Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
EL DUQUE Y LA CORTESANA
CAPITULO 11
- Cómo que te vas de la ciudad? - gritaba mi madre caminando detrás de mí viéndome guardar ropa en el baúl que llevaría conmigo a Florencia
- Serán sólo un par de semanas
- Ahora? En mitad de la temporada? - me cogió con fuerza del brazo impidiéndome continuar - Vas a perderte muchas fiestas y reuniones
- Lo siento, madre, está decidido
- Se puede saber a dónde vas a ir? Con quién?
- Ya os lo he dicho - suspiré - Lord Cullen tiene que atender unos negocios en Florencia y me ha pedido que le acompañe
- Va a pagarte?
- No.
- No puedes hacerlo. No puedes ofrecer tus servicios gratuitamente a cualquiera - gritó haciéndome odiarla un poco más
- Podéis ser realmente insultante cuando queréis y esto está comenzando a importunarme
- Qué quieres decir?
- Que quizás lo mejor será que dejéis de llevarme siempre al límite, podría decidir irme y dejar de ocuparme de la familia.
- Me estás amenazando, Isabella? - dijo cerniéndose sobre mí amedrentadora
- Desde luego que no, pero talvez sea hora de que me permitáis manejar mis cuestiones como yo considere más conveniente
- Tú estás arruinando a esta familia con tu estúpido enamoramiento
- Podéis pensar lo que deseéis - espeté dándole las espaldas para continuar con mi tarea
.
El lacayo subió mi baúl al coche con el blasón del duque Vulturi que Edward había enviado a mi casa a recogerme.
Me despedí de mis hermanas diciéndole a Rachel dónde podía encontrar dinero si lo necesitaban, así cómo dejándole instrucciones para ponerse en contacto conmigo a través de Lord Vulturi, si fuese menester.
Sobra decir que mi madre no se despidió de mí.
Subí al coche nerviosa y nos dirigimos a Volterra, donde nos esperaba Edward.
- Isabella, querida, lamento no haber podido ir personalmente a recogeros – se disculpó Edward cuando bajé del carruaje
- No os preocupéis, milord
- Os agradecería que me esperaseis en el salón amarillo – dijo dirigiéndome allí – Debo ultimar unos detalles con mi primo antes de marchar
Esperaba a Edward cuando la puerta se abrió. Emmett entró en la habitación.
- Buenos días, milady
- Buenos días, milord – respondí haciendo una reverencia
- Sentaos, por favor – dijo haciendo una seña hacia el lugar que había ocupado para sentarse a su vez frente a mí – Me han comentado que os marcháis a Florencia
- Así es, milord – asentí ruborizada – Lord Cullen me ha invitado a acompañarle
- Me alegra que las cosas entre vosotros estén bien. Que Jasper no haya interferido en vuestra relación.
- Gracias, milord
Edward entró en ese momento
- Isabella – llamó – deberíamos salir ya, tardaremos unos tres días en llegar a Florencia
Me levanté de mi asiento haciéndole una reverencia a Edward
- Oh, Emmett, disculpa, no sabía que estabas aquí
- Me dijeron que milady estaba aquí y pasé a saludarle. Así que os vais a Florencia
- Sí, aún tengo unos cargamentos de telas que debo confirmar antes de volver a Londres
- Yo volveré a Londres mañana – informó Emmett – Deseas que comunique algo a tu familia?
- No hace falta, seguramente Jasper ya haya informado a mi padre sobre los últimos acotecimientos – sonrió Edward recordándome la partida de Lord Hale un par de días antes – Confío que cuando nos volvamos a ver ya seré un hombre casado – dijo mirándome fijamente
No pude evitar sobresaltarme sonrojándome
- Oh, vaya – respondió Emmett sonriente – Pues entonces, felicidades, mi amigo. Ya me aconsejarás sobre el matrimonio, entonces, para saber a qué atenerme cuando llegué mi boda con tu hermana.
- Ya lo creo – sonrió Edward palmeando el hombro de su cuñado
.
