Ayuda
Edward VOP
Llegué a casa de Jacob después de dejar a Bella en su casa. Estaba nervioso, no sabía si debía de tocar aquella puerta o volver por donde había venido. Suspire, me llene de valor y toque la puerta. Espere unos segundos antes de que se abriera la puerta y cuando lo hizo puso una mueca de asco en la cara.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó frunciendo el ceño.
- Buenas noches, Jacob. ¿Podemos hablar? – pregunté secando el sudor de mis manos en mi pantalón.
- ¿Por qué debería de querer hablar contigo?.
- No debería de haber venido – murmuré dándome la vuelta para salir de allí. ¿En qué estaba pensando cuando decidí ir a hablar con él?.
- Espera Cullen – me gire para mirarlo. - ¿De qué quieres hablar?.
- De Bella – contesté en un susurro.
Jacob suspiró y antes de cerrar la puerta chilló.
- ¡Papá, ahora vuelvo!.
Anduvimos hacia mi coche y nos recargamos en un lateral. Estuvimos unos minutos en silencio, necesitaba aclarar mis ideas y esto iba a resultar difícil de tratar.
- Tú dirás, no tengo toda la noche. Tengo hambre y quiero cenar – gruñó a la vez que su estomago lo hacía, pero no le conteste, necesitaba más tiempo para poner mis ideas en orden. - ¡Vamos, Cullen! – insistió. - ¿Qué necesitas hablar conmigo de Bella?.
- Necesito tú ayuda – conteste al final con un suspiro.
- Mi ayuda, ¿para qué exactamente?.
- Para que Bella me perdone.
- ¿No tenias a quien más acudir? – me preguntó atónito.
- Sí.
- Pero aun así recurres a mí.
- Sí.
- ¿Por qué?.
- Porque he visto como la tratas, como eres con ella…
- Y, ¿por qué crees que te voy a ayudar? – me cortó frunciendo el ceño.
- Déjalo, da igual. Mejor me voy – me encogí de hombros.
Había esperado que esto pasara, sabía que Jacob no iba a echarme ninguna mano después de haber tratado a Bella como lo hice durante estos años, pero por intentarlo no perdía nada. Me incorpore para ir hacia la puerta del piloto para irme de allí.
- Tú la perdiste – me acusó.
- Lo sé.
- ¿Por qué quieres recuperarla?.
- La echo de menos – confesé.
- ¿De repente? – no le contesté no sabía que contestarle a eso. – Tú la conoces mejor que nadie – siguió hablando. - ¿Cuánto tiempo hace que la conoces?. ¿Desde qué nacisteis?. Tú sabes cómo es mejor que nadie. Sabes lo terca que es, lo mucho que te va a costar que te perdone, es algo orgullosa, sabes más de ella que yo, ¡por dios!. Ni puedo, ni quiero ayudarte. Tú solo te has metido en esto y tú solo tendrás que salir si ella quiere. Solo puedo desearte buena suerte – rió entre dientes.
- Gracias – susurré.
- ¿Por qué ahora?.
- ¿Qué?.
- ¿Por qué quieres recuperarla ahora?.
- Ya te lo he dicho, la extraño.
- Eso no es suficiente como para recurrir a mí. Repito, ¿por qué ahora?.
- Y yo te repito, porque la extraño.
- ¿Te gusta, no?.
- ¡No!.
- ¿Seguro? – enarcó una ceja. – Sabes yo también he visto como la miras, no la miras como antes, algo ha pasado entre vosotros para que cambies así de repente. Yo la trato como merece, tú empezaste a ignorarla, tú empezaste a alejarte de ella, tú empezaste a meterte con ella, tú…
- Vale, – le corté – sé que la he tratado mal, que me he portado mal, que ni siquiera merezco su perdón, pero la necesito. Hare lo que haga falta para recuperarla.
- Eres un estúpido, Cullen.
- Eso también lo sé.
- ¿Por qué la perdiste?, no sabes cuánto vale y yo no te lo voy a poner fácil, no la voy a perder como tú hiciste. Si tú luchas, yo también.
