¡Tarde una eternidad en hacer esto! Está hiperlargo igual xD así que no se pueden quejar. Pensaba en dividirlo en dos caps pero ya tengo un machete de qué pasa en cada cap así que era o sacarle partes o dejarlo largo. Y aquí lo tienen, largo xD

Agradezco a Frany Fanny Tsuki y a erait-san (bienvenida a esta historia :D) por sus reviews n.n

Disclaimer: Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo. Esta historia y los personajes OC me pertenecen.

Cinco más diez por dos

Part XI

Our spring days

La última vez que había realizado ese viaje era un infante y se la pasó todo el tiempo en brazos de su madre y/o de su hermano, tal vez por eso no podía relacionar ese dolor de cuello y espalda con el placentero viaje de su infancia. Incluso podía apostar que antes le había resultado más corto, tal vez por la compañía. Pero no se iba a quejar, después de todo él había decidido que así serían las cosas. A sus quince años estaba viajando hacia Kyoto nuevamente, volvería a la casa de su abuela, donde viviría con su hermano mayor.

Se levantó de su asiento para estirar sus brazos y piernas, el tren era bastante moderno por lo que no se sentía tanto el ajetreo del viaje, más bien parecía un silencioso y veloz recorrido. Fue hasta el pequeño baño y se aseó un poco, pronto llegaría y debía pensar bien sus palabras, porque aunque no le agradaba su hermano ahora viviría bajo su techo y no debía ser maleducado, sobre todo por ser menor y porque no quería regresar a Siberia pronto, o peor: ir a vivir con su padre.

Sin poder contenerse golpeó con fuerza uno de los laterales del baño, estaba tan furioso, no entendía cómo su padre pudo haberle hecho tales cosas a su madre y cómo tan descaradamente, en su cumpleaños número doce, le llamaba diciendo "algún día entenderás lo que hice". ¿Se podía, al madurar, entender por qué una persona engaña a otra? Para él era simple: si no la amó desde el principio, como Minho decía, no debería haberse casado con ella, solteros pero en un acuerdo criarían bien a Hyorinmaru y él…suspiró, de haber sido todo "bien", como él consideraba, no estaría vivo.

¿Debería agradecerlo acaso? ¡Nunca lo haría! Aún recordaba a su madre llorar cada vez que hablaba con Hyorinmaru, porque lo extrañaba, y el muy maldito había elegido quedarse allí, con Minho. No lo entendía. Desde que tuvo raciocinio propio juró nunca más hablarle, jamás lo dejó explicarse, pero tal vez ahora podrían mejorar su situación. Estaba dispuesto a escucharlo, mas aún no creía poder perdonarle.

Escuchó el llamado de la puerta por parte de otro pasajero, supuso, por lo que se apresuró a salir y volver a su asiento. Aún quedaban algunas estaciones, por lo que era mejor dormir.

-.-.-.-.-.-

En la casa que una vez fue de su abuela y ahora consideraba propia, Hyorinmaru se encontraba ordenando el jardín, la noche anterior ya había acabado de acondicionar la habitación de su hermanito, por lo que ahora se daba el lujo de realizar esas tareas domésticas. Si bien no le agradaban, era una de las actividades favoritas de su abuela. Y allí, arrodillado cortando la hierba mala o dando vuelta la tierra de los árboles, podía fingir que su abuela estaba sentada detrás, observándolo. En verdad era un masoquista, ya que pensar aquello le traía mucha angustia hasta el punto de formar un nudo en su garganta.

— ¡Hyorinmaru, a ti sí que te gusta despertar temprano! —bromeó una voz desde la ventana de arriba, el hombre sonrió de medio lado.

— ¡Buenos días, hermanita! ¡Yo diría que a ti te gusta despertar tarde, ya casi es medio día! —bromeó esta vez él, viendo cómo la expresión de la mujer pasaba a una de pánico e iba dentro de la habitación, saliendo luego con una cara de enfado. Él no pudo hacer otra cosa más que reír.

Con los años aprendió a convivir con Sode, ambos encontraron cómo llevarse bien mediante el odio que sentían hacia Minho, al cual ninguno le decía "padre". Porque de grandes fue más el odio que sintieron, ninguno de los dos entendía qué llevó a ese hombre a hacer tal cosa y este más que explicarse repetía una y otra vez la misma frase: "cuando crezcan lo entenderán". Bueno, ya tenían veintisiete años, ambos, y aún no lo entendían.

—Hoy viene Toushiro a vivir aquí, ¿verdad? —preguntó más para hacer conversación que por interés, mientras sacaba un poco de comida de la noche anterior y la ponía a recalentar en el microondas—, ¿sabe que yo vivo aquí?

—No es como si fueras una ocupa, estás pagando la mitad de los impuestos y servicios —comentó desinteresado, tal vez su hermanito solo necesitaría un tiempo para aceptarla, tal como él; porque de verdad no quería echarla, además que su prometida lo mataría—. ¿Hoy visitarás al Sogyo no Kotowari?

La mujer lo fulminó con la mirada y él sabía el por qué, los hermanos gemelos de Sode, Kato y Haruka, a sus diez años de edad, tenían una gran imaginación que ella aborrecía porque lo relacionaba a Minho, por lo que detestaba ese juego de espíritus que los gemelos habían creado, sobretodo el apodo.

—Deja de llamarlos así, solo fomentas ese mal comportamiento —protestó, tomando su comida y yendo a su habitación, el hombre trató de pararla pero fue en vano, cuando se enojaba no había quien pudiera con ella.

Suspiró resignado, pero no había nada qué hacer, ese día sería bastante ocupado pues debía ir a almorzar con su prometida y su familia, y luego ir a la estación por su hermanito. Muchas cosas iban a cambiar. Se bañó, se vistió decentemente, sin llegar a lo formal; y salió de allí, no sin antes despedirse de la fotografía que siempre se encontraba en la mesita al lado de la entrada.

—Deséame suerte, abuela.

-.-.-.-.-.-

En la puerta de un lujoso restaurante, dos mujeres se encontraban hablando animadamente, la más joven ponía más entusiasmo a la conversación mientras que la mayor solo le seguía la corriente, aportando lo que podía entre todo el palabrerío de la que era su hija. Al lado de ambas, un hombre se encargaba de espantar a todos con su mirada y su ruda apariencia, después de todo ambas eran su gran tesoro. Arata era muy celoso de Lefiya y no se diga de Tobiume.

—Lamento la tardanza —dijo Hyorinmaru para hacer notar su presencia, aunque no debía disculparse…

—Claro que no, idiota, solo que nosotros llegamos muy antes, por culpa de alguien —dijo Arata, saludando a su futuro yerno con la mano, este le devolvió el saludo y sonrió nervioso porque el comentario molestaría bastante a su suegra.

— ¡Es que tú siempre eres impuntual, y debemos discutir temas importantes! —protestó Lefiya, sacándole la lengua a su marido; ambos jóvenes sonrieron, esperaban tener esa felicidad y complicidad cuando cumplieran los treinta años de casados.

Luego de la pequeña escena que se montaron los padres de la futura novia, los cuatro ingresaron al restaurante y eligieron la misma mesa donde Hyorinmaru, a sus veinte años de edad, le propuso matrimonio a Tobiume, siendo aceptado antes de terminar de hacer la pregunta. Esa ya era su primera anécdota para sus hijos, hablando sobre el día de su compromiso, porque de su noviazgo tenían un montón; habiendo sido su primera pelea por Sode y luego la reconciliación con la ayuda de esta. Ambos pasaron grandes adversidades en su relación, que con el tiempo pudieron superar y ahí estaban, diez años después, a punto de casarse.

El almuerzo transcurrió entre anécdotas, consejos y planeación para los últimos arreglos de la boda. Arata insistía en que en algo tenía que gastar sus ahorros y coincidía con Lefiya que preferían gastarlo en la boda que en viajes, pues Tobiume era su única hija y lo merecía.

Al finalizar, pidieron té para charlar a gusto sobre temas triviales, estando todos los planes listos para la boda, la cual se celebraría a final de ese año.

