Convivencias, capítulo 1.
El príncipe del mal.
Parte tercera.
Tras haber fallecido la reina Lilliane, el poder que se encontraba suspendido sobre la corona del reino amarillo se tuvo que distribuir.
Pese a lo extraño que sonara, la reina amarilla era básicamente una celebridad de sus tiempos, una mujer respetable que atendía importantes decisiones externas que no estuvieran relacionadas con la guerra, además de ser quien mantenía una imagen imponente desde un punto que provocara respeto, en lugar de miedo, como lo hacían los movimientos militares de su esposo.
Y como era obvio, el papel de representar a su país, era ahora de sus dos hijos, una difícil situación, considerando que ellos dos eran un par de adolecentes inexpertos e irresponsables a la vez, el justo ejemplo de una vida libertina y jovial.
Por ejemplo, eran sumamente exigentes con respecto a la comida que consumían, siendo la piedra angular de sus alimentaciones diarias las un par de frutos exóticos traídos del lejano oriente, la naranja para Rilliane y el banano para Allen, siendo ambas frutas consideradas exóticas en sus tierras, y resultados de la hibridación de las culturas antiguas de aquellas tierras. Sin importar lo mucho que hubiera costado, ellos dos habían ordenado criar plantas que produjeran aquellos frutos para llevar con ellos unos cuantos cientos en sus viajes más largos.
En segundo lugar, los dos eran sumamente indisciplinados, además de carecer de la capacidad de mantenerse despiertos o atentos en una reunión o en una conversación por más de una hora. Esto provocaba que las personas que se la pasaban observándoles o cuidándoles, se percataran de sus continuos escapes, o de sus horas extraoficiales para dormir.
Y en tercer lugar, estaba el hecho de que no medían sus impulsos sexuales, dejando sus hormonas florecer en donde fuera. Cuando era necesario que pasaran durante horas enteras en un carromato para ir de un país a otro, para ellos dos no era problema, pues estar solos, privados del mundo entero, con nadie que les viera a los alrededores, era justamente lo que esperaban. Y de no encontrar un momento para estar a solas, lo buscaban, dando así una explicación de porque se perdían constantemente en los jardines grandes, los callejones o hasta los pasillo de cualquier recinto en el que se alojaran. Ni siquiera hacían uso de su pudor al momento de pedir un solo baño para los dos.
Se habían hecho una fama que se incrementaba en todo momento y que no salía de la consideración de nadie. Para los mayores de edad, ellos dos eran solamente un par de jóvenes que gozaban de su libertad y de sus cuerpos. Mientras que a sus contemporáneos, la vida que vivían era objeto de envidia.
En aquellos días, los gemelos habían sido invitados a atestiguar la boda de un par de miembros de la realeza cercana. El Duque Medeiros, tio de Michaella, con la princesa Gaeni, la heredera al trono del reino purpura. Los dos jóvenes se iban a unir en matrimonio dentro del reino verde, y después de esto, los dos adquirirían un solo reinado en el mismo reino purpura.
Se suponía que sería la primera vez en la vida de los gemelos que los dos irían al reino verde, y se alojarían en uno de los palacios más preciosos y codiciados del país.
Tan pronto como pusieron un pie sobre las finas alfombras rojas de aquel palacio de paredes de roca blanquecina, todas las miradas, plagadas de desconfianza, se abalanzaron sobre ellos, ya fueran de los sirvientes y cocineros del castillo, hasta los mismos embajadores y concejales que estaban encargados de recibirlos.
Entre aquellas personas quienes les miraron con odio, se encontraban el príncipe y la princesa del reino verde, quienes se encontraban sobre las escaleras del recibidor..
—¡Muy buenos días, Reino verde!— gritó Rilliane mientras caminaba al lado de su hermano, sosteniendo un abanico en su mano derecha, mientras que su brazo izquierdo se entrelazaba con el de su hermano y tomaba la falda de su ostentoso vestido anaranjado para caminar.
—¡Hemos llegado sanos y salvos, por su se preocupaban!— comentó alegremente el príncipe mientras sostenía a su hermana con el brazo y mantenía su otra mano tras su espalda. El estaba vestido con un pantalón blanco, y unas botas y un saco de color anaranjado del mismo tipo que el de su hermana, manteniendo una espada en su cinturón.
Aquello que más llamó la atención, en especial a Mikuo, era el hecho de que los dos estaban sumamente sonrientes, a lo que este interpreto esta aparente alegría como un desafío a la autoridad del reinado que él tendría que ejercer.
Aunque la razón de aquellas sonrisas era lo que habían hecho en el carruaje unos minutos antes de bajar, que había dejado desacomodadas sus vestiduras.
—¡Muy buenos días, Allen!— saludó Michaella de vuelta mientras corría un poco para llegar con rapidez con el rubio y darle un emotivo abrazo amistoso, apenas correspondido y rápidamente cortado por el mismo Len. Al parecer el afecto que tenía por el chico había aumentado desde la última vez que le había visto.
—No les habíamos visto en un buen rato— dijo Michaello bajando lentamente las escaleras —Pareciera que fue ayer el último cumpleaños de su madre— dijo como si no supiera que la reina Lily estaba muerta.
—Sí, es una verdadera lástima— respondió Rilliane sin sentirse atacada —Tuvimos que venir nosotros a sus tierras con otro motivo para poder visitarlos— rió un poco después de esto, aunque era una obvia risa falsa.
—De acuerdo, estamos agotados por el viaje, nos gustaría recibir nuestras habitaciones de una buena vez— Dijo Allen para evitar que el momento se volviera más incomodo de lo que ya era, y descendiera en una posible pelea, esto conociendo lo reactante que era su hermana al estar cerca de Michaella, o de cualquier otra persona quien se lo tratara de manera tan amistosa.
—Está bien, ordenamos que prepararan dos cuartos para los dos en la planta alta, al fondo del pasillo derecho— dijo Mikuo ofreciéndole la mano a Rin, con la intención de guiarla.
—No se hubieran molestado en preparar dos, con uno solo estaremos bien— dijo ella negándose a tomar la mano de peli verde y continuando sosteniendo la mano de Allen, para después comenzar a caminar en dirección de las escaleras, sin dejar muy en claro a qué se refería con aquello.
Se suponía que los dos pasarían cinco días alojados en el otro reino, tres días antes de la boda, y dos después de esta, hasta que los novios se hubieran retirado.
Iban acompañados por supuesto, por el un ejército armado, el cual en otras épocas no habría cruzado a las montañas. Pero debido a la amnistía a la que se había llegado con el final de la guerra, el reino verde no tenía opción alguna.
Durante la noche del primer día, que llegó más rápido de lo que parecía, los gemelos se negaron a entrar en contacto con cualquier guía turístico, y decidieron no salir de su cuarto en todo el día, de nuevo siendo esto confundido por Michaello como un indicio de la planeación de una conspiración contra la corona del reino verde, o al menos lo que quedaba de esta.
Pese a que sus actividades durante las horas del segundo día no fueron muy variadas más allá que simplemente pasear por los pasillos del palacio y mirar las imponentes construcciones del reino que se erigían sobre las montañas, además de alimentarse con las frutas que habían llevado con ellos y tomar dos muy prolongados baños.
En la noche del segundo día, los dos fueron a una de las celebraciones previas a la boda del duque Medeiros, al lado de su futura esposa. Tanto Allen como Rilliane se impresionaron un poco al ver a los comprometidos, pues los imaginaban personas mayores de edad, como simples ancianos que se cazaban por conveniencia, pero a decir verdad los dos resultaban ser más atractivos de lo que podrían haber sido.
Medeiros era similar a Mikuo, o al menos una versión un tanto mayor de el joven, de cabello negro y largo que ataba en una pequeña cola de caballo, con piel algo pálida y ojos de color contrastante rojo, vestido con un traje de caballero de color negro.