- Yo no la voy a alejar de ti – gruñí.
- ¿Crees qué fue mi culpa que se alejo de ti? – no le conteste, no quería empezar a discutir con él, esto podría acabar mal. - ¡Contéstame! – gruñó. - ¿Crees que yo la aleje?.
- ¡No!, pero tú te la llevaste aquella tarde. Yo iba a quedar con ella y tú te la llevaste – le escupí.
- Yo no me la lleve, ella se fue porque quiso.
- ¿La hubieras dejado que vendría conmigo? – le pregunté, estaba más que seguro de que no la dejaría.
- No – no me equivoque en la respuesta. – No dejaría que hubiera ido contigo para que no volverías hacerle daño.
- Yo no le haría daño.
- ¿A no?, dime que has estado haciendo hasta ahora, he visto a Bella llorar muchas veces por ti y sin comprender porque lo hacía, porque tú realmente no mereces una chica como ella.
- No sabes cómo soy – gruñí de nuevo.
- Sí lo sé. Eres el Casanova del instituto. ¿Te has liado con todas las chicas de tu curso?, ¡ah!, bueno te queda ella. ¿Por eso quieres recuperarla?, ¿para enrollarte con la única chica que te queda y se te resiste?.
- No digas tonterías, yo jamás le haría eso – mentí desviando la mirada, no solo nos habíamos enrollado, habíamos hecho mucho más.
- ¿¡Y por qué demonios quieres recuperarla! – chilló. – ¡Y no me digas que la echas de menos, porque no te creeré! – vi como tenía las manos cerradas en puños.
- ¿Qué más te da a ti?.
- ¿Qué más me da? - preguntó irónico. - Dime entonces, ¿por qué has recurrido a mí?.
- Para que me ayudaras pero veo que es imposible – me encogí de hombros. – Y por cierto, no, no quiero recuperarla para enrollarme con ella, no me hace falta recuperarla para eso.
- ¿¡Qué!. ¿¡Qué quieres decir con eso! – mierda, había hablado demasiado. – ¡Contéstame! – se puso enfrente de mí. - ¿Ya te has enrollado con ella?. ¿Ha sido en la acampada, no?, por eso salía de tu tienda. No puedo creerme lo tonta que ha sido y…
- No – le corté. – No fue en la acampada.
- ¿Qué?, es verdad que lo has hecho – afirmó. - ¿Cómo pudiste?.
- Yo no fui, ella me lo propuso – dije con indiferencia encogiéndome de hombros.
- No me lo creo.
- Pregúntaselo – dije apoyándome en el lateral del coche de nuevo.
No sé muy bien como lo hice, pero cuando vi un puño acercarse a mi estomago lo esquivé y sonó como la ventana de mi coche se hizo trizas.
- ¡Mierda! – exclamó Jacob agarrándose la mano.
- ¿Qué haces estúpido? – mire su mano llena de sangre. – Estas sangrando – le dije.
- No me digas – rodó los ojos.
- Vamos, monta te llevo al hospital – le agarre del brazo empujándole.
- No voy a ir contigo a ningún lado – se soltó de mi agarre.
- Tienes cristales por toda la mano, te tienen que curar. Vamos – volví a cogerle del brazo.
- No – se volvió a soltar. Suspire.
- Quédate ahí – le obligué. Saqué el móvil de mi bolsillo y llame a mi padre. – Papá.
- ¿Dónde estás?, es tarde, tú madre está preocupada. Alice dijo que habías ido a llevar a Bella hace dos horas.
- Estoy bien. ¿Puedes venir a la reserva, a casa de los Black?.
- Claro. ¿Qué ha pasado?.
- Jacob se ha cortado la mano con un cristal y se niega a ir al hospital.
- Vale, ya salgo de camino, no tardo. Hasta ahora.
- Hasta ahora, papá – colgué el teléfono y mire otra vez su mano, cada vez tenia más sangre. – Vamos a dentro, hay que parar la hemorragia.
