Hola! Les traigo un nuevo capitulo... Espero que les guste
ATENCIÓN ESTE CAPITULO CONTIENE LEMON ASI QUE SI LO LEEN ES BAJO SU RESPONSABILIDAD.
Recuerden que ni la historia ni los personajes me pertenecen..
Disfruten!
...
CAPITULO 11: ConsecuenciasSakura se despertó por el sonido de una catarata que retumbaba en sus oídos. Le llevó un largo rato determinar de qué se trataba. No tuvo ni la menor idea hasta que no trató de moverse.
Entonces, sintió a Shaoran. Tenía el brazo alrededor de su cintura. Ambos estaban de costado. Ella, delante, con el trasero apoyado contra el miembro viril de su esposo. El ruido eran los ronquidos de Shaoran.
Tenía los pies enganchados en las piernas de él. Lentamente, trató de apartarse y estuvo a punto de rodar sobre su abdomen, cuando sintió que Shaoran la apretó con más fuerzas para atraerla hacia sí.
El movimiento casi la mata. Le dolía tanto la cabeza que tenía la sensación de que se le partiría en dos. Permaneció inmóvil. Relajó el vientre de inmediato. Pero no así su mente. Santo Dios. ¿Qué habría pasado la noche anterior? No lo recordaba.
Había dormido con él. Era lo único que sabía a ciencia cierta. De lo demás, no tenía ni la más remota idea.
¿Habría logrado embriagarle o todo lo que habría conseguido era una buena borrachera propia? Cerró los ojos. Demasiados pensamientos para una cabeza tan dolorida. Tal vez, si lograba dormir un poco más, se despe jaría lo suficiente como para pensar claramente. .
Shaoran despertó pocos minutos después. El sol de la mañana se filtra ba por la ventana que él había dejado abierta. Levantó la cabeza para mirar a su esposa. Sakura tenía los ojos cerrados. El pensó que, tal vez, fingiría estar dormida para evitarle.
La sacudió con suavidad. Ella se quejó.
-¿Sakura? -murmuró él.
Pero ella reaccionó como si le hubiera gritado al oído. Se llevó la mano a la oreja, para tapársela de inmediato.
-¿Todavía duermes? -preguntó. La tendió de espaldas y se inclinó sobre ella.
El movimiento le dio ganas de vomitar. Lentamente, abrió los ojos y le miró. Lo primero que notó fue que Shaoran no parecía indispuesto. No, al contrario. Estaba en forma. Feliz, también. Tenía un mechón de cabello so bre la frente, que le daba una apariencia de adolescente. Si hubiera tenido las fuerzas necesarias, se lo habría puesto en su lugar. Obviamente, Shaoran no necesitaba dormir demasiado. Tenía la mirada optimista y parecía dispuesto a llevarse el mundo por delante.
En cambio, ante los ojos de Shaoran, Sakura presentaba un estado deplorable. Tenía los ojos tan colorados, que sufría con sólo mirarla. El rostro, más que pálido, estaba verdoso. Demasiada cerveza, pensó. Se senti ría muy mal durante toda la mañana.
Sakura volvió a quedarse dormida mientras él la miraba. Shaoran le besó la ceja y luego rodó sobre su cuerpo para levantarse. El movimiento la despertó. Se aferró a las sábanas para dejar de temblar.
Shaoran notó el gesto.
-¿No te sientes bien, Sakura?
Si no dejaba de gritarle, moriría.
-Estoy bien -murmuró.
Entonces, Shaoran se echó a reír. La voz de su esposa había parecido la de una mujer a punto de morir estrangulada.
Shaoran no parecía levantarse de mal humor. Por el contrario, le encan taba conversar desde temprano. Sakura tendría que trabajar sobre ese de fecto, para corregírselo. Mientras se vestía, Shaoran siguió adelante con su monólogo. Dios, qué contento estaba. Sakura tenía ganas de amordazarlo. Era un deseo perverso, claro, pero no le importó mucho.
Shaoran se despidió a gritos y, luego, dio un portazo al marcharse, a propósito. Sin embargo, su crueldad no terminó ahí. Se encontró con Tomoyo al pie de las escaleras y le dio la orden de subir una bandeja con comida al cuarto de su esposa.
Habían pasado diez minutos cuando Tomoyo apareció con la comida,
Sakura se levantó de un salto de la cama. Llegó hasta la palangana justo a tiempo. Ni un segundo antes.
Tardó toda la mañana en recuperar fuerzas. Para el mediodía ya se sentía mejor. Por fin decidió vestirse, con un manto verde, que se cambió de inmediato, cuando Tomoyo le dijo que le hacía juego con el color de su tez. El vestido azul cobalto le sentaba mucho mejor, o al menos eso fue lo que de cretó la criada.
Le dolía tanto la cabeza que no dejó que la sirvienta le trenzara el cabello. Apretó los dientes mientras se lo cepillaba, para desenredárselo, y luego lo recogió detrás del cuello, con una cinta también azul.
-¿ Va a contarme qué sucedió anoche? -preguntó Tomoyo.
-No lo sé -murmuró Sakura.
-Estaba completamente desnuda cuando se levantó de esa cama esta mañana, milady. Algo pasó.
-Oh, Dios. Estaba desnuda, ¿no? Tomoyo, no recuerdo qué pasó ano che. ¿Qué voy a hacer?
La sirvienta se encogió de hombros.
-Tendrá que preguntarle a él que pasó, pero primero, es conveniente que salga a pasear un rato afuera. El aire fresco la va a despejar.
-Sí, saldré. Tal vez me despeje y comience a recordar.
Tomoyo asintió.
-Milady, ¿no siente una pequeña molestia?
-En la cabeza.
-No me refería a eso -dijo Tomoyo.
Entregó la capa a Sakura.
-¿A qué te refieres?
-No importa -respondió la sirvienta-. Vaya a tomar el aire. Lo recordará todo finalmente.
Sakura tenía la esperanza de que la criada estuviera en lo cierto. Quería recordar lo que había hablado con Shaoran. Más aun: quería recordar lo sucedido en la alcoba.
El aire frío sirvió para refrescarle los pensamientos. Se sintió mucho mejor, pero seguía sin recordar nada.
Encontró a su esposo, que regresaba al patio desde la muralla inferior. Corrió hacia él.
-¿Shaoran? Me gustaría hacerte algunas preguntas sobre anoche.
-¿Sí?
Se le acercó más, para que nadie pudiera escuchada y luego bajó la vista.
-¿Bebiste de más?
-No.
-Yo sí.
Shaoran le puso el pulgar en el mentón y le subió el rostro.
-Sí, tú sí.
Parecía serio, pero no enojado.
-No recuerdo lo que pasó -susu rró-. ¿Qué hice?
-Hablaste.
-¿ Y tú que hiciste?
-Te escuché.
Ella le demostró su fastidio.
-Por favor, no me dificultes las cosas. Dime lo que he dicho. Me gustaría recordar.
Shaoran decidió hacerla sufrir.
-Hablaremos de esto esta noche -anunció. Trató de alejarse.
Ella le tomó por el brazo.
-Por favor -susurró-. Sólo contesta una pregunta ahora.
Shaoran se volvió a ella.
-De acuerdo -concedió-. ¿Qué deseas sa ber?
No pudo mirarle de frente al formularle la pregunta.
-¿Te resulté complaciente anoche?
La timidez de su voz y el rubor de sus mejillas le indicó exactamente qué estaba preguntándole. Sakura quería saber si le había resultado com placiente en la cama. Shaoran unió ambas manos en la espalda y esperó a que ella le mirase. Cuando por fin lo hizo, él meneó la cabeza.
