Capítulo beteado por Mónica León, Beta Élite Fanfiction.

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Capítulo XI

Cuatro en una cama

Bella POV.

El día de la llegada a casa estuvo espectacular. Los chicos nos recibieron con globos, confeti, pancartas y demás, aunque la comida fue otra cosa. Mientras todos almorzaban mi comida favorita, lasagna, yo tomaba caldo de pollo. No podía comer nada elaborado ni muy condimentado por la herida de la cesárea. Edward fue el único que se compadeció de mí y pidió lo mismo, haciendo muecas. No le encontraba el sabor a la comida. Sé de mano de una buena fuente; Emmett, que luego, a escondidas, fue a pedir compasión y le dieron lasagna.

Después del ajetreado día , un baño con agua de flor de manzanilla y un biberón, me disculpé y fui a la cama, llevándome a Carlie. No sabía dónde estaba Edward, pero tampoco podía dejarle a la bebé todo el tiempo. Desde ahora tenía que acostumbrarme a que no siempre lo tendría a mi lado para salvarme de las malas noches o del cambio de pañales. Llegué a la cama rendida, coloqué a Carlie en el moisés y lo acerqué a mi cama, así podría atenderla sin levantarme mucho o hacer esfuerzo.

Muchas veces había visto en las películas o en la televisión que las mujeres, después de horas de la cesárea, caminaban como si nada les hubiera pasado, pero mi vida no era nada parecida. Con solo dos pasos, mi herida latía, dolía y parecía que mis tripas saldrían por ahí. En estos momentos era cuando más odiaba esas cosas.

Un llanto llegó a mis oídos y me levanté exaltada cuando me di cuenta de que el llanto venía del moisés. Vi el reloj… ¡Las dos de la madrugada!

—Bienvenida a la vida de mamá —murmuré, sacando a Carlie del moisés. La tenía cerca de mi pecho—. Hey, espera. No seas desesperada —le dije. Ella buscaba apresuradamente mi pezón para succionar como una vampirita ansiosa por leche. Tenía sus ojitos muy abiertos y me miraba fijamente. La primera vez que lo hizo, me perdí en ellos. Fue la mejor sensación del mundo, ella succionando y emitiendo gemidos muy bajitos, tomada mi dedo índice y con su otra manita aplastaba mi seno, pero mirándome fijamente en todo momento, nada hacía que quitara su mirada de mí. En realidad, solo alguien. Edward. Cuando escuchaba su voz lo buscaba por todos lados y cuando lo encontraba, el mundo desaparecía, dejaba de hacer esos gemiditos para sonreír o, muchas veces, reír a carcajadas, y eso que me enseñaron que los bebés no veían hasta más o menos después del mes, pero creo que nuestra bebé era especial. Nos clavaba su mirada y de allí no la apartaba, incluso si Edward o yo nos movíamos para algún lado, ella nos seguía con la mirada. Le contamos eso a Carlisle y a Arturo y dijeron que la investigarían. Edward y yo cambiamos el tema. Lo habían dicho tan serios que nos dio miedo de que lo dijeran de verdad.

—Investigar. —Bufé—. ¿Puedes creer que tus abuelos dijeron que te enviarían a investigar? Niña rara. —Como si entendiera lo que le decía, sonrió—. ¿Quieres que te investiguen, ah? —Le hice cosquillas en sus pies y rió más fuerte—. ¿Te gusta? —Volvió a reír al sentir mis dedos paseándose por las plantas de sus piecitos—. ¿Terminaste? —Dejó el pezón a un lado, bostezando—. Creo que sí, bebé. —La puse boca abajo en su mantita que había estirado en la cama y comencé a sacarle los gases. Luego revisé su pañal y la puse en el moisés.