Mientras que la princesa era una chica joven y agradable, de figura delgada pero no tanto como la de Rilliane, con cara algo alargada y mejillas notorias, de cabello lacio de color morado, y vistiendo de manera tan elegante como la de Rilliane y Michaella.
Tuvieron pocas conversaciones con ellos, en su mayoría sin mucha importancia, pero de los pocas que hubo, solamente Rilliane logró establecerlas con la princesa.
Viéndola de frente mientras que ambas estaban sentadas en una de las terrazas, comiendo un poco del pastel de crema que les habían servido como postre al lado de una copa de vino claro, fue la princesa Gaeni a quien le llamó la atención la presencia de aquella rubia.
—Usted es la princesa Rilliane, heredera del reino amarillo, ¿Cierto?— preguntó la peli morada, cambiándose de asiento para poder estar cerca de ella.
—Así es— respondió bastante enorgullecida de que otra princesa supiera su nombre —Soy Rilliane Kagamine, un gran honor para mí su alteza conozca la existencia de mi nombre— aseguró mientras que dejaba su rebanada de postre de lado.
—He escuchado bastante acerca de su persona— indicó la princesa del reino purpura —Más que nada, rumores y leyendas de su supervivencia contra la muerte en lo más temprano de su infancia, o incluso acerca de sus relaciones familiares y de lo poco convencionales que estas se han vuelto— sacó a relucir ese tema.
—Evidentemente, es usted una persona lo bastante informada— se sorprendió Rilliane.
—Me gusta pensar que el inicio de una relación interpersonal, debería de darse al conocer aquello que ronda a la personalidad, antes de sumergirse dentro de la personalidad misma y explorarla de manera persona— la princesa Gaeni demostraba tener ciertas ideas acerca de la manera en la que funcionaba la mente humana, y de cómo reaccionaba a ciertas situaciones, y no dejaba pasar momento para darlas a relucir.
—Pues con respecto a los rumores de mi afortunada supervivencia, podría simplemente nombrar a Dios y a mi hermano como testigos de lo que viví, que no fue más que una simple cautividad durante al menos medio día entero— presumió sin ninguna molestia —Pudiera ser que, de haber sido una situación actual, mi hermano y yo nos habríamos librado de aquel sujeto que intentó vender nuestras cabezas al Rey Maero— decir aquello no era algo fácil mientras que estuvieran en aquel reino, y ni mucho menos en presencia de la princesa que estaba por contraer matrimonio con el hermano del difunto rey.
—Pudiera haber sido que, durante los momentos en los que se le privó de su libertad, su alteza hubiera sido ejecutada con suma facilidad y sin remordimiento ¿Verdad?— preguntó tentativa la princesa purpura.
—Cierto, pero de haber sido así, ni su prometido, ni ningún otro noble de este país, habrían podido ver el amanecer del siguiente día al de mi muerte y la de mi hermano— sonrió de una manera algo sádica —Pues la ira de mi padre le hubiera llevado a denegar cualquier clase de amnistía que permitió que este país permaneciera como otra cosa que no fuera una pila de cenizas— su voz se tornó ligeramente amenazante al momento de decir aquello.
La princesa con quien hablaba no pudo evitar soltar una sonora risa que alcanzó la parte interior del recinto en el que se realizaba la celebración, tan solo para después limpiar sus lagrimales y permanecer con una sonrisa en los labios —Usted debe de ser una de las personas más osadas con las que he tenido el gusto de interactuar— permaneció con la sonrisa en el rostro —Pero no debe de usar un lenguaje tan asertivo, pues entienda que yo en ningún momento son una militante de los ideales políticos de este reino al que usted se refiere— deseó aclarar antes de continuar con la plática.
—¿Pese a que va a contraer matrimonio con uno de los más altos nobles?— preguntó algo sorprendida por la simpleza que tomaba su aseveración.
—Que no le sorprenda, princesa de la fortuna, pues mi compromiso emana más que nada de la mera atracción física y sexual, por quien ahora es poseedor de mi mano— aquello agradó a los oídos de la infante, más que nada por sentir un ligero gusto en común por la vida sexual en plenitud.
—Suena a que usted le está dando un verdadero significado a su matrimonio— comentó dentro Rilliane dentro del tema.
—Después de todo, esta es la única vida que poseemos, no deberíamos de ser juzgadas ni en esta, ni en la otra vida por gozar de aquello de lo que nos dotaron los dioses, pues en derecho que cualquier macho o hembra lleva desde su concepción— la princesa rubia pudo notar como su acompañante se acercaba un poco a ella —Y usted debe de conocer más que nadie el innegable placer que conlleva la relación carnal— pareciera ser que tenía interés neto en conocer acerca del incesto que se cometía en el reino amarillo.
—No se equivoca— confirmó Rin una vez entrando en mayor confianza —Mi hermano y yo nos hemos visto desde un principio como los únicos merecedores de nuestros cuerpos, desde que hemos nacido juntos— rió un poco al recordar los momentos de su primera relación —Consideramos que le hecho de que hayamos compartido el vientre de nuestra madre representa la única y más sagrada unión que necesitamos— compartió aquella visión que poseía —El que deseemos gozar de manera exclusiva de los dotes que se nos otorgaron, es una especie, como usted misma lo ha dicho, de derecho que nosotros dos tenemos sobre el otro— aquella era su más pura idea de fidelidad.
Y aunque su orgullo no le dejara admitirlo en el momento de estar hablando de manera tan madura con la princesa de purpura, su esperanza de fidelidad recaía más en el aspecto sentimental, que considerarlo un mero derecho exclusivo de nacimiento.
—Me agrada ver que existen personas quienes poseen una visión tan enmarcada de su propia existencia— rió un poco más la princesa Gaeni, ingiriendo un poco de su bebida —Cómo si desde el principio supiera que Dios les han puesto a usted y a su hermano gemelo justamente dentro del mismo vientre para que poseyeran un lazo sanguíneo mucho más fuerte.
Aquel comentario fue bien recibido por la princesa de amarillo, quien asintió complacida, justo al momento en el que, dentro del palacio, se escuchaba un el choque de algunos objetos de metal y la ruptura de algunas piezas de cristal.
No pasó desapercibido para ninguna de las dos princesas, el hecho de que una disputa tenía o que había tenido lugar en el interior del palacio, y de que justamente eran el príncipe Allen y el príncipe Michaello quienes habían sido protagonistas de este altercado.
En el suelo alfombrado con un fino pelaje carmesí, las gotas de sangre de Allen, que brotaban desde su hombro, se confundían con el color tan peculiar que adornaba la estancia. Apenas notable para Rilliane, a las espaldas de su hermano se encontraba Michaello, sosteniendo una espada afilada mientras que la del rubio yacía en el suelo. Intercediendo entre ellos dos, se encontraba el General Salta, quien había tenido que ponerle un alto al combate tras el intento de Mikuo por asesinar al príncipe amarillo. Y a las espaldas del General de armadura plateada, se sentaba pomposamente el prometido de la princesa Gaeni, el Duque Medeiros, riendo con singular encanto que ensombrecía la macabra naturaleza de su euforia.
Tal parecía que, tras intentar comunicarse de manera personal con el comprometido, Len se había topado de manera directa con Mikuo, quien le había desaprobado su estancia en su país por el simple término de ser hijo de quien había mandado a asesinar a su propio padre. Una palabra llevó a otra, y de un altercado, surgió una pelea, nada más que una simple riña.
Pero el duque captó aquello que ocurría, y haciendo uso de su aburrimiento, convocó a un duelo entre los jóvenes nobles que recién se habían separado de su anterior disputa. Había sido una buena entretención, pero Michaello había vuelto a ganar el combate que se había ausentado desde la muerte de la reina Lily. Aquella era la razón por la que Medeiros reía, por la facilidad con la que su sobrino había manejado su combate de esgrima contra Allen.
