Golpe de estado
—«¿Sabe algo, Nakano-sama? Esperaba más de usted, pero me decepcionó. Supongo que sigue enojado por el hecho de que su hija y yo seamos pareja; eso nubló su mente y le impide pelear con todas las de la ley, así que ríndase». Tras decir esto, la castaña puso la punta de su espada en el pecho del padre de Azusa.
—«No me voy a rendir, mocosa. Si así lo deseas, mátame de una vez» dijo Hirashi.
—«Lo siento, pero no. No quiero que la paz que este reino lleva buscando por 500 años esté manchada por su sangre» replicó Ritsu, envainando la espada y dándole la espalda a su contrincante.
—«Acabas de cometer el peor error de tu vida, y el último de plano» dijo el líder Nakano, atacando por la espalda a la joven Tainaka. Por suerte para la castaña, Azusa detuvo aquel ataque.
—«¡¿Qué acto de cobardía es ese, padre!? ¡Tú mismo me enseñaste a nunca atacar por la espalda!» exclamó la pelinegra.
—«Los Tainaka son la única excepción a esa regla. Ellos...».
—«Ellos son iguales a nosotros ¿cuántas veces tengo que decírtelo? No entiendo cómo puedes sentir odio por un clan que no te ha hecho nada. Es más, no entiendo por qué una pelea de hermanos pudo desembocar en una guerra de 5 siglos».
—«Concuerdo con su hija, Nakano. Si me preguntan, creo que todos estos años de conflicto fueron más por el orgullo de los jefes de ambos clanes. En este momento me arrepiento de haber continuado la guerra en mis primeros años al frente del clan. Así que, como líder del clan Tainaka, oficialmente declaro la rendición» dijo Hideyoshi, sorprendiendo a Hirashi, Ritsu, Satoshi y Azusa.
—«Padre, ¿estás seguro de eso?» preguntó el menor de los Tainaka.
—«Completamente, hijo. Para obtener la paz que hemos estado buscando por tantos años, uno de los dos bandos debe ceder. Y tal parece que tendremos que ser nosotros» respondió el líder Tainaka.
—«¡¿Estás loco o qué, Tainaka!? ¡Tu hija me está venciendo en batalla ¿y tú vienes y declaras la rendición de tu clan?!» exclamó Hirashi.
—«Bueno, si bien mi hija te superó en un combate uno a uno, tu ejército es muy superior al nuestro. De hecho, he estado tratando de rendirme e implorando por la vida de mi gente pero tú no me escuchabas. De no ser porque nuestras hijas llegaron, probablemente yo ya estaría muerto» dijo Hideyoshi. En ese instante, a lo lejos, se escuchó un estallido, que alertó a los presentes.
—«¡Debemos volver pronto al castillo, la familia real corre peligro!» exclamó Ritsu, montando de nuevo a Kuronatsu.
—«La guerra entre Tainaka y Nakano ha terminado. Ahora es el momento de defender a nuestro amado reino de ese ataque que está sufriendo. Ordeno a todos los Nakano que posean dos armas, prestar una a los Tainaka. ¡ES MOMENTO DE UNIR FUERZAS COMO HERMANOS QUE SOMOS!» dijo Azusa. Los más veteranos miraron a Hirashi, esperando una reacción suya. Después de todo, él tildó a su hija de traidora por defender a los Tainaka.
—«Saben perfectamente que desobedecer a Azusa es como desobedecerme. Ella y su... compañera sentimental me recordaron la razón por la que acepté firmar la tregua hace varios meses: la paz y seguridad de nuestra gente es más importante que los odios y rencores que sentimos. Así que ¡OBEDÉZCANLA!» exclamó el líder Nakano. Ambos clanes iniciaron la rápida marcha hacia el castillo real, encabezados por las herederas.
En las afueras del palacio, varios integrantes del clan Yamanaka, liderados por Sawako, junto a integrantes de otros clanes, exigían por la fuerza la renuncia del rey. Un pequeño grupo de ellos intentaba entrar al castillo, pero Yui, Ui y Mio lo impedían. La líder Yamanaka insinuaba que la familia real era la responsable del secuestro de Ritsu y Azusa, e incluso se atrevió a afirmar que ellas habían sido recapturadas y asesinadas tras su paso por Sakuragaoka y que por eso no habían vuelto a aparecer.
