Disclaimer: Los personajes no me pertenecen a mí, sino a la genial Jane Austen y a sus descendientes.

Segundas Oportunidades

Capítulo 11: Ruinas

Darcy salió de la residencia de Lizzie, furioso por lo que había sucedido, y caminó sin rumbo por las calles de Oxford. Aún no podía entender por qué Lizzie le había hecho algo así. Maldiciendo entre dientes, se sentó en una banqueta y enterró la cabeza entre las manos. El año anterior, él y Lizzie se llevaban fatal, pero ninguna de las cosas hirientes que ella le había dicho en más de una ocasión, lo había herido de esa forma.

Se restregó la cara con las manos, colérico. Él sabía que Green no era de fiar, pero no se esperaba que Lizzie cayera de esa forma en sus redes, estaba seguro de que ella era más inteligente. En ese momento casi sentía que la odiaba, quería odiarla con todas sus fuerzas, pero no podía hacerlo. Bufó exasperado, sin saber qué hacer a continuación; no quería volver a su residencia, necesitaba estar solo un rato. Unas gotas le golpearon la nuca, haciendo que Darcy maldijera su suerte en voz alta.

Poco a poco, la lluvia comenzó a caer con más fuerza, mojando al joven que caminaba buscando un lugar para sentarse y poder pensar. Aunque quizás pensar no era lo mejor que podía hacer en ese momento, necesitaba olvidarse de todo. Levantó la vista, encontrándose con que estaba frente a un bar, de los muchos que había en Oxford. Quizás el destino lo había llevado a ese lugar y sería una tontería ignorarlo.

Entró al lugar, sin ser consciente de que alguien lo seguía desde que había salido de la residencia de Lizzie. Había poca gente, lo que se explicaba con el hecho de que estuvieran a principios de la semana. Sin mirar a nadie, se sentó en una de las mesas del fondo y esperó que el mozo se acercara a él.

—Tres botellas de cerveza, por favor —murmuró, cuando el chico se le acercó a preguntarle su orden. El joven murmuró algo, sorprendido por lo que le había pedido el chico. Darcy se limitó a fruncir el ceño, y el mozo se dijo que si alguien necesitaba alcohol en su sangre era ese muchacho.

Después de que el mozo puso las botellas frente a él, Darcy tomó la primera y bebió la mitad de un sorbo. El líquido amargo bajó por su garganta, refrescándolo. Agradeció mentalmente por la bebida, que hizo que el mal sabor de boca desapareciera momentáneamente. Sin pensarlo demasiado, bebió el resto de la cerveza, maldiciendo al mundo por lo que había sucedido.

Odiaba a Lizzie por hacerlo sentirse así, la odiaba como nunca se habría imaginado odiarla. Aunque cuando recordaba la mirada en los ojos de Lizzie, sentía un leve impulso de volver a la residencia y escuchar lo que ella tuviera qué decir.

—Sería una pérdida de tiempo, ya vi lo suficiente —se dijo, bebiendo un sorbo de la segunda botella —. Ahora, sólo necesito tiempo para olvidarme de ella… —volvió a decirse, intentando convencerse de que era verdad.

Una voz femenina, curiosamente melosa, llamó su atención y una mano de mujer se apoyó en su hombro.

—¿Qué quieres, Caroline? —Resopló, evidentemente enojado. Quería estar solo, no quería que nadie viera su miseria, mucho menos ella. Caroline ignoró el tono hostil en la voz de Darcy y se sentó frente a él, mirándolo seductoramente.

—Nada especial, pero pareces alterado… ¿Peleaste con Lizzie? —Le preguntó la joven, usando el tono de voz más dulce que pudo, como si pudiera engañar a alguien con eso.

—No es asunto tuyo —replicó él, con el mismo tono agresivo que había usado antes. Sin mirar a la joven que estaba delante de él, dio un nuevo sorbo a la botella que tenía en las manos.

—Ay, no seas así, Fitzwilliam —dijo ella, endulzando su voz, intentando llamar la atención del joven —. Si quieres, puedo hacer algo para animarte —agregó con un tono sugestivo, levantándose de su asiento y sentándose junto a él.

Darcy la miró, irritado y dio un nuevo sorbo a su botella. Caroline rodeó los hombros del joven con una de sus manos, y apoyó la otra en el pecho del chico, jugueteando con los botones de su camisa.

—Vete a la mierda, Caroline —gruñó Darcy, apartándola con un empujón poco delicado. No quería ser cuidadoso con la joven. Aún no estaba tan ebrio como para caer en las estúpidas insinuaciones de Caroline, aunque planeaba estarlo.

