En nuestra escuela, somos los alumnos los que nos tenemos que encargar del mantenimiento del aula. Los limpiadores sólo se encargan de las zonas comunes. La directora cree que es una buena forma de disciplina para los alumnos, así que cada semana nos rotamos para limpiar por parejas. Barremos, fregamos el suelo, las mesas, las ventanas, sacudimos el borrador y escribimos un informe con las incidencias del día para nuestro tutor.

Las parejas son fijas. Cuando llegué al instituto por primera vez pensé en elegir a Madge, pero Finnick también me lo pidió y Madge sugirió que fuera con él. Así podríamos discutir sobre el club mientras limpiamos y recuperar nuestra confianza de antaño.

Esta semana es nuestro turno, así que tras las clases, una vez que todos los alumnos se han ido comenzamos a limpiar. Finnick sigue raro, muy serio y no bromea como él siempre hace, pero a él le gusta que le dejen su espacio. Cuando se sienta listo para contar qué le sucede, lo hará.

- ¡Uf! ¡Estoy molida! -digo tras terminar de limpiar el cristal de la última ventana.

El sol está bajo en el cielo, mandando destellos cálidos y anaranjados a la clase. El cielo está muy bonito al atardecer. Es una de las cosas que me gustan de cuando me llega el turno de quedarme a limpiar. Durante el día no se pueden ver momentos así.

- ¿Ya terminaste con las ventanas? -dice limpiando una silla con un trapo y poniéndola patas arriba sobre la mesa-. De acuerdo, dame un minuto y comenzamos con el informe.

- No nos llevará mucho. Hoy nadie ha faltado aunque... ahora que lo recuerdo, Anna Reynolds ha llegado tarde a clase de literatura.

Anna...

Eso me hace recordar a Annie.

Llamó por teléfono a Peeta esta mañana, escuché la melodía de su celular desde mi habitación. Creo que quiere volver con Peeta. Me pregunto qué pensará él de todo esto. ¿Acaso tuvieron una pelea y cortaron? ¿O quizá se metieron otras personas de por medio?

Solo estuvieron saliendo tres meses, pero Peeta no parecía recordarlo con rencor. Y parecían seguir teniendo una buena amistad.

"Hicimos cosas típicas de novios..."

Mi cabeza se imagina a Peeta y Annie vestidos elegantemente cenando en un restaurante romántico. Luego acurrucados frente a la ventana mientras afuera nieva. Luego intercambiando regalos por San Valentín. Annie soplando velas en un pastel mientras Peeta le canta cumpleaños feliz y ambos se toman una foto del momento...

¡Agh, estoy furiosa! ¿Por qué tengo que ponerme a pensar en eso?

El informe. Debo centrarme en el informe.

Abro mi mochila y saco la bolsa de caramelos que compré ayer en el parque de atracciones, abro uno y me lo meto en la boca.

- ¿Son los nuevos caramelos de moscatel del anuncio protagonizado por la famosa modelo Glimmer?

- Así es. Están muy ricos. ¿Quieres uno, Finnick?

Saco otro y se lo paso.

- Gracias. La verdad es que yo también iba a comprarlos. Ese anuncio me llamó la atención.

- Sí, y Glimmer sale muy guapa en él. Ojalá yo tuviera un pelo tan largo y sedoso como ella...

En el anuncio ella sale paseando por un enorme y soleado viñedo, lleva una cesta en la mano en la que va recolectando los caramelos que crecen en las vids. "El sabor de un beso" ese es el lema de la publicidad.

-Es cierto, está muy bueno -dice Finnick-. Me pregunto si será realmente el sabor de un beso.

- No lo sé -murmuro.

Aquel beso con Peeta, el sabor del beso era lo último en lo que estaba pensando. El shock era lo único que estaba en mi cabeza en ese momento.

-Deberíamos probar y averiguarlo -dice Finnick mirándome a los ojos.

-Q...

Finnick... me quedo petrificada pero después comprendo que él me debe estar tomando el pelo. Igual que Peeta ha estado haciendo últimamente. Pero no voy a caer. Espero que de un momento a otro Finnick comience a reírse de mí y a decir que he picado. Pero no lo hace.

Decido seguirle la corriente.

- De acuerdo. Probemos.

Él se levanta, está muy serio. Sí que lo está llevando demasiado lejos. Luego se acerca a mí y me toma por los hombros.

- Oye Finnick, sé que estás bromeando, ya déjalo, no me lo tragué ni por un m-

Y Finnick me besa. Tardo un momento en reaccionar, porque no puedo creer que esté sucediendo.

