Capítulo 11
Aviso: Capítulo realmente muy largo. ¡Espero que os guste!
Capítulo 11
Vegeta estaba tendido sobre su cama con la mirada perdida en un firmamento infinito de sus pensamientos que el techo limitado de su habitación no lograba acotar, vestido simplemente con un traje de spandex negro que iba más acorde con su ánimo que su habitual color azul rey. Bulma, Trunks y Gohan le habían convencido para retrasar el ataque hasta que su mujer encontrase un antídoto para aquel veneno o, al menos, algún tipo de protección; Vegeta, pese a su inicial rechazo contra cualquier tipo de espera, sabía que si utilizaban ese veneno en su contra, no tendría ninguna oportunidad de salir victorioso del combate que le aguardaba, dejando totalmente indefensos a sus hijos y cedió a los ruegos de su familia pero, furioso por la inutilidad para defender a su primogénito de la que había hecho gala y carcomido por la preocupación de saber a Mirai en peligro cierto en manos enemigas, se había encerrado todo el día lejos de cualquiera que pudiese aumentar su nerviosismo y provocar un asesinato largo y doloroso murmurando palabras de engañoso consuelo que no quería ni necesitaba oír. Le necesitaba a él...y él era el único que no estaba.
La tarde estaba avanzada y el sol comenzaba a ocultarse por el horizonte. Casi habían pasado doce horas desde el secuestro de Mirai y nada nuevo había interrumpido la tensa espera. Vegeta llevaba horas concentrado en el aura de Mirai; no habían intentado ocultarla, al igual que la suya, seguramente deseosos de que Vegeta les encontrara para entablar una batalla que a priori consideraban ganada. Su aura era débil, muy débil, y su energía descendía lentamente. Sin duda alguna le mantendrían drogado para evitar cualquier intento de fuga y no habrían atendido convenientemente a las heridas de un preso al que ya consideraban un seguro cadáver, por lo que la pérdida de sangre durante un lapso tan prolongado de tiempo drenaba su energía cada vez más.
-Esos desgraciados están dejando que se desangre –pensó Vegeta, iracundo, apretando los puños. De repente, un pensamiento perturbador cruzó su mente. Había pasado mucho tiempo desde su secuestro, ¿y si ellos interpretaban que no iba a acudir a la cita y, desengañados, mataban a su presa? Vegeta sabía que Adrien había utilizado a Mirai como rehén escudándose en las muestras de afecto que le había demostrado, pero le seguía considerando un bastardo asesino, para él no sería descabellado pensar que abandonaría a su propio hijo en manos enemigas como castigo a su debilidad hacia un adversario por el que se había dejado atrapar. Ellos ya no lo necesitaban más que como una tentación para su padre, si llegaban a convencerse de que él no iría a su encuentro le matarían sin dudarlo.
Este pensamiento le inquietó, si es que eso era posible, más de lo que ya estaba, y saltó de la cama sin poder permanecer inactivo ni un solo segundo más. Necesitaba hacer algo, lo que fuera, para liberarse de esa angustia que le atenazaba el alma. Debía liberarlo; Vegeta ni siquiera quería pensar en la posibilidad de que llegase a morir, no podría superar su pérdida. Dejando escapar una maldición, se decidió a partir hacia la batalla sin más dilación y, cogiendo su armadura, comenzaba a aprestarse para el combate cuando oyó los pasos inconfundibles de Bulma acercándose hacia la habitación.
Bulma aferraba fuertemente la cápsula que llevaba en la mano mientras apretaba el paso hacia la habitación que compartía con su marido rogando para que siguiera donde le dejó. Bulma sabía que dejar a Vegeta encerrado en casa mientras Mirai estaba en grave peligro era una bomba de relojería preparada para explotar en el mismo momento en el que el príncipe decidiese mandar toda consideración racional al diablo y partiera en busca de su hijo para matar o morir intentado liberarlo, y temía llegar demasiado tarde para evitarlo. Llegando a su destino, Bulma apartó de la puerta con un gesto de preocupación la ingente bandeja de comida, aún sin tocar, que Bra le había dejado a su padre esperando que comiera algo y entró sin llamar al no necesitar invitación para pasar a su propio dormitorio.
-Dime que habéis encontrado algo –rogó Vegeta como bienvenida. Bulma miró fijamente a su marido que, bañado por la suave luz anaranjada del atardecer, le devolvía la mirada con tanta fuerza e intensidad que parecía atravesar su cuerpo y grabarse a fuego en su corazón. Se deleitó mirándole durante un momento, tratando de fijar su imagen en su mente como cada vez que sabía que, aproximándose sin freno la hora de la peligrosa batalla, podía ser la última vez que le viera por el resto de sus días-. Contéstame, mujer, porque si no dejaré de atender a razones y me iré a por mi mocoso.
-Vegeta, un "hola" y un beso como bienvenida para tu mujer hubieran estado bien –dijo Bulma, saliendo de su ensoñación y pensando que una pequeña pelea le ayudaría a deshacerse de su nerviosismo.
-¡¡DIABLOS, BULMA, PUEDEN ESTAR MATANDO A TU HIJO EN ESTE MISMO MOMENTO, NO DIGAS ESTUPIDECES!! –gritó Vegeta y Bulma no pudo evitar que le recorriera un escalofrío de arriba abajo al oír su aseveración.
-Si estuviera muerto ya lo sabrías y no le va a pasar nada porque estoy convencida de que tú le vas a salvar, así que no estoy preocupada.
-No mientas, mujer, sé que estás histérica.
-No tanto como tú.
-Esta conversación de besugos no nos llevará a ningún sitio. ¿Has encontrado algo o no? –dijo Vegeta. Como toda respuesta, Bulma activó la cápsula que llevaba en la mano, la cual reveló un estuche azul y cogió su contenido.
-Por supuesto que he encontrado algo, por eso soy la mujer más inteligente de la Tierra. Trunks y yo hemos trabajado sin descanso desde el ataque para prepararlo –dijo Bulma, abriendo el estuche y revelando dos inyecciones repletas de líquido, vendas y otros objetos para el tratamiento de heridas -. Con lo que quedaba de veneno pude reproducirlo y buscar un medio de contrarrestarlo analizando sus componentes.
-¿Puede matarlo?
-En grandes cantidades, sí. Por lo que he podido averiguar, está concebido como un potente tranquilizante, un fuerte somnífero que, introducido en vuestro torrente sanguíneo, inhibe vuestro poder e impide que podáis ofrecer resistencia. No creo que la intención de quien lo fabricó fuera matar, no es un veneno, pero si le administran a Mirai una sobredosis, su vida correrá serio peligro –tuvo que admitir Bulma, pero se rehizo rápidamente al oír a su marido rechinar los dientes presa de la ira-. Pero no te preocupes, hemos encontrado un inhibidor. El tranquilizante no podrá haceros efecto, pero es temporal.
-¿Y los niños? –preguntó Vegeta, mientras Bulma preparaba la inyección que llevaba su nombre en la etiqueta.
-Trunks está administrando el inhibidor a Bra, Gohan, Pan y Goten, y él ya está inyectado. Tú necesitas una dosis mayor porque tú eres un Saiyajin sangre pura y ese tranquilizante está ideado para los de tu raza, pero funcionará, estoy segura. Mirai...es otra cuestión. No puedo saber la cantidad de veneno que le han administrado, ni el daño que ya puede haberle producido en su organismo –dijo Bulma, mientras le ponía la inyección a su marido-, pero a corto plazo lo que he conseguido es una especie de antídoto para él. Sé que no podéis triunfar si debéis cargar con un inconsciente y quiero que salgáis todos vivos de allí.
-¿Qué significa la frase "una especie de antídoto"? Puede que lo que no han logrado ellos lo consigas tú envenenando al niño –dijo Vegeta. Bulma lo miró iracunda.
-¡No voy a envenenar al niño! Me refiero a que lo único que he podido conseguir con tan poco tiempo es una forma de que se cuerpo reaccione contra el veneno obligándole a expulsarlo a marchas forzadas. No será agradable; es un procedimiento agresivo y doloroso, pero no he encontrado otro método con tan poco tiempo. En pocos minutos estará en pie y luchando, pero no sé a que nivel; dependerá enormemente de la cantidad de veneno que le hayan administrado, pero no me atrevo a darle más de lo que hay en esta jeringuilla, es demasiado peligroso. Al menos podrá correr y defenderse. Si hay efectos secundarios, los solucionaremos cuando estéis a salvo, no le pasará nada grave.
-¿Estás segura de que funcionará? Tengo que planear muy bien la forma de sacarlo de allí sin correr riesgos si debo llevármelo inconsciente –dijo Vegeta, mientras se inclinaba hacia la mesilla para recoger sus guantes. Bulma se adelantó y empezó a ponérselos a su marido.
-Claro que funcionará, lo he probado con Goten que también es un semi-saiyan y ha salido bien, en Mirai tendrá el mismo efecto, incluso mayor, ya que nuestro hijo es mucho más fuerte que Goten.
-¿Has usado al hijo de Kakarot como rata de laboratorio? No puedo creerlo –le dijo Vegeta, mientras su mujer le ponía las botas de combate.
-Créelo; él estaba de guardia anoche, es también su culpa y la de Oob que nuestro hijo este en esta situación. Además, siempre será más benevolente mi castigo que el que le infringirás tú cuando le pongas las manos encima. Además, era necesario; quiero que todos salgáis con vida de esta, tanto Mirai como tú. No quería correr ningún riesgo.
Un silencio premonitorio llenó la habitación mientras Bulma acariciaba sus bien formados pectorales por encima de su traje negro de spándex. Era uno de los pocos momentos en los que no veía el cuerpo de su marido con la lujuria acostumbrada mientras sentía la familiar, y aún así todavía sorprendente por su intensidad, llama de la pasión quemar sus entrañas. En ese instante, mientras cogía la última pieza ausente de su uniforme, lo miraba con envidiosa admiración, deseando poseer ella aquellos músculos de hierro, aquel indescriptible poder, esa fuerza y destreza que le permitiría ir en busca de su hijo ella misma en vez de verse obligada a quedarse protegida en su casa sin saber siquiera si iba a volver a ver a su marido y a sus hijos una vez más. Sabía que su intelecto privilegiado había sido de un valor incalculable para los Saiyajin, pero cuando su cerebro ya había otorgado todo lo posible a los súper guerreros, debía resignarse a ser siempre la débil y dejarles marchar. Nunca serían sus manos las que impartieran justicia, nunca sería ella la salvadora del mundo, nunca saborearía el agrio néctar de la venganza al cortar el cuello de aquel que había osado amenazar a su familia. Conocía de primera mano los amargos sinsabores que comportaba el orgullo y la responsabilidad de tener tamaño poder y cargar con el destino del universo sobre los hombros, pero, en ese momento, lo deseaba profundamente. Vestir con su armadura a su marido como homenaje a su poder había sido una costumbre que Bulma adquirió desde la lucha contra Célula, para dilatar lo máximo posible el momento de la despedida y demostrarle mediante ese gesto lo mucho que le importaba y admiraba sin tener que decir una sola palabra. Cuando Vegeta levantó automáticamente los brazos para que le colocara la armadura cuando su mente estaba muy lejos de allí demostró a Bulma que las frecuentes luchas por la salvación del mundo habían hecho de aquel gesto en principio ocasional casi un hábito. Cuando terminó de colocarle la armadura, Vegeta y Bulma se miraron largamente a los ojos durante unos instantes que parecieron interminables. Todo lo importante que tenían que demostrarse lo habían hecho durante los más de veinte años de vida en común que habían tenido. Las palabras sobraban entre ellos. Sin que dijera nada, Bulma sabía que se iría en el acto y que correría todos los riesgos que considerase necesarios para salvar a Mirai sin preocuparse un solo segundo por su propia vida. En cambio, Vegeta sabía que el alma de Bulma luchaba entre su instinto maternal, que le gritaba que le dejase inmediatamente ir para que le devolviera a su hijo amado, y el miedo a perderle que la hacía desear hincarse de rodillas para suplicarle que no se alejara, pero que el amor por su hijo sería siempre más fuerte y que le dejaría ir sin llevar a cabo ninguna escena que incomodara el orgullo de su amado. Vegeta sabía que si moría, ella acabaría llorando cada noche esperando una llegada soñada junto a una puerta que nunca se abriría de nuevo para revelar a quien ella deseaba ver hasta que la muerte llegara para liberarla. Una parte de Vegeta deseaba quedarse a su lado, evitar que sufriera, pero ambos sabían que no iba a hacerlo. Sabían que en unos minutos él atravesaría la puerta rumbo a un destino incierto, presto a liberar al hijo de ambos. No había otro remedio, Vegeta iría a por él y no permitiría que nadie tomara el lugar que como padre le correspondía, pero el saber que era la única solución no disminuía el dolor. Vegeta dejó escapar un suspiro resignado mientras acariciaba, ausente la fina venda que cubría le leve herida infligida por Adrien a su esposa con sus dedos enguantados. Padre antes que esposo, madre antes que cónyuge, la resolución de uno de ir y de la otra de esperarle sin suplicar estuvo tomada desde el principio.
-Lo siento, Vegeta.
-¿Por qué te disculpas? –preguntó Vegeta, extrañado.
-Porque el niño jamás debió haberse intercambiado por mí. Soy yo la que debería estar ahora mismo en manos de esos seres y él aquí, seguro, contigo. ¡Por Dios, es mi hijo, es mi instinto protegerlo, no debería ser el suyo protegerme a mí!
-No vuelvas a decir eso. No es tu culpa, nunca lo ha sido, es la de esos cobardes y la mía.
-Eso también es mentira. Nunca fue tu culpa, sólo la de ellos, nuestros atacantes.
-Ellos han atacado a nuestros hijos en atención a mis pecados, es un hecho que no podemos ignorar ni tampoco mi culpa en lo que a actos pasados respecta, eso es algo de lo que soy muy consciente y nunca podré compensar lo suficiente a Mirai por lo que ha tenido que pasar a causa de mis actos.
-Ahora eres tú el que dices estupideces. Tú no sabías lo que iba a pasar. De haberlo sabido, ¿habrías hecho lo mismo? Por supuesto que no.
-Sigues siendo una ilusa, Bulma. Con lo arrogante que era entonces, de haber sabido la situación en la que ahora me hallo, habría corrido a la Tierra para matarte antes de que pudieras seducirme y asegurarme de que estos mocosos que ahora son mi mayor debilidad nunca existirían antes de volver a mi vida normal de entonces. No olvides nunca lo que fui, mujer; como ellos han dicho, en aciagas circunstancias o no, soy un asesino y te aseguro que cuando Mirai esté a salvo volveré a ser para ellos quien siempre he sido.
-No me importa quién fuiste, nunca me ha importado. Me importa quien eres ahora y lo que eres es el mejor guerrero que pisa este maldito planeta y un padre desesperado por correr junto al hijo que sabes en peligro, eres un héroe. Uno que ha cometido muchos errores, bien es cierto, pero héroe al fin y al cabo.
-¿Un héroe? ¿Qué es un héroe para ti?
-Para mí, un hombre que siempre que ha caído ha tenido el suficiente valor, tenacidad y orgullo para volverse a levantar y nunca dejar que nada le venza; un hombre que se enfrenta al peligro, que se arriesga por lo que cree y por lo que ama aunque sepa que va a perder porque nada ha podido doblegar la grandeza de su espíritu; un hombre que, para bien o para mal, nunca hincó su rodilla en tierra ni huyó del peligro o del miedo. Vegeta, un héroe no es aquel que siempre gana o que nunca se equivoca, sino aquel que siempre se levanta una vez más. Tú eres mi héroe, no gente como lo era Goku, porque son personajes tan irreales que parece que son puros porque nunca han sentido la tentación, el dolor o el deseo y, por ello, demasiado inocentes para sentir. No han superado nada, no han sufrido ni han conocido la tentación del mal camino ni la amargura de la derrota; Goku fue un genio que siempre tuvo, por un extraño designio de la naturaleza, un don para conseguir las cosas casi sin esfuerzo que le impidió conocer lo que era la derrota y la frustración, por lo que nunca cayó y, por eso, nunca será un héroe para mí. Tú eres mi héroe, Vegeta. Tú y nuestro hijo, estoy muy orgullosa de ambos y ninguna sabandija semitransparente que venga aquí treinta y cinco años después a saldar cuentas podrá nunca convencerme de lo contrario. Así que, vete ahora mismo a buscar a nuestro hijo y, cuando esté a salvo, no dejes ni a uno solo de esos bastardos con vida.
-Creo que soy una mala influencia para ti, mujer. Te estás volviendo malvada.
-Has equivocado los términos, querido; la verdadera pregunta es: ¿cuándo he sido una santa? –dijo Bulma, con una sonrisa malévola-. Nadie es totalmente bueno o malo, querido, excepto escasas excepciones y te aseguro que cuando amenazan a una madre con arrebatarle a sus hijos y a su marido no hay extremo al que no llegue para alcanzar su venganza.
-Hoy terminará todo, para bien o para mal. Esta situación no puede continuar. No quiero seguir pareciendo un cobarde por tener que esconderme por el bien de mi familia o de arriesgarme a que consigan idear un ardid que le permita llegar hasta vosotros y tenga que veros morir uno a uno delante de mis ojos, es un riesgo que no estoy dispuesto a correr. Prefiero morir matando enemigos que seguir huyendo. Pero ellos vivirán; Mirai, Trunks y Bra vivirán y estarán seguros –dijo Vegeta, caminando decididamente hacia la puerta.
-Vegeta, vuelve vivo, por favor.
-Ellos volverán vivos –dijo Vegeta, sin volverse para no ver sus suplicantes mares azules, símbolo de su propio pecado y su redención.
-¡Prométeme que volverás vivo! –le gritó ella, dejando correr ya libremente las lágrimas por sus mejillas.
-Ambos sabemos que te diría una mentira.
-¡Pues miénteme, que una promesa falsa ya no importa! –dijo ella, volviéndole la cara y obligándole a mirarla a los ojos-. Te quiero, Vegeta y vuelvas o no, siempre lo haré, así que miénteme.
-Volveré...con él –dijo Vegeta, evitando como siempre responder a aquel te quiero pronunciado por su mujer hacia la cual las palabras nunca habían bastado. Después, un beso rápido, una caricia, una mirada lánguida y Vegeta despareció entre las sombras del pasillo sin volver a mirar ni una sola vez más hacia atrás.
Bulma le vio perderse escaleras abajo sabiendo que unos segundos después le oiría gritar y maldecir a Trunks y a Son Gohanda por su supuesta pereza y lentitud antes de ponerse definitivamente en marcha. Dejó escapar unas cuantas lágrimas más antes de limpiarse los ojos con determinación; no quería que nadie le tuviera lástima ni torpes palabras de consuelo que a nadie engañaban pero, lo que era más importante, quería tener fe. Fe en que todo saldría bien una vez más, que no habría diferencia con las ocasiones anteriores de las que habían salido victoriosos y, sobre todo, fe ciega en su marido, en Vegeta, que protegería a sus hijos del mismísimo demonio si fuese necesario y aún tendría fuerzas para blasfemar y jurar que la Tierra no se libraría tan fácilmente del príncipe de los Saiyans y que volvería a sus brazos aunque solo fuera para demostrar a todo el universo que él era invencible. Bulma sonrió. Sabía que volvería. Si Vegeta tenía algo igual de legendario que su orgullo era su tozudez.
Bulma salió de la habitación presta a despedir por última vez a su familia cuando notó que alguien la observaba. Sin dejar que la peligrosidad del momento afectara su ánimo, se volvió lentamente para descubrir dos ojos verdes esmeralda observándola atentamente desde la puerta de la habitación de Trunks.
-Sal de ahí, niña –le ordenó Bulma a Andrómeda, levemente exasperada. La presencia de aquella muchacha en el restrictivo grupo que formaban los súper guerreros y los pocos humanos que sabían su secreto, cerrado durante años exceptuando raras salvedades, hacía que Bulma tomara la existencia de aquel ser extraño a su círculo de manera harto recelosa. Además, como madre, no podía evitar culparla del sufrimiento del mayor de sus hijos, pues era más fácil criticar a alguien de carne y hueso que a un destino incierto cuya suerte era ignota y pensar que si nunca la hubiera conocido él hubiese sido mucho más feliz-. ¿Por qué no estás abajo con los demás? Trunks debe estar buscándote.
-Estaba esperando que se quedara sola. Tengo que preguntarle algo –le dijo Andrómeda con voz apenas audible, saliendo lentamente de su improvisado escondite.
-¿Por qué no se lo preguntas a Trunks? Todo lo que yo sé puede decírtelo él también.
-Porque sé que él mentiría hasta la saciedad al mismísimo Dios si fuera necesario con tal de proteger a su padre –dijo Andrómeda. Bulma se preguntó en qué clase de cuestión estaba pensando aquella niña para no querer hacérsela a su propio novio.
-Si no crees que el hombre al que dices amar vaya a ser sincero contigo, ¿qué diablos te hace pensar que yo sí lo seré?
-Pues la certeza de saber que a Trunks le importa mucho lo que yo piense de su deificado padre y usted ha demostrado a lo largo de muchos años que la opinión que tengan los demás sobre su marido y su vida personal le importa un carajo, así que no tiene por qué mentirme.
