|Mayo, 2016|

—Hinata—escuché la voz de mi madre llamarme justo en el momento en que abrí los ojos.

Tuve que parpadear un par de veces para aclarar mi vista.

—¿Que sucedió? —conseguí articular con la voz notablemente ronca.

En respuesta, sentí su mano acariciar mi cabello con delicadeza y la vi sonreírme con dulzura. Típico de mi madre, era un sol.

—Te desmayaste hija mía, tu cuerpo simplemente estaba exhausto. Cariño, te excediste y lo forzaste más allá de tus limites—me explicó, suspirando al final—¿Porque no me llamaste si tenías problemas? Para eso estamos los padres, lo sabes ¿No? —me reprochó y me sentí mal al notar cierto atisbo de tristeza en el rostro de mi madre. Probablemente pensaba que no le tenía la suficiente confianza, algo que ella desde pequeña me inculcó innumerables veces.

Pero, cuando se trataba de secretos con mi madre, en mis 21 años de vida solo le había ocultado uno: Naruto.

Y me dolía no poder inclusive en esos momentos ser sincera. Temía que la percepción que tenía de su hija cambiara en un giro radical de 360°.

Me aterraba pensar que en esta historia mi madre no tomara mi lado. Aunque supiera muy bien que yo era muy culpable en todo ese embrollo.

—Mamá, yo...—quise hablar, pero ella me detuvo.

—Shhh pequeña, no te esfuerces mucho. Tu amigo Shikamaru ya me contó de tus problemas con la tesis.

—¿Él te contó?

De inmediato me percaté de que no estábamos solas en la habitación. En ella estaba mi padre, Tenten, Neji, Ino, Kiba, Shino y Shikamaru.

Todos me observaban con suma preocupación en sus ojos. Quise desaparecer, debía de verme patética. Siempre la frágil Hinata. Siempre la Hinata que necesitaba ser protegida.

Pero claro, no todos pensaban así. Mi padre era quizás la única persona que me veía distinto. Por eso no me sorprendí cuando lo primero que me dijo fue:

—Hija mía, ¿cómo fue que echaste a perder el trabajo que estabas haciendo? Estabas perfectamente bien hasta hace poco—le escuché la voz con un tinte de reproché. No me sorprendía, él siempre se había jactado de lo buena alumna que era su hija, así que probablemente el que hubiese reprobado lo tenía algo descolocado...y molesto.

De por si que aún no me perdonaba que hubiese escogido esa carrera...

Suspiré.

—Hiashi, por favor—le advirtió mi madre.

Mi padre solo bufó, lleno de frustración, pero aparentemente decidió no añadir nada más. Definitivamente mi madre era quién tenía el control en su relación.

—Mi tío tiene razón—esta vez habló mi primo Neji, quién se encontraba cruzado de brazos y me observaba inquisitivamente desde el otro lado de la habitación. Él era quizás la otra persona además de mi padre a quién era duro de roer.—¿Qué te sucede? ¿Hay algo que te esté molestando últimamente? —me cuestionó.

Mi primo, siempre tan observador y quisquilloso, pensé con aflicción.

Suspiré y bajando mi vista a mi regazo, confesé algo que realmente me atosigaba, claro, parcialmente: —S—simplemente me sentía...me sentía un poco sola.

Eso no era una mentira.

De inmediato Ino se acercó a mí y me envolvió entre sus brazos.

—¡¿Cómo que sola jovencita?, si nos tienes a nosotros! —me reprochó, sonando sinceramente dolida y quizás ofendida.

—No sé por qué...pero simplemente me sentía así—no pude añadir nada más, no sabía que más decir sin tener que sacar el nombre de Naruto a colación. Era frustrante.

—Yo creo que esta jovencita se merece un abrazo grupal—sugirió Kiba mientras se unía a mi e Ino en nuestro pequeño abrazo.

—¡Estoy de acuerdo contigo! —lo apoyó Tenten mientras rápidamente se acercaba a mí—¡No se diga nada más! ¡Abrazo grupal! —de inmediato todos ya me estaban aprisionando entre sus brazos, entre risas.