- Qué negocios tenéis en Florencia? – pregunté a Edward cuando ya llevábamos un rato en el carruaje
- Mi abuela materna era italiana. Mi abuelo, era propietario de una compañía naviera y negociaba textiles entre Inglaterra e Italia. Mi tío, el hermano de mi madre, murió sin descendencia. Cuando murió mi abuelo me heredó a mí toda su fortuna incluidos los negocios y varias propiedades, tanto en Inglaterra como en Italia. Tengo una fortuna más allá del ducado. No es un título, pero podré vivir cómodamente y mantener a mi familia y a la familia de mi esposa, aún si mi padre me desheredase o me repudiase – me explicó y pude entender claramente todo lo que me estaba haciendo saber con su inocente charla.
Me miró sonriente haciéndome sonrojar.
- Ya entiendo lo que queréis decirme – dije bajando la mirada a mi regazo
Edward dejó su asiento frente a mí para sentarse a mi lado. Tomó mis manos que descansaban en mi falda instándome a levantar la mirada para fijarla en su rostro.
- Te amo, Isabella. No voy a perderte. Nunca.
Solté mi mano de las suyas para acariciar su suave mejilla.
- Te amo, Edward. No quiero perderte. Nunca.
Edward se abalanzó sobre mis labios rodeando mi cintura con sus brazos para estrecharme contra él.
Sus labios recorrieron mi rostro cuando su mano subió por mi talle hasta alcanzar la cumbre de mi pecho que se vislumbraba sobre el escote de mi vestido.
- Edward – pedí – Tal vez deberíamos mantener un poco el decoro. Aunque sea por el cochero. – susurré sonriendo
- Va a ser un viaje muy largo – bufó
- Imagino que pararemos a descansar en alguna posada – repliqué sugerente
- No vamos a compartir habitación – explicó escondiendo su rostro entre mis pechos
- Cómo dices? – pregunté
- No sería apropiado. Ya es bastante comprometedor que viajéis conmigo sin carabina.
- Disculpa? – dije extrañada alejándome de él para mirarle – De qué estás hablando?
- Voy a hacer las cosas bien. O al menos lo mejor posible dadas las circunstancias.
- Edward, ya hemos compartido habitación y mucho más que eso.
- No estás en Venecia. No eres cortesana fuera de Venecia. Nadie tiene por qué sospechar que ya hemos compartido habitación. No sería lo más prudente.
- Me estás diciendo que me has traído a Florencia pero nunca estaremos a solas?
- Oh, no, desde luego que no. No podría resistir tanto.
- Entonces? Qué importa lo que piensen quienes nos encontremos de camino a Florencia si allí sí estaremos juntos?
- En Florencia serás mi esposa. Puedo estar a solas con mi esposa. – sonrió dejándome confusa
- No te entiendo. Vas a engañar a la gente que conoces en Florencia?
- Quién ha dicho nada sobre engañar? Serás mi esposa en Florencia porque vamos a casarnos en cuanto lleguemos allí.
- No entiendo.
- Lo he arreglado con Marco. Tendremos una licencia especial esperando por nosotros en Florencia. Vamos a casarnos cuando lleguemos allí.
Hubiera caído al suelo del carruaje de no haber tenido a Edward sosteniéndome apoyada contra él.
- Qué dices?
- Digo que vamos a casarnos sin demora en cuanto lleguemos a Florencia.
- No es posible – murmuré
- No quieres ser mi esposa? – preguntó temeroso
Lancé mis brazos alrededor de su cuello apretándome contra él.
- Cómo puedes dudarlo aún?
- No lo sé. Te he escuchado tantas veces decir que no podemos casarnos que he empezado a creer que es porque no lo deseas.
- Puedes ser muy ciego cuando quieres – dije separándome de él – Te amo, Edward, no hay nada que desee más que ser tu esposa. Es solo que siempre he pensado que sería imposible de lograr con la anteposición de tu familia y la mía. Pero ahora estamos solos tú y yo. Somos sólo nosotros. Es lo que ambos deseamos y ya nadie puede anteponerse, verdad?
- Claro que no, amor mío, ya nadie se antepondrá – aseguró lanzándose a mis labios para besarlos enfebrecidamente
- Tal vez deberías dejar de besarme de esa forma si deseas que esto continúe siendo decoroso – sugerí separándome de él sonriente
Hola! Nuevo capi, a disfrutarlo.
Besitos y gracias por leer!
