Nota: Todos los drabbles están conectados de alguna forma y creo que llevan una especie de orden no del todo fijo.


Mientras los mortales habían pasado gran parte de su existencia creando una variedad extensa de platillos, confites y alimentos que buscaban complacer sus paladares, los dioses habían conservado como su más exquisito manjar un alimento que había sobrevivido milenios y que guardaban como su más celoso tesoro. Sólo el secreto de las armaduras divinas podía considerarse tan importante como el de la preparación de la ambrosía.

Los dioses podían ingerir alimentos humanos, e incluso algunos llegaban a apreciar las curiosas invenciones de los mortales; pero el distintivo sabor del manjar divino, así como su extensa variedad de propiedades, la hacían algo irremplazable para ellos. Poseidón mismo tenía cierta debilidad por los más selectos vinos, pero eso no le preparó para la escena que encontró un día al llegar al templo de Hades.

El dios del inframundo se encontraba enterrado entre un montón de almohadones, una mano descansaba su mentón mientras escuchaba algo que uno de los hijos de Nyx le murmuraba al oído, mientras la otra jugueteaba con un racimo de uvas, para después desprender una de ellas, misma que depositaba con sensual lentitud en sus enrojecidos labios. Poseidón permaneció inmutable, pese al puño crispado que ocultaba con su túnica.

—Veo que finalmente te dignaste a venir. Aunque has llegado tarde, como puedes percatarte ya estamos en el postre…

Hades señaló con la diestra la mesa repleta de dulces delicadeces mientras ladeaba su rostro. Por su parte, Poseidón simplemente tomó asiento frente a él, con todo el aplomo posible, ignorando la mirada inquisitiva de Thanatos, quien parecía comprender que las palabras de su señor iban más allá de lo aparente. Y de nueva cuenta, el dios del mar se preguntó si había sido prudente aceptar la invitación de su hermano.