— ¿Tu madre vendrá? —preguntó Arata, mientras las mujeres estaban en el baño. Hyorinmaru asintió—. ¿Tu padre no? —volvió a recibir la misma respuesta—. Bien, entonces sé firme en tu decisión, porque sabes que mi hija hará un escándalo cuando se entere. Ella cree en eso de las familias unidas y toda la cosa, yo también, pero a diferencia de ella sé diferenciar cuando algo ya se fue al carajo.

Hyorinmaru sonrió, desde el principio ese hombre le ayudó mucho, gracias a Tobiume y su familia fue que no se sintió tan solo con la partida de su hermano y madre; y debía reconocer que sin él no tendría la casa de su abuela, la cual su padre quería demoler porque le traía malos recuerdos, y por petición de Millia, su actual esposa y madre de Sode; grande fue su sorpresa cuando supo que Arata era abogado, y no cualquier abogado, era tan reconocido que se sintió un idiota al no haberse dado cuenta antes, el cual luego de ganar un gran caso decidió retirarse, pero por él volvió a ejercer…y ganó una casa.

— ¿Ya conseguiste dónde trabajar? —cuestionó el padre de la futura novia, mientras bebía un poco de té.

—Sí, por suerte conseguí una buena oferta que no es en el exterior.

Su vida laboral había sido un caos, pues al no tener en claro su futuro no supo qué carrera elegir. Al principio decidió trabajar, pero al ver las pocas oportunidades que tenía sin una carrera, eligió la que más admiración le causaba y estudió abogacía. Fue un gran error, ya que no le llamaba para nada la atención, logró hacer dos años pero luego la abandonó, hasta que finalmente se decidió por diseñador de videojuegos. Fue arriesgado, pues si no era bueno no conseguiría trabajo al recibirse y al entrar allí ya tenía veintidós años, sin embargo la vida le dio más de una oportunidad de ir a trabajar con grandes empresas extranjeras, pero él quería quedarse con Tobiume y ésta con su familia. No los separaría, así que esperó, presentó currículos hasta a las empresas no reconocidas, hasta que recibió una propuesta inesperada hacía unos meses: fue invitado a trabajar para realizar videojuegos para una importante compañía japonesa.

Fue relatándole todo esto a su futuro suegro, quien sonreía al escucharlo, se sentía aliviado ya que no quería que su hija se casara con un hombre sin trabajo. Sobretodo ella ya ejerciendo como enfermera.

Cuando las mujeres llegaron fue hora de retirarse, Tobiume tenía la prueba de vestido en una hora, a la cual irían sus padres, mientras que Hyorinmaru pasaría a buscar a Toushiro. Ésta primero se cercioro que todo estuviera bien, que él supiera el andén al que ir, que la habitación estuviera lista, que los dulces favoritos de Toushiro estuvieran en la nevera y un sinfín de cosas que eran solo detalles, pero a los cuales le ponía mucha atención. Su novia en verdad quería ofrecerle un buen hogar a ese chico, y al fin unir esa familia que se vio rota hacía diez años.

-.-.-.-.-.-

Toushiro se sentía cansado, hasta eso era poco para describir cómo se encontraba; dolor en el cuello, en la espalda y la cintura, las piernas casi entumecidas y por más que moviera su hombro no podía remover la molesta contractura que se había generado. No sabía cómo iba a poder empezar las clases al día siguiente. Solo quería llegar a su casa y dormir.

—Mi casa, eh…

— ¡Oye, enano!

Aquel apodo lo molestó en sobremanera, está bien, admitía que era mucho más bajo que el promedio, pero aún estaba en edad de crecer. Se volteó molesto con la clara intención de enfrentar a su ofensor, pero todas sus ganas se desvanecieron al ver a su hermano, ¿cómo no le reconoció la voz? Tomó su bolso y se acercó a él, estaba bastante cambiado a lo que recordaba, el mayor detalle es que se había cortado su largo cabello, suponía que por no estar en medio de las heladas montañas no lo necesitaba.

—Casi no te reconozco, Hyorinmaru —comentó algo seco, y es que para él su hermano se había convertido en un extraño más.

— ¿Qué forma de saludar es esa? —Se quejó el de azules cabellos, sonriéndole y palmeando su hombro—. Te ayudo con tus maletas, si quieres.

—Solo traje un bolso, mamá te pidió que me compraras las cosas para la escuela aquí —comentó, más por desconfianza que por otra cosa y, al ver cómo éste palidecía, señaló una pequeña tienda de útiles escolares en la estación—. Vamos, antes de que cierren.

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Al llegar a la casa que una vez perteneció a su abuela sintió nostalgia, le hubiera gustado decir que le despertó muchos recuerdos pero estos eran muy vagos. No le sorprendía, pues al fin de cuentas en ese tiempo tenía cinco años, quien le dijera que recordaba claramente todo de esa edad, no le creería. Recordaba nomas que se llevaba bien con su abuela, con sus amigas, con su hermano…

Miró a éste de reojo, estaba tan cambiado, se veía más maduro y de alguna forma feliz. Eso lo hacía enojar, puesto que sabía cómo su madre sufría al no tenerlo, aunque supuso que el hecho de que un hijo se fuera de casa era normal e inevitable, como en su caso.

Al entrar, su hermano le indicó que su habitación era la misma que cuando era pequeño, llegando hasta ella más por memoria física que por otra cosa. Fue hasta allí lentamente, rozando su mano contra la pared al subir las escaleras, observando hacia el lado contrario de donde estaba su habitación, esperando ver a su abuela escondida, aunque obviamente no estaba ahí. Pisó la primer madera del piso frente a su puerta, haciendo que rechinara, eso le sacó una sonrisa; de alguna forma ese lugar no había cambiado.

Desde abajo Hyorinmaru lo veía atentamente, quiso reír cuando lo vio en la estación, su madre le había contado que Toushiro era muy bajo de estatura pero nunca creyó que tanto, era una diferencia muy grande entre ambos, hasta podría apostar que Tobiume era más alto que él. ¡Qué horrible sería su vida en la preparatoria!

—Ya tengo lista la cena.

El hombre gritó al ser tomado por sorpresa, recibiendo la mirada reprobatoria de Sode, se disculpó y justificó con que ella debería estar en la prueba de vestido de Tobiume, aunque no le sorprendía que su novia hubiera mandado a su dama de honor a hacerle la cena a un "pobre niño".

—Es un enano —se burló la de cabellos blancos, volviendo a entrar a la cocina, él la miró feo por ese comentario—, tranquilo, no se lo diré.

—Mejor, ya bastante difícil será que te acepte aquí —dijo antes de entrar a la cocina junto a su hermana—, por ahora déjalo que se instale.

Toushiro estaba acostado en su cama, a punto de dormirse, cuando escuchó el grito de Hyorinmaru, iba a bajar a ver qué sucedía pero descartó la idea al escuchar que hablaba con alguien, supuso que era Tobiume, así que no quiso interrumpir a la pareja. Ahora que lo pensaba, él dijo que vivía con alguien más allí, no recordaba bien a esa chica pero suponía que se llevarían bien, aunque no le molestaba la idea de vivir en su habitación y en la escuela, solo por ello agradecía que fuera doble turno y con suerte más horas por alguna actividad en un club. Las escuelas en Japón eran tan diferentes a las de Rusia…

Un poco más despabilado, sacó su celular y comenzó a mensajear a la única de sus amigas con las que tenía mayor contacto, de pensarlo no podía decir que era con quien mejor se llevaba en su momento, pero ahora le caía bastante bien: Hiyori Urahara, aunque ella se molestaba mucho cuando le decían así, por lo que solo se refería a ella por su nombre o su otro apellido.

"¿Estás despierta?". Envió, siendo algo estúpido de preguntar, ya que recién eran las seis de la tarde. La respuesta no tardó en llegar.

"¿Por qué estaría durmiendo a esta hora, eres idiota o te golpeaste la cabeza?". Rió, quién diría que con los años Hiyori se volvería tan mal hablada.