- Yo no voy contigo a ningún lado – repitió.
- No seas crio.
- ¿Crio yo?. Crio fuiste tú hace un par de años.
- Volvemos a lo mismo – conteste molesto.
- Sí.
- No quiero discutir contigo, Jacob.
- Demasiado tarde.
- ¿A ti te gusta, no? – le pregunte.
- No.
- Y, ¿por qué te pones así?.
- Porque es mi amiga y no quiero que la vuelvas a hacer daño. La quiero como una hermana y la protegeré como tal.
- No te creo, no creo que solo sea por eso, ella te gusta – aseguré.
- Sí, me gusta tanto como te gusta a ti – contestó, hay me cogió desprevenido, no había esperado que me contestase eso. – Te gusta – afirmó.
- No – aseguré.
- Te has quedado en blanco. Si me hubieras contestado tal vez me lo creería pero te has quedado en blanco. Te conozco más de lo que piensas Cullen.
- Tú no sabes nada de mí.
- Lo que tú digas – nos quedamos callados unos segundos hasta que volvió a hablar. – A ti te duele q ella se fuera conmigo, por eso comenzaste a hacerle la vida imposible. Desde aquella tarde no la has dejado en paz, te duele que te dejara plantado por eso la estas tratando como mierda, porque ha herido tu orgullo por cambiarte por mí.
- No digas estupideces.
- No las digo, sabes que tengo razón. Cambiaste de la noche a la mañana, cuando ella te puso dónde estabas, cuando se negó a ir contigo – sí, no se lo iba a negar tenía razón, aquel día me sentí mal por lo que me dijo y posiblemente también tenía razón sobre porque trataba a Bella así, pero eso no lo iba a decir en voz alta.
Nos quedamos callados, el con su mano ensangrentada y yo mirando al suelo esperando a que viniera mi padre para que le curase la mano. Unos minutos más tarde llego con su maletín, entramos en su casa, saludamos a su padre y le limpio y curo la herida de su mano.
- Ten la venda un par de días, luego puedes pasarte por mi consulta, le echo un vistazo, miramos como esta la mano y estarás libre de la venda – le explico mi padre en el marco de la puerta de salida.
- Muchas gracias Dr. Cullen – agradeció Jacob con una sonrisa.
- No hay de qué. Te espero en un par de días en la consulta, pide hora. Adiós a los dos.
- Adiós Dr. Cullen – dijeron al unísono.
- Tú y yo ya hablaremos Cullen – me señalo Jacob con un dedo.
- No me queda nada más que hablar contigo.
- Yo creo que sí.
Mi padre y yo nos dimos la vuelta y caminamos hacia mi coche, se paró en seco y me miro con los ojos muy abiertos.
- ¿Lo que le ha pasado a Jacob no habrá sido culpa tuya no? – me acusó.
- No – conteste rápidamente.
- Y, ¿qué le ha pasado a la ventana de tu coche? – inquirió con una ceja alzada.
- Bueno… - susurré.
- Edward – me advirtió.
- Yo no hice nada - me defendí. – Solo vine a hablar con él.
- Y, ¿llegasteis a los golpes?.
- No – conteste de nuevo rápidamente y negando con la cabeza.
- ¿Entonces?.
- Estábamos hablando de un tema delicado y cuando no le gusto lo que le dije me atino un puñetazo, pero me moví rápidamente y golpeó la ventana en vez de mi estomago – me encogí de hombros.
- Edward, yo no te he educado así.
- Papá, lo sé, no hice nada, se la podía haber devuelto pero no hice nada, solo me preocupe por él y te llame para que le curaras.
- Está bien – dijo con un suspiro. – Vamos a casa, tu madre está preocupada por ti.
Nos pusimos en camino hacia casa, no tenía ni idea de la hora que era pero debía de ser tarde, mi estomago no paraba de gruñir. Cuando entramos en casa fui hasta la cocina donde estaba mi madre limpiando lo que habían ensuciado.
- Buenas noches mamá – le bese la mejilla.