"Mocosa astuta", pensó Bulma durante un momento, mirando largamente a Andrómeda, si no con admiración, si con un renovado interés. No cabía duda de que su nueva nuera estaba al tanto de lo que los medios de comunicación habían publicado durante años sobre su supuestamente azarosa vida sentimental. Aquellos que se hacían llamar periodistas de la prensa rosa a los que Bulma simplemente llamaba cotillas, habían rellenado páginas de revistas y programas de televisión durante años especulando y difundiendo rumores sobre la vida de la heredera de la Cápsule Corp., primero con su relación con Yamcha, las infidelidades de él con otras mujeres y su ruptura final tras la aparición de un misterioso y musculoso invitado permanente en su casa que nadie sabía de dónde venía ni a qué se dedicaba; poco después, especularon sobre su relación con aquel desconocido que, según ellos, no tenía oficio ni beneficio, vivía de ella sin hacer nada e, incluso, llegaron a decir que la maltrataba físicamente, aumentando todo esto según aquellos para los que la libertad era una perversión de la moral, que aún existían, con el hecho de que vivía con un hombre sin estar, al menos públicamente, casada con él. Por último, dos hijos nacidos de esa supuesta madre soltera sobre los que cayeron todo tipo de rumores, desde el de ser víctimas de maltrato por parte de su agresivo padre hasta criticar su educación, pasando por acusarla de abandono. Algunos llegaron incluso a insinuar que no estaba capacitada, después de tantos escándalos, para dirigir la gran compañía de su padre y que era necesario darle algún tipo de ayuda legal para liberarla del acoso de su pareja y de las extrañas prácticas que realizaban ella y sus extraños amigos, entre los que se encontraban ex delincuentes, monstruos y un ex maestro de artes marciales conocido por su perversión sexual, planeando sobre todo ello la figura de aquel extraño hombre, del que los medios desconocían incluso el nombre hasta los torneos de artes marciales en los que tomó parte, sin pasado, presente, familia o riquezas, agresivo, malhumorado y de un temperamento explosivo al que se acusaba de todo lo imaginable sin saber nada concreto. Pero, frente a estas acusaciones, Bulma nunca emitió un comunicado, unas declaraciones o concedió ninguna entrevista que tuviese preguntas concernientes a su vida personal con las que hubiera podido negar o refutar las acusaciones vertidas sobre su persona y la de su pareja. Su absoluto silencio había sido su mejor defensa, negándose a entrar en el juego de acusaciones y desmentidos en el que la prensa era maestra, al igual que nunca permitió a Vegeta presentarse oficialmente como su consorte y manteniéndole totalmente a salvo de los medios en las pocas ocasiones en las que la acompañaba como pareja a algún acto público sabiendo lo incómodo y vergonzoso que sería para él verse envuelto en tamaño sin sentido. Su única declaración durante todos aquellos años fue que su vida era suya y que nadie tenía derecho a juzgarla ni a hablar de lo que hacía en la privacidad de su casa, por lo que no haría ningún comentario sobre los rumores que se vertían acerca de su familia. Andrómeda ahora sabía que seguramente había sido su mano la que había evitado que su sobreprotector marido, sus hijos o alguno de sus amigos fueran a cortarle la lengua a algún periodista deslenguado tras verter sobre ella alguna acusación especialmente grave, sin poder siquiera imaginar que la familia a la que tanto criticaba era la responsable de que todos ellos aun siguieran respirando. A Bulma no le importaba en absoluto lo que aquellos ignorantes pudieran pensar, lo había demostrado durante años y Andrómeda sabía que si se atrevía a hablar mal de su familia ella entraría en la misma consideración. Si no le importaba lo que pensase, no iba a mentirle.
-Está bien. Dispara. Tengo prisa –dijo Bulma, dejando escapar un suspiro.
-Lo que dijo aquel ser...¿era cierto? –preguntó Andrómeda con un susurro. Bulma la miró sin comprender.
-¿Qué? ¿A qué parte te refieres exactamente? Ese tipo dijo muchas cosas y yo no estaba en ese momento preocupada por lo que salía de su boca cuando tenía un cuchillo en mi cuello y mucho menos después, cuando lo tenía en el de mi hijo.
-Eso que dijo...que su marido era un asesino...que había exterminado planetas enteros...y luego se jactó de haber disfrutado con ello y... –balbuceó ella.
-En resumidas cuentas, quieres saber si te acuestas con el hijo de un asesino de masas, ¿verdad? –dijo Bulma, entrecerrando los ojos.
-Quizá no... con esas palabras, pero... –comenzó a decir Andrómeda, pero Bulma la interrumpió.
-Utilizar unas palabras más bonitas que otras para describir algo no cambia la realidad. ¿Eso es lo que quieres saber?
-A grandes rasgos, sí, quiero saberlo. Quiero saber la verdad.
-Si fueras otra persona, te habría enseñado el camino a la puerta de mi casa de una patada en tu escuálido culo por mucho menos de esa sospecha, niña. Pero por respeto a Trunks y a Mirai, voy a contestarte –dijo Bulma, acercándose lentamente a la muchacha, muy despacio, sin apartar nunca sus ojos de los de ella, como si fuera su presa, con un movimiento casi felino aprendido de Vegeta para infundir miedo en sus atacantes. No vio, como no lo había visto Vegeta en su primer encuentro, miedo en sus ojos pero sí reconoció un destello de recelo ante su actitud-. Sí, Vegeta ha sido un asesino, pero no de la forma que tú crees. Lo que ese depravado ha contado solo es una parte muy pequeña de la historia. Él no ha dicho ni creo que sepa que Vegeta fue educado durante años solo para matar y que la muerte y el asesinato fue todo lo que vio durante su infancia al servicio de un tirano al que fue entregado prácticamente como esclavo después de que asesinara y acabara con toda su raza y con todo lo que le era conocido y amado. Desde entonces él sólo vivió para una venganza contra el destructor de su vida que nunca pudo alcanzar, matando y asesinando para poder seguir vivo pensando que el odio y la soledad eran la forma natural de vivir porque no había conocido otra cosa. Su justificación no está en su crianza, pero su mérito está en haber conseguido salir de esa vorágine de muerte. Lo que ha sufrido desde entonces no lo puedes siquiera imaginar y, a causa de eso, es imposible que jamás llegues incluso a acercarte a sus virtudes y a su valor. Quizá solo Mirai puede llegar a equipararse a Vegeta, siendo como es un héroe curtido a base de los golpes de la vida, que han permitido que este estúpido planeta siga girando y que tú hayas podido tener la vida cómoda y pacífica de la que has disfrutado, así que, niña, no te atrevas siquiera a intentar juzgarlo por sus actos porque no lo consentiré. Muchos, incluyendo a ese tal Adrien que ahora busca venganza, hubieran sido cobardes y se hubieran matado de haber estado en el lugar de mi marido un solo minuto. Es cierto que Vegeta ha sido un asesino y no voy a justificar la sangre de sus manos, que ha cometido muchos errores pero también muchos aciertos y te aseguro que ha pagado los pecados cometidos; él es ahora un héroe. Los humanos no tenemos ningún derecho a creernos mejores que los Saiyans, todos los días nos despertamos con una nueva guerra, un atentado o un asesinato en cualquier parte del mundo que seguimos a lo largo de todo el planeta por televisión con una mirada de indiferencia, disculpando los asesinatos de nuestros propios soldados diciendo que era necesario y que hacían simplemente lo que les mandaban solo porque pertenecen a nuestro bando, al igual que hacían los Saiyajin, somos iguales que ellos, matando y asesinando por ambición, política o ansias de poder, igual que ellos. Yo no soy mejor que mi marido, tú no eres mejor que él y, desde luego, el resto de la humanidad que se contentó con salir corriendo cobardemente para salvar sus propias vidas al producirse los ataques en el que millones de extraños morían mientras Vegeta luchaba no son ni por asomo mejores que ellos, así que no te atrevas a intentar juzgarlo. Y, aunque fuera el asesino despiadado en el que estabas pensando hace solo dos minutos, no tendrías derecho a juzgar a Trunks por ello –dijo Bulma, sin dejar de mirarla-. Ahora que lo sabes todo, decide: si no te crees capaz de soportar el peso de saber la verdad de lo ocurrido en este planeta y de pertenecer a una familia de héroes y asesinos, coge esa puerta ahora mismo y desaparece de la vida de mi hijo antes de que puedas hacerle más daño, pero, si puedes y quieres soportarlo, baja corriendo las escaleras y ve a despedirte de tu novio porque van a atacar y, si algo sale mal, será la última vez que le veas en lo que te resta de vida. Tú decides.
-Trunks siempre fue mi decisión. Aunque usted hubiese confirmado mis temores sobre Vegeta, jamás le hubiera abandonado y quizá tampoco la hubiese creído, pues el amor, la preocupación y el miedo por sus vidas que vi en sus ojos cuando usted y Mirai estuvieron en peligro no pueden pertenecer a un monstruo. Pero necesitaba saberlo; en menos de veinticuatro horas todo lo que creía saber sobre el universo, la Tierra y la vida se ha derrumbado sobre mis hombros; en este momento, necesitaba saber que aquel por el que el hombre que amo es capaz de arriesgar su vida una y otra vez no es un monstruo sin corazón como esos seres decían.
-No deberías haberlos creído; ellos son nuestros enemigos y, mientras estés con Trunks también los tuyos, ellos lo creen así.
-No les creí, pero quería una confirmación, pues para mí, en este momento, la línea entre realidad y ficción es muy difusa. Pero una cosa tengo muy clara: aunque Vegeta hubiera sido el asesino más sanguinario de la historia del universo le hubiese aceptado, porque Trunks le adora y admira sobre todas las cosas y yo siempre estaré a su lado sin importarme nada más.
-Baja, niña; dile todo eso que me has dicho a mí a Trunks antes de que se marche, porque, si no vuelve, te arrepentirás toda tu vida de haber tenido la oportunidad de decírselo y no haberlo hecho –dijo Bulma. Andrómeda asintió y se dirigió a las escaleras.
-Cuando se marchen, ¿qué vamos a hacer nosotros? Algo tendremos que hacer para ayudarlos, no les podemos abandonar a su suerte.
-Por desgracia, no podemos hacer nada. Solo rezar y esperar.
Vegeta sonrió al cielo cuando las nubes negras que presagiaban tormenta taparon el fulgor de las estrellas de la noche que comenzaba. Fijó de nuevo la vista en el edificio custodiado que tenía enfrente, mientras sentía la respiración de Trunks, Bra y Son Gohanda a su alrededor. Habían pasado varias horas observando aquel lugar, sus sistemas de seguridad y los guardias que lo custodiaban, discutiendo, en voz queda, cual sería la mejor forma de efectuar el asalto. Vegeta dejó a un lado su preocupación durante aquellas horas en las que Mirai le necesitaba sereno para poder salvarlo. Un ataque directo no era una opción para él mientras Mirai estuviera retenido y ellos no supieran su estado real, por lo que debían entrar en el edificio sin ser vistos para poder llegar hasta él, pues, en el momento en el que supieran que Vegeta había llegado a la cita prometida matarían a Mirai sin más dilación. Inclinado sobre el improvisado plano que Trunks había dibujado del lugar para facilitar la elaboración de un plan, Vegeta se dispuso a explicar su estrategia.
-Bien, esto será lo que haremos. Nuestra prioridad principal aquí, y esto quiero que quede muy claro desde el principio, es salvar a Mirai y que vosotros salgáis vivos de aquí. Ni yo, ni la venganza ni la maldita Tierra deben ser, bajo ningún concepto, más importantes que vuestra seguridad. ¿Entendido, mocosos? –dijo Vegeta, mientras sus ojos negros relucían en la oscuridad. Los muchachos asintieron levemente-. Bien, veamos: nos encontramos ante un edificio cuadrado rodeado por doce ventanas, ocho puertas y dieciséis guardias, dos por cada puerta, pero los guardias carecen de contacto visual entre ellos más allá de las esquinas, por lo que si algo ocurre con los guardias de una zona determinada el resto no se dará cuenta, a no ser que hagan un ruido muy evidente, de que algo les ha ocurrido hasta que uno de los mandos establezca contacto con ellos para ver si hay alguna novedad. Eso nos da una gran ventaja a la hora de acabar con la vigilancia exterior. Aparte de eso, la energía de Mirai lo sitúa en el centro de la estructura; ahí es donde debo llegar. No hemos podido ver el interior, pero sería idiota pensar que esos inútiles guardias son la única medida de seguridad de este complejo. Sin duda alguna habrá más dentro, pero no podemos anticiparnos a ellas puesto que no las conocemos, por lo que lo más seguro será confiar en nuestros instintos, mantenernos escondidos y tocar el suelo lo menos posible. Si nos detectan, lo más básico que tienen este tipo de plataformas es la activación de una alarma y tapiar las salidas para evitar que los intrusos escapen y que entren más, tenemos que cuidarnos de eso. Dejando de un lado a Mirai, debemos de ocuparnos del veneno; somos muy vulnerables a él y Bulma no sabía cuánto durarían los efectos del inhibidor, debemos deshacernos de él. A dos metros a la derecha de nuestra posición, entrando en el edificio, hay una sala en la que el aura de nuestros "amigos" cambia a causa del frío intenso que parece hacer allí. Bulma me contó justo antes de marcharnos que esa fórmula debe conservarse a una temperatura muy baja si se quiere preservar, por lo que estoy seguro de que todas las reservas de esta fórmula deben estar en ese lugar. Si quieren difundir el veneno de algún modo cuando estemos allí necesitan tener una red de refrigeración extendida por todo el edificio para asegurar su conservación hasta el momento clave, además de que el cuerpo de estos monstruos está constituido para sobrevivir en temperaturas mucho más bajas, para ellos el clima de este planeta debe ser un martirio por sí mismo, querrán vivir en condiciones más propicias dentro de su territorio y para ello igualmente necesitan unos conductos que distribuyen el frío por todo el edificio. Ahí está la clave. He visto su salida, uno de nosotros cabe por allí perfectamente y debe tener ramificaciones en todas las salas del edificio...
-Incluyendo la habitación donde tienen a Mirai –exclamó Trunks.
-Exacto. Una vez visto esto, aquí está el plan: por los conductos de refrigeración yo entraré en el edificio e iré a por Mirai. Bra y Trunks, vosotros entraréis después y tomaréis el camino inverso hasta la sala de los venenos y destruidla hasta los cimientos. Si destrozáis una sala es casi imposible que no se den cuenta de la presencia de intrusos, pero un fuego tardará algunos segundos más en ser detectado y nos dará un poco más tiempo. Hacedlo rápido y alejaos, pues los efluvios de esa cosa pueden haceros daño, pero aseguraos de que queden bien destruidos. Tú, Son Gohanda, te quedarás en la retaguardia informando los altos mandos como si fueras uno de los inútiles de que todo va sin novedad y evitando que cualquier curioso pueda observar la ausencia de los guardias y descubra nuestro plan. La alarma sonará tarde o temprano, bien sea porque hayan descubierto la ausencia de Mirai, bien porque hayan descubierto el fuego, toda precaución será inútil a partir de ese momento, por lo que debéis atacar primero a cualquier ser que os encontréis sin importar nada más. Nos encontraremos, tanto si nos descubren como si no, en el punto medio en diagonal que se encuentra entre la sala de Mirai y la del veneno –dijo Vegeta, dibujando una estrella sobre el mapa en el punto exacto donde debían encontrarse-.Gohan, en cuanto den la alarma, romperás todas las paredes, matarás a todos aquellos que te separen de mis hijos y les protegerás. Una vez en la sala, os pasaré a Mirai, que no sé si estará consciente o no, pero herido sin duda, y Gohan y yo os escoltaremos a los tres fuera de aquí al asalto y sin tener piedad de nadie. Una vez fuera y a salvo, vosotros tres os iréis a un lugar seguro y Gohan y yo nos encargaremos de acabar con esto sin dejar uno vivo. Adrien dará algún problema pero, una vez que le matemos y su ejército quede descabezado, acabar con todos no será más que un juego de niños para nosotros. ¿Alguna pregunta?
-Vegeta, yo creo que es demasiado arriesgado que Bra y Trunks entren ahí, es como meterles en la boca del lobo, son muy vulnerables. Yo puedo hacerlo en su lugar. En mi posición fuera, estarán más protegidos y podrán huir con facilidad en caso de necesidad –dijo Gohan.
-Es lo mejor, porque en los alrededores serían fácilmente reconocidos y atacados sin que a ninguno de los dos nos diese tiempo a intervenir, pueden prepararles una emboscada o asesinarles para enseñarme luego sus cabezas en puntas de lanza como venganza. Dentro, si les descubren, nos daremos cuenta con facilidad y tú acudirás presto en su ayuda y les protegerás. Además, mis hijos son estúpidos; aunque les atacaran no huirían, intentarían luchar y resistir hasta nuestra llegada, sería contraproducente dejarlos tan expuestos. Así harán algo productivo, también es su vida la que está en juego –dijo Vegeta.
-Aún así, no sé por qué Bra tiene que estar aquí. No está lista –dijo Trunks, obviando el insulto de su padre.
-No quería dejarla en casa. Goten y Oob fallaron anoche a la hora de hacer guardia y como consecuencia de eso ahora Mirai está en peligro, no quiero arriesgarme a que vuelva a pasar y ahora mismo son los más poderosos que quedan en el refugio. Ya he tenido que resignarme a dejar a Bulma bajo su cuidado porque no puedo traerla con nosotros bajo ningún concepto, pero Bra es ahora un súper guerrero, puede luchar, lo demostrará esta noche y estará lo suficientemente cerca de nosotros para que podamos asistirla. Os guste o no, ella es la princesa de los súper guerreros y este es su lugar.
-Como quieras, Vegeta. Sigo pensando que es demasiado arriesgado –dijo Gohan.
-En este momento, todo es demasiado arriesgado. No voy a abandonar a Mirai y eso siempre significará dejarles atrás. Pero la diferencia es que ellos pueden defenderse y por Dios que lo harán, Mirai no puede, por ello él es mi prioridad en este momento. Cuando estén a salvo, todos morirán y esta pesadilla acabará. Bra y Trunks son los príncipes de los Saiyans, son fuertes y están bien entrenados, pueden hacerles frente y si las cosas se tuercen, les protegemos porque son los amenazados pero no están indefensos, así que no los tomes como tales, Gohan –dijo Vegeta. Gohan asintió.
-Trunks, Bra, dadme unos cuantos minutos antes de entrar. Necesito llegar a Mirai antes de que suene la alarma, si entramos los tres en poco tiempo habrá más posibilidades de que nos descubran.
-Esperaremos a que tu energía esté junto a la de Mirai antes de entrar. Será lo mejor –dijo Trunks. Vegeta asintió.
-Trunks, sabes que Bra no tiene tu fuerza ni tu entrenamiento, así que si bien encargo la vigilancia de ambos a Gohan, la dejo a ella a tu cuidado. Protégela, sobre todo cuando estéis ahí dentro –le dijo Vegeta a su hijo mayor. Trunks sonrió.
-No te preocupes, papá. Bra es una irritante y malcriada mocosa, pero es mi irritante y malcriada mocosa y la protegeré con mi vida –dijo él, seriamente. Vegeta dejó escapar una ligera sonrisa.
-Protégete tu también un poco. No quiero que mi primogénito acabe dos metros bajo tierra –dijo él.
-Ahora tienes otro primogénito, papá.
-Es distinto y lo sabes perfectamente.
-Lo sé, papá. Vamos, el tiempo apremia y tienes que devolvernos a nuestro hermano mayor. Es la primera vez que tengo uno y no quiero perderlo. Sobre todo uno que me conoce tan bien como yo mismo –sonrió Trunks, antes de que su expresión se ensombreciera-. Ha perdido mucha energía y no podemos consentir que le sigan administrando ese veneno, sea lo que sea. Ya estamos perdiendo tiempo.
-Tienes razón, vamos. A mi señal, cada uno irá a por uno de los guardias y le matará. Un solo ruido y estamos condenados. ¿De acuerdo?
Todos asintieron y se movieron levemente entre los arbustos, poniéndose cada uno delante de su respectivo guardia de los cuatro que se encontraban custodiando las dos puertas que estaban en aquel lado del edificio. Un gesto del brazo de Vegeta fue suficiente para que los cuatro Saiyans se lanzaran a la vez contra sus enemigos a gran velocidad y les rompieran el cuello con un gesto certero antes de que los guardias tuvieran tiempo siquiera de ver a la muerte aproximándose en forma de súper guerreros. Gohan apiló los cadáveres enemigos entre los arbustos mientras Vegeta abría la trampilla del sistema de refrigeración y volaba levemente hasta situarse a su altura.
-Ten cuidado, papá –dijeron Trunks y Bra a la vez. Vegeta sonrió.
-Vosotros también. Nos encontraremos en el punto acordado –dijo Vegeta, simplemente, introduciéndose en el conducto de ventilación que Trunks y Bra cerraron a su espalda.
"Matarlos...asesinarlos...descuartizarlos...desmembrarlos...", murmuraba Vegeta en aquel conducto de ventilación que, aunque le permitía amplios movimientos, resultaba a todas luces estrecho para su amplia musculatura, intentando ahuyentar el frío abrasador que sentía de su mente. Flotaba levemente sobre el fondo del conducto para evitar hacer ruidos que delataran su presencia para aquellos que se encontraban debajo, pero eso provocaba que habitualmente se diera en la cabeza con los tornillos, clavos y picos que sobresalían en el techo al que iba pegado, pues no había sitio para poder separarse lo suficiente del suelo para volar evitando pegarse a la parte superior. Dejó escapar una nueva maldición cuando un clavo especialmente sobresaliente se clavó en su cuerpo; se juró a sí mismo que ni un maldito tornillo quedaría entero cuando todo aquello acabase.
Vegeta sentía la energía de Mirai muy cerca de él, sospechando de lo fácil que estaba resultando llegar a su objetivo. Las facilidades siempre son sospechosas, pero dejó de lado ese pensamiento cuando llegó a la sala donde estaba Mirai. Descendiendo sobre la rejilla que conducía el aire en la sala, se atrevió con un nudo en la garganta a mirar en su interior. La mirada de Vegeta alcanzó muy pronto su objetivo: Mirai.
Mirai estaba encadenado, con dos grilletes fijados con cadenas al techo sujetando firmemente su cuerpo dos metros sobre el suelo. Sus muñecas sangraban a causa de la obligación de sostener todo el peso de su cuerpo contra el hierro de los grilletes, mezclándose con el hilo de sangre que aún salía de su costado. Hacía mucho frío allí; sus labios estaban casi tan azules como su pelo, estaba muy pálido y su respiración llegaba en pequeñas bocanadas que dejaban escapar nubes de aire blanco que contrastaban con la oscuridad de aquella habitación en la que no había ni un atisbo de luz. Estaba inconsciente, como Vegeta esperaba y las marcas moradas de sus brazos le indicaban perfectamente dónde le habían inyectado el veneno sus captores.
