XI. El día de San Valentin.
Celebrar el día de San Valentín había sido desde siempre una tradición muy popular en Hogwarts. Aquel año la comisión de fiestas, superó con creces el éxito del banquete de Halloween del trimestre anterior. El profesor Flitcwick se había ocupado personalmente de la decoración reclutando a los prefectos de Ravenclaw y algunos alumnos de séptimo de esa misma casa para ayudarle a supervisar a los elfos domésticos, que eran en realidad los que hacían el trabajo duro.
A la hora del desayuno una multitud de alumnos ansiosos se admiraron con los cientos de campanillas doradas que adornaban los corredores en gráciles ristras. En el Gran Comedor también las campanillas oscilaban sobre las cabezas de los chavales bajo el techo encantado, pero era un poco extraño que no emitieran ningún tintineo...Los efectos del Speculum Vanitas no se disiparían hasta primera hora de la tarde y Peter exultaba de felicidad convencido de que ese iba a ser su año.
- Fijaos- Dijo Peter excitado a sus compañeros de mesa- ¡son hadas!
Remus miró hacia arriba y se encogió de hombros. No tenía humor para campanillas y hadas aquella mañana. El día anterior ni James ni Sirius habían pasado un solo minuto con ellos dos desde el desayuno. James había desaparecido en dirección al campo de quiditch y no habían vuelto a verle hasta por la noche, cuando se lo habían encontrado dormido al subir al cuarto circular. A Sirius tampoco se le había visto el pelo en todo el día y su cama había amanecido aquella mañana sin deshacer... De hecho aún no tenían noticias suyas. Para colmo James se había levantado de un humor peligroso y había rehusado bajar a desayunar sin explicación alguna. Sin embargo Remus no pudo ignorar durante mucho tiempo el espíritu de la fiesta, pronto tuvo que abandonar sus reflexiones porque las campanillas que tenía encima empezaron a sonar. Como consecuencia todas las cabezas se volvieran hacia él. Desconcertado, miró alrededor y descubrió que una de las hadas que sobrevolaban el Gran Comedor se dirigía zumbando hacia él y se paraba frente a su cara con un pequeño sobre rosado en la mano. Abochornado, trató de hacerse el sueco mientras las orejas empezaban a arderle. El hada cambió su zumbido por un bufido y soltó la carta sobre su cabeza, desde donde resbaló y casi se cae dentro del bol de cereales de Berta Jorkins. Todos en la mesa de Gryffindor se echaron a reir. Afortunadamente casi en seguida las campanillas empezaron a sonar en algún punto de la mesa de Hufflepuff desviando la atención de Remus, que a esas alturas estaba rojo como un tomate. Berta y Peter, sin embargo, seguían mirándole fijamente.
- ¿Quién te escribe, Lupin?- Preguntó la chica mientras el pobre Remus daba vueltas al sobre sin decidirse a abrirlo.
No se molestó en contestar y se guardó la carta en el bolsillo de la túnica para un momento en que no tuviera a la mitad de los alumnos de su casa observándolo. Durante el resto del tiempo que duró el desayuno las campanillas no dejaron de sonar, para regocijo de algunos y desesperación de no pocos. Peter se paso el desayuno mirando continuamente alrededor y sobresaltándose cada vez que un hada pasaba cerca de su oreja. Casi todas las chicas recibían correo de San Valentin, Remus sospechaba que muchas de las que más aspavientos hacían se habían escrito a si mismas, o entre ellas.
Sirius no apareció y mientras Remus le buscaba con la mirada se dio cuenta de que Lily tampoco estaba allí.
La primera hora de clase para los estudiantes de sexto era Defensa con el profesor Veltroid. Había pocos matriculados para el nivel de EXTASIS de la asignatura por lo que coincidían alumnos de todas las casas. Cuando Remus y Peter llegaron al aula James estaba ya sentado en el pupitre que compartía con Sirius, aunque este último brillaba de nuevo por su ausencia. Lily, al fondo de la clase, estaba absorta en su libro de texto. Peter y él habían llegado casi los últimos por la fastidiosa actitud de Peter, que se paraba por los pasillos cada vez que sonaban las campanillas; a medida que transcurrían los minutos sin recibir correo de San Valentin Colagusano había ido perdiendo el buen humor con el que empezó la mañana y Remus nunca había estado tan cerca de mandarle a freír espárragos. Mientras miraba nerviosamente a la puerta con la endeble esperanza de que Sirius acabara por presentarse a clase, Veltroid empezaba ya a explicar la mejor manera de afrontar el ataque de una mantícora .
