Contrarreloj
11º
No hay lugar seguro
-¿A dónde dices que se fue?
-No lo dije. Aceptó cooperar en un caso en los Estados Unidos hasta donde sé; créeme que cuando le pregunté en qué lugar iba a hospedarse, me cortó, infiero que su ubicación debe ser ultra secreta para comportarse tan misteriosamente, ¿ya probaste llamarlo?
-Miles de veces. He dejado correos de voz en la contestadora de su casa y en su celular, no me ha devuelto las llamadas. Es como si tuviera el celular apagado o ignorara a propósito mis mensajes. Creo que me está evitando.
-¡Oh Megan! ¿no estarás pensando que Omi te está siendo infiel o algo por el estilo?
-No, él no es de ésos. Y si llegara a serlo, pobre de él ya no estaría vivo –cruzó las piernas. Miró de reojo su bolso rojo, su celular estaba encendido y el buzón de mensajes está limpio para su insatisfacción.
-¿Hay algo que quieras decirme? –inquirió el viejo. Megan infló el pecho y su mano cubrió su rostro, cerrando los ojos. Sus uñas tiene un esmalte negro, el rímel resaltaba sus largas pestañas, los pómulos sonrosados y sus labios pintados con un lápiz labial rosa.
-Omi terminó conmigo de la nada y justo después, desapareció.
-Estoy seguro que debe haber tenido un motivo. Él no es mal hombre, estoy consciente que te ama –se dio cuenta del efecto de sus palabras en la chica y terminó con unas sencillas palabras- lo siento.
-Yo también lo lamento. He ido a su apartamento y me he quedado esperando a que llegue, jamás pasa. Le he escrito mensajes y los pasé por debajo de la puerta, no me responde. Sé que su trabajo lo absorbe mucho y etcétera, pero necesito hablar con él –el viejo alzó una ceja antes de llevar la taza humeante a su boca- Omi me ha dicho que es un padre para él y por eso pensé en acudir con usted porque pensé que podría saber dónde está, pero no se me ocurrió pensar que lo está encubriendo y no me gustaría pensar eso. Si él lo contacta le ruego por favor me avise.
-Por supuesto.
La mansión Young se regocija llena de gracia en su hermoso jardín. Después de que Víctor Young falleciera en un luctuoso accidente de cacería, su viuda se ocupó de atender a su hijo y cuidar su jardín. A sus cuarenta años supo que no volvería a encontrar otro hombre como su esposo. Se dedicó por completo a embellecer cada flor, tallo, y hoja para ella. Trabajaba fuera todos los días, desde primavera hasta el otoño. En las estrechas calles de su vecindad, fue ampliamente considerado el mejor patio e inclusive la nueva pareja que compró la casa de la esquina mantuvo sus grandes labradores a raya. A los catorce de Chase, ella claudicó en un coma vegetativo y se vio obligada a depender de su cuñado para mantenerlos ambos.
A los veintiún, Chase compró una vivienda propia y se mudó de su hogar conquistando así su independencia. Meses después que Chase estuvo prófugo de la justicia, el detective Fung ordenó poner bajo custodia la vieja mansión de los Young en donde fue confinada la madre del temible psicópata Chase Young. A finales de ésta época del año generalmente la ciudad era hermosa, los árboles emanan un rico olor a oro y el cielo de un azul brillante. Este año, sin embargo, el clima se volvió frío inusualmente rápido. En las noticias advirtieron de una avalancha congelada e incluso los fanáticos que juraron jamás encender sus hornos hasta el primero de noviembre estaban empezando a pensarlo dos veces. Esta tarde era perfecta para la jardinería; el gran árbol de arce en su patio refleja una docena de tonos dorados y el sol lentamente hizo que las hojas se hundieran aún más profundas. El detective abrió la puerta y salió. Cuando respiró la esencia de la mansión, captó los olores ricos de las hojas secas, la tierra fértil y algunas especias. Hay quienes les gusta trabajar en sus jardines en la mañana, no obstante Elizabeth siempre prefirió las tardes. La comunidad dónde vivían los Young era tranquila y pequeña en la que jactaron viejas hermosas casas victorianas que fueron una vez las casas de verano de la élite. Los Young, sobre todo Elizabeth, le habían dado su salto a la fama mediante la construcción de su mansión a las afueras de la ciudad. La vecina extendió sus pródigos jardines verdes y vistas increíbles de la montaña para que las personas puedan apreciar la buena música de la Sinfonía de Tchaikovski y el patio más fino que la grandeza de la madre naturaleza. Gozando una buena cantidad de turistas durante los brillantes meses de verano.
Ahora, gracias a la inesperada ola de frío, la comunidad ya había tomado sus ritmos lentos y tranquilos de invierno. Nada más había sucedido en la vecindad de los Young desde hace unos años cuando el hijo mayor de los Zhang se fracturó el brazo en un accidente de coche. En silla de ruedas, a Elizabeth se le imposibilitó consagrarse en mantener conservado a su precioso jardín, aunque hubiera contratado a un jardinero para que hiciera su trabajo, nadie superó ni igualó la Sra. Young. Nadie amaba ese jardín tanto como ella, para la mujer era un segundo hijo. No hubiera querido verlo así, él tenía entendido que permanecía encerrada las veinticuatro horas en la recámara pegada a los recuerdos de su fallecido esposo. A veces los policías entraban al cuarto, pero ella era nada más atendida por la enfermera. Cada lunes venía una mucama a limpiar la casa y se iba dentro de cuatro horas. Todos estos gastos eran costeados por el cuñado de Elizabeth. Fung estaba listo y se metió en la plena brillantez del sol, cruzó el patio. Las patrullas cercaban la mansión de muro a muro, no pudieron creer lo que veían cuando lo vieron flanquear la jungla de malezas y yedras.