Ahora entendía cuando mamá me decía que podía pasar horas viéndome dormir, que para ella era lo más relajante, lo más tierno, que se sentía en paz y completa. Lo mismo sentía yo al tener a mi niña dormida. Mi corazón llegó a una etapa de paz y felicidad, todos mis demonios y las tristezas que tenía desaparecieron cuando en el quirófano, Edward la puso en mis brazos, todo desapareció para mí y mi hija pasó a ser mi mundo. Tenía que luchar, pelear, cuidar, proteger y demás cosas por ella para que se sintiera orgullosa de mí como yo de mamá.

Los llantos de Carlie me sacaron de mis pensamientos, revisé su pañal, pero estaba seco, revisé si tenía cólicos, tampoco, ni un gas. Su ropa, el moisés, intenté darle biberón, seno, pero nada de eso funcionaba. Me estaba poniendo nerviosa porque nada la tranquilizaba.

—¿Pasa algo, Bella? —¡Papá preocupado a la vista! Le hice señas para que entrara.

—No sé qué le pasa. Ya la revisé, pero sigue llorando y no… No encuentro. —Las manos me temblaban. ¡Por Dios! Era pediatra, especializada en neonatos, bebés, niños, jóvenes hasta los quince años y no podía saber qué le sucedía a mi hija de apenas dos días de nacida. Tan solo unas horas y ya había mandado mi carrera a volar.

—A ver, nena. —Edward la cogió en sus brazos y se sentó en la mecedora que estaba en un rincón, cantándole. Al parecer que eso la tranquilizó—. ¿Por qué no dejas dormir a mamá, eh? —Edward le hablaba y podía apostar lo que fuera a que ella lo escuchaba atenta.

—Eres el milagro, Edward. —Reí—. Gracias, ya iba a llorar.

—Eso también dice Emmett… ¿Te vas a convertir en el team Edward, el milagroso? —Me gustaba su tono bromista, amaba esa parte suya.

—Oh, sí, y seré la presidenta de tu club de fans. —Continué bromeando.

Ambos soltamos carcajadas y a pesar de que fueron muy altas, Carlie no se movió ni un ápice, al contrario, se arrulló más. Al cabo de los minutos, Edward prometió que estaba bien dormida e intentó regresarla al moisés, pero falló. La bebé gritó como si hubieran intentado matarla. Edward se incorporó con ella en sus brazos y, al pasar unos minutos, volvió a dormirse.

Al parecer alguien quería que papá se quedara con ella a dormir. Le hice espacio a Edward en mi cama, abriendo las sábanas. Él captó mi mensaje y sonrió. Se acostó a mi lado, dejando a la bebé encima. No pude evitar posar mi mano en la espaldita de Carlie, sintiendo el subir y bajar de sus respiraciones pausadas. Vi a Edward y también se había quedado dormido con su rostro en mi dirección. Nuestra hija estaba en la misma posición y allí pude ver el parecido de ambos. Sus cabellos broncíneos, la boca rosada y entreabierta en forma de o, sus pestañas espesas, incluso curvaban sus labios en una mueca… ¡Tan parecidos!

No me había dado cuenta de que Edward había dejado el monitor de Anthony en la mesita de noche hasta que un sonido activó el sensor de este y el llanto de Anthony salió de allí.

—Hoy no me dejarán dormir —murmuré. Ninguno de mis dos visitantes de cama se había movido. Estaban secos. Despacio, como pude, salí del cuarto hacia al de al lado—. Ya bebé, ya estoy aquí —le susurré a Anthony—. ¿Pañal o biberón? —Revisé su pañal y estaba mojado. Encendí la luz de la mesita de noche, busqué sus pañales y encontré un biberón que estaba en un estuche térmico. Le di de tomar, le cambié sus pañales e intenté hacerlo dormir, pero fue en vano. Al parecer yo no era la persona favorita de nadie.

Lo llevé a mi cuarto. En estos momentos agradecí cuando Sofía insistió en que comprara la cama king size. Tener a tres intrusos en mi cama no estaba dentro de los planes. Me acomodé de espaldas a Edward, coloqué una almohada en el filo de la cama y acosté a Anthony a mi lado, en menos de cinco minutos estaba dormido.

