Capítulo XI

Candy estaba tan satisfecha, que empezó a cantar mientras limpiaba. Temas de comedías musicales, melodías de moda y cuando se descubrió interpretando una canción de la infancia, se detuvo a reír. La última vez que la oyó, fue cuando tenía ocho o nueve años su madre la cantó mientras la mecía en sus brazos hasta que se quedó dormida...

Así que la nueva propietaria de la vieja casa tenía mal gusto para el papel tapiz, pensó. Tal vez visitara la casona. Y así desecharía la idea de la cabeza.

¿Qué sucedería sí sus deseos por adquirirla aumentaban? Ganaba un buen sueldo en G&W y la agencia seguía creciendo. ¿Contaría con el tiempo necesario para conservar la propiedad en buen estado? Tendría que ver lo relativo a jardinería y limpiar la nieve, además de las labores domésticas. Sin duda necesitaría contratar a un ama de llaves. Con dificultad podía hacerse cargo de su apartamento, ¿cómo solucionaría la problemática de una casa?

—No seas tonta —murmuró para sí—, ¿cómo podrás sostener una casa si no puedes hacerlo con el departamento?

No obstante, así eliminaría el tiempo perdido y podría ocuparse de labores caseras. Sería maravilloso contar con espacio adicional. Además, contaría la evidencia visual de los resultados de su esfuerzo. Sería una hermosa casa para alejarse unos días y tomar un descanso.

Nada perdería con verla, se dijo con mayor seguridad de la que sentía. Fue en busca del directorio telefónico. ¿Cómo se apellidaba el corredor? ¿Elliot? Con seguridad no habría muchos con ese nombre en la Sección Amarilla. Su oficina estaba cercana a Oak Park. Candy observó que Elliot daba también el número de su casa para recibir llamadas después de horas de oficina. Los anotó. Guardo los números telefónicos en su bolso de mano. Lo pensaría bien y llamaría al día siguiente. Había cientos de personas que visitaban varias casas antes de decidirse a comprar. Podría ver otras más pequeñas y más fáciles de manejar. Quizá encontraría la casa ideal en otra área de NY.

Acomodó el sofá en su sitio y movió los sillones. El apartamento nunca estuvo más limpio, pensó con satisfacción y el crédito era sólo suyo. Fue capaz de arreglar la aspiradora.

El teléfono volvió a sonar. Quizá era Anthony para decirle que se cancelaba la fiesta.

Hola —saludó Terry.

¿Ya estás en casa? —preguntó sin aliento por el ejercicio físico.

No. Sigo en la planta, pero he pensado que quizá no tengas compromiso para

mañana. ¿Quieres que salgamos los cuatros?

El agrado que sintió al escuchar la voz de su amigo, desapareció. ¿Salir con Terry ,Susana y Albert? ¡Vaya locura! ¡Terry la trataba como a una pobre chica que no conseguía con quién salir sin su ayuda!

No, gracias —respondió con dulzura—. Ya encontré la forma de divertirme la noche de Año Nuevo sin tu ayuda.

No pareció molestarse. Tal vez estaba feliz, se dijo Candy, furiosa, con la conciencia tranquila, podría disfrutar de la velada con Susana.

Muy bien —manifestó él.

No te preocupes por mí, sé cuidarme sola.

Por supuesto, nadie ha dicho lo contrario. Espero terminar en media hora. ¿Ya cenaste o todavía estás interesada en la comida china?

Candy lo pensó un momento. La idea de la comida la atraía, pues olvidó cenar, pero decidió que prefería morir de hambre a darle la impresión de que no podía vivir sin él. ¡Nunca permitiría que pensara que estaba sentada frente al teléfono, esperando su llamada!

Ya cené —respondió con voz firme—. Quizá en otra ocasión. Ahora a menos

que quieras añadir algo muy importante, me gustaría continuar con lo que interrumpiste.

Si esperaba alguna muestra de curiosidad por averiguar en qué estaba ocupada, no lo manifestó. Terry titubeó sólo un instante antes de decirle:

Entonces te veré mañana —cortó la comunicación.

La chica permaneció inmóvil un momento. Quizás el comprar una casa era mejor idea que lo que parecía. El vivir a unos pasos de Terry fue grato en un principio, mas tal vez cayeron en algo que podría considerarse una proximidad excesiva. En especial ahora que tenía a Susana...

—Ella nada tiene que ver con esto —murmuró Candy—. Ya soy adulta y tengo que ser independiente. Terry es bien intencionado, pero mientras siga viviendo en la puerta contigua, nunca seré verdaderamente libre.

