había escogido a Lucy desplazándola.
Luan tuvo curiosidad por cómo a su hermanito junto con Luna le estaría yendo con Lucy. Pausó la grabación y corriendo regresó al interior de la casa para averiguarlo.
Sin poder contener la rabia que le estaba ganando, Lynn pateó tan fuerte el balón que cayó hacia el patio del señor Grouse. En ese momento el anciano estaba saliendo, por lo que alcanzó a ver como el tiro de Lynn por poco y le rompe una ventana. Molesto, el anciano tomó el balón a sabiendas de quién era la responsable.
—Lynn Loud, ¿qué te había dicho antes?
La niña se encogió avergonzada. Lori sólo miraba sin intenciones de intervenir, aún sentida con ella por haberse lastimado la muñeca.
—Lo siento, señor Grouse. ¿Podría devolverme mi balón?
—Lo que te había dicho es que la próxima no te lo devolvería —señala el balón—. Está del lado de mi cerca. Mi propiedad.
Lynn dejó caer sus brazos en señal de derrota. Cada vez que el señor Grouse ayudaba a sus vecinos cuidándolas, parecía tener menos paciencia, aunque también era cierto que con el paso del tiempo ellas se volvían más y más inquietas, salvo por Lincoln a quien al vecino parecía agradarle, pero le gustaba meterse en especial con él con la esperanza que formara algo de carácter, a sabiendas que lo necesitaría más que nadie para sobrevivir con todas sus hermanas conforme fuera creciendo.
Arriba, Lincoln había regresado a la habitación que compartía con la pequeña Lucy. Trataba de entretenerla con su conejo de felpa.
—¿No queresh jugar con Bun-bun, Luchy? Te dejo. Mira, esh shavecito.
La niña miraba indiferente al conejo, aunque no tanto como a su hermano. Luan ya había llegado. Esperando que su hermanita hiciera algo divertido o quizá tierno. De inmediato la enfocó a ella primero con la cámara.
La pequeña albina peliblanca, tomó el peluche más porque su hermano parecía dárselo que por verdadero interés. Se llevó una oreja de este a la boca, apretó el cuerpo con sus manitas un poco, pero de pronto lo arrojó hacia Lincoln con su actitud tan seria como en un inicio. Luan lamentaba no haber conseguido algo trascendente.
Lincoln suspiró y tomó a su amigo de peluche un tanto frustrado por no conseguir entretener a la pequeña.
—No, Luchy. Bun-bun esh bueno. Esh mi amigo. Oye, ¿queresh jugar con pelota? A Lynn le gushta mucho hacherlo.
Siguió con la mirada al pequeño hiendo a dejar al muñeco y buscar de su baúl de juguetes la pelota con la que a veces seguía jugando con Lynn, aunque ya no fueran compañeros de cuarto. Lincoln de pronto miró inquieto a Luan con la cámara de su padre.
—¿Qué haches?
—Finge que no estoy y juega con Lucy. Hago una película.
El niño sonrió. Eso le pareció divertido. Luan volvió a grabar a Lucy y casi retrocedió al sentirse perturbada por el modo en que la miraba, es como si estuviera molesta por haber interrumpido sus juegos con Lincoln. Recomponiéndose, la niña se le acercó.
—Lucy, sonríe para la cámara. ¿No sabes cómo? Mírame, se hace así.
Luan sonrió de manera exagerada esperando que Lucy la imitara, pero la peliblanca siguió estoica mirando sin parpadear sus dientes prominentes y ligeramente separados con aquellos ojos desiguales, que a pesar de haberse ido acostumbrado poco a poco a ellos, Luan seguía sintiéndose asustada cuando su hermanita la miraba fijamente de ese modo.
Lincoln encontró la pelota y entusiasmado se la acercó a Lucy. La bebé la tomó confundida y sin saber qué hacer.
—Arrójala, Luchy. Mira, ashí.
Lincoln se la quitó y se la arrojó con cuidado a su pecho para no lastimarla, aunque se trataba de una pelota suave. Lucy volvió a tomarla y miró de vuelta a Lincoln, quien le hacía un ademán que se la arrojara ahora a él. Volvió a mirar a Luan, ella nuevamente sonrió exagerando el gesto. Con todas sus fuerzas, aunque no fueron muchas, Lucy le arrojó la pelota a su hermana directamente a la cara.
—¡Esho no esh amable, Luchy! —La reprendió Lincoln.