Siguió enviándole mensajes, más que nada para pactar el encuentro del día siguiente, ya que irían a la misma escuela, y no solo ellos dos sino también Momo y Rukia, aunque la rubia se negaba a hablar de ambas, porque odiaba hacer eso, y siempre repetía que había cosas que solo se hablaban de frente. Temía por esos comentarios y también tenía algo de curiosidad por el motivo tras ese misterio. Pero nada lo prepararía para el día siguiente, sobre todo al gran cambio de su amiga, quien no solo se había vuelto mal hablada…

Nuevamente, se estaba a punto de dormir, sus párpados le pesaban mucho y a duras penas podía mantenerlos abiertos; pero un golpe insistente y fuerte en la puerta lo despabiló. Suspiró pesadamente, tal vez su hermano quería que cenase pero no quería hacerlo, se sentía tan cansado que solo quería dormir. Y eso haría. No respondió, solo cerró los ojos y esperó que su comportamiento no fuera un punto en contra. Recién llegaba después de todo.

Hyorinmaru desistió en el tercer intento, suponía que Toushiro estaría cansado pero no pensó que tanto, le colocaría la cena como almuerzo para el día siguiente, aunque ese no era el problema principal sino la persona que esperaba en la cocina.

―Creo que ya se durmió ―dijo apareciendo, recibiendo una mirada decepcionada de su hermana―. Vamos, no te deprimas, mañana probará tu comida en el almuerzo.

―Pero yo lo quería ver envenenarse enfrente mío ―comentó la mujer, irónicamente, ya que ella consideraba su comida de mal gusto, aunque no hacía nada para cambiarlo. Dejó por un momento su comida de lado―. ¿No sería mejor que me fuera? Es decir, ya tengo veintisiete, no puedo seguir viviendo con mi hermano mayor.

―No hables como si fuera tu padre. Yo no te mantengo y, sinceramente, con los gastos de la boda y el hecho de que recién esta semana comenzaré a trabajar, no puedo pagar esta casa solo ―dijo convincentemente, tratando de persuadirla, aunque sabía que ella no lo decía por sentirse fuera de lugar, sino para ahorrarle el estrés al adolescente recién llegado―. Él lo entenderá.

― ¿Cómo, como tú hace años? Te recuerdo que eras mayor que él ―objetó, ya habiendo cambiado su humor, alejando el plato de sí―. Recuerda que él se fue de aquí pensando igual que tú, que yo era la otra hija de tu padre, que por mi culpa tu familia se rompió. Esa herida, jamás cicatriza y no espero que un niño la comprenda. Mañana me voy.

Sode dijo aquello en un arrebato de furia, levantándose y yendo a su habitación, no dándole lugar a replicar. Hyorinmaru quiso enfadarse pero no pudo, no iba con él, tomó su plato y comenzó a comer. En verdad estaba horrible, rió bajo, ¿y así quería irse a vivir sola? ¡Moriría de hambre en una semana! Ahora que lo pensaba, debería cuidar a sus dos hermanos menores, pues el rencor y odio que Sode tenía dentro, parecía no dejarla avanzar. Y Toushiro…solo esperaba que él no fuera consumido como ella.

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Despertó esa mañana con los ánimos renovados, hasta había estado deseando que su sueño transcurriera rápido. Su madre se sorprendió al escucharla tan animada desde temprano, asumía que era por ser su primer día de preparatoria, Sumomo sonrió y continuó preparando el desayuno, no podía creer que su pequeña hija ya tuviera quince años.

― ¡Buenos días! ―saludó Momo entrando en la cocina, su madre pronto notó su nuevo peinado que consistía en un rodete, le extrañaba esa elección pero no diría nada.

―Buenos días, hija. ¿Estás feliz por iniciar las clases? ―curioseó mientras servía el desayuno.

La joven no sabía si darle la noticia a su madre, porque para ella no supondría nada, sin embargo estaba tan emocionada que no pudo contenerse: ¡Shiro-chan regresaba de Siberia y ésta vez para quedarse! La mayor compartió su alegría y celebró el momento, aunque por dentro un temor crecía y se apoderaba de ella, ¿qué pasaría si él se fuera de nuevo? ¿Y si le rompía el corazón? Además, ¿qué esperaba su hija de él? ¿Lo quería como un amigo o algo más? ¿¡Cuándo Momo creció tanto!?

Lejos de aquel barrio, una rubia despertaba de mal humor, miraba la hora en su celular y renegaba más, levantándose entre gruñidos y arrastrando sus pies hasta el baño. Que la escuela fuera a la mañana era un dolor de cabeza, miró su reflejo en el espejo y renegó de sí misma, aunque el tener poco atractivo femenino le evitó muchos problemas en la secundaria y esperaba se mantuviera así durante la preparatoria. Al menos, suponía que desde ahora ya no tendría que cuidar tanto a Momo. Mientras lavaba sus dientes, se acercó hasta la puerta de su cuarto, donde diez años atrás habían despedido a su mejor amigo, donde eran un grupo inseparable de cuatro, donde creyeron haber formado un lazo irrompible.

Una expresión melancólica apareció en su rostro, una que no permitiría que nadie observara, porque ella ya no era una tímida y tonta niña que se quedaba callada, que miraba todo desde un rincón y esperaba ser protegida.

― ¡Mi niña va a comenzar sus años en preparatoria! ―festejó un hombre mayor de rubios cabellos, al que lamentablemente llamaba papá.

― ¡Sam! ―gritó antes de ingresar nuevamente al baño, escuchando los chirridos de su aliado mientras rayaba la cara de Urahara―. Éste promete ser un buen día ―comentó para sí, escuchando los pedidos de ayuda por parte de su padre.

En uno de los barrios de clase alta, las cosas eran muy diferentes. Para esa hora Rukia ya estaba de camino a su nueva escuela, aunque se tomó el tiempo de desviar su camino para recoger a una de sus amigas, pues su casa quedaba de paso.

Estacionaron y esperó paciente a que saliera, sabía que esa chica era sumamente gruñona en las mañanas pero una vez se despabilaba era una buena compañía. Ésta no demoró en salir, junto con su hermana gemela, quien tenía un uniforme diferente al de ellas, le resultaba curioso el hecho de ser hermanas e ir a diferentes escuelas. Yuzu Kurosaki asistía a una escuela exclusiva para señoritas, mientras que Karin Kurosaki asistiría con ella a la preparatoria local a la que su odioso hermano asistía hace años, menos mal que estaba a punto de recibirse porque ella no lo toleraba. Ichigo era un idiota y siempre le complicaba las cosas demás, provocándola hasta el punto de hacerla cabrear y dejar salir ese lado impropio para un Kuchiki.

―Adiós. ―Se despidió la de cabellos negros de su hermana antes de entrar en el vehículo, dejó salir un suspiro cansino y ella apoyó su cabeza en su hombro, en forma de agradecimiento―. Por favor, dime que no irá a nuestra universidad.

―Si lo hace, creo que me convertiré en monotributista ―bromeó, sabiendo que eso no podía ser, debía heredar la firma de los Kuchiki, pues era la única hija del último líder.

―Por otro horroroso año ―brindó falsamente Karin levantando una copa imaginaria con su mano, haciendo reír a Rukia, quien miró por la ventana para no pensar en eso, sorprendiéndose por lo que sus ojos captaron. Pero pasó tan rápido que creyó que solo fue un invento de su imaginación, pues no era posible que él estuviera allí.

Toushiro caminaba rumbo a la escuela, tratando de esconderse de ese molesto sol con la sombra de los árboles y los techos de las casas, gracias al cielo su camino le dejaba el sol a su derecha. ¿Por qué Japón tenía que ser tan caluroso en primavera? En Siberia ni siquiera se notaba que lo era, y allí no solo el sol lo advertía sino también todas las flores abriéndose. A unas cuadras de llegar a la escuela ya se podía observar el camino cubierto por los pétalos del árbol de Sakura, a él le parecía algo digno de ver, pero todos pasaban como si nada sobre ellas, olvidándose que estaban allí, metidos cada quien en su propio y pequeño mundo, no admirando el magnífico espectáculo que daba la naturaleza.