-¡Malditos sean todos ellos! ¡Cómo se han atrevido a hacerle esto a mi hijo...! – maldijo Vegeta al ver a Mirai en ese estado, mientras intentaba controlar el temblor de sus manos a causa de la furia y la preocupación para poder abrir la trampilla con el menor ruido posible para llegar hasta su hijo. Una vez abierta, iba a deslizarse sin más demora dentro de la habitación cuando el sonido de unos pasos le alertó y las luces de la habitación se encendieron con un fogonazo mientras se abría la puerta de la habitación. Vegeta cerró rápidamente la trampilla del conducto y se inclinó sobre la rejilla ahora cerrada sin apartar los ojos de su hijo, presto a intervenir en el momento en el que interpretara que alguien amenazaba su vida, intentando controlar sus deseos de hacer pagar con sangre enemiga aquella de su hijo que ahora teñía el suelo de rojo. Tuvo que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad cuando vio que era Adrien el que se acercaba con una sonrisa triunfante a su hijo acompañado por un subalterno, mientras un guardia se quedaba a prudente distancia guardando la puerta. Vio con rabia Adrien caminar con paso firme a través de la habitación con los orbes dorados fijos en su hijo sin apenas detenerse a mirar al joven subalterno rubicundo que le acompañaba.
Adrien se detuvo al fin frente a la inmóvil figura durmiente de Mirai, mirándole fijamente permitiendo que solo el ruido de su sangre al caer al suelo y los sonidos roncos de su lucha por respirar rompieran el silencio de aquella sala de tortura. Vegeta reconoció en sus ojos una expresión extraña: no miraba a su hijo con el desprecio que se suele sentir hacia el vencido, ni el odio que se debe al enemigo, ni aún siquiera con el respeto que se suele reservar para aquellos que, habiendo sido unos grandes oponentes habían caído bajo el yugo de la derrota tras haber demostrado tantas virtudes o más que el vencedor favorecido por la fortuna. No; Adrien no estaba viendo en Mirai a su antagonista. La mirada de Adrien revelaba pena, arrepentimiento y...¿ternura? ¿Era ternura lo que Vegeta veía en aquel ser dirigido a su hijo, al que había herido, secuestrado y torturado sin mostrar ningún tipo de merced? Vegeta no podía creerlo.
Entonces, Adrien comenzó a levantar la mano muy despacio, como si, dudando profundamente del gesto que iba a realizar, se diera a sí mismo el tiempo necesario para poder interrumpirlo. Vegeta se tensó y preparó una bola de fuego que lanzaría contra aquel ser sin dudarlo si se atrevía a intentar hacer más daño a su hijo cuando, para su sorpresa, Adrien acarició levemente la mejilla de Mirai con sus dedos rugosos y le colocó un mechón de pelo rebelde tras la oreja con gesto afectuoso.
-¡No toques a mi hijo, bastardo! –no pudo evitar sisear Vegeta, lo suficientemente quedo para no ser oído.
Mirai tembló ligeramente ante el contacto con sus manos de hielo y Adrien se quitó su capa y la puso con cuidado sobre los hombros del muchacho ante la mirada estupefacta de Vegeta y su compañero.
-Tiene mucho frío –se excusó Adrien al notar la mirada interrogante de su compañero clavada en la espalda-. Esta es una temperatura muy baja para él, máxime en su estado, deberíamos haberle tratado mejor.
-¿Por qué diablos vamos a tratar mejor a un mestizo a quien piensas matar con tus propias manos en cuanto su padre aparezca? Un futuro cadáver no merece consideraciones –dijo el subalterno con marcado desprecio. La mirada de Adrien se endureció súbitamente, como si acabara de recordar una realidad que no le gustaba y arrancó la capa de los hombros del muchacho con un gesto frustrado -. ¿Por qué pareces tan airado? Él está así por tu culpa, tú le has secuestrado, le has drogado e incluso le has apuñalado...Dime, pues, ¿por qué le muestras tanta consideración ahora a esa sabandija?
-Habla de él con más respeto, muchacho, que, aunque sea nuestro enemigo, el valor, el coraje y los sacrificios que ha sido capaz de hacer por salvar a su familia bien merecen nuestra consideración –le reprendió Adrien, sin dejar de mirar a Mirai-. Las dos primeras cosas que has mencionado era necesario hacerlas y, sobre la herida...reconozco que no era imprescindible hacerle más daño y ahora me arrepiento, pero estaba demasiado enfadado con él por no aceptar mi propuesta y necesitaba desquitarme, aunque la cara que puso Vegeta de dolor e impotencia en ese momento no tiene precio.
-Aún no entiendo por qué le hiciste esa propuesta. ¿De verdad le hubieras aceptado en nuestro grupo si te hubiera dicho que sí?
-Por supuesto que lo hubiera hecho, le hubiese adoptado como mi hijo y todos vosotros habríais tenido que tratarle como tal. Pero ese orgullo ingrato heredado de su padre tuvo que interponerse y alejarlo de mí. Sin embargo, aunque lo deseaba con todas mis fuerzas, me hubiese decepcionado que hubiera hecho otra cosa.
-¿Por qué? ¿Por qué tienes tanto interés en ese muchacho? ¿Por qué querías que se uniera a nosotros?
-Quería que odiara a Vegeta porque él le quiere más que a nada, quería convencerle de que su padre era culpable de todas sus desgracias para que lo aborreciera. Uniéndose a nosotros podría vengarse y se enfrentaría cara a cara con su padre y vencerlo sin duda pero, sobre todo, me gustaría haber visto a Vegeta atrapado entre el amor a su hijo y la certeza de su odio. Además, Vegeta es un Saiyan y, para ellos, el honor debe ser lo más importante; si se hubiera pasado a nuestro bando, Mirai se hubiera convertido voluntariamente en un traidor y su padre se debatiría entre el amor incondicional que le profesa y su obligación como Saiyan y como príncipe de su raza a dar muerte con sus propias manos a un traidor a su estirpe. Hubiera sido divertido verlo.
-Si es por eso, saber perfectamente que tenemos nuestros propios métodos para hacer creer a nuestro "amigo" que Vegeta efectivamente mató a su familia.
-No funcionaría. Vegeta se daría cuenta al momento de que le hemos manipulado y lo que yo desearía que fuese la ejecución de un traidor de sangre real se convertiría en una expedición de salvamento para liberar a su hijo de nuestra opresión. Además, tampoco creo que Mirai se dejara manipular tan fácilmente por nosotros, no lo creería y volvería junto a Vegeta pese a nuestros esfuerzos, es demasiado listo, su intuición guerrera no le fallaría, sabría que le estamos engañando –dijo Adrien, mirando a Mirai con una renovada admiración -. ¿Sabes? Mis hijos hubieran tenido más o menos su edad de haber vivido...Bueno, quizá Mirai sea un poco más joven, pero no importa...Me hubiera gustado que mis hijos hubieran sido como él: fuertes, valientes, inteligentes, admirables...y guapos, Mirai tiene un gran atractivo, todas las féminas se volvían a mirarle cuando fue a ese centro comercial con su hermana, estoy seguro que lo heredó de esa madre humana de tan exótica belleza, porque no creo que proceda nada de Vegeta, excepto su gran fuerza y...
-¡Basta, por favor! No puedo creer que estés imaginando a tus hijos mirando al niño de nuestro peor enemigo. ¡Deja de idealizarlos, tío Adrien, no van a volver!
-¡Puedo idealizarlos lo que quiera precisamente porque están muertos y nunca les dio tiempo a cumplir mis expectativas como padre ni a desengañarme de ellas! En cuanto a Mirai, siento que tenga que sufrir este destino. No lo merecía, ni por su pasado ni por sus virtudes. Él merecería la vida feliz que ya nunca le será otorgada. Admiro mucho su temple; siendo nuestras historias tan parecidas, él fue más fuerte y no se dejó vencer por el dolor, mientras que yo, atrapado durante años en la desesperación y el martirio que solo encontrarán momentánea remisión en la venganza que ahora tengo en mis manos, me he convertido en una sombra, en un triste reflejo de lo que un día fui. Él es un héroe y yo solo un proyecto de hombre pero, pese a todo, tendrá la muerte anónima, solitaria y por la espalda que sólo merecen los traidores. Quisiera de verdad que hubiese sido de otro modo, pero los mortales no elegimos nuestro destino, seamos reyes, héroes, príncipes o el ser más inmundo salido de las entrañas del Averno. Él es inocente, pero pagará como culpable.
-Si es lo que sientes, libérale. No tenemos nada contra él, déjale en paz. Tú también sabes que lo que pasó no es culpa suya. Entonces, ¿por qué le atacas?
-¿Qué por qué le ataco? ¿POR QUÉ LE ATACO, PREGUNTAS? –gritó Adrien, súbitamente enrabietado, hundiendo las manos en el charco de sangre que había debajo de Mirai y mostrando sus palmas enrojecidas a su subalterno-. ¡POR ESTO, POR SU SANGRE! ¡SANGRE MALDITA, SANGRE MANCHADA, MALVADA, SANGRE DE VEGETA! ¡LA SANGRE DEL ASESINO DE MI FAMILIA, DEL DESTRUCTOR DE NUESTRO MUNDO, DEL CULPABLE DE QUE AHORA SEAMOS SIMPLEMENTE UNOS DESCASTADOS RECHAZADOS POR EL UNIVERSO! ¡POR ESO LE QUIERO A ÉL, PORQUE DERRAMAR SU SANGRE ES LO MISMO QUE DERRAMAR LA DE VEGETA, PORQUE MATARLE A ÉL ES LO MISMO QUE MATAR A VEGETA! ¡Yo me consideraba una buena persona antes de que todo esto pasara y no me sirvió para salvarles, no me sirvió de nada, ahora que tengo en mis manos la ansiada venganza no seré el bueno, no seré la persona noble a la que el destino no recompensó y no le dejaré marchar!¡Ahora, yo seré el malvado y por todos los diablos juro que aunque sea inocente morirá! ¡No seré el bueno! ¡Nunca más! ¡Vegeta no saldrá impune!
-¡Entonces, matemos a Vegeta y acabemos con esto de una vez! En cualquier caso será mucho más fácil acceder a él que a sus hijos.
-Eres demasiado joven para comprender que en ciertas circunstancias la muerte puede llegar a ser una bendición y no le voy a otorgar a mi enemigo la merced que a mí me negó. No quiero que muera, quiero que sufra...quiero ver su cara cuando le descubra muerto...quiero que sostenga su cadáver llamándole a gritos mientras siente cómo su corazón se rompe sabiendo que nunca volverá a verle...quiero que le amortaje, que le vele y que lo entierre mientras siente el irremediable dolor de su pérdida como una losa en su alma...y quiero que intente seguir con su vida como si nada hubiera pasado sabiendo que su hijo murió por su culpa y preguntándose cada minuto "¿por qué no fui yo?" Nuestro ejército está muy mermado y no puedo pretender que consigamos llegar hasta sus otros dos hijos, pero Mirai será suficiente para hacer desear a Vegeta el no haber nacido nunca, como lo llevo deseando yo desde que murieron mis hijos.
-¡Tus hijos, tus hijos, siempre el mismo tema!¡No puedes seguir viviendo en el pasado! ¡Tío, mira a tu alrededor! ¡Por culpa de tus ansias de venganza nuestro ejército está al borde de la sedición! La mitad de los nuestros han sido asesinados a manos de los Saiyans, llevamos meses soportando lo indecible en este planeta inhóspito y, ¿para qué? ¿Qué hemos conseguido? ¡Secuestrar mediante chantajes a un muchacho y esperar tranquilamente la muerte que vendrá de manos de sus familiares en el momento en el que lo encuentren y se den cuenta de la condición en la que está! ¡Incluso si por una casualidad sobrevivimos a este ataque, nuestras tropas ya están cansadas de esta venganza que no nos lleva a ningún sitio, se rebelarán contra ti, tus motivos no son los suyos!
-¡Mis motivos son los de todos los demás! ¡Las tres cuartas partes de la población fue exterminada aquel día, entre ellos también estaban sus hijos, padres, amigos y hermanos, todos ellos sufrieron pérdidas irreparables por su mano! ¡También era su planeta aquel que ese Saiyan destrozó, también sintieron ellos el dolor, el deshonor, la vergüenza de ser rechazados por todo el universo como unos marginados! ¡Como yo, ellos claman venganza y vive Dios que se la voy a otorgar!
-¡Pero eso fue hace mucho tiempo, tío!¡Ahora esos hombres que mandas a morir contra los Saiyans son personas que a su vez tiene hijos, que tienen padres y un futuro por vivir, muchos de ellos ni siquiera conocieron Neptus porque nacieron en el exilio ni a las personas que murieron allí más que por historias y que tienen toda su vida por delante, tus motivos y los de la vieja cúpula superviviente ya no son los suyos! Si ellos mueren, ya no será por culpa de Vegeta, porque su lucha se volvió legítima desde el momento en el que atacamos a su familia, sino la tuya que, siendo su gobernante les arrastraste a una lucha personal a la que no tenemos ninguna oportunidad de sobrevivir!
-Ya no hay solución.
-Sí que la hay. Devuelve al muchacho a su familia sin condiciones y da la orden de abandonar la Tierra. Volvamos a nuestra base y planeemos un ataque a algún planeta que podamos conquistar y llamar hogar, donde nuestra raza pueda empezar de nuevo. ¡Olvídate de Vegeta, de sus hijos, del pasado y encárgate de tu pueblo!
-Es imposible. Aunque liberáramos a Mirai, Vegeta nos perseguiría por todo el universo para exterminarnos y asegurarse de que nunca volveremos a ser una amenaza para él.
-¡Cuando ese momento llegue lucharemos para defendernos y no serás cuestionado, pero por el momento retirémonos antes de que este sin sentido cause más muertes!
-Seguiremos hasta el final.
-¡Nos estás condenando a la extinción!
-¡Sea! –rugió Adrien, como una condena-. ¿Te estás rebelando contra mí?
-Tío, tú salvaste mi vida aquel día, me has educado, me has enseñado a odiar a los Saiyans con la misma pasión que tú y he jurado fidelidad a tu persona hasta la muerte. Pero si tengo que morir, si debemos morir, me gustaría saber que lo he hecho intentando conseguir un objetivo que traerá honor y fuerza a nuestra raza, no por una causa estéril que nos llevará a la práctica desaparición de nuestra especie.
-Pues lo siento, esto es lo que hay. Ya te he dado mis razones y no consentiré que tus opiniones ni las de tus patéticos soldados me nieguen la victoria ahora que la estoy tocando con las puntas de los dedos. Sabes que te aprecio y lamento que mis razones no sean suficientes para ti, pero no cambiaré de opinión. Tienes la puerta abierta si deseas irte.
-Sabes que no me iré.
-Entonces deja de protestar.
-Intentar inculcarte un poco de sensatez no es una protesta.
-Para mí no existe más razón que la mía. Lo siento mi pequeño príncipe. Ojalá encuentres después un lugar mejor –dijo Adrien, dirigiéndose a Mirai y acariciando furtivamente su pelo morado -. He de irme. Todo debe estar listo cuando llegue Vegeta. Está tan ciego por su hijo que no me verá venir.
-¿Y si no se presenta? Ha pasado mucho tiempo desde que nos lo llevamos.
-Vendrá, no lo dudo. Vegeta ha demostrado que no abandonará a su hijo, pero es un gran estratega; no se dejará llevar por sus instintos y diseñará el mejor plan posible para llegar a Mirai sin olvidar que tiene otros dos mocosos que pueden estar en peligro. Todo tiene que estar preparado. En caso de que no venga, al amanecer mataré al muchacho con mis propias manos y le haré llegar su cadáver a su padre por trozos, pero no creo que llegue a ser necesario. Te encargo a Mirai; no abandones esta habitación hasta que yo te ordene lo contrario y en el momento en el que suene la alarma o que tengas la más mínima sospecha de cualquier cosa extraña, mátalo sin dudar. Le quiero muerto y no correré ningún riesgo. ¿Entendido? No dudes en matarlo ni un solo instante.
-Sí, tío –dijo el subalterno, mientras le veía alejarse camino a la puerta, donde el guardián le esperaba, inmóvil, en su posición.
-Y hazme un favor...-se detuvo a decir Adrien-, cuando le mates, porque probablemente tendrás que hacerlo cuando Vegeta llegue al asalto en su busca...Hazlo rápido...No le hagas sufrir, ¿de acuerdo? Sus virtudes y su valor no lo merecen.
-Entendido –asintió. Adrien le dedicó una media sonrisa, miró por última vez a Mirai y salió seguido del guardián avivando mentalmente la llama aciaga del odio hacia Vegeta que bien parecía valer la vida de aquel muchacho al que no podía evitar admirar. Vegeta vio a aquel subalterno dejar escapar un suspiro resignado-. Con todo lo que nos ha costado a alguno ganarnos su respeto, ahora llegas tú y en dos días no solo consigues eso, sino también su admiración. Incluso ha llegado a ponerte al mismo nivel que esos adorados hijos suyos que nos llevarán a todos a la ruina, quizá porque, como ellos, tú también te convertirás pronto en un mártir muerto por su locura, mocoso –dijo él, mirando a Mirai con desprecio, sin darse cuenta de que, por encima de su cabeza, alguien manipulaba la rejilla del conducto de refrigeración, pero sí que oyó el quedo ruido que hacía la reja al ser depositada en el suelo del conducto junto al agujero que había dejado. Miró hacia arriba. La rejilla estaba abierta y la oscuridad que reinaba ocultaba cualquier posible indicio de la presencia de un intruso. Sin ver nada pero sospechándolo todo, desenvainó su espada y corrió hacia el cuerpo inerte de Mirai presto a cumplir la orden de su tío, pero no pudo alcanzarlo antes de que dos manos de hierro le inmovilizaran por la espalda.
-Ni siquiera se te ocurra –siseó una voz ronca junto a su oído, acompañada del refulgir de dos ojos negros en los que brillaba la ira y una sed casi animal por la presa que tenia en sus manos. Quiso gritar, pero una de sus manos le tapaba la boca mientras la otra le apretaba gradualmente el cuello con una fuerza que no podía ser de ese planeta. Su espada cayó al suelo con un ruido sordo mientras se llevaba las manos al cuello luchando vanamente por respirar, intentando liberarse de su enemigo, pero no lo consiguió. Lo último que vio antes de morir fue una mueca cruel, muy parecida a una sonrisa, en los labios de su antagonista para que luego, con un agudo crujido de su cuello, su cuerpo ya inerte fuera a hacer compañía a su espada en el suelo.
Vegeta lanzó una última mirada de desprecio al cadáver de su enemigo y corrió hacia Mirai. Tuvo que hacer acopio de toda la fuerza de voluntad que le quedaba para evitar lanzarse al momento a abrazarlo. Debía pensar con claridad un último instante y preguntarse si las argollas que mantenían preso a su hijo podían también accionar algún tipo de alarma para evitar su fuga. Cogiendo la cápsula que le había dado Bulma de su bolsillo interior en la armadura, la activó y cogió una de las agujas que su esposa le había dejado para la inyección de Mirai, para después volar hasta situarse a la altura de la cerradura de sus argollas y comenzó a intentar forzarla.
-No te preocupes, hijo, ya he llegado y todo va a salir bien, ya lo verás, te voy a sacar de aquí de una pieza, te lo juro y luego mataré a todos esos bastardos tan lentamente que el Infierno al que van a ir les parecerá el Paraíso comparado con lo que yo pienso hacerles –gruñó Vegeta, mientras maniobraba con la cerradura-. ¡Maldita sea! ¿Cómo diablos...?
Antes de terminar su maldición, las argollas se abrieron y el cuerpo inerte de Mirai cayó al suelo. Vegeta le cogió al vuelo antes de que se golpease contra él y le abrazó con fuerza mientras se sentaba en el suelo con su hijo en el regazo. No tardo en notar la frialdad de su piel a través de sus guantes o la sangre que comenzaba a empapar su traje negro de spandex. Vegeta dejó escapar su milésima maldición del día mientras le estrechaba más fuertemente contra sí y aumentaba su aura intentando darle calor.
-Vamos, cachorro...eso es, buen chico –le dijo Vegeta al ver como sus labios retornaban lentamente a su color natural. Mirai comenzó a temblar, saliendo de su anterior estado de insensibilidad-. Ya estabas comenzando a preocuparme...solo un poco. No pienses que eres tan importante...Y yo no puedo creer que esté haciendo una broma...y menos en este momento. Todo esto es culpa tuya, maldita sea, me estás haciendo más blando de lo que ya era, cuando todo esto acabe te daré la paliza de tu vida. Ahora tengo que ver esas heridas y por tu propio bien espero que estén mejor de lo que yo me imagino porque si no...maldita sea, ya se me ocurrirá algo.
Vegeta le dejó con cuidado en el suelo, asegurándose de que su aura le seguía proporcionando el calor que necesitaba y rasgó totalmente la camiseta blanca, roja sangre ya entonces, que llevaba su hijo para descubrir la herida sangrante con forma de media luna que Adrien había dibujado casi un día antes en su costado siguiendo la estela de la cicatriz de aciaga memoria que dejaron en su cuerpo los asesinos de su familia. Tantas horas de exposición sin el adecuado tratamiento habían hecho que comenzara a infectarse, al igual que le había sucedido a la pequeña incisión que el puñal infecto de veneno que Adrien había utilizado para dejarle fuera de combate tras su intercambio había dejado entre sus costillas. Su morena piel apenas podía verse entre los colores amoratados que los golpes de sus antagonistas habían dejado marcados en su cuerpo mientras estaba indefenso a su merced y Vegeta no pudo sino agradecer a aquel que había bendecido a su hijo con el don de la inconsciencia para no sentir el aberrante dolor que le provocarían sus heridas cuando despertara...desgraciadamente, por su mano, dentro de poco. Deseó por un momento dejarle como estaba y abandonar aquel lugar con él aún inconsciente hasta que sus hermanos pudieran llevarle a algún sitio donde le pudieran administrar los cuidados y los calmantes necesarios para que se recuperara sin sentir dolor, pero sabía que no podía hacerlo. La vida de Mirai estaba en juego, necesitaba al menos que pudiera protegerse a sí mismo cuando las alarmas sonasen y, por la posición en la que podía notar que estaban Bra y Trunks en aquel momento dentro del complejo, estas no tardarían mucho en saltar por lo que, pese a sus reticencias, necesitaba a Mirai despierto cuanto antes. Pasara lo que pasase. Vegeta comenzó a vendar las heridas de Mirai con solicitud mientras veía con alivio como su respiración se estabilizaba lentamente, aunque el muchacho ni siquiera se había movido un ápice mientras su padre le curaba. Una vez terminada su tarea, Vegeta cogió la inyección con el antídoto y rogó a todos aquellos dioses cuyo nombre había conocido a lo largo de sus viajes para que aquello funcionara antes de hundir la aguja en el cuello de su hijo.