De vez en cuando, Fung era sometido involuntariamente a los "hechizos" que le hacía jugar su mente. No muy a menudo, había pasado bastante tiempo desde el último. Pero el día en que Megan fue a visitarlo; cumplido un mes de reposo de tener su intervención quirúrgica, estos hechizos se hicieron más frecuentes e inevitables, en las noches se encontró tumbado despierto escuchando los latidos de su corazón. El trabajo mantenía alejados esta visión, no permanentemente, pero sí lo suficiente y supo entonces que era momento de volver. Él miró por encima del hombro como si esperara ver algo espantoso, le intimidaba tantos ojos en la espalda. Su tatarabuelo, entre comillas, había tenido el don de la vista. El detective Fung no creía en esas cosas. ¡Oh no señor! Por eso, cuando levantó la vista y vio la imagen efímera de una chica delgada pelinegra de pie del viejo roble con sangre en su rostro, Fung sacudió la cabeza y dijo:
-Ahora no, por favor.
La visión desapareció cortésmente. Y el detective Fung entró a la oficina principal una vez que el supervisor encargado permitió el acceso al anciano mentor. El nuevo líder no cambió nada en su lugar, conservando todo tal cual lo dejó.
-Detective Omi, cuánto tiempo sin verte, ¿cómo te va en el caso?
-Me dijeron que estabas aquí, empero me rehusé a creerlo que decidí verlo con mis propios ojos –dijo arrastrando las palabras sin pararse de su silla.
-Espero que mi presencia en tu oficina te convenza.
-Todavía no. No voy a caer tan fácil como mis subordinados, yo no soy estúpido –masculló entre dientes. Encañonó su rifle y rodeó en círculos al hombre. Su dedo índice presionó con suavidad el gatillo esperando cualquier movimiento para disparar. No había tenido contacto con el mundo exterior desde que se encerró a sí mismo entre estas cuatro paredes, no había ido a su casa ni visto a su mentor. Lucía como lo recordaba, de origen oriental, alto, calvo, ojos azules claro, el cabello negro desteñido se aclaró a un gris frío, la piel pálida y plegada en arrugas. Cada vez que fruncía el ceño, se arruga la frente y si sonreía, las mejillas son las que se arrugan. Después de una mirada él podría decir que el detective Fung era el detective Fung o era el mejor disfraz de Chase Young.
-¡Por favor Omi! ¿es necesario que te lea tu expediente de vida? –gruñó molesto- tenías seis años cuando te recogí de la casa de tu tía abuela, estabas abrazado a tus piernas y la barbilla se hundía en tus rodillas (recuerdo que estabas sentado en la silla del comedor quietecito y asustado porque temías que tu tía abuela estaba enfadada contigo supuestamente molestaste a las gallinas, jalándoles las plumas y persiguiéndolas hasta que ella te descubrió), como no sabíamos nada sobre el paradero de tus padres o si estaban vivos o muertos, fuiste llevado al hospicio de San Martín donde terminaste de crecer. Cuando alcanzaste los doce años, no habías conseguido a una pareja que adoptara y tenías miedo de que ninguna lo hiciera pues que para un preadolescente no tenía tantas posibilidades al igual que un niño de siete años... no me lo comentaste si no en el día que firmé los papeles de adopción y te llevé a mi casa.
-Y entonces ha sido nuestro secreto, eres Fung –musitó entre dientes, bajando el fusil-. Pensé que estarías en casa luego de la operación.
-Bueno, no porque tenga sesenta y cinco años significa que soy un viejo inútil. Me encanta este trabajo, me parece que he descansado lo suficiente, y quise volver a retomar mi puesto.
-¡No puede ser! –exclamó indignado. Sus dedos y su labio inferior temblaban de la euforia, colocó celosamente el fusil sobre el escritorio, en seguida caminó de un lado al otro hasta golpear la ventana con fuerza- ¡primero Boris y ahora tú! Estoy seguro que te pidió que me cuidaras, ¿debo calificar esto como una intromisión a mis investigaciones o una invasión a mi vida privada? Maldita sea, ¿la VICAP, el FBI y el gobierno ya no confían en mí?
-Boris no tuvo nada que ver con mi decisión, seguí tus instrucciones y le supliqué que no se entrometiera, no me hizo caso y me libero de toda responsabilidad que él esté aquí –alzó los hombros- no soy nadie para detenerlo, lo mismo te dije a ti cuando te recomendé al FBI, al gobierno y a la VICAP.
-¡MENTIRA! ¡MALDITA MENTIRA! –ladró Omi energúmeno- Boris te llamó después de que habláramos y tú fuiste con los del VICAP y el FBI, los convenciste que necesitaba una supervisión y cualquier equivocación que cometa lo notificarás inmediatamente con ellos y solicitarás mi destitución, ¡¿no es así?! ¡pero ya te descubrí! ¡y no voy a caer, no cometeré errores como tú y a diferencia de ti, sí atraparé a Young! ¡¿y sabes por qué?! ¡Porque soy el mejor detective que haya tenido al servicio de la VICAP y el FBI, soy el más capaz, el más audaz, el más fuerte, y todavía soy joven! –afirmó con petulancia- ¡sin mí todos en este edificio estarían perdidos y caminando en círculos!
El detective Fung abrió los ojos más de la cuenta como platos, estupefacto. Era la primera vez que hablaba así. Relajó los músculos y se masajeó las sienes, cerrando los ojos. Se disculpó en un tono inaudible.
-No quiero tu puesto y te vuelvo a repetir que Boris no me llamó. Ni siquiera estaré otra vez en esta oficina: en cambio, voy a estar cuidando la casa de los Young. He estado al tanto de tus avances y en mi opinión vas bien, confío en que lo atraparás. Y deseo que lo hagas.
Omi le devolvió la mirada receloso cuando alguien abrió la puerta. Ping Pong cargando con una taza de café.
-Ping Pong presente, señor. Aquí está su taza de café.
Omi pegó un salto de su silla, agarró su rifle y empujó contra el suelo al oficial de policía, inmovilizándolo con el codo. La taza se hizo añicos en el suelo, hacia la esquina, y el café caliente salpicó en todas las direcciones, una gota aterrizó en el zapato del detective Fung.