—¡Es cierto! Niña fea, eso fue muy grosero.
Lincoln ahora parecía molesto.
—¡Esho tambén fue groshero, Luan!
Lucy parecía indiferente. Preocupado porque quizá hubiese entendido la ofensa, su hermano se acercó y le dio un abrazo.
—No eresh fea, Luchy. Eresh tan bonita como Lynn, Leni, Lori o Luna.
Luan no sabía si su hermano lo había hecho a propósito, pero creyó haber captado un poco tarde una especie de ofensa hacia ella. Lo increíble es que Lucy se había recargado sobre su hombro y finalmente sonreía.
—Estaba jugando, Lucy. Eres bonita… a ojos cerrados. ¿Entiendes?
Lincoln si lo entendió por el modo en que la miró.
—¡Ya, Luan! No hagash caso, Luchy. Te demoshtraré que eresh bonita.
Trató de hacer un esfuerzo en cargarla, pero sólo consiguió moverla unos pocos centímetros antes de volver a dejarla en el suelo. Lo pensó un momento y salió corriendo de su habitación, hasta Luan se preguntó a dónde había ido tan de repente. Lucy cabeceó antes de conseguir impulsarse y gatear para seguirlo, cuando en un instante Lincoln regresaba del cuarto de Leni cargando con sus dos manos un espejo mediano de marco rosa.
—¡Acá, Luchy! ¡Mira cómo eresh de bonita!
Lucy se sentó de nuevo al ver a su hermano de regreso. El niño puso delante de ella el espejo y aguardó a que Lucy se fijara en su reflejo. La bebé bajó la vista y tras verse, sus ojos se abrieron por la sorpresa. Mientras Lincoln la miraba con una sonrisa, Luan estudió la reacción de la pequeña. Algo no parecía ir bien.
—Lincoln, creo que eso no fue una buena idea.
Antes que el pequeño le preguntara por qué, de pronto Lucy hipó y tembló. Se tapó con sus manos ambos ojos y entonces comenzó a llorar para sorpresa de ambos.
—¡No, Luchy! ¡No lloresh!
El niño puso el espejo sobre la cama e intentó arrullar a su hermanita, pero era tarde, el llanto se había vuelto bastante escandaloso y nada de lo que el desesperado niño hacía intentando tranquilizarla estaba funcionando.
—¡Luan, ayuda!
Aunque a la castaña ya no parecía divertirla tanto el verla llorar, no se le ocurría qué hacer, por lo que solamente continuó grabando.
—¡Qué sucede aquí! —Rita entró de pronto en bata tras escuchar el escándalo—. ¿Qué haces con eso, Luan? ¿Qué le están haciendo a Lucy?
Se apresuró a cargar a su bebé para arrullarla correctamente, en parte angustiada porque estuviese llorando, pero a la vez sorprendida y aunque sonara mal, también feliz, pareciéndole extraño y fantástico el verla actuar como una bebé ordinaria.
—Papá me prestó la cámara. Fue Lincoln el que hizo llorar a Lucy, mamá.
—¡No fue adrede!
El niño parecía a punto de llorar también debido a la acusación de su hermana. Rita no creyó que de verdad Lincoln buscara lastimar intencionalmente a su bebé, a sabiendas que desde que nació, era él quien menos miedo le demostraba, siendo junto con Leni, quien estaba más encariñado con ella, por lo que le preocupó verlo también a él triste. Dispuesta a creer sin dudar que todo se trató de un accidente, con una mano continuó cargando a Lucy, quien ya estaba tranquilizándose ocultando su rostro contra su pecho, para con la otra tomar de la mano al pequeño.
—Está bien, cariño. Vamos a la cocina por un bocadillo.
Cabizbajo y preguntándose en qué se había equivocado, Lincoln siguió a su madre hacia la cocina.
Luan fue detrás de su hermanito con la cámara encendida, resultándole más adorable e irresistible el modo cuando se dio cuenta del error que cometió, seguido de su reacción tan desesperada con Lucy intentando enmendarlo, la manera en que fue descubierto, así como su resignación posterior a que lo regañaran. En realidad, fue Lincoln quien captó su mayor interés. Tal vez lo convertiría en el protagonista principal de sus próximas películas.
En la sala por donde su madre y la pareja de sus hermanitos peliblancos acababan de pasar seguidos de Luan, en el sillón Leni miraba con Lori los dibujos animados, aunque con desgano Luna las acompañaba cargando su violín sobre su regazo.