Vio la hora y decidió que era demasiado tarde para llamar al señor Elliot. Lo haría a primera hora al día siguiente.

La reconfortó el haber tomado una decisión y regresó al trabajo con renovados bríos. "Puedo salir adelante, sola", pensó. "Soy una mujer capaz e inteligente y puedo hacer todo lo que me proponga. No necesito a Terry".

Volvió a encender la aspiradora y el polvo que con tanto ahínco recogió, se extendió por la sala. Quizá después de todo, no sería tan fácil eliminar a Terry de su vida. Pero mejor será contratar alguien que se ocupara de la limpieza.

... ... ... ... ...

La noche de Año Nuevo... y todos en NY parecían celebrarlo. La fiesta de Anthony era un éxito; el salón estaba atestado, a pesar de que todavía faltaba una hora para la medianoche. La mesa del buffet contenía diversos bocadillos y las copas siempre estaban llenas.

—Acaparaste todas las miradas. Estas hermosa, Candy—despues de dar miles de vuelta a su vestidor. Se dicidio por un vestido largo negro y ajustado, con mangas largas y un gran escote que dejaba al descubierto su espalda desnuda. Desprendía sensualidad y encendia la mirada de varios de los invitados. En especial la de su acompañante.

—Gracias. Tu también estas muy guapo.

Candy terminó su champaña.

—Ya llevo dos copas, Anthony—argumentó.

—¡Vamos! Esta es la noche de Año Nuevo... ¡Disfruta!—vertió la bebida burbujeante en su copa.

Ella conocía a casi todos los asistentes y debía disfrutar de la reunión, sin embargo, se sentía distante. No quería salir de su rincón y convertirse en el alma de la fiesta.

Suspiró. Sabía qué le molestaba esa noche y no tenía objeto ignorarlo. Cuando ella y Anthony llegaron, advirtieron el ambiente en el salón exterior del restaurante. Allí se encontraba una famosa modelo y su acompañante, asediados por los fanáticos, entre los que había algunos reporteros. No creía que Terry la hubiera visto; de hecho, dudaba que hubiese advertido a la multitud que los rodeaba, pues estaba absorto en Susana. Miraba esos hermosos ojos azules y besaba la mano de la chica cuando ella pasó junto a ellos.

"¿Qué le sucede?", se preguntó Candy, furiosa. "¿No podía ver más allá de la belleza de Susana?"

Sin embargo, debía reconocer que ella nada tenía que ver con ello. Lo apartó de su mente y pensó en sí misma.

Fue un año provechoso, recapacitó. Uno nuevo y vacío se presentaba ante ella.

¿Qué le depararía? La nueva campaña ¿Sería un éxito, un fracaso o un inesperado término medio? Se sentía inquieta, como si hubiese dejado suelto a un monstruo en las oficinas corporativas.

Y el nombre del monstruo era Susana, se dijo. Trató de apartar la idea; no le importaba cómo llevaba Terry su vida. Incluso si decidía casarse con la modelo, lo cual parecía probable, a Candy no tenía por qué afectarla. Pese a lo cual, estaba incómoda. No creía que Susana pensase en serio sobre Terry y si la chica lo dejaba, él podría culpar a su socia por el daño causado, sólo por el hecho de que fue ella quien sugirió incluir a Susana en el proyecto.

"Como si fuera mi culpa", consideró. "¡No soy la única responsable! ¡Él se metió en este lío! ¡Yo nunca le pedí a ella que saliera con él!" No obstante, la preocupación por los sentimientos de Terry no era lo único que la molestaba. ¿Qué sucedería si Susana no lo rechazaba? ¿Qué ocurriría si ya estaba cansada de la vida del modelaje y decidía que Terry sería un buen marido?

Quizá para el final del año nuevo, todo habría cambiado. Eso la hizo sentir triste y asustada. Se dijo que era una tonta. No había algo extraordinario en el finalizar de un año. Después de todo, sólo era una forma para medir el tiempo. No había la menor diferencia entre esa noche y las anteriores, y el mañana sólo sería otro día.

Anthony se acercó por la espalda y la besó en el hombro. Ella se apartó.

—¿Qué sucede?

—Nada...es solo que me asustaste.

—Perdon, no fue esa mi intencion. Candy, creó que te diste cuenta que me gustas... —manifestó con voz suave.

—Nn no.

—Pues así es... Y es casi medianoche y quiero besarte cuando las campanas empiecen a sonar.

"¿Y yo?", se preguntó ella. "Qué sucede si yo no quiero besarte" Compórtate y no seas aguafiestas. Es Año Nuevo. Todos se abrazarán y besarán dentro de unos minutos y tú no serás la excepción.

