Lo prometí, y aquí estoy :) Ademas con un capitulo ¿revelador? A partir de ahora entramos en los momentos decisivos ya que solo quedan 4 capítulos mas para el final...Nos vemos abajo!
Capitulo 11
El martes salí de los juzgados a las cuatro y media y volví a casa con Vale. Paramos por el camino a comprar comida y subí al segundo piso a buscar a Alai.
Llamé varias veces a la puerta de la señora Casamento, pero no obtuve respuesta. Empecé a respirar con fuerza, asustada. Algo iba mal y no sabía qué hacer. Me volví y llamé a la puerta de Thiago. Tampoco obtuve respuesta.
Subí un piso más y busqué a Vale.
—Alai ha desaparecido —dije.
Vale frunció el ceño.
—¿Cómo que ha desaparecido?
—No está en casa de la señora Casamento.
—¿Y qué te ha dicho ella?
—Ella tampoco está.
Vale me miró de una forma rara.
—Si no hubiera llegado a casa de la escuela, la señora Casamento te habría llamado.
Aquello era cierto.
—Luego es evidente que han ido juntas a alguna parte —terminó.
Me sentí como una idiota.
—Iré a esperarlas en mi casa.
—¡Mar! —me llamó Vale cuando me volvía.
—¿Qué?
—Estás empezando a asustarme.
—Yo también me asusto —dije con tristeza.
En cuanto entré en mi casa, vi a Silvia Casamento sentada en mi sofá. Cuando empezó a cuidar de Alai, yo le di una llave por si necesitaban sacar algo del apartamento.
—¿Qué hace aquí? —pregunté—. ¿Dónde está Alai?
La mujer no apartó los ojos de la televisión.
—Vistiéndose.
—¿Por qué se está vistiendo?
—Para cenar.
Aquello resultaba cada vez más confuso.
—¡Maldita sea! —exclamé—. ¿Quiere hacer el favor de mirarme mientras hablamos?
Al final me miró.
—No hay necesidad de ponerse así.
—Quiero saber lo que ocurre aquí.
La mujer gruñó un poco.
—Le estaba haciendo un favor —dijo—. La he bajado temprano para que se prepare. Así le ahorro tiempo a usted.
—¿Tiempo para qué? —dejé la bolsa de comida y el maletín en la mesita de café y me aparté el pelo de la cara—. Da igual. No conteste —hablaría con Alai.
—Me debe treinta pesos —dijo la mujer.
No se fiaba de que le pagara al terminar la semana, tenía que hacerlo todos los días. Y diez pesos a la hora era un precio excesivo, que yo pagaba porque me gustaba la idea de encontrarme a Alai en casa cuando volvía.
Busqué la cartera en el maletín, le di el dinero y fui en busca de mi é una vez y entré antes de que tuviera tiempo de contestar. Vi con sorpresa que se había puesto un vestido.
El vestido era de organdí demasiado pequeño que le había comprado el otoño anterior para la boda de una amiga.
—Hola, mamá.
—¿Qué está pasando aquí?
—Vamos a ir a cenar a casa de mi padre —me informó.
Algo explotó en mi cabeza, pero dije con calma:
—No, de eso nada.
—Sí. A las siete en punto. La señora Garcia va a hacer espaguetis.
Aquella vez sentí la explosión en el corazón.
—¿Cómo sabes el nombre del ama de llaves de Arrechavaleta?
—Me lo ha dicho él.
—¿Cuándo?
—Cuando me ha llamado a la escuela para invitarnos a cenar.
Me quedé atónita. Arrechavaleta había actuado a mis espaldas y no tenía ningún derecho a llamar a la escuela de mi hija.
Más bien, y mientras siguiera en pie el acuerdo que habíamos firmado años antes, lo tenía expresamente prohibido.
Necesitaba consultar aquello con Thiago. ¿Dónde narices se había metido? Miré mi reloj. Eran casi las seis y casi siempre estaba en casa a esa hora.