- ... Lo mejor sería un encantamiento silenciador para evitar que el canturreo de la bestia nos aturda, pero...
El repiqueteo furioso de campanillas, cada vez más intenso al otro lado de la puerta, detuvo en seco la exposición del Profesor Veltroid , quien quedó con la boca abierta y expresión perdida, como si la interrupción le hubiera hecho perder el hilo de una perorata que solo era capaz de recordar si la recitaba de corrido.
La puerta se abrió de golpe y Sirius entró a la carrera, perseguido por un enjambre de hadas que zumbaban furiosas detrás de él.
- ¡FIXUS!- Dijo una voz, y las hadas se congelaron en el aire, aunque no antes de haber lanzado sobre Sirius una lluvia de sobres de color rosa. La clase entera se echó a reír... La estampa era cómica. James había lanzado el hechizo de inmovilización demasiado tarde y las cartas amorosas de Sirius estaban desparramadas por todo el aula. Veltroid, incapaz de reaccionar había perdido todo control de la cara de muy pocos amigos Sirius empuñó su varita.
- ¡Accio!
Otra vez demasiado tarde... Snape había recogido uno de los sobres que habían caído a los pies de su pupitre y lo sostenía con una sonrisa malévola en la cara.
- Dame eso Lloricus- Dijo Sirius con voz ronca, y sin esperar respuesta amenazó al Slytherin con la varita.
- ¡Señor Black¿Cómo se atreve?- Exclamó Veltroid indignado, recuperando la autoridad perdida.- Salga inmediatamente de la clase y preséntese a la profesora McGonagall.
Sirius dudó una fracción de segundo antes de bajar la varita y por un momento Remus estuvo convencido de que su amigo iba a abandonar todo sentido común y maldecir a Snape allí mismo, en medio de la clase y delante de un profesor. Pero después, sin dejar de mirar fijamente a su enemigo, el mayor de los Black se guardó la varita y salió dando un portazo. Veltroid cerró los ojos un instante.
- Diez puntos menos para Gryffindor.
Al menos Remus pudo perder de vista a Peter en Aritmancia, porque él era el único de los cuatro que había tenido el valor (o la demencia según Sirius..) de cursar aquella asignatura. Había albergado la esperanza de poder hablar con Lily y preguntarle por la causa del mal humor de James, pero no consiguió hacerse el encontradizo con ella antes de empezar la clase y los intentos de llamar su atención resultaron del todo inútiles. Lily no miraba ni a derecha ni a izquierda, estaba absorta en su propio pergamino pese a que no atendía en absoluto a las explicaciones de la profesora Vector.
- ¡Nora!, pschhh- susurró Remus a Prewett dos pupitres a la derecha.
Ella levantó la cabeza e hizo un gesto de fastidio.
- ¿Qué quieres Lupin? Rápido que me pierdo...- Dijo sin dejar de copiar el interminable desarrollo matemático que la profesora había hecho aparecer en la pizarra .
- Pásale esto a Lily- dijo él, alargándole una nota.
La respuesta se hizo esperar. Por más que Remus miraba fijamente a la pelirroja tratando de captar su interés, ella no le devolvía la mirada. Ya no esperaba respuesta, cuando Nora le envió de vuelta su nota haciéndola volar hasta él con la varita en un descuido de la profesora Vector. Leyó la respuesta, solo eran dos palabras con la pulcra caligrafía de Lily. Ahora se lo explicaba todo...
Hemos rotoAl acabar la clase Lily se marchó con Nora. Remus pensó que tendría ocasión de hablar con ella en Pociones; tenía la siguiente hora libre. Se dijo que debería volver a la sala común y dedicar ese rato a la pila de deberes acumulados que no podría hacer el fin de semana por ser luna llena, pero estaba demasiado alterado como para concentrarse. ¿Como era que James y Lily habían roto? Pero si hacía dos días James estaba tan feliz que a veces hasta daba un poco de vergüenza ajena... Aunque lo intentó con todas sus fuerzas no pudo reprimir una chispa de algo demasiado parecido a la alegría como para no hacer que se sintiera culpable una vez más. Sintió ganas de darse de cabezazos contra una de las columnas del pasillo para intentar sacarse esa pequeña semilla de traición. No se dio cuenta de que Peeves estaba sobre él hasta que una lluvia de huevos de gusamoco le empapó de una sustancia viscosa y repugnante.