Aburrida, dejó que Leni que tanto le insistía, le peinara suavemente su largo cabello castaño mientras se ponía a contar en cada pasada. El mimo era agradable. Una pena que estuviera a punto de terminar las cincuenta veces que según un programa que su hermana había visto, era el número perfecto para tener un bonito cabello.
—Cuarenta y tres, cuarenta y cuatro, cuarenta y cinco…
—Leni, ¿ya te he dicho cuántas cuerdas tiene mi violín?
—Sí, sólo son cuatro —continuó peinándola—. Cinco, seis, siete…
Aunque por una parte a Lori le estaba molestando escucharla contar en voz alta, por otro lado eso le pareció ingenioso y divertido.
Para matar el tiempo, Luna tamborileó sus dedos sobre su estimado instrumento. El sonido era divertido si lo hacía con ritmo. Recordando el tema del cascanueces, comenzó a reproducirlo del mismo modo, algo que también irritó a Lori, siendo ese molesto ruido para ella la mayor distracción que interrumpía lo que miraba.
—Luna, deja de hacer ruido y mira la televisión.
Molesta, la obedeció. Aunque…
—¿Qué pasaría si dejara de tocar el violín y aprendiera a hacerlo con el tambor?
—No lo sé. ¿Por qué no le preguntas a mamá o papá?
Esa era la parte peliaguda. Cuando Leni terminó su cometido colocándole una diadema morada, pareció meditarlo.
—Yo creo que serías muy buena tocando el tambor. Me gustó cómo estabas tocando el cascanueces.
Luna miró a su hermana sorprendida por que hubiese captado cuál era el tema.
—Muchas gracias querida hermana.
El padre de las niñas bajaba finalmente ya vestido y arreglado, aunque todavía bostezando.
—Niñas, voy al centro comercial a comprar algunos ingredientes para la cena de su madre y yo. ¿No quieren acompañarme? —Las tres niñas con júbilo se pusieron de pie, pensando en qué podrían pedirle a su padre que les comprara—. Bien, bien. Sólo déjenme avisarle a su madre.
Rita en la cocina había puesto en su sillita especial para bebé a Lucy, misma que aunque algo vieja por ser originalmente de Lori, antes que de Leni, Luna, Luan, Lynn e incluso Lincoln, seguía siendo práctica para su propósito. La bebé ya se había calmado y Lincoln a su lado la tomaba de la mano sintiéndose arrepentido por haberla hecho sentir mal.
—Amor, iré con las niñas al centro comercial. ¿Quieres algo?
—Un poco de helado estaría bien, cielo. Quizá también más pudines —sacó dos envases de estos que le quedaban junto con unas pequeñas cucharas, pero sólo abrió uno—. Lincoln, ¿quieres ayudarme a darle de comer a Lucy?
Sin dudarlo, su hijo asintió todavía sintiéndose culpable por hacer llorar a Lucy. La bebé por lo general era reacia para comer si no era su madre quien la alimentaba, pero aunque en ocasiones se dejaba con Lynn, era Lincoln también quien lograba hacerla probar la comida sin objeciones.
—Avionchito, Luchy.
La niña al instante abrió la boca para probar el pudín. Volvía a sonreír, sin duda le había encantado. Luan todavía con la cámara siguió interesada las acciones de sus hermanos.
—¿Cómo te ha ido con la cámara, cariño?
—¡Bien, papá! ¡Gracias! ¡Me encanta, me encanta! Lincoln es muy divertido.
Lucy degustaba la última cucharada cuando el chico volteó a verla extrañado por su comentario. Antes que pudiera preguntar al respecto, su madre le había dado su pudín.
—¿Quieres otra cuchara, cielo?
—No mami, con la de Lucy eshtá bien,
Le quitó la tapida al envase, aunque le incomodaba que Luan continuara grabando.
—Déjame en pash, Luan.
—Vamos. Haz algo gracioso.
Alguien tocó a la puerta, Rita se asomó y el señor Grouse disgustado apareció con su mano sobre el hombro de Lynn.
—¿Qué es lo que ocurrió?
—Su hija estaba metiéndose a mi casa.
—¡Cómo es eso posible!
—No tengo la menor idea cómo lo consiguió. La única ventana que tenía abierta era una de la segunda planta, pero por las huellas de lodo que dejó, pareciera que lo hizo por ahí mismo.