- Buenas noches serán para ti. ¿Dónde has estado? – pregunto en un gruñido.
- En la reserva.
- ¿Por qué no nos has avisado que no llegarías a cenar? – pregunto con tono duro.
- Se me hizo tarde.
- ¿Tienes hambre? – preguntó con voz más dulce.
- Sí – sonreí, - mucha.
- Siéntate, ahora te sirvo la cena.
Así lo hice, me senté en la mesa cabizbajo esperando que mi madre me sirviera algo de cenar. Después de unos minutos, me sirvió un plato lleno de comida y un vaso de agua y se sentó a mi lado mientras cenaba. La miraba de reojo, sabía que me estaba observando, notaba su mirada en mí todo el tiempo, estaba empezando a ponerme nervioso.
- ¿Pasa algo, mamá? – pregunté con cautela.
- Eso es lo que yo quiero saber.
- No entiendo – dije metiéndome un trozo de mi cena a la boca.
- ¿Qué te pasa?.
- Nada – bebí agua para pasar la carne por la garganta.
- Hijo, a mí no me engañas. Sé que por esa cabecita pasa algo, cuéntame que te pasa, llevas unos días bastante extraño, estas distante y siempre estas metido en tus pensamientos. Cuando te hablo solo me respondes con monosílabos y eso cuando me respondes.
- No me pasa nada mamá.
- Edward, puedes contármelo, puedes confiar en mí. ¿Se trata de alguna chica, verdad?.
- ¿Qué?. ¡No!, no es ninguna chica – conteste rápidamente y con los ojos abiertos como platos. Mi madre era muy intuitiva cuando quería.
- Hijo – advirtió mirándome a los ojos. No se le escapaba ninguna. - ¿La conozco, no?, por eso no me lo quieres contar. ¿De quién se trata? – me sonrió.
- ¿De quién se trata el qué? – preguntó Alice entrando a la cocina.
- De que tu hermano este así.
- ¡Oh!, eso – sonrió maliciosamente. Le envié una mirada asesina, que como no, ignoró. – Es Bella – sonrió triunfante.
- ¿Bella? – susurró mi madre. - ¿Nuestra Bella?.
- Sí mamá, nuestra Bella – contesto Alice palmeándole el hombro y saliendo de la cocina con un vaso de agua en la mano y a mi dejándome con la boca abierta.
Esta me la iba a pagar.
- ¿Te gusta Bella? – inquirió con una sonrisa de oreja a oreja.
- No.
- Edward.
- No mamá, lo siento pero no quiero hablar de ello – dije levantándome.
- Ven aquí hijo – me agarro de la mano y me sentó de nuevo en la silla. – Yo creía que ya no te hablabas con ella.
- Mamá…
- No, - me cortó – vamos a hablar, te hace falta.
- No, no quiero hablar y no me hace falta.
- Ya lo creo yo que sí. Solo escúchame – suspiré, no me iba a librar de ella. - ¿Qué es lo que pasa con ella?.
- Nada, no pasa nada.
- Algo pasa si tú estás así – no podía más iba a contarle algo solo para que me dejara escapar. No solía portarme así con mi madre pero no quería hablar del tema, no me apetecía.
- Me porté mal con ella.
- ¿Mal?. ¿Qué le has hecho?.
- Llevo dos años haciéndole la vida imposible – no le iba a explicar al detalle como de mal me había portado con ella.
- Pero yo nunca os he visto discutiendo, siempre estabais juntos hasta… - se cayó y frunció el ceño. - ¿Por eso ya no te habla?, ¿por qué le has estado haciendo la vida imposible durante este tiempo? – me pegó un manotazo en la nuca.
- Auch mamá – me quejé frotándome la nuca.
- Nada de auch. Eres tan tonto hijo, yo no te eduque así. ¡Ya puedes ir a donde ella y pedirle disculpas aunque sea de rodillas! – gruñó.
- No es tan fácil mamá.
- Sí, sí lo es. Solo ve y haz lo que sea para que te perdone.
