Morder la manzana
Capítulo 11: Conociendo a mis aliados.
Gritó. Se despertó con el corazón desbocado. Enterró su cara en la almohada y la mordió, intentando no gritar de frustración. Luego, dejó que la frustración se fuera paulatinamente. Severus suspiró, esperando que los últimos retazos de la pesadilla— su realidad— se fueran y pudiera dormir de nuevo.
Hacía calor, tanto calor como podía hacer un día de Mayo. Severus miró su reloj de mesilla, suspirando de nuevo. Con resignación se tumbó boca arriba y cruzó sus manos bajo su cabeza, recordando lo que había pasado en esos meses que llevaba en Hogwarts, en su tercer año. Lucius había vuelto a tocarle de esa forma tan íntima e incómoda varias veces más. Severus no se quejaba: no le gustaba estar desnudo ni que le tocaran así, pero Lucius parecía saber exactamente qué decir y qué hacer para hacerle sentir bien.
Lily y él llevaban su relación a trompicones. Por lo que había experimentado hasta ese momento, Severus sabía que su amistad con los slytherins crecía cuando se enfadaba con ella, y que su camaradería con Lily incrementaba notablemente cuando se disculpaban de nuevo por otra de las tantas tonterías— a ojos de Severus, — por las que discutían.
Lucius llevaba bastante tiempo queriendo presentarle a sus amigos: Severus se temía que igual quisiera meterlo en su círculo interno o algo por el estilo para tenerlo más controlado. Lucius no era mala persona, pero podía llegar a ser obsesivamente territorial, como Severus había podido comprobar en esos años.
Se giró a un lado, mordiéndose el labio con indecisión. Todos los amigos de Lucius eran chicos mayores que él, crueles y con ideas puristas en la mente. Lucius no tenía problema alguno con que Severus fuera mestizo y viviera entre muggles, pero Lucius era un caso aparte; sabía que ellos le intentarían hacer daño si se enteraban de ello. Se giró al otro lado, cada vez más nervioso.
La puerta se abrió con lentitud. Chirrió largamente y luego volvió a cerrarse, escuchándose un pequeño 'clic' al final. Severus sabía que se trataba de Malfoy, estaba seguro de ello. Sus doseles se abrieron y, efectivamente, Lucius estaba allí, sonriéndole. Acarició su cara, mientras apartaba la manta a un lado. Severus tragó saliva, sabiendo lo que vendría a continuación: le intentaba parar de todas las formas posibles, agarrándole, amenazándole con la varita, pegándole con toda la fuerza que tenía. Y Lucius siempre conseguía su tarea.
Cuando Lucius terminó en su interior, agarrándolo con fuerza por la cadera y moviéndolo a su antojo como si fuera su títere, le empujó fuera de él y se tumbó a su lado. Severus tardó en volver a enfocar de nuevo, un poco mareado, antes de pegarse un poco más a Lucius. El joven acercó su boca al oído del niño y susurró lo que se había convertido en una oración entre ellos: Bien hecho, Severus.
Severus suspiró, recostándose un poco más en su hombro fuerte y firme. Lucius le acarició, moviendo su mano por su cuerpo como si fuera el dueño y señor de su piel. Seguramente lo fuera, pensó Severus despreocupadamente, pero mientras siguiera diciendo esas palabras suaves y reconfortantes, él se seguiría dejando hacer.
— Hoy después de la comida te presentaré a mis amigos. Te caerán bien, lo presiento. — dijo Lucius animadamente. Snape le miró un momento, antes de desviar la mirada y decir:
— No creo que sea buena idea. No quiero conocerlos y — Lucius le agarró por el brazo, le cogió de la barbilla y le obligó a mirarlo a la cara. Tenía una mirada apasionada, puro fuego.
— Es buena idea. ¿Quién te protegerá cuando yo no esté? Nadie querrá estar a tu lado, Severus. Es un hecho, una verdad. Así que más te vale que vengas por las buenas y te comportes decentemente. — acto seguido le soltó, haciendo que cayera en su pecho, y le volvió a abrazar. Severus no se atrevió a contradecirlo de nuevo: esa mirada le empezaba a dar miedo.
