Diosas, cómo me costó pasar este capítulo, me quedó re largo en comparación a los demas, no sé por qué ahora me invento más cosas que antes y se me hacen mas largos que de costumbre :P en fin, lo importante es que esta subido y ya lo pueden leer :D aunque le tocaba el sabado pasado pero lo termine el martes y hasta hoy lo termine de pasar así que gracias por su inmesa paciencia :D ¡Disfrútenlo! :3


Capítulo 11

Alrededor de las nueve de la mañana, Link, Zelda, Hayara y la princesa Nabooru terminaban el desayuno en una de las terrazas del palacio. Había transcurrido normal, pero no concluyó hasta que la ministra intentara convencer al príncipe de quedarse en el palacio a almorzar. Y es que él les había anunciado que iría al pueblo por la tarde y comería allá.

-Lamento no poder acompañarlas, pero me gustaría visitar la ciudadela y pasar el resto del día ahí- había dicho el soberano.

-No te preocupes- contestó su igual- entiendo que quieras conocer. Es más, me disculpo por no haberte organizado una comitiva para tal actividad.

-Es mejor así, de esa manera puedo explorar por mí mismo y si me llego a perder, hablaré con la gente y conoceremos personas nuevas.

-¿Conoceremos?- preguntó Hayara.

-Sí, Zelda y yo.

-¿Irán solos?

-Es la idea.

-¿Algún problema señorita Hayara?- intervino Zelda en un impulso.

-No, para nada. Es que… estaba contemplando la idea de acompañarlos.

-Ah, no será necesario-dijo Link-no se moleste. A mí me gusta… aventurarme en lo desconocido. Bueno, no es que la ciudad sea desconocida pero no hay nada mejor que descubrir los secretos que esconden los lugares de este mundo por uno mismo.

-Vaya Link- dijo Nabooru- siempre supe que eras algo aventurero.

-¡Ah! ¿Eres aventurero?

-Diría que sí Hayara.

-Mm, qué interesante.

"Aquí vamos de nuevo…" pensaba Zelda "Ahora comenzará a hablar de lo atractivo que es… se me acaba la paciencia. ¿Pero qué puedo hacer yo? Bueno, ¿por qué no participo de la conversación también?"

-Y cuando exploras lugares así, ¿siempre andas solo?

-Suelo estarlo. Me acompañan mi arco, mi espada y mi escudo.

-El señor Link es muy bueno con el arco, y como espadachín es aún mejor- intervino Zelda.

-¡Ah! Gracias por el cumplido.

-¿Y tú cómo sabes eso?

-Bueno señorita ministra, es que siempre lo veo en sus prácticas y es inevitable notar ciertas cosas. He observado cómo sale victorioso incluso contra sus maestros.

-¿Ah sí? ¿Y tú siempre vas con él?

-Sí, siempre.

-Eres más como su acompañante personal que su sirvienta ¿no?

-Algo así.

-Mm, tu trabajo va más allá de sólo los quehaceres al parecer.

-Así es. Le ayudo en todo lo que puedo. Es por eso que estoy ahora aquí.

-Que… bien por ti-dijo sonriéndole a la joven desafiantemente.

-Gracias- contestó Zelda devolviéndole el gesto.

Link miró interrogativamente a la princesa Nabooru quién le respondió con la misma mirada de extrañeza.

-Qué curioso que hablen tanto-dijo el príncipe- creo que podrían tener unas cuántas cosas en común.

-No sé si unas cuantas, pero hay una que definitivamente tenemos.

-¿Cómo qué?

-Que a las dos nos podría gustar el mismo… postre.

El corazón de Zelda casi se para ante lo que Hayara hubiera dicho. Claramente hablaba de Link… iba a decir que ambas les gustaba el mismo hombre. ¡Pero si a Zelda no le gustaba él! En ese momento se percató de la actitud que tuvo y de todo lo que había dicho. Las miradas desafiantes de Hayara eran una respuesta a las señales que ella enviaba. La ministra entendió que Zelda decía todo aquello porque quería dejar en claro que el príncipe ya estaba ocupado. Pero eso no era cierto ¿o sí? La joven se frustró por su actitud tan fuera de sí misma y por la idea equivocada que acababa de dar y mirando hacia su plato decidió no hablar más. Sin embargo, la ministra no había terminado aún.