El conteo final de los últimos segundos del año se inició.

—Diez... nueve... —el coro crecía al unirse más asistentes.

"Hace un año, Terry y yo tomábamos champaña y jugábamos gin rummy en la sala de su apartamento. Al sonar las doce campanadas, él me besó en la mejilla, dijo gin y ganó"... "No tienes por qué ponerte sentimental por una bobería como ésa", se reprochó. "No es un recuerdo digno de guardar para contárselo a tus nietos ¡Con seguridad morirían de risa!" Y los nietos de Terry... bueno, ellos querrían enterarse de la noche de Año Nuevo que él pasó con la famosa Susana.

También era probable que su planteamiento fuese diferente. Tal vez preguntarían por el primer Año Nuevo que pasó con la abuela…

"¡Detente!", se ordenó airada. "¿Qué puso Anthony en el champaña? Debe tener algo. Jamás me había sentido tan deprimida". "Oh por Dios" "Piensa en William Levis, imagínate que es a él a quien estas besando"

—Cinco... Cuatro...

Los brazos de Anthony se cerraron alrededor de ella y sus labios descendieron con firmeza. Su cálido aliento lo sentía muy cerca.

—Tres... Dos... Uno... ¡Feliz Año Nuevo! —las voces cantaron en coro. El ruido era ensordecedor y algunos arrojaban confeti al aire.

No se dio cuenta cuando el poso sus labios sobre los de ella. Sus suaves labios eran besados delicadamente por los de el. El beso fue tierno y delicado. Le gusto pero no se comparaba a lo que sintió cuando fue besada por Terry.

El beso pareció prolongarse una eternidad, pero Candy estaba segura de que no pasaron más de unos segundos. Posó su mano sobre el pecho de Anthony para separarse lentamente. Él la miró fijo a los ojos y sonrió.

—¡Feliz Año Nuevo Can!

La chica suspiró con alivio y se apartó de él. A partir de ese momento se aseguraría de que cuando menos hubiera dos personas entre ellos. Sirvieron más champaña y aparecieron nuevas bandejas con bocadillos. Silbatos y cornetas seguían chillando incesantes. Candy se sacudió el confeti del cabello y vio cómo los pedazos multicolores de papel se unían a los cerros que ya estaban en el suelo.

Era probable que la fiesta se prolongase hasta el amanecer, o hasta que por ley, el restaurante tuviera que cerrar, pero ella no esperaría hasta el fin. Olvidó que las fiestas en las que se bebe mucho, suelen ser aburridas.

Noches de aficionados, llamaba Terry a las festividades de fin de año, porque incluso personas que rara vez salían de sus casas, lo hacían en esa ocasión, sólo para hacer el ridículo. Por eso ella y él acostumbraban quedarse en casa a disfrutar de una buena cena...

La cabeza le dolía por el ruido. Las fiestas de Año Nuevo de verdad eran aburridas. Se percató de que Anthony estaba de nuevo a su lado con otra copa de champaña en la mano y le dijo:

—Estoy muy cansada, me voy a casa. Gracias por invitarme.

— te llevaré.

Candy encogió los hombros. ¿Qué importaba? Esperaba que hiciera algún esfuerzo por mantenerla en la fiesta, pero si se ofrecía para llevarla, no se opondría. No le agradaba la idea de tomar un taxi a esa hora.

Se arrepintió tan pronto como salieron al exterior. Pero antes de poder comunicarle que iría a su apartamento sin él, se encontró a bordo de su coche.

Hacía calor en el interior y antes de llegar a su destino, se quitó los guantes, el sombrero y la bufanda, y habría hecho lo mismo con el abrigo, si Candy no lo impide.

Bajó del auto y ayudó a la chica.

—No es necesario que me acompañes hasta arriba. Es tarde, así que no te preocupes.

—Quiero cerciorarme de que duermas en tu cama—dijo en broma.

Anthony intentó besarla en el ascensor. Cuando ella lo rechazó sutilmente, puso cara larga. Eso la hizo arrepentirse de haberle ofrecido la taza de café.

Se detuvo frente a su puerta.

—Gracias por traerme, Anthony.

—¿Y el cafe?—parecía un chiquillo malcriado.

—Ya es tarde y... ¿qué te parece si tomamos café en otra...?

—Podriamos charlar un rato—esta vez la palabra resonó en los muros.

Era evidente que ese enfoque no funcionaría. En un instante, cabezas molestas empezarían a aparecer detrás de las puertas de los otros apartamentos.

— Bien...

Abrió la puerta y le cedió el paso.

—Toma asiento—dijo, dejándolo en la sala—. Iré por el café.