Oscuridad. Bendita, bendita era la oscuridad que le rodeaba para Mirai Trunks, que con su cálido abrazo le había alejado del dolor, de la duda y del miedo que su mente había albergado desde que le habían apresado. Dolor de sus heridas sangrantes, duda de aquello que el destino le tenía reservado una vez más y miedo de saber a ciencia cierta que su padre y sus hermanos arriesgarían sus vidas para ir a buscarlo. Por este último hecho era por lo que de verdad estaba agradecido de que la nada se lo hubiera llevado lejos de la realidad, al cálido resguardo de la inconsciencia; podía soportar muy bien el dolor físico, como lo había hecho desde que podía recordar y con heridas mucho peores que aquellas a las que en ese momento tenía que hacer frente; la duda también había sido una asidua compañera de vida durante casi toda su existencia y la conocía tan bien como a su mejor amiga, pero no estaba acostumbrado a sentir miedo por alguien que no fuera él mismo y que, por tanto, no podía controlar. No estaba acostumbrado a ser el rehén y la sensación de ser la damisela en apuros que tiene que esperar a ser rescatada le disgustaba profundamente. Pero el terror absoluto que amenazaba con nublarle sus sentidos de avezado guerrero no tenían ese motivo, no procedía de lo que esos seres quisieran o pudieran hacerle a él; sino de lo que podían hacerle a su familia cuando fuesen en su busca y del hecho incuestionable de que él no podía hacer nada por protegerlos. La cicatriz de media luna de su costado que Adrien había reabierto había provocado que los viejos recuerdos fluyeran sin pausa y que viera entonces en sus recuerdos la sangre de Andrómeda tiñendo de rojo el suelo alrededor de su cuerpo pálido, pero mezclándolo también con las imágenes de sus padres, de sus hermanos y de sus amigos que ahora, en el pasado, por tratar de salvarle, podían acompañar a su esposa en ese aciago destino. Era su futuro, no el suyo, por lo que tenía miedo y, agotada cualquier pequeña posibilidad de escape que su mente pudo llegar a diseñar durante los pocos momentos en los que podía llegar a pensar con alguna claridad entre una aplicación de la droga de sus enemigos y la siguiente que le administraban sus diligentes carceleros, Mirai Trunks recibió con los brazos abiertos a la bendita nada que le otorgaba el consuelo de no ver, de no pensar y, sobre todo, de no sentir lo que podía pasarle a sus seres queridos. Una oscuridad de la que estaba convencido que no volvería a salir hasta que sus captores decidieran ejecutarlo y apareciera frente a Emma Daioh una vez más.
Fue sin duda ese convencimiento lo que hizo que la súbita bienvenida que el dolor le dio a la consciencia le dejara atónito. El dolor de las heridas prácticamente había desaparecido oscurecido totalmente por el fuego ardiente que recorría sus venas, quemándole las entrañas como si se encontrara en el mismísimo infierno hasta que no pudo evitar dejar escapar un grito de angustia que, por no darles a sus enemigos otra satisfacción sobre su orgullo, había refrenado hasta entonces.
Vegeta sintió como un frío escalofrío le recorría la espalda al oír a su hijo gritar en agonía de aquel modo, aunque no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa al saber que su hijo iba a estar bien antes de taparle la boca con la mano para evitar ser descubiertos.
-Trunks, tranquilo, no pasa nada –le dijo Vegeta, acunándole en su regazo. Mirai no pudo reconocer, más allá de la nube de dolor y sorpresa que nublaba sus sentidos, a quién pertenecía aquella presencia que trataba de calmarlo. Pero su instinto le decía que estaba seguro en sus brazos, al menos hasta que pudiera volver a recobrar el control de su cuerpo, algo que le pareció imposible en aquel momento mientras una nausea repentina le sobrecogía y se deslizaba lo más rápido posible hacia el rincón más alejado de la habitación al que pudo desplazarse para vomitar todo el veneno que le habían administrado por la fuerza.
Vegeta suspiró y deseó que Bulma hubiera encontrado algún método menos doloroso para expulsar el veneno de su sistema, pero no podía negar que estaba siendo efectivo mientras veía como Mirai se colapsaba temblando en el suelo y corría a su lado. Sentía todos sus músculos de su cuerpo temblar bajo su abrazo mientras le veía abrir por primera vez sus desenfocados ojos azules.
-¿Papá? –preguntó, inseguro, mientras la figura que sonreía sobre él comenzaba a aparecer entre la niebla de su mirada.
-Sí, campeón, soy yo.
-Has venido a por mí... –susurró Mirai.
-¡Por supuesto que he venido, no sé cómo has podido llegar a pensar que no lo haría!
-No te ofendas, papá...es solo que...hasta ahora, nunca ha habido nadie que viniera a buscarme. En el futuro, tenía que salir yo solo de mis problemas . Además, tenía la esperanza de que tú y los niños os mantuvierais alejados lo más posible de estos desgraciados... –susurró Mirai.
-Mirai, soy tu padre, es mi trabajo protegerte, no al revés, así que deja de decir tonterías porque sabías perfectamente que bajo ningún concepto iba a dejarte aquí.
-Cierto, pero la esperanza es lo último que se pierde, ¿verdad? –sonrió débilmente Mirai.
-Ya intentaste que te prometiera que no vendría a por ti antes de hacer el intercambio y fracasaste estrepitosamente, así que deja de intentarlo –bufó Vegeta-. ¿Cómo te sientes?
-Como si hubiera tragado azufre y estuviera corriendo un circuito de fórmula 1 por mis venas. ¿Qué diablos me has dado? Estos no son los efectos de la droga que me dan nuestros queridos amigos.
-Tu madre encontró una forma para que expulsaras el veneno de tu sistema de la forma más rápida posible, pero también dijo que era doloroso. Y debe serlo, porque jamás te había oído gritar así y sé perfectamente lo mucho que puedes llegar a soportar.
-Puedes creerla, lo es. Voy a matarla, lo juro –amenazó Mirai.
-Te has arriesgado mucho para salvarla, no vale la pena que la mates ahora –rió Vegeta. La sonrisa que obtuvo de Mirai como respuesta se rompió en mil pedazos cuando una nueva ola de dolor nubló su mente una vez más y con un grito de dolor se refugió instintivamente en el abrazo de su padre. Vegeta le devolvió el abrazo, intentando tranquilizarle acariciándole la espalda mientras el muchacho escondía la cara en su cuello-. Tranquilo, tranquilo, dentro de poco se te habrá pasado.
-¿Mamá dijo...cuánto tiempo tardaría? No podemos quedarnos aquí mucho tiempo –le dijo Mirai.
-No, no lo dijo, pero sí que esperaba que los dos saliéramos vivos de esta y ella sabe perfectamente que el tiempo corre en nuestra contra. Pero no te preocupes, el dolor pasará pronto –"Eso espero", pensó Vegeta.
-Me trajeron aquí ya inconsciente, no puedo decirte mucho acerca de los guardias ni del edificio, pero ... –comenzó a decir Trunks, pero Vegeta le cortó.
-No; no quiero que pienses ahora en estrategias, ni ataques ni planes, ¿me has escuchado? Ahora tú solo tienes que pensar en ti; déjame el resto a mí. Yo soy tu padre y es mi deber, mi deseo, protegerte. En cuanto te deje en manos de tus hermanos, los tres os iréis de aquí y Gohan y yo nos encargaremos de que de estos seres no quede ni el recuerdo.
-¡No pienso dejaros solos luchando contra ellos! –exclamó Mirai.
-Oh, si, si lo harás, por las buenas o por las malas, te lo puedo asegurar. Pero ahora no te preocupes; ese es mi trabajo. Me has asustado, niño, pero eso no lo reconoceré ante nadie más –le dijo Vegeta, mientras sentía como la presión de las manos de su hijo sobre su espalda disminuía gradualmente-. ¿Estás mejor?
-Sí, mucho mejor... –susurró Mirai, rompiendo el abrazo de su padre, pero él le mantuvo en su regazo. Mirai suspiró y concentrando sus fuerzas se convirtió en súper guerrero.
-Es un placer volver a sentirme un Saiyan de nuevo –murmuró Mirai, admirando su aura dorada como si fuera la primera vez que la veía. Se había sentido tan indefenso sin sus poderes que prácticamente le parecía un milagro volver a tenerlos de nuevo.
-Con tus poderes o sin ellos, siempre has sido un verdadero Saiyajin. Uno de los mejores, debo añadir –le dijo Vegeta. Perdiendo su transformación, Mirai le miró con la emoción patente en sus ojos azules. Su padre le sonrió y, llevándose la mano a la espalda, le tendió su fiel espada que había llevado con él desde el mismo momento que se llevaron a su hijo. Mirai le devolvió una mirada agradecida.
-Papá...gracias.
-Un hijo nunca tiene que dar las gracias a su padre. Por nada. Tú, que tantas veces nos has salvado, menos que nadie. Estoy muy orgulloso de ti –dijo Vegeta. Mirai no pudo evitar que se le llenaran los ojos de lágrimas mientras volvía a abrazar a su padre. Vegeta sonrió mientras se lo devolvía pensando en lo fácil que era hacerle feliz con unas pocas palabras bien escogidas. Permanecieron así durante un momento que les pareció eterno cuando el sonido punzante de la alarma del complejo les sacó de su ensoñación. Vegeta abrazó más fuertemente a su hijo durante un segundo, jurando por lo bajo que no se le volverían a arrebatar, antes de que sus instintos de súper guerreros tomaran el control de los acontecimientos-. Trunks, ¿puedes andar?
-¿Tengo otro remedio? Sí, puedo andar, correr y luchar –dijo Mirai, mientras su padre le ayudaba a ponerse en pie-. ¿Cómo salimos de aquí? ¿Por dónde has entrado?
-No, es un método demasiado lento...Saldremos por la puerta y matando a todo lo que se mueva hasta que lleguemos a la habitación central donde nos esperan tus hermanos y Gohan.
-Menudo plan más elaborado, papá –se burló Trunks mientras ambos corrían hacia la puerta.
-Esto es una maldita fortaleza, Trunks, por supuesto que es más fácil entrar que salir. ¿Algún problema con mi plan, mocoso, o acaso tienes una idea mejor?
-No. De hecho, me sentiré mucho mejor cuando haya tenido la oportunidad de patear algunos culos –bufó Mirai, mientras Vegeta abría la puerta de la sala.
-Eso me parecía. Pero aquí soy yo el que patea culos y tú el que te quedas en la retaguardia o yo haré que te quedes quieto por las buenas o por las malas. ¿Te ha quedado claro?
-Cristalino, papá –dijo Mirai, con una media sonrisa irónica que Vegeta sabía que ocultaba la mentira de sus palabras. Ambos sabían que aquella aseveración se volvería vacía en el momento en el que comenzara la lucha, pero no sería aquel convencimiento el que evitara que Vegeta intentara proteger a su primogénito. Vegeta echó un rápido vistazo al pasillo desierto y, observando que no había peligro, cogió de la mano a Mirai no sin antes enviarle un último aviso.
-Quédate en todo momento cerca de mí pero siempre detrás, ¿de acuerdo? Y no hagas ninguna estupidez, porque si la haces juro que te sacaré de aquí vivo para poder matarte con mis propias manos –le amenazó Vegeta. Mirai le ofreció una media sonrisa de indulgencia antes de seguir a su padre por el pasillo.
-¿Dónde diablos están todos? –preguntó Mirai, mientras su padre le guiaba por los pasillos desiertos del complejo siguiendo la energía de sus hermanos.
-No te quejes de que no haya enemigos, ya te divertirás cuando estés sano –dijo Vegeta, mientras tiraba de él.
-No me estoy quejando, sé que a ti te parece tan extraño como a mí. ¿Dónde está su maldito ejército? ¡Cuando ha sonado la alarma, deberían haberse entretenido en intentar evitar mi fuga, no en salir de fiesta! –le dijo Mirai. Vegeta bufó.
-No tenían que evitar tu fuga porque se supone que tenías un guardián que debía matarte en el mismo momento en el que viera algo sospechoso, máxime cuando sonara la alarma. Ellos deben pensar que ya estás muerto y lo estarías si yo no hubiese llegado a tiempo. No creo que sepan que yo estoy aquí, habrán detectado a tus hermanos; deben estar esperándome.
-Aún no entiendo como diablos te has atrevido a meter a los niños en esto –bufó Mirai.
-¡Los niños ya son mayores y hubieran cometido una imprudencia aún mayor si yo no les hubiera dicho lo que tenían que hacer, son iguales que tú, que te dije el día de la emboscada que no hicieras nada estúpido y casi consigues que te maten! –le bufó Vegeta.
-¡Salvar a Trunks no fue hacer algo estúpido!
-¡Yo le hubiera salvado, al igual que estoy haciendo contigo así que...! –comenzó a decir Vegeta, pero Mirai le cortó.
-Dejemos esta conversación tan idiota. ¿Vamos a ir directamente a una emboscada?
-Si tus hermanos están allí sí. Además, si están todos juntos, mejor; no tendré que ir a buscarlos uno a uno para matarlos –dijo Vegeta, antes de doblar una esquina para acceder a un pasillo que creía desierto; pero allí estaban una pareja de guardianes que custodiaban la puerta a la habitación principal en la que Vegeta había quedado con Gohan, Bra y Trunks. Rápidamente volvió hacia atrás arrastrando a Mirai con él, pero ya era tarde; les habían visto. Vegeta esperó, preparado para lanzar una bola de fuego en el mismo momento en el que hicieran su aparición, pero esta no se produjo. Vegeta miró a su hijo, confuso; él también sabía que les habían visto, pero no habían hecho nada para alertar de su presencia allí ni para atacarles. ¿Por qué no lo hacían?
-¿Por qué diablos no nos atacan? –susurró Mirai, mientras su padre se ponía protectoramente delante de él, protegiéndole con su cuerpo de una amenaza vaga que nunca se materializó.
-Quizá nos hemos equivocado y no nos han visto... –razonó Vegeta, advirtiendo la falta de acción de sus enemigos.
-Papá, sabes igual que yo que nos han visto perfectamente y que les ha dado tiempo más que suficiente para reconocer que no somos de su raza. Obviamente somos intrusos o fugados para ellos, ¿por qué demonios nos dejan ir como si tal cosa? –bufó Mirai.
-Por lo que pude oír de una conversación que Adrien mantuvo con su sobrino mientras esperaba el momento propicio para rescatarte, parece ser que nuestro amigo tiene importantes problemas de disciplina dentro de su propio ejército. No están de acuerdo con la venganza que Adrien intenta llevar a cabo en nuestra contra y parece que los complots contra su mandato ya han empezado. Quizá lo que quieren es dejarnos escapar para poder hacer desistir a Adrien de su empeño. O incluso perpetrar un magnicidio para quedar libres de su influencia –murmuró Vegeta. Mirai negó con la cabeza.
-No lo creo. Les hemos visto luchar, papá; sabiendo que iban a morir contra los descendientes de los Saiyajin, ellos nunca dudaron un momento ni se plantearon ni un solo instante abandonar presas del miedo o de la ambición; ellos le han jurado fidelidad eterna a Adrien y le serán fieles hasta que la muerte les libere. Creo que eso es lo que quieren, que su muerte les libere de su juramento; quieren que le matemos, por eso nos dejan huir. Si pensaban que el guardián que había dejado en la habitación conmigo iba a matarme en cuanto tuviera la oportunidad, Adrien no habrá dado la orden al resto de sus tropas de detenerme si me fugo porque piensa que nunca tendré la oportunidad y a ti tampoco te tocarán porque te quiere para él; por eso, dejarnos huir no es exactamente un acto de insubordinación, sino, simplemente, de ocultar información. Si nosotros matamos a Adrien en su lugar como parte de la venganza justa que podemos llevar a cabo por lo que le ha hecho a nuestra familia, les liberaremos del juramento de fidelidad que le han hecho y les ahorraremos el deshonor de cometer un magnicidio contra aquel al que le prometieron todo. Eso es lo que quieren; quieren que le matemos en su lugar –dedujo Mirai. Vegeta le miró durante un momento, analizando sus palabras y viendo que tenían sentido.
-Eso no nos librará de la emboscada. Ante una orden directa, seguirán obedeciendo con la disciplina de un ejército. No se enfrentarán a él mientras estén luchando contra una fuerza enemiga. Los problemas internos se resuelven cuando se vence al antagonista; mientras se batalla, todos seguirán siendo el ejército de antaño –dijo Vegeta. Mirai asintió-. Pero al menos nos despejará el camino. Quédate quieto aquí hasta que venga a buscarte.
Con esa última advertencia, Vegeta dobló la esquina antes de que Mirai pudiese protestar y se enfrentó a los dos guardianes que le esperaban, inmóviles, en sus posiciones junto a la puerta. En ningún momento intentaron atacar al que sin duda conocían como su enemigo; simplemente, ignorando deliberadamente su presencia, se apartaron para dejarle pasar con toda libertad a medida que se acercaba. Sin mediar palabra, atravesó con una bola de energía la cabeza de uno de ellos mientras el otro le observaba, presa del pánico y se hincaba de rodillas frente a Vegeta, que le miraba con sus ojos negros fríos como el hielo.
-Por favor...no me mate...yo solo cumplo órdenes...por favor...piedad...piedad –suplicó el soldado mientras lloraba, intentando besar los pies de Vegeta. El príncipe le apartó de una patada con una mueca de disgusto y le cogió por el cuello, poniendo sus ojos a la altura de sus orbes negros como la noche.
-Un soldado que es tan cobarde como para implorar piedad a su enemigo no merece que se la otorguen –siseó Vegeta antes de partirle el cuello con un movimiento estudiado durante años y tirar el nuevo cadáver a una esquina para que exhalara su último suspiro en soledad.
-¡Papá! ¡Eso no era necesario! –gruñó Mirai a su espalda. Vegeta se volvió hacia el mayor de sus hijos con una expresión molesta.
-¿Qué parte de la frase "quédate aquí hasta que venga a buscarte" no entiendes, Trunks? –bufó Vegeta, acercándose a él y volviendo a cogerle de la mano.
-Entiendo la totalidad, pero no me apetecía hacerte caso –bufó Mirai, mientras su padre ponía los ojos en blanco ante las testarudez de su hijo, muy similar a la suya propia -. No era necesario que les mataras, papá.
-Trunks, deja de pretender ser mi conciencia, para eso ya tengo a tu madre. Se lo merecían; que todos aquí sepan lo que le ocurrirá a cualquiera que se atreva a volver a tocar a mi hijo. Además, podían convertirse en una nueva amenaza más adelante –bufó Vegeta, mientras arrastraba a su hijo por el pasillo rumbo a la puerta. Mirai no dijo nada
y mientras ignoraba los cadáveres de sus enemigos se centró en deleitarse en la sobreprotección que su padre le demostraba con aquellas acciones. Él, siempre el protector de la familia, de la humanidad y del planeta, había prácticamente olvidado a lo largo de los años el maravilloso sentimiento que uno abrigaba al ser protegido. Podía llegar a acostumbrarse a eso. Si salía vivo de allí, claro.
Un agudo grito procedente de la habitación a la que se dirigían interrumpió sus pensamientos. Vegeta y Mirai se miraron mutuamente durante un momento antes de destrozar la puerta que les separaba de la habitación y entrar en ella. Conocían esa voz. Era Bra.
La emboscada había sido preparada. Pero no era solo para ellos. Cuando vieron a la totalidad del ejército de Adrien reunido en aquella habitación con varios soldados rodeando a Bra y Trunks, supieron que estaba preparada para los cinco. Para que Vegeta pagara por sus pecados. Pero eso no ocurriría sin que ellos presentaran una dura batalla. Vegeta y Mirai, entendiéndose con tan solo una mirada, se arrojaron contra los enemigos que rodeaban a Bra y a Trunks sin dudarlo un segundo; ambos experimentados guerreros, sabían que la rapidez y el factor sorpresa eran sus mejores armas para liberarlos antes de que el ejército de Adrien se reagrupara y les diera el golpe final que estaban esperando a que llegara su invitado estelar para dar. Porque esperaban a Vegeta, sin duda; pero no a Mirai, al que Adrien suponía muerto de la mano de su propio sobrino.
No tuvieron ninguna oportunidad. Mirai y Vegeta, dividiéndose los enemigos de manera casi instintiva, les mataron mucho antes de que pudieran ver a sus atacantes mucho antes de que sus compañeros pudieran reaccionar. Para cuando pudieron hacerlo y atacaron a los Saiyajin, esperando con suerte provocar la muerte de los más jóvenes, Vegeta ya había cogido en brazos a Trunks y Mirai había hecho lo mismo con Bra, volando con ellos hasta el techo para evitar el ataque en masa que el ejército comenzaba a preparar en su contra. Pero Adrien, al frente de su ejército, paró a sus tropas antes de que pudieran atacarlos y Vegeta, con un reflejo de sospecha en sus ojos, indicó a Mirai con un gesto que bajara, sin dejar en ningún momento de observar a Adrien de manera amenazadora.
-¡Hermano! ¡Estábamos muy preocupados por ti! –gritó Bra cuando los cuatro estuvieron en el suelo, abrazando a Mirai, Trunks no dijo nada, pero hizo lo mismo que su hermana mientras su hermano mayor les devolvía el abrazo a ambos a la vez que su padre se situaba protectoramente delante de los tres sin apartar un minuto la mirada de Adrien.
-¿Estás bien? –le preguntó Trunks a Mirai.