—No te preocupes por él— dijo de pronto Gaeni a Rilliane mientras que esta se levantaba en su asiento para poder observar mejor el asunto —Nuestros médicos le atenderán bien, no hay nada de qué preocuparse— no dejaba de atender con la mirada a la manera en la que su acompañante sostenía su hombro como su un dolor agudo le hubiera golpeado, justamente en donde el príncipe de amarillo había recibido el golpe.
—No puedo quedarme aquí mientras que Mikuo se sale con la suya— dijo con un cierto deje de dolor mientras que sostenía todavía su hombro. Se sentó de nuevo impotente en su lugar, esperando a recibir cualquier clase de noticia, reprendiendo la ira que sentía por el intento de asesinato del príncipe.
—Veo que usted tiene una gran cantidad de odio guardado por el príncipe Michaello— asumió de manera instantánea de la princesa purpura, comprendiendo de manera simple el odio que se había inducido en su acompañante con respecto al príncipe de verde.
—No me parecería habitual que una persona cualquiera intentara asesinar a mi hermano, por tanto, creería que mi aversión por él sería más que justificada— expresó claramente la menor de ambas.
Escuchó como la princesa volvía a reír con algo de quietud, sin exaltarse mucho en esta ocasión —Usted, dulce princesa, ha sido capaz de confiarme la información que respectaba a su relación con su propio hermano de una manera tan cordial, que yo jamás habría imaginado, y es por eso que yo pretendo revelarle cierta información la cual carece de toda libertad de divulgación— presumió aquello mientras que daba otro sorbo a su vino, olvidando el pastel.
—¿Qué clase de información?— dudó la princesa rubia —Me imagino que será apenas de una naturaleza similar a la de mi amor por mi propio hermano— supuso apresuradamente.
—Precisamente, aunque lo que estoy por decirle esta más evocado al conocimiento con respecto al príncipe Michaello como tal— aquello no atrajo mucho la atención de la rubia, pero la princesa peli purpura decidió continuar hablando —No me extraña que usted no conociera este dato, pues es algo sumamente difuso de observar, pero de lo cual me he cerciorado tan pronto como su visita estuvo en plena conciencia del joven príncipe verde— hablaba con una completa seguridad del asunto, como si no hubiera manera en la que se equivocara.
—¿Es algo que me relaciona a mí con ese despreciable príncipe malnacido?— se pudo escuchar el tono de claro desprecio por el nombre del dicho noble de la familia real.
—Es solamente que usted ha tomado más importancia de la que cree para el príncipe Mikuo, tanto así que su cometido de eliminar a Allen en cada uno de sus combates se ha vuelto su principal objetivo, mucho más que triunfar en el mismo combate, el desea eliminarlo de su camino— Rilliane no logró comprender aquello, no siquiera desde un punto en el cual Mikuo no fuera tratado como humano.
—¿A qué se refiere con eso, su alteza? ¿Dice acaso que mi vida simboliza una especie de trofeo para aquel bastardo, o es que ha tomado represaría contra mi nombre a causa de las guerras pasadas?— la idea que había logrado captar era la más certera posible.
—El mismo no se ve como una bárbaro en busca de un botín de su pillaje, sino un caballero quien busca hacer justicia y liberar a la doncella de su opresor— aquella era la idea que deseaba expresar, pero pareciera ser que Rilliane no la entendía por completo.
—¿Opresor? ¿Te refieres a que ve a Len como si fuera un malvado dragón quien me aprisiona en una torre oscura en medio de un mar de fuego?— se burló de aquella ridícula idea, pero fascinándose por la idea de que Len fuera un enorme monstruo escamado, y que ella fuera su similar, si igual, que fuera igualmente temida que él.
—El te ha observado como la única mujer que vale la pena para él, debido a que ha observado más fuerza en ti en relación a tu tamaño que en cualquier otra persona, se ha impresionado por lo fuerte que has sido hasta ahora, y te ha colocado en un punto por sobre el resto de las personas de tu propio origen— realizó aquella aseveración mientras observaba a la princesa adquirir un ligero tono rosado en sus mejillas.
—¿Y cuál ha sido la fuente de la cual ha surgido toda aquella información?— preguntó completamente firme, manteniendo su mente alejada de las ideas que intentaba inducir su acompañante de purpura.
—La princesa Michaella ha sido mi informante dentro del mundo que representa la mente de su propio hermano, pues desde que me logré comprometer con su tío, no he dejado de tener contacto constante con ella, y ha hablado y respondido más preguntas de las que yo siquiera le he hecho— miraba con intención las reacciones de la rubia, intentando encontrar el más minimo indicio de convencimiento.
—Entonces Mikuo ha quedado prendado de mi— comentó para si misma la más joven de las princesa, olvidando los despreciativos para su enamorado.
—Y debido a que los rumores leves de su relación incestuosa no han escapado ni del oído del más incauto, el se ha hecho a la idea de que Allen le intenta posesionar solo para sí mismo, o que bien, lo único que desea, es llevarle a un destino lleno de miseria, por culpa de su incorrecto deseo carnal— dudó un poco al afirmar esto último —Aún no comprendo la verdadera justificación con la cual se propone a derrotar a su hermano en duelos cada vez que puede, pero estoy segura de que su intención es poder demostrar su superioridad por sobre él ante usted— se mostró un poco más seria al terminar de decir aquello, como si de pronto quisiera dejar de lado la amabilidad.
—Pues es una lástima que mi corazón solo le pueda pertenecer a un solo hombre— mencionó aquella idea que en el fondo consideraba ligeramente arcaica, pero que componía gran parte de su ilusión amorosa.
—Considere entonces, su alteza, que el corazón puede pertenecerle a un solo hombre, pero el cuerpo ceder por completo ante otra persona— Rilliane abrió los ojos de golpe, como si aquello fuera algo por completo irreverente.
—¡No puede usted siquiera sugerir que yo sería mínimamente capaz de de brindarle mi afecto físico a ese repúgnate esperpento de cabello verdoso!— exclamó ofendida por la sola idea, saliendo por primera vez de sus cabales.
—Me refería al caso opuesto— sonrió de nuevo la princesa, haciendo una pausa para menear su copa de vino claro —El amor que Michaello profesa por usted es una amor cortes, casi inexistente y unilateral, en el cual, por el solo hecho de derrotar a quien la pose a usted, ya ha declarado su amor, esperando a que su corazón sea el que ceda ante esto, en cambio, el amor que usted sostiene por Allen, se centra más en su sangre y en su ser físico, como aquello que únicamente los liga por el cuerpo, pero no por el alma, ni tampoco por el corazón, por lo cual usted ya ha entregado su cuerpo entero— compartió una parte de su filosofía personal, el expresar que el cuerpo y el alma eran dos cosas completamente independientes, pese a pertenecer a una misma persona y obedecer una misma voluntad.
—No solo he entregado mi cuerpo a los aposentos de mi hermano, sino que también hemos hecho de nuestras almas una sola, como cuando fuimos uno mismo en el vientre de nuestra madre, ese es el lazo que nos une, y un ágape que va más allá de cualquier gusto mundano por lo físico— se expresó con firmeza, pero sin exasperarse.
—Tan sólo era algo que podría haber entrado en su consideración, su majestuosidad, pues recuerde que el corazón es algo completamente imposible de amaestrar, por lo que debería de recordar por el resto de su vida, el tremendo riesgo que representa el servírsele y ceder todo lo que usted posee a un solo hombre— advirtió sabiamente mientras que alargaba un poco su mano para rozar su hombro.
—Comprendo eso a la perfección, pero permítame decirle, que yo he conocido a Allen desde el momento de nuestro nacimiento, por lo que lo reconozco como parte de mi persona, por lo que no solo se cada cosa de sus memorias, sino también de su personalidad, conozco su actuar y podríamos predecir el comportamiento el uno del otro— alegó tan certeramente como antes, incluso llegando a asegurar cosas que no podría demostrar.
—Me parece una visión bastante ideal, y mi única intención, era evitar que usted llegase a una situación de pérdida total, similar a la cual mi hermano llegó a enfrentarse— dio de nuevo un sorbo a su bebida, terminado con todo el liquido.
