Capitulo 11.
Sam pasó el día siguiente otra vez en las nubes, meditando lo ocurrido en la tienda de ropa y las palabras de Dean. Después de tantos días había conseguido que su hermano hablara con él. Ahora tenía que procesar y examinar sus palabras con lupa. Así era Sam, no podía evitar analizarlo todo. Miro a su hermano sirviendo y sonrió. Dean era un poco marmolillo a la hora de expresar sus sentimientos, lo que había obligado a Sam a leer entre líneas desde muy pequeño.
Un alboroto proveniente de la entrada del bar le hizo desviar la mirada. Sam suspiro, desanimado. Ay, dios… hay estaban otra vez esa panda de celestinas conspiradoras. Su hermano las saludo desde el otro extremo del local, sonriendo y Sam hizo una mueca. Desde que llegaron a ese lugar, ese grupo se había hecho asiduo del local, viniendo incluso tres veces al día y siempre acababan charlando y riendo con su hermano e invitándolo a toda clase de fiestas, salidas y comidas a las que Dean terminaba aceptando y arrastrando a Sam con él. Y si el pequeño no recordaba mal, esa noche tocaba ir a la feria local. Volvió a suspirar. Estaba cansado y quería pasar una noche tranquilo sin hacer nada. Pero al mayor se le había metido en la cabeza salir todas las noches.
Las chicas hicieron una señal a su hermano y este se acerco a su mesa sin prisas. Estuvo un rato con ellas, charlando y riendo de algo que las muchachas le enseñaban. Dean se volvió hacia Sam y le hizo un gesto para que se acercara.
- ¿Qué pasa? – le pregunto el pequeño después de saludar al grupo. Dean se limito a enseñarle unas fotos que tenia en las manos, riendo. Sam parpadeo sorprendido al verlas y se las arrebato. - ¡No puede ser! ¿Cuándo coño habéis hecho estas fotos? – en varias de las fotos se les veía en el bar, trabajando, a Dean cogiéndole por la espalda, en la barbacoa besándose, en el probador…
- Lo siento, tío. Es que tengo complejo de paparazzi. – se disculpo la pelirroja del grupo, riendo a carcajadas. – Si te sirve de consuelo, solo he sacado copias para tu chico. Se lo prometí a la fuerza, bajo amenaza de matarme lentamente… - el mayor cogió las fotos otra vez y se las guardo en el bolsillo del pantalón.
- Y yo que te lo agradezco. Solo espero no ver las fotos colgadas en la red o algo por el estilo. Ya os comente que no nos conviene mucho la publicidad.
- Nah… como mucho será para uso y disfrute personal, descuida.
- ¿Y para que vas a querer tú nuestras fotos? – pregunto Sam confundido. Las chicas rieron.
- Inocente criaturita… - murmuro la joven, que se volvió a mirar a Dean. – No me extraña que te guste tanto… es adorable, tan inocente…
- Ya vale, ¿no? – bufo Sam. Dean rio.
- Bueno… ¿listos para ir esta noche a la feria? Recuerda que nos prometiste conseguirnos un peluche en el puesto de tiro. – el mayor le dio un golpecito en el hombro a su hermano.
- Tranquila, que eso se nos da bien a los dos, ¿verdad Sammy? – el aludido bufo y se marcho hacia la barra otra vez. Dean se volvió hacia las chicas. – Hablando de peluches… ¿os he contado que Sam me regalo un osito para mi cumpleaños? – Sam gimió al oír a las chicas dar grititos de emoción. Iba a matar a su hermano.
La feria resulto más divertida de lo que Sam esperaba. Lo mejor fue la competición que hicieron los hermanos en la caseta de tiro. Se picaron a ver quien conseguía mas blancos acertados y, tras veinte minutos sin fallar ninguno, el dueño les suplico que pararan de una vez, que les daba lo que quisieran, pero que por favor lo dejaran que acabarían por arruinarle. Así Dean cumplió su promesa de regalar un peluche a cada chica del grupo a parte de conseguir uno para Sam, que lo llevaba debajo del brazo muerto de risa por el capricho de su hermano.