-¿Cuántos años tienes Zelda?

-Cumpliré dieciocho pronto.

-Ah, estás aún pequeña.

-Zelda es muy madura- comentó Link- sabe cómo comportarse siempre. Es más, yo hago más locuras que ella. Es bueno tener a una persona sensata cerca- la miró con cariño como apreciando sus cualidades. Ella se sonrojó un poco, agradeció el cumplido y no salió más palabra de su boca.

Al terminar el desayuno, los dos visitantes se despidieron dejando solas a la princesa y su ministra.

-Oye Hayara, ¿a qué juegas?

-¿De qué habla alteza?

-Hm- dijo la princesa riendo un poco- bueno, es obvio que te atrae Link, a lo cual no me opongo sabes… pero imagino que lo has notado… Él siente algo por su mucama.

-Me había percatado. Lo supuse desde el momento en que la trajo como invitada.

-Muy original el príncipe ¿no crees?

-Bastante.

-Sí, aunque creo que ella no siente lo mismo. Lo trata muy diferente.

-También lo noté, ¿qué sentido tiene para un futuro rey cortejar una sirvienta que apenas le da la hora?

-Jamás comprenderé a los hombres, querida.

-Ya somos dos.


Cuando eran las once, Link se encontró con su sirvienta en la entrada del castillo donde estaba un carruaje esperándolos para llevarlos a la ciudad. Sin ningún retraso se pusieron en camino, que era de apenas unos diez minutos. Llegaron hasta el frente de un edificio que tenía un rótulo en que se leía: "Posada del Desierto". Zelda se pregunta qué hacían en una posada y al levantar la vista vio un balcón con personas sentadas en mullidos cojines, entonces comprendió que almorzarían ahí.

-Comeremos en este lugar- dijo Link confirmando los pensamientos de su mucama.

-¿Cómo supo de aquí?

-Le pregunté a una de las guardias antes de salir y me lo recomendó. Dijo que casi todos los visitantes venían aquí y quedaban satisfechos. Ven…

La ayudó a bajar como era costumbre en él y entraron a la posada.

Toda la construcción era muy lujosa, como casi todo lo de aquella tierra; una joya escondida en medio del desierto. Los arcos de las puertas eran del mismo estilo del palacio y estaba decorado con finas cortinas y alfombras coloridas.

-Bonito, ¿no te parece?

-Definitivamente sí. Aquí les gusta mucho decorar todo con lujo.

-Así es. Son una tierra muy próspera y no les da pena demostrarlo.

El príncipe se acercó a una especie de escritorio, donde una muchacha le atendió cortésmente y tomándolo de la mano lo condujo a un balcón. "¿Qué todas aquí son así? No pasan ni una oportunidad para acercarse al señor Link" pensó Zelda a la vez que los seguía. Se sentaron en dos grandes cojines tan suaves que parecían dos nubes sosteniéndolos en el cielo. Pidieron la comida que la chica les recomendó como la mejor y pronto fue servida. Ninguno de los dos había hablado mucho, hasta que Link decidió iniciar la conversación:

-Zelda, quisiera preguntarte una cosa.

-Sí, dígame alteza.

-¿Qué fue todo eso del desayuno?

-¿El desayuno?

-Esa plática con Hayara, no parecía muy amistosa, ¿pasa algo entre ustedes?

Zelda bajó la mirada y se apretó la falda del vestido como siempre hacía cada vez que los nervios perturbaban su tranquilidad.

-Eh… no señor, no ocurre nada.

-¿Estás segura? Sabes que si algo te molesta puedes decírmelo.

"Qué tonta eres Zelda, ahora el príncipe quiere una explicación de algo que ni yo misma puedo entender" pensaba.

-En serio, no ocurre nada con la señorita Hayara.

-Si tú lo dices entonces te creo. Hablando de otra cosa, ¿qué te parece este lugar? A mí me ha fascinado.

-Sí, jamás había visto un lugar como este.

En ese momento la camarera se les acercó para preguntar si necesitaban algo.

