Escuchamos en silencio la alarma de Charlie sonar por toda la casa, a Sue levantarse y arreglarle un lonche a Charlie, después a Charlie bajar las escaleras y tomar las llaves de su patrulla para salir afuera y encender el motor. Y un par de minutos después las llantas rodar contra el pavimento mojado hasta que llego a la orilla de la cuadra. Sue subió las escaleras, se dio una ducha y una media hora después salió por la puerta y tomo su pick-up.

Estoy segura del que el sol ya había salido pero las nubes grises opacaban la claridad de la luz. Mi corazón latía al mismo son que el de Jacob. Recargue mi barbilla en su pecho, el tenia sus ojos cerrados pero sabía que estaba despierto.

-Nessie,- empezó Jacob.

-Sabes que no me gusta que agás eso,- le dije antes de que él pudiera decir otra cosa.

Cuando estoy dormida no puedo controlar lo que fluye de mi mente a mis palmas. Esto ya había pasado antes con un sueño loco que tuve de él, esa noche Jacob se quedo en casa de mis abuelos, el caso es que puso mi palma contra su cachete cuando estaba dormida y al día siguiente me conto mi sueño con lujo de detalle. Tengo suficiente con que mi padre lea mis pensamientos, para que otros también se aprovecharan de mi talento para escuchar mis sueños silenciosos.

Jacob se sentó contra la cabecera de la cama y recosté mi cabeza en sus piernas.

-Es que dijiste mi nombre,- una risa juguetona se extendió en sus labios pero desapareció tan rápido como llego. – Me dio curiosidad- dijo poniendo un mechón de pelo detrás de mi oreja.

Si no hubiera sido porque recordé mi pesadilla, estoy segura de que el color hubiera llenado mis cachetes en ese momento. Tampoco era la primera vez que soñaba con Jacob.

-No es la primera vez. ¿Cierto?- tenía su mano contra mi mejilla y no tuve más opción que verlo a la cara. –La noche de tu cumpleaños tuviste una pesadilla también. ¿Nessie, porque no has dicho nada? ¿Quién te conto todo?- pregunto seguido sin darme la oportunidad de contestar la primera pregunta.

Nadie, nadie me conto nada. La verdad es que esta es la primera vez que escucho sobre la existencia de estas personas. Eso iba a contestar cuando de la profundidad del bosque el aullido de un lobo interrumpió nuestra conversación, tal vez Leah. Me levante de la cama y fui a la ventana que da al patio de enfrente. Jacob se quedo recostado sin seguirme.

-Te tienes que ir. ¿Cierto?- la lluvia no tenia horario apenas eran las siete con treinta ocho minutos de la mañana y ya empapaba mi día.

-Si-. Contesto Jacob dejando escapar el aire entre sus labios. –Pero aquí te veré de nuevo en la noche-.

-No, aquí no- conteste sin voltear a verlo. –Mis padres salieron de viaje. ¿Te veo en la cabaña?-

El ladrido de un lobo se escucho muy cerca, era casi parecido a una risa, inconfundiblemente de Paul. Jacob aclaro su garganta tratando de tapar el sonido que venía de afuera, y ahora si no hubo que detuviera la sangre llenar mis cachetes de color. Levante la ventana dejando entrar el frio de afuera.

-¡Paul espero me estés viendo!- le grite al viento y saque la lengua.

-Me las pagara- murmulló Jacob detrás de mí.

Jacob me acompaño a casa de mis abuelos. Mis planes eran pasarme el día con mi abuelo Carlisle para aprender medicina. Lo había platicado con papá hace un tiempo atrás, quería seguir los pasos de mi abuelo y ayudar a salvar vidas.

También había considerado la idea de Rosalie, y aprender de mecánica como ella. O la de Alice, viajar alrededor del mundo y aprender de moda. O la de mi abuela Esme, entrar a una prestigiosa escuela en Inglaterra y aprender todo sobre la arquitectura antigua. Tal vez lo haga todo, tengo una vida larga por delante y no me detendré hasta saberlo todo. Por el momento solo estoy disfrutando mis primeros años de mi vida. El abuelo Carlisle estaba en el segundo piso en su estudio, pero me llamo la atención los gritos de poder que soltaba Emmett un poco más atrás de la casa. Rodee la casa con Jacob siguiéndome los pasos.

La base de un árbol se dio por vencido y cayó al suelo con un gran trueno, llevándose con el varias ramas de otros árboles a su alrededor, cuando el tío Emmett le descargo una patada ninja.