—Quítate ese vestido.
—Pero...
—¡Quítatelo! —grité.
—¿Estás enfadada conmigo? —preguntó Alai, y su voz tembló un poco.
Suavicé la voz.
—No, cariño, claro que no.
—Entonces estás enfadada con él. Con mi padre.
Cada vez que oía las palabras «mi padre», era como oír una uña rascando una pizarra. Yo quería destrozar a su padre.
Me volví y fui a la cocina. Llamé al despacho de Thiago, pero saltó su contestador.
¿Habría ido a 'Guerrín' sin mí? Me empezaba a doler la cabeza. Dos semanas antes sí lo habría hecho, pero ahora no me lo imaginaba yendo sin llamarme primero para ver si estaba libre.
Por otra parte, él había impuesto también una regla sobre aquello. Si decidía ir a algún sitio por su cuenta, yo no debía quejarme ni sentirme amenazada. Decidí, pues, que debía estar en 'Guerrín'.
Me dolía el estómago. Sabía que iba a cometer una estupidez, pero quería hablar con él sobre lo que había hecho Arrechavaleta. A la porra con el acuerdo y las reglas. Peter era mi abogado y aquello no era personal, era trabajo. Como ya he dicho antes, yo puedo racionalizarlo casi todo.
Volví a la habitación de Alai, que se había puesto vaqueros, deportivas y su camiseta favorita, la roja que le había regalado Thiago con las letras NO ME IMPORTA NADA delante.
Estaba sentada en la cama con el vestido en el regazo.
—No me vale, ¿verdad?
—No.
—¿Me comprarás otro?
—Por supuesto —fruncí el ceño—. ¿Para qué?
—Para las cenas con mi padre.
La cabeza me daba vueltas.
—Alai, tú nunca llevas vestido. Y tampoco tienes por qué ponértelo para tu padre. Tienes que ser tú misma.
—Pero quiero gustarle.
Le temblaban los labios, lo que denotaba que aquello era serio.
—Le gustas —dije—. Le gustas mucho a pesar de lo que hiciste con tu pelo y la rodillera. Nos ha invitado a cenar, ¿no?
—Yo creo que me está observando para ver si me quiere, para comprobar que no soy coja. Seguro que quiere que ande un poco más.
—No es eso. Se rió con lo de la rodilla, le pareció muy gracioso —tanto que yo nunca lo había visto reírse así.
—¿De verdad?
—Claro que sí.
—Siempre he pensado que me gustaría tener un padre.
—Pues ahora lo tienes —dije con voz débil.
—Anoche hice eso porque al principio me asusté —confesó Alai.
—Lo sé —y yo necesitaba hablar urgentemente con Thiago. En calidad de abogado y de mejor amigo. Abracé a mi hija—. ¿Te importa quedarte una hora con Tef ?
—¿No vamos a ir a cenar a su casa?
—Esta noche no, lo siento.
Ella suspiró en mis brazos.
—Alai, mira, tiene que consultar estas cosas conmigo. No digo que no puedas pasar tiempo con él, pero hay normas que tiene que cumplir. Tiene que consultarme antes.
—Entiendo.
—Vamos. Te llevaré arriba.
Como me imaginaba Tefi ya estaba en casa. Dejé a la niña con ella y fui a 'Guerrín'. Thiago estaba allí, sí; en la barra y hablando con la chica de su última cita.
No pasé de la puerta. Los miré desde detrás de la planta colocada en la entrada y, cuanto más los miraba, más deprisa me latía el corazón.
Yo sabía que ella no era su mujer ideal y resultaba evidente que Thiago hubiera preferido estar en cualquier otro lugar. No pensaba que me lo estuviera quitando, pero sabía que lo estaba perdiendo. Porque había ido allí sin mí por primera vez desde nuestro acuerdo. La noche anterior lo había presionado y eso era imperdonable. Él no quería escenas ni complicaciones, quería sus reglas y a la buena de Mar que siempre le seguía la corriente.