—¿Se refiere a su hermano Gast? Tan solo habría llegado a escuchar rumores de la pérdida de su título de príncipe, y por lo tanto de la corona de rey— recordó Rilliane aquellos rumores que hace poco habrían sonado por todos los reinos.
—Usted tampoco está desinformada— se regocijó con el recuerdo penoso de su hermano mayor al que tanto aludía —Su caso fue meramente lamentable, y sólo demostró lo bajo y patético que había sido durante años— soltó unas cuantas risas bajas más, sin siquiera dejar la copa vacía de vino.
—¿Fue capaz de jurarle amor a alguien quien se habría arrepentido de recibirlo?— preguntó curiosa de lo que podría provocar aquella actitud en la princesa de purpura.
—Más bien, en alguien que rechazó por completo su entrega— le rectificó, volviendo a componerse del momento de risas incesantes —Una chica cualquiera, que durante su infancia habría conocido, y que ni ella, ni sus padres poseían titulo hereditario alguno, por no decir ni una riqueza o reconocimiento en el país, y el tonto de mi hermano se enamoró perdidamente de ella, hasta el punto en el que juró que se casaría con ella en cuanto tuvieran la edad apropiada—
Su mirada cambió de manera seria durante unos instantes, tan solo para después adquirir una denotación maliciosa.
—Por supuesto, mi padre le dijo la verdad, lo que era justo, que si se casaba con una mujer corriente, perdería su título de príncipe y su posición de futuro monarca, y él, sin importarle la crítica, se declaró— calló por unos segundos —Es una lástima que hubiera decidido hacer su declaración de matrimonio enfrente de toda la familia, pues aquella chica no respondió a su petición con nada más que risas y burlas contra su persona, que se propagaron por todos los presentes, y finalmente a todas las naciones—
Rilliane recordaba haber escuchado algo que provocaba gracia entre el resto de los nobles del castillo, pero no era algo que le hubiese interesado en aquel entonces —¿Entonces no pudo contraer matrimonio con ella?— preguntó como si no fuera algo obvio.
—Tal parecía que el padre de esa chica repudiaba la posición política de mi padre, por lo que no fue posible que arreglara un trato con el por la mano de su hijo, más aún, tener que forzar a una mujer a que se case contigo, pese a que esta te considera no más que un chiste que pierde su gracia en cada momento, habría humillado más su nombre— asintió un poco mientras cerraba los ojos —Debido a la humillación a nuestra familia, mi padre decidió castigarle de todos modos, pese a haber fallado en su intención de matrimonio, pero le dejó conservar el título de Duque, tan solo para que no cayera por completo en la pobreza— tras decir esto, dio dado por terminado el relato.
Rilliane permaneció considerando aquello por unos momentos más, y más que nada por la burla que la misma princesa realizaba contra su propio hermano. Y no obstante, el respeto que le tenía no disminuía un poco.
La conversación siguiente hubiera encaminado a ambas princesas a comentar acerca de la vida amorosa de sus padres, pero la progresión de la plática se interrumpió cuando una de las sirvientas del palacio real verde salió a la terraza en la que ambas se encontraban para avisar que Allen había sido curado y atendido, y que se encontraba sano y salvo en uno de los cuartos de enfermería provisional que tenían el sótano de aquella edificación.
Despidiéndose de la princesa Gaeni con poco más que un simple ademan, salió en busca de su gemelo, intentando evadir a toda costa a Mikuo mientras lo miraba alardear de su victoria frente a su tío Medeiros.
Encontró a Len después de un rato, sentado en una cama hecha de piedra y cubierta con una lona y algunas sabanas grises llenas de algo de sangre. En aquella habitación no había más que una gran ventana que tenía un sistema para ser cerrada con cortinas al instante.
Rin se acercó cautelosamente a Len mientras observaba los vendajes que cruzaban por su espalda, cubriendo su pecho, lamentándose por haber perdido el tiempo hablando en lugar de consolarlo.
—¿Se encuentra bien mi caballero de armadura dorada?— preguntó con gracia al chico mientras que este se mantenía distraído y causando que tuviera que dar la vuelta a su cabeza para poder darse por enterado de quien había dicho aquello.
Tan solo una mirada y una pequeña sonrisa de medio lado fue lo que el príncipe se atrevió a relucir como ofenda sobrante de su afamada derrota. Rilliane se acercó y se sentó a su lado, palpando lentamente los vendajes llenos de sangre coagulada.
—Escuché que realmente diste pelea, y que permaneciste de pie hasta el último momento, que solamente te retractaste cuando la muerte estuvo frente a ti, y que de no haberte retirado, hubieras podido morir— le comentó cariñosamente mientras que se recargaba en su hombro y citaba las palabras que habría relatado una de las sirvientas que observó el combate y que le había guiado hasta la enfermería.
—¿Eso es lo que dicen?— se sintió dudoso el chico ante esas declaraciones —Yo se que solamente actué como un cobarde, no sólo por temor a recibir un golpe, sino también por el temor a arremeter contra Mikuo, sentía miedo de hacerle daño— volteó su mirada al suelo al sentirse sumamente avergonzado por revelar aquello —Que clase de guerrero es uno que no se atreve ni siquiera a estar dispuesto a lastimar a su enemigo— se lamentó mientras que sentía su garganta contraerse por el llanto que sentía deseo de salir de sus pulmones.
—¿Y te estás lamentando por el hecho de no haber podido asesinar a alguien durante un simple combate de entretención?— preguntó sintiendo cierta ternura por las palabras de su gemelo —Tu nunca has sido la clase de persona conflictiva que yo he demostrado ser, has sido más una persona cautelosa y benevolente, y podría jurar mi vida a que tu misericordia llenaría de satisfacción a nuestra madre— se puso a consolarlo mientras besaba su mejilla una sola vez.
—Pero esta vez de verdad pude haber ganado contra él, e incluso tenía un enorme deseo de hacerlo, y si no he podido ser capaz de derrotarlo aún teniendo todo el deseo, ¿Cómo sería capaz de defenderme a mí mismo cuando alguien de verdad trate de asesinarme?— se sentía miserable, como si hubiera desperdiciado años enteros de entrenamiento.
—Ya llegará el día en el que demostrarás ser un verdadero guerrero como nuestro padre, solo espero que en ese momento, no te olvides de quien eres y yo pueda seguir estando a tu lado— colocó sus brazos alrededor de so torso y le dio un abrazo lleno de cariño.
—Y para mí no hay nada que desee más en este mundo que protegerte de todo mal— expresó lo le llenaba de congojo su corazón, correspondiendo el abrazo y
—Esta fue sólo un combate de cadis que simplemente servía de entretención, eso no quiere decir que fuera una pelea para decidir quién se quedaría con mi mano ni mucho menos— intentó reír un poco mientras colocaba su cara contra el pecho de su gemelo.
—Eso eso precisamente lo que no deja de herirme por dentro, que me he dado cuenta de que Michaello está enamorado de ti, y yo no puedo quedarme inerte ante sus sentimientos hacia ti, mucho menos si piensa que con derrotarme podrá demostrar un derecho a poseerte por sobre mi amor por ti— al decir aquello reforzó su agarre, como si deseara que no huyera de su lado.
—Eso no me importa, puede ganar todos los combates que él quiera, pero aunque que no obtengas la victoria que tu deseas, siempre me podrás tener a mi— con aquello intentaba demostrarse a si misma su última refutación en contra de las palabras de la princesa de purpura, colocando como primer intensión su fidelidad por su hermano por sobre cualquier otro aspecto que pudiese involucrarse entre ellos dos.
—Eso espero, pues no deseo volver a pelear contra él— dejó salir aquella idea que tenía desde el momento en el que sintió que podría morir por aquella herida, pues para él ya no valía la pena arriesgarse por una simple gloria vacía, a menos de que esta simbolizara algo para Rilliane. Y ya que ella demostraba una carencia de importancia por el asunto del combate, podría dar ese asunto por finalizado.