Volví a levantarme cuando sentí un fuerte movimiento a mi lado y a alguien susurrando. Volteé mi mirada y allí estaba Edward, cambiándole el pañal de Carlie. Sonreí. Era una imagen increíble, ver como la bebé movía sus bracitos mientras él le hacía morisquetas para que no llorara.

—Shh… No despiertes a mamá —le susurró.

En un día me había sentido diferente, Edward actuaba diferente. Actuábamos como si fuéramos una familia, siempre juntos, sin importar que existiera alguien más a nuestro alrededor. Nuestras conversaciones eran totalmente naturales y siempre existía una burbuja que nada ni nadie podía romper. Nuestras demostraciones de cariño, de afecto, se daban por sí solas.

Eran las seis de la mañana y sentí que a mi lado, un cuerpecito también se movía. Anthony tenía sus ojos verdes muy abiertos, moviendo sus manitas y balbuceando.

—Creo que alguien despertó… —Llamé la atención de Edward, señalando con mi cabeza a mi lado. Mientras se hacía cargo de Carlie, yo le cambié el pañal, le di el biberón, le saqué los gases y lo hice dormir—. Estoy cansada. —Me tiré de espalda en la cama—. Ya estoy sintiendo mi cuerpo entumecido… ¿No te sientes igual, superdaddy? —Edward se carcajeó, luego enarcó una ceja y me miró con ojos pícaros y traviesos. Dejó a la bebé en el moisés y se lanzó a mi lado, boca abajo, su rostro girado hacia mí y una sonrisa que curvaba sus labios.

—No hemos tenido oportunidad de hablar. Quiero darte las gracias por darme ese tesoro llorón y consentido de papá. —Sonrió—. Gracias, Bella. —Apretó mi mano—. Es tan hermosa… Tendré que ponerle guardaespaldas. —Ambos reímos fuerte. Mi bebé tenía solo dos días de nacida y ya le quería poner guardaespaldas.

Nos propusimos dormir un poco más, hasta la siguiente toma de los bebés, pero cuando cerramos los ojos, alguien entró. —¡Aquí estabas, Edward! —gritó Emmett, entrando a la habitación, haciendo despertar a Anthony y a Carlie. Yo quería matarlo.

—Emmett, nos costó hacerlos dormir. —Gruñó Edward—. ¿Qué quieres?

—Se supone que tienes que dejar dormir a los bebés, Eddie. —Rodé los ojos. Debí haber prevenido esa clase insinuaciones—. Cuando nació Nicole el doctor nos dijo que nada de esas actividades hasta después de 40 días. —Hizo un puchero tan gracioso que no pude evitar reír—. ¡No te rías!

—Yo creo que Rose está criando dos bebés. Pobre —bromeé y moví la cabeza con pesar—. Bueno, creo que se nos acabaron los cinco minutos de descanso. —Me senté al filo de la cama, pero Edward me detuvo e hizo que regresara a la cama

—Quédate, yo traigo tu desayuno. Tienes que descansar —me dijo en tono autoritario, haciendo que regresara a la posición en la que estaba—. Yo iré por las cosas, encárgate de darle de comer a Carlie, me llevaré a Anthony. —Dicho esto, cogió al bebé y salió de la habitación. Emmett me quedó viendo, se encogió de hombros y salió, burlándose de mí.

¡Arg!

¡Odiaba cuando me trataban como inválida!

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Edward POV.

Salí del cuarto de Bella, feliz. Feliz por tener a Carlie conmigo y poder disfrutarla un poco más… Con Bella me sentía como en casa, estar con ella era fácil, era complaciente, nos sincronizábamos bien, nos preocupábamos el uno por el otro.

¿Acaso me estaban enseñando la vida que pude tener y la perdí por idiota?