-Los arboles no regresan los golpes- la sonrisa en mi rostro apareció sin permiso.

Golpeo otro árbol con su puño potente quebrándolo por la mitad.

-¿Y tu si, princesita?- mi sonrisa malvada estaba reflejada en la suya.

-Emmett-. Advirtió Jacob.

-No pasa nada hermano, solo son unas luchitas amistosas con mi sobrina favorita.- contesto tronando sus dedos con anticipación.

-¡Soy la única que tienes!- le recordé.

-Con razón,- deje un sonido de sorprendida escapar de mis labios, -además no sabemos cuándo decidan los Vulturi venir- agrego Emmett poniendo sus puños sobre la tierra.

Estaba pegado al suelo como un gato listo para asaltar.

-Y si así fuera, no dejare que le pase nada- Jacob puso una mano sobre mi estomago, poniéndome tras de él.

Quería voltear a ver la expresión en su rostro, pero retirar la mirada de Emmett era un peligro. Mi corazón se acelero cuando Emmett se puso de pie y venia con impulso hacia mí. Dos cosas sucedieron en el mismo momento, la mano de Jacob desaprecio tomando su forma animal cuando corrí con fuerza para encontrar a Emmett en el centro.

Dos pasos más y nos toparíamos de frente, pero en el último paso me impulse contra la tierra y salte dando una vuelta en el aire cayendo en la punta de mis pies. De tras de mí el tío Emmett hiso un alto forzado clavando sus pies en la tierra. Tire mi pelo hacia atrás y voltee a verlo.

-Eres muy lento viejo- dije con una risa, cucándolo.

-¿A quién le estás diciendo viejo?- tomo impulso de nuevo y corrió a mí.

Esta vez no me moví y lo espere inquieta en mi lugar. Cuando estaba cerca, me impulse en un pie y puse una mano sobre su hombro para ayudarme a completar mi pirueta tumbándolo al suelo de espaldas en el proceso.

Gruño cuando se levanto, esta vez lo había enojado. El gruñido de Jacob hiso eco en el fondo. Corrió a mí y me trepé al árbol más cerca, pero me atrapo del tobillo tirándome al suelo, cuando golpee contra la tierra húmeda el aire escapo de mis pulmones dejándome sofocada por un momento.

Las manos heladas de Emmett rodearon mi cuello en ese instante atrapando el aire en mi garganta. Clave mis uñas en la piel de su cuello sin causar ningún daño permanente, doble mi rodilla y le pegue con la planta de mi pie contra su estomago lanzándolo a diez metros de mi. Otro árbol cayó cuando el cuerpo de Emmett impacto contra él. Logre arrodillarme recuperando el aliento.

Mis abuelos se reunieron en el balcón de afuera y aplaudían mi maniobra. No contaba con el privilegio para voltear a verlos y perderme tan solo un movimiento de Emmett. En un solo meneo los dos recuperamos nuestra posición y corrimos a toparnos.

Una de las cosas negativas de ser mitad humana es ser más débil que un vampiro, y otra es ser sobrina del vampiro más fuerte de tu familia.

Toparme con el, fue como correr y estamparme con una pared de concreto pero con manos y un cuerpo para tirarte al suelo. Solo que esta vez antes de llegar al suelo lo gire y cayó el con su propia fuerza.

Había estado tan atrapada en nuestra "luchita" que no me di cuenta que varios lobos se unieron a nuestra reunión. Si no hubiera sido porque Paul se rió, no hubiera escuchado su llegada. Estaba Leah, Quil…

Paso tan rápido que no tuve tiempo de analizar de quien vino el ataque antes de que cayera de rodillas al suelo. Caí entre Embry y Quil y los dos gruñeron en unisón con la mirada ya puesta en mi atacante. Levante la vista y mire a Jasper parado frente Emmett, con una sonrisa abierta.

-Punto número uno- dijo Jasper poniendo un mechón de pelo rubio detrás de su oreja, -no te distraigas-. Detrás de él, Emmett estaba de pie de nuevo listo para su siguiente ataque. –Hermano- levanto una mano Jasper, para detener a Emmett, -Eres muy predecible-.

En eso Jasper empezó a caminar en mi dirección, luego aceleró su paso hasta correr. A diferencia de Emmett, el tío Jasper no es brusco, con el todo se trataba de tácticas. Con él, esto no eran unas simple luchitas, sino entrenamiento.