-No particularmente -anunció.
Ella pareció desolada.
-Lamento haberte decepcionado -susurró-. Por lo general, es un poco... embarazoso la primera vez, ¿no?
-No. -Su voz fue dura.- Debió haber sido sencillo para ti.
Ella gimió. Ese hombre era un descorazonado. Sakura tenía los ojos llenos de lágrimas.
-No tenía ninguna experiencia, Shaoran -masculló.
-No. Fue obvio para mí que no la tenías.
-¿Y eso te decepcionó?
-Por supuesto -gruñó él-. Sakura, decirme la verdad no debe ser algo embarazoso, con o sin experiencia.
Sakura abrió los ojos desmesuradamente. Por Dios. Ni siquiera es taban hablando del mismo tema. Se sintió profundamente aliviada. Pero ese sentimiento no duró mucho. Shaoran sonrió y la joven decidió que él, deliberadamente, la había confundido.
-No estaba hablando de decir o no la verdad -masculló.
-Lo sé.
Shaoran era un hombre muy cruel. Sakura pensó que la conversación había terminado y se volvió para marcharse. Él la tomó por los hombros y la obligó a darse la vuelta.
-Como te dije antes, esposa, hablaremos de eso esta noche.
Sakura todavía estaba frunciendo el entrecejo cuando Shaoran la es trechó entre sus brazos y la besó apasionadamente. Varios soldados pasaban junto a ellos, pero Sakura olvidó a los espectadores cuando Shaoran profun dizó el beso. Estaba disfrutándolo demasiado como para pensar en otra cosa que no fuera corresponderle. .
Por fin él se alejó.
-Me gusta cómo me respondes -murmuró.
Ella le abrazó.
-Gracias. Me alegra complacerte.
Shaoran sonrió, apoyado sobre la cabeza de Sakura.
-Mañana iré a buscar a Touya y a Toma. ¿Te agrada la idea?
La respuesta de la joven fue un fuerte abrazo.
Entonces, Yue llamó a Shaoran, interrumpiendo la escena. Sakura se separó de inmediato de su esposo y salió corriendo hacia el interior de la fortaleza. Estaba tan entusiasmada por el regreso de Touya y de Toma que casi no podía contenerse. Había muchos preparativos que hacer. Decidió que asignaría a Touya su alcoba y que el pequeño Toma dormiría con ella y con Shaoran.
Cuando Shaoran se presentó en el comedor para cenar, ella le comentó cómo pensaba disponer las habitaciones. Shaoran aniquiló su buen humor cuan do negó con la cabeza.
-Toma ocupará tu antiguo cuarto y Touya dormirá con los otros soldados.
-Pero es mi hermano -protestó ella-. ¿No debería...?
Sakura abandonó sus protestas al ver que Shaoran le posaba la mano sobre la de ella y se la apretaba. Eriol estaba observándolos y Sakura decidió que su esposo no quería pelear frente a él.
-Hablaremos de esto después -anunció Sakura, con una sonrisa en dirección a Eriol.
-No, claro que no -contestó Shaoran-. Ya está decidido.
Volvió a estrujarle la mano izquierda. Sakura le sonrió con ternura, mientras colocaba la mano derecha sobre la de él, para apretársela también. Sorprendido por su osadía, Shaoran casi sonrió.
-Partiré para Londres mañana -dijo Eriol-. Tengo la esperanza de jugar una última partida de ajedrez esta noche, Sakura.
-¿Va a enfadarse cuando vuelva a ganarle? -le preguntó.
Eriol sonrió. Al principio, Sakura pensó que era por la broma de volver a ganarle, pero luego se dio cuenta de que había advertido la batalla de tira y afloja que estaba librando con su esposo. Ella estaba tratando de quitar la mano de la de él y Shaoran se lo impedía.
-Yo nunca me enfado, Sakura-le dijo Eriol-. De todas mane ras, no importa, porque planeo ganar esta partida. Hasta ahora, sólo me he dedicado a entretenerme. Como me marcho mañana, tengo pensado derro tada rotundamente. Será mejor que se prepare.
Sakura rió con arrogancia. Shaoran sonrió.
-Lamento decepcionar te, Eriol -le dijo Shaoran-. Pero Sakura estará muy ocupada después de la cena. Tenemos una conversación pendiente, ¿no?
Entonces, le estrujó ambas manos, para que se diera cuenta de que no permitiría objeciones. A Sakura no le agradó la expresión de su mirada ni el modo en que apretaba la mandíbula. Eran los aires que siempre asumía cada vez que pretendía sermonearla.
Pero Eriol no permitiría que le negasen esa última oportunidad de jugar al ajedrez con Sakura.
-Soy capaz de suplicar -dijo a Shaoran.
Sakura pensó que el barón parecía un niño pequeño, a quien habían ofrecido un dulce para después quitárselo. No quería que se llevara un mal recuerdo de esa última noche.
-Podría jugar una partida rápida -sugirió a Shaoran-. Puedo humi llar a Eriol en cuestión de minutos. Y tú puedes sermonearme mientras no sotros jugamos, esposo.
Para ella, el plan no pudo haber sido mejor. Obviamente, Shaoran no estuvo de acuerdo. Fruncía el entrecejo ferozmente.
-No voy a sermonearte -declaró-. Los dos vamos a conversar.
Ella le miró con desazón. Hasta pudo haber resoplado, pero no habría sido propio de una dama.
-¿Del mismo modo que conversábamos yendo a Londres, donde tú siempre hablabas y yo siempre escuchaba? -Sakura no le dio ni tiempo a responder. Volvió a dirigirse a Eriol.- Para mí, es un sermón.
Eriol trataba de no reírse. Sakura parecía decidida a molestar a su esposo. Shaoran tampoco parecía muy feliz con ella. Le soltó las manos y se echó hacia atrás. Se cruzó los brazos sobre el pecho. Habría podido encen der fuego con la mirada.
A Sakura le resultó difícil mantener la sonrisa. Pero tampoco iba a retroceder en sus pasos. Shaoran iba a darle un sermón y ella quería que, al menos, lo admitiera.
-Sólo estaba haciendo una observación -dijo ella.
Su esposa demostraba una falta de disciplina total al discutir con él frente a un invitado. No tenía ninguna importancia que Eriol fuera un gran amigo. Lo que él quería hablar con ella era de naturaleza personal y, por lo tanto, estaba dentro del rótulo de "asuntos de familia". Sakura debió haber sido más sensata y evitar que un extraño quedara mezclado en sus proble mas.
-Pueden jugar una partida de ajedrez -dijo-. Pero sólo una. ¿De acuerdo, Eriol?
Su amigo ya había corrido raudamente hacia la repisa de la chimenea, para recoger las piezas de madera. Estaba frotándose las manos, ansioso por la partida.
Sakura sonrió y miró a Shaoran.
-Yo también estoy de acuerdo-le dijo.
Shaoran arqueó una ceja.
-¿De acuerdo con qué?
-Con jugar una sola partida.
-Yo no he pedido tu consentimiento, Sakura. -Sonrió al decírse lo.
Sakura meneó la cabeza.
-A veces me resulta imposible llevarme bien contigo, Shaoran.
-¿Sólo a veces?
Cuando Chiharu apareció muy presurosa a quitar la mesa, Sakura se alivió por la interrupción.
-Realmente espero que tu carácter mejore - susurró a su esposo. Se puso de pie y ayudó a Chiharu con su tarea, sólo para eludir su mirada ceñuda.