Luego de un par de segundos, me lo quito de encima, le doy una bofetada y comienzo a empujarlo lejos de mí.

- ¿¡QUÉ RAYOS CREES QUE ESTÁS HACIENDO!? ¿¡SE TE HA IDO LA CABEZA!?

Finnick masajea su mejilla dolorida.

-¡ME DIJISTE QUE DE ACUERDO!

- ¡PENSÉ QUE ESTABAS BROMEANDO, IDIOTA! ¡NO HAY MANERA POSIBLE DE QUE PUDIERA ESTAR HABLANDO EN SERIO!

Sin darle tiempo a contestar agarro mi mochila y salgo de la clase dando un portazo. El sol ya se fue y está empezando a oscurecer. Mientras corro a casa, me limpio los labios en la manga del uniforme.

No puedo creerlo. ¿En qué estaría pensando ese cretino? ¿Por qué? ¿Acaso no sabe lo que es el respeto? ¡Estoy tan enfadada! ¡Jamás se lo perdonaré!

El martes...

No iba a ir a clase. Iba a fingir estar enferma pero Peeta me sacó de la cama a empujones y me obligó a prepararme. Dijo que era delegada esta semana y que si no iba le tendría que pasar la responsabilidad a otro. Además, iba a dar mala imagen si llegaba tarde siendo delegada.

Al final llegué tarde. Y vi a Finnick hablando con Madge, ella me saludó como si nada y me invitó a unirme a la conversación pero yo pasé de largo. Por su expresión deduzco que aún no sabe nada de lo que pasó ayer.

En clase de arte, saco el cel disimuladamente y comienzo a contarle todo. Creo que el profesor Darius se da cuenta pero no me regaña. Al final de la clase me llega un mensaje de Madge.

"Parece que Finnick no soporta verte en los brazos de otro chico."

En cuanto Darius se despide de nosotros y se va, recojo todas mis cosas y tomo mi mochila, dispuesta a irme a casa, pero Madge me detiene.

- ¡No puedes irte, Katniss! Recuerda que eres delegada esta semana.

- Bueno pues ya no lo soy. Te nombro mi delegada sustituta.

-¿Q-qué? ¡Oye Katniss espera, yo...!

Me voy de la clase consciente de que Finnick me está mirando.

Cuando he avanzado unos metros por el pasillo exterior, oigo su voz.

- ¡KATNISS! ¡Espera, tengo algo que decirte!

- No quiero oírlo -digo sin girarme-. En estos momentos no quiero ni ver tu cara en pintura, Finnick. ¡Déjame en paz de una vez!

Y sigo andando rápido dejándolo ahí plantado.

Por su parte Peeta...

-¡Déjame en paz de una vez!

Peeta vio a Katniss alejarse después de gritarle eso a Finnick. Todo el día había estado sospechando que algo pasaba entre esos dos pero ahora se hizo evidente.

- ¿Qué pasó Odair? ¿Has discutido con Katniss?

- No es asunto tuyo, Mellark -contestó Finnick echando a correr en la misma dirección que ella.

Madge se asomó también al pasillo sacudiendo la cabeza.

- Le dije que no tenía derecho a hacer nada a estas alturas... me pregunto si lo que le dije ayer lo ha incitado en lugar de detenerlo...

- ¿Qué? ¿Qué fue eso que le dijiste?

- Um... nada Peeta. Cosas mías. Olvídalo. Parece que me tocará limpiar hoy...

Una vez afuera...

Sé que Finnick va a venir tras de mí. Lo conozco, debo alcanzar el autobús antes de que...

Una melena pelirroja hace que mi mirada se desvíe. Olvidando que estoy huyendo de Finnick, me detengo en seco y ella me ve.

- ¡Hola Katniss! -dice agitando el brazo en mi dirección-. ¿Sabes si Peeta ha terminado ya? ¿Va a salir pronto?

-¡Katniss! -dice Finnick a lo lejos.

Sabía que estaba ahí.

-Oye, sígueme la corriente un momento. Por favor -susurro, y en voz alta agrego-. Me alegra mucho verte Annie, siento haberte hecho esperar.

- ¿Qué? ¿De qué vas? -contesta ella-. Es a Peeta a quien est-

Y yo me llevo el índice a los labios para hacerla entender.

- Vamos, te voy a invitar a un pastel y una taza de té en la heladería Cinna's tal y como te dije. ¡Debemos ponernos al día!

Como predije, Finnick no se atreve a acercarse al verme con una desconocida, y yo me alejo de la escuela del brazo de Annie, como si fuéramos las mejores amigas del mundo.