No, por idiota no la perdí, la perdí por mi hijo y de nada me arrepiento. Si tuviera que renunciar a todo por tenerlo junto a mí, lo haría. Era mi hijo, mi orgullo, mi locura, mi todo, así mismo con Carlie, volvería a hacer todo por ella.

—Hola, hijo. —Salté del susto. No me había dado cuenta de que mis padres ya estaban ahí—. ¿Cocinando? —Una sonrisa burlona se formó en sus labios.

—Mamá, es para Bella. No durmió en toda la noche. Carlie no quería dormir —le contesté de espaldas a ella. Preparaba pan tostado, leche y jugo de naranja—. Y terminamos todos metidos en su cama. —Reí al recordar esa mañana. Hasta Anthony estaba con nosotros. Habíamos amanecido como una familia, como una recién estrenada familia.

Tantas veces deseé poder sentir eso. Cuando vivía solo lo único que tenía en mente era llegar a casa y que me recibiera mi mujer, mis hijos, poder desayunar en la locura de ir al trabajo, ir a la escuela, a hacer compras, luego cenar, contando nuestra rutina, ayudar a los niños en las tareas, que en mi cama me esperara mi mujer, acostarme y atraerla a mi pecho, dormir enredados después de hacerle el amor, enamorarla cada día más. ¡Tener esa emoción al llegar a casa!

Terminé de preparar el desayuno, metido en mis pensamientos. No me había dado cuenta al momento que todos estaban sentados en la isla de la cocina, riendo, todavía en pijamas.

Mamá tenía su vista fija en mí. Sabía que tarde o temprano tendría que escuchar sus sermones. No me había dicho nada porque estaba Bella ahí, pero su mirada no era de reproche, era de decepción. Yo la había decepcionado al meterme con una mujer a días de casarme, teniendo una hija fuera de matrimonio, que para ella eso era lo peor que haría un hombre. Aún así me apoyaba, tenía su apoyo incondicional, ella adoraba a sus nietos, sus ojos brillaban cuando veía a Carlie. Papá también me tenía guardada su reprimenda, se me hacía raro que aún no la soltara, tantas veces que me había encontrado solo, algo se estaba guardando, solo esperaba que no me agarraran los dos sermones juntos.

—¿Sabían que Edward y Bella durmieron juntos? —Emmett alzó las cejas sugestivamente—. Rose, cariño, a nosotros nos tuvieron 40 días sin tocarnos. —Hizo puchero—. ¡Eso no fue justo!

Todos voltearon a verme con caras de "responde". Me encogí de hombros. Lo que no era justo era que no me dejaran un poco de intimidad con mi hija, que pensaran mal cuando lo menos que yo quería hacer era dañar a Bella.

—Carlie no la dejaba dormir. —Me encogí de hombros. Era algo natural, ¿no? Querer ayudar a Bella con nuestra hija—. Ni Bella ni yo estamos para involucrarnos más allá de nuestra hija.

—No-oh, Edward, no digas eso… —Alice negaba con la cabeza y tenía los labios hechos una línea recta—. Uno nunca sabe lo que pasará.

—No, Alice… Escuchen bien; ella y yo no podemos tener nada. Me gusta, pero solo eso, es una excelente mujer, madre y demás, pero no estoy listo para algo serio y no quiero nada con ella —dije de manera lenta para que entendieran—. Es solo la madre de mi hija y punto.

—Edward, Edward, Edward… Cree en mí. —Alice se señaló el pecho con el dedo índice—. Yo sé lo que te digo.

—¿Ahora eres bruja, Alice? —Me burlé de ella—. ¿Lo viste en tu bolita de cristal y no me has dicho nada? —Enarqué una ceja—. Lo único que me mantiene aquí es mi hija. Bella y yo solo somos amigos.

—Seh. —Hizo un gesto con la mano, restándole importancia a mis palabras—. ¡Y yo soy Cristóbal Colón!