-Disculpen, ¿va todo bien? ¿Les hace falta algo?

-No señorita, estamos perfectamente.

-Eso me alegra mucho, traje esta botella de vino, cortesía de la casa.

-¡Ah, vaya! Gracias, es muy gentil de su parte.

-Es todo un honor. Aquí estamos para servirle. No se frene en pedirnos lo que quiera, es un gusto para nosotras complacerlo. Me retiro, cualquier eventualidad, me avisa ¿sí?

-Por supuesto, y gracias nuevamente.

La muchacha se fue hacia otra mesa siendo seguida por una fija mirada de parte de Zelda.

-En esta tierra son todas muy amables ¿no crees?- preguntaba el príncipe.

-Sí, muy "amables"…

-Son atentas con sus invitados, podría acostumbrarme a esto.

-En su palacio lo atienden con mucha devoción también.

-Oh sí, no me refiero a eso sino… No sé cómo explicarlo, es diferente.

-Sí claro, porque aquí le coquetean- dijo Zelda en un murmullo.

-¿Aquí qué? Discúlpame, no escuché bien lo que dijiste.

-Que aquí se esmeran mucho… en hacerle pasar una agradable visita.

-Y lo logran muy bien.

Zelda frunció el ceño y lo mantuvo así casi el resto de la hora, tratando siempre de evitar el sentimiento que se negaba a aceptar.

Cuando terminaron de comer salieron a la calle a caminar. Los guardias los seguían de cerca, pero ellos no parecían ni notarlo. A Link le agradaba todo lo que veía, pero más le agradaba tener a Zelda a su lado, maravillada con todo lo que le rodeaba, disfrutando del paseo. Observaba todo como inmersa en un trance inducido por el constante olor a incienso por doquier. Aquella ciudad poseía un misticismo inigualable, exótico, magnético. La música y los colores hipnotizarían a cualquiera y Zelda no era la excepción. Le encantaba el lugar. Luego de unos minutos de caminar, se acercaron a una tienda con todo tipo de joyas; había tiaras, aretes, anillos, pulseras, etc. Link invitó a su acompañante a entrar.

-Por las diosas, nunca había visto tantas joyas en un solo lugar.

-¿Sí? Son bastantes en realidad…

-Mjm.

-Me gustaría obsequiarte algo, escoge lo que quieras.

-¿De verdad alteza?

-Sí, en serio.

-Oh Nayru… Hay tantas cosas lindas… Pero no, no puedo aceptarlo su majestad.

-Zelda… no me digas que no, por favor.

La joven suspiró. Sabía que el príncipe no le permitiría rechazarlo.

-Mira lo que quieras- insistió.

-Ah… está bien señor.

Apenada y algo incómoda con la situación, la chica comenzó a observar todo lo que había ahí. Pronto, una señorita de la tienda se acercó anunciándose como Jade y ayudó a Zelda en su elección.

-Mire este collar, quizás le guste- dijo mostrándoselo primero y colocándoselo después- es hecho a mano por los mejores joyeros del desierto.

-Mm, está lindo pero creo que me gustaría más un anillo o algo así. Que no sea tan llamativo.

-Bien, venga.

La muchacha sacó una caja con varios anillos incrustados en líneas. Eran de todos los colores y tamaños que se pudiera imaginar. A Zelda le llamó la atención un anillo plateado con una piedra azul.

-Este es muy bonito- dijo probándoselo- ¿cuánto cuesta?

-Esa piedra es una aguamarina, cuesta trescientas rupias.

-Ah…

-Está bien- intervino Link anticipándose a lo que diría su servidora- si ese te gusta, ese llevaremos.

-Bueno.

-¿Estás segura que es el que quieres?

-Eso creo.

-Tengo otros por acá si quiere verlos- dijo Jade.

La chica sacó otra caja con más anillos y casi de inmediato obtuvo una reacción.

-¡Oh por las diosas!- exclamó Zelda al ver una sortija con tres pequeñas piedras color rosado suave con toques naranjas que formaban juntas un triángulo. La muchacha se lo dio y de inmediato se lo puso. La joya le quedaba perfecta, el tenue naranja contrastaba con su tono de piel. Su mano se veía delicada, como las de una princesa.