- No, no es así de fácil. Ya he hablado con ella y me va a costar mucho que me perdone – susurré bajando la mirada a la mesa.
- Bueno eso es algo. Cariño – me llamó. – Edward, ¿te gusta?, o ¿solo la echas de menos como amiga? – no podía contestarle eso, no a ella, a mi madre. – Edward, contéstame – levante mi mirada y clavé mis ojos en los de ella, se veían emocionados y algo decepcionados, no podía culparla, ella no me había educado así, me había educado para ser un buen hombre, un buen caballero.
- La echo mucho de menos – le confesé.
- Y te gusta – afirmó, yo solo asentí con la cabeza.
Me abrazó, enterré mi cara en su cuello correspondiéndole el abrazo, me susurro palabras de aliento al oído y un par de trucos para que Bella se ablandara y me perdonara, pero no iba a ser nada fácil conseguirlo, pero iba a poner en marcha uno de sus trucos.
- Muchas gracias mamá – le di un beso en la mejilla y me levante para limpiar mi plato y vaso.
- De nada hijo, deja eso y ve a acostarte yo lo recojo – me beso la frente y recogió lo de la mesa. – Hasta mañana cariño.
- Hasta mañana mamá.
Bella VOP
- ¿Qué es eso de dormir con tu enemigo número uno en la misma tienda de campaña? – preguntó Rosalie en mi oído despertándome.
- ¿Qué es eso de besar a mi enemigo número uno? – le contraataqué con voz ronca.
- ¿¡Que! – chilló Alice abriendo los ojos como platos.
- ¿No lo sabías? – pregunte incrédula sentándome en la cama.
- ¡No!. ¿Por qué no sabía yo eso, Rose?. ¿Cuándo fue? – frunció el ceño.
- El otro día.
- Por eso Edward tenía el ojo morado – añadí yo.
- ¿Golpeaste a Edward?. ¡Dios! Que bruta eres Rose.
- Yo no lo golpeé, fue Emmett.
- ¿Os vio? – pregunto Alice sentándose a mi lado en la cama.
- Sí.
- Y, ¿no lo mato? – Alice seguía con sus preguntas mientras yo me despertaba poco a poco.
- No, Jasper llego justo a tiempo.
- ¿Jasper?, ¿Jasper lo sabía y no me ha dicho nada?. ¡Se va a enterar ese rubio de quien es Alice! – gruñó.
- Y, ¿por qué te beso? – inquirí.
- ¿Cómo sabes que fue él quien me besó? – inquirió ella.
- Me lo contó – me encogí de hombros.
- ¿Y no te conto por qué lo hizo?.
- No.
- Pues yo tampoco lo voy a hacer – me sonrió.
- ¡Oh, vamos!. Cuéntamelo – hice un puchero.
- No, eso que te lo cuente él.
- No quiso, ni querrá – seguía con mi puchero.
- Deja de hacer pucheros no me vas a sacar nada, si quieres saberlo vuelve a preguntárselo a él.
- No me lo dirá – susurré.
- No desviemos el tema – dijo Rosalie. - ¿Por qué dormiste con Edward, Bella?.
- Tengo que ir al baño – me levante de un salto, todo comenzó a darme vueltas pero conseguí llegar a la puerta, aunque no me sirvió de nada, Rosalie me agarro del brazo y arrastrándome, me sentó de nuevo en la cama.
- Tú no te mueves de aquí. Contesta la pregunta.
- No podía dormir y tenía mucho frio – me encogí de hombros.
- Y, ¿fuiste a donde Edward?. ¿Y Jake? – siguió preguntando Rose. Alice estaba maldiciendo entre dientes en todos los idiomas que conocía porque Jasper no le había contado nada del beso de Edward y Rosalie.
- Fui primero donde Jake, pero estaba tan dormido que no pude despertarlo y estaba ocupando toda la tienda. No me quedo más remedio que ir donde Edward.
- Pudiste venir donde nosotras.