En cuanto la mesa quedó limpia y seca, Eriol colocó el tablero en el centro y colocó las piezas. Una de las piezas de madera fue a parar al suelo. Sakura esgrimió un quejido.
-Por favor, tenga cuidado, Eriol. Mi padre talló esas piezas. No quiero que les pase nada.
Eriol la recogió, la examinó y luego la lustró con la manga de su túnica.
-Ha quedado como nueva, Sakura. ¿De verdad las talló su padre? Mira, Shaoran. Esto es un trabajo artesanal. Mira el casco en detalle. Su padre fue un hombre muy hábil para los trabajos manuales, Sakura.
Shaoran tomó la pequeña estatua y la acercó al candelabro para poder mirarla mejor. Sakura se aproximó a su esposo y se paró detrás de él. Le apoyó la mano sobre el hombro y se inclinó hacia adelante para estudiarla con él.
-¿Ves esa muesca que tiene la reina negra en la corona? Aún recuer do cómo sucedió. Mientras papá tallaba esta pieza, nos contaba una historia que ya habíamos escuchado por lo menos una docena de veces. Cuando terminó el relato, se echó a reír con tantas ganas que se cortó el dedo y accidentalmente, melló la pieza. -Se inclinó más todavía hacia adelante, hasta que prácticamente quedó doblada en dos sobre el cuerpo de su marido. Señalo el pequeño defecto en la pieza de ajedrez.
La calidez de su voz le emocionó.
-¿Y tú también te reíste con tu padre a pesar de que habías escuchado esa historia por lo menos doce veces? -le preguntó.
Ella le sonrió antes de contestar. El brillo de sus ojos le oprimió el pecho. A Shaoran le encantaba verla tan feliz.
-Por supuesto que nos reímos. Mamá dijo que lastimaríamos los sentimientos de papá si no lo hacíamos.
-¿De modo que para ella eran importantes los sentimientos de tu padre?
Sakura asintió.
-Del mismo modo que tus sentimientos lo son para mí. -Su expresión se tornó seria.- ¿Por qué pareces tan sorprendido? Toda esposa debe velar por los sentimientos de su esposo. Es así como deben funcionar las cosas.
Fue como si Sakura no hubiera podido controlarse, Shaoran tenía una expresión tan peculiar al mirarla. Fue como si ella le hubiera hablado en otro idioma. Sakura quiso borrarle la mirada ceñuda. Le besó.
Shaoran se quedó perplejo ante una reacción tan espontánea. Ella sintió vergüenza y se echó hacia atrás, con la idea de poner cierta distancia entre ambos. Pero él no se lo permitió, la tomó por el brazo para impedírselo.
-Háblame sobre el resto de las piezas -le ordenó, con voz tosca.
-¿Realmente quieres saberlo o sólo estás siendo amable?
Shaoran sonrió.
-Nunca soy amable, ¿lo recuerdas? Soy bastante gro sero.
Sahoran estaba bromeando, a juzgar por el brillo especial de sus ojos.
-¿Sabes? -comentó ella-. Tienes unas hermosas chispas doradas en los ojos.
Sakura ni siquiera se había dado cuenta de que había hecho el co mentario en voz alta, hasta que le vio menear la cabeza. El rubor de sus mejillas se intensificó. Tomó su lugar en la mesa, frente a Eriol.
-¿Te has dado cuenta cómo la reina blanca tiende a inclinarse levemente hacia la iz quierda? Touya trató de corregirla en la base. Entonces sólo tenía ocho o nueve años, por lo que papá no se enojó demasiado con él. Dijo que Touya sólo trataba de ayudamos. Todos en la familia colaboramos con las piezas.
-¿ Y tú que hiciste? -preguntó Shaoran-. ¿Cuál de las piezas es obra tuya?
-Mamá y yo tuvimos la tarea de pintar y lustrar todas las piezas. Las blancas estuvieron a mi cargo; las negras son obra de mamá.
-Es un hermoso juego -anunció Eriol. Su voz se tomó abrupta, al decir-. Ahora basta de cháchara, Sakura. A jugar.
-Usted es el invitado - comentó ella-, de modo que le corresponde hacer el primer movimiento.
Eriol asintió.
-Prepárese para la derrota.
-Estoy preparada - contestó Sakura. Guiñó un ojo a Shaoran, pro vocando otra expresión de sorpresa en él y luego dijo-. Algunos de mis recuerdos favoritos están ligados con este juego de ajedrez. Esas piezas son todo lo que me queda de mis padres. Tengo que recordar todas las historias, Shaoran, para poder contárselas a nuestros hijos.
Eriol meditó el primer movimiento durante más de cinco minutos y por fin lo realizó. Sakura casi ni miró el tablero para adelantar su peón.
-Las tradiciones tienen un valor muy importante para ti, ¿verdad, Sakura? -preguntó Shaoran.
Eriol tamborileó los dedos sobre la mesa mientras analizaba su se gundo movimiento. Estaba tan concentrado que tenía el entrecejo fruncido. Sakura respondió en un murmullo, para no molestarle.
-Sí, las tradicio nes son muy importantes para mí. ¿Y para ti?
-La que es más importante es la de decir siempre la verdad.
Sakura le dirigió una mirada de reproche y luego advirtió que Eriol ya había ejecutado el paso siguiente. Le respondió casi al instante.
-¿Pero otras tradiciones son importantes para ti también? –insistió Sakura.
El guerrero normando se encogió de hombros.
-No había pensado en ello.
-Esta partida es importante para mí -gruñó Eriol-. Deje la char la, mujer. Tiene que pensar en lo que está haciendo.
Ambos jugadores ejecutaron tres movimientos cada uno y luego Sakura se dirigió a su esposo nuevamente. Shaoran había estado observando la partida. Sakura observó que, cada vez que ella movía una pieza, él sonreía. Se preguntaba en qué estaría pensando.
-Deberían ser importantes para ti -exclamó ella.
-¿Qué?
-Las tradiciones.
-¿Por qué? -preguntó Shaoran. Se acercó más a la mesa para estu diar el juego.
-Porque son importantes para mí. Jaque, Eriol.
-No puede ser jaque aún.
Sakura le dirigió una expresión condolente.
-Su reina ha quedado atrapada.
-No, no es cierto. -Su negativa sonó a lamento.
Sakura disimuló su sonrisa, movió su alfil y luego le arrebató la reina del tablero.
Shaoran tenía dificultades para creer lo que estaba viendo. Después de los primeros dos movimientos, pensó que la astucia que Sakura había de mostrado era pura suerte. Se vio obligado a reevaluar esa postura cuando ella realizó el movimiento siguiente. Toda la partida se jugó brillantemente.
Ella estuvo brillante.
Eriol dejó que la cabeza le cayera sobre los brazos.
-Me ha ganado en sólo ocho movimientos.
Sakura se extendió y le palmeó el hombro.
-Está mejorando con cada partida,Eriol.
El hombre se irguió en su asiento.
-No, no es cierto -murmuró-.
-Pero como usted tiene un gran corazón, me miente para que no me desalien te, Sakura.
-No le estoy mintiendo -exclamó, mirando de inmediato a su espo so-, De verdad ha mejorado mucho.
Eriol resopló. Se puso de pie, hizo una reverencia formal a la joven y luego anunció que se retiraría a sus aposentos.
-Echaré de menos a tu esposa más que a ti, Shaoran -dijo en voz muy alta, mientras se encaminaba hacia la puerta.
-En la corte, todos consideran que Eriol es un buen jugador de aje drez -señaló Shaoran.
Sakura sonrió.
-Yo soy mejor.