Con un suspiro de alivio, la chica se dirigió a la cocina. "¿Ahora qué voy a hacer con él?", se preguntó después de encender la cafetera.

Cinco minutos más tarde, cuando llevaba el servicio de café a la sala, encontró a Anthony, muy cómodo con un álbum de fotos en su regazo. Candy maldijo entre dientes.

El teléfono sonó en ese momento.

¡Feliz a-ño amiga!—su voz sonaba rara.

¿Annie?

La mis-ma hip

¿Has tomado?

Solo un po-qui-to hip

Ya veo. Feliz año para ti también. ¿Donde estas?

En casa hip... Ma-ñana te llamo. Beso y cui-date.

Tu tambien—rio del estado de su amiga.

Cuando corto el teléfono se giro para ver a su invitado muy risueño.

—¿Todo bien?

—Sí. Era Annie, al parecer le afectaron por demás las burbujas. ¿De que te ries tanto.?

—Las fotos de niña son muy tiernas. ¿Este es Terry?

—¿El gordito?— río abiertamente. El asintió y río con ella. —Era muy tierno de niño.

—¿Que edad tenías en esta foto?—era una foto en la que ella salía con un vestido blanco veraniego en la playa.

—Eso fue hace tres años. En costa azul.

—Siempre fuiste una mujer hermosa. —fue muy sincero. —¿Porque no estas en pareja?

—Tal vez...—hizo una pausa—porque no he encontrado al indicado.

—Tal vez ya lo encontraste y...—dejo el álbum y se acercó a ella—no lo quieres ver...

—Eh...eh yo...

—Desde la primera vez que te vi me gustaste, Candy. Además de ser muy bella, eres inteligente, tierna, divertida. Tienes todo lo que un hombre quiere Dame la oportunidad de conocerte...—dijo entrecerrando los ojos mientras tomaba las manos de la rubia entre las suya y depositaba un dulce beso...

—Nose que decirte, Anthony...yo...

El abrió los ojos con un gesto angelical en el rostro.

—No digas nada. Yo sabré esperar.

Minutos más tarde el ambiente se torno más tranquilo. Compartieron un café entre risas y platicas.

En un momento por levantarse, Candy se enredo con su vestido. Tomada por sorpresa, luchó por mantener el equilibrio. Anthony por tratar de sujetarla pero fue vencido, ambos tumbaron en la alfombra, el encima de ella, chocando contra la mesa pequeña de la sala. Las tazas volaron cayendo al piso y provocando un fuerte ruido. Lo que llamó la atención al vecino.

—¡Maldición, Anthony! —grito ella. Al verlo golpearse tan fuerte.

El pánico la invadió. La situacion era incómoda, cautiva con facilidad y por la posición en la que se encontraba, la chica no podía zafarse. En lugar de ello, la acercó más a sí. ¿Por que no me cambie por algo más cómodo? Maldito vestido.

"En realidad no es su culpa", se dijo. "Fuiste tú la tonta que te enredaste".

Escuchó el sonido familiar de la cerradura de la puerta que se abría. ¿O lo imaginó? ¿Por qué habría de subir el portero? ¿Quién más podría ser? "Un ladrón", pensó aterrorizada. "Sólo eso me faltaba..."

—¿Qué sucede? —preguntó Terry con frialdad.

Candy se volvió y lo contempló boquiabierta. ¿Qué hacía allí? ¡Debía estar celebrando con Susana!

—¡Terry!

El cruzó la habitación despacio. Candy nunca vio en sus ojos una expresión tan amenazadora, aunque lo único que dijo fue:

—Estoy seguro de que no te molestará darme una explicación, Anthony.

—¿Eh?... Claro—musitó, haciendose a un lado, después de lo cual, se sentó. Y ayudó a Candy a levantarse.

—Ignoraba que... que invadía tus territorios, Terry —tartamudeó Anthony arreglándose el cabello.

—Así es —fue la respuesta gélida que recibió.

—Sera mejor que me vaya.—murmuró el joven. Tomó su abrigo—. Hasta luego, Candy.

—Sobre mi cadáver —comentó Terry, entre dientes.

—¿A qué te referiste al decir "sobre tu cadáver"? —no consideraba que la situación fuese divertida.

—Tu gusto por los hombres es terrible, Candy.

—¿Insinuaste que yo... que tú?...

—¿Que vivimos juntos? Así fue. ¿Hubieras preferido que lo dijera con todas sus palabras?

—¡Ni siquiera conozco el motivo de tu presencia aquí!