¿Qué hago? Volteé a mí alrededor pero no había nada útil. Di un pequeño salto de impulso para lanzarme hacia enfrente, Jasper estaba a cinco pasos de mí cuando de la nada Alice apareció frente a mí dándome la espalda. Jasper no tuvo de otra que detenerse en seco.

-Punto numero dos- dijo Alice rodeando a Jasper torciéndole el brazo en el proceso, -no te dejes engañar por la belleza- y lo beso en la mejilla.

-Y punto numero tres- dijo Rosalie abrazándome los hombros, -siempre cuida tu espalda-.

-Nunca aprenderá si la siguen ayudando- acuso el tío Emmett mirando a Alice y a Rosalie, acercándose a nuestro pequeño círculo.

Ambas se miraron de reojo y se sonrieron mutuamente. Emmett abrazo a Rosalie bajo su enorme brazo y sonreía genuinamente. Alice y Jasper fueron los primeros en irse, después lentamente los lobos fueron retrocediendo hacia el bosque. No sé si fue por orden de Jacob pero poco a poco, uno por uno se fueron. Mis abuelos regresaron dentro de la casa a sus tareas.

-Por favor- dije imitando la sonrisa de lado de papá, haciendo brotar un hoyuelo de mi cachete- no quieren que salgas llorando- dije cuando solo quedábamos Emmett, Rosalie, Jacob y yo.

-Veremos quién sale llorando cuando termine contigo- advirtió el tío Emmett.

Pero Jacob se puso en medio, deteniendo a Emmett.

-Sabes que a Edward no le gusta- ayudo Rosalie a Jacob.

Recuerdo su relación al principio, fría y distante. Los insultos eran constantes entre ellos. No creo que haiga un chiste de rubias que Jacob no le haiga dicho a Rosalie. Pero algo cambio, no fue un cambio que se noto de un día para otro, pero se noto con el paso de tiempo. Creo que me puedo atrever a decir que es una relación de hermanos, de una hermana mayor siempre cucando a su hermano menor.

-¿Acaso esta Edward aquí para decirme algo?- Emmett extendió sus brazos alrededor, y efectivamente papá no estaba para decirnos que esto no estaba bien.

Pero Jacob sí. Gruño, pero no de forma confrontiva, solo una pequeña advertencia.

-Fue suficiente por hoy- dijo Rosalie parándose de puntitas para besar a Emmett en la barbilla.

Volteo a verla a los ojos y no sé qué paso, pero después de un momento ambos asintieron la cabeza y se fueron agarrados de las manos. Jacob gimió a mi lada exigiendo mi atención y voltee a verlo hacia arriba. En su forma animal y humana mi cabeza le llega hasta su hombro, así que siempre tengo que voltear a verlo hacia arriba. Sus ojos café se hundieron en los míos.

-¿Tienes que irte, cierto?- agache la mirada porque desde que estaba niña odiaba que se fuera.

Porque cuando se iba, sentía que parte de mi se iba con él, y hasta hoy ese sentimiento no se ha desvanecido. Aquel día que mamá ataco a Jacob, odie la idea de perderlo. El día de la batalla contra los Vulturi, mamá me dijo que tendría que partir con Jacob cuando ella lo dijera, mi corazón se partió en dos. No quería dejar a mi familia, pero si ella sabía que había una posibilidad de sobrevivir, sabía que sería feliz con Jacob.

¿Pero porque Jacob? Levante la mirada y me miraba con ojos atentos, cuidando cada movimiento como si no soportara perderse ni uno. Porque es su mejor amigo, me conteste a mí misma. El enorme lobo me rodio con su cabeza y me abrazo fuerte a él antes de partir.

Fui al interior de la casa para encontrar a Nahuel, quien estaba sentado frente al televisor con una caja de regalo puesta sobre sus piernas. El día que lo conocí usaba un atuendo que solo cubría su parte masculina, de un tono café claro con diferentes estilos de collares colgados sobre su pecho desnudo. La noche que llego a casa de mis abuelos portaba un pantalón de mezclilla con una camisa negra, la verdad no había notado el cambio de su ropa hasta hoy. Me tomo de sorpresa encontrarlo usando el mismo cambio de ropa con el que lo conocí. Se paro del sofá cuando entre a la habitación y pude verlo en su totalidad. El chico es realmente bello. Su piel es bronceada, marcada por cada musculo en su cuerpo, pelo negro que brilla con un movimiento, ojos café claro tiernos a pesar de los años.

