"¡Castiel! Cuanto tiempo sin vernos. Dime debería llamarte hermano o a estas alturas ya ni siquiera te acuerdas de mi." El demonio parecía haber perdido todo interés, pues la aparición de Castiel en la habitación era una novedad demasiado importante.
"Hace mucho que dejaste de ser mi hermano. Tu mismo decidiste marcharte, nadie te obligó a dejarnos."
El demonio sonrió y tras liberar a Dean, hizo que el cazador cayera de golpe al suelo. Dean lo observaba todo en silencio. No comprendía lo que estaba ocurriendo y desde luego no se había esperado que Castiel conociera tanto a un demonio, como para que lo llamara hermano.
"Mira quien fue a hablar, el ángel que renegó de su familia, el que cuando llegó la hora de la verdad, decidió ponerse de parte de los humanos. ¿Por qué lo hiciste Castiel? ¿Cuáles fueron tus motivos para darles la espalda a los que llamabas hermanos? Yo cambié de bando. Llámame cobarde si quieres, no me importa. Pero tu… humanos frente a ángeles. No se como pudiste."
"Eso no te importa. No tengo porque contarte mis motivos. Pero ahora te vas a marchar. No quiero hacerte daño."
Dean se fijó en la expresión de su amigo, que realmente parecía sincero, parecía tener miedo de tener que hacerle daño a aquel demonio. Era una expresión que Dean nunca había visto en Castiel. Habían luchado juntos, frente a muchos demonio y nunca lo había visto dudar, no de esa forma, nunca se había tenido que preguntar si Castiel sería capaz de acabar con un demonio o no. Ahora no lo tenía tan claro.
"¿Qué pasará si no me voy? Todavía tengo cosas que hacer por aquí." El demonio inspiró, podía sentir el olor de Sam demasiado cerca como para no prestarle atención. "No esta sólo. Sam Winchester no está solo en esta casa. Ya tiene una nueva zorra como Ruby con él. pensaba que haber descubierto las maravillas del infierno, le habrían hecho no volver con otro demonio."
"Hey, como no dejes de hablar de esa forma de mi hermano, te mataré yo mismo."
Dean dio un paso hacia el demonio, pero este lo volvió a lanzar contra la pared.
"Si no te importa los mayores estamos hablando."
Dean intentó levantarse, pero el demonio lo tenía clavado al suelo. tan sólo podía ver la escena, sin evitar que si el demonio quisiera, pudiera atacar a su hermano. Sus ojos se clavaron en Castiel, no comprendía que tipo de relación podía tener con aquel demonio para no comportarse como con el resto de ellos. parecía tener miedo, no al demonio, si no hacerle algún daño. le recordaba a él mismo cuando tenía que decidir si matar a Sam o no cuando podía convertirse en Lucifer. Pero no tenía sentido, aquella criatura era un demonio y Castiel odiaba a los demonios. A menos que… de repente, todo parecía tener sentido, la expresión de Castiel, su reticencia para hacerle daño.
"Eras un ángel. Castiel este demonio era un ángel, tu hermano ¿verdad?"
Castiel posó sus ojos en el cazador. Apenas podía creer que realmente lo estuviera viendo, por lo que le era casi imposible decirle a su amigo humano, que si, que aquel era su hermano, que le había traicionado y que por su culpa se había convertido en un demonio.
"Muy listo Dean, pero ya veo que tu buen amigo Castiel no te ha dicho nada sobre mi. Es una pena, porque la historia familia es de lo más entretenida." El demonio se detuvo y prestó atención. "Están muertos de miedo, quien lo diría. Sam Winchester, el recipiente de Lucifer, aterrado. Pero… no es por él mismo, no teme por su propia vida, no es por la chica, por una humana."
El demonio rompió a reír, mientras Castiel y Dean no le quitaban la vista de encima. Castiel sabía de lo que aquel demonio era capaz de hacer, no podía permitirse ni un segundo de despiste o de lo contrario Dean o Sam, estarían muertos.
"Vete de aquí. Ya te he dicho que no quiero hacerte daño."
"Pues es una pena, hermano, porque a mi no me importaría, lastimarte, por todo lo que hiciste. Puede que ya no sea un ángel, puede que no predique con lo que nuestro padre o que Michael nos enseñaron, pero se que te portaste mal con el resto de los hermanos. Tal vez me vuelvan a aceptar si hago esto por ellos."
Sin decir más, el demonio se concentró, cerró los ojos y levantó las manos. Dean no se podía creer lo que estaba viendo, pues Castiel no estaba haciendo nada, no se iba a defender, los dos sabían que el demonio le iba a atacar y Castiel no iba a hacer nada. Le recordaba demasiado a si mismo.
"Cass, ¿Qué estas haciendo?"
"Dean esto no te concierne y no lo entenderías."
Le entendía, pero no podía permitir que aquel demonio hiciera daño a su hermano, a su mujer y sobretodo a sus hijos. Toda su familia estaba en aquella, toda su familia estaba en peligro y Castiel no iba a hacer nada. No podía permitirlo.
"A la mierda con el amor de hermano." Dijo el cazador para si mismo. Ya tendría tiempo de hablar con Castiel sobre lo que estaba ocurriendo.
Por fortuna para Dean, el demonio parecía odiar demasiado a Castiel como para preocuparse por él, por lo que lentamente comenzó a levantarse lentamente, sin hacer ruido para que el demonio no se percatara de su presencia, ni de lo que intentaba hacer.
