Acciones o sucesos
"Pensamientos"
...Cambio de escena...
Recuerdos
-Diálogo-
CUANDO LA MAGIA SE PIERDE
Capítulo 11: Ardiendo
En capítulos anteriores...
Dane ataca a Lucy en una misión de clase S a la que fue ella sola, sometiéndola a una operación. Lucy es rescatada por sus amigos pero pierde los recuerdos de lo que había sucedido
–¡LUCY! –Ese grito ahogado atravesó la sala dejando en ella solamente un silencio desgarrador. Natsu buscaba con la mirada los ojos café de la maga, pero ella mantenía la cabeza agachada.
Lucy lo había hecho, se había clavado la espada en el estómago. La chica estaba de rodillas sobre Natsu, y él solo podía contemplar la escena horrorizado, con los ojos abiertos y sin saber que hacer. Por primera vez, se sentía completamente impotente, indefenso. La vida de persona más importante para él se estaba desvaneciendo justo en sus narices, y él no sabía que hacer.
La sangre empezó a brotar de la herida lentamente segundos depués de que la afilada hoja atravesara su carne, empapando la camisa blanca de la maga hasta caer en forma de gotas sobre el abdomen de Natsu. En medio de un silencio perturbador, Lucy permanecía inmóvil aún sujetando la espada, y con una mano apoyada sobre el pecho de chico para mantenerse levantada.
–¡Lucy...!– Rogó el pelirrosa de nuevo.
Entonces ella tosió dejando resbalar dos gotas de sangre sobre su barbilla, y mostrando una sonrisilla orgullosa.
–Lo recordé.
Natsu se sintió aliviado al ver que la chica estaba suficientemente bien para hablar, pero a la vez esas palabras le generaron una gran confusión.
–¿Eh...?
–Lo recordé –Reafirmó nuevamente ella después de mantener el silencio para coger aire. -Esa operación...
"¿¡Operación!?" Pensó Natsu alarmado, pero siguió escuchando sin decir nada.
–Ese chip que pusiste dentro de mi... Ahora recuerdo... el infierno por el que me hiciste pasar... solo para controlarme.– Todo su cuerpo estaba temblando mientras decía eso.– Hace falta más que un simple chip para ganar a un mago de Fairy Tail.
La expresión divertida que Dane tenía desde antes había desaparecido completamente convirtiéndose en una mueca de miedo.
–Tu tenías otro chip detrás de la cabeza, ¿no es así?– Continuó – Por eso podías controlarme tan fácilmente.- Dane abrió los ojos al máximo. Lucy sonrió divertida de una forma que hizo poner la piel de gallina a Natsu. Sólo imaginar la cara que debía estar poniendo Dane en ese preciso momento ya la hacía reír. –Apuesto que la exposición podría volarte la cabeza...– Dijo riendo con una voz escalofriante.
Natsu no acaba de entender bien que estaba ocurriendo, pero la chica que estaba encima de él en ese momento no era la Lucy que él conocía. ¿Tanto daño le había hecho ese tío como para que ella quisiera matarlo? En ese momento Lucy le daba miedo. Tenía una mirada despiadada que parecía estar rogando por ver sangre. Nunca antes Natsu la había visto así.
–Oye, Lucy... ¿Estás bien...?– Preguntó con temor.
–E-e-espera, ¿N-no irás a...?– El terror se reflejaba claramente en la mirada de Dane. En cuanto la chica sujetó la empuñadura con decisión con ambas manos supo que la respuesta a su anterior pregunta era afirmativa.
Todo ocurrió muy rápido.
Dane levantó la mano y la puso en su nuca buscando con la yema de los dedos el tacto del pequeño chip que tenía puesto en ella.
A su vez, Lucy hizo fuerza para girar la empuñadura de la espada. El chico encontró el chip, lo cogió clavando las uñas entre él y su cuello, y tiró de él para arrancarlo de su piel.
Ella giró la espada dentro de su estómago. Dolía más de lo que se pensaba que haría, pero siguió hasta girarla 90 grados conteniendo sus gritos de dolor.
Él consiguió separar el cuadradito metálico de su carne.
El estómago de Lucy comenzó a brillar con una luz roja.
El chico alzó la mano con el chip en ella para lanzarlo lo más lejos posible.
Entonces la luz cesó.
Dane lanzó el chip. El pequeño aparato se separó de su mano.
Demasiado lento.
Una cegadora luz inundó el lugar, seguida de una descomunal explosión.