-Sí; no me pasa nada que una buena siesta no pueda arreglar –sonrió Mirai, tratando de disipar la preocupación de su hermano que había visto perfectamente como le apuñalaban dos veces solo unas pocas horas antes. Mirai vio en los ojos azules de Trunks, los suyos propios que, como esperaba, no se creía su mentira piadosa, pero fingió que si lo hacía. Tenían cosas más importantes en las que ocuparse en aquel momento; más adelante se ocuparían todos de las heridas que tenía Mirai entonces... y de las que la batalla que estaba por venir les depararía a todos.
-¿Dónde está Gohan? –siseó Vegeta.
-Fuera, con un par de amigos que Adrien nos envió como bienvenida. Nos ha despejado el camino para llegar hasta vosotros, pero tardará un rato en llegar –le dijo Trunks. Vegeta maldijo por lo bajo; sin Gohan a su lado para ayudarle en la batalla, no podría convencer a los muchachos para irse a un lugar seguro y tampoco estaba seguro de que pudiera contener al ejército de Adrien él solo durante el tiempo suficiente como para que sus ansiadas presas escapasen, por lo que Trunks, Bra y Mirai tendrían que luchar a su lado al menos hasta que Gohan llegase.
-Gohan no es su objetivo, somos nosotros; Adrien nos quiere a los cuatro solos, por lo que no podemos contar con Gohan. Adrien seguramente habrá ordenado que le entretengan el mayor tiempo posible –dijo Mirai, situándose al lado de su padre pero manteniendo a Bra y a Trunks detrás de ambos, protegidos-. No pienses ni durante un segundo que nos iremos, papá; no te vamos a dejar solo. Tampoco nos iban a dejar, de todas maneras.
-En eso tienes mucha razón, mi querido Mirai –dijo Adrien, súbitamente, interrumpiendo su conversación. Instintivamente, Vegeta se puso delante de Mirai, doblemente alarmado por el tono amenazantemente cariñoso que su enemigo utilizaba para dirigirse a su hijo. No dejaría que se lo arrebatara una segunda vez-. Me sorprende mucho verte vivo, mi bravo guerrero. Dejé a mi mejor soldado con el encargo de matarte en cuanto viera algo extraño o sonaba la alarma; nunca creí que fallaría en su cometido.
-Nunca tuvo la oportunidad de llevar a cabo tu orden, aunque fue bastante diligente a la hora de tratar de ejecutarla. Ni siquiera le dio tiempo a ver mi cara antes de que le partiera el cuello. Mis condolencias por tu pérdida; si no me equivoco, por la conversación que escuché entre vosotros, era tu sobrino. Quizá si hubieras escuchado sus consejos y me hubieses devuelto a mi hijo, ahora tus manos no estarían manchadas con su sangre –dijo Vegeta, sin poder reprimir una sonrisa de triunfo cuando vio la mueca victoriosa de su enemigo cambiar con rapidez a una de dolor cuando supo del asesinato, sin honor y por la espalda como el que había planeado para su hijo, que había sufrido su sobrino a manos de Vegeta. Apretó los dientes, dispuesto a que su enemigo no notara su dolor, pero sabía que el príncipe podía verlo perfectamente a través de sus ojos. Suspiró, intentando recuperar su compostura; no podía mostrarse débil delante de su ejército ahora que estaba tan cerca de alcanzar la victoria que había soñado durante más de cuarenta años.
-Ya veo...me has arrebatado a mi sobrino, lo único que me quedaba...pero la vida acaba poniéndonos a todos en el sitio que nos corresponde, ¿verdad, Vegeta? Yo le he perdido a él por tu mano, pero, para recompensarme, tú me has puesto en bandeja la posibilidad de alcanzar la más completa y absoluta venganza que podía imaginarme. Hace varios días tuve que resignarme a aceptar que tenía que conformarme con matar solo a uno de tus hijos, en vez de a los tres como yo tenía previsto, porque vuestra fuerza y destreza era demasiado grande para poder acceder a todos ellos y, por eso, tuve que llevarme mediante engaños y triquiñuelas al más valioso de ellos, a Mirai...y ahora le sigo teniendo a él a mi alcance...y tú has traído hasta a mí a los otros dos niños a los que nunca pensé que volvería a tener acceso. Y, para colmo, te presentas tú como testigo voluntario de lo que será su muerte. ¡Muchas gracias, Vegeta! Has sido muy condescendiente conmigo –se burló Adrien, pero Vegeta sabía reconocer una verdadera amenaza cuando la veía. El plan que había trazado a partir del secuestro de Mirai había funcionado solo a medias: había conseguido llegar hasta Mirai a tiempo, le había liberado, curado y sacado de su confinamiento vivo y con las fuerzas suficientes para presentar batalla, a la vez que Bra y Trunks habían conseguido su propósito de destrozar todas las reservas de veneno que había en el complejo. Pero la emboscada que Adrien le había preparado a Gohan por un lado para mantenerle ajeno a la lucha y a ellos por otro cambiaba demasiado el panorama; sin poder sacar a los niños de allí, Vegeta se encontraba como al principio: como un león acorralado intentando por todos los medios proteger a sus cachorros. Vegeta sabía que su único apoyo real en la batalla que se avecinaba era Trunks; Bra no poseía ninguna experiencia ni la fuerza o la técnica suficientes como para presentar batalla, ni siquiera apenas para defenderse a sí misma, por lo que necesitaría protección, y no podía ignorar que Mirai, pese a su poder y su valor, arrastraba desde hacía horas graves heridas que drenaban ampliamente su energía y no sabía hasta qué punto el veneno que le habían administrado durante casi un día entero había afectado a su cuerpo. Necesitaba protegerle a él también y quizá con mayor ahínco que a Bra porque él no se dejaría tan fácilmente. Él correría a la lucha y pelearía por ellos hasta sus últimas consecuencias, sean estas las que fueran, incluso su propia vida. Vegeta lo sabía, al igual que todos los demás y era eso precisamente lo que intentaba evitar. Mirai podía defenderse él solo de sus enemigos; pero no iba a defenderse a sí mismo.
-Si me los entregas ahora, te dejaré vivir, Vegeta –interrumpió súbitamente sus pensamientos Adrien. Vegeta lo miró, sin poder creer lo que decía-. No me mires así; sabes que tienes la batalla perdida. Me he encargado de que entretengan a tu amigo Gohan durante todo el tiempo posible o que, en su defecto, le maten. Tu niña no puede prestar una batalla seria y mi querido Mirai...me gustaría saber cuánto tiempo aguantará en pie después de todo el tranquilizante que le hemos inyectado y de las heridas que tiene. ¿Crees que estoy ciego y no puedo ver la sangre que ya chorrea por encima del vendaje que le has puesto? Por la cicatriz que le hicieron el día que mataron a su esposa... ¿cómo se llamaba? Ah, sí...Andrómeda –dijo Adrien, escupiendo veneno con sus palabras. Vegeta sintió a Mirai tensarse al oír sus palabras e intentó calmarle mientras veía como su mano se dirigía inadvertidamente a la herida de su costado. Pero el muchacho no pudo refrenar su ira al oír en los labios de su enemigo el nombre de su añorada esposa y, desenvainando la espada que le había traído su padre, se intentó lanzar hacia Adrien pero su padre, le sujetó a tiempo.
-¡No te atrevas a volver a pronunciar su nombre con tu asquerosa boca, maldito bastardo! –le gritó Mirai, revolviéndose en brazos de su padre.
-¡No dejes que juegue contigo! Eso es lo que quieres, lo sabes, no le dejes –le susurró Vegeta. Mirai se zafó de su abrazo envainando su espada, intentando evitar que su padre viera su mirada herida por los recuerdos de toda una vida.
-Este idiota va a pagar por atreverse a susurrar el nombre de mi esposa –bufó Mirai, aún dolido-. Voy a matarle.
-Ambos vamos a matarle, no te preocupes por eso –le susurró Vegeta, apretándole la mano con intención de darle ánimos. Mirai envainó su espada con un gesto derrotado y evitó mirarle a los ojos, sabiendo que los suyos no podían mentirle. Vegeta rechinó los dientes y prometió al cielo que pagaría con sangre el dolor de su hijo; el dolor de las heridas que no sanaban, del dolor que el tiempo no podía curar y de aquellas que el paso de los años no podrían hacer desaparecer, encontrarían justa venganza en aquel que las hacía resurgir una vez más solo para hacerle sufrir.
-¿Entonces? ¿Qué opinas de mi oferta? –dijo Adrien.
-No creo necesario ni siquiera tener que contestar a eso –dijo Vegeta, alzando los puños en señal de lucha.
-Contestaré yo en su lugar –dijo súbitamente Mirai. Vegeta le miró con precaución, temeroso de que fuera a proponer otro intercambio que en esa ocasión sí le costaría la vida-. Mi padre no va a entregar a ninguno de sus hijos. Somos verdaderos Saiyajin, orgullosos de la sangre que llevamos en nuestras venas y lucharemos hasta el fin, para vencer sobre vosotros o morir de pie, como siempre hemos vivido, lo que no se puede decir de vosotros que mediante engaños nos habéis traído hasta aquí sin hacernos frente como hacen los verdaderos luchadores. Pero nosotros lucharemos sin caer tan bajo como hicisteis vosotros con vuestra cobardía. No vamos a huir, no habrá negociación y bajo ningún concepto vamos a morir aquí sin llevarnos a un buen número de vosotros por delante, así que si algunos de vosotros queréis claudicar hacedlo ahora o preparaos para asumir las consecuencias. Nosotros no sabemos lo que significa la palabra rendición...y vosotros no sabréis lo que es la piedad –dijo Mirai desenvainando su espada mientras en sus ojos brillaban las mismas llamas del infierno que les esperaba a sus enemigos y Vegeta vio complacido como el ejército de Adrien casi al completo daba un paso atrás ante la mirada amenazadora de su hijo-. Hermanos, es hora de la acción.
Con un paso al frente y con la misma mirada resoluta que su hermano, Bra y Trunks se pusieron a su lado, junto a su padre, y los tres a la vez se convirtieron en súper guerreros ante la mirada asustada de sus enemigos. Vegeta sonrió; casi podía oler su miedo, su pánico, el temor que la familia del súper guerrero les inspiraba sabiendo que su muerte estaba próxima. No podían pensar, no podían sentir, no podían respirar. La peor de sus pesadillas tomaba forma en la persona de los bravos súper guerreros que permanecían imperturbables frente a ellos como piedras habiendo experimentado en sus propias carnes la hiel de su inmenso poder y sabiendo como sabían que tenían todo el derecho a prepararse la venganza ansiada contra lo que habían intentado hacerles. El mismo derecho que durante años ellos habían esgrimido para justificar su odio hacia los Saiyans por matar a sus familiares. Pero ahora no querían luchar más. No creían más en su causa, solo querían correr, huir, vivir. Tenían miedo a la muerte, tenían miedo a los Saiyajin que la encarnaban y Vegeta supo, desde el momento en el que miró a los ojos de los soldados de Adrien, que ganarían aquella batalla porque ellos habían perdido la fe; la fe por la causa por la que luchaban, por la que habían estado dispuestos a morir y por la que pensaban que una vez muertos por ella les esperaría una vida mejor en el Olimpo destinado a los héroes. Pero ahora solo veían dolor, soledad y amargura frente a unos enemigos que creían no poder vencer. El miedo les detendría en sus posiciones, el pánico les nublaría la mente y el dolor tomaría posesión de ellos hasta el momento de su muerte. Solo unos pocos exaltados que permanecían junto a Adrien a salvo, como todos los poderosos, tras las filas de cientos y cientos de pobres incautos podían constituir una amenaza. Pero él se encargaría de ellos. Mientras tanto, Vegeta y sus hijos, que permanecían orgullosamente junto a él, se encargarían de no decepcionar las peores pesadillas de aquellos incautos.
-Como ves, Adrien –dijo Vegeta con una sonrisa malévola mientras se convertía en súper guerrero -, mis hijos ya han tomado una decisión así que reza todo lo que sepas porque esta vez ni siquiera todos los diablos del maldito Infierno que te espera con las puertas abiertas podrán librarte de mis iras.
Adrien dejó escapar una sonrisa enigmática llena de deleite que quizá dejaba transmitir una pequeña pizca de la melancolía que siempre se siente cuando la razón de tu vida llega a su final.
-Entonces, Vegeta, que comience el show –dijo Adrien y, con un movimiento de su brazo, sus tropas dejaron escapar un grito de lucha y se lanzaron contra los cuatro Saiyajin que se quedaron quietos esperando la embestida que les convertiría en asesinos una vez más.
La tierra tembló aquel día que los Saiyajin presentaron a los neptunianos la batalla final por sus vidas. Los humanos que dormían entonces plácidamente en sus camas, alejados, ignorantes, inocentes, nunca supieron ni sabrían de aquellos cuatro guerreros que se enfrentaban a una armada salida del mismísimo infierno para hacerles pagar por los pecados que cometieron por sus antepasados y por los que ellos mismos hubieran podido llevar a cabo. Pero tampoco les importaría mucho ignorar por el resto de sus vidas lo que aquella noche pasó como si de un sueño extraño se tratase. Porque en aquella lucha no se decidía el destino del universo como acostumbraba a pasar cuando los Saiyajin entraban en la acción. Esta vez, simplemente, se decidía la vida y la muerte de una familia. Una familia que les había salvado muchas más veces de las que podían contar con los dedos de sus manos, es cierto, pero de una familia que, al fin y al cabo, no era la suya. Se acordarían de ellos cuando el mundo volviera a estar en peligro y los necesitaran para poder sobrevivir al menos un día más pero, de momento, mientras siguieran sin estar amenazados, podían seguir durmiendo sin dedicar un solo minuto de sus placenteros sueños a pensar en ellos. No era extraño. La humanidad siempre se había caracterizado por tener una débil memoria.
Pero mientras la humanidad permanecía ajena a su lucha, los Saiyajin estaban dispuestos a encarnar una vez más la peor pesadilla de los enemigos que se les enfrentaba. Y vive Dios que lo consiguieron. Tras unos minutos de batalla los soldados de Adrien ya retrocedían, asustados, mientras sus compañeros caían muertos a los pies de los cuatro Saiyajin que luchaban con una fiereza que jamás habían visto. Sabían que no habría piedad para ellos si se rendían y que morirían si los enfrentaban. Pero aún así temían el dolor, el sufrimiento, temían su final. Temían enfrentarse a la negra guadaña de la muerte que todo lo segaba, a la total oscuridad del sueño eterno que les llevaba a lo desconocido, tener que ver cara a cara a aquella dama negra cuya cita no podían eludir los mortales, solo retrasar, que en aquel momento se les presentaba vívida en la forma de cuatro guerreros sin piedad ni nada que perder que les harían enfrentarse a sus más viejos temores en el momento en el que llegasen hasta ellos. Pero no podían hacer nada. Habían elegido un camino y debían pagar su precio. Y, mientras corrían con sus armas en vilo intentando infundirse un valor que no sentían hacia el guerrero Saiyajin ante el cual habían decidido morir, solo podían esperar que, el algún momento, uno de sus compañeros consiguiera acabar con ellos. Fue quizá el último pensamiento de todo un ejército antes de que las espadas de los dos Trunks, las bolas de fuego de Bra o el puño de Vegeta les atravesaran el cuerpo y les condujeran a enfrentarse con aquella muerte que tanto temían.
Vegeta sabía que aquello tenía que terminar. Aunque sus enemigos no lo supieran y esa era, una buena medida, la clave de su éxito, las posibilidades de sus hijos y de él mismo de salir todos vivos de allí era muy escasa. Sus fuerzas mermaban con la misma rapidez con la que aumentaba el número de cadáveres que había en el suelo. Volvió la vista hacia sus hijos; Trunks estaba haciendo un buen trabajo al otro lado de la sala, mientras que, para su tranquilidad, Mirai se había quedado detrás de ellos ayudando a Bra que, para su orgullo de padre, estaba haciendo gala de un gran talento para la lucha en el momento que más lo necesitaban. Pero sabía que aquella situación no duraría mucho; Bra no estaba acostumbrada a luchas de larga duración como la que se avecinaba y muy pronto sucumbiría presa del cansancio, obligando a uno de ellos a protegerla con un alto riesgo para la vida de ambos, mientras que Vegeta podía advertir perfectamente que las heridas y las horas de encierro habían hecho amplia mella en las fuerzas de Mirai. Pese a todo, su aspecto y su actitud no lo mostraban; aún seguía dando el aspecto del rubio coloso indestructible que siempre había sido para sus enemigos, pero Vegeta le conocía mucho mejor que ellos que aquellos que le habían convertido en un mito. Sabía que Mirai no tenía ningún aprecio por su seguridad y que lucharía, de pie y sin vacilar, hasta el momento de caer. Él no se quedaría nunca atrás en una batalla como aquella si no fuera porque dudaba de sus propias fuerzas y no quería que ni él ni sus hermanos tuvieran que preocuparse de protegerle si llegaba a caer. El hecho de que no se hubiera convertido en súper guerrero nivel dos o incluso tres como sabía que podía hacer en vez de mantenerse solo a nivel uno confirmaba las sospechas que tenía de que Mirai no confiaba en sus propias energías. Y si no lo hacía, por todos los diablos debía de notar que algo no iba bien con su salud. Debía acabar con esto lo más rápido posible y solo había una forma posible de hacerlo.
Tenía que llegar hasta Adrien. Y matarlo sin ninguna dilación. Él era la cabeza pensante de aquel ejército que ya desde el principio había dejado de creer en su causa, pero que aún le obedecía. Sin él, roto el único nexo que unía a los soldados con su plan de atacar a los Saiyajin, el ejército quedaría sin ninguna dirección posible y se organizaría una desbandada general que le daría el tiempo necesario para matar al resto de la cúpula dirigente antes de que pudieran unirse a la huída masiva que se llevaría a cabo antes de coger a sus hijos y llevarlos de una vez por todas a un lugar seguro para luego volver a destruir a los pocos supervivientes que quedaran. Sin cabeza, un ejército no era nada y él lo sabía muy bien; en el momento en el que Adrien fuera eliminado, el resto de los neptunianos caerían con él. Pero no sería fácil llegar hasta él; pertrechado en el centro de sus tropas y protegido por soldados de élite que se distinguían por su atuendo, Adrien daba las órdenes pertinentes prácticamente seguro de que los súper guerreros jamás podrían llegar hasta él. Necesitaba abrir una brecha. Y no podía hacerlo solo. Vegeta retrocedió hasta ponerse junto a Mirai y a Bra y le indicó con un movimiento de cabeza a Trunks que se acercara a su posición mientras seguían batallando.
-Papá, ¿qué haces? No debemos estar todos juntos, pueden acorralarnos –le susurró Mirai, mientras seguía lanzando bolas de energía a sus enemigos.
-Tenemos que acabar con esto lo más rápido posible, no sabemos cuánto tiempo más podremos aguantar sin bajas –bufó Vegeta-. Tenemos que trazar todos juntos un plan.
-¡Bien, si tienes una idea me encantaría escucharla! –bufó Bra.
-Mantén la calma, Bra –le dijo Trunks, que se situaba a su lado en aquel momento-. Si dejamos que nuestras emociones dominen el combate, entonces perderemos sin duda.
-Él tiene razón –le secundó Mirai-. ¿Cuál es el plan, papá?
-Tengo que matar a Adrien lo más pronto posible. No podré matarle tan dolorosa y atrozmente como yo querría, pero no se puede tener todo en esta vida. En el momento en el que el ejército quede descabezado y sin un líder comúnmente aceptado, el caos les poseerá y empezarán a huir en desbandada. Como llegar hasta él, eso es lo que no sé –dijo Vegeta, mirando esperanzado a Mirai-. ¿Alguna idea?
-Estoy pensando –dijo Mirai, escaneando al ejército enemigo con ojo profesional. Vegeta asintió y se hizo cargo de los enemigos que intentaban llegar hasta su hijo para que pudiera trazar un plan. Mirai era muy inteligente, a veces demasiado para su propio bien; Trunks también, por supuesto, pero le faltaba la gran experiencia que su yo futuro había acumulado a lo largo de los años y que le habían obligado a convertir su mente en un mapa de estrategia militar para poder continuar con vida. Algo que Vegeta estaba dispuesto a cambiar-. Ya lo tengo. Utilizaremos la Transmisión instantánea.
-¿Teletransportación? –preguntó Bra-. ¿Para qué? Se han asegurado de que no podamos salir de este lugar, ya lo hemos intentado.
-Cierto, no podemos salir, pero sí podemos teletransportarnos dentro del complejo. Veréis, este es el plan –les dijo Mirai, con una voz lo suficientemente baja como para que los únicos contrincantes que pudieran escucharlos fueran aquellos que segundos después se convertirían en un seguro cadáver-. Bra, Trunks y yo atacaremos a Adrien.
-¿Estás loco? –bufó Vegeta-. Sobre mi cadáver.
-Eso es lo mismo que intenta hacer papá, volvemos a tener el mismo problema –le dijo Trunks a su hermano, ignorando las protestas de su sobreprotector padre.
-No, no es lo mismo, porque papá quiere matarle y yo he dicho que nosotros le atacaremos. Doy por sentado que no podremos tocarle –dijo Mirai.
-Entonces, ¿para qué diablos vamos a hacerlo? –bufó Bra. Mirai dejó escapar una sonrisa malévola.
-Para despistarlos –dijo Mirai. Vegeta, Trunks y Bra le miraron sin comprender-. Ellos saben, al igual que nosotros, que su cohesión reside en Adrien e intentarán protegerlo a toda costa con todas sus consecuencias. Si papá intenta atacarlo, se encontrará con una barrera de soldados que le impedirán el paso durante horas hasta que se pueda deshacer de todos. Por eso necesitamos que esos soldados que se interponen entre los dos rompan filas y lo más fácil es hacerles pensar que nosotros tres somos una amenaza para su líder, no papá. Si intentamos atacar a Adrien, ellos nos repelerán y se pondrán nerviosos, pensando que somos nosotros los que significamos una amenaza para él y se centrarán en perseguirnos a nosotros, no a papá al que considerarán un mal menor. Entonces, cuando repelamos su primer ataque, nos teletransportaremos al fondo de la sala, a varios metros de donde está ahora mismo Adrien y ellos, sin duda, nos perseguirán...ignorando a papá. Será entonces, cuando estén concentrados en nosotros, cuando papá le atacará y nosotros nos encargaremos de que no lleguen a tiempo de salvarlo.