Al comprender que su hermana estaba en problemas, Lincoln dejó su pudín a un lado y se puso de pie para acercarse a ellos. La niña suspiró asustada.
—Sólo quería mi pelota de vuelta, señor Grouse.
—Ya habíamos acordado las reglas, jovencita. En todo caso más me preocupa que te pudieras haber lastimado.
Lo mismo estaba pensando su madre.
—¿Cómo es que entraste por esa ventana?
—Bueno, yo… sólo lo hice. Trepé por el árbol más cercano a su casa, salté y logré agarrarme del borde, me acerqué y entré. Lo siento mucho.
—¡Esho esh genial!
—¡No la alientes, Lincoln! —lo reprendió Rita también a él—. Lynn, ve a tu habitación. Estás castigada.
Resignada, la niña cruzó la cocina a pasos rápidos.
—Vámonos, Lincoln.
Su hermano estaba por seguirla, cuando Rita lo detuvo tomándolo de la mano.
—No, Lincoln. Lynn, mientras estés castigada nada de jugar con tu hermano o con nadie. Además, él está jugando con Lucy y Luan.
La niña se dio la vuelta mostrándose bastante irritada. Miró a Lucy quien quizá por primera vez parecía darle gracia debido al modo en que sujetaba el envase de pudín frente a su cara, sólo para bajarlo y mirarla. Su aspecto sería cómico, pero esos inquietantes ojos desiguales la desconcertaron un poco.
—Como sea.
Rita se disculpó una vez más con su vecino, quien dejó las cosas por la paz. Frustrado por no poder hacer mucho, Lincoln volvió a su mesa, aunque de su postre sólo encontró la cuchara.
—¿Dónde eshtá pudín? Luan, ¿Fuishte tú?
—No, pero tengo evidencia de quién fue.
Aunque en lugar de mostrarle la grabación, señaló a Lucy. Resulta que el pudín que se estaba comiendo no era el suyo, el cuál tenía rato de habérselo acabado.
—¡Luchy, eshe era mi pudín!
La niña eructó y alzó sus brazos hacia su hermano con su porte serio e indiferente, pero obviamente pretendiendo que la intentara cargar o al menos abrazar.
—¡No! ¡Ahora yo eshtoy molesto contigo!
Desde donde se encontraban, pudieron escuchar el ruido del motor arrancar y al señor Loud tocar la bocina para que sus hijas no tardaran en salir para acompañarlo.
—Mami, ¿puedo ir con papá y las chicas?
—Está bien, Luan. Pero deja la cámara. Me da miedo que la vayas a romper.
Obediente, dejó el aparato en la mesa y salió de inmediato. Rita se masajeó la cabeza, pensando cómo cada vez se hacía más difícil mantener el orden en casa.
—Hmm… Mami, ¿puedo jugar arriba?
—Claro que… ¡no! Lo que quieres es ir a jugar con Lynn, ¿verdad?
—Hmm… nooo.
La madre le acarició el cabello. Le resultaba tierno su comportamiento.
—¿Por qué te esfuerzas tanto en jugar con tu hermana si sabes que está castigada?
—Quero mucho a Lynn.
—Lo sé, ella a ti también te quiere mucho como todas tus hermanas —aunque en ocasiones el cariño de Lynn le parecía demasiado, eso la enternecía también—. ¿Por eso siempre buscas que tus hermanas estén bien? ¿Por qué las quieres mucho?
Lincoln asintió. Un desagradable sonido húmedo inundó la sala. Lucy sollozó un poco conteniéndose. Lincoln hizo una mueca de asco y Rita lo imitó al percatarse de cierto aroma conocido, pero más recio de lo común.
—Parece que todo ese pudín enfermó a Lucy.
—Bueeeno, en lo que cambiash shu pañal yo iré arriba y…
—De eso nada, jovencito. Nada de jugar con Lynn, ya dije. Ven, acompáñame a cambiarle el pañal a tu hermana y así no te quitaré el ojo de encima.
Minutos después Lucy volvía a sonreír mientras su madre la aseaba y cambiaba, debido a las muecas graciosas que su hermano ponía al verla… muecas de asco. Lincoln se prometió a no volver a darle pudín.
Había sido un largo día, pero estaba a punto de concluir. Las niñas estaban en sus respectivos cuartos durmiendo, con excepción de Lucy. A la bebé sus padres aún la tenían consigo, Rita en particular no quería llevarla a la habitación de Lincoln todavía. Seguía meciéndola entre sus brazos mientras ella dormía como un angelito, un angelito tan blanco en su totalidad como la leche.