Todo aquello sucedió a tanta velocidad que a Natsu no le dio tiempo de reaccionar.
Él y Lucy cerraron los ojos a causa de la intensa luz blanca. Cuando el sonido de la explosión cesó, fue substituido por un ensordecedor grito. Los dos mago abrieron los ojos y apuntaron su mirada hacia el lugar que había sido el núcleo de la explosión.
Sangre. Eso fue lo primero que ya por su atención. Y cuando se fijaron más atentamente pudieron ver de dónde provenía esa sangre.
El brazo de Dane había desaparecido.
...
Erza y Gray, estando aplastados contra la pared, habían asumido por primera vez en su vida la derrota. Así era, se habían rendido. Habían podido comprobar cuan poderosas eran esas criaturas y habían visto que las posibilidades de victoria eran nulas. Aún después de haberlo intentado con todas sus fuerzas, después de haber luchado con todo lo que tenían, no habían avanzado en absoluto. Gray estuvo en lo cierto cuando dijo que las máscaras en su punto débil, pero de nada había servido esa información, ya que acercarse mínimamente a ellos les había resultado una tarea imposible. Y finalmente, después de haber estado recibiendo golpes por todos lados sin poderse defender, habían dejado de intentarlo. Ahora mismo, se encontraban de espaldas a a la enorme pared del lugar, aplastados por una gran lámina de metal y completamente rodeados con decenas de espadas apuntando directamente a sus cuellos. En esa situación, aún después de haber tratado de escapar, lo único que fueron capaces de hacer era aceptar su inminente derrota. En realidad era algo embarazoso, realmente nunca se habían imaginado que acabarían en esa situación. el hecho que un mago de Fairy Tail se rinda es algo vergonzoso, y los dos magos eran conscientes de ello, pero aún así, se veían incapaces de hacer nada.
Entonces de repente, como un rayo de esperanza, los enmascarados empezaron a apartar sus espadas una a una sin ningún motivo. Con movimientos torpes, alejaron las afiladas puntas de sus armas de los cuellos de Gray y Erza. Y ellos dos, sin comprender lo más minino sus acciones, miraron la escena perplejos.
En un segundo esos seres empezaron a comportarse de una forma extremadamente extraña, moviendo su cuerpo como si tuvieran espasmos o tirándose por el suelo.
–¿Pero que diablos...?– Preguntó el alquimista de hielo. Un segundo después, la placa de metal que los comprimía contra la pared volvió a convertirse en un simple brazo. Los dos magos se miraron, y después contemplaron a su alrededor.
–¿Qué está pasando?
El panorama era digno de ver, todos ellos moviéndose cómo si fueran un juguete roto o un títere al cual se le han enredado las cuerdas.
–No lo sé – contestó el moreno-, pero aprovechemos para salir de aquí e ir donde se encuentran Natsu y Lucy, quizá necesitan nuestra ayuda.
...
El pelirrosa se quedó perplejo observando como Dane agonizaba y se tambaleaba sangrando. En cambio, Lucy no parecía estar sorprendida. El chico cayó al suelo aún gritando, mirando sin aún poder creérselo su ausente extremidad. Sin mostrar el más mínimo signo de piedad, Lucy se levantó balanceándose con cada paso, dirigiéndose directamente al sangriento tipo tirado en el suelo, mientras éste la observaba intentando ponerse en pie nuevamente para salir de ahí con una expresión aterrorizada.
–¡Detente Lucy, estás demasiado herida, no deberías moverte! –Natsu se levantó rápidamente para parar a la rubia.
Ella se sacó la espada del estómago, y en el instante en que lo hizo, tosió sangre y sus piernas se tambalearon, haciendo que cayera.
Por suerte, el pelirrosa pudo detener la caída justo antes del impacto.
–¡Lucy! ¿Acaso estás loca? –Sus palabras mostraban enfado, pero también una gran preocupación y angustia – ¿Porqué has hecho eso?
Natsu nunca antes le había levantado la voz de esa forma, y ver su cara, su expresión dolida, y esos oscuros ojos que la miraban con ansiedad, la hicieron sentir culpable. No había pensado que sus acciones podrían dolerle, sólo estaba pensando en si misma. Incluso cuando luchó para no ser controlada, solo pensaba en que no quería hacerle daño a Natsu, porque eso la haría sentir mal. Y ahora, ella estaba en el suelo, y él de rodillas a su lado sujetándola, y sólo había conseguido herir al pelirrosado con sus egoístas acciones.