En el interior del castillo, el rey y la princesa buscaban desesperadamente una solución al problema que afrontaban. Ambos sabían que Sawako mentía, pero no tenían pruebas para demostrarlo. Tsumugi decidió arriesgarse y salir a tratar de calmar a los protestantes. Sabía que no sería fácil, pero debía intentarlo por el futuro de su familia y del reino. Al salir al exterior, fue abucheada por los presentes.
—«Habitantes del reino Toyosato: Es muy triste para mí ser recibida de esta forma por ustedes, el pueblo por el que mi padre y yo hemos gobernado durante los últimos años. Cada día, cada hora, cada minuto, nuestros esfuerzos son para su bienestar; y lograr que los clanes Tainaka y Nakano se reconcilien ha sido nuestra prioridad. No voy a negar que existen personas al interior de nuestro gabinete que solo han querido obstaculizar nuestra gestión por sus intereses personales; pero escuchar esas calumnias contra nuestra familia es algo que no podemos tolerar. Les garantizo que Ritsu Tainaka y Azusa Nakano están vivas y en libertad» dijo la princesa en medio de las manifestaciones.
—«¡Eso es mentira! ¡Ustedes ordenaron su secuestro y lo más probable es que las hayan asesinado! Es por eso que no están aquí» dijo uno de los manifestantes, respaldado por sus acompañantes. La princesa quedó pasmada. La popularidad de su familia había disminuido casi a cero. Nuevamente escuchaba los gritos de la gente pidiendo la renuncia del rey. Tsumugi pedía un milagro. A lo lejos, la marcha de una multitud, a pie y a caballo, comenzó a escucharse, acercándose presurosamente.
Semanas antes, la noche del escape, tras haber recibido la orden de la princesa de buscar a las herederas Tainaka y Nakano, Sumire recorría los bosques cercanos a la capital del reino. Sin una sola pista de dónde encontrarlas, se limitaba a explorar cada pequeño lugar donde pudieran ocultarlas. De pronto, la joven espía vio dos personas que se le hicieron conocidas. Al acercarse a esas personas, notó que se trataban de Akira y Sachi y que parecían buscar algo.
—«¿Se les perdió algo, señoritas?» preguntó la espía, que también tenía el cabello rubio, fingiendo no saber quienes eran ellas.
—«Eso es algo que a usted no le incumbe, niña» contestó Akira de forma agresiva.
—«Disculpe usted, señorita. Una queriendo ayudar y así la tratan» se quejó Sumire.
—«Disculpa a mi compañera, está algo estresada porque dejó escapar a dos importantes prisioneras que estábamos custodiando» intervino Sachi. La rubia sonrió al escuchar esto.
—«Se te hace gracioso, ¿verdad? Si supieras quién nos ordenó capturarlas y lo peligrosa que es, no te estarías riendo» dijo la pelinegra.
—«De hecho, lo sé. Aunque no lo crean, también sé quienes son ustedes, Akira Wada y Sachi Hayashi» afirmó la espía con seguridad.
—«¿Cómo sabes eso, niña?» preguntó la castaña.
—«Soy una espía al servicio de su majestad el rey Kotobuki. Iba a pedirles que me dijeran dónde estaban las herederas Tainaka y Nakano, pero como las dejaron ir, solo les diré que quedan bajo arresto» respondió Sumire.
—«¡Ni loca iré a prisión!» exclamó Akira.
—«Espera, Akira —intervino Sachi—. Nos conviene más ir a prisión. Recuerda que si Yamanaka descubre que las mocosas escaparon, nos mata. Prefiero estar viva en prisión que muerta».
—«Estás olvidando un pequeño detalle, Sachi. Yamanaka es la consejera del rey».
—«Sí, pero él no sigue sus consejos, es por eso que quiere sacarlo del trono».
—«Ese no es el punto. El punto es que si nos capturan, estaremos en bandeja de plata para ella».
—«No si deciden colaborar con la justicia —interrumpió Sumire—. Ustedes nos dicen todo lo que saben y nosotros las protegeremos de Yamanaka».
