Los personajes de Naruto no me pertenecen, si no a Masashi-Sama. La historia es una adaptación. Al final estará el nombre de la autora y de la historia.

Aclaración: Hinata tiene 18 años y Naruto 28. Acalaro por si acaso jeje. Muy bien! Vamos a por el capítulo!!

Salvando el día

Hinata despertó diez minutos más tarde. Estaba en la cama, con Asuma y Killer Bee junto a ella. Asuma le sostenía un paño frío en un lado del rostro. Killer Bee la abanicaba con uno de los mapas del escritorio de Naruto.

Su esposo no estaba allí.

Cuando Hinata se dio cuenta de eso, alejó el edredón y trató de ponerse de pie. Killer Bee la volvió a acostar.

-Quieta, Hinata. Recibió un buen golpe. Todavía tiene hinchada la cara.

Ella ignoró sus instrucciones.

-¿Dónde está Naruto? -preguntó-. Quiero que esté aquí conmigo.

Antes de que Killer Bee pudiera responderle, se encontró sentado en la cama. Hinata tomó el paño que sostenía Asuma y comenzó a limpiarle la herida de la frente a Killer Bee.

-La mujer es pequeña, pero poderosa cuando se enoja, ¿verdad, Asuma? -susurró Killer Bee-. Quíteme eso -refunfuñó.

Ella no prestó atención a ese mandato.

- Asuma, ¿crees que está bien? El corte no me parece muy profundo, pero quizá...

-Está bien -respondió Asuma.

Hinata asintió con la cabeza. Luego volvió a tocar el tema que le preocupaba.

-Un esposo debería consolar a su esposa cuando ha sido golpeada. Cualquiera con un poco de sentido común lo sabría. Asuma, ve a buscar a Naruto. Me consolará o yo me encargaré de él.

-Vamos, Hinata -le dijo Asuma con un tono tranquilizador-, su esposo es el capitán de este barco, y ahora debe ocuparse de algunos detalles importantes. Además, ahora no querrías estar en su compañía. El muchacho está furioso.

-¿Porque los piratas abordaron su barco?

-Porque los malditos te golpearon, Hinata -rezongó Killer Bee-. Después del golpe estaba dormida así que no pudo ver la cara de su esposo. Era una cara que jamás olvidaré. Nunca le vi tan furioso.

-Es agradable saberlo -contestó Hinata.

Los dos marineros intercambiaron una mirada de exasperación. Hinata los ignoró, Pues recordó el pecado mortal que había cometido.

-¡Oh, Dios, le disparé a su líder en el rostro! -exclamó-. Ahora estoy condenada al infierno, ¿verdad?

-Estaba salvando a su esposo -le dijo Killer Bee-. No se irá al infierno, Hinata.

-Estará... horrible durante el resto de sus días -Susurró Hinata.

-No, Hinata, él ya es horrible -replicó Asuma.

-Ojalá le hubiera matado -acotó Killer Bee- Sólo le disparó en la nariz...

-Dios mío, le disparé en...

-La estás haciendo preocupar, Bee -refunfuñó Asuma.

-¿Le he volado la nariz del rostro a ese pobre hombre?

-¿Pobre hombre? -se burló Killer Bee-. Es el mismo demonio. ¿Sabe qué hubiera pasado si...

-El maldito aún tiene la nariz -aclaró Asuma. Miró a su amigo con el entrecejo fruncido-. Deja de preocuparla, Bee -le ordenó antes de volverse hacia Hinata-. Sólo le hizo un pequeño agujero en la nariz, eso es todo.

-Ha salvado el día, Hinata -le dijo Killer Bee.

El comentario la alegró considerablemente.

-He salvado el día, ¿verdad?

Ambos hombres asintieron con la cabeza.

-Mi personal sabe... -interrumpió su pregunta cuando ambos volvieron a asentir con la cabeza-. Bueno, ahora ya no pueden pensar que estoy maldita, ¿verdad?

Antes de que pudieran responderle esa pregunta, ella les formuló otra.

-¿De qué detalles debe ocuparse Naruto?

-Represalia -le anunció Killer Bee-. Será ojo por ojo, Hinata. Ellos nos iban a matar..

No terminó su explicación. Lady Hinata salió corriendo del camarote. Killer Bee y Asuma la siguieron.

Naruto estaba junto al timón. Los piratas que habían tratado de apoderarse de su barco estaban alineados en la cubierta, rodeados por los hombres de Naruto.

Hinata corrió junto a su esposo. Le tocó el brazo para que la atendiera. Él no la miró sino que siguió mirando al líder de los piratas que se encontraba a unos pasos.

Cuando Hinata miró al hombre retrocedió instintivamente. El villano estaba sosteniendo un trapo contra su nariz. Ella quería decirle que lamentaba haberle lastimado. También quería recordarle que todo era culpa de él, ya que si no la hubiera golpeado, la pistola no se hubiera disparado.