Él intentaba memorizar cada detalle de aquellos árboles, serían un toque extra en sus dibujos y ella se vería preciosa entre ellos. Suspiró molesto y golpeó su frente con su palma, ¿acaso la primavera había despertado sus hormonas? Momo era su amiga, no podía pensar así de ella, y ni hablar de Rukia y de Hiyori. Tal vez solo era la emoción de verlas nuevamente.

Llegó hasta la entrada, notando todas las miradas sobre él, no le extrañaba pues su altura dejaba mucho que desear y sus rasgos no eran los más comunes tampoco. Entró sin darles importancia, con una expresión seria que lo demostraba, iba a acercarse al cartel donde figuraban las clases correspondientes pero estaba tan atestado de estudiantes que prefirió ir a la sala de profesores, usaría la carta de "soy extranjero y no entiendo qué ocurre aquí" para saltarse cualquier encuentro indeseado, pues con Hiyori ya habían pactado que se encontrarían en la terraza en el almuerzo. Esperó diez años, podía esperar unas horas más.

Ese día cambiarían tantas cosas y él aún no lo sabía, de hacerlo tal vez se habría preparado mejor…

El coche de los Kuchiki estacionó frente a la puerta de entrada, llamando la atención como siempre, para pesar de ambas jóvenes que no gustaban de llamar la atención. Para suerte o mala suerte alguien más apareció, opacando dicho vehículo con la ostentosa limosina color rosa. Todos estaban sorprendidos, debía ser una celebridad o un millonario, ¿por qué alguien así iría a esa preparatoria de clase media?

De dicho vehículo bajó una menuda chica de cabello fucsia y ojos rojos, moviendo sus coletas con sus manos para llamar más la atención, y tras ella bajó una voluptuosa chica de azules cabellos y ojos del mismo color, con más aires de grandeza que la anterior. Las dos ignorando a todo el mundo que iba a saludarlas con interés, a elogiarlas por su belleza con la clara intención de solo acercarse a su dinero. Riruka Dokugamine y Bambieta Basterbine habían llegado a la preparatoria.

Rukia suspiró pesadamente, recibiendo un golpecito de ánimos y una media sonrisa por parte de su amiga. Ambas bajaron y de inmediato las otras dos se acercaron a ellas, el grupo estaba completo, ahora la aristocracia y su sirvienta, como Riruka había apodado a Karin, habían llegado.

A unos metros de allí, Hiyori despreciaba la escena con una clara mueca de asco, eran solo un grupo de niñas mimadas, no podía creer que tuvo algo que ver con una de ellas, al final era la misma calaña que Dokugamine. Por su parte, Momo llegaba desde el otro extremo, observando con tristeza la situación, ella confiaba en su corazón y por eso sabía que Rukia no estaba con esas chicas porque quería, debía haber una explicación para todo, y algún día se las daría. Cuando ese momento llegara, ella sería la mediadora entre Rukia y Hiyori, pues la morena seguía siendo su preciada amiga de la infancia.

―Apartad de mi camino, plebeyos. La gran Riruka Dokugamine ha llegado ―decía mientras se abría paso, entre los que se alejaban por admiración y los que lo hacían por fastidio, pues esa actitud era muy despreciable―. Bambi, estamos en la misma clase ―anunció―. Rukia, tú deberás pasarlo con la sirvienta otra vez; sirve de algo y vigílala, estará con Momo después de todo ―ordenó a Karin, quien como costumbre reprimía sus ganas de romperle la cara a esa chica―. Oh…qué interesante ―dijo mostrando una sonrisa malévola―. Así que el esquimal volvió ―susurró para sí, dejando a las demás con intriga.

Las tres se acercaron y tanto Bambietta como Karin no entendieron qué traía a Riruka tan sonriente, pero Rukia se consternó al instante, ¿podría de casualidad haber otro Hitsugaya Toushiro en el mundo e ir a su misma escuela? La respuesta era sencilla: No.

Toushiro bufó molesto ante el itinerario, por ser el primer día se daría una ceremonia de ingreso que ocuparía la primer hora y recién luego de ello podría ir a clases, no es que fuera un entusiasta de estudiar pero le molestaban los grupos grandes de gente, sobretodo porque en medio de ellos su poca estatura salía a relucir.

Una vez todos allí formados sus pensamientos se materializaron, estaba seguro que quien viera la fila desde adelante creería que había un espacio vacío, pero no se avergonzaba pues aún estaba en etapa de crecimiento. En un intento fallido por desviar su atención de todos los murmullos hacia su persona, buscó con la mirada a sus amigas pero no se encontró con ninguna, esa sería una hora muy larga…

Finalmente en el salón, sintió alivio, era un estrés mental el complejo de enano que se cargaba y del que jamás hablaría. Observó el esquema del salón y se sorprendió por quién estaría atrás suyo. Notó que era de los primeros en llegar y fue rápidamente a tomar asiento, quería sorprenderla, tanto que no notó el otro nombre conocido en el esquema y fue él el sorprendido cuando esa persona ingresó.

―Rukia…―susurró al notarla, ésta se quedó rígida al verlo pero rápidamente su mirada se tornó fría y pasó de largo, con la vista clavada en su banco. Él se extrañó por ese comportamiento pero no replicó al ver quién entraba detrás, exigiendo ridiculeces.

― ¡Y no se les olvide que deben comprar mi almuerzo! ―ordenó alto la chillona voz de Riruka, con dieciséis años y aún esa voz irritable, qué mala suerte…―. Oh, pero qué tenemos aquí…

La miró sin interés, pues no era su intención sociabilizar con ella, entonces la ignoró.

―Oye, te estoy hablando. ¿Acaso estás sordo? ―preguntó desde la puerta, sin importarle estar haciendo una escena―. Hitsugaya-kun, ¿acaso solo puedes hablar en esquimal? ¿Cómo es el idioma de los Yetis?

―Vaya, Riruka. No te recordaba tan fastidiosa, felicidades, te has superado ―dijo mirándola fijamente, al parecer intimidándola pues la chica se mostró incómoda, ¿es que acaso nadie le contestaba y no estaba acostumbrada?

―Sigue vistiendo como niña de cinco años, ¿qué esperabas? ―aquella voz sí la reconoció pero no llegó a ver a su dueña, pues Dokugamine ocupaba la entrada―. ¿Te puedes mover, niñita de papá o hasta para eso necesitas un mayordomo?

Las risas dentro del salón no se hicieron rogar y la chica de cabello fucsia se sonrojó y frunció los labios con enojo. Dándose la vuelta y yéndose del lugar, alegando que eran todos unos brutos, volviendo solo para gritarle a Rukia que no se atreviera a dirigirle la palabra "al esquimal". Toushiro volvió a mirar a Rukia para exigirle una explicación pero ésta ni siquiera lo miró.

―Déjala ―pidió una dulce voz que hizo que su corazón golpeara, se volteó y se encontró con Momo Hinamori, la chica que le estuvo robando el sueño los últimos meses. Quiso golpearse, ya parecía su hermano cuando llegó a Japón años atrás―. Luego te contaremos ―dijo refiriéndose a Rukia, mirando esta vez a Hiyori quien asintió.

―Adiós, Toushiro. En el almuerzo me burlaré de tu estatura ―dijo Hiyori, mientras volteaba para dirigirse a su salón.

Momo quiso abrazar al chico pero al ir hasta donde él ingresó el profesor, pidiendo que pusieran orden en el salón que quedó muy alborotado por la pequeña riña con la señorita consentida. Toushiro le sonrió fugazmente a su amiga, quien se sentó apesadumbrada y sin saberlo ambos miraron de soslayo a Rukia, quien se veía seria y de alguna forma triste.

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Sode caminaba hecha una furia, la gente se apartaba al verla tan enfadada, como dándole paso para que llegara hasta donde estuviera la pobre víctima, aunque en realidad ella estaba enojada consigo misma y no tenía un lugar al que llegar. Su mente era la que volaba lejos, navegando entre sus pensamientos del pasado que no podía resolver y el presente que no podía manejar.