Simplemente te roba el aliento.

-Quiero disculparme por lo del otro día-. Dijo Nahuel acercándose a mí con la caja de regalo en sus manos. – Debo entender que entre tú y Jacob hay una amistad de años con la cual nunca podre competir-.

-Y no debes, Jacob es solo un amigo- conteste sabiendo que yo quisiera que no fuera así.

-Lo sé, pero también sé que fue tu cumpleaños y no te regale nada- extendió la mano que sostenía la caja de regalo.

-No tenías porque- Tome la caja entre mis manos, casi no pesaba nada. – Enserio, gracias-.

-Anda ábrelo- me animo.

Era una caja de cartón sin envoltura, fácil de abrir. Al abrir la caja, me encontré con un traje del mismo tono del de Nahuel. Tome la gruesa tela entre mis manos, era suave al toque y fácil de manejar. El vestido era de dos piezas, la parte de arriba era una banda ancha que alcanzaba a cubrir mis pechos, juzgando por tanteo. Gemas como rubís, esmeraldas, entre otras pedrerías decoraban la parte alta de la banda. La parte de abajo era un calzón estilo bikini, con tiras de tela de diferentes longitudes cayendo a lo largo, para cubrir la parte intima por enfrente y por atrás. También traía un cinto hecho de gemas brillantes.

-Era de mi madre,- dijo con voz frágil. – Pero ahora quiero que sea tuyo-. Agrego cuando levante la vista.

-Nahuel, yo no puedo aceptar esto- el atuendo era realmente bello pero no podía aceptar algo que significaba mucho para él.

Puse el traje de nuevo en su lugar, y cerré la caja. Extendí mi mano para entregarle la caja pero solo puso sus manos sobre las mías.

-Quiero que sea tuyo- contesto cerrando el espacio entre nosotros. –Renesmee, quiero compartir todo contigo-.

Mi mirada cayó al suelo. No era lo mismo estar con él así de cerca, que estar así de cerca con Jacob. Con Nahuel siempre me daba una sensación de culpabilidad.

-Nahuel…-

-Shh- susurró él.

Tomo mi barbilla entre sus dedos y acercó mi rostro al suyo hasta que nuestros labios tocaron. Fue un beso tierno, sincero. Sus labios se formaban a los míos, y bailaban a la música de nuestros latidos.

-Te lo quiero ver puesto - dijo con sus labios aun en los míos.

-De acuerdo- dije besando sus labios por última vez. –deja ir a cambiarme-.

Subí las escaleras rápidamente y fui a la habitación de mi padre que paso a mis manos, y que por el momento ocupa Nahuel. Bese a Nahuel. Realmente estoy loca. Me la paso diciendo que daría la vida por Jacob pero de un momento a otra estoy besando a Nahuel. Pero hay que ser realistas, por más que quiera negarlo Jacob y yo no somos compatibles. Jacob tal vez no sienta nada por mí, aunque hay muchas cosas que me dejan en duda. Como la completa confianza de mi madre para dejarme en las manos de Jacob hace seis años. ¿Qué la orillo a pensar que Jacob se quedaría conmigo para protegerme? Estoy consciente de su amistad desde niños. ¿Pero acaso eso es suficiente? No claro que no. ¿O que puedo pensar de la alianza entre los lobos y nosotros? Y no solo nosotros, la manada de Jacob, se ha aliado con todos aquellos que un día se pararon junto a nosotros contra los Vulturi. ¿Y que con la supuesta rivalidad con los vampiros? ¿Qué no se supone que ellos están aquí para proteger a la humanidad? ¿Entonces porque aliarse con seres tan viles? Por una amistad con mi madre. No tiene que haber más.

¿Por qué Jacob sigue aquí? ¿Por qué?

La verdad cuando abrí la puerta de la habitación no esperaba verlas ahí, una sentada sobre la cama abrazando un oso de peluche, y la otra parada frente el espejo acomodando su falda negra.

-A ver- dijo Alice tomando la caja de mis manos.

Rosalie solo sonrió desde la cama, y espero que Alice sacara el vestido de la pobre caja en sus manos. Ambas hicieron comentarios sobre las joyas que adornaban el atuendo, y luego al mismo tiempo voltearon a verme.

-¿Lo quieres?- pregunto Rosalie levantando una ceja.

-Es bonito- conteste pero sabía que no se refería al vestido, si no a Nahuel.