-Pero para que tu plan funcione necesitamos llevar a cabo un ataque que ellos interpreten como un peligro cierto y verdadero contra su jefe y no podemos acercarnos tanto a ellos. No hacemos más que matar y matar enemigos y siguen llegando más, es como si nos chocásemos contra un muro. Seguimos estando en un punto muerto –objetó Trunks. Mirai negó con la cabeza.
-Nos ocurre eso porque le estamos atacando desde el suelo, no desde el aire –dijo Mirai. Trunks le miró sin comprender -. Los soldados de Adrien forman un círculo concéntrico a su alrededor en el que él es el centro para que no podamos acercarnos nunca por tierra, pero por el aire queda al descubierto. No sé si es por despiste, porque si le tapan por el aire no puede dirigir a sus tropas más lejanas o porque no se sienten verdaderamente a gusto luchando en el aire, no lo sé ni me importa, pero así es.
-Es cierto –reflexionó Vegeta-. Las veces que hemos luchado en su contra apenas han despegado los pies del suelo, aunque hemos comprobado que pueden hacerlo. No les gusta luchar en el aire, eso nos da una amplia ventaja.
-No sé por qué ni me interesa, lo que sé es que no han tenido en cuenta el factor aéreo. Si volamos hasta el techo y le atacamos con nuestra energía les dará tiempo a contrarrestarla, pero no antes de que se hayan sentido lo suficientemente amenazados como para que todos aquellos que se han quedado todo este tiempo protegiendo a su jefe viendo a los demás luchar no intenten prevenir un nuevo ataque con una buena ofensiva...dejando, mientras nos persiguen, el camino libre a papá para llegar hasta Adrien.
-Eres muy ingenuo al pensar que le dejarán solo, niño. Aunque os tomen como una amenaza y os persigan, un número de ellos se quedará siempre a su lado. Eso no puedes negarlo –dijo Vegeta.
-Sí, pero siempre será un número mucho menor al que tiene ahora. Además, ahí radica la segunda parte de mi plan: tú te concentrarás en la energía de Adrien, te teletransportarás a su lado y le separarás la cabeza del cuerpo mucho antes de que ellos puedan saber que tú estás siquiera allí. Si te teletransportas antes de que nosotros alejemos a un buen número de las tropas, no habrá forma humana de que salgas vivo de allí una vez muerto Adrien; si lo hacemos, podrás presentar batalla. Muerto Adrien, muertos todos –aseguró Mirai. Vegeta tuvo que reconocer que era un buen plan, pero se negaba a dejar que sus hijos hicieran el papel de cebo en un juego que podía acabar con sus vidas.
-Nosotros aún no dominamos muy bien esa técnica, Mirai...puede que acabe muy lejos de Adrien y todo el plan se tornaría en nada –le dijo Vegeta.
-Entonces, yo tomaré tu lugar y mataré a Adrien –le dijo Mirai. Vegeta le miró, horrorizado.
-¡Nunca, mientras yo viva, volverás a acercarte a ese monstruo! No quiero perderte una segunda vez. Además, ese bastardo tiene una retorcida obsesión contigo; estoy seguro de que no te quita la vista de encima ni un solo minuto. Si tú lo hicieras, en seguida se daría cuenta de que tu comportamiento es extraño y daría la alarma. No; lo haré yo –claudicó Vegeta. Mirai le dedicó una sonrisa para darle ánimos y se volvió hacia sus hermanos.
-¿Todos de acuerdo? –preguntó Mirai. Trunks y Bra asintieron.
-Por supuesto –dijeron ellos, a la vez. Mirai asintió y mató a todos aquellos soldados que estaban a su alrededor y que podrían haber oído parte de su plan.
-Perfecto. Lo mejor será que permanezcamos los tres juntos, ¿de acuerdo? –dijo Mirai, comenzando a elevarse. Sus hermanos asintieron.
-Tened cuidado –suplicó Vegeta, mientras les veía elevarse. Mirai le sonrió, dándole ánimos.
-No te preocupes, papá; yo cuidaré de ellos –le prometió Mirai.
-Pero, ¿quién cuidará de ti? –le replicó Vegeta, pero Mirai no contestó antes de tomar su posición convenida entre sus hermanos y volar hasta el techo de la sala. Vegeta dejó escapar un suspiro preocupado mientras trataba de ocultarse en las sombras de una esquina lejana, intentando pasar lo más desapercibido posible mientras veía a sus tres hijos concentrar una gran parte de su energía en sus manos antes de lanzarla contra un inadvertido Adrien y sus tropas. Vegeta rogó al cielo una vez más que les protegiera en su lugar; pensó que había rezado en aquellos tres días mucho más que en todo el resto de su vida pero, por desgracia, era muy poco más lo que podía hacer.
El instinto paternal de Vegeta gritó en rebeldía cuando vio a la práctica totalidad del ejército de Adrien se lanzaba en busca de sus hijos una vez que habían rechazado su ataque mientras el guerrero que había en él le obligaba a intentar mantener la calma y pensar con claridad. Parecía que el plan había funcionado. Solo unas pocas decenas, de los miles que anteriormente había, permanecían aún protegiendo a Adrien, que sonreía manteniendo siempre la vista fija en Mirai. Parecía que todos se habían olvidado de él. Precisamente lo que Mirai había planeado. Y quizá, porque las cosas estaban saliendo demasiado bien, era por lo que Vegeta estaba comenzando a pensar que había algo que ninguno de los cuatro había tenido en cuenta estaba sucediendo. Un punto negro que podía tener funestas consecuencias. La perfección no existe, un plan nunca salía exactamente como se esperaba; que este saliera bien, máxime en la situación en la que se encontraban no era si no sospechoso. Pero Vegeta no ocupó ni un minuto más de su pensamiento en esas cuestiones antes de concentrarse, poner sus dedos en la frente y teletransportarse junto a Adrien.
Quizá si Vegeta hubiera visto un par de ojos rojos que le miraban fijamente desde el otro lado de la sala, ajenos completamente a la conmoción exterior, hubiera comprendido donde residía el fallo que siempre se producía en cualquier plan. Pero Vegeta no los vio hasta que fue demasiado tarde. Cuando se teletransportó junto a un muy sorprendido Adrien lo único que veía con sus ojos negros de diablo que clamaban venganza eran los orbes dorados de su enemigo. La suerte le iba a evitar la muerte dolorosa y macabra que Vegeta había planeado para él desde el mismo momento en el que supo que él era el responsable de que sus hijos estuvieran en peligro, pero no iba a evitar que le viera a los ojos mientras moría.
-¡Esto es por mis hijos! –gritó Vegeta, sabiendo que no tenía ni un minuto que perder, antes de alzar su mano, preparada para atravesarle el pecho sin más dilación. Pero él, que nunca había luchado directamente con Adrien a pesar de ser él su más aciago enemigo, no había contado con su rapidez, que fue suficiente como para evitar que Vegeta le atravesara el corazón. Pero no pudo evitar que su enemigo atravesara sus costado con un sonido seco de costillas rotas por su puño de hierro. Adrien dejó escapar un grito ahogado y fue entonces cuando el Infierno se abalanzó sobre Vegeta.
Los soldados atacaron a Vegeta en el mismo momento en el que el grito de Adrien les alertó de lo que había ocurrido, pero eso era algo que tanto el príncipe de los súper guerreros como sus hijos ya habían tenido en cuenta. La mayor parte de aquellos que habían salido en persecución de los muchachos volvieron sobre sus pasos para proteger a su líder, pero Mirai, Trunks y Bra les retuvieron mientras Vegeta se defendía. Desde su posición en el aire, los dos muchachos mantuvieron la vista fija en su padre, dispuestos a intervenir si la situación se ponía demasiado seria para él. Por eso ellos vieron a aquel ser de ojos rojos mucho antes que su padre. Ambos se miraron mutuamente y, sin decir nada, se entendieron perfectamente. Los dos sabían que Vegeta no había visto a ese enemigo que tomaban posiciones a su espalda. Ambos habían memorizado, durante años, los rasgos de Vegeta; Trunks mientras crecía intentando emular hasta en el más pequeño movimiento al que consideraba su héroe y Mirai lo hizo la primera vez que vino al futuro, sabiendo que iba a volver a un lugar donde su padre no estaba e intentando retener en su memoria cada uno de sus gestos para cuando no pudiera verle nunca más. Conocían perfectamente su forma de luchar, de comportarse e incluso, de mirar y podían decir sin temor a equivocarse que, por la forma en la que no hacía ningún intento de localizar su posición ni de acercarse a él para atacarle que ignoraba totalmente su presencia. No podían avisarle; si gritaban, él podía intentar atacar a su padre o, mucho peor, varios enemigos podían unirse y perpetrar un ataque del que Vegeta ya no pudiera escapar. Pero cuando vieron cómo ese ser comenzaba a formar una bola de energía en la palma de su mano, ambos volaron a toda la velocidad hacia su padre.
-¡Trunks! ¡Quédate atrás con Bra! –le gritó Mirai mientras volaban hacia Vegeta.
-¡Tengo que ayudarle! ¡No tienes por qué hacerlo tú! –le gritó Trunks como respuesta. Mirai le cogió del brazo, deteniéndole y le obligó a mirarle a los ojos.
-Yo soy tu hermano mayor, estoy aquí porque quiero protegeros y lo haré, te guste o no, así que lo haré yo y tú te quedarás detrás –le ordenó Mirai. Trunks negó con la cabeza pero, antes de que pudiera protestar, Mirai le alzó por encima de su cabeza y le lanzó al otro lado de la habitación mientras él se dirigía volando con toda la rapidez de la que fue capaz hacia su padre que permanecía ignorante de la muerte que se cernía sobre su cabeza.
Habría muerto por él. Con una sonrisa en el rostro y el corazón en paz él habría muerto con gusto en su lugar. Pero él no le dejó. Y muchos años después, cuando intentaba rememorar lo que había pasado en aquel momento pensando en lo que había podido cambiar para que las cosas hubiesen sido diferentes, no pudo nunca recordar nada más que el golpe que le dio Mirai Trunks para tirarle al suelo y tomar su lugar en la trayectoria de aquella bola de fuego que le atravesó totalmente el estómago. Sintió las gotas de su sangre, su propia sangre, salpicarle en la piel mucho antes de atreverse a levantar los ojos y ver a su hijo herido en el mismo lugar donde segundos antes había estado él, donde aún debería haber estado él, como si el tiempo se hubiera detenido mientras su hijo luchaba por respirar.
-¡No! ¡No eras tú el que debería morir! ¡Era él! –dijo aquel ser de ojos rojos lleno de ira, dejándose ver. Vegeta reconoció al instante al atacante de su hijo como el guardián que había custodiado la salida cuando Adrien y su sobrino habían ido a ver a Mirai hacía, para él, una auténtica eternidad. Aquel que en un principio había juzgado como prácticamente inofensivo-. ¿Es que no lo entiendes? ¡Si Vegeta muere, todo se acaba, Adrien ya no tenía por qué seguir atacándoos y podríamos ser libres al fin! ¡Si no puede verle sufrir, si ya está muerto su estúpida venganza no servirá de nada! ¿Por qué has sido tan estúpido como para entrometerte?
-Por eso le estabas vigilando...para matarle en cuanto tuvieras ocasión sin tener que enfrentarte a él... –murmuró Mirai, para sí mismo, mientras luchaba por respirar.
-¡Sí! ¡Y tú morirás por tu intromisión! –gritó el guardián, preparando una nueva bola de fuego.
-¡NO! –gritó Vegeta, lanzándose contra él y tirándole al suelo mientras le golpeaba-. ¡¿CÓMO TE HAS ATREVIDO A ATACAR A MI HIJO!?CONTESTA! ¡TE ARREPENTIRÁS DE ESTO, JURO QUE TE ARREPENTIRÁS DE ESTO!
Vegeta pensó que podría quedarse golpeando a ese ser durante el resto de los días que le quedaran de vida. Durante un momento, olvidó todo a su alrededor; nada más importaba, nada más existía y los gritos de Adrien, del resto de los soldados e incluso de sus dos hijos más pequeños dejaron de tener importancia para él; ni siquiera los escuchaba. Parecía que nada podía sacarle del estado de rabia y de odio que se encontraba cuando una palabra, una sola palabra murmurada con todo la necesidad, el miedo, el dolor y, a la vez, el cariño que la voz humana podía llegar a transmitir llegó hasta él.
-Papá... –susurró Mirai. Vegeta se volvió a mirarlo por encima del cuerpo ensangrentado de su enemigo. No era un consejo, no era una advertencia, ni siquiera un intento de devolverle a la realidad...era una plegaria. La plegaria que un hijo eleva a un padre lleno de miedo y de angustia esperando que corra a su lado para que ahuyente todos su dolor. Era una llamada de socorro. Y los ojos azules como el cielo que le miraban en shock llenos de pánico solo le confirmó lo que su voz ya le había transmitido. Vegeta mató al instante a su enemigo antes de conseguir coger en brazos a su hijo antes de que cayera al suelo. El resto del mundo cayó en el más absoluto de los olvidos; dónde estaba, haciendo qué o contra quién dejaron de importan en el momento en el que sintió acomodó el peso de su hijo en su regazo y su sangre comenzaba a manchar su ropa.
-Papá... –le oyó Vegeta murmurar de nuevo. Esta vez, su tono era tranquilo y aliviado, seguro una vez que estaba en los brazos de su padre. Pero seguía escondiendo su pánico. Eso asustó aún más a Vegeta. Mirai nunca se asustaba, al menos no lo suficiente como para que él lo notase. Diablos, su dolor debía ser indescriptible, pensó Vegeta, y esa certeza le rompió el corazón en dos mientras intentaba centrarse en lo único que le importaba en aquel momento: calmar el miedo de Mirai.
-¿Por qué tienes que hacer siempre estás cosas, Mirai, por qué? ¿Por qué siempre tienes que convertirte en un mártir? –le dijo Vegeta, besando sus sienes y abrazándole con todas sus fuerzas, pensando que si le abrazaba lo suficientemente fuerte podía llegar a retenerle a su lado.
-Papá...¿estás bien? –preguntó Mirai, susurrando. Sentía sus fuerzas volviendo a él después de que el impacto le dejara prácticamente sin respiración, algo que hubiera significado su muerte si su padre no hubiera actuado con la celeridad suficiente.
-¿Cómo lo haces? ¿Cómo puedes estar aquí sangrando y preocuparte más por cómo estoy yo que de tu propia persona? ¿Es que no tienes conciencia? ¿Por qué diablos tienes que estar arriesgándote siempre así? ¿Es que no tienes aprecio por tu vida? –le gritó Vegeta. Mirai dejó escapar una risa irónica.
-Tengo muy poco aprecio por mi vida, ciertamente; tengo en mayor estima las vuestras –rió Mirai-. Me alegro de que tú estés bien.
-Te lo creas o no, tú también importas. Importas mucho más de lo que nunca te podrás imaginar, así que por el amor de Dios si no quieres cuidarte por tu propio bien por favor, hazlo por el nuestro y deja de meterte en problemas –le regañó Vegeta, pero sabía perfectamente que Mirai no le escuchaba; solo acertó como respuesta a dejar escapar un pequeño quejido. Vegeta se dio cuenta de que no debería estar regañándole en aquel preciso momento y, acunándole con cuidado en sus brazos, acarició su pelo con suavidad-. No te preocupes, mi pequeño, todo va a salir bien, pronto te pondrás bien, yo lo arreglaré todo, pero tienes que aguantar, ¿de acuerdo?
-Papá, no olvides la situación en la que nos encontramos –le recordó Mirai. No fue hasta entonces que Vegeta volvió a la realidad y se dio cuenta de que se encontraba consolando a su hijo en medio de una batalla a muerte. Vegeta acomodó a Mirai en su pecho, protegiéndolo con su cuerpo, antes de mirar a su alrededor y darse cuenta de que el ataque de los soldados de Adrien había sido detenido y que todos los soldados habían sido reagrupados al otro lado de la habitación por parte de su líder y era aquella, sin duda alguna, la única razón por la que Mirai y él aún seguían vivos en aquel momento, pues el lapso de locura que había sufrido les habría dado tiempo más que suficiente para asesinarlos o tomarlos presos. Recuperando su compostura, advirtió también la presencia de Trunks y Bra a su lado, completamente alerta, escudando a su padre y a su hermano con su actitud defensiva. Vegeta se levantó con Mirai en brazos y miró a Trunks demandando una respuesta.
-Adrien les ha mandado parar y reagruparse. Por eso están reunidos, no sabemos con qué fin –le dijo Trunks-. ¿Mirai...?
-Herí de gravedad a Adrien; no lo suficiente como para matarle al instante, pero sí en un corto plazo. Ellos lo saben y trazan un plan. Tendrán que actuar rápido si quieren que vea el fin de esta batalla –dijo Vegeta, sosteniendo a Mirai-. Ahora nuestra prioridad es proteger a vuestro hermano.
-No...vuestra prioridad debe ser salir vivos de aquí –dijo Mirai.
-No estás en posición de discutir, así que cállate. No digas nada porque no se te escuchará, no intentes nada porque te detendremos y no intentes luchar porque lo evitaré. Estate quieto, callado y consciente; nosotros nos encargaremos de todo –dijo Vegeta, dejando a su hijo en el suelo, apoyado en la pared y alejándose con sus otros dos hijos lo suficiente para que él no pudiera escucharles. Cuanto más supiera, más intentaría ayudarles y no podía permitirlo; debía dejarse proteger.
Pero Mirai ya sabía cuál era su destino. Podía sentir su vida escapando de su cuerpo a través de la herida que le había traspasado su estómago; había estado demasiadas veces en su vida al borde del abismo como para no reconocer a la muerte cuando se encontraba con ella cara a cara. No tenía miedo de morir; había esperado la muerte durante años desde que Andrómeda fuera asesinada llevándose con ella las pocas esperanzas de vivir que le quedaban, pero no quería hacerlo. No ahora que por fin había decidido continuar con su vida. Pero esta nunca había sido justa y, si el destino había elegido ese momento para ser el de su muerte, no la enfrentaría con miedo. Estaba cansado de luchar, de sufrir, de sobrevivir. Pero aún tenía que librar una última batalla por su familia. No iba a dejar que murieran por protegerle; si iba a morir, si tenia que morir, mejor que fuera luchando que lamentándose en la oscuridad.
Mirai sonrió mientras expulsaba al rincón más oscuro de su mente los últimos resquicios de su dolor y se ponía en pie una vez más. Su padre jamás le dejaría hacer lo que debía. Le quería demasiado y jamás perdería la esperanza de salvarle hasta el momento de su muerte o, quizá incluso, más allá de ella. Cuando había llegado al pasado por segunda vez, le había sorprendido sobremanera lo sobreprotector que Vegeta había llegado a ser con él, sin dejar ni por un momento que él pensara que no le adoraba con todas sus fuerzas mientras le trataba casi como a un bebé hecho de cristal en vez del guerrero adulto que era. Había sospechado que habría cambiado a lo largo de los años y de criar a dos hijos junto a una mujer tan dominante como lo era su madre, que jamás dejaría que eludiera su responsabilidad ni sus sentimientos por ellos, pero jamás habría pensado que a él, que al fin y al cabo no había sido criado por él y que había llegado a su lado como un extraño casi impuesto por las circunstancias, le demostrara el gran príncipe de los súper guerreros tanto amor como lo había hecho, sin apartarse nunca un momento de su lado. Recordaba su primer estupor ante ese comportamiento; no estaba acostumbrado a ser tratado como un verdadero hijo, al menos no por el príncipe de los Saiyans; sin embargo, recordaba muy bien haber estado solo en muchas ocasiones. Eran incontables las veces que había tenido que estar sangrando durante horas, incluso días, hasta que conseguía reunir la fuerza suficiente para arrastarse a su casa y curar sus heridas tratando de alarmar lo menos posible a la madre que le esperaba rogando que nunca más fuese a una batalla. Nunca tuvo entonces sus manos amantes que llegaran a buscarlo bajo la lluvia con una palabra amable para llevarle a lugar seguro, nunca apareció de improviso en medio de una batalla para protegerle del golpe final que su enemigo intentaba darle, nunca fueron sus manos las que expulsaron el dolor de sus heridas tras el combate pero sin rogarle jamás que no fuera a la siguiente porque sabía que su naturaleza guerrera jamás le permitiría dejar de luchar. Pero esta vez, en este tiempo y en este momento, cuando todo caía a su alrededor, él si que había estado allí; no hubo un minuto en el que él le dejara solo en medio de la nada cuando por fin caía dormido o herido antes de correr a su lado, en el que su fuerza guerrera no llegara en su ayuda cuando ya lo daba todo por perdido y fueron sus manos, tan gentiles que le había parecido imposible que pertenecieran a un guerrero, las que curaron sus heridas y ahuyentaron sus miedos lejos de él. Con su padre había podido, por primera vez desde que tenía uso de razón para comprender que estaba solo frente a los enemigos del mundo, ser el niño que jamás pudo ser; había permitido que él viera las lágrimas que durante décadas había escondido de todo el mundo, incluso de su madre, había dejado que sus brazos se llevaran todos su miedos durante las otrora noches de insomnio o pesadillas y le había permitido, de hecho le habría rogado de haber sido necesario, que le acunara en sus brazos y le convenciera de que todo iba a estar bien porque él jamás dejaría que nada le tocase de nuevo. Y él, por primera vez desde que podía recordar, se permitió creer; creer que podía ser feliz de nuevo, que podía ser salvado, que podía ser el protegido mientras eran otros los que, con su ayuda o sin ella, tomaban en sus manos la obligación del control del universo. Creyó, como todos los niños piensan hasta que la realidad se impone, que su padre era todopoderoso y que no habría nada que su amor por su hijo perdido no pudiera arreglar. Creyó que aquel sueño en forma de viaje en el tiempo, con un padre que le adoraba por encima de todo y de todos, una madre feliz y despreocupada y unos hermanos con la edad de ser sus hijos que le adoraban, podía ser posible para él. Y durante el tiempo que el espejismo fue realidad, fue verdaderamente feliz y, por eso, estaba agradecido. Pero el sueño tocaba a su fin; el gallo había cantado y era la hora de despertar. Parecía que, después de tantos años de espera, de lucha ininterrumpida y de sufrimiento sin sentido habían terminado, pero el protector del universo había sido un iluso al pensar que podía haber hallado la paz en un tiempo y en un lugar en el que él no estaba destinado a existir y en los que solo su deseo le había emplazado. Uno se podía acostumbrar muy fácilmente a ser amado; él lo había hecho y ahora tenía que pagar el precio. Aquel tiempo con su familia al cuidado de su padre había sido un regalo perecedero que había tocado a su fin y, en aquel momento y en aquella hora en la que la muerte llamaba a su puerta con mano de hierro solo podía pensar en acudir a su llamada salvando con ello una vez más las vidas de aquellos que le habían dado la felicidad que el cielo a cuya puerta llamó con ella no quiso concederle que fuera duradera.