Lo peor vino poco después, cuando el grupo se separo un instante. Dean se rezago con dos de las chicas, mirando un llavero en un puesto y Sam siguió andando con el resto del grupo. Todo iba normal y bien hasta que se cruzaron con un numeroso y muy borracho grupito de niñatos que se acercaron hasta ellos y empezaron a molestar a las chicas. Uno de ellos incluso agarro a una de las chicas del brazo para llevársela. Sam, como buen chico y buen Winchester que era, se metió por medio y ahí se formo el lio.
Cuando empezaron los primeros gritos y se formo el jaleo, Dean maldijo mentalmente. Se volvió despacio, casi con miedo de que se confirmara lo que él ya intuía. Volvió a maldecir, esta vez en voz alta. Como se temía, vio a Sam en medio de seis tíos dándose de puñetazos. Genial. Simplemente genial.
- Oye… ¿no deberías echarle una mano? – Dean suspiro. Si, debería. De hecho sus instintos de hermano mayor clamaban por ir allí y quitarle a todos esos niñatos de encima. Su instintos de cazador le decían que le dejara pelear solo, que no eran más que unos niñatos, que su hermano era mucho más fuerte que ellos y que eso solo era un juego para él.
- No. No, hasta que vea que la cosa se pone seria. No necesita mi ayuda para esto, ya es mayorcito. – las chicas intercambiaron una mirada y se encogieron de hombros.
- ¡Cosas de tíos! – mascullaron las chicas.
Dean se acerco lo justo para intervenir si lo veía necesario o si su hermano le pedía ayuda y no se perdió detalle de la pelea. Arqueo una ceja al ver la expresión de Sam. Estaba divirtiéndose. El muy cabron…
- Joder con el niño… con esa carita de bueno que tiene, engaña que da gusto… - comento una de las chicas cuando Sam dio un rodillazo bien doloroso en el estomago a uno de los niñatos.
- Yep. Digo yo que con esos puños tan grandes que tiene, un puñetazo suyo debe doler un montón. – Dean sonrió orgulloso.
- ¡Ey, Sam! ¿Vas a terminar antes de navidades? – el pequeño soltó una carcajada. La mitad de los niñatos estaban ya o en el suelo o saliendo por piernas del lugar.
- Creo que terminare para la cena. – la pelea a un duro unos minutos más, con las chicas animando a Sam en plan animadora de instituto, en pleno cachondeo, hasta que llego la policía al lugar. Dean se tensó y voló hasta donde estaba su hermano.
- ¡Tío! ¡La poli! ¡Corre! – le grito, agarrándole del brazo y arrastrándole lejos de allí. No pararon de correr hasta llegar a su habitación, donde les dio un ataque de risa de puro nervio.
- ¡Joder! – consiguió decir Dean, secándose las lagrimas producidas por la risa. – Por poco nos pillan y por unos niñatos. ¡Eso tendría delito!
- Si. Sería vergonzoso, vamos. – Sam hizo una mueca al sonreír y el mayor se fijo entonces en que tenía un labio partido, un corte en la mejilla y un ojo en claro peligro de ponerse morado.
- ¡Que cabrones! – murmuro cogiéndole el rostro y examinándoselo con cuidado. – Solo por esto desearía tener mi pistola y liarme a tiros con todos ellos por osar tocarte. – Sam sonrió.
- Vamos, tío. Tampoco es para tanto. Solo son un par de golpecitos de nada. – dijo, tratando de quitar hierro al asunto. Dean se había puesto mortalmente serio y eso no era bueno. Era un alivio saber que no estaba armado. - ¿Por qué no me traes el botiquín para que me cure esto? – Dean se levanto gruñendo un "¡Lo curo yo!" que hizo reír al pequeño.
