Sinopsis: Algún día Hinata quería encontrar a alguien especial en su vida. Alguien a quién abrazar, besar y calentarse en sus brazos. Hinata sólo quería amar alguien y alguien que la amará, también. Tal vez algún día aquello podría hacerse realidad. Pero mientras tuviera a Shino y a Kiba a su lado, aquello no la molestaba.
Género: Friendship/romance.
Pareja: NH
Tal vez algún día
11.
Tal vez era hora de aceptar verdades negadas y aclarar sentimientos confundidos.
Los cuatro amigos reían mientras contaban anécdotas que habían vivido ese semestre que ahora finalizaba.
—Pero, aquí la gran novedad es nuestro amigo Naruto —bromeó Kiba mirando al rubio con una sonrisa burlona.
—¿Yo? —Se señaló Naruto sin entender— ¿Por qué yo?
—Claro —continuó diciendo Kiba, regalándole a Naruto un golpe en el hombro—. Eras descuidado, pésimo con los animales a quienes por cierto hacías escapar de sus jaulas sin saber cómo diablos lo hacías, para que todo quedará en desastre y como si un tornado hubiera invadido el laboratorio —con cada palabra del Inuzuka, Naruto se hundía un poco más en su asiento, pensando en lo terrible que fue al inició del cuidado de todos los animales del laboratorio de veterinaria y en su amistad con los otros tres—. Sabes que llegaste a fastidiarme verdaderamente.
—¿En serio? —preguntó el rubio, sobándose el hombro; parecía que Kiba lo consideraba como su saco de boxeo personal y ahora ya entendía porque.
—Así es —asintió Kiba, cruzado de brazos— de verdad me caías como una patada al hígado —se sinceró el Inuzuka.
Incrédulo de las palabras del otro y de la evidente tirria que le tenía, Naruto se preguntaba cuanto tiempo no había pensado el Inuzuka saltarle al cuello, el rubio se volvió a los otros dos, para que lo negarán.
—¿Es cierto? —Hinata y Shino asintieron, haciendo que Naruto se sintiera peor.
—Además —enfatizó Kiba, haciendo que Naruto bajará la cabeza, ¿qué más le sacaría en cara Kiba? —. Además que eres un buena persona y buen amigo —continuó Kiba, sorprendiendo a Naruto que le miró algo incrédulo. Miró a los otros dos: Shino alzó un pulgar aprobando aquellas palabras mientras Hinata sonreía y veía orgullosa la actitud de Kiba con Naruto, sintiéndose feliz de los amigos que tenía a su lado.
Riendo Naruto, se sintió más alegre y entendió que pese a las torpezas y tonterías que había hecho con anterioridad, todos ellos lo aceptaban por quien era.
—Y, ahora que termina el semestre, ¿qué piensan hacer estas vacaciones, ttebayo? —preguntó más alegre.
—Ayudaré en la universidad con el laboratorio de animales —contó Kiba.
—Adelantaré algunas materias—dijo Shino acomodando sus lentes oscuros.
Naruto se alegró ya que él mismo planeaba hacer lo mismo que Shino y no quería perder el contacto con ninguno de ellos en las vacaciones, así que se volvió a Hinata con una sonrisa.
—Y, tú, ¿Hinata? —Preguntó, ansioso y tratando de evidenciar su evidente interés en lo que haría la Hyuga en sus vacaciones. Después de todo un amigo podía preguntarles a sus amigos cuales era sus planes sin más interés que el que hacía la pregunta. Nadie le podría culpar por querer saber, ¿no?—, ¿también vendrás a la universidad en las vacaciones?
—En verdad, haré un viaje con mi familia apenas terminen las clases —comentó Hinata y Naruto sintió como su sonrisa alegre se borraba lentamente de su rostro con esa noticia.
—¿Te vas? —preguntó, decaído.
—Pero regresaré algunos días antes que inicie un nuevo semestre—aclaró ella, para que no pensará que ella se iba para siempre—. No será mucho tiempo.