Pareciera hipocresía para cualquiera que hubiese observado el cambio te actitud de Rin con respecto a su interés por el triunfo y la victoria, no solo de su país, sino de su persona y de su linaje, pudiendo esto llegar a influir incluso en las decisiones de pelear de su gemelo. Pero ahora su cambio de decisión era algo que no sorprendía a Len, pues pensaba que quizá su hermana se habría preocupado más por su salud física que de cualquier otra cosa.
Por ahora, que los dos se mantuvieran de esa manera, ayudaba más que cualquier cosa a sus ánimos.
El siguiente día se efectuó la boda desde las horas de la mañana, iniciando con un desfile especial en el cual el Duque y la princesa recorrieron los caminos principales de la ciudad más alta del reino, siendo resguardados por caminos enteros de soldados de verde que mantenían a la muchedumbre alejada de sus monarcas, llegando finalmente a la catedral antes del cenit. No hubo problemas, al menos no grandes problemas, más que quizá un clima frio al momento en el que la plebe observaba el enorme carruaje dorado sobre el cual iban sentados Rilliane y Allen, aunque sobrarían explicaciones para este motivo en particular.
La boda duró demasiado tiempo, y aunque la princesa se mostraba sumamente atenta durante todo el tiempo en el que el obispo estuvo discursando y leyendo el libro sagrado. Y claro, debido a su falta de sueño por razones particulares, Rilliane y Allen cayeron dormidos después de un par de tan solo media hora de la ceremonia.
El día terminó, y tras una gran celebración, que finalizó con la gran quema de un enorme monigote de madera sobre una de las puntas más altas del reino, que se supone que simbolizaba la derrota del gigante del cielo Gok, quien con su muerte habría originado la cuenca que llevaba su mismo nombre, un simbolismo cultural que representaba el ascenso a la corona de un nuevo mandatario, aunque en este caso, se trataba del rey del país purpura quien ahora ocuparía el trono.
El día siguiente fue más aburrido que el resto, no solo porque no había ninguna celebración programada para esa fecha, sino porque sería el momento en el que los nuevos reyes partirían en dirección del reino purpura para comenzar su reinado.
Y tanto Len como Rin se sentía ligeramente agotados, debido a que la noche anterior, y debido al aire de las montañas al que tan poco se habían acostumbrado, las bebidas alcohólicas les habrían embriagado con facilidad, pese a que los dos se habrían rehusado a tomar más de un par de copas, aunque debido a esto, habían tenido una noche tal como si ellos hubieran sido quienes se casaron.
La comida de ese día fue en un lugar alterno a la sala de banquetes que normalmente usaban. No había invitados alternos a los dos pares de príncipes, tanto del país verde como del país amarillo, o al menos de esta manera se suponía que habría sido la comida. A decir verdad, sólo se encontraban presentes Allen, sentado justo al lado de Rilliane, mientras a su lado opuesto se mantenía Michaella, observando minuciosamente los movimientos que realizaban sus invitados, cada pequeño toque de manos que se daban, cada caricia en el cabello que se daban mutuamente, pareciendo una pareja romántica que disfrutaba de una comida a solas, algo que perturbaba a la princesa de verde hasta la médula.
Observaba lentamente como Allen tomaba con sus manos desnudas el ala del ave que habían cazado especialmente aquella mañana para servirla justamente en aquella comida, siendo el platillo principal de la comida de Rin, pues estaba condimentada con naranjas.
Allen en cambio comía carne de puerco cubierta de miel, un extraño platillo que el mismo había recomendado a preparar, con un par de frutos de banano a los lados.
Tras unos minutos de haber comido e intercambiado sus alimentos, de alguna manera sintiéndose tensa cada vez que hacían esto, en especial cuando Rilliane metía parte de sus alimentos dentro de la boca de Allen de una manera provocativa.
Finalmente su tortura finalizó simultáneamente a la ensalada de verduras que ella consumía, anunciando a sus cocineros la necesidad de servir cuanto antes el postre. Pero antes de que se le pudiera servir a cada uno su porción de pan inflado con levadura, Rilliane comenzó a sentir cierta incomodidad en su estomago, por lo que tuvo que excusarse con rapidez, levantándose de su asiento sin una segunda consideración, rodeando la mesa y saliendo por la puerta en busca del próximo sanitario.
—¡Vaya!— exclamó Michaella sorprendida de haber presenciado aquello, comenzando a partir su panecillo con uno de los tenedores especiales para esto —Espero que nuestra querida Rilliane se encuentre sana y salva en donde quiera que sea su destino— devoró entero aquel trozo de pan que ocupaba todo el tenedor, saboreándolo con los ojos cerrados, disfrutando del sabor a nuez.
Allen no dijo nada, pero permaneció mirando al asiento de su hermana, algo atónito a decir verdad, pues existían pocas clases de alimentos que pudiesen enfermar a su gemela. Volteó a ver secamente a la peli verde quien seguía disfrutando de su postre. Aquel parecía aproximarse a ser un momento ameno entre los dos, aunque la mirada de Len se ensombrecía progresivamente al observar a su acompañante tan campante de la vida.
—Ahora que podemos estar a solas— dijo la peli verde mientras que terminaba de tragar la pequeña porción de su postre —Me gustaría mucho agradecer su presencia en este evento tan importante para mi país, se que no debió de haber sido nada fácil el viajar semejante fracción del continente para venir aquí— comenzó a alabar como si recién él hubiera llegado.
—No fue un gran problema, en realidad, el viaje no se torna tan tedioso si se tiene con quien compartirse— con aquello hizo una clara referencia a su hermana, aproximando su diminuto utensilio a la rebanada de postre, tan solo para cortarlo a la mitad de manera desinteresada, para después continuar mutilándolo con una proyectada ira interna.
—Usted guarda una gran estima por su hermana, ¿o no?— agregó la princesa de verde tan solo para añadir algo más a la plática, pero recibiendo una mirada incrédula y algo despreciativa por parte del príncipe, como si este se preguntara si siquiera esa pregunta iba dirigida de una manera seria —Pero quisiera aprovechar la ausencia de su de la princesa para comenzar a hablar claramente acerca del asunto que hemos venido a tratar— aquella mirada de incredulidad comenzó a acrecentarse, esta vez pareciendo estar cargada de ofensas acometidas en su contra.
—Tendrá usted que disculparme, princesa, pero usted y yo no tenemos ni un solo asunto el cual trata, mi presencia únicamente se debe al cumplimiento de una trato político de la posguerra que en el cual se incluía que el gobierno de mi país se involucraría íntimamente con los asuntos tanto oficiales como extraoficiales, —intentó aclara mientras quien volvía a dar un corte transversal al pan esponjoso —Fuera de que mi hermana y yo hubiéramos deseado venir a contemplar por primera vez en nuestras vidas el cómo su país estaba organizado, no hay ninguna otra razón por la cual yo, en todo mi pleno uso de razón, hubiera elegido tener este momento de tan ameno con usted—se recargó de nuevo en su silla y comenzó a observar ansiosamente a la puerta de la cual había salido su gemela, como esperando a su pronto retorno.
—Pues no por eso hemos de desaprovechar este momento tan fortuito que la vida nos ha otorgado para compartir un poco más y lograr conocernos— ella simplemente había decidido ignorarlo durante su justificación.
—¿Qué es lo que desea discutir?— preguntó rendido de la idea de continuar aclarando su falta de entendimiento mutuo con aquella princesa.
—Bueno, me gustaría comenzar aclarando la importancia del evento que presenciamos el día de ayer, el casamiento de mi tío Medeiros y con la princesa Gaeni—comenzó a discursar para lograr vagamente avivar un interés en frio invitado —Se dará cuenta de que el matrimonio ha representado una nueva alianza entre el país verde el país purpura, siendo una nueva oportunidad para la expansión de ambos reinos— intentaba sonar amenazante al momento de nombrar a su propio país, pero la verdad era que su palabras ocultaban tras de sí un verdadero motivo de discursar.