-¡AHORA SÍ QUE TE VOLARÉ LOS MALDITOS SESOS, MARICÓN!
-¡¿Pe-pero por qué?! ¿has cambiado la contraseña?
-¡¿A quién más se lo has contado?!
-¡¿De qué diablos estás hablando?!
-¡Omi no!
-¡Todos en este edificio están en contra de mí por culpa tuya!
-¡¿Qué?! ¡no es cierto! Yo ni sabía que el detective Fung estaba aquí. ¡Tornami, por favor, tienes que creerme! ¡lo juro!
-Megan me preguntó por ti –saltó de repente el detective Fung para distraer al agente Omi. El oficial se escabulló de las garras de su furibundo patrón mientras éste se levanta con una expresión de sorpresa- fue hasta mi casa. Está preocupada y quiere hablar contigo, ha ido a tu apartamento y llamado a tu celular, pero no ha tenido respuesta. La veo desesperada.
-¿Y qué le dijiste?
-Lo que me pediste, ella no me creyó y aun sin decírselo, sospecha que estás aquí.
-¡Pues que se quede en espera! Por su propio bien yo estoy muerto para Megan. Es bastante arriesgado para ella en la misión que estoy, Chase Young ha matado a policías antes y no sería la primera vez que atacase a sus seres queridos.
-Deberías decirle algo, sabes que no se detendrá hasta conseguir una respuesta. Creo que tu método de cortar una relación no funcionó como querías.
-Ella creerá que sigo interesado y será peor para ambos, es mejor que me mantenga distante y frío hasta que se olvide de mí o vuelva a enamorarse de otro. Lo que ocurra primero.
Ping Pong rumió el nombre de Megan entre dientes. Por supuesto se acordaba de la chica, estuvieron juntos en el mismo orfanato que Omi y aunque era agradable. No le caía bien. Y fue cuando se dio cuenta que el anverso de su mano ardía, la razón era una pequeña cortada con la taza del café. Omi parecía más calmado y de alguna manera triste. El detective Fung exploró los interiores de la casa. Cuando dejó la oficina, el agente Omi parecía convencido parcialmente, por otro lado también ensimismado de saber que Megan quería hablar con él, y el oficial Boris salió a desinfectarse la herida por insistencia de Omi. Salió del edificio, se montó en su auto y condujo al seno de la comunidad de los Young. En el patio trasero y en el recibo hay diversas esculturas humanas, la Sra. Young disfrutaba comprarlas en subastas. Lástima que no podía salir a admirarlas, la mansión es bella y elegante. Aquello la tendría emocionalmente devastada. Tenía entendido que la recámara del matrimonio Young estaba en el segundo piso a la derecha. El detective Fung subió las escaleras al inicio del vestíbulo y dobló en la esquina. Había un oficial parado en la puerta entreabierta.
-¡Detective Fung, ¿qué hace aquí?!
-Buenos días oficial, después de tomarme unos meses sabáticos he decido reincorporarme de nuevo en el caso, pero esta vez de un modo menos activo. Vine a inspeccionar la casa.
-Le juro que hemos seguido el protocolo tal cual. Durante años no se ha reportado actividad sospechas ni avistamientos de Chase Young.
-No pongo duda de ello, oficial –dijo-. Cálmese. Sólo quiero conocer los inicios de nuestro asesino, ¿ella está adentro?
-Así es, señor. En una hora la enfermera la llevará a tomar su baño, en estos momentos ella debe estar preparando la tina del último cuarto del ala izquierda.
-Muy bien. Mientras tanto voy ir a "saludarla".
El detective Fung empujó la puerta. Unas nubes vaporosas colgaban encima de una cama matrimonial, las sábanas recién plegadas y lavadas. Parecían nuevas. Es una pena que nadie puede relajarse en ella. Una lámpara de lava sobre la mesilla de noche. Una mecedora cerca de un tocador. Al lado del closet más grande que haya visto, un balcón se extiende al patio trasero. Y en el medio del cuarto, Elizabeth Young sentada en su silla de ruedas. Las manos contraídas y arrugadas, los codos apoyados en los brazos de la silla. Su cabello era dorado, liso y suave, de igual color que el de Megan, sólo que ésta lo llevaba más largo (debido a su enfermedad, tuvieron que cortárselo al nivel de los hombros) que parecía natural con su piel oscurecida por el sol, la mujer era de impresionante altura que quizá pudo haber sido Miss, pero encogida en su asiento se veía pequeña y frágil, heredó los hombros y la boca de su padre lo que la hacía menos atractiva en una mujer, si bien Víctor no pensó igual cuando la desposó. Todavía tenía los mismos ojos de color ocre brillantes y tez lisa.
Su expresión era de sobresalto, ¿quién no? Vigiladas las veinticuatro horas por un montón de extraños, enterarse que su hijo es un psicópata homicida y no poder hacer nada ni decir algo, es horrible. Podía comprenderla. Tuvo la oportunidad de conocerla cuando Young era detective de homicidios y eran compañeros de trabajo, no supo por qué razón Young nunca le habló de su madre. La mayoría de los asesinos en serie de mujeres, su patología es por un trauma vinculado con su madre, empero esta señora era adorable desde un inicio en que la conoces. Luchó hasta dónde pudo y si recurrió a su tío, es porque era inútil estando sentada.
-Hola Elizabeth –saludó el detective Fung- no te preguntaré cómo estás, es visible tu estado de ánimo. En estos días voy a estar supervisando tu casa, ni yo ni el resto de los oficiales te incomodaremos y cuando sepamos noticias de tu hijo, Chase, te informaremos. Te prometo que lo atraparemos, ¿okey?