Y Shaoran no pudo contradecirla, pues realmente era mejor.
-Sí, lo eres -admitió-, Pero yo también.
-Tal vez -concedió ella-. De todas maneras, no te desafiaré a jugar. Tal vez, te hiera en tu orgullo cuando te gane.
Shaoran se quedó tan asombrado por su jactancioso vaticinio que se echó a reír a mandíbula batiente.
-Jamás me ganarías, esposa, y mi orgullo no se vería afectado en lo más mínimo.
Por la forma en que le miró, fue obvio que Sakura no le creyó. Comenzó a ponerse de pie, con la intención de llevar el juego de ajedrez a la repisa de la chimenea. Pero Shaoran se lo impidió, al colocarle la mano sobre la de ella.
-Quédate donde estás, esposa. Es hora de que conversemos. Entonces fue él quien se puso de pie.
Sakura suspiró. Se echó el cabello hacia atrás, puso una mano encima de la otra, sobre la mesa, y luego sonrió a su esposo. Shaoran se había colocado al otro lado de la mesa y seguía de pie, en una posición mucho más elevada que la de ella.
-Estoy lista para escuchar -anunció Sakura.
-En cuanto a lo de anoche...
-¿Sí?
-Ese fue otro intento de tu parte para manipularme, ¿verdad?
Shaoran esperó pacientemente a que ella negara su plan de emborracharle. Entonces la obligaría a ser honesta, aunque eso le llevara toda la noche. Ya había preparado sus argumentos, punto por punto, siguiendo una lógica es tricta.
-Sí, Shaoran. Estaba tratando de manipularte.
Como la mujer admitió su culpa con tanta rapidez, Shaoran se quedó de una pieza. Pero rápidamente se recuperó.
-Tu plan se arruinó. ¿No?
-Sí.
-¿Recuerdas lo que me dijiste?
Sakura comenzaba a experimentar un fuerte dolor en el cuello, de tanto estirarlo para poder mirarle a la cara. Deseaba que Shaoran se sentara, o bien que se alejara uno o dos pasos.
-Sólo fragmentos -admitió-. Creo que te dije que Toma es hijo de mi hermano. ¿O tú lo adivinaste?
Shaoran estuvo a punto de responderle, pero luego cambió de parecer.
-Ya basta, Sakura -dijo, con voz entrecortada-. ¿Cuál es este juego nuevo en el que estás entrando?
-No estoy jugando a nada.
-¿Entonces por qué te muestras tan condescendiente?
Sakura se encogió de hombros airadamente.
-Prometí ser completamente honesta contigo.
-¿Y crees que lo fuiste anoche?
-Tenía planeado decirte unas cuantas cosas anoche -contestó-. Iba a ser totalmente franca contigo cuando te contara lo de mi familia. Sí, fui honesta. Claro que lo fui.
-Pero primero querías embriagarme.
Sakura asintió.
-Pensé que sería más fácil para ti aceptar la ver dad de ese modo.
Shaoran meneó la cabeza.
-Pensaste que me manipularías.
-Supongo que podría verse de ese modo -contestó-. Admito que fue un plan tonto, Shaoran. ¿Es eso lo que buscas?
El asintió.
-Es un buen comienzo -admitió.
-Es exactamente la razón por la que lo hice. A mí también me gusta ría empezar de nuevo.
-¿Sí?
Sakura se miró las manos.
-Me gustaría que nos lleváramos bien.
El tono esperanzado de su voz llamó la atención de Shaoran. Se quedó contemplándola durante un largo rato, mientras trataba de determinar si es taba hablándole con honestidad o si quería manipularle otra vez.
-¿Esto es importante para ti?
-Oh, sí. -Le miró.- Muy importante.
Shaoran le creyó. Sonrió.
-¿ Te divierte lo que pienso? -le preguntó Sakura.
Shaoran no le dio tiempo para enfadarse.
-Me complace, no me divier te -explicó-. Yo también quiero que nos llevemos bien -agregó, de mala gana.
Sakura abrió los ojos desmesuradamente. Shaoran parecía tan since ro. Luego asintió.
Ella le imitó.
Rayos. Esa muchacha le había arrebatado todas las ínfulas. De pron to, se sentía tan torpe como un escudero novato, muy poco familiarizado con sus nuevas obligaciones.
-Bueno, entonces estamos de acuerdo -dijo Shaoran.
Sakura volvió a asentir y comenzó a ponerse de pie. Shaoran se volvió y entrelazó las manos sobre la espalda.
Sakura se sentó de nuevo. Sabía lo que iba a suceder. Después de todo, su condescendencia no le había detenido. Había llegado el momento del sermón.
-Un esposo debe tener confianza en que su esposa siempre será totalmente honesta con él-anunció.
-Pero tú nunca has estado casado antes. -No pudo evitar hacerle notar el detalle.- ¿Cómo puedes saber si es cierto o no?
-Sakura, uno no tiene que haberse quemado con fuego para darse cuenta del daño que puede hacer una llama.
A ella le pareció una comparación bastante peculiar, pero la mirada intensa de su esposo la obligó a reservarse sus opiniones.
-Soy mayor que tú -recomenzó Shaoran-. Tienes que tener con fianza en mí para saber de qué hablo. Y ahora, Sakura, hablando de con fianza.
Dios, cómo le gustaba sermonearla. Shaoran siguió caminando de aquí para allá y continuó. Sakura bajó la cabeza otra vez, mientras mentalmen te hacía una lista de las cosas que tenía que hacer antes que Touya y Toma regresaran a casa. Los suelos debían limpiarse a fondo. El bebé ya gateaba y Sakura no quería que se ensuciara las rodillas con tierra. También deseaba que la cocinera preparara algunos de los platos favoritos de Touya. Su her mano se sentiría muy feliz de comerlos. La noche siguiente cenarían faisán y manzanas dulces al horno. Touya adoraba el faisán. Y después de cocido, ayudaría a la cocinera a decorarlo con las mismas plumas coloridas, para que el manjar también entrara por los ojos.
-¿No estás de acuerdo, Sakura?
Levantó la cabeza abruptamente cuando escuchó su nombre. Shaoran estaba mirándola, obviamente esperando una respuesta.
-Sí, Shaoran.
El asintió. Luego empezó todo otra vez.
-El matrimonio es como un mapa.
-¿Un qué? -Su voz fue incrédula.
-Un mapa -repitió-. No me interrumpas cuando te doy clases.
Shaoran no levantó la voz al darle la orden. Nunca levantaba la voz. Sakura se dio cuenta de pronto. Shaoran era un hombre controlado y disci plinado. De hecho, ella admiraba su capacidad de contención. Además, era generoso.
Sakura alcanzó a escuchar unos pocos fragmentos del sermón, aun que en el aire, y de inmediato se puso a soñar despierta otra vez. Advirtió que todo lo que él le decía tenía la intención de ayudarla a adaptarse a su nueva vida. Shaoran quería que ella fuera feliz. Ese hecho se evidenciaba cada vez más a medida que profundizaba en su oratoria.
Entonces la quería... Tal vez tanto como ella a él. Claro que ella le quería. No se habría quedado ahí sentada, escuchándole pacientemente, como si le hubiera interesado lo que él decía, si no le hubiera querido aunque no fuera más que un poquito. Se dio cuenta de que estaba comportándose tal como su madre solía hacerlo. A su padre le encantaba contar las mismas historias mil veces y ella fingía estar muy entretenida en cada una de ellas, hasta que terminaba.
A Shaoran le fascinaba sermonearla. Y ahora ella fingía estar profunda mente interesada en lo que él le decía.