Lucius salió de la habitación poco después, cuando Severus se volvió a dormir, y cuando se despertó, con el insistente sonido del despertador de fondo, Severus no se vio capaz de levantarse. Estaba cansado, le dolía el bajo vientre y el cuello todavía. Gimió en voz baja y se preparó para ir a clases, más pálido que de costumbre.
Cuando las clases matutinas terminaron y Severus terminó de comer su almuerzo, siempre bajo la vigilante y disimulada mirada de Malfoy, le acompañó a los jardines. Los chicos de Slytherin, los amigos de Lucius, estaban sentados bajo su habitual árbol, tumbados, recostados y sentados en el césped. Cuando Malfoy y Severus llegaron, los chavales se pusieron una mano en la frente, haciendo de visera para verles, y comentaron:
— ¿Quién es el enano? — eso lo dijo un chico grande y nervudo. No parecía muy agraciado pero tenía a su lado a una chica de piernas largas, con párpados pesados, ojos oscuros e increíblemente bella. Los demás rieron como hienas, mientras Lucius le cogía de la túnica, le empujaba hasta quedar delante de él y ponía sus manos en sus hombros, en símbolo de protección.
— Él es Severus Snape. Está en tercer año y me parece una buena adquisición al grupo. — su tono tajante hizo que dos gorilas dejaran de reír, mientras los otros le miraban intrigados.
— ¿Qué sabe hacer?
— Maldiciones, Artes Oscuras y Pociones, principalmente. — Lucius le dio una palmada en la espalda, desestabilizándolo por un momento, y Severus se concentró en seguir poniendo cara indiferente. Aquellos tipos no le importaban para nada: eran una pandilla de inútiles, aunque parecían ser respetados. Los chicos se acercaron para mirarle un poco mejor, antes de que Lucius comenzara a enumerar. — Él es Rodolphus Lestrange, — dijo señalando al chico que había hablado el primero. — su hermano Rabastan, — señaló a un chico que guardaba ciertas similitudes con el anterior: era más chaparro y tenía el cuello corto, parecido a una tortuga. — la novia de Rod, Bellatrix, — continuó señalando a la chica que había al lado de Rodolphus. — mi querida Narcissa, — señaló a una chica rubia, — Andrómeda, — señaló a la chica que había a su derecha. — Crabbe y Goyle. — señaló finalmente a los dos gorilas. Severus no supo distinguir quién era quién.
— Bien, presentaciones aparte, siéntate Malfoy. — Lucius sonrió, se abrió paso hasta quedar al lado de la chica rubia y se sentó. Luego, con la mirada, le indicó a Severus que se sentara, y éste lo hizo. Todos vieron el gesto y en seguida sonrieron, divertidos. Severus gruñó, enfadado, y frunció el ceño. Rodolphus siguió hablando. — Mi padre ha estado hablando con el nuevo Lord Oscuro, ese tal Voldemort. —susurró su nombre con temor.
— Sí, — corroboró su hermano Rabastan. — dice que era Él el que estaba tras la matanza de muggles del mes pasado. Podría ser mentira, pero el Señor Tenebroso vino a nuestra casa, le vimos y — paró su discurso, sin encontrar las palabras para continuar. Asintió varias veces con la cabeza, dando a entender su punto. — No parecía un farol.
— Nosotras también lo vimos. — afirmó Bellatrix, con los ojos brillantes. Narcissa asintió levemente, sin poner demasiado énfasis, y Andrómeda, la otra hermana de las tres, bajó la vista al suelo. No parecía muy contenta de estar ahí. — Estuvo un rato hablando con nuestro padre y luego se fue. ¿Con tu familia ha hablado, Malfoy?
— No. — negó Lucius. No parecía molesto por ello, pero tampoco sonrió, quizás por guardar las apariencias. Bellatrix hizo un gesto altanero de triunfo y le miró socarronamente. Luego continuaron hablando un rato más, antes de que las clases se volvieran a reanudar.
Para el final de la tarde, todos parecían haberse enterado de que había estado hablando con Lucius Malfoy y su grupo de amigos. Lily caminó hacia él: llegaba de los Invernaderos, con el pelo despeinado y las mejillas sonrosadas por la carrera. Severus estaba allí parado, apoyado contra la pared mientras hablaba con Mulciber, Yaxley y Rosier. En esos momentos se sentía tan superior a ellos, tan poderoso. Aunque fuese por su recientemente descubierta amistad con Malfoy.