-Se le mira hermoso.

-Lo sé, me encanta…- no podía dejar de mirarlo, rara vez había visto un anillo tan lindo y que le encajara tan bien.

Link tomó gentilmente su mano para poder observar la joya y estuvo de acuerdo con la opinión de las dos mujeres. Notando que se quedaba estático, Zelda dio un paso atrás alejándose y dirigiendo su vista hacia la dependienta.

-¿Cuánto cuesta?

-Este anillo es muy especial, está hecho de plata fina y la piedra es bastante única, es un ágata cornalina, cuesta mil setecientas rupias.

-Por la diosa Hylia, eso es más de lo que en mi vida he llegado a ver- dijo quitándoselo y devolviéndolo-gracias por mostrármelo.

-¿No llevarás ese?-preguntó Link extrañado de que no lo quisiera después de la sorpresa que dio cuando lo vio.

-Alteza, es muy costoso.

-Zelda, eso no me importa.

-Pero a mí sí. No voy a aprovecharme de usted así. Llevaré el azul que vi primero.

-Zelda… por favor…

-Su majestad, con todo respeto le diré que en primer lugar, no soy digna de recibir regalos de un príncipe y segundo, menos así de caros. Agradezco su gentileza, pero estas son situaciones no compatibles con mi condición. Y por favor no insista. Me quedaré el azul.

-No me parece. ¿Por qué no llevas el que más te gusta? Vi tu cara cuando te lo probaste, no pienses en las rupias que eso no es problema.

-Señor, me gusta más el azul. Además, ese combina con el vestido que me envió el príncipe Mikau y lo podré usar el día del baile.

A Link se le cayó el mundo al escuchar eso. Sintió una leve presión en el pecho que suprimió como pudo.

-Ah… está bien. Ya que lo usarás para eso no tengo objeción que hacer. Será como tú digas.

El príncipe se dirigió entonces a la otra vitrina donde la chica de la tienda guardaba el anillo elegido en una cajita. Zelda se quedó parada en su lugar, se preguntaba si haber dado esa razón fue lo más correcto "Creo que no debí haber dicho eso…" y comenzó a sentirse culpable. Link, aprovechando la lejanía de su sirvienta, le habló a Jade.

-Escuche, mandaré por el otro anillo en la tarde. Zelda es a veces muy terca, pero sé que el otro en especial le gustó y se lo voy a obsequiar de todas formas. No lo vaya a vender.

-No señor, no lo haré. Pero me gustaría decirle que los anillos con cornalinas suelen ser regaladas cuando están corte…

-¿Ya está?- llegó Zelda después de divagar sobre sus acciones.

-Sí, sí- apresuró Link a decir- ya nos vamos. Muchas gracias señorita.

-Fue un placer.

Ambos salieron de la tienda y caminaron un poco. Zelda iba muy feliz con el anillo que le habían regalado y lo admiraba dentro de la cajita.

-Alteza muchísimas gracias.

-No es nada, me hace feliz saber que te gusta. ¿Qué quieres hacer ahora?

-No lo sé… ¡Oh, mire! Una adivinadora- exclamó cuando divisó una carpa color morado con estrellas amarillas a los lados.

-Mm, ¿crees en esas cosas?

-Claro que no alteza, pero me parece divertido que me lean mi fortuna ¿a usted no?

-Sí, ¿por qué no? Vamos.

Se acercaron a la tienda y leyeron el rótulo que estaba al frente: "´Madame Fanadi', donde revelamos su destino y más. Consulta: 15 rupias". Entraron y se encontraron con una misteriosa mujer de ojos grandes con una bola de cristal entre sus manos.

-Buenas tardes jóvenes, pasen adelante.

-Buenas tardes- respondieron ambos al penetrar en la oscura carpa apenas iluminada con dos lámparas colgadas del centro del techo.

-¿Están aquí por algo en especial?

-No, simplemente queríamos que nos leyera nuestra fortuna.

-Mm, lecturas al azar. Esas son las que me salen más correctas. ¿Comienzo con usted muchacho?

-Como usted decida.