La tradición seguía respetándose.
Sakura experimentó una cálida sensación. Su madre se habría sen tido orgullosa de ella, pues así como ella había sabido proteger los senti mientos de su esposo, Sakura protegía los de Shaoran.
-Y de ese modo, esposa, creo que sería una buena idea que me infor mes sobre las obligaciones que piensas asumir cada día -concluyó Shaoran-. Es otra de las maneras en las que podremos establecer el orden en nuestras vidas cotidianas.
-¿ Te refieres a que quieres que me plante frente a ti cada mañana para informarte sobre todo lo que pienso hacer ese día?
-Sí.
Sakura abrió los ojos desmesuradamente, mostrando su gran asom bro.
-Pero de ese modo, no dejas cabida a las sorpresas -señaló ella.
Shaoran pareció perplejo.
-No, por supuesto que no. Por el amor de Dios, Sakura. ¿Acaso no has escuchado ni una palabra de lo que te he dicho?
La joven supuso entonces que Shaoran ya se habría referido al tema de las acciones. espontáneas. No se atrevió a sonreír.
-Oh, sí -contestó ella, de inmediato, tratando de aplacarle-. He aprendido mucho. Es sólo que no estaba muy segura de lo que opinabas sobre las... sorpresas.
El pretexto le pareció muy pobre, pero al parecer, Shaoran se tranquili zó bastante. Entonces sí, Sakura sonrió.
-¿Ya has terminado? Se está haciendo tarde y Tomoyo prometió que me tendría el baño preparado para antes de irme a acostar. No quiero que se me enfríe el agua.
Shaoran le dio autorización para marcharse. Cuando Sakura caminó hacia la puerta, sintió que tenía las piernas rígidas. Dios, ¿cuánto hacía que estaba sentada allí?
Se volvió para despedirse de Shaoran y advirtió que estaba llevando el juego de ajedrez a la repisa de la chimenea. Sakura esperó hasta que él se volvió.
-Buenas noches, Shaoran.
El se quedó mirándola durante un largo minuto.
-Esta noche dormi rás conmigo.
La dureza de la orden no dio lugar a discusiones, pero de todas mane ras, tampoco intimidó a Sakura. No. La intención de Shaoran sólo había servido para informarle de que estaba decidido.
Pero para el caso, ella también. Ya era hora de que ese matrimonio fuera auténtico en el más amplio sentido de la palabra. No importaba que ella tuviera un poco de temor. En el fondo de su corazón, sabía que Shaoran jamás le haría daño.
Las sirvientas habían llevado una tina de madera a su cuarto. Sakura tomó un largo baño, durante el que se recordó que todo saldría bien. Hasta sonrió al darse cuenta de que estaba sermoneándose a sí misma.
Tomoyo se quedó dando vueltas por allí, comportándose como una madre sustituta. Sin embargo, en cuanto se convenció de que Sakura en tendía exactamente lo que iba a pasar, dejó sin efecto el tema tan avergonzarte.
No obstante, Sakura no había contado toda la verdad a Tomoyo. En los últimos años de su vida sólo había escuchado algunos datos sobre el acto conyugal. Su madre sólo había hablado en general del tema.
De todas maneras, Shaoran sabría qué hacer... si alguna vez ella reunía el coraje para ir a su cuarto, agregó.
Tomoyo terminó de cepillarle el cabello y luego la ayudó a ponerse la bata.
-No creo que él anoche hiciera lo debido -murmuró la sirvienta-. De lo contrario, hoy usted se habría sentido un poco dolorida.
Sakura asintió.
-No creo que me haya tocado -susurró-. No habría sido honorable. Empiezo a comprender los mecanismos de la mente de un hombre. No me habría tocado porque yo estaba en condiciones muy... vulnerables. .."
Sakura se ató el cinturón de la bata. Debajo tenía puesto un camisón blanco de algodón. Quiso ponerse debajo una enagua de abrigo, pero Tomoyo le sugirió lo contrario.
La caminata desde su habitación hasta la de Shaoran le pareció intermi nable. Pero no vaciló. Abrió la puerta y entró.
Shaoran estaba arrodillado frente a la chimenea. Estaba descalzo y con el torso desnudo. El despliegue de la musculatura de sus hombros fue impre sionante cuando Shaoran levantó un leño grueso para alimentar el fuego.
Sakura se quedó de pie allí, observándole durante un largo rato. Pronunció unas plegarias rápidas, implorando que Shaoran aún conservara sus pantalones puestos. No quería empezar la noche ruborizándose hasta las orejas. Shaoran se daría cuenta.
Cuando sintió la corriente alrededor de sus tobillos, cerró la puerta. Cuando volvió a darse la vuelta, descubrió que Shaoran estaba apoyado en la repisa de la chimenea, contemplándola.
Trató de sonreír.
-¿En qué estás pensando, esposo? -preguntó ella, un tanto preocupada por la expresión sombría de su rostro.
-Estoy pensando en que me he casado con una mujer hermosa.
El corazón de Sakura comenzó a latir a toda velocidad.
-Gracias -contestó. Dio un paso al frente-. ¿Sabes? Creo que es el primer cumpli do que me has dicho.
Shaoran meneó la cabeza.
-No, hubo otro.
-¿Sí?
-Te dije que habías sido muy astuta cuando te disfrazaste de monja. ¿No lo recuerdas? Fue cuando volvimos a encontramos en la abadía.
Sakura sonrió.
-Lo recuerdo, pero no consideré el comentario como un cumplido.
-¿Por qué no? Fue mucho más sustancial que mi comentario sobre tu apariencia.
Sakura estaba totalmente confundida.
-¿Por qué fue más sustan cial?
-Una mujer no puede hacer nada respecto de su apariencia -dijo él-. Es bonita o no lo es. Pero su personalidad es un tema aparte. ¿Entien des?
-Entiendo que tratas de confundirme -le dijo-. Y todavía me com place el hecho de que te resulte atractiva. No me interesa qué cumplido sea el más sustancial de los dos.
Además, Sakura estaba contenta de que no le temblara la voz. Muy contrariamente a lo que sucedía con sus piernas. No quería que Shaoran se diera cuenta de que tenía un poco de temor y mucha vergüenza por lo que iba a suceder. Ahora era su esposa, no una chiquilla tonta. Vaya, ni siquiera podía pensar en ruborizarse.
Tenía el rostro tan encendido como el fuego. Shaoran soltó un prolonga do suspiro. Sakura trataba de disimular, desesperadamente, el temor que le tenía; pero Shaoran, aún desde el otro lado de la habitación, advirtió cómo le temblaban los hombros. Además, retorcía el cinturón de la bata anudándolo, gesto que también delató su temor.
-¿Quieres que trabe la puerta? -preguntó.
-Sí.
Sakura asintió. Se quitó el calzado con dos patadas y se dirigió rápidamente hacia la cama, olvidando, en el apuro, que la puerta seguía sin trabar.
Sakura se detuvo tan nerviosa, de pronto, que no pudo evitar empe zar a dar vueltas.
-Un cumplido sobre la naturaleza de una persona es más importante porque ésta debe elegir cómo comportarse. En cambio una loa a su aspecto físico no es tan significativa, pues en este caso no hay ninguna elección. Anoche no tuviste relaciones conmigo, ¿verdad?
Shaoran se tomó un minuto para adaptarse al repentino cambio de tema.
-No, no hice el amor contigo anoche.
Sakura se dedicó entonces a quitarse la bata.
-Ya lo sabía -mur muró-. Pero de todas maneras, sentí la necesidad de preguntar.