- ¡PUAGH!- Gimió llevándose las manos al pelo y limpiándose los dedos pegajosos en la túnica
- JA JA JA JA – reía Peeves flotando junto al techo del pasillo abovedado y haciendo pedorretas a su desconcertada víctima.
A pocos metros, unos chavales Hufflepuff de primero no podían contener la risa a pesar de la insignia de prefecto que lucía Lupin en la pechera.
- Genial¡GENIAL! Vaya día...Y vosotros ¡fuera de mi vista!- Les gritó encolerizado.
Peeves dio por concluida la jugarreta y salió volando detrás de los Hufflepuff amenazándoles con más de aquellos inmundos huevos. Por suerte el baño de prefectos estaba en aquel mismo piso. Aún tenía tiempo de asearse antes de ir a pociones.
El baño de prefectos disponía de una enorme bañera, tan grande que en realidad era una piscina. Estaba llena de agua; Remus metió la mano: Temperatura perfecta. Se sentó en un banco de mármol y empezó a quitarse los zapatos. El encantamiento limpiadorle vendría muy bien para limpiar los churretones de la túnica, pero prefería darse un baño que soportar la irritante sensación de una lija pasando por la piel que el hechizo provocaba.
- Hola Remus...- Una voz aguda lo sorprendió de pronto. Se volvió, pero allí no había nadie...
- Aquí arriba, tonto- Dijo la voz. Allí, sentada en el repecho de una de las altas ventanas, entre las cortinas blancas, le sonreía una colegiala.
Cuando la miró ella le saludó con la mano. Solo podía ser...
- ¡Myrtle ¡¿Qué haces aquí?
- Ah, pero si sabes quien soy...- dijo ella encantada tapándose la boca con la mano, riendo como una boba- ¿has venido tu solo?
Remus llevaba muchos años en Hogwarts como para no haber oído hablar de Myrtle "la llorona", el fantasma de la alumna muerta mucho tiempo atrás que vagaba por el servicio de chicas del primer piso.
- ¿Qué haces aquí? Repitió Remus extrañado.
Myrtle le volvió la espalda enfadada.
- A mi también me gusta salir de vez en cuando de mi tubería. ¡Todo el mundo piensa que por estar muerta debería estar también enterrada! - Sollozó patéticamente y se lanzó al agua salpicándolo todo y gimiendo de una forma que a Remus le provocó dentera.. A los pocos segundos su cabeza transparente surgió de una de las docenas de grifos que rodeaban la bañera.
- ¿No va a venir tu amigo?- Preguntó sonriendo de nuevo.
- ¿Quién?
- Ese tan guapo del pelo largo- Dijo ella bajando los ojos afectadamente- Viene por aquí de vez en cuando.. Me pregunto quien le dará la contraseña.
Remus tosió. Sirius le había pedido más de una vez la contraseña para el baño de prefectos.
- Así que te dedicas a espiar a los chicos en el baño. ..Muy bonito Myrtle.
- Solo a los guapos- Respondió ella pestañeando muy rápido- Pero me he estado fijando y tu tampoco estás nada mal ¿sabes?
Imposible bañarse. Pensó Remus horrorizado ante la idea de quitarse la túnica delante de Myrtle. Ella pareció leerle el pensamiento porque se echó a reír, emergió completamente del grifo y se sentó a su lado en el banco.
- No le dirás nada ¿verdad?
Desde luego que no le diría nada a Sirius ...o el pobre no podría volver a ir a al servicio tranquilo. Myrtle bajó la voz y en un tono misterioso le dijo al oído:
- Tu amigo anda mucho por ahí por las noches. Es un milagro que Filch todavía no le haya pillado. Y como el director se entere de que se escapa del colegio...
- ¡¿Qué se escapa del colegio?!
- Anoche sin ir más lejos. Cogió la escoba y ¡PLAS! Se escapó por la ventana...