El odio y rencor que nació en ella cuando su padre apareció en su vida, sumado a su incapacidad de perdonar fue lo que la estaba torturando ahora, tiñendo de a poco su alma de negro. ¿Qué ganaba tratando de resolver el pasado? Nada cambiaría de todas formas, su madre seguiría eligiendo a Minho por sobre ella, quien no lo aceptaría jamás. Ese hombre que más que sumar, restaba puntos, sobretodo en esos días. Se suponía que en el día de ayer visitaría a sus hermanos, pero casualmente no tuvieron tiempo de avisarle que tenían una excursión en el colegio, así que se apareció ese día, recibiendo la noticia de su madre de que ya no podría ver a sus hermanos si no se disculpaba con Minho por su comportamiento en todo ese tiempo, tal vez de habérselo dicho así no le hubiera afectado tanto, pero su progenitora se refirió a sus hermanos como "nuestros hijos". ¿Es que acaso ella no era su hija? No es como si fuera hija de otro padre, esos niños llevaban su misma sangre y parecía que los querían separar de ella. ¿Era porque no encajaba en su mentira? ¿O porque ella era un producto indeseado del pasado?

Finalmente su corazón no aguantó tanto cansancio, pues sin darse cuenta había empezado a correr, en vano ya que no podía alejar esos pensamientos corriendo. Nunca se iban, sabía cómo solucionarlo pero no podía olvidar, no podía perdonar. Por eso no entendía ni quería que Toushiro la aceptara, porque sería dejada atrás, porque ella sería la única estancada en el pasado, sin poder avanzar.

― ¿Estás bien?

La pregunta la hizo fruncir aún más su ceño, por supuesto que no lo estaba pero no se pondría a hablar un tema tan delicado con un desconocido.

―Sí, gracias ―respondió más tajante de lo que deseó, pero el hombre cerca suyo no pareció ofenderse ni mucho menos, le ofreció una tarjeta que aceptó desconfiada solo para que se fuera.

―Por si necesitas hablar ―dijo él... ¿burlándose? Sode miró la tarjeta y lo fulminó con la mirada pero el hombre solo rió―. No hago milagros, pero ayuda mucho.

―Gracias, Orianthi-san ―dijo incorporándose tras recuperar el aliento―. Pero no necesito un psicólogo.

―Un amigo es mucho pedir, recién te conozco―. Ella quiso protestar pues en ningún momento fue su intención, pero él otra vez rió, ¡nuevamente se burlaba de ella! ―Si vas a llamar, dile que buscas a Sembonzakura, para amigos y conocidos hay descuento.

Sode quiso protestar, reclamar, decir algo...pero él se fue con la última palabra de la conversación y un aire de grandeza que le molestaba. Renegó e hizo un mohín en ese lugar, negándose a perseguirlo y seguir esa conversación sin sentido, largándose de allí con la tarjeta guardada en su bolsillo.

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Tobiume masajeaba con fuerza la espalda de su prometido, estaba preocupada porque él no solía contracturarse, seguramente era el estrés que suponía que Sode y Toushiro se cruzaran. Tarde o temprano pasaría, era inevitable viviendo los tres juntos, quería decirle que todo estaría bien pero no podía, porque no lo sabía. Conocía a su amiga desde hace mucho tiempo y sabía lo difícil que era tratar con ella, sobretodo siendo un Hitsugaya...

―Pronto seré Tobiume Hitsugaya ―pensó en voz alta, sin querer, recibiendo la mirada atenta de Hyorinmaru que hizo que se sonrojara―. ¡No digo que sea algo malo, solo decía! ¿Qué no lo puedo decir?

―Es increíble cómo pasas de parecerte a tu madre a ser como tu padre en un segundo―resolvió el hombre, bastante serio, recibiendo un golpecito por parte de su novia―. Ah, ¿es que solo tú puedes decir cosas irrelevantes?

La castaña iba a objetar pero calló, abrazando fuerte a su novio por detrás. ¿Por qué pelear si ambos no habían dicho nada malo? Pero él quería seguir con la charla, llevándola a otro lugar en el que ella también estaba: sus preocupaciones con respecto a sus hermanos. Tobiume lo escuchó en silencio, no perdiendo detalle de sus palabras para poder darle una respuesta apropiada, ya que eso buscaba su futuro marido. Aunque para ser sincera no la tenía, quería tenerla pero no...

El momento llegó y Hyorinmaru tenía esa expresión de estar esperando la respuesta para la cura contra el cáncer, frunciendo el ceño fuertemente y apretando ambos labios, como si por dejar de hacer fuerza éstos se abrirían.

Un gesto resignado y compadeciente fue lo único que a ella se le ocurrió, tratando de consolarlo con un abrazo. Había tantas enfermedades o problemas físicos que ella podía tratar, y la vida le dejaba delante uno más delicado que nada tenía que ver con su entrenamiento. Curar el alma de alguien, limpiarla y tratarla, era muy difícil. Y la de tres...ni hablar.

Hyorinmaru correspondió el abrazo, no quería ponerla mal pero necesitaba desahogarse, y qué mejor que con ella que conocía la historia de principio a fin. Tal vez no podía ayudarlo, pero al menos estaba junto a él.
-.-.-.-.-.-

En cuanto la campana sonó hizo lo que tanto quería desde que lo vio: abrazarlo. Tal vez era impropio, incluso él podría no haberla reconocido, pero sentía que lo necesitaba para saber que era real, que estaba ahí. Toushiro al sentirse preso de los brazos de su amiga de la infancia, y de la mirada de todos los del salón, hizo uso de todo su autocontrol para no sonrojarse, eso solo haría peor la situación.

―Yo también me alegro de verte, Hinamori ―dijo dando pequeñas palmadas a sus brazos, haciendo que ella lo soltara.

―Shiro-chan ―lo llamó con la voz quebrada y lágrimas amenazando con salir de sus ojos. Él sintió que el resto de las personas desapareció, ahora solo estaban ellos dos y por todos los cielos que quería que así fuera, desde ahora quería siempre tener a Momo para él―. ¡Te extrañé!

Sin saber por qué todos comenzaron a aplaudir, como si ver ese reencuentro les recordara a alguna escena digna de alabanzas de alguna película. Toushiro no pudo contener más su sonrojo, a penas y conocía los nombres de todos y ya estaba llamando la atención, miró hacia el banco de Rukia y se sorprendió de no verla allí ni cerca de ellos. Volteó a ver a Momo quien también miraba hacia allí mientras se secaba las lágrimas.

―Creí…creí que Rukia-chan también estaría feliz.

El chico la miró sin entender, pero ella negó con la cabeza y le pidió que fueran con Hiyori, había tanto que ella sola no podría explicar…

Tres niñas jugaban en el jardín trasero de la mansión Kuchiki, espantando con sus pequeños pies a los peces Koi al correr por el puente que atravesaba el pequeño lago artificial, llegaron hasta uno de los árboles de Sakura y decidieron tomar un descanso, acostándose en el suelo y riendo. ¿Qué problemas podrían tener unas niñas de doce años? Más bien, estaban emocionadas pues pronto iniciarían la secundaria juntas, algo que venían planeando pues la primaria la pasaron separadas ya que los Kuchiki pasaron casi toda la infancia de la menor en Saporo, Hokkaido, por temas de negocios.

Aun no entiendo qué es eso que hace tu papá ―comentó Momo para romper el silencio, había extrañado tanto a Rukia en su ausencia.

La aludida puso un dedo en su mentón para pensar bien su respuesta, o mejor dicho para hacerla más sencilla. Su padre actualmente era el que manejaba todos los negocios empresariales de la familia Kuchiki, el control de las empresas, conferencias, administración, toma de decisiones…había tanto qué hacer, por eso nunca tenía tiempo, o al menos eso suponía. Además siempre que podía le reclamaba su actitud para con la hija del dueño de la firma de abogados que trabajaba con ellos. ¿Pero qué le podía hacer? Esa niña era tan fastidiosa, tan odiosa, tan irritante y soberbia.

¿Rukia? ―la llamó su amiga, preocupada al ver su ceño fruncirse cada vez más.

Oye, vuelve aquí ―renegó Hiyori, dándole un pequeño golpe en el brazo. La morena chilló de dolor y se llevó la mano contraria para hacer presión en su brazo, ¡Hiyori tenía mucha fuerza!