- ¡Ah, no!, eso sí que no. Os escuche haciendo ruidos poco agradables para mis oídos, no os quería encontrar en una situación comprometedora – Rose rió entre dientes.
- Bueno entonces, fuiste con Edward porque era tu única opción - afirmó mientras yo asentía. - ¿No paso nada en esa tienda?.
- No. Solo hablamos.
- ¿De qué?.
- De lo que nos paso, de que se arrepentía por haberme dicho eso después de nuestro desliz pero no de haberlo hecho y… - no dije más.
- ¿Y? – inquirió Rose sentándose a mi lado.
- Y que iba a hacer todo lo que fuera para que lo perdonara por todo lo que ha estado haciendo durante todo este tiempo.
- Eso está bien.
- Supongo.
- ¿Supones? – asentí. – Eso está más que bien Bella. Sé que Edward puede ser algunas veces algo agobiante, engreído y muchas cosas más, pero no deja de ser una buena persona.
- No, no lo es. No lo es Rose, me ha estado haciendo la vida imposible durante mucho tiempo. Eso no es ser buena persona.
- Bella, Edward es una persona y las personas se equivocan, cometen errores.
- Sí se equivocan, pero no durante dos años. Me ha estado haciendo mucho daño, no voy a perdonarle nada de lo que me ha hecho durante este tiempo.
- Lo harás – dijo Alice hablando después de un rato.
- ¿Qué?.
- Que lo harás. Sabes tan bien como yo que lo perdonaras.
- No – negué.
- Sí. Mi hermano te gusta y sabemos que lo echas tanto de menos como él a ti, aunque os neguéis a aceptarlo. Por mucho daño que él te haya hecho lo vas a perdonar.
- Estás muy segura de ti misma – dije mirándola de reojo.
- ¡Oh vamos, Bella!. Soy la gran Alice Cullen, sino estuviera segura de mí misma no sería yo.
- Alice, tiene razón. A veces da miedo. A mí me dijo varias cosas que ha acertado, me puso sobre aviso, me aconsejo y acertó. Da mucho miedo – Rose se estremeció.
- Si necesitas ayuda solo tienes que pedírnosla.
- Lo sé.
- Sabes que lo perdonaras Bella.
- No, no lo sé.
- Sí lo sabes. Es Edward tu mejor amigo.
- Mi ex mejor amigo.
- No, nunca ha dejado de ser nunca tu mejor amigo. A pesar de que te ha hecho la vida imposible, siempre ha estado ahí para ti.
- ¿Cuándo? – pregunte atónita enarcando una ceja.
- Lleva siendo tu pareja de clase de biología y de gimnasia desde siempre.
- Y, ¿qué?.
- Si realmente no le hubieras importado, te habría dejado a tu suerte en gimnasia. Sabes que él no haría nada para dañarte físicamente.
- Pero sí mentalmente – protesté, aun sabiendo que algo de razón tenía, si no le importara a Edward me habría dejado sola en gimnasia, sabiendo mi falta de suerte en esa asignatura, siempre había estado a mí lado.
- Lo perdonaras – volvió a asegurar. Nos quedamos unos segundos en silencio hasta que lo rompí con el ceño fruncido.
- Bueno aclarado el asunto, puedo preguntaros, ¿qué hacéis aquí tan temprano?.
- No podíamos esperar a que nos contaras que hacías en la misma tienda de campaña que Edward. Ahora vístete o llegaremos tarde al instituto – sonrió Alice.
Me prepare tan rápido como pude y las tres nos encaminamos al instituto en el BMW de Rosalie.
Buenas noches desde España! Hola en general ^^. Aqui os dejo un nuevo capitulo, acabo de escribirlo, llevo toda la tarde con el, se me resistia pero acabo de finalizarlo... la una y media pasadas... no pasa nada! solo espero que lo hayais disfrutado!
A ver si esto se empieza a poner interesante jijiji!
Como siempre gracias por vuestros comentarios! y por leerme! :-D
Os deseo buenas noches a los que os vayais a la cama y al resto pues que paseis un buen dia ;-)
Gracias! Saludos!