—«Hagamos esto, niña. Danos 24 horas para buscar a las herederas Tainaka y Nakano. Si las encontramos, te las entregaremos y nos iremos para siempre de este reino. Pero si no las encontramos, nos entregamos» dijo Sachi.
—«Ok, pero yo las acompañaré en su búsqueda» afirmó la rubia. Tras esto, las tres chicas iniciaron la búsqueda. Dicha búsqueda, al final del plazo, resultó infructuosa. Cumpliendo con su palabra, las dos ninjas fueron arrestadas sin oponer resistencia.
Tras pasar la noche en un pequeño poblado, Sumire llevó a sus prisioneras a las mazmorras del castillo, luego dio su informe al rey y la princesa, quienes acababan de tener una fuerte discusión con Sawako.
Volviendo al presente, mientras la princesa intentaba calmar a los protestantes, el rey, junto a Jun y Sumire, bajó a las mazmorras en busca de Akira y Sachi. La idea del monarca era que ellas ayudaran en caso de que la multitud que se acercaba tuviera fines violentos.
—«Wada, Hayashi, les tengo una oferta que les resultará tentadora» dijo Hiwamaru.
—«Sea lo que sea, no me interesa» dijo Akira, sin voltear a ver al rey.
—«Estoy dispuesto a dejarlas en libertad, absueltas de todos los cargos que tienen, si nos ayudan a frustrar el golpe de estado que está ocurriendo a las afueras del castillo» prosiguió el monarca, llamando la atención de ambas prisioneras.
—«¿No que no te interesaba, Wada?» dijo Jun burlonamente.
—«Suzuki, cierra el pico. ¿Están dispuestas a colaborarnos?» preguntó el rey. Después de unos minutos, las dos prisioneras aceptaron. Una vez fuera de la celda, Sumire las puso al corriente de la situación en las afueras del castillo. Esta vez, ninguna de las dos temía a Sawako, ya que se sentían respaldadas por las autoridades del reino.
En las afueras, cada vez aquella multitudinaria marcha se acercaba más y más. Sawako sonreía mientras que los manifestantes continuaban exigiendo la renuncia del rey. "Inmediatamente llegue esa multitud, daré la orden de entrar por la fuerza al palacio. Esas tres mocosas no podrán resistir. Pronto este reino volverá a estar sumido en el bello caos" pensó la líder Yamanaka. En ese instante, el rey hizo su aparición. La sonrisa de Sawako desapareció cuando vio que junto al monarca estaban Akira y Sachi, a quienes daba por muertas, y maldijo en su interior a Kana por no haber cumplido la misión que le encomendó.
—«Compañeros: ha llegado la hora de ponerle fin a la era Kotobuki —Exclamó la líder Yamanaka—. Una era que, usando un falso proceso de paz, hizo que los clanes Tainaka y Nakano bajaran la guardia. Y, aprovechando eso, ordenó el secuestro de sus herederas. Este acto, cobarde a mi parecer, solo sirvió para aumentar la ira de los Nakano, ira que se volcó en contra de los Tainaka en una batalla que a esta hora aún se lleva a cabo a unos kilómetros de aquí. En este momento, nosotros, como pueblo inconforme, debemos manifestar nuestro derecho a cambiar a los malos líderes que nos gobiernan; aquellos que secuestran e, incluso, asesinan a su población inocente, como fue el caso de Azusa Nakano y Ritsu Tainaka».
—«Oye, Yamanaka —inquirió una voz femenina de entre la recién llegada multitud—. ¿Tienes pruebas del supuesto asesinato de las herederas Tainaka y Nakano?».
—«No, pero tampoco hay pruebas de que estén vivas» aseguró Sawako.
—«Mira detrás de ti. Te guste o no, esté en tus planes o no, estamos vivas» dijo Ritsu, que estaba, al lado de Azusa, encabezando la multitud recién llegada. Tanto la líder Yamanaka como los manifestantes guardaron silencio por el asombro.
Continuará...
Chobits3: aquí está la continuación. Espero que te siga gustando.
Beth726: Ritsu es Ritsu, en cualquier universo. Al menos ya dieron un gran paso.
Próximo capítulo: Tainaka y Nakano contra Yamanaka. Gracias por leer, see you
