Disclaimer: El mundo y los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la historia pertenece a Noppoh, quien me ha otorgado el permiso para traducir la historia.

Título original: A Happy Nightmare

Autor: Noppoh u/7858204/Noppoh

Traducción: Nerissa Nacreous


Capítulo 11

Hermione lo observó y se volvió su vista hacia la habitación. Era pequeño pero acogedor. A su derecha había una chimenea y una gran cama con revestimientos verdes. Una alfombra en color plata y un compartimiento del salón donde podía sentarse frente al fuego. Bajo la ventana frente a ella había un escritorio y a su izquierda había un armario. Las paredes estaban pintadas en colores neutros.

–Siempre el Slytherin– pensó Hermione después de ver el verde y el plateado.

Con un brillo perverso en sus ojos, levantó su varita y cambió las capas de la cama y la alfombra al color rojo y bronce, el oro era demasiado llamativo en la pequeña habitación. Sabía que Severus se iría frenético cuando lo viera. Antagonizar a su anfitrión no era la mejor idea, pero simplemente no podía evitarlo.

Notó su maletero en un rincón y comenzó a desempacar. Mientras estaba poniendo sus libros en los estantes de la pared que bordeaba el pasillo, pensó que no los necesitaría. Una sonrisa se extendió por su rostro pensando en la biblioteca. No había esperado que eso fuera un eufemismo.

Lanzando un rápido Tempus, vio que todavía tenía un par de horas antes de cenar. Sin saber dónde estaba Snape, decidió ir a buscar un libro al azar y leer en su recién adornada cama.

Cuando tuvo que dirigirse abajo para la cena Hermione estaba feliz de que habia puesto una alarma. Estaba leyendo un libro fascinante sobre aritmancia y probablemente habría olvidado completamente el restaurante sin él.

Con más que un poco de temor bajó las escaleras y entró en la cocina. Snape ya estaba presente, girando un vaso de vino tinto. Elora obviamente estaba terminando de preparar la cena. Pollo con patatas y zanahorias, observó Hermione.

–Buenas noches– Snape la saludó, mirándola por el borde de su copa de vino.

La mirada envió un escalofrío por su espina dorsal y ella recordó por qué lo había estado evitando después del incidente de elaboración. Si ella era sincera consigo misma, quería que él permaneciera tan cerca de ella como lo había sido ese día. ¡Y ahora vivía bajo el mismo techo que él!

Se preguntó si estaría usando su túnica de maestro durante todo el verano, o si se relajaría.

–Buenas noches– contestó mientras se sentaba a la mesa.

Tan pronto como se sentó, Elora sirvió la cena y comieron en silencio. Una vez terminada Hermione se levantó automáticamente para limpiar la mesa, sólo para ser bloqueado por el elfo doméstico.

–¿Qué crees que estás haciendo?

Hermione se sorprendió por la áspera pero evidente voz femenina del elfo.

–¿Ehm, limpiar la mesa?– dijo ella vacilante.

Por el rabillo del ojo vio una sonrisa en la cara de Snape. Los estaba observando y aparentemente disfrutando. Elora le había puesto las manos en las caderas.

–¿Cree que soy incapaz de hacer mi trabajo?

–¡Por supuesto no!– Hermione respondió rápidamente– yo solo quería...

–¿Cree que puede hacerlo mejor que yo?

Hermione se puso pálida. –No, no, yo... pero...

–¡Siéntese!– ordenó Elora.

Hermione rápidamente se sentó y entregó los platos que estaba sosteniendo a la elfina. Ella parpadeó consternada en dirección a Snape. El hombre sonreía en su vino, obviamente muy divertido.

–Tendrás que perdonar a nuestra huésped Elora– dijo– ella es una bruja nacida de muggles.

–Bueno, ahora lo sabe– fue la respuesta de la elfina.

Snape empezó a reír, sorprendiendo profundamente a Hermione. Observó cómo cambiaba al hombre por completo. Se había ido el severo profesor de antes y ahora había un hombre algo oscuro pero relajado. Hermione decidió que le gustaba esa risa de Severus Snape.

Tan hipnotizada como estaba, no se dio cuenta de la breve mirada y sabía sonrisa que la elfina doméstica le lanzaba. Al bajar de su ensueño, Snape la miró.

–Tengo algunas preguntas para usted, señorita Granger– dijo.

–Por favor, llámame Hermione– intercedió Hermione.

Algo parpadeó a través de los ojos de Snape, pero desapareció antes de que pudiera descifrarlo.

–Hermione– repitió. Cerró brevemente los ojos. –¿Supongo que conoces todos los posibles efectos de la abstinencia?– preguntó.

–Sí.

–Nombralos, por favor.

Levantó una ceja y él levantó una en modo de reto. Con un suspiro, Hermione cedió.

–Insomnio, pesadillas, dolores de cabeza, convulsiones, ataques de pánico, ansiedad y cortos estallidos de amnesia.

El asintió. –¿Te das cuenta de que salir por tu cuenta no será una opción hasta que estéa completamente rehabilitada?

–Soy consciente de eso.

–¿Qué le dijiste a tus amigos?

–Que voy a viajar.

–¿No esperan que escriba?

Hermione resopló. –El sobre de la lechuza no viene exactamente con una estampilla del lugar– ella comentó– Podran manejar la situación sin mí.

Los labios de Snape se estremecieron ante la observación. –Ese toque de Slytherin da algo que hacer– murmuró. –¿Quieres otra poción esta noche?

Hermione negó con la cabeza. –No, gracias profesor, no sirve de nada– respondió.

Snape asintió y se levantó de su silla. –Estaré en mi estudio si me necesitas– dijo antes de caminar hacia la puerta.

En el umbral se detuvo y miró por encima de su hombro, en dirección a Hermione.

–Y Hermione– dijo en voz baja– recuerdo haberte invitado a que me llamara Severus".

Hermione tomó un gran trago de su vino. Su comentario tenía todo tipo de efectos sobre ella.

Se dio cuenta de que la elfina la miraba y se volvió hacia la pequeña criatura. Elora sonrió burlonamente, igual que su amo.

–Agradables las redecoraciones de tu habitación– dijo la elfina antes de desaparecer.

Hermione soltó un suspiro. Tenía la sensación de que iba a ser un largo par de semanas, por más de una razón.

Le tomó al cuerpo de Hermione dos días antes de que se enterara de que ya no le proporcionaba la poción que ansiaba. Fueron dos días tranquilos.

Descubrió que el atuendo de verano de Severus existía, con pantalones negros y una camisa blanca. Definitivamente fue una mejora en las ropas de los maestros. Hermione hizo todo lo posible para olvidar que su primera reacción ante este nuevo Severus, fue pensar que se veía sexy.

Después del desayuno Severus siempre desapareció a su estudio. Hermione pasó su tiempo en la biblioteca o en el jardín, simplemente disfrutando del aire exterior y del sol. Por la noche, Severus se había reunido con ella en la biblioteca para leer, escogiendo la butaca mientras ella se acurrucaba en un rincón del sofá.

El tercer día Hermione trató de persuadir a Elora para que le dejara hornear galletas. Después de un golpe de cabeza bien intencionado, habían acordado que Hermione estuviera cocinando mientras Elora la ayudaba y limpiaba después de ella.

Mientras iba repartiendo las galletas en una bandeja para hornear, Hermione de repente se congeló y parpadeó.

–¿Señorita Hermione?– Elora preguntó, –¿Está todo bien?

Hermione movió la cabeza hacia el elfo y gritó.

–¿Dónde estoy?


Gracias por leer.