Dobló la bata sin más y la colocó sobre los pies de la cama.
-¿Quieres que me meta debajo de las mantas? .
-¿Tú quieres?
Sakura bajó la vista hacia el lecho, luego la elevó hacia el rostro de Shaoran y nuevamente, hacia la cama. Apareció una expresión ceñuda en su bello rostro. Shaoran decidió que, a juzgar por ella, Sakura actuaba como si él le hubiera pedido que solucionara todos los problemas del mundo.
-No creo desear estar ya en la cama -contestó por fin. -Entonces no te acuestes.
Sakura se volvió para mirarle con reprobación.
-¿Por qué te mues tras tan condescendiente?
Shaoran sonrió.
-Me dijeron que uno puede cazar más sabandijas con azúcar que con vinagre.
-¿Y quién pudo haberte dicho semejante ridiculez?
-Tú. Anoche.
Shaoran tenía una sonrisa tan adorable, que parte del temor de la mujer se disipó.
-Estaba ebria -le recordó. Entrelazó los dedos en su cabello y trató de concentrarse en la conversación. -Me avergüenzo de mi comporta miento. Te juro que nunca más volverá a suceder. Habrás notado que en la cena de esta noche sólo he bebido agua, ¿verdad?
Shaoran se echó a reír.
-Lo que he notado es que no pareces arrepenti da en lo más mínimo -gruñó-. Eso es lo que noto.
Ella sonrió. Comenzaba a relajarse, porque Shaoran no parecía tener ninguna prisa para iniciar la actividad sexual. Tal vez sabía que estaba un poco nerviosa y deliberadamente decidió darle un poco de tiempo para que olvidara su temor.
La posibilidad eclipsó el resto de sus temores. Sakura se le acercó y se detuvo justo frente a él. El hecho de que shaoran fuera mucho más alto que ella pareció carecer de toda relevancia en ese momento. Sin embargo, lo que la perturbaba era su torso desnudo. Dios qué apuesto era. Sakura sintió un placentero nudo en el estómago. Shaoran tenía la piel bronceada y su contex tura física, poderosamente formada. Los brazos se destacaban por la fibrosa musculatura y su pecho era magnífico. Un vello renegrido y rizado cubría la mayor parte del mismo y luego se reducía a una línea delgada, que desapare cía por debajo de la cintura del pantalón. Sakura sentía que le faltaba el aire con sólo mirarle. Su reacción le pareció tonta, pues le había visto sin túnica varias veces ya.
Claro que en ninguna de esas ocasiones, Shaoran había tenido la inten ción de hacerle el amor. Ahora sí.
Sakura advirtió una cicatriz larga y estrecha, que recorría el centro de su pecho. Tocó la marca desde el extremo superior, con la yema del dedo, y luego fue descendiendo. Al llegar al abdomen, sintió la contracción muscu lar de Shaoran.
-Esta herida pudo haberte matado -murmuró-. Debes de haber tenido un Dios aparte en esta vida, por haber sido víctima de tantas heridas y haber sobrevivido a todas ellas.
A Shaoran se le estaba haciendo sumamente difícil concentrarse en lo que ella estaba diciéndole pues, mientras hablaba, dibujaba círculos con los dedos, sobre su vientre. Esa caricia de terciopelo aceleró considerablemente los latidos de su corazón.
A Sakura le agradaba tocarle. El calor de su piel la asombraba. Era duro, pero cálido a la vez. La joven decidió que ese físico era el fiel reflejo de su personalidad. Shaoran se mostraba implacable durante las batallas, pero a ella siempre la trataba con ternura.
Sakura le rodeó la cintura con los brazos y le estrechó.
Shaoran también la abrazó con más fuerza todavía, de modo que la mejilla le quedó presionada contra el pecho.
-¿Shaoran? ¿Podrías explicarme qué va a suceder?
La timidez de sus palabras le hizo sonreír. Le besó la cabeza, pero en realidad, ansiaba saborear sus labios.
-No.
Sakura se echó hacia atrás, para mirarle a los ojos.
-¿No vas a contármelo?
Le puso la mano debajo de la cabeza, para que ella no pudiera ocul tarle el rostro. Luego, lentamente, fue acercándosele hasta quedar a un sus piro de su boca.
-Mejor te lo muestro, Sakura.
La mujer no tuvo tiempo para detenerse a pensar si era o no una buena idea. Shaoran atrajo toda su atención al posar la boca sobre la de ella. El beso no fue tierno en lo más mínimo. No. Más bien, fue ardiente y rotundamente posesivo. Con el pulgar le abrió más la boca, para poder colocarle la lengua con más facilidad.
Dios, su boca sabía a miel. Shaoran no podía saciarse jamás. Le masajeó la espalda y, luego, sus manos fueron descendiendo hasta llegar a las nalgas.
La levantó y la apretó contra su miembro erecto. Sakura trató de resistirse, al sentir esa rigidez contra sí, pero Shaoran se lo impidió. La abrazó con más fuerza todavía. Sus labios persiguieron incansablemente los de ella, una y otra vez, hasta que la débil resistencia cayó en el olvido y fue remplazada por una apasionada respuesta.
La melodía de la respiración de ambos -la de él, impaciente; la de ella, agitada- se confundió con los latidos de los corazones.
Shaoran prolongó el delicado ataque durante largos minutos. Estaba decidido a avanzar paso a paso, a saborear cada caricia. Cuando Sakura estuviera lista para una intimidad más profunda, ya se lo haría saber.
Shaoran tenía las piernas separadas y seguía apoyado contra la repisa de la chimenea; mientras se deleitaba con la boca de su esposa. No le llevó demasiado tiempo vencer su timidez. Sakura comenzó a acariciarle los brazos, los hombros, la espalda. Luego, empezó a moverse contra él. Abrigó el miembro viril de Shaoran entre sus caderas y se presionó contra él. Y cuan do comenzó a mecerse hacia atrás y hacia adelante sobre el mismo, delibera damente, el control de Shaoran se hizo añicos. La asió de las nalgas, obligán dola a detenerse. Era demasiado pronto para perder el control; pero si su inocente esposa no ponía punto final a la dulce tortura, probablemente olvi daría su promesa de avanzar paso a paso.
Le masajeó los hombros y apenas rozó los costados de sus senos. Sakura se estremeció de placer y extendió los brazos para rodearle el cue llo. Cuando se aferró a él, Shaoran arrancó sus labios de los de ella y comenzó a mordisquearle el cuello. Sakura inclinó la cabeza a un lado para permi tirle un mejor acceso. Shaoran le atrapó el lóbulo de la oreja con sus labios y sus dientes y ella respondió con un agitado gemido.
Dios, cómo le complacía. Nunca antes se había tomado tanto tiempo para mimar a una mujer, pero claro que también era la primera vez que se llevaría una virgen a su cama. Sakura era su esposa y él estaba decidido a lograr que la primera unión entre ellos fuera perfecta. La desinhibida res puesta de la mujer a sus caricias le hacía sentir que era la primera vez para él también. Le temblaban las manos y el dolor de su miembro se le hacía inso portable.
-Sakura, quítate el camisón.
Debió quitarle los brazos de su cuello para que le obedeciera. Sakura bajó la cabeza, se volvió y, lentamente, caminó hacia un lado de la cama. La sorprendió que sus piernas aún la sostuvieran. Los besos de Shaoran la habían debilitado. Se sentía mareada. Los latidos de su corazón se aceleraron tanto mientras se pasaba el camisón por la cabeza, que tuvo la sensación de que le estallaría dentro del pecho. Rápidamente, arrojó el camisón sobre la cama, levantó las mantas y se metió debajo de éstas.