Sus ojos capturaron su atención, lo único que podía mover. Por un relámpago de segundo, el detective logró entrever algo de flash a través de esos ojos brillantes. Parecía miedo, ese miedo que cala hasta en los huesos. Su expresión estaba en blanco. Entró la enfermera. Una mujer morena de edad madura, de uñas postizas, delgada, el cabello teñido en rojo y con un uniforme blanco característico de su profesión. Sus cejas se arquearon cuando distinguió al detective en el cuarto.
-¿Quién es usted?
-¡Oh lo lamento! Señora, soy el detective Fung y estoy asignado a proteger esta casa.
-¿Más policías? Oh vaya justo lo que necesitábamos –el sarcasmo en el tono de su voz era palpable- lo siento, debo llevar a la Sra. Young al otro cuarto para su baño. Y por cierto soy señorita.
-Discúlpeme, señorita...
-Wuya, con permiso –dijo con voz ronca. Cogió la silla, las ruedas acariciaron la alfombra y la sacó del cuarto- si quiere ser de utilidad, podría mantener alejados a esos policías de mi paciente –rezongó a lo lejos.
El detective Fung puso una mueca sin tener tiempo de responder y se quedó unos minutos más en la alcoba antes de bajar a la estancia.
Boris se sobaba constantemente algodón mojado en alcohol sobre su cortada. No paraba de ahogar aullidos de dolor y arrugar la cara conteniéndose. Debía ser más como Omi, soportó una extracción de bala de la pierna, sin anestesia, y sólo tenía consigo una navaja y un jirón de su camisa, eso fue en un caso dónde resultó herido. Estiró la bandita, colocándosela a lo largo y ancho de su cortada. Se dirigió hacia la máquina cuando vio a los tenientes Bailey y Marsden conversando animadamente y bebiendo café con rosquillas, típica merienda en el trabajo, dio la media vuelta para girarse cuando uno de ellos lo cogió el cuello de la camisa arrastrándolo de regreso.
-Oye, ¿necesitas utilizar la cafetera? Adelante, puedes hacerlo sin pena, aquí no comemos gente. Entre todos somos compañeros… –el teniente Bailey sonrió en su asiento mientras el teniente Marsden halaba a un tímido Ping Pong. Se quedó parado a su lado cuando presionó el botón del café con leche. Marsden cruzó los brazos bajo el pecho.
-¿Cómo te hiciste eso? –Ping Pong se desentendió, pero él sacudió su mano- ¿hiciste enojar al jefe y te pidió que le trajeras más café?
-"Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento y gente del fuego loco que llena el aire de chispa. Algunos fuegos bobos no alumbran ni queman, pero otros arden la vida con tantas ganas que no se pueden quedar mirando sin parpadear y quien se acerca se enciende" –proclamó Ping Pong- él es así. La dijo Eduardo Galeano. Conozco a Tornami mejor que usted, teniente y sé que él sería incapaz de lastimarme.
-Sí, me doy cuenta... –asintió, el teniente cogió una servilleta de la mesa y sacó un bolígrafo del bolsillo de su abrigo, escribió un número telefónico y la encerró en el puño del oficial- dime si necesitas algo.
-Gracias, teniente Marsden –afirmó leyendo el número escrito y firmado por el puño y letra del teniente Jermaine Marsden. Es local, barajó que sería el de su casa. Asió el mango de la taza y se marchó. El teniente Marsden lo siguió con la mirada hasta que desapareció por la puerta.
-Me alegro por él –comentó- otro segundo más y quién-tú-sabes lo hubiera despachado a su casa. No hay muchos jóvenes interesados en servir como policía, hay que ser lo suficiente tonto y valiente para tomar tremenda decisión.
-Es cierto –cabeceó el teniente-. Tornami parece que lleva tiempo conociendo al pequeñito y entiendo de lo que habla cuando se refiere que sería una jugada arriesgada ponerlo frente a frente contra Chase Young, un hombre que ha matado a varios de los nuestros antes (eran hombres con años de servicio en la policía, disciplina y experiencia, varios de ellos estaban antes que yo llegara), ¿te podrías imaginar lo que él sería capaz con un policía novato?
-No me digas que te estás poniendo del lado de ese sujeto.
-No me estoy poniendo de parte de él ni de nadie, estoy siendo realista. Yo tengo hermanos menores: Patrick y Jessie, y si uno de ellos o ambos me pidieran que les gustaría prestar su ayuda para atrapar a Young, les agradecería enormemente, pero de inmediato rechazaría la ayuda. Nunca me repondría si les sucediera algo y pienso que eso es lo que Tornami teme, ¿acaso tienes hermanos, Jer?
-No. Soy hijo único.
-¿Ves? Es por eso que no lo entiendes. Es complejo. He terminado, cerca de dónde vieron a Tohomiko, los sabuesos encontraron unos botes de basura y ahora están siendo procesados. Es todo lo que tenemos, nadie ha visto nada. Tornami quiere que vaya a ver los resultados con él, ¿te vienes?
-No, tengo que hacer algo. Nos vemos, amigo.
Se levantó de la mesa, llevándose consigo el vaso de plástico y las servilletas. El teniente se quedó para terminar su café helado, le gustaba así. No tenía planes de estar afuera mucho tiempo y permaneció vestido con el uniforme, tomó unas de sus pertenencias, se identificó en el escáner de retina y por medidas preventivas conservó las dos nueves milímetros, en la cintura y la del tobillo. Cruzando la puerta encontró a una mujer de melena dorada discutir con el oficial de seguridad encargado. Aún no ha llegado a agredirlo, pero se veía furiosa de que no le permitiera el paso. En general pasaba de estas situaciones y seguía de largo hasta que mencionó el nombre verdadero de Tornami, ese fue otro de esos escenarios. El teniente se dio media vuelta y se disculpó con el oficial, dejándolo a solos con la dama. Me encargo a partir de aquí, oficial, puede proseguir con su trabajo. La muchacha era joven, tal vez era universitaria y lo aseguraba no por su estatura, si no su modo de vestir y sus facciones. Ojos azules grandes e inocentes, la nariz pequeña y respingona, los labios delgados y pintados de rosa, maquillada y peinada, su figura es estilizada y femenina, pero sus brazos eran fuertes, el rostro circular, piel suave y pálida. Su melena dorada era lisa y larga hasta la cintura con distintas tonalidades de mechas castañas, posiblemente teñidas de la peluquería.