— ¿Ya viste hija? No estás sola — dijo mi madre, viéndome embelesada desde la distancia, casi podía ver el asomo de lagrimas en la comisura de sus ojos. Mi padre y Neji podían no ser tan expresivos como mi madre, pero podía ver cierto atisbo de sonrisa en sus rostros.

Mi corazón casi exploto de dicha al descubrir que realmente no estaba sola. Tenía tantas personas que se preocupaban por mí. No me lo merecía, pero tal parecía que Dios era demasiado condescendiente conmigo.

Inevitablemente se me escaparon un par de lágrimas ante tales pensamientos.

—¿Porque lloras ardillita? —me cuestionó Kiba asustado—¡Todos para atrás! ¡Creo que la estamos lastimando!

De inmediato me vi liberada de aquella prisión humana que todos habían formado a mi alrededor.

Me reí al notar los rostros preocupados de todos.

—N—No sucede nada—me sostuve mi estómago pues no paraba de reír. —S—solo lloraba de felicidad, por verlos a todos—y ridículamente las lágrimas no paraban de salir a pesar de que me estuviese riendo.

—Oye Hinata, siempre hemos sido buenos amigos, no deberías de esperar menos, ¡eh! —me reprochó Ino en broma mientras se acercaba a mí y me envolvía entre sus brazos nuevamente—Es cierto que desde que todos estamos muy ocupados terminando nuestras carreras no tenemos mucho tiempo para vernos, ¡Pero nunca nos olvidamos de ti pequeñita!

—Lo sé, lo sé—le devolví el abrazo.

—Así que, si tienes algún problema, no dudes en venir a nosotras y decirnos sobre quién o qué te está molestando. ¡Prometemos resolver todos tus problemas en menos de 24 horas! —habló Tenten, adoptando una pose con su puño, como simulando que le daría una paliza a alguien. Quise reír, la novia de mi primo si que era intimidante, y tomando en cuenta que era una especialista en artes marciales, realmente no dudaba de que fuera de temer.

.
.

Una vez que todos salieron de mi habitación caí rendida sobre mi cama, dejándome llevar por el sueño que tenía.

Los doctores tenían razón, debía reposar. Solo así podría trabajar al 100% en mis estudios.

Me sentía exhausta, mi cuerpo totalmente agarrotado.

Fue entonces que me permití caer en la inconsciencia. Simplemente calle todos aquellos pensamientos que atosigaban en mi mente y observe el techo de la habitación. No pensando nada. En blanco.

Lentamente, perdí la noción del tiempo y sin darme cuenta, me quedé dormida.

Probablemente habrían pasado unas dos horas cuando repentinamente sentí una mano tocar con suavidad mi frente, lo cual provocó que de inmediato abriera mis ojos y tomara el brazo de dicha persona.

La mayor sorpresa fue cuando mis ojos se encontraron con aquellos dos pozos azules que tanto había anhelado el último mes.

Como si tocarlo quemara, solté su brazo de inmediato.

—¿Qué haces aquí? —le pregunte repentinamente resentida.

No sabía porque, pero por primera vez en mi vida no me sentía feliz de verlo.

Sino, más todo lo contrario.

Probablemente se debiese a que cada vez que él se aparecía ante mi yo retrocedía todo el avance que había hecho para olvidarlo. Era como si me recordara todos mis pecados y reabriera aquellas heridas que pretendía haber sanado.

¿Acaso la solución definitiva para mi problema era no volver a verlo nunca?

—Escuche que habías caído enferma y...me preocupe mucho—durante todo el tiempo que habló no se atrevió a verme a los ojos.

—Y—ya estoy bien, puedes retirarte—Lo necesitaba lejos de mi. No podía respirar un momento más de su mismo aire, mucho menos cuando era la primera vez en mucho tiempo que estábamos a solas.

Me asfixiaba.

Naruto me vio reprobatoriamente.

—No puedes pedirme que me vaya. Sabes muy bien que me preocupo por ti.

Baje la vista a mi regazó.

—¿De verdad lo haces? —le cuestione en un susurro apenas audible. Había hablado en voz alta mis pensamientos.