—¡Sólo dos meses, nada más! —Naruto se levantó de su asiento y se fue molesto, sin poderlo evitar. Los demás lo miraron, confundidos.
—¿Qué le pasa? —preguntó Kiba.
Hinata miró el camino que tomó el rubio y negó sin entenderle.
—No lo sé.
Copos de nieve empezaban a caer en la ciudad, mientras la familia Hyuga se alistaba para salir de viaje.
—¿Tienes todo listo en tu maleta, hija? —preguntó Hana, apareciendo en la habitación de su hija mayor.
—Sí, mamá, no te preocupes —sonrió Hinata, sentada en su cama, revisando su móvil. Suspiró y lo guardó en una mochila que llevaría a mano para el viaje—. Ningún mensaje de Naruto —dijo resignada. El rubio había desaparecido desde el día que le comunicó su viaje familiar y no contestaba sus llamadas o mensajes alegando que se encontraba demasiado ocupado en un proyecto final para reunirse con ellos en la hora de almuerzo.
—¡Hinata! —la voz de su padre se oyó desde el primer piso, llamándola—. ¡Llegó el taxi!
—¡Voy! —gritó Hinata en respuesta. Colgó su mochila en su hombro y cogiendo su maleta de la cama en una mano, se fue, cerrando con cuidado la puerta de su habitación.
Con una bufanda azul con rayas blancas, Naruto caminaba un 23 de diciembre rumbo a un centro comercial para compras de último minuto que su querida madre le había obligado hacer, amenazándolo con no darle de cenar su adorado ramen.
—Esa manipuladora —masculló Naruto, ya que su madre sabía cuánto le gustaba comer ramen en esa ocasión y bueno, en todas las demás. Estaba tan metido en sus pensamientos que no notó que un can blanco corrió hacia él, tumbando al suelo lleno de nieve—. ¿Qué es lo que…?
—¡Akamaru! —gruñó Kiba, apartando al perro para que Naruto se levantará—. ¿Estás bien, Naruto? A veces este perro no mide su entusiasmo —miró a Akamaru, con rostro serio haciendo que el perro blanco bajará la cabeza, apenado.
—No te preocupes, Kiba —dijo sin darle importancia—. Estoy acostumbrado al cariño desmedido de Akamaru —acarició la cabeza del can, que movió la cola contento—. A propósito, ¿qué están haciendo por aquí?
—Estábamos comprando algunos regalos para Hinata —dijo Shino mostrándole unas bolsas—. Estará contenta cuando se los enviemos por correo.
Ante la mención de la chica, Naruto corrió el rostro cubriendo su boca fruncida con la bufanda para que no notaran su incomodidad. Le parecía idiota haberse molestado con ella por su repentino viaje y que no se los contará a ellos, a él al menos, pero detrás de su molestia se escondía su tristeza de pasar esas fechas especiales sin ella.
Hinata le había regalado un espectacular cumpleaños cuando estuvo enfermo y ahora que él quería devolverle el favor, la muchacha se había ido, alegando un viaje familiar que no podía posponer. Acaso, ¿nunca podía hacer nada bueno por Hinata? Acaso, ¿no podía darle un gesto noble a la chica más maravillosa, buena y linda de todas las que él conocía?
—Naruto —dijo Shino mostrando un rostro serio—. Sé que estás molesto porque Hinata se fue repentinamente.
—Yo no…—intentó negarlo el rubio, sonrojándose pero el Aburame le miró atentamente, dándole a entender al Namikaze que sabía más que lo que demostraba, haciéndolo sudar de los nervios. Acaso, ¿Shino sabía que él…?
—Te voy a contar.
Kiba intervino.
—Shino, sabes que a Hinata no le gusta hablar de eso —dijo Kiba también mostrándose serio.
—Lo sé —asintió Shino— pero Naruto ahora es nuestro camarada y debería saber.
Todavía en desacuerdo, Kiba se cruzó de brazos pero dejo que el Aburame continuará hablando.