Yo no podía respirar.
Cuando volví al aparcamiento, estaba temblando, pero llegué a casa de una pieza y sin hacer daño a ninguna otra persona. Fui directamente a mi apartamento y llamé a Tefi.
—He vuelto —dije—. Puedes decirle a Alai que baje.
—¿No subes? Aun queda pollo
La idea de comer me producía náuseas.
—No, gracias. Ha sido un día muy duro.
No quería verlas. Vale y Tefi me conocían muy bien; si me veían así, intentarían consolarme y yo me derrumbaría del todo.
Llegó Alai y, por supuesto, no había terminado los deberes. Los hicimos juntas en la mesa de la cocina, con algo de helado que encontré en el congelador. Cuando intenté tragarlo se me encogió la garganta, pero no vomité.
La tuve levantada hasta las nueve y media por puro egoísmo. Mientras estuviera ocupada con ella, no tendría que sentarme a pensar ni podría pegar la oreja a la puerta para ver si oía a Thiago volver a casa.
Al final no tuve más remedio que acostarla. Esperé a que estuviera dormida para llamar a Arrechavaleta.
Según mi identificador de llamada, había llamado seis veces mientras Alai estaba arriba y yo en 'Guerrín'. Marqué su número.
—Te has pasado mucho —le dije en cuanto contestó.
—Ah, entonces tenía razón. He supuesto que estabas enfadada y que por eso no habíais venido.
—Estoy furiosa —corregí—. Hasta que un juez cambie esto, no se te permite llamarla a la escuela sin mi aprobación. Y yo no apruebo que actúes a mis espaldas.
—¿Tú lo habrías aprobado?
—Claro que sí —pensé un momento—. No que llames a su escuela,eso no. Pero puedes hablar con ella aquí. Y habría aceptado la cena.
—Lo tendré en cuenta.
Apreté los dientes y no contesté.
—¿Está presente tu abogado? —preguntó él.
—¿Ahora? No.
—O sea, que no vive con vosotras.
—Claro que no. ¿Qué ejemplo sería eso para Alai?
—Ella nació fuera del matrimonio —señaló él—. Y antes o después tendrá que saberlo.
Se me encogió el estómago.
—¿Te apetece compañía, ya que estás sola esta noche?
—No. Alai ya está dormida. No tiene sentido que vengas aquí.
—Pero quiero hablar contigo sin la presencia de tu abogado.
Se me puso carne de gallina, pero mantuve la farsa de hacerle creer que todavía tenía posibilidades.
—Esta noche estoy agotada. Otro día.
No sé qué dijo él, porque oí que llamaban a la puerta y que ésta se abría y volvía a cerrarse. Colgué el teléfono sin decir adiós, pero no corrí a la sala de estar. Más bien avancé de puntillas, temerosa de lo que me iba a encontrar.
Thiago estaba de pie cerca de la puerta y era evidente que había tomado unos cuantos whiskys. También parecía enfadado.
—Hola. Veo que has salido esta noche —dije con fingida indiferencia.
Me miró atentamente.
—Sí.
—No me lo habías dicho.
—No te lo cuento todo.
—Es evidente —sonreí—. ¿Estás de mal humor?
Pensó un momento y asintió con la cabeza.
—¿Quieres una copa? —pregunté.
—No la necesito.
Yo estaba de acuerdo, pero me encogí de hombros. Él se acercó al estante y bajó su botella de Glenlivet. La llevó a la cocina y yo lo seguí y saqué mi botella de Chambord.
Tomó un trago de whisky, me miró atentamente una vez más y se sirvió otro.
—Estaba celoso —dijo de pronto—. Estoy celoso.
El corazón me dio un vuelco.
—Y no me gusta nada —prosiguió—. Se supone que yo no debo estar celoso.