Naruto presintió su intención. La tomó de un brazo y la acercó a él.

-Regresa abajo -le ordenó con un tono suave, pero que indicaba que no se atreviera a discutir.

-No hasta que me digas qué vas a hacer con ellos -le respondió.

Naruto podría haber suavizado la verdad si no hubiera mirado a su esposa. Tan pronto como vio la hinchazón en su rostro se volvió a enfurecer.

-Los vamos a matar.

Se volvió hacia su tripulación antes de volver a ordenarle:

-Regresa a nuestro camarote, Hinata. Terminaremos en unos minutos.

Ella no iría a ninguna parte. Se cruzó de brazos y endureció su postura.

-¡No los matarás!

Hinata gritó esa orden y llamó la atención de su esposo. Y su ira.

Parecía que quería matarla.

-Por supuesto que lo haré -replicó Naruto con un gruñido.

Hinata oyó varios gruñidos de aprobación de los hombres de Naruto. Estaba a punto de repetir su desaprobación, pero de pronto Naruto le tocó suavemente el rostro. Se inclinó un poco y susurró:

-Él te ha hecho daño, Hinata. Tengo que matarle.

Para él tenía sentido, y pensó que había sido perfectamente razonable al explicarle su determinación. Sin embargo, ella no comprendió. Lo indicaba la expresión de incredulidad de su rostro.

-¿Quieres decir que matarías a todos los que me han golpeado? -le preguntó.

A Naruto no le importó la censura de su voz.

-Así es.

-Entonces tendrás que matar a la mitad de mi familia -te contestó.

Realmente no tendría que haber dicho eso. Él se volvió a enfurecer. Sin embargo, su tono fue sorprendentemente suave cuando le respondió.

-Dime los nombres, Hinata, y yo me vengaré. Te lo prometo. Nadie toca lo que me pertenece.

-Sí, mi señora -gritó Kiba-. Vamos a matar hasta el último de estos malditos. Es nuestro derecho -agregó.

- Kiba, si usas otra blasfemia en mí presencia, te lavaré la boca con vinagre.

Miró fijamente al marinero hasta que éste asintió con la cabeza, y luego se volvió y vio que Naruto estaba haciendo una mueca.

- Naruto, tú eres el capitán. Sólo tú puedes tomar esta importante decisión. Como yo soy tu esposa tendría que poder Influir en ti, ¿verdad?

-No.

Era un obstinado, pensó Hinata.

-¡No lo permitiré! -gritó. Tenía ganas de pisarle un pie-. Si los matáis, no seréis mejores que ellos. Seréis villanos como ellos, Naruto, y como yo soy tu esposa, también seré una villana.

-Pero mi señora, somos villanos -le aclaró Chōji el Terrible.

-No somos villanos -replicó Hinata-. Cumplimos con la ley, somos ciudadanos leales a nuestra corona.

Finalmente, la angustia de Hinata penetró la furia de Naruto.

La tomó de los hombros.

-Bueno, Hinata...

-No uses ese tono condescendiente conmigo. No me vas a tranquilizar para que permita un asesinato.

Naruto no estaba de humor para tranquilizar ni para discutir, pero sabía que tenía que enviarla abajo antes de que diera rienda suelta a su furia. Pensó en ordenarle a Killer Bee que la bajara, pero luego cambió de idea y ejecutó un plan de acción alternativo.

-La democracia prevalecerá en esta circunstancia -anunció-. Dejaré que los hombres voten, Hinata. ¿Eso te tranquilizará?

Estaba preparado para una discusión antes de que ella cediera, y se sorprendió cuando ella asintió de inmediato.

-Sí, eso me tranquilizaría.

-Bien -le respondió y se volvió hacia su tripulación-. Todos los que estén a favor..

Las manos ya estaban levantadas cuando Hinata interrumpió.

-Un minuto, por favor.

-¿Y ahora qué? -gruñó Naruto.

-Tengo algo que decirle a mi personal antes de que voten.

-Maldición.

- Naruto, ¿he salvado o no el día?

Esa pregunta le encontró desprevenido. Hinata Aprovechó la ventaja.

- Bee ha dicho que yo salvé el día. Ahora me gustaría escuchar que tú también lo admites.

-Yo tenía un plan -comenzó Naruto-. Pero... maldición, Hinata, sí -agregó con un suspiro-. Tú has salvado el día. ¿Ya estás feliz?

Ella asintió con la cabeza.

-Entonces vete abajo -le volvió a ordenar.

-Aún no -le respondió. Se volvió y le sonrió a la tripulación. No pudo evitar darse cuenta de lo impacientes que estaban los hombres. Sin embargo, no la disuadirían-. Todos ustedes saben que yo fui quien desató a Naruto -gritó. Comprendió que esa afirmación era un poco petulante y también hacía parecer un poco incapaz a su esposo-. Aunque, por supuesto, él se habría desatado solo si yo no le hubiera ayudado, y tenía un plan...

