-XI-


"Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. La vida, en realidad, es una calle de sentido único." (Agatha Christie)


La pequeña castaña observaba como el rubio se enfrentaba a Gennai con la espada. Le parecía surrealista todo aquello y no quería que T.K estuviera metido en ello. Tal vez, había pasado los mejores días junto a él, pero estaba en peligro y ella no lo permitiría.


-Debes descansar, Izzy.

-No hace falta, Mimi. Estoy ideando los últimos planes de ataque.

-No servirán de nada si no duermes un par de horas –dijo la chica poniéndose delante de la pantalla del informático-. No es bueno para tu salud.

-En serio, estoy bien. Juro que cuando acabe esto lo dejaré.

-Siempre dices lo mismo, genio.

Esta vez fue la voz de Tai la que interrumpió a los dos.

Venía con Gennai, Davis, Matt, Cody y Ken. Todos con caras muy serias.

-Lo siento, Mimi, pero debemos pedirte que nos dejes solos. Tenemos algo que hacer, y el genio debe ayudarnos –fue Davis quien habló.

La joven asintió y sin rechistar salió de aquella habitación.

-¿Qué necesitáis, chicos?

-Que nos ayudes a planear una táctica contra el enemigo. Debemos estar preparados y, por eso, nos reunimos –explicó Ken.

-Tenemos muchos compañeros, pero no sabemos a qué nos enfrentamos –habló Cody.

-Piedmon, Puppetmon o Machinedramon son digimons de nivel mega. Deberíamos de enfrentarlos contra Wargreymon, Metalgarurumon e Imperialdramon.

-En eso estoy de acuerdo, Davis. Se podría probar que otros digimons intentaran derrotarles. Tal vez, Magnaangemon lo consiga, Angewomon puede ayudarle.

-Pero eso quiere decir, que por ejemplo Armodillomon o Hawkmon no podrán evolucionar más que al nivel campeón.

-Es necesario, Cody. Los dos ángeles son muy fuertes, los necesitamos en esta lucha.

Todos asintieron. Y continuaron pensando.

-¿Qué pensáis del resto de digimons? –preguntó Gennai.

-El problema es que muchos son débiles.-dijo susurrado Tai.

-Nos servirán de ayuda, eso es seguro, pero no podemos mandarlos a una lucha directa contra los enemigos más poderosos.

-Davis tiene razón. ¿Y si los hacemos pasar a un segundo plano? –habló Cody-. Es decir, los digimons más poderosos, irán delante, seguidos de los de nivel campeón. Los de menor nivel pueden crear trampas contra el enemigo o enfrentarse junto a otros digimons a un rival.

-Es buena idea. Solo debemos idear esas trampas –corroboró Izzy-. Pero, dejádmelo a mí. Ken, tú me ayudarás –el nombrado asintió.

-Whamon nos ha informado que el organizará el grupo por mar –informó Matt.

-Tal vez, Zudomon o Submarimon puedan hacerle compañía, ¿no?

-Hablaré con ellos, Davis.

-En un principio, ya tenéis todo listo, solo me queda saber cómo actuaréis vosotros. –indagó el viejo.

-¡Iremos delante! –exclamó el poseedor del valor y la amistad.

Ante aquella respuesta, el viejo no puedo más que reírse. Los elegidos lo miraron con cara de disgusto. En aquel momento, a ninguno de ellos les hacía gracia la situación.

-Vosotros no podéis ir delante. Sí vuestros compañeros digimons y también lo harán Hikari y Takeru que saben defenderse y atacar. Pero vosotros, en esa delantera, iríais para morir.

Todos se quedaron callados. Sabían que tenían razón, pero Tai todavía se negaba a dejar a su hermana frente al enemigo, a pesar que contara con la ayuda de T.k.

-Tendremos que quedarnos detrás y ayudar con las trampas –opinó Cody.

-Mientras no encontremos otra solución, será nuestra única opción. Será mejor que Izzy y yo comencemos a idearlas.

Tai, cabreado, salió de la habitación maldiciendo al anciano y el día que le dio a su hermana un arma. Se maldecía a sí mismo por ser incapaz de defenderla ante tal peligro. Era su hermanita y su mayor temor, desde pequeño, había sido perderla.


-Has mejorado mucho.

La castaña abrió los ojos para encontrarse delante de Patamon y Gatomon. Había estado observando como la joven era capaz de brillar durante mucho tiempo e, incluso, Patamon intentó, temeroso, atacarla, pero no surtió ningún efecto en ella.