—Que bueno, pero yo no soy América, vivo allí, pero no lo soy. —Le dediqué una sonrisa burlona—. Nos vemos más tarde, Be…

—Buenos días… —Bella entró a la cocina muy sonriente con Carlie en su cochecito, pero estaba tan sonriente que a todos se nos hizo raro. Era una sonrisa fingida—. Edward, Anthony está llorando. —Dicho esto se volteó y abrió la nevera, sacando cosas para preparar algo.

—Aquí está tu desayuno, Bella. —Le indiqué que se sentara mientras le quitaba un frasco de las manos.

—¡Oh, gracias! —Ensanchó más su sonrisa—. Pero quiero tomar esto. Silvia me dijo que da más leche. —Vertió el contenido de la botella en un vaso, cogió unas rodajas de tostadas y salió, dejando a Carlie. ¡Qué actuación para más extraña!

Todos nos quedamos viendo las caras, preguntándonos qué la llevaría a actuar de esa manera. Bella nunca había hecho tremendo desplante ante todos, al contrario, siempre se mostraba efusiva.

—¿Escuchó? —Oí decir a Rose—. ¡Escuchó lo que Edward dijo! —afirmó.

—Edward, la cagaste. —Emmett me palmeó la espalda. ¿Pero qué cosa escuchó? Odiaba cuando hablaban en clave.

—Ya mismo iré a ver qué pasó. —Alice y Rose salieron de la cocina hacia el patio trasero donde el sol estaba radiante y Bella estaba sentada, desayunando, mirando una raya de la mesa como si fuera la cosa más interesante del mundo y le revelara el secreto maya o la cura a alguna enfermedad incurable. Ni cuando las chicas comenzaron a hacerle conversación ella dejaba esa sonrisa fingida.

Toda la mañana la pasé con Anthony, ya que Carlie, por ser recién nacida, solo dormía, en cambio mi bebé, estaba atento a todo lo que pasaba a su alrededor. Bella, después del desayuno, se había encerrado en su cuarto, llevándose la laptop, diciendo que aprovecharía para estudiar un caso de su paciente, cosa que nadie creyó porque estaba de baja y todos sus pacientes habían sido trasladados a otro pediatra del hospital. Salió cuando Silvia le llevó comida, pero al finalizar, volvió a refugiarse en su cuarto, como si huyera de alguien o manteniendo distancia con nosotros.

Así como pasó la primera amanecida de ambos con Carlie, Bella seguía rara, pero ahora solo era conmigo. Ya llevábamos dos semanas con lo mismo, se levantaba, desayunaba en el patio trasero, se encerraba en su cuarto a "investigar", salía a almorzar, regresaba al cuarto o salía a algún lado a dar una vuelta. Ya ni peleaba cuando le decía que le dejaba dinero para la bebé, solo no lo tomaba y punto.

Habíamos decidido que mamá regresaría con Anthony y yo iría después, ya que Emmett llevaría los papeles del divorcio firmados por mí. Le dejaría a Tanya el departamento e iría a vivir en la casa que tenía cerca a la de mis padres.

Extrañaba tanto la confidencialidad con Bella. Casi no me hablaba, solo lo necesario de nuestra hija, ese era nuestro único tema a tratar. El único que gozaba de Bella era Anthony, que la adoraba, escuchaba su voz y automáticamente soltaba risotadas.

Hola, nenas! Como están las cosas por aquí? Apuesto que muuuy bien. Bueno, esta nota será algo rapidito porque ando súper cansada, pero no podía pasar por alto lo consentida que me tiene esta beta mía pasándome capítulo tras capítulo. Me siento mal agradecida por no agradecerle por este medio el gran favor que me está haciendo de editar este fic. Moni, bella, gracias por todo, eres una genia. Te quiero.

También gracias por sus huellitas en los reviews, favoritos y alertas. Me emocionan millón.

Besos,

Mel de Lutz.