Vegeta, Bra y Trunks no se dieron cuenta de cómo Mirai ponía uno sobre otro los cadáveres de sus enemigos, demasiado preocupados por el comportamiento del líder enemigo. Adrien sabía que no sobreviviría para ver el siguiente amanecer; ni siquiera otra hora si los Saiyajin volvían a llevar a cabo una estratagema parecida. Pero no le importaba morir ahora que había conseguido su venganza. Había visto a Mirai caer herido y tenía a su alcance a los otros dos niños. Alcanzaría su venganza, aunque le costara su vida. Y no dejaría que se le escapase. Así, mientras caminaba al frente de sus tropas justo delante de Vegeta, que esperaba con ansia su próximo movimiento, decidía exterminarlos a los cuatro de una vez por todas.
-¿Qué va a hacer? –se preguntó Trunks-. ¿Por qué se pone en primera línea de fuego después de todo lo que han hecho para protegerle? Es un suicidio.
Vegeta asintió de manera ausente ante las palabras de su hijo. No sabía lo que Adrien iba a intentar, pero, en cualquier caso, nada bueno para ellos. No tuvo límites su sorpresa cuando vio que Adrien comenzaba a rodearse de un aura morada de energía al igual que el resto de su ejército.
-¡Este es vuestro fin, Saiyans! ¡Ahora probaréis en vuestras propias carnes el poder de la venganza de toda una raza! –gritó Adrien, mientras comenzaba a acumular la energía de decenas de soldados en sus manos.
-¡Tenemos que detenerle! –gritó Trunks, al ver lo que se proponía.
-¡Nuestras fuerzas no serán suficientes para contrarrestar la fuerza vital de todo su ejército, estamos demasiado cansados! –le contestó Bra.
-Las vuestras no, pero las mías sí –dijo Mirai a su espalda y, antes de que alguno de ellos pudiera protestar, cogió a Trunks y a Bra por los brazos y les lanzó tras el refugio de cadáveres que había fabricado para ellos.
-¿Qué diablos...? –murmuró Vegeta, mientras su hijo le cogía también por el brazo.
-Protégelos –le dijo Mirai y, antes de que pudiera llevar a cabo la protesta y la maldición que pensaba proferir, le lanzó junto a sus hermanos tras la pared de cadáveres.
-Voy a matar a vuestro maldito hermano y cuando todo esto acabe deseará no haber nacido por ser tan jodidamente irresponsable... –maldijo Vegeta mientras se ponía en pie para ir en busca de Mirai cuando una súbita explosión de energía vital le inmovilizó contra la pared. Vegeta no pudo sino mirar cómo el pelo rubio de su hijo crecía hasta el suelo y sus ojos se tornaban verdes mientras se preguntaba que era lo que su hijo pretendía conseguir convirtiéndose en súper guerrero nivel 3 en el estado en el que se encontraba.
-Mi querido Mirai –rió Adrien al verle frente a él, desafiante-, ¿de verdad piensas que puedes ser rival para mí en tu estado? ¡Pero, mírate! Apenas si puedes mantenerte en pie y tú sabes igual que yo que tu vida se te escapa por la herida que acabas de recibir, aquella que te hicieron salvando su vida...en vano, por supuesto, porque él morirá ahora y vosotros con él. Lo único que tienes para contrarrestarme es tu valentía y, pese a que la aprecio, eso no te servirá de mucho. No podrás hacer nada para vencer mi poder...¡el poder de la justa venganza! –gritó Adrien, mientras en sus manos se formaba un enorme haz de luz morada que concentraba en él la energía vital de los cientos de soldados de Neptus que aún quedaban vivos.
-Puede que esté herido y que mis fuerzas fallen...pero tú no pareces saber de lo que es capaz un hombre desesperado por salvar a los que ama –le dijo Mirai mientras concentraba su energía-. Por ellos, voy a vencerte...y lo haré. Te voy a matar al estilo de mi padre. ¡DESTELLO FINAL!
El haz de luz amarilla que salió de las poderosas manos de Mirai Trunks chocaron en el centro de la sala con el torrente de energía vital morada que encerraba las vidas de cientos de soldados y las ambiciones de Adrien. La tierra gritó en protesta abriendo grietas en sus rocas y haciendo que los cimientos y las paredes del complejo comenzaran a derrumbarse a su alrededor mientras Vegeta intentaba proteger con su cuerpo a Trunks y a Bra mientras fijaba su mirada en el mayor de sus hijos.
Mirai estaba poniendo toda la energía que le quedaba en aquel ataque, pero la pura adrenalina que era lo único que verdaderamente le mantenía en pie comenzaba a fallarle mientras sentía cómo sus rodillas comenzaban a doblarse, presa de la debilidad. No podía fallar ahora, pero estaba al límite de sus fuerzas, jugando con unas bazas que realmente no tenía. Sus vidas dependían de él, pero ya ni siquiera la suya era propia mientras sus heridas abiertas dejaban escapar poco a poco su alma junto a la sangre que manchaba el suelo. Había hecho lo que había podido. Una vez más no había sido suficiente, pero lucharía mientras le quedara una gota de energía pidiendo a la muerte que esperara un minuto más para llevarle consigo.
Vegeta le vio vacilar. Era imposible no ver como cada minuto que pasaba manteniendo aquel ataque en el que había puesto toda su energía vital le arrancaba un poco más de la vida que le quedaba. Pronto su cuerpo diría "basta" y su fuerza de voluntad no sería capaz de aguantar el peso del destello final que demandaba toda la energía que ya no tenía. Y, cuando cayera, incapaz ya de seguir luchando, Adrien le devolvería su propio ataque unido al suyo para darle el golpe supremo mucho antes de que pudiera hacer algo para evitarlo o siquiera llegar a su lado. Necesitaba hacer algo, lo que fuera. Cualquier locura sería entonces mucho mejor que quedarse quieto viendo a su hijo morir a las manos de aquel ser infecto al que había jurado matar.
-Papá, ¿qué vas a hacer? –le preguntó Trunks, viendo en los ojos de su padre el brillo de resolución que tantas veces había visto.
-Protege a tu hermana –le dijo su padre, simplemente, mientras le tendía a Bra y se lanzaba a correr hacia Mirai.
-¡Papá! ¡Vuelve, es muy peligroso! –le gritó Bra, pero era inútil. Vegeta no la escuchaba mientras intentaba con todas sus fuerzas llegar hasta su hijo mayor luchando contra su energía de súper guerrero y las bolas de fuego que surgían a consecuencia de los poderes encontrados de ambos bandos. Sangrando, llegó hasta Mirai y, poniéndose detrás de él, puso sus manos junto a las de su hijo, envolviéndole con sus brazos y añadiendo su propio ataque al del muchacho.
-¡Papá! –exclamó Mirai al sentirle a su lado, mientras Vegeta realizaba su Destello Final que se unía al suyo.
-¡No protestes! ¡Y cuando todo esto acabe hablaremos tú y yo muy seriamente! ¡Tienes que dejar de hacer este tipo de cosas, me gustaría mantenerte vivo! –bufó Vegeta. Mirai no replicó, demasiado concentrado en su enemigo para replicar a su padre -. De momento, aguanta un poco más. Si esto sale bien, todo habría terminado.
-No será suficiente. Me faltan las fuerzas –murmuró Mirai, mirando a Adrien. De repente, su mente se iluminó-. Papá, ¿podrás contrarrestar tú solo su ataque durante un momento, por favor?
-Puedo intentarlo –dijo Vegeta-. ¿En qué estás pensando?
-Adrien es el centro del vórtice que concentra la energía del resto del ejército. Si logro hacerle vacilar un solo momento, será suficiente para que se rompa un instante el ataque y nosotros tomaremos la delantera. Solo aguanta un minuto, papá –dijo Mirai, con una media sonrisa. Vegeta asintió y, mientras Mirai detenía su ataque, concentró todas sus fuerzas en mantener a raya el ataque de Adrien, aunque debía reconocer que le parecía casi imposible. Apenas podía entender como Mirai podía albergar la suficiente energía en su interior para haberlo bloqueado él solo tanto tiempo. Le miró con renovado orgullo mientras le veía poner dos dedos en su frente y lanzar el ataque Tinieblas de Piccolo, que sin duda le habría enseñado Gohan mucho tiempo antes, hacia Adrien para volver inmediatamente a ayudar a su padre con el Destello Final. Ambos observaron con ansiedad cómo el ataque se dirigía directamente hacia el pecho de Adrien que, con sus manos extendidas para contrarrestar el ataque de ambos se encontraba obligatoriamente inmóvil y a su merced. Si se movía para esquivarlo, Vegeta y Mirai le devolverían su propio ataque junto con el Destello Final, aniquilándole a él y a la totalidad de su ejército sin duda alguna. Si mantenía su ataque, el de Mirai le golpearía y le mataría, acabando igualmente con su oposición. Su ejército había concentrado todas sus fuerzas en darle energía, no podían moverse para protegerle, estaba solo. No podía permitir que ninguna de las dos cosas pasara, pero Adrien veía como su fin se acercaba inexorablemente mientras Mirai y Vegeta aún aguantaban su envite. El tiempo se acababa.
Mirai y Vegeta vieron entonces como Adrien separaba una mano de su ataque y la utilizaba para reflectar lejos de sí las "Tinieblas" que Mirai le había lanzado, demasiado débiles acorde a su estado. Había sido un instante. Parpadear hubiera tomado más tiempo, pero había sido suficiente. En el momento en el que vieron a su enemigo apartar su atención un solo momento, a la vez, pusieron todas las fuerzas que les quedaban en su ataque y sobrepasaron el de Adrien mucho antes de que pudiera darse cuenta de su error. Entonces, una súbita explosión separó a Vegeta de su hijo mientras Adrien y su ejército eran reducidos a polvo por la fuerza infernal unida de aquellos dos ataques que podrían haber destruido el universo.
Mientras Vegeta recuperaba la plena consciencia después de que la explosión le hubiese dejado completamente mareado durante algunos minutos, lo único que supo es que su hijo no estaba en sus brazos. No oía los gritos de agonía de sus enemigos, ni sentía el fuego a su alrededor quemándole la piel; ni siquiera se daba cuenta de que la amenaza que se había cernido durante tanto tiempo sobre las cabezas de sus hijos había llegado a su fin al convertirse Adrien y su ejército en polvo. Solo sentía que su hijo herido estaba lejos de él y ni siquiera sabía dónde y en qué condiciones. Levantándose con dificultad, miró frenéticamente a su alrededor mientras un extraño sentimiento de agonía tomaba hogar en la boca de su estómago al mismo tiempo que oía los gritos de felicidad de sus otros dos hijos que se le antojaban como un mal presagio de una victoria que se anuncia demasiado pronto. Su mirada finalmente se posó en Mirai que se encontraba tumbado boca abajo en una esquina dentro del charco que habían formado sus propias heridas.
-¡Mirai! –le llamó Vegeta, pero no obtuvo respuesta. Él permanecía quieto, demasiado quieto, mientras su padre corría hacia él. Se arrodilló junto a su hijo y le dio la vuelta, viendo que estaba consciente pero demasiado débil para hacer ni un solo movimiento mientras sus manos se cerraban sobre la herida de su estómago que sangraba profusamente. Vegeta miró a sus grandes ojos azules que le miraban esperando consuelo mientras luchaba por seguir respirando al menos una vez más. Vegeta se esforzó en dejar escapar una pequeña sonrisa de aliento mientras le ponía en su regazo y trataba de apartar sus manos de su herida.
-Siempre supe...que iba a morir así...pero nunca pude llegar a imaginar que...tendría la merced de hacerlo en tus brazos –susurró Mirai. Vegeta negó con la cabeza mientras su corazón se encogía al darse cuenta de la gravedad de la herida de su estómago.
-No digas tonterías, tú no vas a morir. Solo tienes que aguantar un poco más, ahora ya todo ha acabado y yo voy a cuidarte, ¿de acuerdo? –le dijo Vegeta, acunándole en su regazo, tratando de detener la hemorragia con sus manos ahora desnudas de sus guantes que la sangre había teñido completamente de rojo.
-Papá...no nos mientas a los dos negando lo evidente.
-¡No! ¡He dicho que no vas a morir y no lo vas a hacer! ¡Trunks, Bra, id a buscar a Gohan y traedlo aquí inmediatamente! –le gritó Vegeta a sus dos hijos pequeños. Ellos asintieron y corrieron hacia donde notaban la energía vital de Gohan sin perder un momento-. Gohan es médico, él lo arreglará y tú estarás bien.
-Gohan es médico pero no hace milagros –susurró Mirai-. Supongo que este es mi fin...Ironías del destino...He pasado tantos años rogando a la muerte que me llevara consigo sin obtener respuesta...y ahora, que he decidido seguir viviendo, responde a mi llamada...
-¡No! No creas eso, el destino no está escrito en piedra, puede ser cambiado. Tú puedes ser feliz, sólo déjame salvarte, por favor –le rogó Vegeta, mientras Mirai le dedicaba una débil sonrisa.
-Pero, ¿tú no entiendes que ya me has salvado? ¿No lo ves? Después de la muerte de Andrómeda que se fue a unir a tantas pérdidas, lloré hasta que no me quedaron más lágrimas que derramar. Acabé por no sentir nada. Me volví prácticamente un zombi, una sombra de mí mismo, alguien que pensaba que volver a reír era simplemente una utopía en la que no debía creer. Pero no era así. Tú me enseñaste a vivir otra vez; me hiciste reír, me hiciste sentir protegido y amado de un modo que pensé que jamás sentiría...vosotros me hicisteis feliz, aunque mi estado de ánimo no me ha dejado verlo hasta ahora...solo me arrepiento quizá de no haber reído más. El tiempo que he pasado contigo...ha sido como un sueño hecho realidad, pero que por el espacio y la época en la que me había tocado vivir era imposible que llegara a realizarse hasta este momento. Gracias por darme algunos de los mejores momentos de mi vida, pero no habría pasado si yo no hubiera vuelto al pasado y ahora debo pagar el precio. Gracias por dejarme morir en tus brazos –le dijo Mirai. Vegeta negó con la cabeza.
-No, tú no tienes que pagar por nada. Por todos los diablos, tú eres la persona menos egoísta y más buena que he conocido en la vida, mucho mejor que el Goku que todos se empeñan en loar porque tú has sufrido las consecuencias de tus actos de salvación mucho más que él, si existe Dios o el destino tienen que recompensarte por todo lo que has hecho, por todo lo que has sufrido, no castigarte, no dejarte morir así –le dijo Vegeta, besando sus sienes y maldiciendo a Gohan con todas sus fuerzas por tardar tanto.
-¿Quién dijo que el destino es justo, papá? Tantas veces en el pasado me he preguntado si vosotros estaríais bien...si de verdad conseguí para vosotros una vida mejor que la que os esperaba, una vida feliz...una existencia en paz donde os diera tiempo a mamá y a ti a disfrutar de vuestro matrimonio...si el pequeño mini yo con el que jugué habría crecido en paz, inocente de todo lo que yo tuve que pasar...o si habría cambiado con mi presencia la línea temporal para peor, si es que eso era posible. Qué habría sido de vosotros fue siempre un recurrente pensamiento y ver que todo lo que sufrí, que todo lo que hice no fue en vano me ha dado mucha paz... Siempre deseé, para ti y para tu familia, un destino mejor que el mío y que fuerais siempre más felices de lo que yo nunca pude ser. Lo habéis logrado y yo he podido tener la fortuna de venir a salvaros una vez más para que vosotros, mi familia, tu familia, podáis seguir teniendo la vida que siempre deseé para vosotros –murmuró Mirai. Súbitamente, con un movimiento lento, cogió la espada que había asegurado en su vaina colgada como siempre a su espalda antes de ir al rescate de su padre momentos antes, y se la tendió a su padre. Vegeta cogió la espada, inseguro, pero la dejó a su lado en el suelo para poder seguir abrazando a Mirai sin ningún impedimento-. Quiero que la tengas tú. Como tú me dijiste una vez, es lo único realmente mío que puedo darte. La he tenido desde antes de que pudiera recordar y quiero que la persona más importante para mí la tenga, como recuerdo. Por favor, cuida de ella. Ha sido mis más fiel compañera durante toda mi vida.
-La seguirás teniendo tú porque no vas a ir a ningún sitio. No hables como si tú no importaras, siempre haces lo mismo y no lo soporto –bufó Vegeta.
-Es que vosotros sois los que importáis...al fin y al cabo, yo soy un advenedizo, en este tiempo, espacio y en vuestra familia... –dijo Mirai.
-Da gracias de que estás en este estado o ahora mismo te partiría todos los huesos del cuerpo por atreverte a insinuar algo así. Tú nunca has sido un extraño en nuestra familia, siempre has sido parte de ella. Es cierto que yo no te he visto nacer, ni te he tenido en mis brazos cuando fuiste un niño, pero desde el momento en el que volviste al pasado para luchar contra los androides y Piccolo descubrió tu identidad, te sentí como mío, porque eres parte de mí, de mi carne, de mis huesos, de mi esencia...da igual de qué tiempo vinieras, lo que hubieras pasado o como te hubieras criado, desde el mismo momento en el que supe de ti te quise con toda mi alma...de manera muy peculiar al principio como bien pudiste observar –rió Vegeta tristemente-. No puedo explicarte con palabras el dolor que sentí cuando te vi morir en la batalla contra Célula...fue como si me hubieran arrancado de cuajo una parte de mí. El recuerdo de tu cuerpo ensangrentado en el suelo ha embrujado mis sueños desde entonces, porque tú viviste de nuevo, pero el dolor, el pánico de simplemente llegar a imaginar que eso pudiera volver a pasarte es insufrible. Cuando volviste a la vida, estuve tentado a destruir esa máquina del tiempo para que nunca pudieras volver a apartarte de mi vista ni un solo segundo, pero claudiqué porque pensé que tú tendrías una vida feliz en el mundo que solo tu fuerza de voluntad había salvado porque te juro que si yo hubiera llegado a saber lo que iba a pasarte, jamás te habría dejado marchar de mi lado. Y desde el momento en el que te fuiste, no hubo un solo día de mi vida en el que no te echara de menos. Tú no eres un extraño, Trunks; tú eres, como tus hermanos, un miembro permanente de esta familia, tan importante como ellos. No soportaría que a cualquiera de vosotros os pasara algo y no aceptaré nunca el hecho de que tú te intentes sacrificar por cualquiera de nosotros, mucho menos por mí. ¿Entiendes? No te me mueras una segunda vez, te lo prohíbo.
-Ojalá, por una vez, pudiera hacerte caso, papá –rió Mirai-, pero haría lo que he hecho hoy millones de veces. No pienso volver a perderte. No puedo. Antes, prefiero perderme yo.
-Trunks, yo soy tu padre y cada vez que te pierdas yo te encontraré. Te lo aseguro, sea mi yo pasado o futuro, yo siempre te encontraré. Pero no será necesario, porque no vas a ir a ningún sitio. De hecho, no pienso permitir que te apartes de mi vista nunca más, con todo lo que eso supone –rió Vegeta, mientras veía como Mirai dejaba escapar un suspiro cansado-. No te rindas, mi pequeño, no...saldrás de esta, ya lo verás...ahora imagina todas las cosas que haremos juntos cuando te recuperes, ¿de acuerdo? Entrenaremos juntos todos los días hasta que consiga vencerte, porque no pienso dejar que mi niño, al que yo tengo que proteger Y NO AL REVÉS –le dijo Vegeta, intentando distraer su mente del dolor, enfatizando la última frase -, siga siendo más fuerte que yo y continua haciendo el kamikaze de este modo tan inconsciente.
-Estaba intentando ayudarte, no haciendo el kamikaze... –comenzó a decir Mirai, pero su padre le silenció poniéndole un dedo en los labios.
-Pero voy a hacerme mucho más fuerte que tú para que la próxima vez que lo intentes...porque bien sabes que para nosotros siempre que permanezcamos vivos hay una próxima vez, pueda detenerte y salvarte yo a ti las veces que hagan falta –le dijo Vegeta. Mirai asintió, demasiado aturdido para comenzar otra interminable discusión sobre quien debía salvar a quine que nunca tenía solución-, inventaremos nuevas formas de librarnos de la horrible cocina de tu madre mientras tus hermanos le roban la cartera para que podamos pedir unas pizzas...Irás a esa universidad en la que tanto deseas estudiar y les demostrarás a esos estúpidos terrícolas que tú eres mucho más inteligente que todos ellos juntos porque, al fin y al cabo, eres mi hijo, la inteligencia y la belleza te vienen de casta.
-Me gustaría saber qué tiene que decir mamá con respecto a eso..-rió débilmente Mirai ante los intentos de su padre de enaltecer su ego a través de él.
-Oh, tu madre intentaría llevarse todos los méritos de lo bien que nos has salido, aunque ella sabe, como lo sé yo, que de todos mis hijos tú eres el más se parece a mí sin duda alguna.
-¿Más que Trunks? Recuerda que al fin y al cabo somos la misma persona.