—Me parece alentador que usted pueda enorgullecerse de tal manera por el poderío de su país y de las nuevas oportunidades que tiene para aliarse con algún otro reino, pero permítame aclarar un par de puntos que veo contrarios a sus ideales— comenzó alabando, deteniendo su dialogó un poco al ver asentir a la princesa de verde, como si esta le diera su confirmación para continuar con su dialogo, aunque él jamás hubiera solicitado ninguno —En primer lugar, debe usted de recordar que el tratado de Alicia, hecho en conjunto por la reina Alicia primera del reino blanco con cada rey de la época, prohibía no solo la presencia militar sin autorización en cualquiera de los cinco reinos, sino también las alianzas militares alternas al consejo de reyes— su voz se puso un tanto más seria al continuar hablando —La única alianza que ustedes tienen con el reino purpura, es del tipo cultural, migratoria, y comercial, lo que indica que solamente podrán compartir mercancías y permitir el libre tráfico de ciudadanos entre las naciones—
—Me parece que usted está demás informado— reconoció la princesa de verde.
—Ya lo creo, que me gusta observar cómo se maneja el mundo— sonrió falsamente por aquel alago antes de continuar hablando —Y en segundo lugar, la única manera de que sus países hicieran una alianza del tipo totalitaria, es si fusionaran sus territorios, aunque debido a que ha sido el rey de purpura el que cedió a la línea principal de su familia, diría más bien que el reino purpura consumiría por derecho el territorio del país verde, lo que me lleva a objetar— se inclinó por encima de la mesa —El reino verde y el reino purpura se encuentran separados por una enorme brecha que representa el reino amarillo, mi reino y de mi familia, por lo que los territorios de la nueva alianza que ustedes quieren conformar no podrían unificarse, no sin antes volver de ustedes el territorio extenso que los separa, o bien, de retomar las inhabitables y baldías montañas rocosas de la muerte que quedan al sur del reino amarillo— se sentó de nuevo en su lugar, habiendo terminado con sus puntos.
La princesa de verde rió un poco por las palabras del muchacho, como si tuviera una refutación perfecta para cada uno de sus argumentos, —No puede dejar de sorprenderme, lo consiente que usted es de la situación de nuestro reino, así como de todos los demás, usted llegará a ser si duda todo un erudito— Allen asintió por esto, aprobando el mensaje inicial de la reina, a la vez que le permitía refutarle —Quisiera recordarle que es el reino de Gulag en que promulga esas estrictas leyes, esos decretos que cierne sobre los reinos libres de manera autoritaria e imperialista, aún cuando es el propio reino blanco el que se atreve a denominar a todos los reinos de esta manera, como si se tratase de una burla a nuestra soberanía— se pudo notar el desprecio en la manera en la que ser refería al reino blanco, y a la autoridad que este representaba.
—No es el reino más abundante o más vasto de todos, ese al que sus detractores llaman Gulag— comenzó a defender el príncipe —Es el cabecilla debido a que su poderío en la política se ha mantenido en la cima durante siglos enteros, y que por este fue que le otorgó a cada gobernante su propio territorio y política— intentó proponer aquello que el hallaba como el motivo por el que el reino blanco era considerado como el núcleo del continente entero, el corazón de los reinos libres de las tierras interiores.
—Pero esta soberanía se ha marchitado con el tiempo— contradijo la peli verde —Ese reino ya no es más el poseedor de las riquezas y del poder que solía abanderar su título de poder nuclear de las tierras interiores, el rey blanco lo sabe, y Arthas, el padre del querido señorito Allen, también lo sabe, por lo que decidió pasar de ser del lobo amarillo, al simple perro del Gulag, quien defiende celosamente a su amo de cualquier rebelión—
Aquellas palabras habían sido tan venenosas como una blasfemia para los oídos de Len, sintiendo una ira inconmensurable al escuchar a la princesa referirse a su padre de esa manera. Pero debía de ser justo, y recordar que había sido su padre el que había aniquilado al suyo, por lo que exigir todo respeto en todo momento sería imposible.
—Yo estoy consciente de que usted no ha heredado la obstinación de su padre, como lo he visto en sus combates contra mi hermano, por lo que le interesará más escuchar mi refute en contra de su segundo argumento— propuso mientras se inclinaba hacia adelante —Su padre no permitiría que el control de reino blanco, o del Gulag, o como quiera llamarle, perdiera su relevancia sobre las tierras interiores, pero usted es la clave fundamental que permitiría al reino verde y al reino purpura unirse con el reino amarillo, para formar el imperio más magnificente que la humanidad ha presenciado, y que haría temblar del miedo os cimientos del reino blanco— aquello lo había expresado en un sentido exclamativo, sintiendo un ligero temblor conforme revelaba si plan.
—Me temo que si lo que usted propone es que yo razone acerca de una alianza, entonces debería usted de razonar la idea de que mi padre preferiría entregar el cadáver de su hijo si es que este le fuera capaz de traicionar, en lugar de ceder su poderío a al enemigo— aclaró con toda la dureza que fuera necesaria.
—Pero no me refiero a una alianza como cualquier otra, o a que usted seda su control, o su gubernatura a quien considere su enemigo— se puso a sonreír mientras que terminaba de degustar su postre, observando su plato por algunos segundos, después de eso, se levantó de su asiento y terminó sentándose justamente en asiento de Rilliane, justo al lado del rubio —Me refiero a que usted sea capaz de compartir ese poder, y volverlo parte de su herencia, volverse parte del reino verde, volverse el rey y yo su reina— intentó comportarse estable al momento de decir aquello, pero no pudo evitar sacar el deseo a relucir de manera evidente su emoción por haber dicho aquellas palabras.
Allen únicamente sonrió de manera lucida, mostrando sus dientes de medio lado, al parecer sintiéndose satisfecho por lo que decía aquella chica de manera tan desesperada pero a la vez tan exigente —Me tendrá que molestar por reprocharle, pero ¿Me parece que usted esta declarándoseme de alguna manera?— se notó al instante una cierta malicia en su voz, en especial por la manera en la que continuaba sonriendo a la chica.
—Tan solo imagínelo, Medeiros será ahora el rey del país purpura, si usted y yo llegásemos a contraer matrimonio, entonces yo podría gobernar a su lado, y si su hermana Rilliane llegase a casarse con mi hermano, entonces ellos podrían gobernar este país, y así formar una alianza imperial, un eje que se extendiera por el sur y que arrasaría con cualquier otro imperio de la tierra— lo que más le pareció divertido a Allen, fue el hecho de que la peli verde dejara salir de su interior a esa minúscula fracción de si misma que estaba tan celosa y deseosa de poder, pero algo que no le gustó fue que hubiera sugerido un matrimonio entre Michaello y su hermana, eso era algo que él nunca podría visualizar.
—Mi reina— dijo con un tono completamente cambiante, y regresando a su mirada tan seria de antes —Si usted quería declarar sus intenciones mí en este mismo momento, hubiera sido mejor hacerlo de otra manera, quizá revelando sus sentimientos más profundos que pudiese aguardar su corazón, pero en lugar de eso, usted únicamente se ha decidido por demostrarme su verdadero interés por el poder que podría traerle a su reino, sin ocultarlo tras una capa de estúpido romanismo, debo decir que estoy impresionado, pero a la vez asqueado— presionó con fuerza la mano de la peli verde, provocando que esta comenzara a intentar retirarla con algo de miedo.
—Usted no entiende del todo mis intenciones— dijo ella ofendida —El hecho de que encuentre su disposición a una alianza conveniente para mi caso, no quiere decir que mi único interés sea el de lograr la alianza entre los reinos— se poso a reclamar mientras que seguía intentando liberar su propia mano.