Una sospecha que era casi una certeza se apoderó de Remus al escuchar el relato de Myrtle. Nervioso, se apunto a si mismo con la varita y conjuró.
- Fregotego
La desagradable sensación rasposa solo duró unos segundos. Myrtle le miró decepcionada, pero después continuó hablando mientras se elevaba de nuevo hacia la ventana
-Últimamente hay mucho movimiento por las noches. Me recuerda a la época en la que morí- Dijo, haciendo un pequeño puchero a la mención de su propia muerte- todos los profesores andaban por los pasillos buscando la entrada a no se que cámara... Pero por entonces yo estaba fatal... Imagínate, morirse así, de repente... – Y gimió de nuevo. Remus se apartó de la gran bañera excavada en el piso temiendo una nueva zambullida.
- ¿Quién anda por los pasillos de noche además de Sirius, Myrtle? Pregunto Remus.
- Asi que se llama Sirius... – Suspiró ella olvidándose por un momento de gimotear.
- Los pasillos...
- Ah, pues no se... gente... No se han dignado a hacerme ningún caso- se quejó- Esa chica les trajo a mi retrete sin permiso y ni siquiera me saludan...
- ¿Qué hacían de noche en tu retrete? Pregunto Remus cada vez más confundido.
- Eres muy pesado ¿lo sabías?- gruño ella- Pero si me prometes venir a verme te lo cuento...
- Ejem, ejem.- Volvió a toser Remus- Trato hecho.
- Pues verás, una noche después de Navidad, vinieron un chico y una chica. El llevaba un caldero y un fuego portátil y se pusieron a jugar a las pociones ¡sin dirigirme siquiera la palabra!- dijo indignada- Incluso abrieron la ventana sin pedirme permiso...
- ¿Sabes quienes eran?
- ¿Y yo que se? Bueno... eran Slytherin. Y el chico era muy feo, tenía el pelo asqueroso...
- Snape- murmuró Remus
- ¿Qué?
- Nada... sigue...
- ¿Y que más quieres que te cuente?- dijo ella cruzándose de brazos- Tuvieron esa guarrería en mi baño por lo menos una semana. Si hubiera podido se lo hubiera tirado por el water- sollozó de nuevo- Pero claro... como la pobre Myrtle no puede tocar nada... Venían a todas horas, los de aquella noche y otros chicos diferentes, de uno en uno, de dos en dos... pero solo tenían ojos para ese sucio caldero.
- ¿Y que pasó con la poción?
- Puagh, despues de tanto remover y remover ya solo quedaba una especie de barro en el fondo...Una tarde que todo el mundo estaba en Hogsmeade vino el chico de la primera noche, lleno una botellita y desvaneció el caldero y todo lo demás... No me dijo ni adiós, el muy ...
- Si, si... muy insensible por su parte... Bueno... Pues me voy a tener que ir- Dijo Remus con una sonrisa más falsa que un galeón de pega- . Me alegro de haberte conocido. Ya nos veremos... por ahí- Mintió con poca convicción caminando hacia la puerta.
-¿Ya te vas?... ¡Me has prometido que vendrás a verme!- Le gritó ella cuando ya casi estaba fuera.
Increíble. Pensó Remus mientras corría hacía las mazmorras, el ataque de Peeves y la conversación con Myrtle habían conseguido que el tiempo se le echara encima. Tengo que hablar con Sirius inmediatamente. Pero desde luego aquel no era su día. porque Sirius se fumó la doble clase de Pociones... También quiso hablar con James, pero éste le saludó tan hoscamente que decidió dejarlo para otro momento, además el profesor de Pociones ya estaba pasando lista.
- ¿Y el señor Black? Preguntó Slughorn a James al ver el pupitre vació.
- No se encontraba bien, señor.- Mintió James saliendo en su defensa. A la derecha de James los de la cuadrilla Slytherin empezaron a murmurar...
- Dígale a su amigo, Potter, que se asegure de traerme el justificante de la señora Pomfrey antes de la próxima clase - Dijo, mirándole irritado- Y por cierto.. ¿Por qué es usted el único que no muestra efectos de haber tomado Speculum Vanitas?-
- Pues..
Pero antes de que pudiera decir nada más, Alecto Carrow le acusó.
- Potter le ha dado su dosis a Peter Pettigrew.