-Bien, tome una de estas tres cartas- dijo después de mezclarlas- y después voltee cuatro de estas que están en la mesa.

El príncipe sacó la carta de en medio y volteó las indicadas en la mesa.

-Mm, el fuego de Din, el poder. Parece que has hecho un trato importante y que en tiempo cercano, asumirás algún rol crucial en tu vida, deberás tener cuidado con los recursos que tienes a tu disposición y no abusar de aquellos a tu mando. Acércate a la sabiduría y la serenidad y aléjate de la codicia y la impaciencia.

La mujer observó a Link con una sonrisa, sabía que su predicción era certera y que el joven estaba sorprendido de que lo fuera. En realidad, él estaba anonadado de que le hablara de tales cosas como si supiera lo del trato con Nabooru.

-Muchas gracias señora Fanadi.

-Un placer. Ahora usted señorita.

Zelda hizo lo mismo que Link, escogió una carta de las tres en la mano de la adivinadora y volteó cuatro más de la mesa. Después de unos segundos de verla, finalmente dijo:

-¡Oh! El amor de Nayru, la sabiduría. Y por las cartas que volteaste abajo veo que tiene mucho que ver con el nombre de la carta principal ¡casualidad! Querida, tienes el amor muy cerca de ti. No soy capaz de aclarar si ya llegó o está por llegar pero no desaproveches la oportunidad cuando lo reconozcas. A veces podemos obstinarnos y no querer ver lo que tenemos al lado- hizo énfasis en estas dos últimas palabras que ninguno de los dos pareció tomar en cuenta- abre los ojos, no te escondas porque puedes llegar a ser muy feliz.

Zelda solamente sonrió y agradeció la fortuna que se le hizo alejada de la realidad. La mujer los despidió con amabilidad y una vez afuera, Link comentó:

-Fue bastante acertado lo que me dijo ¿no crees? Me habló de mi trato con Nabooru sin yo haberle mencionado nada al respecto.

-Pues… no lo sé. A mí me habló de amor y no creo que eso tenga que ver con mi vida en este momento.

-Dijo que quizás vendría. Aunque tú no lo esperes, el amor llega cuando menos te imaginas.

-¿A usted le ha pasado?- preguntó con notorio interés.

-Puedo decir con certeza que sí. Llegaste... llegó cuando yo menos pensaba enamorarme.

-¿Y cómo resultó?

-¿El qué?

-Eso, cuando se enamoró sin quererlo. ¿La joven le correspondió?

-Aún no lo sé Zelda, pero espero saberlo pronto.

Los dos guardaron silencio por un instante. Zelda sintió un pequeño tirón en su centro, ¿celos quizás? "No, claro que no son celos, es… no sé, cualquier otra cosa". Link por su parte, pensaba si la mujer que amaba algún día llegaría a sentir algo por él.

-¿Es su primer amor?-preguntó, dándose cuenta a la vez, que quizás esa sería una cuestión muy personal y que no debió haber hecho esa pregunta.

-¿La chica?

-Sí…

-Ah, no exactamente. Sólo hubo una antes… pero no sé si era amor en realidad, era muy distinto a lo que me pasa ahora.

A Zelda le sorprendió esa confesión. Había imaginado al príncipe como un muchacho coqueto pero al parecer, a pesar de ser atractivo y buen partido, no era tan enamoradizo; tal vez era hasta reservado. Se preguntaba quiénes serían las mujeres de las que hablaban, la primera y la actual…

Link estaba deseoso de preguntar lo mismo, y cuando estaba por hacerlo, su sirvienta aceleró el paso hacia lo que parecía ser el centro de la ciudad, la plaza.

-¡Mire alteza! ¡Están bailando!

Zelda se inmiscuyó entre la multitud para observar el espectáculo que tenía lugar entre aquel montón de personas. Eran dos chicas danzando un tradicional baile Gerudo. La representación era hipnotizante, la música que otras dos mujeres tocaban, se mezclaba por completo con los suaves movimientos de las bailarinas.

Pasaron el resto de la tarde entre movidas canciones y poemas recitados en la plaza. Cerca de la hora de cenar, regresaron rápidamente al palacio para prepararse para el banquete de despedida que ofrecerían en su honor. Link se despidió de Zelda enviándola a cambiarse con Jeanine y Carmine. La joven hizo como le indicaron y encontró a las dos mucamas esperándola en su habitación.