-¿Puedo ayudarla señorita?
-¡Necesito entrar y hablar con el agente Omi, usted debe conocerlo! ¡pero este gigantón no me lo permite! –gritó lo bastante duro para que el guardia la escuchara. El teniente osciló.
-No se disguste con nuestro gigantón, él está en ejercicio de su deber y se nos ha prohibido a todos los oficiales que consintiéramos el paso a los civiles sea quienes fueran. Es parte del nuevo protocolo. Si no está afuera, me temo que no podrá conversar con él. Lo siento.
-¡¿Lo siente?! Lo siento yo, esta es otra de las estratagemas de Omi por evitarme.
-Por supuesto que no, señorita –sonrió el teniente amistoso- teniendo en cuenta la noticia de que un terrible asesino en serie anda suelto, debemos estar prevenidos ante cualquier ataque ¿no ha oído hablar de él? Chase Young, asesinó a once mujeres y a numerosos compañeros oficiales.
-Sí –suspiró ella recomponiéndose de un ligero estremecimiento, irguiéndose- escuché que hubo avistamientos de él en Heylin East, no muy lejos de aquí. Omi me ha contado mucho, ha consagrado años de su vida investigándolo y créame que no hay nadie más que él que se pueda considerar un especialista.
-¿Es por eso que está aquí buscándolo? –la chica asintió la cabeza firmemente- a no ser que sea un asunto oficial, le será denegado el acceso. Pero como trabajo con él, podría guardarle un mensaje la próxima vez que lo vea de parte de su...
-Novia... bueno, realmente ex novia –se corrigió cruzando los brazos-. Prefiero hablar con él en persona. De todas formas, gracias por molestarse.
-Ya –asintió- soy el teniente Jermaine Marsden, un placer en conocerla –estrechó la mano del comisionado vigorosamente, presentándose más calmada.
-Mi nombre es Megan –dijo separándose.
-Me parece una descortesía que haya venido desde su casa y no fue atendida como esperaba pero le prometo que le diré al agente que usted estuvo aquí, justamente llegó cuando iba de salida y no voy a regresar si no hasta más tarde ¿le gustaría que la acompañara a su auto?
Megan no encontró problemas que un teniente la escoltara al viejo Cadillac que su padre le compró como regalo cuando cumplió la mayoría de edad con el fin de transportarse hasta la universidad y aceptó la compañía, a fin de cuentas no tenía en el momento un novio celoso.
Una vez que eres un infante de la marina siempre serás un infante de la marina. Jesucristo Redentor de Brasil, a menudo echaba de menos aquellos días, pisando agua helada junto a su compañero como parte del equipo de la encuesta hidrograma. Mientras un par de chicos extienden la cuerda a trescientos metros fuera en el océano, un par de marinos a flote cada veinticinco metros con el propósito de analizar el gradiente y la consistencia del fondo del océano, una información que se utilizaría para una campaña en la playa. Podría tomar ocho horas obtener la información completa. Ocho horas de silencio oscuro, flotando en el agua y sentir cómo las piernas entumecerse. Las funciones biológicas ocurren en el transcurso de las ocho horas. Los novatos se avergüenzan. Los viejos simplemente aceptaron la calidez de la orina de la noche a la mañana pasar por agua fría como una especie de camaradería, un tipo de intercambio que hizo más allegado a tus compañeros de equipo que tu esposa, tu madre o tu hermana. No podía explicárselo a una mujer. Ellas simplemente no lo entienden.
Al ser un miembro de la marina, podría decirse que se vincula a algo noble. Buena parte de marinos que había conocido eran buenos tipos que cumplían su trabajo y nunca profesaron excusa alguna. Había reconocido la mirada en sus ojos pues que el aspecto que tenía en su cuenta. Conocía el conjunto de sus mandíbulas, la pura determinación de su voluntad. Se habían sentado allí en los aviones, preparados para saltar a medianoche hacia las zonas que no podía ver: Nadie puteó ni nadie se quejó. Habían compartido su miedo en silencio, en el vapor se empaña las gafas. Luego cuando llegó el comando, se levantaron como uno solo, de pie en la fila y a cada uno dieron la señal universal en el culo "Salta y que Dios vaya con ustedes".
Le había gustado. Pensó que había encontrado algo que podía hacer, un lugar a dónde podía pertenecer finalmente. Pero se equivocó. La primera vez que tuvo que lidiar con un cerebro de mierda, hipócrita, un oficial de alto rango golpear a su esposa. Había tratado de controlar su temperamento. Debía hacerlo. No obstante, Raimundo en ese entonces estaba pensando en el almirante y en todas las noches en las que había oído las botas de salto del pasillo a su habitación. Pensó en todas las veces que trató de decirle a alguien de lo que pasaba en casa por la noche y todas las veces que fue golpeado por el almirante por difundir feos rumores. Y pensó en los errores que había cometido. Quebrantó las reglas que su padrastro implantó y respondió cortando en pequeños trozos al osito de peluche de su niñez, Ninja Fred, luego los quemó.
-¿Tienes un problema conmigo, muchacho? –le dijo- enfréntame como un hombre, si crees que puedes. Pero no vayas difundiendo mentiras por ahí... esa es la forma en que pelea un cobarde, una marica pegada a las faldas de su mami. Y si vuelves a pensarlo, acuérdate de cómo terminó calcinado él.