¡No seas violenta conmigo! ―reclamó, haciéndole un desprecio―. Es complicado, Momo. Es un empresario que dirige todos los negocios de la familia Kuchiki ―dijo tratando de simplificarlo, lanzando luego un suspiro pues toda esa vida estresante pronto sería la suya―. Mi papá quiere que me haga amiga de Dokugamine.

Las tres se quedaron en silencio nuevamente, ¿por eso les había pedido que fueran tan urgentemente? Cabía destacar que a ninguna le caía bien Riruka Dokugamine, desde el jardín de infantes se conocían y no la soportaban, ¿hacerlo por una orden? ¡La amistad no se podía forzar!

Yo ni loca ―replicó Hiyori, levantándose del suelo―. No me cae bien y no seré su amiga.

Pero…

Nada.

Tras aquella tajante respuesta los dos pares de ojos fueron a parar en Momo, ésta se mostró algo incómoda pues había bastantes asperezas que limar entre ella y Riruka, pues desde que aquella chiquilla se enteró de su situación económica no dejaba de molestarla, y no sería grave si se burlara de ella pero no, siempre hacía comentarios despectivos sobre su madre y eso en verdad la enfadaba como nada. Agachó la cabeza. Por otra parte, no quería dejar a Rukia sola en ello, así que susurró un leve "podría intentarlo", recibiendo el agradecido abrazo de la Kuchiki.

―No lo entiendo ―dijo Toushiro mientras dejaba su almuerzo de lado, no recordaba que su hermano cocinara tan horrible.

Se encontraban en la terraza, los tres juntos, y si bien había planeado que se pusieran al día no pensó que faltaría una integrante allí, ni que la historia de su separación iniciara tan…confusa. Si Momo había accedido, ¿por qué Rukia se alejó? Miró a Hiyori y ésta lo fulminó con la mirada, sabía que estaba pensando que era su culpa, pero no, no lo fue…

Las tres se dirigieron hacia la cocina para la merienda, cuando escucharon que sus madres estaban peleando. Si bien no llegaban a ser gritos sí hablaban en voz muy alta, se miraron preocupadas pues no era común en ellas aquel comportamiento, pero decidieron quedarse calladas y escondidas para saber de qué trataba todo.

De haber venido de tu marido no me extrañaría, pero tú Hisana… ¿en serio vas a hablarnos así? Te hemos apoyado en todo tu…tu…no sé ni qué tratas de hacer, ¿sueñas que alejándote de todos vas a ser una princesa?

Cálmate, Sumomo-san, yo…―. Rukia se preocupó, su hermana sonaba como si iría a llorar―. Yo solo quiero lo mejor para mi familia y ustedes no lo son, tenemos un estatus qué guardar.

No sigas. Ya vemos que se te subieron los humos a la cabeza ―dijo Yoruichi con una seriedad y dureza que acallaba cualquier respuesta, Hiyori tragó grueso, cuando su madre hablaba así era porque en verdad estaba enfadada―. Pero no me importa, córrenos si quieres, ¿pero y las niñas? ¿Piensas alejar a Rukia de sus amigas?

Al escuchar aquella pregunta las tres inhalaron profundo y retuvieron la respiración, ¿qué estaba pasando? Hacía poco habían vuelto de Saporo y no llevaba mucho viéndolas, ¿y ahora tenía que dejarlas? ¿Por qué? Tomó fuerte la mano de Momo y de Hiyori, y éstas notaron las lágrimas en los ojos de su amiga.

Es lo mejor para ella, ¡ahora es una Kuchiki! Necesita amigas de su nivel, con su mismo estatus y principios. Es lo mejor para ella.

Sí, conviértela en la muñeca que los viejos de aquí quieren. ¿Sólo por eso querías que la adopten? ¿Para asegurar tu lugar en ésta actual aristocracia? Me das asco ―escupió Yoruichi con tanto veneno que hasta a las niñas les produjo un dolor de estómago incómodo.

¡Son mis amigas, ¿por qué no lo entienden?!

Las niñas se sorprendieron de escuchar cómo Hisana lloraba, fue entonces que Rukia soltó sus manos y dio un par de pasos en dirección a la cocina. No volteó a verlas pese a sus llamados para no ser descubiertas, en un susurro la Kuchiki terminó su amistad. Ambas se quedaron heladas en su lugar, el tono que había usado no era propio de su amiga, mucho menos aquellas palabras. Rukia caminó lejos de ellas y entró en la cocina, las mujeres se callaron y solo se escuchó el llanto de la mayor.

Hermana. No llores, los Dokugamine llegarán pronto, debemos alistarnos.

La voz de Rukia sonaba tan monótona, Momo trató de ir tras ella pero Hiyori la retuvo, negando con su cabeza. Rukia había tomado su decisión y ellas no eran parte. Sus madres no tardaron en salir, las reprendieron por andar de chismosas y se las llevaron de allí, siendo esa la última vez que estuvieron en la residencia Kuchiki.

Toushiro permanecía con los ojos centrados en su caja de almuerzo, pese a que estaba cerrada y era de un solo color, nada atractivo a la vista. Pero su mente estaba más allá, esa historia que le contaron… ¿acaso no podían verlo? Rukia solo lo hizo por Hisana, como él lo haría por su madre, siempre velaría por el bienestar de ella y estaría de su parte, sin importar la decisión que tomara.

―Antes de que digas nada ―le llamó la atención Hiyori, quien se recargó en la alambrada de la terraza, se cruzó de brazos y miró hacia abajo, donde Rukia y sus "amigas" comían―. Tratamos de disculparnos y reconciliarnos, si bien no éramos quien debía pedir perdón…pero para entonces tenía tan metido en la cabeza toda la basura Kuchiki que no quiso estar más con nosotras.

―Además, Riruka-san estaba todo el tiempo tras ella, dándole órdenes como si fuera su esclava o algo así ―recordó Momo con mucha molestia, odiaba que Rukia se dejara tratar así solo para complacer a sus padres, pero era entendible…después de todo…―. Hisana-san, murió ese año, Shiro-chan.

Esa noticia lo heló por completo, ¿Hisana estaba muerta? ¿Cómo era posible que no les avisaran? Su madre aún conservaba la fotografía que se habían hecho el último día y según ella hablaba todo el tiempo con las tres (Sumomo, Hisana y Yoruichi). Sintió nauseas, tal vez por la comida o tal vez por la noticia. Así que Rukia se sentía obligada a hacer todo eso, era tan injusto.

Se levantó sin decir nada, ante las réplicas de sus amigas sobre qué pretendía hacer, y se fue. Comenzó a bajar las escaleras normalmente, luego comenzó a apurarse y finalmente echó a correr. Debía encontrarla, debía ayudarla, sacarla de ese letargo en el que estaba metida.

Llegó al salón pero Rukia no estaba allí, maldecía una y mil veces no conocer esa bendita escuela, todo parecía un laberinto. Recuperó el aliento y decidió quedarse allí, tarde o temprano la Kuchiki aparecería. Se limitó a pensar, pues él no era una persona impulsiva, meditaba cada palabra y acción, un frío calculador. Era un tema bastante serio el que debía abarcar y quería hacerlo de la mejor forma posible, sin herir sus sentimientos ni hacerla sentir culpable.

―Oh, el esquimal ―la voz chillona de Riruka lo sacó de sus pensamientos. La miró fríamente y ésta volvió a ponerse incómoda―. ¿Q-Qué miras, qué no hay mujeres en tu tribu?

―Rukia, ¿podemos hablar?

El grupo de chicas miró a la aludida, quien no se inmutó ni hizo mueca alguna, solo se le quedó mirando. Seria, fría, altiva. Una digna Kuchiki.

―Claro, habla.

Al menos era educada.

―Podría ser en…

― ¿Perdón? ―nuevamente Riruka interrumpió―. ¿Y a quién le pediste permiso para eso? Creo que debo hablar seriamente con mi papi, los Kuchiki son tan desleales ―comentó sin voltear a verla pero poniendo una mirada y una sonrisa socarrona. Toushiro sintió que le hervía la sangre, de no ser mujer ya la estaría golpeando.