- Hinata -le dijo Naruto con un tono de advertencia.

Ella dejó de divagar, irguió los hombros y dijo:

-Y le disparé a su líder, aunque debo admitir que no quería herir al hombre. Ahora tendrá una cicatriz durante el resto de sus días, y eso sería suficiente castigo para cualquiera.

-¡Fue un golpe suave! -gritó uno de los hombres-. ¡El disparo salió limpio por su nariz!

-¡Tendría que haberle volado la cabeza! -gritó otro.

-¡Sí, por lo menos tendría que haberle dejado ciego! -gritó otro.

Eran unos sanguinarios, pensó Hinata. Respiró profundamente y lo volvió a intentar. Agitó la mano en dirección al líder de los piratas y dijo:

-El hombre ya sufrió suficiente.

-Sí, Hinata -afirmó Asuma con una mueca-. Se acordará de ti cada vez que quiera limpiarse la nariz.

Todos los hombres se rieron. Luego Kiba avanzó un paso amenazadoramente. Tenía las manos en las caderas cuando gritó:

-¡Ya no pensará más en nada! ¡Ninguno de ello!. ¡Serán carnada para los peces si la votación sale como yo pienso!

La vehemencia de su tono desalentó a Hinata. Retrocedió instintivamente hasta que quedó literalmente apoyada contra el pecho de su esposo.

Naruto no podía verle el rostro, pero sabía que tenía miedo.

Sin pensar en por qué lo estaba haciendo la tomó de los hombros. Ella apoyó el mentón en su muñeca.

Su abrazo alejó el miedo. Miró a Kiba y le dijo:

-¿Nació con una disposición tan huraña, señor?

El marinero no tenía una respuesta preparada para esa pregunta, así que se encogió de hombros.

-Está bien -gritó Hinata-. Voten -alejó el brazo de Naruto y dio un paso hacía delante-. Sólo recuerden -agregó rápidamente cuando las manos ya estaban levantadas-, que me sentiré muy decepcionada si alguno de ustedes vota en favor de la muerte. Muy decepcionada- agregó con un tono dramático-. Por otra parte, si votan arrojar al villano al agua y que regrese nadando a su barco, me sentiré muy complacida. ¿Han comprendido mi posición?

Observó a su auditorio hasta que cada hombre asintió con la cabeza.

-¿Eso es todo? -preguntó Naruto con incredulidad-. ¿Eso es todo lo tienes que decir para convencer a los hombres?

Le sonrió. Ella también.

-Sí, Naruto. Ahora pueden votar. Aunque creo que tú no deberías votar.

-¿Por qué no?-le preguntó.

-Porque no estás pensando equitativamente.

La expresión de su rostro indicaba que no había comprendido.

-Sabes, Naruto, aún estás muy enojado porque... lastimaron a tu querida esposa.

-¿Mi querida esposa?

Le miró disgustada.

-Yo.

Dios Santo, ella era exasperante.

-Ya sé quién es mi esposa -se quejó.

-Deja que lo decida tu tripulación -insistió.

Accedió para que se retirara. Hinata sonrió cuando se levantó la falda y se dirigió hacia la escalera.

- Hinata, quédese en el camarote hasta que esto haya terminado -le ordenó Asuma.

Sintió la mirada de todos los hombres. Sabía que estaban esperando que se fuera para continuar ,con sus vergonzosas intenciones. Incluso advirtió que Killer Bee había cerrado la escotilla de su camarote, probablemente para que no oyera el horrible sonido.

No se sintió culpable por lo que estaba a punto de hacer. Sus motivos eran tan puros como la nieve. No podía dejar que su personal asesinara a los piratas, no importaba lo cobardes que hubieran sido; y una vez que se hubieran olvidado su furia le agradecerían que ella hubiera intervenido.

Hinata se detuvo cuando llegó a la escalera. No se volvió.

-¿Naruto? -le gritó con un tono agradable-. No voy a esperar en el camarote, pero envía a alguien para que ale informe del resultado de la votación. Quiero saber si me decepcionaré o no.

Naruto frunció el entrecejo ante esa petición. Sabía que ella estaba pensando en algo, pero no podía imaginar qué haría para convencer a los hombres.

-¿Dónde estará esperando, señora? -gritó Killer Bee.

Se volvió para poder ver sus expresiones cuando les respondiera.

-Estaré esperando en la galera.

La mayoría de los hombres comprendió su intención de inmediato. Estaban horrorizados. Naruto le estaba haciendo una mueca.

-No quería recurrir a estas tácticas, pero no dan otra alternativa. Será mejor que la votación no me decepcione.

Algunos de los hombres menos astutos aún no comprendían la amenaza encubierta. Kiba era uno de ellos.

-¿Qué hará en la galera, señora?

Su respuesta fue inmediata.

-Prepararé sopa.

Continuará...