-¡Señorita Zelda!

-¡Qué gusto que haya llegado temprano! Hay mucho por hacer- dijo Carmine.

-¿Mucho por hacer? ¿Necesitan ayuda en algo?

-No, no. Es que tenemos que arreglarla para la cena. Las familias más influyentes del valle vendrán a verlos a usted y al príncipe.

-Debe estar espectacular para dar una buena impresión- añadió Jeanine- Mire, le escogimos un lindo vestido según el gusto de la princesa Nabooru. Es diferente de lo que la hemos visto usar, pero de todas maneras creemos que le gustará.

-Seguro que sí, especialmente si tiene el visto bueno de la señorita Nabooru.

-Bien. ¡Carmine, muéstraselo!

La muchacha sacó del armario una bolsa dentro de la cual se encontraba la prenda. Lo colocó sobre la cama y abriéndola, reveló un hermoso vestido color crema. Zelda se maravilló y quiso de inmediato que se lo pusieran. Tardó cerca de cinco minutos en colocárselo correctamente. Después se sentó en el sillón para que le arreglaran el cabello. Le hicieron una trenza larga hacia el lado dejando descubierto su hombro derecho. Terminado eso, le colocaron muchas joyas por doquier como era costumbre entre las Gerudo, pero Zelda se negó.

-Chicas, esto es demasiado.

-¡Pero señorita si se ve hermosa!

-No digo que no, pero no acostumbre a usar tantas cosas sobre mí.

-Aquí es normal en las reuniones, por favor- suplicó Carmine- no se las quite.

-Lo siento, no es algo que yo usaría. Muchas gracias de todas formas.

-Bueno está bien. Se las quitaremos todas excepto el collar. ¡Ah! Y hay una que hace falta y a esa no se puede negar.

Sin obtener respuesta primero, Jeanine fue a un joyero que habían traído y sacó una pequeña piedra en forma de óvalo.

-Mire, esto va colocado en su frente. Es una piedra de amistad, la princesa nos la dio especialmente para usted. Combina perfectamente con su vestido.

Zelda se levantó y se miró al espejo. Estaba muy linda, era un aspecto diferente al usual, le daba un toque exótico a su belleza nata.

-¡Se ve hermosa!- dijeron las dos mucamas a la vez.

-Muchas gracias chicas- contestó sonriendo hacia el espejo- no suelo arreglarme nunca así, es un buen cambio.

-Pero usted siempre se ve linda- añadió Carmine.

-Ay chicas, gracias en serio.

-Bueno, iré al salón a ver si han llegado invitados y regresaré a avisar cuando pueda ir.

Así lo hizo la chica y al cabo de diez minutos estaba de vuelta en la habitación.

-Señorita ya están casi todos. El príncipe Link la espera en la puerta.

-Ah, bueno entonces no hay que hacer esperar a los demás.

Se vio una última vez al espejo y contenta con su apariencia salió hacia el salón donde tendría lugar la cena. Llegó observando al príncipe de espaldas y se acercó tímidamente.

-Buenas noches alteza.

-Buenas noches- dijo dándose la vuelta- ¡Por las diosas, Zelda!… te ves… hermosa. Estás preciosa.

-…Gracias señor- contestó sonrojada.

-En serio- suspiró mirándola de pies a cabeza.

El vestido le tallaba perfecto. Tenía mangas largas y amplias con un escote en "V". Era de corte imperio decorado bajo el busto por un sencillo cinturón dorado en una línea que daba origen a la falda larga que caía a través de sus curvas hasta el suelo. Zelda estaba nerviosa, el príncipe no dejaba de observarla. Trató de fijar la vista en cualquier otro lado. Entonces se percató de que Link no usaba tampoco la misma ropa de siempre. Llevaba un atuendo que nunca había visto antes, era un pantalón de un tono crema más oscuro que el de su vestido y sobre él, una camisa larga con mangas adornadas al final con bordados rojizos, del mismo tipo de los que estaban en el cuello. En medio, tenía una gruesa franja de bordado con algunas piedras doradas.