Caroline lo miró, bastante sorprendida por la brusquedad con la que él la había tratado. Darcy nunca había sido así, cada vez que la había rechazado lo había hecho con delicadeza, sin insultarla. Alcanzó a preguntarse si acaso habría hecho mal en aliarse con Green para separarlo de Lizzie, pero el pensamiento desapareció tan pronto como había aparecido. Quizás tendría que esperar un poco más. Sin decir nada más, Caroline se levantó de la mesa y se fue. Darcy no le dirigió la mirada y se limitó a pedirle al mozo otro trago. Ahora necesitaba algo más fuerte que la cerveza.

-o-

Lizzie durmió poco y nada esa noche; las imágenes de lo que había pasado esa tarde la invadían cada vez que cerraba los ojos. No podía tolerar ver esa mirada de desprecio en los ojos de Darcy, que siempre le habían parecido tan cálidos y acogedores. Se dio media vuelta en la cama, y sintió como la alarma del despertador sonaba con fuerza en la habitación. Lizzie masculló una sarta de insultos, que podrían haber estado dirigidos a Green, Darcy o al despertado, y se incorporó en su cama. Con mucho cuidado, para no despertar a Rhiannon, se dirigió al baño con algo de ropa entre las manos.

El agua caliente del baño pareció devolverle en algo la tranquilidad perdida, y cuando salió del baño Lizzie ya se sentía de nuevo como ella misma. Rhiannon le dirigió una sonrisa alegre, antes de introducirse en el baño, y Lizzie le agradeció en silencio el que no dijera nada. Decidió bajar a desayunar sola, aprovechando que a esa hora no habría mucha gente en el comedor. Después de forzarse a tragar algo de comida, volvió a subir para buscar sus cosas e irse.

—¿Te sientes mejor, Lizzie? —Le preguntó Rhiannon, que estaba guardando sus libros en su mochila, mientras peinaba sus largos rizos con una peineta de dientes anchos.

Lizzie negó con la cabeza, antes de volver a desaparecer por la puerta. No había dejado de llover desde la noche anterior y hacía un frío que calaba los huesos, pero a Lizzie le dio igual. Mientras caminaba, Lizzie recordó que tenía prueba ese día. Se le había olvidado por completo, con todo lo que había pasado el día anterior. Maldiciendo, sacó sus apuntes y trató de repasar. Aunque le doliera, la vida seguía y ella tenía que actuar como siempre lo había hecho.

-o-

Gavin se desperezó en su cama, estirando los brazos todo lo que le permitía el estrecho mueble. Miró a la cama del lado, y se dio cuenta de que su compañero había llegado en algún momento de la noche, pero no se había molestado en desvestirse, sino que se había tirado sobre la cama aún vestido. Se rascó la cabeza al ver que Darcy ni siquiera se había molestado en quitarse los zapatos. Eso no era normal en él. Un quejido lo sacó de sus pensamientos, y vio como Darcy trataba de incorporarse sobre la cama.

La cabeza le daba vueltas, y sentía el estómago débil. Reconoció la pieza como su dormitorio en la residencia, pero no tenía ni idea de cómo había llegado hasta ahí. Sintió como su compañero de pieza se acercaba a él y lo ayudaba a incorporarse en la cama. Apenas se hubo sentado, su estómago comenzó a revolverse y tuvo que salir corriendo al baño. Gavin lo siguió, ayudándolo a inclinarse sobre el excusado para vaciar el contenido de su estómago. Cuando dejó de vomitar, Darcy se dejó caer junto a la pared, escondiendo la cabeza entre sus manos.

—¿Qué hiciste anoche, Darcy? —Le preguntó con curiosidad, levantando una ceja tras sus anteojos. —Nunca te había visto con resaca.

—No estoy con resaca, Moran —le respondió Darcy, hostilmente. El dolor parecía estar taladrándole la frente. —¿Y serías tan amable de hablar más despacio? Me duele la cabeza.

—Eso es una resaca, aquí y en la China, amigo. No trates de mentirme, mi padre tiene un bar en Limerick y más de una vez he tenido que tratar con esto —bromeó Gavin, tomando el vaso que usaban para lavarse los dientes y enjuagándolo. Lo llenó y se lo pasó a Darcy. —Vamos, necesitas hidratarte. Tienes que beber bastante a lo largo del día, agua, de preferencia —agregó, con un tono burlón que hizo que Darcy rodara los ojos.

Darcy bebió el contenido del vaso de un trago y lanzó un gruñido que podía ser interpretado como un "gracias". Gavin le sonrió burlonamente y lo dejó solo en el baño. Darcy volvió a enterrar la cabeza entre las piernas, maldiciendo al alcohol y a su estúpida idea de la noche anterior. Le dolía todo el cuerpo y sentía que su cabeza estaba a punto de explotar. Se incorporó pesadamente, aferrándose del lavamanos. Su reflejo le devolvió la mirada, mostrándole las profundas ojeras que tenía bajo los ojos y el moretón que comenzaba a formarse en su barbilla. Darcy masculló una serie de maldiciones e insultos, y decidió abrir la llave de la ducha. Se sentía asquerosamente sucio por haber dormido con la misma ropa que había usado todo el día anterior.