-También, lo has hecho con la espada. Seguro que Gennai está muy contento con el progreso que habéis hecho T.k y tú.

-Estoy segura, Patamon. Tengo hambre, chicos, vayamos a cenar que ya es hora.

La Yagami tomó a Gatomon entre sus brazos y el digimon alado se posó sobre su cabeza y juntos bajaron a cenar. Cuando llegó, solo faltaban Izzy y Ken, que llegaron un par de minutos más tarde. Durante la cena dieron a conocer el plan que habían trazado, sin olvidarse de las réplicas de Yolei, Mimi y Sora por no haber participado.

Todos estaban de acuerdo, pero ninguno de ellos mostraba ningún síntoma de felicidad. Todos sabían lo que ocurriría y se preguntaban cuántas bajas supondría aquel enfrentamiento.

La cena transcurrió en un silencio, que solo era roto por los cubiertos al moverse o por los que decidían dejar la sala. Kari fue de las primeras en abandonar la sala, disculpándose, debido a que estaba muy cansada. Tai la miró preocupado, nunca la había visto tan cansada, no físicamente.


Era medianoche y el rubio no podía dormir. Estaba cansado, pero el sueño no estaba de su parte aquella noche. Decidió salir de la habitación para no despertar a Patamon, que dormía pacíficamente. Se dirigió a uno de los balcones, necesita aire puro y era lo único que se le ocurría hacer a esas horas de la noche.

Se sentó en el balcón, escuchando los ruidos de la naturaleza o de algunos digimons de aquellos que habían acudida a la ayuda de los elegidos. ¿Ellos también estaban despiertos por qué temían que llegara el día? Los pensamientos de T.k fueron interrumpidos por una figura frente a él. Era Gennai quien le miraba intensamente, tal vez, intentando saber que pasaba por su cabeza.

-Deberías estar durmiendo, elegido de la esperanza, estás cansado.

-No consigo conciliar el sueño, así que prefiero no estar metido en la cama dando vueltas.

-Así que te gustaría hacer útil, ¿verdad? –Takeru asintió-. ¿Te gustaría entrenar un rato más?

-Sí.

La respuesta fue seca. Cada vez que entrenaba o hacia algo relacionado con ello le entraba el temor de perder a Kari, a la pequeña castaña elegida de la luz. Pensar en ello le helaba por dentro, no quería vivirlo.

Una vez recogidas las armas, salieron del castillo y se alejaron, con el fin de que el sonido no despertara a nadie. Una vez que estaban en el bosque, desenfundaron las espadas y empezaron a enfrentarse. Pasaron minutos y horas, y Gennai se sorprendía que aquel chico no se resignara a dejarlo hasta que amaneciera. Estaba cansado y, si T.k hubiera sido su verdadero enemigo, habría muerto en varias ocasiones. El viejo estaba orgulloso de él, pero también temía por él.

-Es hora de que lo dejemos. Debes descansar aunque sea unas horas. –T.k asintió mientras guardaba su arma-. Debo decirte algo.

-Dígame, Gennai.

-En la batalla sé que la defenderás, pero te tienes que preocupar por defenderte a ti mismo. Ella es poderosa, más de lo que piensas, y sabe defenderse mejor de lo que sabes tú en esta batalla. Luchas por ella, pero debes de sobrevivir por ella. Su camino es indeciso, continuar viviendo, tal vez, pero la muerte le acecha cerca, muy cerca, pero tu destino es distinto, vive. Y, en el peor de los casos, vive por ti, pero vive por ella.

El rubio miró fijamente al anciano. Sus ojos azules mostraban pánico, pero, al mismo tiempo, determinación. Haría todo lo posible por ella. El joven sonrió, se despidió de Gennai y se fue del lugar, dejando al anciano indeciso.


Era las cinco y media, cuando Gennai regresó al castillo. Pensaba que ya nadie estaría despierto, pero se equivocó. La castaña estaba sentada en la sombra de la sala de estar, prácticamente no se la distinguía y, eso era lo que le había ocurrido con T.k, que no le había visto.

-¿Por qué habéis estado entrenando? Debe descansar.

-Comparto tu idea, joven, pero no podía así que decidió hacer algo de provecho.

-Ya…

El silencio se hizo entre los dos. La joven pensaba, mientras Gennai la observaba.