—Naruto, esto es un asunto muy personal y a quien Hinata niega a comentar a cualquiera porque es muy doloroso para que ella quiera recordarlo.
—No diré nada, lo prometo —dijo Naruto con firmeza.
Shino suspiró.
—Verás hace cinco años atrás la madre de Hinata, fue diagnosticada con asma crónica, estaba tan grave que tuvieron que proporcionarle un tanque de oxígeno para que pudiera respirar —Naruto al escuchar a Shino, se horrorizó al pensar en la angustia que debió vivir Hinata al ver en aquel estado a su madre, siendo aún una adolescente—. La señora Hyuga nunca dijo nada sobre su condición ocultándolo a su familia hasta que tuvo que ser llevada de emergencia. Fueron los días más terribles para los Hyuga: Hinata faltó a las clases de la secundaria por un mes cuidando a su madre, el señor Hyuga renunció a su trabajo y acompañó a su esposa en su rehabilitación, la única que parecía no entender nada era Hanabi, la hermana pequeña de Hinata, llorando por su madre, no fue hasta que los médicos decidieron que la única forma que pudiera tener sanar era que viajará a un lugar con un aire más limpio y sin la contaminación de Tokio además de que se alejará del frío de las nevadas que se presentan en invierno.
—¿Por eso se van cuando Hinata termina el semestre? —preguntó asombrado.
Shino asintió.
—Como entenderás, Naruto. Para los Hyuga lo más importante es la familia y Hinata siempre se lo toma en serio, ella siempre quiere cuidar a todo el mundo, incluso si eso interfiere con su propia felicidad.
Naruto asintió pero se quedó pensativo.
—Shino, Kiba, ¿me acompañan al centro comercial?
—¿Para qué? —preguntó Kiba aún desconfiado.
Naruto sonrió, con los ojos brillantes.
—Quiero comprarle un regalo a Hinata.
Hinata estaba tan feliz y algo cansada sentada en un sillón de la sala de aquella pequeña casa que alquilaban cada fin de año para la recuperación de su madre que no escuchó el timbre de su teléfono la primera vez. Toda la mañana estuvo paseando por el zoológico de la ciudad, comiendo fríos helados en aquel caluroso día en aquel pequeño pueblito donde nunca llovía, nevaba o existía un nubarrón y que era conocida como la ciudad donde nunca terminaba el verano.
Al segundo timbrazo, Hinata cogió el móvil; algo agotada.
—¿Una video llamada? —dijo con sorpresa cuando vio la pantalla de su móvil y el número que la llamaba era el de Naruto. Decidió buscar un lugar más silencioso cuando las risas de sus familiares recién llegados por su cumpleaños se escucharon en la cocina.
Apretó el botón de contestar y el rostro sonriente de Naruto fue lo primero que vio.
—¡Feliz cumpleaños, Hinata-chan! —fue lo primero que dijo Naruto al verla a través de la pantalla del móvil haciéndola sonrojar.
—Gracias, Naruto.
—¿Qué tal las cosas por allá? ¿Todo bien? —Unas risas de fondo y música se escuchaba a través del móvil—. Parece que la estás pasando bien —Naruto alzó las cejas de forma insinuante.
—¿Qué? No es lo que crees —se sonrojó Hinata— algunos tíos lejanos han llegado a visitarnos y ellos están haciendo su propia fiesta.
Naruto rió.
—Ya se, ya sé, sólo te estaba tomando el pelo, ttebayo.
—Ja, ja, ja, muy gracioso.
—Lo sé —se ufanó Naruto.
Ambos se miraron sonriéndose hasta que Hinata recordó algo.
—A propósito mira lo que llevó puesto —Hinata le mostró un collar con un dije en forma de media luna, haciendo sonrojar esta vez al rubio.
—¿Tienes el collar?
—Sí, llegó hoy en la mañana. ¡Esta precioso, Naruto! —dijo ella emocionada—. Gracias.