-o-

Al llegar a la sala de clases, Lizzie ocupó su puesto habitual junto a Amanda, quien había llegado muy temprano. Amanda tuvo que ahogar una exclamación de sorpresa al ver las ojeras en la cara de su amiga, y el terrible aspecto general que presentaba, pero Lizzie desestimó el asunto con un encogimiento de hombros y un "te lo cuento después". Las dudas de Amanda se acrecentaron al ver que Thomas se sentaba con otro grupo, después de dirigirle a Lizzie una mirada socarrona. Lizzie evitó los ojos del joven escondiendo la cabeza entre los brazos.

—Lizzie, ¿está todo bien? —Le susurró Amanda a su amiga, que no pareció darse por aludida frente a la pregunta y estaba mirando al pizarrón en blanco, con la expresión perdida. —¿Pasó algo con Thomas ayer?

Por suerte para ella, la profesora llegó rápidamente y la atención de Amanda se vio rápidamente desviada para concentrarse en su prueba. Lizzie agradeció en silencio por eso, y se concentró en la hoja que tenía frente a ella.

-o-

Después de tomar un vaso de jugo de tomate al desayuno (sugerencia de Gavin), junto con algo de comida, Darcy se sentía mucho mejor. Recitando una retahíla de insultos, salió a la calle aferrando su bolso. O'Sullivan salió tras él, alcanzándolo rápidamente.

—¿Te sientes bien, Darcy? —Le preguntó John, fijándose en las ojeras de su amigo. —Cuando llegaste anoche estabas en un estado terrible, casi no pude subirte a tu pieza, entre Gavin y yo, tuvimos que arrastrarte por las escaleras. Espero que no te hayan quedado moretones en las piernas, creo que te pegamos mucho.

"Eso explica muchas cosas", pensó Darcy, frunciendo el ceño. Así se explicaba el haber llegado a su cama y no recordarlo en lo absoluto.

—Gracias —masculló Dracy entre dientes, a lo que O'Sullivan le respondió con una sonrisa cómplice.

—No es necesario —contestó, bromeando —. Es parte del código masculino: nunca dejes que tu amigo duerma en la puerta de su casa.

Darcy no pudo evitar una sonrisa al escuchar eso, divertido por la actitud relajada de su amigo.

—Creo que no voy a volver a beber en mi vida —bufó, haciendo que O'Sullivan soltara una risotada.

—Eso decimos todos. Cuando murió mi madre bebí tanto que no me acordaba ni de cómo me llamaba —comentó, con un tono de voz súbitamente amargo —. Pensé que mi padre iba a matarme cuando llegué mi casa, pero en vez de eso sacó una botella de whisky y nos la bebimos juntos. "Si eres lo suficientemente mayor como para beber, lo haremos bien, como debe hacerse". Después de eso juré que nunca más iba a beber ni una gota de alcohol, aunque cada vez que los Shamrocks ganan se me olvida —agregó, sonriendo de nuevo.

—¿Cuántos años tenías? —Preguntó Darcy, llevándose una de sus manos a la nuca y rascándose la parte de atrás de la cabeza.

—Dieciséis —respondió él, riendo. Darcy le sonrió, agradecido de que su amigo hubiera hecho que se olvidara de Lizzie por un momento.

Susan los estaba esperando afuera de la facultad, y abrió desmesuradamente los ojos al ver el moretón en la cara de su amigo.

—¡Dios mío! ¿Qué te pasó? —Le preguntó, bastante preocupada por eso, sumado a las ojeras que rodeaban sus ojos.

—Nada que valga la pena explicarles por el momento —fue la escueta respuesta de Darcy, que dejó sorprendida a Susan. Sin embargo, ella optó por no comentar nada, y entrar con sus amigos a la sala de clases.


Tengo que confesar que algo en mi retorcido interior se divirtió escribiendo la parte de Darcy con resaca. Yo no suelo beber, y jamás he estado verdaderamente ebria, al nivel de no acordarme de lo que hice la noche anterior, pero creo que a veces es buena idea, siempre y cuando no lo transformes en un hábito. Y bueno, ¿qué les pareció? Me alegra que no me odien tanto, después del capítulo anterior me esperaba tener que defenderme de unos buenos tomatazos.

Como siempre, quiero agradecerles a todos los que leen la histora, especialmente a quienes dejan reviews o agregan la historia a sus alertas o favoritos; y por supuesto, gracias a los lectores en las sombras. Aunque no lo demuestren, sé que están ahí.

¡Hasta el próximo capítulo!

Muselina