-No digas tonterías, sabes perfectamente que desde el primer momento en el que pusiste un solo pie en el pasado dejasteis de ser los mismos y es obvio que tú te pareces más a mí que él. Y, ahora que estamos solos, te confesaré que tú siempre has sido un poquito más especial para mí que tu hermano, pero no se lo digas.
-Eso es una total y absoluta mentira, papá. Te he visto con él y sé perfectamente que le ADORAS, no le cambiarías ni un solo pelo de la cabeza, estás convencido de que es perfecto –gruñó Mirai. Vegeta dejó escapar un bufido ofendido.
-Soy su padre, por supuesto que pienso que él es perfecto, como también creo que tú eres perfecto y que Bra lo es, eso no cambia nada –dijo Vegeta. Mirai le lanzó una mirada incrédula-. Vale, admito que tú no eres más especial que ellos para mí, eres exactamente igual...amado y querido por encima de todo y de todos. Solo quería que mi hijo herido se sintiera un poco mejor. ¡Eso no es un pecado! ¡Y si lo es, me importa un carajo!
-Ya sé que me quieres, no hace falta que hagas eso.
-Pero no te puedes hacer siquiera una idea de cuánto.
-Admite que te gustaría más que yo me pareciera a Trunks que que él se pareciera a mí.
-No es eso, solo...desearía que tú hubieras tenido su paz y que hubieras crecido tan feliz como sé que lo fue él...Cuando era niño, la única lucha seria a la que tuvo que hacer frente fue a la pelea contra Boo y él nunca estuvo solo mientras duró...Además, al fin y al cabo, el estúpido de Kakarot y yo lo arreglamos en un par de días y todo volvió a la normalidad como si nada hubiera pasado. Después de eso, todo estuvo tranquilo hasta que comenzó la aventura de las bolas de dragón negras con todo lo que de ella se derivó y entonces ya era todo un adulto, tenía siete u ocho años más de los que tú tenías la primera vez que viniste al pasado para matar a Freezer y a su padre con todo lo que ya habías sufrido...Solo me hubiera gustado que hubieses tenido las circunstancias de las que él disfrutó, así de simple...pero no te cambiaría por nada ni por nadie.
-Bueno, tú te asegurarse de que pudiera vivir en paz.
-No, tú te asegurarse de eso cuando viniste al pasado, primero a avisarnos de la llegada de los androides y luego a luchar junto a nosotros porque, no fuera por ti, yo habría sufrido el mismo destino que tu...que mi yo futuro y él habría tenido que pasar por tus mismas desgracias –dijo Vegeta, negándose en redondo a dirigirse a otro hombre, aunque fuera su otro yo, como el padre de su hijo. Mirai era tan suyo como Trunks y Bra, era su hijo y de nadie más y no dejaría que ningún otro, ni siquiera aquel despreciable yo futuro que se atrevió a morirse y a abandonar a su niño frente a tamaño destino se alzara con un título que tan solo a él pertenecía.
-Estoy tan cansado, papá...Miro hacia atrás y solo veo una lucha tras otra, batallas sin fin que no acaban nunca...Incluso en épocas felices, cuando estaba con Andrómeda y mamá, siempre tenía que estar despidiéndome de ellas cuando me iba por si nunca volvía a casa. Pero tenía que luchar; yo era la única esperanza que muchos tenían para sobrevivir, pero ahora siento que ya no me quedan fuerzas. Al menos ninguno de mis enemigos, después de que venciera a los androides, me vio jamás caer. Ni siquiera Adrien...nunca sabrá que llegó a cumplir una parte de su venganza conmigo, pero me consuela que nunca haya llegado a tocar a mis hermanos. Espero que al menos nuestros antepasados se sientan orgullosos de lo que ha podido hacer el último de su raza.-suspiró Mirai, mientras Vegeta besaba su frente, tratando de encontrar las palabras adecuadas para darle ánimos mientras su propio sufrimiento nublaba su entendimiento-. Papá... ¿crees que mi familia futura también podrá encontrarme? ¿Crees que ahora, cuando me muera, me encontraré con ellos? ¿Contigo, con mamá, con Gohan...con Andy? Estoy en una dimensión diferente a la que murieron ellos y no sé si los encontraré en el otro mundo. Papá, no quiero estar solo, no quiero dejarte...tengo miedo –susurró Mirai. El dolor nublaba sus sentidos y sentía cómo la oscuridad y el frío comenzaban a rodearle como un aviso de lo que se avecinaba. Solo los fuertes brazos de su padre le daban calor. No quería volver a estar solo, no quería separarse de él y, mientras el pánico se apoderaba de él comenzaba a sentirse de nuevo como un niño pequeño, solo y asustado, que corre a los brazos de su padre buscando un comfort que podía darle aquel que creía todopoderoso. Pero esta vez no era así; él ya no tenía todas las respuestas. No podía tenerlas.
-Lo averiguarás dentro de mucho tiempo, mi pequeño, no tengas miedo, yo estoy contigo –le dijo Vegeta, hablándole como si de un niño se tratara, sabiendo perfectamente que su mente en aquel momento no podría registrar mucho más. Mirai asintió, pero sus ojos se perdían en la lejanía de la nada, en un punto perdido en el espacio entre el coma y la inconsciencia. De repente, ante sus ojos apareció una densa niebla y varias figuras, difusas al principio, comenzaron a tomar forma. Mirai abrió los ojos, sorprendido, cuando reconoció en aquellas figuras los rasgos de sus padres, los Vegeta y Bulma del futuro.
-¿Mamá? –preguntó Mirai a la nada. Vegeta, que le sostenía, siguió la mirada de su hijo, sin encontrar nada.
-Tu madre no está aquí, hijo, estás delirando... –le dijo Vegeta, besándolo en la frente, pero Mirai negó con la cabeza y siguió mirando a la figura de su madre, que le sonreía desde su posición.
-Cariño, has sido tan valiente...estamos muy orgullosos de ti. ¿Verdad, Vegeta? –dijo Bulma, mirando amenazadoramente a su marido que chasqueó la lengua con gesto de fastidio.
-Sí, claro. Date prisa, mocoso, tengo que seguir entrenando para vencer al estúpido de Kakarotto –bufó el Vegeta del futuro.
-Vegeta...sabía que tenías una obsesión con Goku, pero no esperaba que siguiera dominando tu existencia también en el otro mundo –rió Mirai. Vegeta, que no oía ni veía nada de lo que su hijo presenciaba, lo tomó por delirios y siguió acunándole intentado devolverle a su realidad, sin conseguirlo, mientras veía como los ojos azules de Mirai se llenaban de lágrimas mientras otra figura, con la que había soñado tantas veces en los últimos años, se aparecía frente a él intangible, traslúcida, serena, sonriéndole como en el mejor de sus sueños-. Andy...
-Te dije que vendría a buscarte cuando llegase tu momento –dijo ella, sonriendo.
-Te he echado tanto de menos... –murmuró Mirai.
-Ya lo sé, cariño...hubiera deseado que este momento no tuviera que llegar tan pronto para ti, pero de ahora en adelante siempre estaremos juntos. No te preocupes, mi niño...todo va a estar bien...un momento de dolor y todo se acabará –dijo Andy.
Mirai vio la figura de su esposa arrodillarse junto a él e intentó alzar su mano para tocarla, pero no lo consiguió. Vegeta siguió observando el lugar donde miraba su hijo sin ver nada y siguió juzgando sus visiones como un producto de su imaginación cuando un viento súbito le azotó el rostro y le hizo reconocer las auras de Bulma, de Andrómeda y la suya propia, aunque algo distorsionadas, como si fueran otras personas pero su esencia, de algún modo, permaneciera en ellos. Entonces supo que Mirai no estaba delirando, que él los veía y solo acertó a abrazarle más fuertemente contra su pecho, asustado súbitamente de que quisieran apartar a su hijo herido de sus brazos.
-¿Qué está pasando? –acertó a preguntar Vegeta entre dientes.
-Han venido a buscarme...ellos han venido a por mí...mi momento ha llegado. Debo irme... –le contestó Mirai. Vegeta cogió a su hijo en brazos y se apartó lo más posible de aquel lugar, temiendo que aquellos seres, fuera lo que fueran, efectivamente se lo llevaran. Pero se dio cuenta de que no serviría de mucho cuando vio como unos dedos invisibles, los dedos del alma de Andrómeda, jugaban con el pelo ensortijado de Mirai.
-¡NO! ¡ES MI HIJO! ¡NO OS LO LLEVARÉIS! ¡NO DEJARÉ QUE OS LLEVÉIS A MI HIJO! –gritó Vegeta, mientras lágrimas de impotencia y de rabia corrían por sus mejillas. Mirai se volvió a hacia él con una media sonrisa en el rostro. El dolor se había ido y con él, el frío había desaparecido. Ya no podía sentir nada. El momento del adiós había llegado. No quería dejarle así, pero tenía que partir. No podía seguir luchando contra la muerte que ya le esperaba. Solo unos minutos más para despedirse le eran concedidos y no podía desperdiciarlos. Alzó la mano para acariciar la cara de su padre, pero apenas pudo levantarla un palmo del suelo con las pocas fuerzas que le quedaban pero su padre, adivinando su intención, cogió su mano y la puso en su propia mejilla, dejando que Mirai limpiara sus lágrimas.
-No llores por mí, papá...yo estaré bien...quiero que...seas feliz por mí. Por favor, sé muy feliz –susurró Mirai. Vegeta negó con la cabeza.
-Sin ti no seré nunca feliz. No seguiré adelante sin ti. Yo te quiero, por favor, no te me mueras, te lo ruego –murmuró Vegeta.
-No te preocupes, papá, todo irá bien –dijo Mirai, mientras se apoyaba en el pecho de su padre, sin dejar nunca de ser abrazado por él-. Algún día, nos volveremos a ver; te estaré esperando en ese trocito de cielo en el que los guerreros estamos destinados a ir...hasta entonces, te echaré de menos, papá. Yo también te quiero...
Él quiso decir más, pero el viento se llevó sus últimas palabras. El sonido del corazón de su padre le arrullaba como una nana y, con una última sonrisa en sus rasgos de muchacho lanzado de improviso a la vida adulta, se sumergió en las brumas de la primorosa inconsciencia. Vegeta fijó su mirada en su rostro, asustado, ofreciendo a los dioses que existieran su vida a cambio de la de su hijo mientras se esforzaba para sentir el corazón de su hijo aún latiendo al compás del suyo. Escuchó un latido. Luego otro. Y otro. Pero el siguiente jamás llegó y, exhalando un último suspiro, Mirai Trunks Vegeta Briefs falleció en los brazos de su padre.
-¡NO!¡NO! ¡HIJO, REACCIONA! ¡MALDITA SEA! ¡GOHAN! –gritó Vegeta, mientras abrazaba a su hijo con todas sus fuerzas, como si así pudiera retenerle a su lado. En ese momento, Gohan, Bra y Trunks, con signos inequívocos de haber entablado una batalla con los restos del ejército de Adrien, aparecieron en la sala -. ¡GOHAN, VEN AQUÍ Y HAZ ALGO, MALDITA SEA, SE ESTÁ MURIENDO!
Gohan corrió a su lado y comenzó a examinar a Trunks, dejando que Vegeta le sostuviera aún en su regazo. Pero, pese a que quiso encontrar otra explicación, no pudo hallarla. Buscó en vano su pulso en su cuello, en sus muñecas, el latido de su corazón en su pecho, pero no lo encontró y dejó escapar un triste suspiro antes de volver la mirada a los ojos ansiosos de Vegeta.
-¡POR LO QUE MÁS QUIERAS, GOHAN, DIME QUE NO ESTÁ MUERTO! ¡DIME QUE PUEDES HACER ALGO POR ÉL, DIME QUE LE VAS A SALVAR, POR FAVOR! ¡POR FAVOR! ¡SALVA A MI HIJO! –le suplicó Vegeta, entre lágrimas. Por toda respuesta, Gohan se inclinó sobre Mirai y dio un último beso en la frente al que consideraba su hermano antes de cerrar para siempre sus ojos azules ya sin vida.
-Lo siento, Vegeta –murmuró Gohan mientras se levantaba llorando y se unía a Trunks y a Bra, que le esperaban ansiosos por recibir noticias. Vegeta le miró sin creerlo. No lo creería. Su hijo no estaba muerto, no podía ser cierto. Su mente no registró el grito angustiado que dio Bra cuando Gohan le comunicó su deceso ni el sonido de los tres muchachos llorando a la par el destino de su hermano común. Su hijo no podía estar muerto. Se negaba a aceptarlo.
-Trunks, despierta. Despierta, por favor, por lo que más quieras, no te vayas, no me dejes, Mirai, no me abandones...Vuelve…vuelve –suplicó, pero no recibió respuesta. El cuerpo frío de Mirai fue su única realidad y, mientras lo abrazaba cubierto en lágrimas, el otrora invencible príncipe Vegeta dejó escapara un grito de padre herido que sacudió los mismísimos cimientos de aquella tierra ingrata que se había llevado lo que más quería antes de caer de rodillas sobre el pecho de su hijo fallecido para llorar su muerte hasta que no le quedasen más lágrimas que derramar -.¡MIRAI! ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!
¡Oh, Dios, oh Dios, he matado a Mirai Trunks! Nunca me lo perdonaré. Mi pobre Vegeta...si fuera real estoy segura de que ahora mismo estaría pateándome el culo por esto. Menos mal que no lo es...Es la primera vez que me alegro de que no lo sea.
Ha pasado tanto tiempo, amigos míos. Me siento realmente avergonzada del tiempo que ha pasado sin que actualizase el fanfic sabiendo que muchos de vosotros lo estabais esperando, pero tantas cosas han pasado...La muerte de mi abuelo Santos, el único que he llegado a conocer, hace un par de meses, me dejó devastada, mucho más después de tantos años de lucha (7 años para ser exactos, toda mi adolescencia) y de la forma en la que lo hizo que no he podido reunir las fuerzas para ponerme a escribir hasta hace muy poco tiempo, mucho más sabiendo como sabía cómo iba a terminar este capítulo. Cuando comencé el fanfic, ideé su principio y su final sin saber muy bien que era lo que iba a ocurrir entre medias, por lo que sabía muy buen cual era el rumbo que este capítulo iba a tomar y en mis circunstancias actuales me resultó francamente muy difícil poner mis pensamientos por escrito. De hecho, el epílogo que sigue a este capítulo (que ya está completamente escrito y que subiré en un par de días) fue escrito mucho antes de este capítulo, ya que me resultaba mucho más fácil, pero no podía postearlo antes del propio capi. Pero digo esto porque no quiero que penseis que he decidido que Mirai tenga este final por lo que pasó con mi abuelo...este último capítulo está ideado así desde hace meses. Realmente pienso que es así como deberían terminar las cosas...Mirai no se ha suicidado, quería vivir, pero este no era su tiempo ni su lugar... y selló su muerte en el mismo momento en el que decidió quedarse con Vegeta, pues este no era el lugar donde debería estar y tenía que desaparecer. En su tiempo, no quedaba nada para él; en el presente en el que quiso estar, la visión de su yo pasado siendo feliz con su mujer iría destrozando su alma poco a poco a pesar incluso de la presencia de su padre, pero aún así él quería vivir. Sin embargo, el destino no es justo y todos pagan por sus pecados: Adrien, sabiendo que ha condenado a su raza sin saber si ha conseguido su ansiada venganza, pues Mirai murió después que él; Vegeta, habiendo perdido al mayor de sus hijos y quizá al más especial de todos ellos por sus circunstancias delante de sus ojos y, Mirai, pagó con su vida el pecado de los demás y su propio atrevimiento al volver a un pasado que, aunque era justo para él cambiar, debería haber estado grabado en piedra. Agridulce final para nuestro querido Mirai, pero...¿final? ¿Quién ha dicho eso? Este es el último capítulo, es cierto, pero antes de colgar el cartel de completo falta un epílogo...uno que a mí personalmente me gusta mucho y sabéis perfectamente que Vegeta no se quedará de brazos cruzados dejando a su hijo morir...ya veremos lo que pasa. Pero el epílogo ya está escrito, así que este muy vergonzante para mí imperdonable retraso en la actualización no volverá a ocurrir, lo prometo.
JazO21: ¡Lo siento, lo siento, lo maté! Pero no podía decírtelo, ¿dónde estaría la sorpresa entonces? Prometo que en el epílogo arreglaré muchas cosas (no todo, por desgracia) y que pronto me paso por tu fic, palabrita.
Schala S: ¿Se notaba tanto lo que iba a pasar? Con lo que estaba ocurriendo con los Trunks y Andrómeda del pasado, la posición de Mirai en el presente se había vuelto harto complicada y en su futuro ya ves como iban las cosas...Pero tampoco creo que haya encontrado consuelo en la muerte...No ha sido un suicidio, solo quería salvar a su padre, como creo que habríamos hecho cualquiera en su lugar, es instintivo...Simplemente, creo que Mirai se condenó cuando decidió quedarse, porque no era ni su momento ni su tiempo y, quizá sea su destino morir cuando era por fin feliz en vez de solo en un futuro ingrato, pero eso ya lo veremos en el epílogo, ¿de acuerdo? Sobre lo de Adrien/Vegeta, es cierto que es contradictorio, pero así son las emociones humanas, muchas veces devastadoras...comparto tu visión sobre la venganza, pero no todos los personajes tienen la misma fuerza o moral para tener la misma reacción. La contraposición Mirai/Adrien, casi más que la de Adrien/Vegeta, creo que es bastante reveladora...Mirai salió adelante, aunque el pasado fuera aún demasiado doloroso para él, pero Adrien dejó que la venganza le consumiera hasta la locura. Dos visiones distintas, enfrentadas y en las que la moral de Mirai ha triunfado, pese al final, ya que Adrien no consiguió nunca su objetivo de ver a Vegeta enfrentarse con la muerte de su hijo, aunque no lograra sobrevivir a esa batalla. ¿Me respetas como escritora? No sabes lo feliz que me haces, espero que no te haya decepcionado, pero juro que el epílogo es mejor.
Edoras: Jaja, si pensabas que el anterior capi era largo, imagínate este...tenía unas cincuenta páginas de word...pero simplemente no podía dejar de escribir las ideas que tenía en la cabeza y de alguna manera os tenía que recompensar por tan larga espera.¡Espero que te haya gustado!
Shadir: Tienes razón en que Vegeta era un esclavo que debía obedecer, aunque conociendo al Vegeta de la saga de los Saiyans no creo que hubiera puesto muchos reparos, pero en fin...el punto de esa conversación es que para el que lo ve desde fuera, las cosas parecen mucho más fáciles de lo que en realidad son...a Adrien no le importa si Vegeta era utilizado o no, no le importa lo que pensara, sufriera o añorara en el momento en el que atacó su planeta, lo único que sabe es que lo hizo y por ello quiere vengarse. No se detendrá en más consideraciones, solo se quedará en la superficie. Además, claro que no sabe por lo que pasó Vegeta...Mirai dijo en algún capítulo anterior que la conciencia de Vegeta sería su peor enemigo y de verdad lo pienso...oír noche tras noche los gritos de tus víctimas en tu cabeza cuando ya has cambiado tu moralidad y ver sus cadáveres en tus pesadillas debe ser uno de los peores castigos que puedo imaginar...Pero claro, ellos no lo saben...Les han estado vigilando, es cierto, pero todo lo que has señalado ya ha pasado y no creo que sean cosas como para que la familia de Vegeta las esté comentando diariamente para que sus espías las conocieran...además, tampoco le hubiera importado a Adrien, su idea de venganza dio un paso de no retorno hacia la venganza desde hacía mucho tiempo atrás. Siempre pensará que lo que ha sufrido Vegeta no es suficiente para todo lo que merece. El deseo de venganza le devora vivo, hasta el punto de atacar inocentes, esto es Mirai, Bra, Bulma y Trunks, y con ellos a todos su compañeros sabiendo y reconociendo como lo hace que ellos no tuvieron culpa ninguna en lo que pasó hace más de treinta años. ¡Espero que te guste este capi!
Chibi-nina: ¡Oh, he leído un montón de historias de imperios antiguos! De hecho, estudio historia en la universidad Complutense de Madrid, pero en realidad estudio historia y literatura por mi cuenta desde que tenía 10 años. He estado interesada por la historia desde que puedo recordar, así que creo que ya está tan intrínseca en mi alma que se mezcla con mi vida cotidiana. ¿Tanto se nota? Verdaderamente no me doy cuenta. En una cosa quizá, en el plan estratégico que Mirai y Vegeta desarrollan a lo largo de la historia. La habilidad de sobrevivir que ambos han tenido que llevar a cabo les ha convertido en excelentes estrategas, porque ambos tuvieron que aprender a sobrevivir cuando no tenían la fuerza suficiente para ganar, Vegeta cuando estaba a las órdenes de Freezer y Mirai cuando luchaba contra los androides antes de poder vencerlos. No quería hacerlos depender de la fuerza bruta porque esta rara vez funciona. Su mayor poder reside en su cerebro y es algo que quiero reivindicar. Espero haberlo conseguido. ¡Hasta la próxima!
Freiya: Lo siento, lo siento, lo siento, le maté, pero el epílogo lo explicará, lo juro. Ya sé que debes estar encaminándote hacia Madrid ahora mismo para secuestrarme y torturarme hasta que le resucite, pero ya te dije que esto iba a pasa y el que avisa no es traidor. Espero que te haya gustado, amiwis!
Saijclio: Tanto tiempo sin hablar contigo, mi querida amiga...espero que algún día leas esto, de verdad me importa mucho tu aprobación. Nos vemos pronto.
Gracias a todos por vuestras reviews: a todos los anteriores, a chivis, Cristii, selena1 , sabrinadragonlady, neferet, Elena, TripleG, IsabelCordy, aiglerocio, Shole, hyugahinata03, Miskimina, Dioxa, aledbz, Saiya Elite, lost saiyan princess, Sabaku no Rei y a todos los que dejen review en el próximo. Muchos besos
P.D.: ¡POR FA, REVIEWS! ¡REALMENTE QUIERO SABER LO QUE OPINÁIS DE ESTE CAPI!