En las primeras semanas de la muerte de su madre, perdió muchas pertenencias en el fuego. Su padrastro le dijo que debía ser verdaderamente muy estúpido para perder tantos objetos personales de golpe y después de eso, luchó por no replicar, por acordarse, por adaptarse. Y rebasó por encima del borde cuando alzó su puño una noche. Él había golpeado al hombre al borde de la muerte, le hubiera gustado seguir golpeándolo. Le hubiera gustado pulverizar su cráneo contra sus nudillos, aplastarlo contra el suelo hasta que no quedara nada. Todo se volvió rojo, sentía una rabia sobrehumana que ni él pudo parar. Cuatro chicos tuvieron que tirar de él hacia afuera. La esposa lo llamó bruto y corrió devuelta con su marido, echándole los brazos al cuello, enterrando su ojo negro en su hombro.
Ese fue el final del infante de marina Raimundo Pedrosa.
Cerró los ojos. Volvió abrirlos cuando creyó haber visto a su padrastro y los restos de felpa, su uniforme de jugador de futbol, su anuario, su manta de bebé, consumiéndose vorazmente en el fuego. No repliques. Estaba tendido en la cama con Kimiko acunada en su pecho. Ha pasado mucho tiempo desde que tuvo una chica en brazos, durmiendo recostada en él. Miró la ventana, el sol está empezando a salir cuando ella se movió, estirándose con pereza. Hizo un esfuerzo por abrir los ojos. Ladeó la cabeza, todavía su brazo envolvía protectoramente sus hombros.
-Hola –le dijo en un tono inaudible.
-Hola –sonrió ella devolviéndole el saludo- ¿cuánto tiempo me quedé dormida?
-Oh, varias horas. Fue una noche bastante tranquila, apenas está saliendo el sol –señaló. Vio por encima de su hombro para comprobarlo, continuaba oscuro todavía.
-¿Tú no dormiste? –reparó, dirigiéndole una mirada suspicaz.
-No. Estoy de servicio, ¿recuerdas? Soy tu protector, si yo me dormía, ¿quién te protegería?
-¿No estás cansado?
-No te preocupes. He tenido días peores, ¿dormiste bien?
-No tan bien, pero si más tranquila... –admitió en voz baja. Se apartó sin pararse de la cama, se miraron a los ojos y abrió los labios ligeramente- ¿te disgusta si tomo una ducha rápida antes de irnos? Para despejar mi mente, como dijiste –se apresuró a aclarar- tal vez eso me inspire. Te prometo que tardo menos de quince minutos prepararme, pero por fis.
-Adelante –dijo haciendo un ademán. Comprendía sus necesidades de aseo, tampoco era un monstruo.
-¡Ay, gracias Rai! ¡eres genial! –se inclinó y lo besó en la mejilla. No pensó en ello, acabó por plantarle el beso impulsivamente. Y cuando se apartó, se sintió aliviada cuando leyó la reacción en su rostro: Boquiabierto, pero contento. Raimundo sentía cómo la sangre subía a su cabeza.
-¿Qué fue eso?
-¿Qué? ¿Rai? Es el diminutivo de tu nombre, ¿te enfada que te diga así? –Kimiko no estaba del todo segura por qué hizo aquello, y trató de desviar su atención.
-No, yo me refiero al beso... que me diste... –farfulló. Kimiko soltó lo primero que vino a su cabeza sin ahondar mucho la respuesta.
-Fue un besito de agradecimiento por ser tan comprensivo –dijo un poquito nerviosa. Eso le valió ganarse una rápida sonrisa de su parte.
Le obsequió una de sus sonrisas más bonitas y se paró. Levantó la mano y liberó su pelo de la cola de caballo mientras caminando, dejando caer el pelo libre alrededor de sus hombros. Desapareció en el cuarto de baño y el ex de la marina la vio marcharse. Empujó la puerta y la cerradura rebotó contra la pared, entrecerrándose solamente. El hombre también salió de la cama y estiró los músculos. Estuvo unas cuantas horas acostado en la misma posición, ya sentía las extremidades inferiores adormecerse y deseaba moverlas. Recogió su chaqueta y probó ponérsela otra vez, a no ser que la chica la necesitara. Escuchó el sonido del chorro de agua de la otra habitación. Él sonrió acordándose el beso en su mejilla, sus pensamientos volcaron de pronto cuando estaba acostada en la cama con él hace unos segundos y a ayer, en el entrenamiento. Sus ojos estaban mirando la puerta del baño entreabierta en menos de lo que cayó en cuenta, un haz de luz se escapó. Pero no estaba pendiente de eso si no en el reflejo del espejo que rebotaba en la ducha. Extendió la mano y agarró el respaldo del sillón mullido como acto reflejo para no desmoronarse hacia atrás. No te atrevas a hacerlo, tú no puedes hacerlo Raimundo, se repitió: Ni se te ocurra siquiera espiar. Tú no eres así. No, no era así de impetuoso ni se dejaba dominar por ese tipo de emociones que están floreciendo en este momento. Hizo una pausa y su mirada volvió a derivarse a la puerta entreabierta del baño.
Por otra parte, tal vez lo haría.
Se acercó suavemente, sin hacer mucho ruido para no asustarla y medio tocó el pomo de la puerta. La bailarina estaba de espaldas sacándose por encima de la cabeza su blusa, su pelo descendió sobre su espalda. Su piel era blanca y cremosa. Se echó el cabello por el hombro, descubriéndose. Se bajó los pantalones y quedó sólo en ropa interior de lencería. Entonces se había quitado sus zapatos. Sintió que su boca se seca de rebato. Ella sigue desnudándose para disfrute de su espía sin notarlo. Raimundo pudo ver el tatuaje de mariposa que la chica tenía grabado en la parte baja de su espalda. Nada exorbitantemente enorme ni vulgar. La mariposa era linda, delicada, pequeña y un parpadeo de la luz de color hablaba de un deseo de volar. Inclina la mitad posterior de su cuerpo cuando se baja sus tangas. Ahora tenía una impresión de semejante trasero. Kimiko dejó para el final su sujetador. Inconscientemente reprimió un gemido mientras se pasaba la lengua por los labios. Abrió la cortina y entró a la ducha, aún con un muro transparente de por medio fue capaz de ver los riachuelos de agua caer sobre esas curvas perfectas y descendiendo en su cuerpo suave engominado de jabón.