Cuando volvió con el botiquín, se sentó en la cama, frente a Sam y empezó a limpiarle las heridas con sumo cuidado. A cada gesto de dolor del pequeño, a Dean se le escapaba un siseo.
- Tenia que haber intervenido. – soltó mientras le limpiaba el corte de la mejilla.
- Sabes que me habría enfadado. Podía con ellos. – replico Sam con calma. Dean le acaricio la mejilla sana con el pulgar.
- Ya. Pero ahora no tendrías la cara como un mapa. – Sam sonrió, cerrando los ojos al sentir la caricia.
- No seas exagerado. No me han hecho tanto. – un suspiro se le escapo cuando los labios del mayor se posaron sobre la herida de la mejilla y su cálida lengua lamia el corte. Dean bajo dando pequeños besos por su cara hasta llegar a los labios y los beso con cuidado. Sam casi gimió. Su hermano le estaba besando demasiado despacio, demasiado suavemente, demasiado sensualmente, demasiado… demasiado para que el pequeño pudiera soportar mucho tiempo la tortura, antes de agarrarle de la nuca y profundizar el mismo el beso, casi con desesperación.
Batallaron por el control del beso por lo que les pareció horas. Sam se afano en desabrochar la famosa camisa negra hasta poder quitársela y soltó un suspiro de placer al tocar al fin la piel del mayor. Dean le fue recostando en la cama, cuando consiguió librarse de la camisa de Sam y le beso el cuello, clavando los dientes ahí donde sentía el pulso acelerado del pequeño, deslizando sus manos hasta los vaqueros y desabrochándoselos. Sam gimió, cerrando los ojos, cuando Dean empezó a masturbarle con lentitud.
- Sammy… - susurro Dean besándole levemente en los labios, con la respiración acelerada por la excitación. – Abre los ojos, Sammy. Necesito que me mires. – el pequeño obedeció y se quedo atrapado en los intensos ojos verdes de Dean. Ojos que parecían hablar a gritos lo que probablemente su dueño no diría jamás. Ojos que le transmitían un cariño, una ternura, un amor y una pasión tan grandes, que le cortaron la respiración.
Hizo lo único que podía hacer. La única forma que encontró de responder a aquella declaración silenciosa. Le beso con todo el amor y el cariño que sentía por Dean, hasta que este sonrió en el beso con lujuria y le aparto para deshacerse de los pantalones de ambos, que a estas alturas molestaban y mucho. Sus erecciones se rozaron cuando el mayor se coloco sobre Sam, arrancándole a ambos un gemido de placer. El pequeño le volvió a besar, incitándole. La ropa interior desapareció, lanzada hacia alguna parte de la habitación. Los dedos de Dean le invadieron y Sam dio un respingo por la sorpresa y el dolor repentino, pero su hermano le beso tan apasionadamente que el pequeño se olvido hasta de su nombre. Le acaricio la espalda, clavándole las uñas, arañándole. El movimiento acompasado de los dedos del mayor casi le llevaron a la locura. Dean le mordió el hombro, justo en el momento en que sustituía los dedos por su miembro y se introducía con terrible lentitud en su hermano. Un rugido ronco le subió desde el estomago hasta la garganta por la presión y las ganas de moverse. Apretó los dientes y respiro sofocadamente en el cuello de Sam. Este se movió debajo de él y le beso en la mandíbula, dándole un mordisquito. El mayor rio y comenzó a moverse dentro de el, despacio al principio, mas rápido después cuando la excitación empezó a recorrerles.
Sam gruño el nombre de su hermano al llegar al orgasmo. Dean le siguió segundos después y le miro divertido a los ojos cuando Sam frunció el ceño.
- Por el amor del cielo, dime que no te va a dar ahora por querer hablar de esto…
- No. Ahora precisamente no estoy para hablar de nada. – contesto el pequeño riendo.
- Genial. Porque yo tengo otros planes más interesantes…
Continuara...