―Oh, Riruka-chan. Solo estaba jugando ―. El chico se sorprendió de aquel tono meloso que su amiga usó, y esa actitud infantilizada y despreocupada que adoptó―. Mira si voy a querer hablar con él y más sin tu permiso―, lo miró y notó que se puso incómoda―. Lo siento, esquimal-kun, pero no hablo idioma Yeti.

Tanto Dokugamine como la otra chica que no tenía idea quién era se echaron a reír, la Kuchiki guardó silencio y agachó la cabeza. Estaba arrepentida. Pero a sus ojos no pasó desapercibida la otra chica que desentonaba con el grupo de "amigas", quien tomó fuerte la mano de Rukia, mostrándose igual o más molesta que él. Respiró hondo, no quería causarle más problemas, así que optó por irse de allí al interior del salón, donde varios curiosos ya estaban hablando sobre lo ocurrido en el pasillo.

El chico revolvió sus blancos cabellos, toda esa situación lo desesperaba, era como entrar a una mala película de bajo presupuesto sobre la preparatoria. Minutos luego vio entrar a la Kuchiki quien seguía pidiendo perdón con la mirada, él no se la pudo sostener, tenía orgullo después de todo y como Hiyori dijo alguna vez "ella ya tomó su decisión".

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Quería que ese día terminara, todo había sido un infierno y aún quedaban tres años. Tres malditos años de soportar a Riruka y sus manipulaciones, agradecía al cielo que la chica no tuviera suficiente cerebro como para tomar las riendas de los Dokugamine, sabía que estaba comprometida con un tal Yukio, una unión prematura para asegurar el futuro de la firma de su familia. Ella estaba agradecida con Byakuya por darle el lujo de casarse con quien quisiera, aunque debía admitir que le estresaba un poco el aprender todo el negocio familiar y tener que hacerse cargo.

Miró al profesor, estaba explicando algo pero ella no lo escuchaba, no podía. Estaba tan frustrada con su vida, pero su amada hermana le pidió antes de morir que no le diera problemas a Byakuya, que fuera una honorable Kuchiki y que triunfara, que consiguiera una vida llena de felicidad. Giró su vista hacia la ventana, apoyando un codo en el banco para hacerle de soporte a su cabeza. ¿Luego de todo aquella tortura, encontraría la felicidad que Hisana quería para ella?

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Por ser el primer día de clases, el período de la tarde de los alumnos del primer ciclo se enfocaba en la clase de deportes y, por ese día, en la selección de un club. Él no tenía mucho conocimiento de deportes así que optó por ir a ver los de arte, después de todo quería ser mangaka como su madre, por eso su decepción fue grande al encontrar que todos los miembros de ese club ya se habían graduado y estaba cerrado. En la sala de profesores le ofrecieron que juntara al menos cinco alumnos y ellos asignarían un profesor, pero él no quería hacerse cargo de aquello, le resultaba tedioso, así que desistió. Recorrió muchas opciones antes de darse por vencido e ir hacia la pista de atletismo, se sentó en las gradas y observó a varios chicos y chicas jugar al fútbol en sus respectivas canchas.

Se acercó curioso, nunca había jugado pero había visto partidos por televisión y sí que le llamaba la atención.

―Hola ―se volteó y se encontró con un chico envidiablemente alto, con cabello negro y mucho sudor cabía aclarar―. Soy Kusaka Soujiro, soy el capitán del equipo, ¿te interesa unirte?

―Hola ―saludó educadamente, volviendo su vista a la cancha y luego a Kusaka―, lo siento. No sé jugar.

El de cabellos negros levantó los hombros, restándole importancia, sonriéndole ampliamente y tendiéndole la mano.

―Para eso está el entrenador ―.Toushiro estrechó su mano por cortesía, sin esperar que éste lo arrastrara al campo, le reclamó sus acciones y éste rió―. ¡Te voy a enseñar, vamos, nos divertiremos!

Sin dudas, los japoneses estaban locos.

La última hora llegó más rápido de lo que esperó, hubiera deseado poder quedarse con el uniforme de deportes colocado, era más cómodo pero las reglas eran las reglas. Metió nuevamente el lampazo en el balde con agua y desodorante para pisos, quedándose recargado en él por un momento, nunca creyó que el fútbol requiriera tanto esfuerzo físico, el calentamiento lo había dejado sin aliento, aunque estaba contento del "talento innato" que sus compañeros de equipo le dijeron que tenía.

―Shiro-chan, si quieres puedo terminar por ti ―le llamó Momo, quien se había colocado a su lado, ella había estado limpiando las ventanas.

―Está bien, yo puedo― dijo volviendo a su trabajo, la chica le sonrió y pareció querer decir algo pero calló―. ¿Qué es? ―consultó mientras comenzaba a pasar el lampazo por el piso, haciéndolo relucir. Por supuesto que la escuela estaba impecable, utilizaban a sus propios alumnos como servicio de limpieza. Menudas normas tenían en Japón.

― ¿Pudiste hablar con Rukia-chan?

Se detuvo y volteó a ver a su amiga de la infancia, suspiró resignado, ¿cómo hacer que levantase la cabeza de una vez? Parecía como si todo le afectara, él también se sentía mal por Rukia pero estar triste no la iba a ayudar. Además, odiaba ver a Momo así, porque no era tan expresivo como para consolarla con un abrazo. Maldijo su suerte, cuánto deseaba abrazarla.

―No, no pude ―dijo continuando con su trabajo, la escuchó suspirar y volvió a maldecir internamente―. Pero algo haré, aún no sé qué pero todo se solucionará.

―Yo también lo creo, y te ayudaré ―alegó con más entusiasmo, haciéndolo sonreír. Definitivamente prefería a Momo feliz.

No pasó mucho tiempo antes que sus compañeros de grupo de limpieza les llamaran la atención por estar hablando, todos querían irse a casa y si no terminaban no podían hacerlo, así que tuvieron que abocarse a sus tareas. Pero no les molestaba, al fin estaban cerca y podrían verse todos los días. No había nada mejor que eso.

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Unos salones más adelante la situación era muy distinta, el salón en vez de estar ordenado estaba más desprolijo que nunca, y la mayoría de los del grupo de limpieza habían huido cuando las sillas comenzaron a volar por los aires. Hiyori maldecía su suerte, la maldecía una y mil veces. De todas las escuelas que había en Kyoto, que no era un pueblo perdido en medio del mapa, no, era una ciudad bastante grande a comparación de otros distritos; pero no, allí tenía que asistir el pesado que la había molestado desde que inició la secundaria.

― ¡Si te vas a quedar ayúdame! ―reclamó, observándolo sonreír triunfante.

― ¿Así le vas a hablar a tu senpai? ―preguntó fingiendo estar ofendido―. Sí ayudé, te traje las cosas de limpieza.

―Hijo de…

― ¡Oye, mono, detente! Ah, no, espera ―dijo seriamente, ella se cohibió un poco, ¿Hirako Shinji al fin tenía algo importante qué decir?―, cierto. Eres un mono. Mala mía, anda, insulta todo lo que quieras.

Nuevamente las sillas volvieron a volar.

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Sode llegó a la casa en la tarde, tenía en sus manos bolsas con comida para preparar la cena, se lo debía a su hermano pues seguramente éste andaba buscándola preocupado, y no lo suponía sino que lo sabía por las miles de llamadas perdidas que tenía en su celular. Sonrió, con angustia acumulada en su pecho, ¿por qué él se preocupaba tanto por ella si antes la odiaba? El transcurso de ese día le hizo cuestionarse si ella seguía odiándolo a él.

― ¿Qué haces aquí?

No reconoció esa voz tan demandante, se volteó molesta para poner a ese sujeto en su lugar, pero en vez de un hombre encontró…un enano, que se mostró algo ofendido cuando ella tuvo que agachar su cabeza para mirarlo. Sudó frío, tenía frente a ella a Hitsugaya Toushiro. ¿Él la odiaría?