—¿De verdad? Porque me parecería que su única intención, aparte de obtener todo el control, era la de conseguirle un arreglo doble de matrimonio a su hermano, para que el pudiera quedarse con mi querida Rilliane— dejó salir esas palabras de manera celosa — ¿Pensaba acaso que yo me conformaría con un pútrido matrimonio artificial? ¿En donde únicamente se me trataría como una simple pieza de tablero de ajedrez que se mueve a la voluntad de otro? Quizá en otro momento no me importaría regalar mi vida a la voluntad de otro, pero en esta vida yo ya tengo una razón de vivir— pudo notar el dolor en los ojos de la princesa al decir aquello.
—No crea usted que yo no sé lo que se siente poseer una razón de vida, o un verdadero sentimiento en su interior— se puso a decir mientras que sentía una tremenda angustia en su interior, luego de eso, en plena desesperación, decidió acercarse al chico lo suficiente, y juntando sobre su pecho, logró besarlo en los labios.
Aquel momento se extendió durante un par de segundos, llegando después a contemplarse como más de un minuto, de una manera lenta que se profundizó con el mismo flujo del tiempo. Aquel beso era algo completamente nuevo para Allen, un sentimiento tan misterioso que le provocaba una abundante curiosidad, pero a la vez un terrible temor a lo que podría encontrarse en el fondo del abismo que contemplaba con ese mísero beso.
Al terminar el beso, Michaella le miró con ternura mientras que Allen continuaba con los labios elevados —¿Acaso usted no cree en el amor en el primer encuentro? ¿O en que alguien se pueda enamorar de una manera distante, sin tener contacto con la otra persona, de una manera casi inexistente?— Le preguntó mientras seguía sosteniendo su mano —¿En qué cree usted?—
—Creo en que existen lazos que unen a la gente, lazos que simplemente no pueden ser descifrados— contestó él, sujetando la mano con menor fuerza, hasta tornarse en un agarre delicado —Y que yo ya tengo un lazo con alguien más— le dijo finalmente alejándola de su lado, permitiendo que se sentara de nuevo en su propio lugar —Es realmente algo curioso— comenzó a decir mientras dejaba de lado sus utensilios y comenzaba a levantarse —Usted y Rilliane no son muy diferentes, ambas son ambiciosas y caprichudas, como cualquier otra princesa quien es aún una niña, pero lo que las hace diferentes, es que la voluntad de Rilliane se guía por su carácter, y ella tiene en su carácter una fuerza inquebrantable, y una rectitud incorruptible , usted en cambio sólo guía su voluntad por un carácter lleno de codicia insaciable—lo dijo con la mayor sinceridad posible, mirándola a los ojos para permitir que se diera a entender mejor, después de eso, se levantó y comenzó a caminar a la salida, para buscar a su querida hermana y prometida.
—Usted se llena de repulsión al pensar en una vida en donde sus decisiones sean controladas por alguien más— le dijo Miku desde su espalda mientras que el muchacho intentaba salir por la puerta — ¿Pero qué tan libre es usted de decidir cuando ya ha dado por hecho el que usted y su hermana deben de estar juntos sólo porque nacieron juntos? ¿Dónde está su capacidad de decisión en eso?— preguntó llena de furia e impotencia ante las decisiones del rubio de permanecer más con su gemela que con ella.
—Aquí no hay nada relacionado con el destino, o con Dios quien me haya ordenado elegir a Rin como mi pareja sentimental— le contestó —Yo soy el único culpable por ser un enfermo incestuoso— sonrió de medio lado al alejarse más de la princesa.
Pero justamente al abrir la puerta, esta fue empujada con fuerza, dejando ver a una muy enfadada princesa. Rilliane penetró en aquellos aposentos con fuerza, dejando tras de sí un aura de fiereza.
—Rin, me alegro de que estés bien— exclamó con alegría su hermano mientras que intentaba tomarla por la muñeca, pero ella continuó con su trayecto, provocando un jaloneo en el brazo del muchacho, quien prefirió únicamente seguir su paso en lugar de oponerse a su movimiento.
Sujetó a Michaella por el cabello y jaló su cabeza hacia atrás, dejando salir de su boca un ligero alarido de dolor, luego de eso, y permitiendo que Allen le soltara la muñeca, tomó un pequeño cuchillo sin filo y lo colocó sobre el ojo de la peli verde, justamente por debajo del parpado, amenazando con enterrarlo dentro de su retina. En ningún momento Allen se atrevió a intervenir.
—¡Suéltame!— gritó la princesa Miku mientras intentaba soltarse, deseando que ni hubiera ordenado a todos los guardias de honor despejar la sala antes de iniciar con la comida.
Rilliane se acercó a su oído, frunciendo el seño mientras acercaba más la hoja de plata al ojo de la princesa —La próxima vez que intentes envenenarme, te sacaré los ojos— le amenazó sin necesidad de bajar un poco su voz, para luego quitar la cuchilla y empujar su cabeza con rudeza, provocando que su cautiva golpeara su cabeza y lastimara su cuello. Después de eso, Rin terminó escupiendo sobre el plato que la anfitriona abría limpiado hace unos momentos.
Michaella permaneció con la cabeza hacia abajo por unos momentos, no solo avergonzándose de la manera tan bruta con la cual había sido maltratada, algo que no recordaba haber pasado en años, y en segundo por no haber podido hacer nada más que gritar inútilmente frente a una amenaza que no se podría cumplir.
—¿Nos vamos?— preguntó amablemente la princesa rubia a su hermano gemelo mientras este aún pensaba en lo que había dicho ella al oído de Michaella, aunque ya habría más tiempo para que le explicara, al menos mientras que se levantaba todo el asunto acerca de un posible atentado de asesinato para su persona.
Len le sujetó de la mano y la guió a la salida, esta vez sin siquiera en voltear a ver ni por asomo a la devastada princesa de verde.
El asunto realmente no pasó a mayores, pues pese a que Rin alegara que Miku intentó asesinarla mediante el uso de comida envenenada, de la cual solamente pudo sobrevivir al haberse provocado el vómito con rapidez. Pero lo cierto es que tuvo que desistir de sus acusaciones a causa de las exigencias de Len, quien no hallaba ninguna prueba para decir que la palabra de su hermana fuera verdadera, pues no sólo estaba el hecho de que no podían probar de nuevo los alimentos que ya se habían desechado, pero también que su hermano había comido del platillo de su hermana, y no había resultado enfermo de ninguna manera.
Aunque tal vez habría sido más acertado buscar en otros alimentos que únicamente hubieran sido consumidos por la princesa y no por el príncipe, y que tal vez hubieran podido tener algún efecto tardío. Pero nadie se atrevió a dudar de tal manera de la princesa Michaella, o a sobreestimarla lo suficiente para llegar a considerar eso como una opción real, ya que la peli verde debería de haber tenido un conocimiento amplio en sustancias que alteraran el cuerpo humano demasiado amplio para poder haber hecho aquello.
Tan solo para relatar el último día, podría resumirse diciendo que Len y Rin decidieron salir lo más anticipadamente de viaje, de vuelta a su país natal, tal y como debía de ser, dejando de tras las desagradables experiencias con sus similares del país verde.
Pero antes de que se fueran, un mensaje entrante de la guardia su propio país, llegó de manera emergente, anunciada como una noticia de suma importancia que todos deberían de saber. Fue en un solo caballo, con único mensajero de poca estatura, especialmente para ser más veloz, cargando únicamente con su armadura de cuero y una bolsa en la que un sobre dorado con un sello de cera con la marca del reino amarillo, y que fue entregado al General Salta, quien estaba preparándose para escoltar a los hijos del rey de vuelta a casa, por lo que fue el primero en leerlo y por tanto entregar el mensaje a todos los que concerniera.
El rey Medeiros y la princesa Gaeni habían sido asesinados.