Se resistió al deseo de desvestirse también y meterse sin invitación a la ducha con Kimiko y a las ganas de sujetar sus manos, arrinconarla contra la pared, pegar su cuerpo con el suyo y succionar sus labios apasionadamente. Su mente se llenó de imágenes comprometedoras de él mismo y la chica que incluía mucho movimiento. Sintió que sus pantalones le quedaban demasiado apretados. ¡¿Por qué diablos no cerró la maldita puerta?! Porque para empezar él no debía estar aquí. Sacudió la cabeza desterrando esas imágenes, pero nunca pudo alejarlas ni nada. Quería estar allí con ella. Se estaba haciendo una enorme tortura no tocar su sedosa piel, saborear su boca caliente... Necesitaba salir de allí cuánto antes. No, necesitaba beber un trago de ginebra, tequila, whiskey, vodka o lo que fuera. Debido a sucesos atroces de su pasado, pasó noches embriagándose en alcohol, nada serio para multarlo la policía... pero le fue difícil abstenerse a la necesidad de beber un trago. No hay tiempo para las distracciones en esta carrera contrarreloj, pero es imposible ignorarlas cuando esa distracción es hermosa y tiene un cuerpo de infarto. Peor si es aquella a la que debe de proteger. Atravesó la salida y se marchó sin voltearse si la puerta estaba abierta o no.
El cuerpo de Kimiko le hormigueaba y la asfixiaba internamente. Quería ducharse, empero más deseaba todavía a Raimundo. La idea de bañarse con él no suena nada mal. Quería que cruzara esa puerta y entrara a la ducha, ¿será que no se fijó que la puerta estaba entreabierta o era tímido? Kimiko no se sintió ni en lo más mínimo culpable por querer eso. Tenía no sé cuantas horas para descifrar la clave y carecía de ideas, no sabía a dónde ir o qué hacer. Lo único que sabía es que esta podría ser la última noche de su vida y por unos pocos minutos, Kimiko quería perderse en el placer con un moreno alto y atractivo. Hedonista puro, placer salvaje. Si iba a salir, quería salir con una explosión. Sabía que él estaba justo ahí, separado por una pieza de madera. ¿Por qué se tarda tanto? ¿acaso no le gustaban las menuditas o las lindas japonesas? ¿no era suficientemente atractiva para él? No, no es cierto. El sentimiento y la atracción son mutuos, aseguró. Es tímido, sólo es eso, se dijo consolándose. No era un pensamiento ni el deseo más audaz, pero no le importó. Reprimió un leve sollozo.
En el pasillo del hotel, un hombre pelado en un grupo de mozos que trabajaban en el hotel que acarrean carritos de ropa sucia casualmente se desvió de dirección y desapareció hacia el ala derecha. Caminó y caminó hasta que llegó a una puerta donde rezaba un letrero:
SÓLO PERSONAL AUTORIZADO
Escondió el carrito y cerró la puerta. Cuando quedó claro que nadie lo seguía, se despojó un uniforme, revelando otra ropa que tenía debajo. Metió el uniforme de empleado del hotel en una bolsa de papel y volvió a mezclarse como si fuera otro hospedado. El GPS indicó que la bailarina estaría en este hotel. En unos diez minutos de comprobar cada habitación, llegó a su objetivo. Kimiko salió con la toalla envuelta torno a su pecho, su pelo estaba húmedo y en el piso goteaba agua. La puerta estaba abierta. Pero le sorprendió que Raimundo no estuviera en ninguna parte.
-¿Raimundo? ¿te fuiste?... –Kimiko se apresuró a cerrar la puerta, era una total imprudencia dejarla abierta-. Si es una broma, sal de dónde quiera que estés. ¿Rai?
Esto no le estaba gustando para nada. Giró sobre sí.
Una mano tapó su boca en un abrir y cerrar de ojos.
Ella gritó, pero la palma de la mano empujó el sonido hacia debajo de su garganta. Quedó atrapada contra un cuerpo, luchando y retorciéndose salvajemente. Los gruesos dedos de su atacante se clavaron en su mandíbula y cubrió su cabeza en su lugar. Por el rabillo del ojo, miró sonreír diabólicamente al asesino.
-Hola Kim ¿me extrañaste? –siseó una voz helada a su oído- lamento haberme tardado tanto y hacerte esperar, no sabía en qué cuarto estabas, pero no importa... me hace feliz que hayas decidido responder a mi pequeño juego y parece que me trajiste a tu protector, qué dulce de tu parte. Así podré matarlos a los dos y ninguno quedará sin el amor del otro, ustedes serán como... Romeo y Julieta, ¿te gusta? –su nombre se quedó atorado en su garganta, pero sabía quién era: Chase.
...Esta historia continuará...
A/N: ¿Ven que AliceXS siempre tiene razón aunque no la tenga? Apréndaselo para el futuro, que les sirve, AliceXS tiene toda la razón del mundo en todo lo que dice. Nunca la cuestionen. Pues que si en el capítulo anterior dijo que Raimundo, Kimiko, Chase y Omi aparecerían como nunca los viste. Es porque es cierto. Omi perdió los estribos (él no enloqueció ni está siendo paranoico, créanme, lo que pasa es que yo escribí el fic y sé mejor que nadie sus motivos así que lo entiendo perfectamente), al final del capítulo Chase ataca a Kimiko cuando anteriormente Raimundo fue seducido por el deseo y se da entender que también Kimiko sintió lo mismo y en lugar de lo que esperaba, salió Chase. AliceXS siempre tiene la razón aunque no la tenga, vuelvo y repito. Sólo sé que en esa escena húmeda de Kimiko en el baño, estaba escuchando La tortura de Shakira y Alejandro Sanz, Crazy in love de Kadebostany, y al mismo tiempo pensaba en La casa de las dagas voladoras. De mi propia interpretación de la canción mencionada, es que saqué esa frase de: "Se estaba haciendo una enorme tortura no tocar su sedosa piel, saborear su boca caliente..." De no estar con la persona amada. Déjeme decirles que Raimundo aparenta ser tierno ya que tiene ese papel de guardaespaldas y en anteriores capítulos es su imagen, pero en el fondo... es otra cosa. No daré detalles porque quiero que ustedes piensen mientras el fic se va desarrollando a lo largo. Y Kimiko es otra traviesa. Si me permiten el spolier, "el romance" me recuerda un poco a Pasión prohibida, yo misma me entiendo, cuando esté más avanzado lo explicaré... Predomina el deseo y todavía falta mucho por seguir acercando a estos días y apenas ha transcurrido un piche día, ¿qué cosas no?