-Alteza, usted se ve bien también.

-¿Te parece? A mí se me hace algo raro vestir esto, pero Hayara insistió. Así visten aquí y no quería desentonar con los demás caballeros presentes, aunque creo que serán apenas unos pocos.

-Sí tiene razón.

-Jamás te había visto peinada de esa forma. Siempre usas el cabello suelto o sujeto con un listón en una media cola.

-Sí, Jeanine y Carmine me hicieron la trenza.

-Me gusta- dijo sonriendo dulcemente.

-Eh… creo que deberíamos entrar.

-Sí. Pero antes… quisiera darte algo.

-¿Otra cosa su majestad?

-Sí, no te vayas a molestar.

Link, que nunca se daba por vencido, sacó entonces una cajita y la abrió sacando de ella un anillo muy familiar que colocó de inmediato en el dedo de Zelda. Ella tardó unos segundos en procesar la situación.

-¡Alteza! Es el anillo que dije que no quería.

-No te lo quites- se apuró a tomarle la mano al notar que iba a retirarse la joya- úsalo.

-Señor, ya sabe lo que opino de esto. Le agradezco su gesto pero lo siento mucho, no voy a usar…

-¡Oh, ahí están! Ya es hora de que entren- era Hayara que caía como un balde de agua fría para Zelda y como un ángel de salvación para el príncipe.- Apresúrense, estamos un poco atrasados.

Zelda ya no tuvo tiempo para discutir lo del anillo, y con él en su mano derecha, entró al salón de la cena. Había muchas personas en su mayoría mujeres, con atuendos similares a los de ellos. Los recibieron con cálidos aplausos y los saludaron con cordialidad. La ministra anunció a todos que serían llamados a la mesa cuando la cena estuviera ya servida. Mientras tanto, todos conversaban amenamente. Unas cuantas personas se acercaron a Link y Zelda para presentarse, entre ellos una peculiar pareja, que dijeron ser consejeros de la corte.

-Buenas noches alteza, buenas noches señorita Zelda- dijo una elegante mujer en nombre de la pareja.

-Buenas noches, es un placer estar aquí hoy.

-Oh su majestad, el placer es nuestro. Yo soy Karim y él es Raiff.

-Mucho gusto- saludó el hombre- te imaginaba un poco mayor debo decir.

-Me dicen eso a menudo- contestó riendo- pero estoy en la edad perfecta para comenzar a hacerme cargo de los asuntos de mi reino.

-Muy bueno, los gobernantes jóvenes son más abiertos. Los de mi edad tenemos ya muchos estigmas arraigados. La juventud trae cambios.

-Interesante pensamiento.

-Hay que innovar.

-Estoy de acuerdo señor Raiff.

-¿Y usted señorita?- preguntó Karim dirigiéndose a Zelda- ¿es una cortesana?

-Eh… no. Yo soy sólo…

-¡Oh por la diosa Hylia! ¡Cómo no lo noté antes! Mira Raiff- exclamó apuntando a la mano de Zelda.

-¡Oh vaya! Nadie nos anunció que el príncipe estaba en términos de casamiento con una distinguida señorita.

-¿Casamiento?- preguntaron Link y Zelda a la vez, confundidos.

-Sí- respondió Karim tomando la mano de la joven- mira este hermoso anillo. Esta piedra se llama cornalina y se acostumbra a ser regalada por los hombres a la mujer que cortejan. Quizá exageramos con lo de "casamiento", ya que no es un anillo de compromiso ni conlleva obligaciones sociales, pero jamás he oído hablar de una pareja que no haya terminado junta después de entregar la cornalina. Es una joya muy costosa, no la vayas a perder querida.

-No… claro que no.

Link observó a su sirvienta cambiar el semblante y bajar la mirada. Notó que no le gustó para nada lo que acababa de escuchar. Sintió entonces la necesidad de aclarar el malentendido.

-Disculpen, creo que hubo una confusión. Este anillo no se lo di a Zelda por…

-¡La cena está servida! Pueden pasar a la mesa- se escuchó a Hayara hablar.