—Acaso...—me mordí el labio, titubeando de si recriminarle sería realmente una buena idea—¿Acaso en algún momento, en estos últimos meses, te has detenido a pensar en mí? —le pregunté de golpe, dejándome llevar por la impulsividad. Deseando ser un poco atrevida y darle una clausura apropiada a nuestra relación. Aquella vez en la cafetería no contaba como una. Con Sakura presente no había tenido la oportunidad.

Naruto me vio con sorpresa, casi ofendido.

—Por favor Hinata, ¿Cómo puedes pensar que me he olvidado de ti? No sabes...

—N—no, tu eres quien no sabe que se siente que...que te hagan a un lado. Q—que te usen y te d—desechen—en ese momento amargas lágrimas comenzaron a caer de mis ojos. — Se que no debí en un principio involucrarme contigo...se que cometí un error. Pero, tú no hiciste nada por detenerme. ¿Por qué? ¿Entonces, Por qué soy la única que se siente culpable? ¿Por qué soy la única que no puede dar un paso más sin sentir vergüenza?

Estaba siendo dura. No. Estaba siendo justa conmigo. Finalmente estaba comprendiendo que yo también podía ser una víctima.

Había sido víctima de un hombre que egoístamente les había dado rienda suelta a mis deseos más egoístas. Me permitió pecar. Me obligó a caer en una vil ilusión.

—Hinata...—lo deje sin palabras. Ni siquiera era capaz de sostenerme la mirada.

Eso solo me confirmaba aún más que tenía razón.

—¿Por qué estuviste conmigo? —pregunte, no teniendo la mínima idea de la respuesta a aquello. Siempre había sido un misterio.

—Te lo he dicho antes...yo...—tomó mi rostro entre sus manos con delicadeza, frotando con su pulgar mis mejillas, haciéndome temblar ante su toque—Yo te amo, y eso Hinata, nunca cambiará—afirmó con su seguridad renovada, viéndome con aquellos ojos llenos de pasión, tal y como si nada hubiese cambiado entre nosotros.

Sus ojos eran como un imán, me tenían presa, en una hipnosis que no tenía fin. Esos dos orbes azules eran mi perdición. Siempre lo habían sido. Y temía que no lo dejaran de ser.

—Te amo, Hinata...

Con sus manos ya sosteniendo mi rostro, solo bastó que inclinase su rostro un poco para unir sus labios a los míos. Me besó lentamente, sabiendo de antemano que no podía resistirme.

Y él no estaba equivocado, una vez que me vi unida a él de esa forma no dude en corresponderle con la misma efusividad, algo que solo hizo que el incrementará la presión sobre mi boca, besándome casi con desesperación y queriendo prolongar el contacto al enredar sus dedos en mi cabello, acercándome mas a él.

Estaba mal. Eso estaba mal.

En ese instante quise entregarme al momento, olvidar mis cuestionamientos, olvidar nuestra historia...olvidar a Sakura.

Pero eso era una tarea imposible. No podía pretender que todo estaba bien. Que seriamos felices. Que estaríamos juntos por siempre. O que Naruto era mío.

Dolorosamente tenia los pies bien puestos sobre la tierra. Quizás solo así finalmente podría ser libre de Naruto.

Entonces, con gran determinación y dificultad logre romper el beso, uno que Naruto se veía reacio a terminar pues no paraba de presionar sus labios contra los míos en cortos besos.

Tomando toda la valentía que tenía lo abracé y comencé a prepararme para dejarlo ir. Pero al sentir como suavemente acariciaba mi cabello y presionaba sus labios contra mi cuello con dulzura, quebrantó mi decisión.

Pero no podía caer nuevamente en sus encantos, debíamos terminar lo que fuese que teníamos de una vez por todas.

Así que, ...finalmente tuve el valor de decir:

—Por favor, que esta sea la última vez que nos veamos.

De inmediato lo sentí tensarse y al separarme un poco del abrazo logre visualizar en sus ojos el reflejo del dolor cruzar por ellos.

—N—no puedes pedirme eso—dijo casi sin aire—No cuando sabes muy bien que te amo—dijo mirandome fijamente a los ojos, no dudando de sus propias palabras.