Shaoran se quitó el resto de su ropa, con la mirada siempre fija en ella. Sakura todavía estaba nerviosa. Tenía los ojos cerrados, muy apretados y se negó a mirarle. La desnudez de su marido, obviamente, la avergonzaba. Shaoran sonrió por la candidez de su esposa y luego sopló la vela para apagar la. La pálida luz de la chimenea encendía una máscara dorada en el rostro de
Sakura. Para él no había otra cosa visible de su cuerpo, pues ella se había tapado hasta el cuello con las sábanas.
Shaoran se acostó a su lado y apartó las mantas. No le dio tiempo a cubrirse ni a escaparse de él. Se tendió sobre ella, colocando un brazo a cada lado de su cuerpo para no aplastarla con su peso.
El contacto físico por poco aniquiló el dominio sobre sí. Era la sensa ción más maravillosa que había experimentado en toda su vida. Sakura era toda suavidad. De pronto quiso tocarla por todas partes. El corazón comen zó a golpearle, enloquecido, dentro del pecho, de modo que tuvo que inspirar profundamente para calmarse.
Ese contacto inicial también fue muy significativo para ella. Shaoran era tan firme, tan ardiente, tan grande; parecía devorarla con su físico. Cuando, con la rodilla, la obligó a abrir las piernas para instalarse entre ellas, el órgano presionó contra su pelvis. Al instante, ella se puso tensa.
Se dio cuenta de que por fin había llegado el momento. Se preparó para soportar el dolor del que tanto le habían hablado. Inhaló profundamente y se entregó sumisamente a la invasión.
Shaoran le besó la frente y luego la miró. Esperó a que Sakura abriera los ojos y luego le sonrió.
-Es una sensación muy bella, ¿verdad?
Vaya si parecía satisfecho consigo mismo. También parecía estar muy contento. Pero como no actuaba como un hombre cegado por la lujuria, Sakura empezó a relajarse.
-A mí me parece extraña -admitió.
Restregó los dedos de los pies contra las piernas de Shaoran. El vello duro le hizo cosquillas. La diferencia entre ambas contexturas físicas la asom bró. El calor que irradiaba su pecho contra los senos le produjo una ansiedad muy extraña en los pezones. La erección del pene, anidado íntimamente en la unión de sus piernas, hizo que aquella ansiedad también se transmitiera a su pubis y vientre.
Sakura se sentía muy bien, pero a la vez, experimentaba una especie de dolor. La sensación la confundía, tanto como el darse cuenta de que Shaoran no parecía afectado en lo más mínimo por la proximidad.
El temor había abandonado su mirada. En sus ojos sólo se leía confu sión. Shaoran se preguntó en qué estaría pensando.
-Me deseas, ¿verdad, Shaoran?
El casi rió. Sakura parecía preocupada. El esfuerzo de actuar como si hubiera tenido todo el tiempo del mundo para concretar sus relaciones con ella había valido la pena. Fue una agonía, pero no en vano. Si Sakura hubiera tenido una vaga idea de lo que él estaba pasando para mantenerla
serena, si hubiera podido adivinar lo que él quería hacerle, probablemente se habría desmayado.
-Sí, te deseo. ¿Acaso no me sientes contra tu cuerpo? Ansío tenerte y tanto que me duele, Sakura. .
Ella abrió los ojos desmesuradamente.
-¿Que te duele?
Shaoran asintió. Le tomó la mano y se acomodó sobre ella para que pudiera tocarle el pene. Pero en el instante que sus dedos lo rozaron, Shaoran apoyó la frente sobre la cabeza de ella y gimió desgarradoramente.
Sakura sintió curiosidad y terror a la vez. Cuando Shaoran gimió, ella retiró la mano inmediatamente. El volvió a ponérsela. Entonces, la joven se dio cuenta de que le gustaba que le tocara.
-¿Shaoran?
Shaoran apretó los dientes, por el temor que detectó en la voz de su esposa.
-¿Sí, Sakura?
-No va a entrar.
Shaoran levantó la cabeza y la miró. No estaba bromeando. Tenía una auténtica preocupación en los ojos. Le sonrió con ternura.
-Claro que sí -le prometió, con voz ronca.
Los dedos de Sakura se cerraron alrededor del órgano viril. Shaoran cerró los ojos en bendita sumisión. El placer que ese contacto tan simple le brindaba la dejó azorada. Le dio valor... y poder también. Lo apretó. Shaoran gimió y luego le quitó la mano, para posarla sobre su cuello.
Shaoran suspiraba profundamente sobre la garganta de Sakura. Ese aliento cálido le producía escalofríos, hasta en las piernas.
-Me alegra que me desees -susurró ella-. ¿Hay algo que deba hacer para ayudarte?
Shaoran besó su mejilla colorada y luego el tabique de la nariz.
-Sólo dime lo que te gusta, Sakura. Quiero complacerte.
Suavemente, Sakura le acarició el rostro.
-Yo también quiero com placerte a ti, esposo.
La boca de Shaoran cubrió la de ella. El beso fue ardiente, mojado, excitante. El le ofreció la lengua y ella la tomó entre sus dientes, sólo para jugar. Pero el gemido de su esposo le indicó que también le agradaba esa clase de caricias. Entonces, Shaoran le mordió el cuello nuevamente. La vellosidad áspera de su pecho contra la suavidad de los senos de Sakura le produjeron una hermosa sensación, que la conformó por poco tiempo. Quiso más y, deliberadamente, se restregó contra él. Ese nudo agradable que origi nalmente había nacido en su estómago comenzó a expandirse.
Y Shaoran se sintió tan complacido como ella por los movimientos eró ticos. Al parecer, su sed por ella fue insaciable casi de inmediato. Le besaba los hombros, mientras le acariciaba los senos. Cuando con los pulgares llegó hasta los pezones, Sakura se arqueó contra él para demostrarle lo que estaba viviendo.
Pero las acciones de Shaoran no eran tan deliberadas, pues el control sobre sí le estaba traicionando. Descendió sobre su cuerpo, para poder be sarle los senos. Tomó el izquierdo en una mano y apoyó la boca en el pezón. Ella comenzó a gemir cuando él succionó. Se aferró a sus hombros y volvió a arquear el cuerpo.
Shaoran besó el valle de sus senos, mientras que bajaba la mano hacia la entrepierna. Con los dedos tocó la calidez de su feminidad. Los suaves rizos que protegían su virginidad estaban húmedos de pasión. Sakura trató de quitarle la mano, pero él no la dejó.
-Te agradará -le juró él, mientras con sus labios reclamó otro ardiente beso.
Con el pulgar acarició el punto más sensible. Sakura se arqueó con tra él y gimió. El deseo la encendió. Besó a su esposo con una pasión desco nocida. Shaoran, lentamente, forzó con el dedo la entrada al estrecho y rígido canal. Su apetito por ella estaba prácticamente fuera de control. Una lámina brillosa de sudor perlaba sus cejas. Sakura estaba excitada, mojada, mara villosa.
La boca de Shaoran cubrió la de ella y la lengua entraba y salía en un ritual sensual, que sus dedos imitaron, hasta que Sakura se movió compulsivamente sobre su mano gimiendo de placer.
Shaoran ya no pudo esperar más. Se colocó entre sus piernas, que sepa ró aun más y emprendió la pausada penetración. Sakura enterró las uñas en sus omóplatos. Se retorcía, tratando de huir de él, aunque sin darse cuenta cada vez le permitía más el ingreso. Shaoran se detuvo al sentir la barrera de su virginidad. Trató de ser suave para vencerla, pero Sakura no se lo per mitió. Se puso tensa e intentó rechazarle.