—Puede explicarse con facilidad —Terry estaba en el centro de la habitación, muy tranquilo, con las manos en los bolsillos del pantalón. Vestía ropa informal, lo cual indicaba que ya estaba en casa desde hacía rato—. Escuche unos fuerte ruidos. Creí que algo malo te hubiera pasado.

—¡Qué amabilidad de tu parte! —Candy estaba furiosa, sobre todo por la situacion incomoda en la que los encontro—. ¡Pues ya ves...estoy bien.

—Me pareció oírte gritar: "¡Maldición, Anthony ¿Es ésa una nueva forma de hacer el amor? Tal vez esté más atrasado que lo que pensaba.

Candy se humedeció los labios resecos. ¿Qué le pasaba? Se sentía tan avergonzada por la escena que acababa de presenciar, que quería gritar.

—No necesitaba tu ayuda —le indicó, tensa.

—¿Entonces te gusta que te manoseen?—ella abrió los ojos como platos — Lamento haber interrumpido tu diversión —se sacó las manos de los bolsillos—. Supongo que lo menos que puedo hacer, es sustituir a tu amigo... hasta donde lo permitan mis escasos conocimientos.

—¡Terry, estás ebrio! —exclamó la chica, apartándose de él.

—No, pero haré mi mejor esfuerzo para fingirlo, si eso es lo que te atrajo de Anthony.

—Terry, no seas tonto —tenía la respiración agitada.

Terry la había tomado entre sus brazos y ella luchaba por zafarse. Era como si tratase de escapar de una red de acero.

—Sin embargo, lo trajiste a casa. Me temo que tendré que fingir más de lo que esperaba.

—Terry, no...

—Puedes llamarme Anthony, si lo prefieres. Eso podría ambientarme y ayudaría a desempeñar mi papel con mayor facilidad.

—¡Si Susana tuvo que volver temprano a casa, no es mi culpa!

El hizo caso omiso de sus palabras. Aprovechando su superioridad física, la acostó en la alfombra y la oprimió con su cuerpo. Ella luchó por soltar una mano y él tomó ambas muñecas, las colocó encima de la cabeza de la chica con una mano y con la otra le acarició una mejilla, el cuello y descendió hasta posarse sobre un seno.

—¿Qué tratas de demostrar! —exclamó ella, tratando de soltarse, pero el peso de Terry lo impedía.

—Que no puedes protegerte de un vago como Anthony —manifestó él. Su aliento caía en el cuello de Gianna.

—No tenía miedo de Anthony... El no me hizo nada—comentó la chica, moviendo la cabeza con desesperación y con la voz ligeramente quebrada.

Eso lo detuvo. Permaneció inmóvil largo rato.

—¿Y me temes a mí?

Ella asintió. Estaba tan aterrorizada, que ya no podía luchar con él.

—Oh, Candy —murmuró—. No era ésa mi intención... —la soltó, despacio.

Candy movió los brazos con precaución. Terry movió la cabeza y ella se miró en sus ojos color azul zafiro. Vio en ellos la intención antes que él bajara la cabeza para besarla, y la chica cerró los párpados.

Quizá si no lo veía, podría fingir que nada pasaba.

No le era fácil. Si los besos que compartieron junto a la chimenea la noche de Navidad fueron como fuegos artificiales para ella, ése produjo el mismo efecto que una tonelada de dinamita. Quería alejarse de él y al mismo tiempo anhelaba su caricia. Cada fibra de su ser deseaba que la dejara y al mismo tiempo pedía con frenesí que le enseñara lo que era el amor... Se relajó y recibió con gusto las caricias.

—¿Candy? —la voz de Terry era ronca.

La chica estaba avergonzada. Se cubrió los ojos con una mano, tratando de borrar la imagen que tenía de él y lo que estuvo a punto de pedirle.

—Márchate, Terry—suplicó en un murmullo.

El permaneció inmóvil varios segundos y cuando al fin se levantó, Candy deseaba pedirle que regresara a su lado y no la dejara sola. Reprimió las palabras y no lo miró, a pesar de saber que estaba a su lado. Luego, sin decir más, desapareció. Ella se quedó en la alfombra largo rato.

"Quería que me hiciera el amor", pensó. "Siempre ha sido mi mejor amigo y de pronto, ya no es suficiente. Quiero algo más que su amistad, por eso me molesta su relación con Susana. Ha ocurrido con tanta lentitud, que no sabía que lo quería para mí".

¿Cuándo cambió su afecto por Terry? ¿Cuándo se convirtió en el amor de una mujer por un hombre?

Continuará...

¡Oh! ...qué pasará ahora...

Nos leemos en el siguiente.

¡Gracias por estar!