Las palabras se me atoraron en la garganta, la verdad no sabía que contestarle. Si, lo admito Nahuel es muy guapo, y cuando me besa quiero más, pero no es suficiente.

-Yo creía saber que era el amor, pero en realidad lo conocí cuando encontré a Emmett. Es una sensación en el corazón, como si me lo apretaran. Quisiera tomar a Emmett en mis brazos y jamás dejarlo ir, congelar ese momento para siempre- Rosalie tenía el oso de peluche aplastado junto a su pecho con los ojos cerrados. –Bueno,- dijo volteando a ver a Alice apenada, - eso siento yo-.

-Yo solo te puedo decir algo- dijo Alice poniendo las manos sobre mis hombros –toma en cuenta a Jacob antes de tomar cualquier decisión-.

Respire profundo, tratando de entender porque decía eso. No entiendo.

-Porque no puedes ver mi futuro, todo sería tan fácil- me queje.

-Porque entonces nada sería tan divertido- me apunto con el dedo y se dirigió a la puerta. -Ah por cierto- agrego antes de salir de la habitación con Rosalie –quiero vértelo puesto antes de que te vayas-.

-Claro-.

¿Tomar en cuenta a Jacob, pero porque? De algo si estoy muy segura, tengo que hablar con mis padres. Ya no puedo continuar con todas estas dudas, claro lo de Jacob solo lo hablare con mamá, con papá seria un poco mas vergonzoso.

Me cambie frente al espejo. Fue como si el vestido lo hubieran hecho para mí. Había mucha piel al descubierto, pero fue como transportarme a otra época. La piel del traje se convirtió en mi propia piel, solo las gemas resaltaban contra mi piel pálida. El cinto de gemas rodeaba mi cintura, un poco más arriba de mi ombligo. Me deje los pies descalzos y baje las escaleras. Abajo ya me esperaban Alice, Emmett, Nahuel, y Rosalie.

-¿Me pregunto qué opinaría Edward de este traje, si estuviera aquí?- comentó el tío Emmett recargado en una pared de la casa.

Rosalie lanzo una mirada peligrosa en su dirección y fue todo lo que tomo para que no dijera nada más. Nahuel no me quitaba la vista de encima, Alice y Rosalie se tomaban turnos para alagar mi vestimenta. Alice decía que era tiempo de que la moda cambiara un poco, que tal vez algo así era lo que la moda necesitaba. La tía Rosalie, solo asentía la cabeza o decía cosas como que todo se me miraba bien puesto a mí, desde que estaba pequeña.

Pero yo solo podía ver a Nahuel que me bebía con la mirada. Me pudo haber ido peor, pensé cuando atrape su vista en una ocasión. Siento cariño por Nahuel, sé que no es amor pero con el tiempo ese cariño puede crecer. Pero aquí en Forks no, tiene que ser en un lugar lejos, lejos de Jacob, donde no pueda pensar en el. Un lugar donde logre quererlo de la manera que él me quiere a mí.

Ya pasaban de las cuatro de la tarde cuando logramos salir de casa. Nahuel tomo mi mano y me dirigió al bosque, lo seguí sin preguntar hasta que llegamos a un pequeño claro en medio del bosque. El zacate se había secado con el invierno, el suelo ahora solo estaba cubierto de tierra mojada, pero en medio del claro había una fogata rodeada de troncos y rocas.

-¿Y esto?- pregunte.

-Creo que prefiero esto, a tirarme de acantilados- contesto abrazándome por atrás.

Sonreí al recordar ayer, aunque debo admitir que no fue mi día favorito. No después de lo que paso en casa de Jacob.

Nahuel trajo una canasta llena de antojitos, aunque el coma de vez en cuando comida humana prefiere la sangre, y no de animal precisamente. Dentro de la caja venían bombones, caramelos, cajeta, galletas, entre otras cosas.

Me acomode junto a una roca mientras Nahuel hurgaba la canasta. Al final se trajo con el toda la canasta y se sentó junto a mí. Ponía un bombón en la punta de un palillo que se encontró en el camino, después ya que estaba rostizado lo comprimía entre dos galletas, y para el toque final lo bañaba en cajeta, para terminar llevándoselo a la boca y acabárselo en una sola mordida.

La verdad no logro comprender como es que puede pasarse todo ese dulce. Me reí cuando de nuevo se llevo otro a la boca.