–Lucy...- Dijo él en un suspiro dolido, con los ojos cerrados y el ceño fruncido.
–Lo siento...– Natsu abrió los ojos y la miró – No me di cuenta de que te estaba haciendo preocupar...
–Idiota...– Dijo angustiado, y la abrazó apretándola contra su pecho. Pero al hacer eso, ella hizo una mueca de dolor.– ¡Lo-lo siento! – La separó de él preocupado, entonces se sacó la bufanda y la usó a modo de venda tapando torpemente la herida.– Tu ya has hecho suficiente- dijo serio –. Ahora, déjamelo a mí, yo me encargo del resto.
Y en ese preciso instante, Lucy le regaló la más dulce sonrisa que jamás habría imaginado. El chico se sonrojó incontrolablemente al verla, y rodó los ojos hacia un lado.
–Gracias, Natsu – la chica hizo una pausa y después añadió cariñosamente –. Yo también te amo.
Natsu la miró con los ojos como platos y con las mejillas ardiéndole. ¿De verdad había escuchado bien? ¿Acababa de decir que le amaba? Eso no podía ser. Se quedó perplejo mirándola fijamente unos segundos. Entonces, Lucy levantó la mano y acarició la fina mandíbula del chico con la punta de los dedos hasta sujetarle la barbilla con el índice y el pulgar. Después, cerró los ojos, acercó su cara a la suya, y posó con suavidad los labios en los de él. Natsu, con los ojos bien abiertos, no podía creérselo, pero después de unos instantes, cedió. Cerró sus ojos y correspondió al beso, haciendo él también presión en los labios de ella.
Y en ese instante el tiempo paró, lo único que les importaba era concentrarse el uno en el otro, en nada más. Con sus bocas unidas y sus sentimientos explotando en cada pequeño movimiento. Sus palpitaciones eran tan potentes que creían que el corazón les iba a salir del pecho. Ella atrapó el rostro de Natsu con ambas manos, y él enterró los dedos en su rubio pelo, juntando más sus cuerpos. Ninguno de los dos quería que ese momento terminara. La chica presionó aún más su rostro contra el del chico, moviendo los dos sus bocas acompasadamente, y él también presionó más los de ella. Ese sensual baile entre labios parecía no tener fin. Cada vez más intenso. Cada vez más ardiente.
Y de repente, Lucy dejó de hacer presión, sus brazos cayeron, y dejó de moverse. El Dragon Slayer separó sus labios, y al abrir los ojos, vio que la chica se había quedado inconsciente.
–¿Lucy...? ¡Lucy!– Gritó con los ojos llorosos – ¡Lucy!
–¡Natsu!– El chico levantó la cabeza para ver a quién pertenecía esa voz.
–¡Gray, Erza!
–¡Dios mío, Lucy!– Gritó Erza horrorizada.– ¿Qué le ha pasado?
Los dos recién llegados se acercaron corriendo con gran preocupación
-Chicos por favor cuidad a Lucy,-dijo mientras se sacaba el chaleco, y lo ponía cuidadosamente debajo de la cabeza de la chica.- yo debo encargarme de él.
Erza y Gray obedecieron, y Natsu se levantó y clavó una mirada asesina a Dane mientras se acercaba a él.
–¡Detente! ¡No te acerques!– Rogaba completamente histérico él. Débil, levantó su brazo para intentar controlar a los enmascarados, pero éstos no respondían. Natsu miró a esos seres, y luego miró como Dane los observaba impactado.
–Esa es tu magia, ¿Cierto?– Dijo el pelirrosa acercándose cada vez más a él, hasta tenerlo a sus pies. Se agachó, lo cogió por el cuello de la camisa y lo levantó del suelo.– Parece que ya no la podrás usar más.
–¡No, espera! ¡Suéltame por favor! ¡Lo siento! ¡Juro que no lo volveré a hacer! ¡Lo juro! –El terror ya se había apoderado completamente de él, pero sus ruegos y sus súplicas no funcionaban con Natsu. Salamander envolvió su puño en llamas, y levantó su brazo preparándose para atacarle.
–Karyu no...
–¡No!– Rogó rompiendo en llanto.
–¡TEKKEN!
Dane voló por los aires chocando con gran fuerza contra la pared, y cayendo al suelo completamente inconsciente. Natsu dió media vuelta y chasqueó la lengua.
Ahora que ya habían acabado con Dane, todo se había terminado.