La vio allí parada, detrás de ellos, mirándole con una mirada que destilaba furia y preocupación a partes iguales. La sonrisa que había estado suprimiendo desde hacía rato amenazó con escapar en ese momento: a pesar de que fuera para reclamarle por sus malas compañías, Severus se sentía agradecido de que Lily se siguiera fijando en él. Suprimió todo amago de sonrisa y se disculpó con sus amigos de slytherin. Éstos resoplaron, furiosos por estar detrás de una sangresucia en las prioridades de Severus, pero no le importó lo que ellos dijeran de él. Llegó hasta ella, que le cogió de la túnica y se lo llevó por el pasillo a rastras.
— ¿Eres amigo de Malfoy? — Severus encontró una ágil respuesta para desligarse de usar ese término.
— Compartimos intereses, nada más.
— ¿Y eso no es ser amigos? — Lily parecía no comprender el quid de la cuestión: ¿eran amigos? No. Nunca lo habían sido. Lucius se aprovechaba de Severus y, ahora, él se iba a aprovechar de su relación. Si Malfoy pensaba seguir usándole del modo en que le usaba, Severus no se quedaría parado.
— No, sólo hemos estado charlando y me ha invitado a unirme a su tertulia con sus amigos. — Bien, era una forma de decirlo. Una como cualquier otra, dejando claro el punto esencial: que Severus había tenido opciones. Que había aceptado porque creía que era lo mejor. Sí, se dijo Severus, eso había sonado como si tuviera poder de decisión.
— Oh, y no hace falta que me digas de qué habéis hablado, por supuesto. De ese psicópata al que ellos siguen, ¿no? — Severus apartó la vista. Bien, en eso tenía razón: sí, habían estado hablando del Señor Tenebroso. O mejor dicho, los amigos de Lucius habían hablado del Señor Tenebroso. — ¿No lo niegas?
— No es eso, Lily. Ellos… Que ellos sigan a ese hombre no significa que yo esté de acuerdo con su… — Severus hizo un gesto con la mano, intentando encontrar una palabra adecuada. — Doctrina, ideología, llámalo como quieras. Sabes que yo no soy así.
— Últimamente estoy empezando a dudarlo, Severus. Cada vez pasas más tiempo con ese par de chicos, Mulciber y Avery. He oído cosas sobre lo que hacen.
— Sólo se divierten. Yo no me meto en eso. — repuso Severus. Oh, sí, les había visto divertirse cogiendo a un novato y hacerle maldades hasta hacerlo llorar sólo por diversión. Y Severus se atrevería a decir que debía de sentir muy bien hacer eso.
— ¿Divertirse? Son malvados, Severus. De verdad. Deberías replantearte tu amistad con ellos. — le explicó tajantemente Lily con una mirada dura. Severus frunció el ceño, harto de la discusión, y contraatacó:
— ¿Ah, sí? Entonces ¿Qué me dices de Potter y sus amigotes?
— No estamos hablando de — Severus le interrumpió:
— ¡Me da igual que no estemos hablando de ellos! No dejan de burlarse de mí, de mi pelo, de todo lo que hago, y tú los defiendes. Ahora dime en qué difiere el sentido del humor de mis amigos del que proponen Potter y Black.
— En primer lugar, en ningún momento he metido a Potter en la conversación. Él es caso aparte: tampoco me gusta lo que hace, pero lo de Mulciber, por ejemplo, parece que está rayando las Artes Oscuras. Es macabro. Hablamos de tus amigos, Severus, que están prácticamente besando el suelo que pisa Voldemort. — escupió con desprecio. Severus tembló de ira y Lily siguió hablando. — Te están cambiando, te están influenciando para que empieces a creer en su estúpida pureza de sangre. Deberías romper esa amistad que tienes con ellos.
Y antes de que Severus pudiera responderle, Lily se dio la vuelta y se fue. Lo prefirió así, que ella se fuera mientras él apretaba los puños, tenso y frustrado por haberle fallado una vez más. Y, antes de marcharse pisando fuerte en dirección contraria, Severus susurró:
— Y entonces, ¿Quién quedaría?
N/A: Bueno, parece que la cosa no va bien, pero puede que mejore. Sólo puede XD