Tantos aspectos que resaltar de este capítulo, ¿por dónde comenzamos? Creo que con mi pregunta curiosa: ¿A ustedes que les gusta más? ¿los capítulos largos o los cortos? ¿los capítulos que tienen más diálogo o descripción? En El Código Givenchy había más diálogo que nada, la narración y la descripción lo justo sin dar detalles. Los capítulos son cortísimos por ende: 75 capis y no es chiste. En El esposo perfecto, la narración, la descripción y los diálogos equilibrados; es detallado (no al nivel de Crepúsculo claro) y bonito. Los capítulos larguísimos, no me acuerdo cuántos, pero el libro es como uno de mis fics: Capítulos largos y no excede de veinticuatro. A mí me gusta de este tipo si soy franca, que estén equilibrados los tres, empero no soy muy descriptiva y no puedo narrar tanto. Yo lloré luego de leer Crepúsculo. Me salen más diálogos que nada. Pero no soy del tipo de El Código Givenchy.
Inclusión de nuevos personajes: El detective Fung (que previamente lo mencionaron y ya apareció en un flashback), Megan y Elizabeth Young (un OCS también nombrado en otros capítulos). El detective Fung es conocido por ser el mentor del agente Omi, el supervisor a cargo del caso contra Chase Young y ser ampliamente reconocido como un respetado cumplidor de la ley. Vagamente inspirado en el personaje de El marido perfecto: Edith Magher. Eso que tiene el don de la visión... me pareció un bonito toque dramático y las visiones que tiene son oscuras que incentivan al horror en el fic (sí, yo sé que quien tiene la capacidad de precognición es Kim, eso lo sabemos lo que vimos el final de Xiaolin Chronicles o leyeron spoliers, pero al detective Fung le queda bien) y tengo varias cosas preparadas para este personaje, aunque no tiene una participación tan activa como por ejemplo el teniente Bailey, sin embargo, como es parte del pasado de Omi (otro protagonista del cual habrá un capítulo especial) decidí traerlo para que cuidara a la madre de Chase: Elizabeth Young, es un OC importante, tanto, que está inspirada en Martha Ohlsson de El marido perfecto, la madre de James. Pero como a mí no me simpatizan los OCS, la dejé en estado de coma vegetativo, así de simple. Por último tenemos a Megan, el personaje secundario con menos participación en el fic (yo diría que es de relleno, para darle "más vida" a Omi) a pesar de que está inspirada en Marion Dillon de El marido perfecto. Volveremos a saber más de ella en el transcurso del fic. No se preocupen.
Quería sacar a este trío de personajes en el capítulo siete, pero todo se rodó. Ellos no debían aparecer antes de presentar a Ping Pong. Supimos por fin el nombre de uno de los tenientes: Jermaine Marsden. Aquí todo el mundo no se ha olvidado a Jermaine de los episodios: Mi amigo Omi y Algo de Jermaine. Todavía no ha tenido su participación en Xiaolin Chronicles, esperemos que lo haga; el año pasado Lee Thompson Young, su actor de voz original estadounidense, fue hallado muerto en su apartamento (murió por sobredosis), fue un suceso lamentable y la comunidad Xiaolin expresó sus sinceras condolencias. El teniente Jermaine Marsden está inspirado fuertemente en el teniente Lance Difford de El marido perfecto, ahora que oficialmente conocemos su nombre, lo puedo decir tranquila.
Conocimos un cachito del pasado de Omi, luego se darán detalles, antes que sufriera un ataque y perdiera los estribos. También supimos sobre el pasado de Raimundo, sus años en la marina y cuando su padrastro Hannibal cortó en trozos a su oso Ninja Fred (aquí todos recordamos al osito de peluche con que Raimundito dormía). Me pregunto porque a Hannibal siempre le caen bien los papeles de padre o padrastro malvado de Chase o Raimundo...
-Porque es feo, viejo y malo.
Yo diría por el vínculo que tiene con ellos y en las historia AU eso sienta de maravilla para justificar ese vínculo. En cuanto a la salida de Raimundo de la marina; en otros fics Lie To Me, Guan se retiró porque ver a su amigo transformado en asesino lo dejó traumatizado y en El escritor fantasma, Jack renunció al FBI porque no lo aceptaban como es. Remontándonos a las historias en que me basé para construir el fic, El código Givenchy Mathew Stryker asimismo puso su renuncia porque sentía que la vida en la milicia no era para él y en El marido perfecto a JT Dillon "lo botaron por ser noble". Y como había puesto dos veces renuncia voluntaria, agarré la expulsión de JT y escribí que acabara como Mathew, en el negocio de seguridad (JT se metió a mercenario). Y todos felices. Luego tuvimos esa escena húmeda y apareció Chase de la nada. No hace falta agregar que el próximo estará más que bueno, vieron cómo terminó, no hay que imaginarse mucho para adivinar cómo empezaremos el capítulo. Indiscutible, no se lo pierdan. Continuamos con Kimiko, Raimundo y Chase (Omi lo volveremos a ver en el capítulo décimo tercero). Hasta entonces esperen capítulo doce de Contrarreloj: Sigue a esa mariposa. ¡Cuídense Xiaoliners!