-¿Acaso te estás riendo de mí?- pregunto con la boca llena, apenas pudiendo hablar. Solo sacudí la cabeza y reí más fuerte. –Pruébalos están deliciosos- dijo pasándose el bombón entero.

-No gracias- dije entre risas.

Ya tenía otro bombón rostizado y lo acerco a mí, pero sacudí la cabeza de nuevo. Nahuel lo tomo entre sus dedos y lo llevo hasta mis labios. Solo apreté la boca fuerte, cerré los ojos, y sacudí la cabeza. Como cuando era niña y el abuelo Carlisle intentaba darme la fórmula de leche para bebes.

Nahuel presiono el bombón contra mis labios y me tire hacia atrás, Nahuel era suficientemente rápido y antes de que mi espalda tocara el suelo frio Nahuel ya estaba bajo.

-No queremos que te de un resfriado- dijo Nahuel levantando una ceja, llevándose a la boca el bombón.

Solo mordió el bombón por la mitad dejando la otra mitad fuera y lo tome de sus labios.

-Creo que así, tal vez si me gusten los bombones-.

Ambos sonreímos y agache la cabeza presionando mis labios contra los suyos. Deje caer mi pelo hacia un lado para formar una cortina entre nosotros y el mundo exterior. Ajuste mis piernas alrededor de sus caderas, poniendo mis rodillas contra la tierra mojada y pude sentir su miembro contra mi parte intima. La tela se volvió delgada y podía sentir el calor que radiaba de su parte masculina, y me hacia querer mas. Sus labios recorrían el largor de mi cuello hasta llegar a mi oreja y morderla suave. Levante un poco las caderas para deslizar su miembro contra mi vagina. Me volvió a besar, mordiendo mis labios antes de seguir su recorrido por mi quijada. Sus manos tocaban partes que nadie había hecho antes. Levante la barbilla para darle pasó a más carisias. Baje la cabeza y lo bese con más fuerza, luego baje hasta su barbilla para después recorrer su cuello hasta llegar y besar su pecho hasta su abdomen, para luego regresar a sus labios que me esperaban con ansias. Su miembro masculino cada vez se ponía más duro con cada rose de mi vagina cubierta por la tela, aun. En un suave movimiento me coloco bajo el, poniéndose entre mis piernas y presionando todo su cuerpo contra el mío, mientras tomaba posesión de mis labios una vez más. Sus manos recorrieron desde mis tobillos, mis caderas, mi cintura, hasta mis pechos sin dejar el aire escapar entre nuestros labios.

Hoy eh traicionado mis sentimientos por Jacob. Tal vez el no sienta nada por mí, pero con mis actos de hoy me eh traicionado a mí misma. Si había la posibilidad de algún día tener a Jacob entre mis brazos, hoy los eh lanzado a la basura. Jacob y yo no somos compatibles, en cambio Nahuel es parte de la misma mitad que yo y con el tiempo lograre amarlo. Pero no aquí, en un lugar lejos donde pueda dejar el recuerdo de Jacob atrás en el olvido.

-¿Qué ocurre?- preguntó Nahuel cuando acariñe su rostro.

-Tenemos que regresar a casa- conteste levantando un poco la cabeza para besar su barbilla. –Ya es tarde y se preguntaran donde estamos-.

-Y cuando pregunten les diré, que en el bosque su dulce sobrina se convirtió en un ángel y me llevo al paraíso.- me beso de nuevo y enrede mis dedos entre su pelo. -Pero Renesmee se sincera. ¿Quién te preocupa que pregunte? ¿Ellos o él?- el tono de su voz me enojaba, porque no demostraban celos simplemente entendimiento.

-Nahuel no te voy a mentir, quiero a Jacob- decirlo en voz alta fue como quitarme un gran peso de encima.

-Lo sé, y sé que él siente lo mismo por ti- sacudí la cabeza pero antes de que pudiera decir algo Nahuel volvió hablar –eres muy joven aun no entiendes-.

-Huyamos- el segundo que la palabra escapo mis labios odie que sonara tan débil, como una niña asustada de la oscuridad.

-¿Ahora?-

-No ahora no- dije enredando mis piernas alrededor de sus caderas.

Ya era noche y pronto tendremos que regresar a casa. Esta noche será la última noche que pasare con Jacob. Le tendre que hacer ver que nuestra amistad no es suficiente, que él tiene que encontrar a la chica con quien pueda compartir su vida, porque yo ya encontré con quien compartir la mía.