Tal parecía que había sido en los límites del sureste del reino amarillo, por los cuales la escolta había atravesado con el expreso permiso del mismo rey Arthas con tal de entrar al reino purpura por un camino más estable y lejos de las montañas
No se sabía exactamente lo que había pasado, solamente que la guardia roja de los bosques había respondido a un llamado de auxilio y a una alerta de movimiento de una batalla que habían reportado un grupo de torres centinelas. La escolta entera de la pareja real había sido rodeada y superada en número de tres a uno, para después separar el carruaje que contenía al nuevo rey y a la nueva reina del resto de la caravana.
Se acudió de inmediato, lográndose salvar las vidas de algunos cuantos guardias imperiales del reino verde, que se supone se reunirían más tarde con guardias de purpura al llegar al tope de la frontera, y tras horas de persecución, se logró dar captura y ejecución a la mayoría de los asesinos, quienes alegaron ser únicamente meros bandidos sin rumbo fijo, pese a que esto no explicaba la obvia organización y previsión que había requerido el atacar justamente aquella caravana tan lujosa y se determinó que se entregarían al reino purpura para ser ejecutados por quien sintiera el apropiado rencor por ellos a causa del ataque.
Cuando al final se encontró el carruaje, este estaba abandonado a un lado del camino, un poco alejado de este en realidad, con ambos corceles muertos uno sobre otro, y volcado de lado contra un árbol.
Costó trabajo a los guardias de rojo el poder abrir las puertas que salvaguardaban al rey y la reina, hasta el punto en el que tuvieron de golpear los extremos de las puertas con hachas para destrozar estos y provocar que la puerta cayera por si sola en lugar de abrirse. Pero pese a estos esfuerzos, en su interior no encontraron más que muerte.
Ambos, rey y reina, se encontraban aún sosteniendo sus armas, pero no a manera de defensa, sino colocados cada uno sobre el cuello del otro, provocando un corte profundo que les dio muerte a ambos. Los guardias supieron entonces, que aquello había sido un suicidio doble, o al menos esa era la explicación más razonable, pues no había marcas de lucha entre ambos, sino que habían aceptado el corte en el cuello de manera voluntaria.
Según entendieron, el que cualquiera de los dos fuera capturado, no solo traería un gran sufrimiento para su persona, sino que se hubiera puesto en riesgo a cualquiera de sus respectivos reinos, al ser ellos poseedores de información bastante valiosa para cualquier enemigo o incluso grupo de para—militares revolucionarios, de los cuales muchos amenazaban el reino verde tras su derrota en la guerra de años atrás.
Aquella terrible noticia, tanto del asalto con organización dudosa, como del suicidio doble, fueron detalladas a ambos reinos a los cuales pertenecían los recién casados, y después se expandió a toda persona de los países del continente entero, llenando de congoja el corazón de miles.
Pero claro, que si había sospechas de alguna conspiración, eso era evidente para cualquier persona de más de dos dedos de frente, pero nadie se atrevería a señalar a ningún posible culpable, a menos claro de que fuera algún conocido bandido o guerrillero, quien se habría enterado de paso que seguiría la caravana y habría decidido comandar a sus hombres para interceptarla, pero nada concreto en realidad, y mucho menos tras la ejecución de los sobrevivientes de la batalla, a los cuales ni siquiera se les llegó a interrogar una vez llegaron al reino purpura.
Y claro, Rilliane y Allen también tuvieron sus teorías, la principal de ellas, que Mikuo conspirado contra la posición política de sus tíos con intención de asegurar su posición directa al trono, descartan a Miku de culpabilidad, pues Len había sido testigo de lo mucho que la peli verde apreciaba el poder que surgiría de ese matrimonio. Y finalmente tuvieron que descartar a Michaello de la misma manera, al enterarse de que Medeiros había sido su segundo padre tras la muerte del rey Maero, y que al igual que con su padre, habría soltado tanto lágrimas como maldiciones frente a su muerte.
Aunque claro, sólo a pocos se les ocurrió mirar al duque más poderoso del país purpura, Gast, quien había ganado el poder equivalente a un rey, pese a conservar su título de noble intacto, pues ya no habría nadie quien se aproximase más a la línea principal de la familia real, por lo que él, pese al juramento de su padre de mantenerlo lejos del título de gobernante de su país, a causa de la vergüenza que se había auto infringido, comenzaría a gobernar, aunque fuera de manera casi indirecta, aculto entre las sombras, pero moviendo cada pequeño hilo de su nuevo gobierno de corrupción.
Tal y como él mismo lo había planeado.
Fin del capítulo 1.
Notas finales: Ya lo sé, un poco reyenoso el capítulo -.- , pero bueno esta es la última parte antes de que la historia continúa desde el punto en el cual se quedó la historia de compromiso, es decir, desde que los encuentran "fabricando" al nuevo príncipe (Apuesto a que a todos les gustaría ver el proceso de fabricación xD)
En fin, esta parte será únicamente de dos partes, esta era de la vida de Len y Rin antes de el asunto de la traición, y el otro será de la vida de los dos después del suceso, y si queda tiempo, explicaré a detalle el meollo de la traición de Len :D aunque creo que en este capítulo ya se han dado suficientes pistas como para confirmar lo obvio :P
Pues bueno, como podrán ver, los personajes empiezan a morir cada vez más rápido, en este caso murieron quienes supondrían haber sido Gakuko, y Mkuo Zatsune, y ahora ya saben que en este fanfic existe Gakupo, y que de hecho juega un papel similar al papel que juega en el duque de Venomania, y si de hecho un punto de la historia también se referenciará a esa historia de Mothy, por lo que ya sabrán que esperar en el futuro :P
Por lo demás, aquí se confirman parte de los sentimientos de los Hatsune, por lo que a mí respecta, Miku pudo haber mentido incluso después del beso, pero Mikuo tenía verdaderas razones para odiar a Len a causa de su amor por Rin, así que yo diría que su amor era algo más real, aunque igual, el siguiente capítulo contendrá el veredicto de Rilliane con respecto a ese tema.
En fin, es hora de mi disculpa: Lamento haber tardado tanto en subirlo, pero he tenido algo de trabajo en el instituto, aparte de que también estoy escribiendo un fanfic para una página de facebook .—. la cual se llama "Novelas Rin y Len Kagamine" a la cual le vendrían bien unos likes, pero ni como soy admin, mejor lo dejo a su criterio ^^
Por lo demás, salgo en dos semanas a vacaciones, y espero no tener que tomar muchas clases de verano :c
Como sea, no quiero meterles en mis problemas, gracias por leerme hasta este punto, y espero que pase por sus mentes el compartir su opinión de el capítulo, y me dejen algún piadoso review, eso sería agradable :D
Gracias a quienes comentaron en el capítulo pasado:
MASCARAMENTAL357: Gracias, creo que fuiste la única persona que entendió bien mi punto de vista de su amor basado en sus lazos sanguíneos, y lo del anticonceptivo, eso ya se verá.
Gabriela Kagamine: Jejeje, a cualquiera le hubiera sorprendido aquello xD
Lilliam: No se bien, es que creo que me hubiera sentido algo culpable si hubiera puesto que lo perdieron sólo por curiosidad xD, pero no te preocupes, ya escribiré un Lemmon en donde la curiosidad se su estimulante principal :D, y ya sabes, yo considero a Rin una mujer de acción xDDD, y lo del cuerpo de Rin, pues… digamos que Len todavía no tenía "ese" ancho para lastimarla…
Airam Kagamine: Ya voy a continuarlo, sólo espera un poco, que quiero explicar bien el trasfondo de la situación, además de que este es sólo el preludio de la verdadera historia, que tendrá como tema central lo ocurrido durante su matrimonio.
Rilliane Kagura Kagamine: a Mi también me tegañan por eso, me alegra que haya valido la pena ^^
En fin, esas fueron todas las personas, espero que de verdad les haya gustado, y que no me haya comido muchas palabras. Dejen review tan siquiera para saludar c:
Me despido.
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Bye_.—
P.D.: ¿Ya lo dejé claro, o a un no explicó por qué la historia se llama "El príncipe del mal"?