—No lo sé —dije yo.
—Cuando lo vi besándote, quise matarlo.
—Yo no quiero nada con él.
—Lo sé.
—Quizá necesitas dormir.
—No me digas lo que necesito.
—Está bien. Entonces, yo necesito dormir.
Salí de la cocina y él me siguió.
—Odio estar celoso y odio no poder aceptarle unas entradas para el fútbol a un cliente porque no sé si tú quieres ir. Y se suponía que teníamos que evitar todo eso —suavizó la voz—. Yo no quería esto.
Decidí hacerme la tonta.
—¿Ir al fútbol conmigo?
—A ti no te gusta.
—Yo no...
Me interrumpió:
—Lo sé, lo sé, nunca has visto un partido entero y no lo comprendes.
—Exacto.
—De eso se trata. ¿Por qué quiero yo llevarte al fútbol?
—No lo sé.
—¡Porque me gusta estar contigo! Porque sería más divertido intentar explicártelo a ti que invitar a un hombre a venir conmigo.
Yo estaba a punto de llorar. El nudo de mi garganta era tan grande que me dolía.
—Gracias —fue lo único que pude decir.
—Pero eso no tenía que ser así —dijo él—. Por eso he pensado que esto es sólo un acuerdo y que esta noche podía salir solo si quería.
Comprendí entonces que lo había hecho para resaltar aquel punto y asentí con la cabeza.
—Quizá tenemos que tomarnos un descanso del acuerdo —dijo él.
Sentí que me temblaba el labio inferior y lo mordí con fuerza.
—Está bien.
—Te ayudaré con eso de Arrechavaleta, pero...
Se interrumpió. Yo esperé. Quería que se marchara para poder llorar. Y no quería que se marchara porque sabía que, cuando lo hiciera, hasta nuestra amistad habría terminado. No sobreviviríamos a ese momento. Nos sentiríamos avergonzados en presencia del otro.
De pronto supe que no podía dejar que eso ocurriera. No podía dejarlo ir ahora que lo había encontrado. Entre otras cosas, porque no creía que pudiera vivir sin él.
Me acerqué a él con las rodillas temblorosas. Lo abracé por la cintura y apoyé la cabeza en su pecho.
— Thiago —suspiré— estás complicando esto mucho más de lo necesario.
Él me abrazó también. No con fuerza, pero lo hizo.
—En el hotel nos despertamos juntos —dijo.
—Mucha gente hace eso a menudo. No tiene por qué significar nada. Algunos no vuelven a verse nunca.
—Cierto —yo notaba que empezaba a relajarse un poco. Luego se tensó de nuevo—. Pero ellos no empezaron siendo muy buenos amigos.
Yo me aparté de él.
—Llama a tu cliente y acepta las entradas para el fútbol. Llévate a un amigo, yo no quiero ir —hice una pausa—. Y luego vente a la cama.
El me miró.
—No quiero enamorarme de ti.
—Pues no lo hagas —repuse, con mucho esfuerzo.
Me volví y entré en el dormitorio. Me quedé esperándolo allí, en la oscuridad. Si se marchaba, no sabía cómo podría aceptarlo. Tendría que hacerlo, por supuesto, pero entonces me di cuenta de que toda mi vida había dejado yo las relaciones. Cierto que lo había hecho cuando no había otro recurso, pero lo había hecho de todos modos. Era la primera vez que estaba a punto de que me dejaran, que corría el peligro de que me rompieran el corazón.
De pronto él entró en la habitación, me besó y volví a respirar.
Por el momento, por esa noche, todavía estaba a salvo.
Como he dicho arriba solo quedan cuatro capítulos para terminar :( el siguiente ya esta listo así que si sois buenos con los comentarios lo dejo el miércoles sino pues el viernes/sábado lo subo...
Espero que tengáis una linda noche vieja y un feliz comienzo de año. Feliz 2013!