Shaoran la calmó con palabras dulces, mientras le acariciaba las nal gas. Ella no comprendió sus intenciones cuando él le elevó los muslos sobre las caderas.
-No te resistas a mí, Sakura -susurró.
La muchacha apenas alcanzó a comprender el significado de esas pa labras. Su mente era un torbellino de emociones. Temblaba de deseo, pero el dolor que Shaoran le producía hacía que el placer y el sufrimiento se unieran en esos sentimientos tan confusos. Sakura no quería que Shaoran la lastima ra, pero tampoco quería que se detuviera.
Shaoran no le hizo ninguna advertencia. Con un solo empuje destruyó el escollo y penetró profundamente en ella.
Sakura gritó de dolor. Se aferró a su esposo, hundió el rostro en su cuello y le exigió que se alejara. Shaoran no la obedeció.
-Shaoran, me estás lastimando.
Apoyando todo el peso del cuerpo sobre los codos, la besó con todas sus ganas. Le tomó el rostro entre las manos. Ella trató de liberarse nueva mente, pero el peso de él se lo impidió. Las lágrimas bañaron el rostro de la joven. El dolor era tortuoso; pero, a decir verdad, lo peor ya había pasado.
La expresión de la mirada de Shaoran era intensa, determinada, pero también, toda ternura.
-Pronto te sentirás mejor -le murmuró e inspiró profundamente-. Sólo dame un minuto, cariño. Luego haré que te guste.
Pero ella no quería su ayuda. Sólo quería que saliera de allí. Shaoran intentó besarla nuevamente. Ella apartó la cara. Shaoran la siguió y tiró de su labio inferior con los dientes, hasta que por fin ella abrió la boca. Entonces, la besó apasionadamente.
Shaoran ignoraba cuánto tiempo más podría soportar la situación. La dulce tortura de estar allí dentro, inmóvil fue tan bella que le hizo sufrir. Quería ingresar en ese canal tan deliciosamente estrecho una y otra vez, hasta alcanzar el clímax y esparcir su semilla en su interior.
Quería que Sakura deseara tanto ese momento como él. El placer de su esposa era mucho más importante que el suyo propio.
Cuanto más tiempo la besaba, más se relajaba. Shaoran, deliberada mente, estaba dándole tiempo para que se adaptara a él y, cuando Sakura empezó a acariciarle los hombros, se dio cuenta de que el dolor inicial estaría aliviándose.
Deslizó la mano entre los cuerpos unidos. Sakura le tomó la muñeca y trató de detenerle.
-Suéltame, Sakura -le ordenó, aunque en un mur mullo-. Esto te gustará.
Sakura no pudo detenerle. Además, Shaoran tenía razón, advirtió con un suspiro. Por supuesto que le gustó el modo en que la tocaba. Sabía exac tamente dónde debía colocar los dedos. Cuando rozó con el pulgar la sensi ble protuberancia oculta entre los femeninos pliegues, Sakura casi se cayó de la cama. El placer fue intenso, la consumió.
Shaoran prosiguió con la dulce tortura hasta que sintió que el cuerpo de su esposa era totalmente maleable entre sus brazos. Toda ella se puso tensa instintivamente a su alrededor. El gimió y se retiró hacia atrás ligeramente sólo para hundirse más profundamente en ella.
El control de Sakura estaba reduciéndose a la nada. Al parecer, no podía hilvanar un solo pensamiento coherente. La presión que se formaba dentro de ella era intolerable. Quería que Shaoran se detuviera, pues de pronto se sintió aterrada por esa experiencia devastadora que la agobiaba. Pero al mismo tiempo, rogaba para que nunca se detuviera y, por ello, se sintió aun más asustada.
-Shaoran, no puedo...
Shaoran le hizo callar con un ardiente beso.
-Esta bien, cariño. No temas. Yo velaré para que nada malo te pase. .
Esas palabras tiernas terminaron con su temor y su control. Claro que Shaoran velaría por su seguridad. El corazón de Sakura aceptó lo que su mente rechazaba. Se dejó llevar por los sentimientos. Elevó las rodillas, para permitirle un mejor acceso y luego se arqueó contra él, con insolente insis tencia.
El dominio de Shaoran sobre sí se quebró. Penetró en ella una y otra vez, sin importarle otra cosa más que satisfacerla plenamente y alcanzar la satisfacción propia. El ritual del amor fue más fuerte. La cama se mecía con los movimientos de Shaoran y los de ella.
Sakura sabía que dejaba la vida en brazos de su esposo. No le im portó. Sólo gritó su nombre una y otra vez, mientras el placer se in tensificaba en todo su ser. El clímax fue tan estridente que empezó a gritar.
Y cuando Shaoran advirtió esa reacción y escuchó su nombre, también experimentó su orgasmo. Eyaculó con un ardiente gemido.
Sakura creyó que se había muerto. Pero el corazón le latía a tanta velocidad que se dio cuenta de que aún estaba con vida. Cuando escuchó el gemido de Shaoran, que más bien pareció un gruñido y lo sintió caer sobre ella con todo el peso del cuerpo, pensó que también él estaría compartiendo la misma experiencia.
Sakura estaba agotada y totalmente confundida por lo que acababa de sucederle. Cerró los ojos y trató de analizar el maravilloso acto que había vivido.
Shaoran tardó bastante en recuperarse. No quería moverse. El olor de la unión física aún flotaba en el aire. Le gustó, al igual que el olor de Sakura.
Dios, qué satisfecho estaba. Le parecía tan natural tener a Sakura entre sus brazos. Creía que le había pertenecido desde siempre.
-¿Shaoran? .
El gruñó la respuesta.
-Estás aplastándome.
De mala gana, se bajó y se acostó boca arriba sobre la cama. Sakura se acurrucó contra él, con su hombro como almohada.
Le acarició el pecho.
-¿Te he dado placer, esposo?
Shaoran le cubrió la mano con la de él.
-Sí, mucho.
Sakura esperó, con la esperanza de escuchar más elogios y luego murmuró:
-¿Y?
Shaoran bostezó.
-¿Y qué?
Otra vez esperó más elogios. Shaoran esperó a que ella le explicara lo que pretendía de él.
Ninguno de los dos dijo ni una sola palabra. De inmediato, Sakura se sintió vulnerable. Se estremeció y se alejó de él. Comenzaba a sentirse avergonzada por el comportamiento descarado que había tenido. El silencio de Shaoran empañaba la hermosa unión.
Sakura levantó las mantas y le dio la espalda. Las lágrimas acudie ron a sus ojos. No entendía por qué sentía deseos de llorar, pero lo hizo. Al menos abrigó la esperanza de que Shaoran nunca se enterara de su estupidez. Seguramente le exigiría una explicación y, como ni siquiera ella sabía por qué se sentía tan triste, no podría dársela.
-¿Sakura?
Su voz sonó ronca y afectuosa.
-Vuelve aquí.
-¿Por qué?
-Porque es el sitio que te pertenece.
Por supuesto que no fue un cumplido ni mucho menos, pero de todas maneras la joven se sintió muy dichosa. Volvió a acurrucarse contra su espo so. Shaoran la abrazó y la estrechó con fuerza.
No hubo más elogios ni fervientes declaraciones de amor. Pero Shaoran le besó la cabeza.
Fue un beso simple, inocente.
Pero le bastó
...
Espero que les haya gustado...
No olviden dejar sus comentarios!
Nos vemos