Slughorn montó en cólera.
- ¿Quién le ha autorizado a traficar con pociones que solo usted, como alumno de EXTASIS, está autorizado a manipular?
- Pero... - Empezó a excusarse James, Slughorn hizo un gesto con la mano advirtiéndole de que no continuara.
- Diez puntos menos para Gryffindor y castigo el sábado.
- Pero si yo solo...
Pero Slughorn, que habitualmente era un profesor afable, se había tomado muy mal la irresponsabilidad de James con la poción embellecedora. Tenía la cara congestionada y escupía un poco al hablar.
- ¡Y como siga porfiando será también el siguiente sábado! Creo que Gryffindor juega contra Slytherin ¿no es así señor Wilkes?
- En efecto, profesor- contestó Wilkes satisfecho.
Ludo Bagman, un poco más allá, tampoco parecía demasiado contrito del castigo que le había caído a su capitán. Al lado de Alecto Snape lucía una media sonrisa insultante, afortunadamente James, desde donde estaba, no podía verlo. La amenaza surtió efecto y James agachó la cabeza. Remus, que le conocía bien, sabía que por dentro hervía de rabia y se alegró de no estar en el pellejo de Carrow. Miró a Lily, que desde el cambio de colocación del aula se sentaba a su lado. Tampoco con ella había logrado intercambiar más que un tibio saludo. No sabía que decirle. Preguntar le parecía indiscreto pero el silencio entre ellos le estaba resultando muy incómodo. La tristeza que veía en aquellos ojos verdes le producía sentimientos contradictorios, alguno de los cuales intentaba ahogar con poco éxito. Se preguntó cual habría sido la causa de su ruptura con James. Obviamente su amigo estaba demasiado colgado por ella como para haber sido el artífice de la separación. De todas formas, después del enfado del profesor Slughorn el horno no estaba para bollos y la clase trabajó en silencio durante la siguiente hora y media. En un momento dado se escuchó, proveniente del pasillo, el sonido lejano de campanillas y algunas risas. El profesor ignoró a sus alumnos durante toda la clase, se quedó en su sillón leyendo El Profeta y ni siquiera se paseó por el aula para comprobar como les iba con la Poción Fortificante que estaban intentando.
Cuando quedaban ya pocos minutos para que finalizaran aquella clase interminable, Remus no pudo soportarlo más y se inclinó hacia Lily, que en aquel momento pelaba una raiz de mandrágora con el cuchillo de plata. En un susurro casi inaudible le preguntó.
- ¿Cómo estás?
Ella le sonrió y por un momento fue su Lily de siempre. La sombra que velaba sus ojos se borró por un momento y fue entonces cuando Remus cayó en la cuenta de que esa sombra había estado ahí, a ratos, desde el inicio del trimestre... Recordó la conversación que había escuchado entre Snape y Lily justo después de Navidad.
- Estoy bien, no te preocupes por mi, Remus. Gracias.
- Pero ¿qué os ha pasado?- Preguntó él sin poder contenerse.
- Nada. No quiero hablar de ello ¿vale?
No se atrevió a insistir.
Al terminar la clase Lily recogió sus cosas y se marchó en seguida. Remus vio como James la seguía con la mirada murmurando algo entre dientes. Cuando Alecto salió en compañía de Snape y pasó al lado del pupitre de James, éste le hizo un gesto obsceno con la mano;
- Que te jodan, Carrow.
Ella se limitó a reír y murmuró algo al oído de su compañero, que acentuó su sonrisa satisfecha.
- ¿Problemas sentimentales, Potter?- dijo Snape, parecía disfrutar inmensamente de la situación.
- Quizá debiste tomarte la poción... Dijo la Slytherin con sarcasmo.
James, a punto de estallar, apretaba el puño dentro del bolsillo de la túnica. Hundido en su silla intentaba controlarse. Remus se acercó a él y apoyó la mano en su hombro.
- Hey, colega. Tranquilo.
Slughorn aún no se había marchado, Alecto Carrow podía dar gracias por ello. A su alrededor el resto de sus compañeros iba abandonando el aula. Bagman y McMillan fueron los últimos en salir junto con el profesor.
James habló sin mirarle.
- Remus... Lily me ha dejado, tío.
- Lo se. Me ha dicho que habéis roto pero no me ha contado que ha pasado...