—Ya sabes —dijo él acomodándose mejor en la cama de su habitación y sonriendo algo nervioso sin confesarle el tiempo que le tomó elegir el regalo perfecto para ella y haciéndole perder la paciencia a Kiba ese día. Entonces, Kurama, su perro color canela, saltó encima de su cama, inquieto—. No, Kurama, basta. Vas a babear la pantalla.
—¿Ese es Kurama? —Preguntó Hinata enternecida— está muy crecido.
—Aja, aquí el rufián parece que quiere enviarte saludos —Naruto movió un poco el móvil enfocando a Kurama que ladró contento viendo a la Hyuga.
—Yo también me alegró de verte, Kurama —sonrió Hinata.
Naruto volvió a enfocarse así mismo.
—¿Y cuando vuelves? —preguntó pasándose la mano por la nuca.
—En quincena de enero a más tardar —dijo Hinata algo desanimada— ¿Cómo van las cosas por allá? ¿Tus padres se encuentran bien? Shino aún no ha matado a Kiba por sus tonterías.
Naruto volvió a sonreír. Conversar siempre con Hinata le ponía de buen humor, escucharla contarle sus vivencias al lado de sus padres y sobre todo la preocupación que demostraba siempre por las personas que le importaban antes que de sí misma, le hacía admirarla más cada dia, desde que la conocía.
—Mis padres están bien, bien locos, pero bien y no, Shino sigue conteniendo sus instintos asesinos con Kiba —Naruto se puso algo serio— Hinata respecto a lo que sucedió el otro día, yo…me porté como un idiota, lo siento.
Hinata lo miró algo asombrada.
—Por favor no estés molesta conmigo.
—No lo estoy, Naruto —dijo Hinata con sinceridad— sólo que no me gustó que ignorarás mis llamadas.
—Lo siento —repitió Naruto.
Hinata negó.
—Eso ya no importa. Yo no estaba molesta, sólo me sentí un poco triste pero no molesta.
—¿De verdad? —preguntó Naruto regresando a su alegría habitual.
—De verdad —aseguró Hinata con una sonrisa—. Pero no vuelvas a ignorar mis llamadas, realmente eres alguien especial para mí, Naruto y no me gustaría perderte.
Naruto se quedó en blanco, sin saber que contestar ante aquellas palabras mientras un evidente sonrojo empezaba a oscurecer su rostro y su cuello.
—¡Hinata! —Apareció Hanabi, irrumpiendo la conversación que tenía Hinata con Naruto en medio de un pasillo de la casa—. Mamá dice que tienes que cortar el pastel, deja de hablar con tu novio y ven a la cocina.
—¡Hanabi! —Protestó Hinata, mirando a su hermana molesta por interrumpir su conversación con Naruto—. Lo siento, Naruto; mi hermana es un tanto… ¿Qué estás haciendo? —preguntó al ver al rubio cubriéndose el rostro con una almohada, totalmente sonrojado.
—Yo…—apartó la almohada, pero no supo que contestar.
—¡Hinata! —escuchó el llamado de su padre y supo que tenía que acudir.
—Lo siento, Naruto. Debo irme, por favor saluda de mi parte a Shino y a Kiba. También a tus padres y a Kurama-chan.
—Sí, lo haré, no te preocupes.
—Te llamaré luego. Adiós, Naruto.
—Adiós, Hinata.
La chica sonrió una última vez antes de cortar la llamada.
Naruto suspiró y abrazó a la almohada que tenía a su lado, con una sonrisa.
—Creo que ya no puedo negarlo —dijo Naruto mirando a Kurama que lo observaba—. Me gusta Hinata y me gusta mucho, ttebayo.
NOTAS
Al fin Naruto aceptó sus sentimientos por Hinata, ahora, ¿qué hará para conquistarla? ¿Y Kiba y Shino? Seguro que cuando se enteren querrán matarlo.
Maldito internet, que se fue la conexión durante todo el día y no pude publicar nada el domingo, lo único bueno de esto, es que habrá dos capítulos seguidos este lunes y martes.