-Tenía algo nuevo para ti, Kari, pensaba entrenarte esta tarde con ello. Pero, si quieres empezar ahora ganarás tiempo.

-Vale, ¿qué es?

-Chica curiosa. Sal fuera, volveré en unos segundos.

La castaña obedeció y salió fuera del castillo. Vio que algunos digimons estaban deambulando por allí o estaban sentados junto a una hoguera. Cuando miró el fuego se percató de que hacía frío, pero decidió permanecer allí. Cinco minutos después, llego Gennai con algo que no se esperaba.

-¿Un arco? ¿Flechas? ¿Quieres que yo aprenda a usar el arco?

-Así es. Quiero prepararte para el combate a corta y larga distancia. Además, seguro que Angewomon se sentirá orgullosa de que sepas utilizarlo tú también.

Kari sonrió ante la última afirmación y miró el arco. Era precioso, de un color blanco brillante que parecía iluminar, con pequeños relieves que eran inscripciones y, también, pudo diferenciar su emblema. Las flechas, en su parte trasera, contaban con plumas blancas, también.

Se alejaron del castillo iluminados por la luz de la luna. Gennai enseño a la castaña a sostener el arco y como lanzar una flecha. Vale decir, que las primeras veces la joven se desesperaba, pero cuando ya había lanzado unas diez flechas parecía mejorar su puntería.

-Eres buena, Hikari. Normalmente a la gente le cuesta más.

-Creo que no tengo tiempo para aprender más despacio.

El viejo se rió ante sus palabras. Sabía que la joven tenía razón y le sorprendía que estuviera tan consciente de ello.

-¿Puedo descansar diez minutos? Luego continuaré, pero deseo hablar con usted –preguntó la joven Yagami.

Gennai miró sus ojos, fuertes y, en parte, se imaginaba sobre que quería hablar. Asintió y ambos se sentaron en la fresca hierba.


-¡Tai! –el grito de Mimi llamó su atención desde el otro lado de la mesa-. No engullas, mastica como las personas normales.

Todos se rieron. El líder nunca cambiaría, eso estaba claro. Se habían levantado animados, preparados para seguir afrontando los hechos con fuerza.

-Debo comunicaros algo, chicos.

La voz de Gennai llamó la atención de los jóvenes que le miraban expectantes.

-Quiero deciros que me gustaría que volvierais unos días a vuestro mundo, que le expliquéis a vuestros familiares la situación y que descanses de verdad antes de que comience la recta final ante el peligro. Podéis llevaros a los digimons con vosotros.

-¿Cuánto tiempo estaríamos fuera?

-Unos cuatro días. Con que volvierais cuatro o cinco días con antelación bastaría.

-Yo creo que es buena idea –afirmó Joe-. Aquí no conseguimos descansar.

-Y nuestros padres estarán preocupados –continuó Sora.

-Debemos contarles que es lo que está ocurriendo.

-Así es Cody. Por tanto, que me decís, jóvenes elegidos.

Miró a cada uno de ellos, recibiendo una señal afirmativa, ya fuera con un gesto o con palabras. Habían crecido y le encantaba las personalidades que habían desarrollado.

-¿Cuándo partimos?

-Pasado mañana.


-¿Cómo vais a explicarle a vuestros padres la situación? –preguntó Gabumon a su compañero y a Tai.

-Ellos no os dejarán volver –fue el dinosaurio digital quien habló.

El Yagami y el Ishida se miraron. Tenían razón, ningún padre dejaría que su hijo se fuera a la guerra. Ningún padre desea que su hijo muera antes que él.

-Les convenceremos, no os preocupéis. Sino habrá que mentirles, no sería la primera vez.

Ambos se echaron a reír. Aquellos dos jóvenes se habían vuelto algo mentirosos con el tiempo. ¿Cuántas veces se habían cubierto las espaldas o habían mentido para hacer alguna de sus travesuras? Eran jóvenes y vivían el momento. Aunque algunas de sus locuras fueron descubiertas por cierta pelirroja que en más de una ocasión les había dado una bofetada a cada uno.


El tiempo corría rápidamente. Izzy, Ken, Cody y Yolei diseñaban trampas para la batalla. Mimi, Sora y Joe atendían a los digimons, mientras Matt, Tai y Davis le enseñaba las tácticas que debían desempeñar durante la batalla. Mientras, Kari y T.k se entrenaban, al mismo tiempo que todos sus compañeros.