- Y esos estúpidos también lo saben.
- Bueno, ya sabes que en Hogwarts las noticias vuelan... ¿Qué os ha pasado?
James le miró.
- Te juro que no lo se. Todo iba viento en popa y ayer de repente...- Arrancó un trozo del pergamino que tenía sobre el pupitre, hizo una pelota con él y lo arrojó con rabia contra la pared.- Había quedado con ella después del almuerzo. Estaba muy rara... No la vi en el comedor.
- No, es verdad...
- Estaba muy rara... rarísima. Me dijo que lo sentía pero que no podía seguir saliendo conmigo.
- Y no le preguntaste por qué?
- ¡Pues claro! Pero lo que me dijo no tenía ningún sentido. Dijo que no lo tenía claro, que no estaba preparada... Que no podía salir conmigo ni con nadie...
- Hum..
- Pues la otra noche en la torre de astronomía estaba muy preparada- gruñó dando un puñetazo sobre el pupitre. CRACK
-¡Reparo!- Con un balanceo de varita Remus hizo desaparecer la grieta.
- Dale un poco de tiempo. Ya sabes como son las chicas...
- No Remus, a Lily le ha pasado algo... No se que es pero me voy a enterar.- Dijo James febrilmente- Y como Lloricus tenga algo que ver...me lo cargo.
Callaron durante un momento. Luego James se sobrepuso y preguntó.
- ¿Qué sabes de Canuto?...
- Ayer no le vi el pelo desde el desayuno y hoy... solo en Defensa. Pero James, tengo que contarte algo... Y Remus procedió a relatar su encuentro con Myrtle. James se quedó con la boca abierta y después lanzó un exabrupto.
- ¡Joder! Han estado fabricando la Poción Bilocus entre todos. ¿Te acuerdas de lo que leímos...?
- Si.. yo también lo he pensado. Necesitaba brisa nocturna y removido constante... De hecho se tardaba tanto en hacerla como tardaras en removerla como un millón de veces...
- Si se han estado turnando por las noches... han podido hacerla en una semana.
- ¡Snape era el chef y los otros descerebrados sus pinches!
Todo encajaba. Snape había terminado la poción el día de la visita a Hogsmeade y se la había entregado a Bellatrix Lestrange en Cabeza de Puerco.
- Hay que contárselo a Sirius- Dijo James levantándose bruscamente de la silla.
- Como si fuera tan fácil encontrarle... ¡Por lo que se podría estar en Londres!
A la hora de la cena Sirius seguía sin aparecer y Remus empezaba a pensar que quizá tuvieran que hablar con la profesora McGonagall...
- ¿Y si le ha pasado algo? Esta mañana salió de Defensa hecho una furia, ya sabéis lo imprudente que se vuelve cuando esta rabioso.
- ¡Sirius preferiría morir ser expulsado del colegio y tener que volver a Grimmauld Place! – Exclamó James horrorizado con la idea de dar parte - Y eso es lo que pasará si le pillan fuera de Hogwarts.
Peter, a quien habían informado de todo permanecía callado sin pronunciarse en un sentido u otro. Había perdido todo el entusiasmo al desaparecer los últimos efectos de la poción embellecedora.
- Esta bien...- suspiró Remus- esperaremos. Pero si mañana seguimos sin saber nada iré directamente al despacho de McGonagall aunque no volváis a hablarme en la vida.
Había sido uno de los días más largos y cansados que Remus recordaba. No se entretuvo en la sala común con James y Peter sino que subió directamente a la habitación. Estaba molido. Cuando se quitó la túnica para ponerse el pijama algo cayó al suelo. Remus se dio una palmada en la frente. Con todo lo que había pasado se le había ido completamente de la cabeza el asunto de la carta de San Valentín. Miró hacia la puerta; no le apetecía que le pillaran. James tenía un sentido del humor muy peculiar y por supuesto Peter le reía todas las gracias... Pero había dejado a su amigo jugando ceñudo al solitario y a Peter leyendo junto al fuego. No creía que subieran tan pronto.
Rasgó el sobre. Una tarjeta blanca cayó sobre la cama... le dio al vuelta.
¿Te da miedo la oscuridad?
¿O prefieres la luz de la Luna?
Nos veremos pronto
Un amigo