Todos sus temores volvieron, se sintió nuevamente una adolescente inexperta de la vida, incapaz de comprenderla. Pero rápidamente se supo poner en su lugar, ya no era su momento para sentirse mal, era el de él. Suavizó su mirada y le pidió hablar, a lo que el chico accedió, ahora que lo pensaba era más accesible que Hyorinmaru a esa edad.

Más rápido de lo que esperó, se encontraban sentados en la cocina de la casa, ninguno hablaba pero ella supuso que él ya se había dado cuenta que vivía allí también. No por nada tenía las bolsas con alimentos y la llave de la casa. Sirvió bebidas para romper la tensión, aunque no sabía por dónde empezar.

―Nunca acepté a Minho como mi padre ―comenzó, siendo observada fijamente por la mirada turquesa―. Él les dijo que fue por mí que se divorció, pero jamás me lo preguntó, además estoy segura que fue por mis hermanos.

―No quiero escuchar tus problemas ―le cortó tajante, de sus ojos solo emanaba rencor y frialdad―. Quiero saber qué haces aquí y qué relación tienes con Hyorinmaru.

Sode jamás dejó que alguien le hablara así, con ese tono tan superior, le molestaba que al primero que se lo permitiera fuera a un chiquillo pero debía ser paciente, se lo debía, además…Toushiro era su hermano menor.

―Vivo aquí. Desde hace cuatro años, soy la hermana de Hyorinmaru. Soy tu hermana ―soltó sin rodeos, dejándole tiempo al chico para que lo digiriera.

Toushiro tenía muchos sentimientos encontrados, sabía que su padre vivía en esa ciudad y la dirección de su casa, también estaba consciente de que tenía hermanastros por su parte, una que ya conocía y otros dos que nunca vio; pero al no saber cómo manejar un tema tan delicado prefería fingir que no existían. Y ahora se veía invadido por la presencia de su hermana, aquella que solo recordaba de estar peleando con la mirada a su hermano. ¿Qué tanto había ocurrido en esos diez años para que él la aceptara? ¿Acaso Minho se lo había pedido? ¿Tanto cariño le tenía para hacerle ese favor? Golpeó la mesa, colmado por sus frustraciones, dejando la cocina sin decir palabra alguna.

La mujer de blancos cabellos miró su reflejo en la bebida rosa que contenía su vaso, ni siquiera le gustaba el refresco de sandía pero se lo compró para él, porque quería que fuera diferente. No quería que su alma se tiñera de odio también.

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La noche cayó lentamente, la luna se apoderó del cielo cuando aún había claridad y las estrellas lo marcaron una vez éste oscureció. Fue en ese momento que Hyorinmaru decidió regresar, con comida china para cenar, esperando que Sode estuviera allí, sabía que debería haber estado en la casa cuando Toushiro llegó, pero luego de no encontrar a su hermana en la mañana se preocupó. Estando a punto de abrir la puerta se puso nervioso, ¿y si en su ausencia esos dos se habían encontrado? De verdad supondría un alivio que se llevaran bien, pero él ya estaba grande para creer en cuentos de hadas.

― ¡Estoy en casa! ―anunció sin recibir respuesta, suspiró resignado y se agachó hasta la foto de su abuela―. Estoy en casa ―dijo más bajo.

Se dirigió a la cocina y la notó intacta, sin embargo la nevera estaba llena de ingredientes, suponía que Sode había hecho las compras y eso le aliviaba pues era señal que estaba allí. Por otra parte, debía cerciorarse de que Toushiro hubiera regresado, debía hablar con él.

Colocó la comida en una bandeja y subió, golpeando suavemente la puerta del cuarto, la cual se abrió luego de un momento. No esperaba una cálida bienvenida pero tampoco esa mirada de rencor, dedujo que había hablado con Sode y la conversación no había salido bien. Se quedó en la puerta mientras el chico entraba, éste volteó a verlo algo enfadado, parecía no querer hablar pero al final se rindió.

― ¿No vas a entrar? ―preguntó con la voz ronca por ser las primeras palabras que decía desde hacía un buen rato. Hyorinmaru se encogió de hombros, alegando que si no le daba permiso no lo haría―. Ya abrí la puerta, ese debería ser suficiente permiso.

El hombre de cabellos azules asintió, ingresando. Era tan diferente como cuando eran niños y cada uno entraba a la habitación del otro sin llamar, cuando querían, cuando no había barrera entre ellos. Dejó la comida en el escritorio, tomando asiento en la silla de éste, observando a su hermano terminar de guardar sus libros, al parecer había estado estudiando.

Ninguno decía nada pero sabían en su interior que todo estaba mal, que su relación pendía de un hilo, con la única diferencia que solo uno estaba consciente de la realidad y el otro ataba cabos sueltos con suposiciones.

―Te extrañé ―confesó, con un nudo en la garganta, el cual tuvo que enfrentar. Agachó la cabeza un segundo y la apoyó contra el respaldo de la silla, no quería que él lo viera como una persona débil, de pequeño le decía que lo veía como un imponente dragón y no quería que eso cambiara, volvió a erguirse―. Si estás dispuesto a escuchar, te contaré. Te diré todo lo que ocurrió, desde el principio.

Toushiro creyó que podría ignorarlo, que podría lastimarlo con su indiferencia, pero…era su hermano y una parte de él se negaba a odiarlo. Aunque ninguno lo supiera, ambos tenían ese nudo en la garganta. El chico asintió, colocando su mirada en la ventana, observando las estrellas para que sus sentimientos no fueran expuestos.

Hyorinmaru habló firme y sin pelos en la lengua. Le contó cómo se sintió por lo que pasó, le contó sobre la noche del fallecimiento de su abuela, le contó que él supo desde mucho antes sobre el divorcio. Le contó cómo todo lo ocurrido le partió el alma. Logró captar la atención del adolescente cuando le contó su sentir hacia Minho, y logró que lo mirara cuando le contó sobre su relación con él. Lo hizo sentir culpable al estar consciente de todo lo que tuvo que enfrentar solo, aunque siempre tuvo a Tobiume y la familia de ésta. Sin embargo, su corazón se removió nuevamente cuando le contó sobre Sode, el escucharle hablar de ella con tanta familiaridad le dolió.

No quería seguir escuchándolo, ni mucho menos que dijera que era su hermana, ¡nunca sería su hermana, no la quería y no lo aceptaría!

― ¿Por qué aceptaste a Shirayuki? ―cuestionó, sin contenerse ni disimular su molestia ante su mención.

―Sode quedó tan sola como nosotros, solo que ella se encontró que tenía un padre, al cual su madre prefería antes que a ella.

― ¿Debería sentirme mal por ella?

―La verdad sí, se llama empatía ―se burló el mayor, no esperaba que la aceptara, él tardó mucho en hacerlo―. Te dije que te contaría todo. Ella es parte de eso.

Toushiro solo asintió, aún reacio para escuchar pero abierto a la historia. Tal vez nada cambiaría con saberlo, pero era un paso hacia adelante, no quería estancarse y sabía que para su madre era importante que él se llevara bien con su hermano.

Bajo el cielo de una noche estrellada y una luna menguante, luego de diez años los hermanos Hitsugaya platicaron, recordaron y contaron, se pusieron al día como quien dice. Toushiro dio el primer paso hacia el perdón y Hyorinmaru por primera vez y sin que nadie lo supiera, dejó salir todo lo que había guardado en su pecho, pero en la habitación contigua las cosas no marchaban bien pues el corazón de Sode escuchaba todo atentamente y eso solo conseguía hundirla más. Miró la tarjeta en su mesa de luz, trató muchos años de resolverlo todo por su cuenta, ¿estaría bien rendirse y finalmente pedir ayuda? Solo intentando lo sabría.

Continuará…

Bueno, bueno. Como mencioné al principio: un poquito largo el capítulo, pero quería explayarme más en lo que es la relación de Hyo y Tobi, y darle como una intro a la historia de Sode. En el resto de los capítulos me centraré más que nada en nuestros cuatro protas (Shiro, Momo, Hyo y Rukia). ¡Espero que les vaya gustando! Cualquier cosa me dicen por un review :3

Ja-ne n.n/