El tiempo pasó y en un abrir de ojos estaban de nuevo frente a la pantalla del ordenador que Gennai le había prestado a Izzy.

-En cuatro día volveremos, no nos eches de menos, viejo.

-Nunca cambiaras, Taichi.

-Bueno, vamos allá. Adiós Gennai –se despidió la pelimorada.

Todos se despidieron de él con cálidas sonrisas, o casi todos. Pusieron sus dispositivos frente a la pantalla, como siempre lo habían hecho y comenzaron a ser tragados por la luz.

Fue en el último momento, cuando Takeru miró hacia Hikari, situada a su izquierda, y se dio cuenta de lo que ocurría. Ella había soltado su dispositivo, ella no volvería, aquello era una trampa. Alargó su brazo para tomar el de la castaña, pero no lo consiguió, era tarde. Lo último que vio antes de ser absorbido fueron aquellos ojos color miel, pero esta vez, adornados con lágrimas, muestra de temor y angustia.


Fueron segundos, lo que transcurrió en la vuelta al mundo real de sus compañeros. Pero los suficientes para dejarlos fuera de juego. Gennai ejecutó un programa que bloqueaba la puerta al mundo digital y que solo se podía deshacer desde aquel mundo. La mirada de Kari, llena de lágrimas, estaba perdida, Gennai la observaba con tristeza, mientras Gatomon no sabía como apoyar a su amiga.

-¿Estás segura de esto?

-Sí, Gatomon –se secó las últimas lágrimas que se le habían escapado-. No puedo obligarles a afrontar esta lucha en la que en realidad no tienen nada que ver. Ni siquiera todos los digimons que están ahí afuera deberían estar. Si quiere que se enfrente a mí, pero que nunca haga sufrir a los demás.

Gennai y Gatomon no sabían que decir. Estaban mudos, nunca pensaron que aquello estuviera pasando, que aquella joven tomaría una decisión como aquella. La castaña salió del castillo e hizo lo único que se le ocurrió para despejar su mente. Usar el arco.


Segundos era lo único que separaba un mundo del otro. Takeru cuando volvió a abrir los ojos se encontraba en casa de Matt, donde abrieron la puerta. Rápidamente, quitó de delante a sus amigos y puso su D-3 frente a la pantalla del ordenador, pero no funcionaba, la puerta estaba cerrada.

Impotencia. Vacío. Miedo. Aquello era lo que sentía. Kari, su querida castaña, les había tendido una trampa y el no se había dado cuenta. Golpeó la mesa y las lágrimas comenzaron a correr por sus ojos. El resto le miraba, en un principio sin saber el motivo del comportamiento.

Tai fue el siguiente en reaccionar. Intentó abrir la puerta con su dispositivo, pero fue imposible. La desesperación se adueñó de él y cayó al suelo maldiciendo todo lo que podía. El resto, comenzó a darse cuenta de lo que ocurría: Kari no estaba allí, no había vuelto y la puerta no se abría. Yolei lloró como nunca lo había hecho en su vida ante la falta de su amiga. Pero, no fue la única, también, Sora, Mimi, Davis e, incluso, algunos digimons como Patamon o Agumon.

-Los malditos amos oscuros, la asquerosa oscuridad, nos han engañado. Nos han eliminado de la batalla –fue Ken quien habló sin creer que todo aquello estaba ocurriendo.

-No –aquella única palabra sorprendió a todos-. No ha sido la oscuridad –todos lo miraron expectantes-. Ha sido ella, su propia decisión. Nos ha dejado fuera porque no quería que pasáramos por aquella guerra.

Todo estaba claro. Hikari había actuado haciendo caso a lo que dictaba su corazón. No los quería poner en peligro y, ahora, estaban fuera de juego. Probablemente, la lucha había terminado para ellos. El digimundo dependía de la elegida de la luz, tal vez, el resto no la volviera a ver, ni a ella, ni a ese mundo que tantas aventuras les había brindado.

GAME OVER.


Pues antes de lo que esperaba he vuelto con un nuevo capítulo. Pero, no creo que vuelva a actualizar hasta después de mis exámenes, allá por junio o julio. Gracias por vuestros reviews, me animan mucho a continuar la historia! :)

¿Qué les pareció la actitud de Kari?

Espero con muchas ganas vuestros comentarios. Yo me vuelvo a continuar estudiando.

Hasta la próxima. Cuídense! :)