Lynn Sr. estaba por sugerirle que la dejara ya. Era tarde y mañana tendrían que comenzar la semana una vez más. Se sentía tan agotado, que salvo para darle el beso de las buenas noches a Rita, no tenía contemplado hacer nada más con ella.
—Nunca conocí a mi abuela, aunque mi padre me hablaba mucho de ella.
Su esposo enmudeció al no saber qué decir. Lo que le contaba no era algo que él no supiera. Su suegro ya le había hablado antes acerca de su madre en el pasado, incluso mucho antes que Lucy naciera y entonces el tema se volviera más trascendental que con Lincoln, debido al severo albinismo que la pequeña había heredado. Todo lo que sabía de los padres de su suegro fue que Luan no era un tipo con el que quisieras meterte, por lo que tras la prematura muerte de su esposa y con la llegada de la mayoría de edad de sus hijos Albert y Ruth, se quedó sólo hasta su muerte.
—Estoy seguro que se trataba de una buena mujer. ¿Cómo dices que se llamaba?
—Harriet. No estoy segura que tan buena era. Papá dice que la quería mucho, aunque también menciona que tenía unas extrañas creencias. Nunca entendí bien a lo que se refería. Creo que tengo algunas pertenencias de mi abuela por ahí. No sé si sean de utilidad, nunca las he podido revisar a fondo. En su mayoría son libros y apuntes.
—¿Concejos para vivir el día al día con bloqueador solar? —la mirada que su esposa le dirigió, lo aterró—. Lo siento. Supongo que estoy un poco nervioso. ¿Crees que todavía sea buena idea lo del tratamiento capilar?
—Por ahora. Después conforme crezca será decisión suya si conservar su cabello blanco como el de Lincoln, o si prefiere continuar pintándoselo.
—¿Tu abuela se hizo algo así?
—No creo que existiera algo como esto en sus tiempos. Papá dice que usaba una peluca de cabello negro. ¿Realmente estará bien ese color?
—Había pensado en que fuera castaña, como mi prima nos sugirió.
—Amor, te amo, pero creo que Shirley no sabe nada. Hasta el rubio le combinaría mejor.
—Lo mejor será que nos mantengamos con la idea original y lo dejemos en negro —se detiene unos momentos antes de hacerle la sugerencia—. ¿No has pensado en hacérselo a Lincoln también, o sí?
—La verdad nunca se me ocurrió. A Lincoln le queda bien. Salvo por su cabello, el albinismo de su piel es discreto, casi no se nota que a veces ni creo que lo tenga, además me gusta que cómo se le ve. No pienses mal, sólo que a Lucy el cabello así la hace parecer como una… una… ah…
—Fantasma.
Y la irregularidad de sus ojos, uno azul claro y el otro marrón con un contorno rojizo no le ayudaban de mucho a su atemorizante apreciación. Su marido no la juzgaba. No podían hacer nada por la piel de Lucy, pero si al menos por estética conseguían ofrecerle una alternativa para que no se viera tan afectada por ello, sería un buen avance.
—Lynn, ¿viste lo que Luan grabó en el día?
Su hija grabó muchas cosas desde que le prestó la cámara, pero supo se refería en especial a la parte cuando Lincoln hizo a su hermanita verse en el espejo en un acto de buena fe, pero la pequeña pareció horrorizada de sí misma.
Rita decidió que ya era suficiente. Lo mejor sería ir a acostar a su pequeña. Lynn se acercó y besó su frente, inseguro de cómo sería el futuro de su hija. Once meses y al resto de sus hijas les seguía costando acostumbrarse a ella, siendo más comprensivo al respecto Lincoln, Leni y Lynn, aunque esta última a veces parecía debatirse entre el cariño que le tenía, y sus celos por la atención que su hermanito le daba. Concluyó que sólo eran cosas de niños, las cuales fácilmente superaría. También confiaba a la larga todas podrían terminar de acostumbrarse y querer del mismo modo a Lucy.
—Haremos lo mejor que podamos, cariño. Ten fe que lo conseguiremos. Hasta ahora nos ha ido bien.
—A veces… ¿no te sientes cansado de todo?
—Honestamente, sí. Bastante. Pero trato de ver el lado positivo.
—¿Y cuál es?