Quería creerle, mi parte ingenua le creía absolutamente...pero no. Él no estaba siendo sincero del todo...lo sabía.

—Pero la amas más a ella—le refuté.
Y esa sola afirmación provocó que toda aquella seguridad con la que había hablado hacía unos momentos, se perdiese de sus ojos y esquivara su mirada de la mía.

Él no lo negaba, nunca lo había hecho.

Era por eso que ninguna confesión de su parte sería válida para mi

—Lo siento...

—No lo sientas—trate de sonreírle—Es por eso que no podemos volver a vernos, ¿Ahora entiendes por qué?

—Por favor Hinata, tú sabes que ni tu ni yo podemos estar lejos el uno del otro. Nosotros...

No lo deje terminar.

—Yo si puedo...en estos últimos meses he aprendido a estar sin ti. Descubrí que...descubrí que no quiero estar con una persona que no puede amarme a mí...—trague saliva—...y únicamente a mí.

Eso pareció descolocarlo.

—N—no puedes...—casi le faltaba el aire para hablar— ¿Quieres sacarme de tu vida?

—Si para ser feliz es necesario, estoy dispuesta a sacarte de mi vida.

— ¿No podemos siquiera seguir siendo amigos? — prácticamente me rogó con su voz casi rota, negándose a soltarme y ya con un leve atisbo de lágrimas en sus ojos.

Era la segunda vez en toda mi vida que había visto a Naruto llorar. Eso solo provoco que yo también quisiera desmoronarme en llanto, pero debía ser fuerte.

—No. No podemos ser amigos. Nunca lo fuimos. Y si lo que tuvimos se puede definir como amistad para ti, yo...yo...ya no quiero ser tu amiga—tomé aire— Serlo nunca me trajo nada bueno—tomé su rostro delicadamente entre mis manos y presioné por última vez mis labios contra los suyos—Esto no lo hacen los amigos—conseguí articular entre lágrimas.

Cerré mis ojos, negándome a verlo a los ojos. Tomé aire y repetí aquellas palabras que él me había dicho la primera vez que terminamos:

—Tienes que olvidarte de mí.

.
Y así de simple di por terminado todo.

Así como dije aquellas palabras, así de rápido Naruto salió por aquella puerta para nunca dar vuelta atrás.

Y así debía de ser. Probablemente no estábamos destinados a ser aquello que nunca fuimos pero que pretendimos ser en medio de esa ilusión que nos hacía creer ser protagonistas de una historia de amor.

Yo sabía perfectamente que Naruto solo sentía lastima por mi. Yo lo había impulsado a estar conmigo en un principio. Mi característica aura de víctima le dio las alas para pretender tomar el papel de héroe.

Él nunca quiso herirme. De eso estaba segura.

Él solo confundía su lastima con amor. Confundía su deseo de estar a mi lado con el impulso de protegerme con pasión.

Ante sus ojos siempre fui como una hermana menor a quién quería proteger, no estaba segura de por qué, cuándo y cómo él en un parpadear de ojos comenzó a verme como una mujer.

De algo estaba segura, ambos no teníamos una relación saludable y la decisión más sabía sería cortarla de raíz.

Suspiré, pasando mis dedos por mis ojos, en busca de lágrimas, pero las mismas ya no salían de ellos. Probablemente ya en algún momento me había acostumbrado a la idea de que nunca estaríamos juntos.

—Esto si fue inesperado.

Brinque en mi cama y me lleve mis manos al pecho del susto al escuchar a alguien hablar desde la puerta. Dirigí mi vista hacia ella y lo vi ahí, con las manos en sus bolsillos y con una sonrisa sardónica, a Toneri.

—¿Qué haces aquí? ¿Hace cuánto llegaste? —le pregunte mientras sentía el corazón palpitar contra mi pecho, aun recomponiéndome de la sorpresa.

—¿Desde cuándo? Pues...—se frotó la barbilla—Creo que fue un poco antes de que te besarás con el capitán del equipo de Konoha, quien por cierto...tiene novia, una muy bonita cabe mencionarse.

Mi corazón que antes latía desbocado, se paralizó junto a todo mi cuerpo.

Solo sentí la sangre helada recorrer mis venas.