Tyrion se encontraba en las pajareras con el joven Maestre Samwell- a quien había sido asignado para servirle, también conocido como el Maestre Cerdi por Alisser Thorne, el Maestre Mortífero por algunos otros, la vergüenza de Colina Cuervo por las gentes del Dominio, el Gran Maestre del Muro por algunos maestres de los Siete Reinos y el mataotros por todo el Muro y Antigua.
La mayoría de los apodos del maestre al que servía Tyrion tenían mucha razón: lo de Cerdi se debía al peso del maestre que, a pesar de reducir desde su llegada al Muro, era una bola de sebo; lo de Mortífero y lo de Mataotros se debía a que fue él quien, tras la muerte de Craster, trajo a sus esposas-hijas al Muro matando a varios Otros; el de vergüenza de Colina Cuervo venía del odio tenido por Lord Tarly a su hijo; y el de Gran Maestre del Muro… Bueno, de ese había dos teorías, o bien era porque en sus cinco años de Maestre había conseguido una cadena con más eslabones que la de cualquier Gran Maestre- cuya cadena siempre tenía más de la mitad de los eslabones falsos-, o bien por sus enseñanzas de defensa de los otros a los hermanos, sus enseñanzas de historia del Muro a los maestres y su proyecto- aún en el tintero- de rehabilitar Guardaoccidente del Río con Maestres hermanos de la Guardia de Noche y renombrarlo como Torre de los Maestres.
- Recuerda contar cuántos cuervos has enviado- le dijo el Maestre Samwell.
El Maestre enviaba una carta a cada señor con una espada de acero valyrio, pidiendo ayuda. Lamentablemente, solo contaban las espadas y puñales encontrados a más allá del Muro, las compradas por el rey al otro lado del mar Angosto, las espadas cedidas por Lord Corbaray y Ser Harlaw y el puñal otorgado por Meñique.
Ni si quiera su gran Alteza es capaz de renunciar su espada por mucho que su hijo y el maestre más intelectual de toda la historia de los Siete Reinos le envíen misiva.
Los señores no daban sus espadas, ya que ellos pensaban que el Maestre Samwell estaba más loco que el bufón de tatuajes en la cara de Lady Shireen Arryn.
- ¿Por qué sigue insistiendo en que nos ayuden?- le preguntó Tyrion al maestre Samwell.
- Si no lo intentas nunca sabrás la respuesta- dijo el maestre.
Mientras Tyrion y el maestre Samwell enviaban cartas a todo lugar de Poniente donde hubiera acero valyrio, un cuervo llegó con una carta. El maestre Samwell le dijo a Tyrion que siguiera atando las cartas a los cuervos en lo que el maestre leía la carta.
El maestre leyó la carta y puso cara de preocupación, Tyrion notaba como la mirada de preocupación del gordo y joven maestre. No sé de qué me extrañan sus miradas, tal vez me vuelva a tener miedo como cuando me vio llegar al Muro.
- ¿Pasa algo maestre Samwell?- preguntó Tyrion.
- Por el momento no te incumbe- dijo el maestre antes de salir corriendo como si hubiera visto a los Otros.
Mejor que los otros se diría que ha visto a su padre.
Tyrion continúo enviando mensajes, tres cuervos mas llegaron, y Tyrion no podía resistirse, Tyrion vio que de las tres cartas, dos eran para el Lord Comandante y una para el Maestre.
¿Qué querrá ahora los señores de Poniente para que molesten a la gente del muro con su juego de tronos?, se preguntaba Tyrion. La última vez que empezaron a llegar tantas cartas al Muro fue cuando el sobrino de Tyrion murió, esa fue la única vez que le llegó una carta para él...
Aunque sabía que no debía abrir las cartas, Tyrion se fijó en una carta con el sello que usaron los hijos de Jamie cuando todos los veían como hijos del rey Robert. No pudo evitar el querer saber quién utilizaba el ciervo y el león de Joffrey y abrió la carta. Tyrion miró directamente la firma: Myrcella de las casas Baratheon y Lannister, la primera de su nombre; reina de los Ándalos, los Rhoynar y los Primeros Hombres; señor de los Siete Reinos y Protectora del reino. Señora de Hornwood, Roca Casterly y Lannisport.
- ¿Se puede saber con qué derecho lees esa carta?- dijo la voz del maestre detrás de Tyrion.
El maestre Samwell apareció detrás de su mayordomo con el ceño fruncido y los labios apretados.
- La carta tenía el sello que usaba mi sobrino antes de ingresar en la Guardia de la Noche- intentó escusarse Tyrion.
- La carta iba dirigida al noningentésimo nonagésimo octavo Lord Comandante de la Guardia de la Noche, Jon Nieve, y no al mayordomo del Maestre del Castillo Negro- replicó Samwell-. Tienes suerte de que el Lord Comandante te ha reclamado ante su presencia para explicarte la situación.
Tyrion y el maestre no dijeron una palabra más y fueron en silencio hasta la Torre del Comandante. En ella aguardaba el joven Jon Nieve, tan frío como el Muro igual que siempre lo estaba el bastardo del rey Eddard.
- Tyrion de la Casa Lannister- comenzó a hablar Nieve-, viniste al muro un año después de poner fin a la Guerra de los Tres Estandartes y juraste unos votos que incluían la castidad y la lealtad exclusiva a tus hermanos.
- Que yo sepa nunca he ido al burdel de Villa Topo, al menos desde que llegue al Muro.
- Si has respetándola castidad a pesar de tus instintos, eso habla mucho de ti, Gnomo- reconoció el Lord Comandante-. Pero… ¿podrás resistir que tu sobrina se haya nombrado reina? ¿Irás corriendo a su vera? ¿O correrás con tu sobrino para tomar Fuerte Túmulo?
- No tomaré parte, lo juro por mi honor de Hermano Juramentado de la Guardia de la Noche- juró Tyrion con la mano en el pecho.
Jon lo miró seriamente, carraspeó y continuó la conversación.
- Para asegurarme de que cumples tu juramento, tú y el maestre partiréis a Antigua. Dónde comenzarás tus estudios de Maestre para que puedas servir mejor a la Guardia de la Noche. Es una orden- dijo Jon al ver la mirada de Tyrion.