-¡Oh! Mira Karim, es hora de la cena, vamos. Es una lástima que no estemos sentados los cuatro en el mismo lugar, pero disfruten de la noche ¿de acuerdo?

-Por supuesto- contestó Link con cortesía.

Se dirigieron a la mesa y se sentaron en los lugares asignados. Nabooru estaba al inicio con los dos invitados de honor al lado derecho y Hayara al izquierdo frente a ellos como era costumbre. Los deliciosos manjares fueron servidos a cada comensal y la conversación llenaba el salón. Todos hablaban de lo hermoso y pintoresco que era Hyrule y algunos enviaron saludos al rey y la reina. La cena se prolongó hasta alrededor de las diez de la noche, cuando todos comenzaban a retirarse. Link y Zelda fueron de los primeros, pues necesitaban buen descanso para el camino que les aguardaba al día siguiente.

-Muchas gracias Nabooru por esta cena- dijo Link cerca de la puerta.

-Un placer Link, les caíste bien a todos. Esperan que vuelvas pronto.

-Definitivamente lo haré, me ha encantado aquí.

-Te veré pronto ¿no? En la fiesta de Mikau.

-Por supuesto.

-Hm, a propósito, ¿sabes que no me invitó como su pareja? Me preguntó a quién llevará…

-Eh… yo no tengo idea, no me ha comentado nada al respecto- mintió para evitar tener que decir que su mucama era su "reemplazo". "Diosas no me había pasado por la mente nada de eso…".

-Igual lo nuestro era muy complicado.

-Sí, me imagino.

-Bueno anda a descansar, que tendrás un viaje pesado, te veré por la mañana.

-Así será, buenas noches.

Link buscó a Zelda y juntos salieron del salón. Caminaron en silencio durante un rato hasta que él decidió hablar respecto al anillo.

-Zelda…

-Dígame alteza- dijo parando su marcha.

-Ah… escucha… discúlpame por lo del anillo. Sé que no te gustó para nada saber que era una sortija de cortejo, yo tampoco lo sabía. Y si antes no lo querías, ahora que sabes esto lo debes odiar y no te culpo. Estás en todo tu derecho de no usarlo si no deseas, pero… te pediré que no me lo devuelvas porque no lo aceptaré.

-Mi señor, yo no puedo quedarme con algo tan costoso que no….- Zelda cortó su oración al ver la mirada de Link. No fue necesario que él dijera algo, sus ojos transmitían todo lo que quería que ella supiera y lo entendía bien. Sostuvo la mirada unos segundos hasta que la apartó.

-…Está bien su majestad, me lo quedaré con una única condición.

-La que tú me pidas.

-…No me vuelva a hacer regalos caros así. Si quiere agradecerme por algo, deme un día libre, déjeme ir a ver a Impa o… deme un listón para el cabello, pero nada ostentoso.

Link suspiró ante la petición.

-Todo eso lo puedes tener cuando gustes… pero está bien. Será como tú quieras. Siempre será como tú quieras.

Siempre será como tú quieras. Está frase descifró algo dentro de Zelda. No se había dado cuenta pero Link siempre trataba de hacer lo mejor posible para ella, a pesar de que algunas cosas no le agradaban, él no tenía malas intenciones. Todo lo contrario.

-Mi señor…

-Dime.

-Yo…

-¿Tú…?

-Sólo quería… darle las gracias por todo… Todo.

Link le sonrió con cariño. Nada le provocaba más ternura que su sirvienta y aún más con lo hermosa que estaba ese día. Sintió los deseos más grandes de sostenerla en sus brazos y llenarla de besos pero no podía.

-De nada. Y deberías ir a dormir, nos levantaremos temprano.

-Lo sé. Buenas noches su majestad.

Hizo una reverencia como siempre y cuando se iba a voltear para irse, Link tomó su mano y la llevó hasta sus labios colocando lentamente un suave y tierno beso sobre ella.

-Dulces sueños, mi dulce y hermosa Zelda.

-… I-Igual...

Y con rapidez separó su mano de la de él, yéndose a su habitación con toda la sangre de su cuerpo concentrada en sus mejillas y el corazón que se le salía del pecho.

Mi dulce y hermosa Zelda.