—Lori está creciendo, Luna también y aunque Leni está tardando, también lo hace. Siguen siendo unas niñas, pero cada vez son menos dependientes de nosotros y nos apoyan más con sus hermanas, hasta Lincoln lo intenta.
Eso le dio cierta simpatía a Rita. Era verdad, sus hijas estaban de poco en poco madurando conforme crecían, incluso a veces Lincoln siendo tan chiquito se mostraba más comprensivo respecto a sus acciones que ellas de cuando tenían tres años.
—Lynn, ¿qué quieres hacer después que deje a Lucy con Lincoln?
—Si no te molesta, sólo quiero dormir, cariño.
Rita suspiró aliviada.
—Yo también, cielo. Feliz aniversario.
Con un nuevo beso sellaron su amor por un año más. Su décima década juntos, ni siquiera parecían decepcionados de no haber hecho algo más trascendental además de la cena en casa por el evento.
Mientras en su hogar aquella noche reinaba el silencio y así seguiría haciéndolo hasta la mañana siguiente, pensaron que más que quejarse, motivos les sobraban para agradecer la suerte que les había tocado, sin importar lo caótica que fuese en ocasiones.
A altas horas de la noche y a pesar de su castigo, Lynn se coló a la habitación de su hermano pensando en dormir con él, pero ante el temor que la descubrieran y alargaran su castigo, sólo besó su frente. Lo dudó un momento, pero al final también besó con sincero afecto la frente de su pequeña hermanita.
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Y un año más termina.
Saben, mucho antes de comenzar esta historia en enero del año pasado, vi una vez un fanart de Lucy con el cabello blanco; ya no recuerdo quién era el artista, pero al verla me pareció tan… lógica. Lincoln aparentemente es albino por tener el cabello blanco, pero si Lincoln es albino, ¿entonces que es Lucy siendo tan pálida como es? Ya muchos habían barajeado incluso desde antes del capítulo del Black in black que el color de su cabello negro no era natural, aunque la teoría que era rubia no me terminó de embonar del todo, al menos para mí. Lamento si esto no les termina de gustar a muchos, junto con la forma en que rompí lo de "el color de cabello lo heredó de la bisabuela Harriet", pero piensen que en la época cosas así a veces se disimulaban de esa manera.
Finalmente los ojos. Perdón, pero siempre imaginé unos ojos no hermosos que avergonzaran a Lucy por desentonar su personalidad, sino unos ojos que de cierta manera la acomplejaran por motivos muy distintos, dos motivos aquí. Busquen imágenes de lo que es la "heterocromía" y "derrame ocular" por si les quedan dudas. Y sí, este headcanon personal lo extiendo al resto de mis obras (no saben el trabajo que me costó abstenerme de describir los ojos de Lucy desde Tan sólo se dio, pero quería hacer la primera descripción de sus ojos en esta historia, así como el de su "cabello original").
Un agradecimiento a quienes continúan leyendo esta historia, principalmente a:
Sergex muchas gracias, colega. Justo es lo que buscaba que se sintiera.
Guest gracias también.
AbyEvilRegal4Ever123 espero te haya gustado lo de la continuación. Confieso me resultó difícil hablar del bebé anterior a Lucy. Gracias.
Transgresor 3003 gracias, igualmente.
Julex93 y las chicas de poco en poco siguen mostrando más sus cualidades tan conocidas. Lynn Sr. se esfuerza en no ser prejuicio, algo que resulta difícil no serlo con su único hijo entre el mar de hijas que le sobran, je. Gracias amigo.
Sonikdc descuida, en realidad yo hago lo mismo. Muchas gracias, amiga. Como siempre agradeciendo esas bellas imágenes y tu permiso de usarlas tan sólo como portadas (get it? XD). Es divertido escribir la interacción entre Lincoln y Lynn.
Sam the Stormbringer me hiciste reír por lo de la "batalla del pollo". Iré todavía mostrando los rasgos característicos de los Louds, con todo y los malos. Mis respetos si decides retomar un fic basado en la obra de Tolkien (como a cualquiera que lo haga, que a mí me da una mezcla de pereza, miedo y ansiedad de sólo pensar en intentarlo D:). Gracias, colega.
Octware un placer verte por aquí. Muchas gracias por leer esto. Estoy de acuerdo y bajo ese concepto concebí la luna de miel de los padres, bastante divertido en realidad. Espero te agrade el resto de la historia. La tuya es genial (tómate tu tiempo, yo sé muy bien lo que es hacer pausas por establecer prioridades. ;)