Sin embargo, todo pasó tan rápido, que Dean apenas pudo reaccionar. Tal vez fuera la falta de costumbre, los años que había pasado sin cazar, pero no pudo actuar antes de que todo ocurriera. Escuchó los pasos desde el piso de arriba, alguien que corría hacia las escaleras y que el demonio reconoció en seguida por su aroma.
"La humana se acerca. No pensaba que Sam se hubiera vuelto un completo cobarde que deja que se sacrifiquen por él. Pensaba que ese era tu trabajo." El demonio no se dio la vuelta para hablar con Dean, pues los humanos no habían sido nunca su mayor preocupación y menos cuando se trataba de un cazador que hacía años que no le molestaba.
"¿Dean?" La voz de Lindsay, rompió el corazón de Dean, si no hacía algo pronto, la chica sin duda moriría. "¿Dean va todo bien? Se que no debería estar aquí, pero no se, creo que Sam no se encuentra muy bien y es posible que tenga algo que ver, eso que tiene dentro."
"Estoy aquí abajo, con Castiel, baja." Dean miró con desesperación al demonio, hacía mucho que no veía a un demonio tan poderoso como para poder imitar su voz y al mismo tiempo mantenerlo ahí quieto, como si de una estatua se tratara. También parecía haber paralizado a Castiel.
"No dejes que lo haga, por favor Cass, no permitas que la mate. Se que quieres a tu hermano y que no podrías hacerle daño. Pero por favor Cass, no dejes que mate a Lindsay, ¿Sabes lo que le haría eso a Sam? No podría volver a ser el mismo y ahora, con ese demonio."
"Lo se Dean." Castiel le devolvió la mirada a Dean, sus ojos mostraban la agonía que estaba sintiendo el ángel en ese momento, la desesperación por no saber que hacer. escuchaba a Linsday cada vez más cerca, veía a Dean, atrapado por el demonio que poco tiempo antes, unos pocos cientos de años antes había sido su hermano, al que más había querido y por el habría matado al resto de los ángeles. Estaba confuso.
"Dean, estoy preocupada por Sam. Dice que hay un demonio aquí abajo y se había empeñado en que no bajara, pero no se encuentra bien. Creo que si algo en la casa, le está haciendo daño."
"Tranquila, baja y lo solucionaremos. Ha venido alguien que seguro que puede ayudarnos y que quiere conocerte."
Dean cayó de rodillas, el demonio estaba usando casi toda la fuerza vital del cazador para hablar, para imitar su voz, su tono, su forma de ser. Lo vio sonreír de una forma grotesta y terrible que tan sólo deseaba pegarle un tiro y acabar con él de una vez.
"Cass, por favor." Le suplicó mentalmente Dean a su amigo, justo cuando Lindsay apareció al final de las escaleras.
La chica se quedó paralizada. "¿Dean que está pasando aquí? ¿Es él… es otro demonio?" Trató de dar un paso atrás, pero no lo hizo. Tenía miedo, estaba aterrada, pero algo en su interior le decía que se estuviera quieta, algo le hacía sentir bien. Miró a los tres hombres alternativamente, pero su vista quedó clavada en Castiel que poco a poco se acercó a ella.
De nuevo unos pasos sonaron en la escalera, solo que en este caso parecían más torpes, como si le costara caminar a esa persona.
"Vaya, así que vamos a tener una reunión familiar, Sam viene en camino."
"No te acerques a mi hermano."
Dean seguía atrapado dentro de la prisión invisible en la que el demonio le había encerrado, pero de la misma forma que había pasado la vez anterior; la atención del demonio estaba puesta en Lindsay y Castiel, por lo que notó que podía mover los brazos y que la voz volvía a ser exclusivamente suya.
"Lo siento Dean, pero como he dicho antes, va a ser un verdadero placer acabar con los dos Winchester al mismo tiempo y ya de paso con mi querido hermano. No creía que fuera a ser un día tan maravilloso cuando me he levantado esta mañana. ¿Qué te parece a ti preciosa?"
Con un movimiento casi imperceptible, el demonio hizo que Lindsay fuera arrastrada hasta él. Rodeó su cuerpo con ambas manos y se echó a reír, cuando ella empezó a forcejear, pues al fin y al cabo, le recordaba a esos documentales que había visto en televisión, en los que los mayores depredadores del mundo atacaban a sus presas indefensas.
"Creo que esto va a ser divertido."
La enfermera protestó y se revolvió, pero las garras del demonio eran demasiado opresivas, no había forma de liberarse, por mucha fuerza que estaba usando, el demonio siempre usaba más.
"¡Dean ayúdame!" Gritó, al notar los labios del demonio en su cuello. Sintió su lengua recorriendo su piel. Volvió a protestar, al notar un pequeño mordisco, pero por mucho que lo intentaba no había forma, su prisión era demasiado fuerte y lo único que estaba consiguiendo era que el demonio le hiciera más daño todavía.
"Puede que ya no tenga la sangre de demonio en mi interior, pero puedo enfrentarme, puedo usar al demonio que me controla para que dejes a Lindsay en paz."
Todos levantaron la vista hacia la escalera. Allí estaba Sam, pálido, como si acabara de salir de la tumba y apenas se mantenía en pie, pero Lindsay se dio cuenta que el demonio que la retenía se estremeció al verlo ahí.
"Sam, no." Sollozó Lindsay. No sabía lo que significaba eso de usar al demonio, pero estaba segura que no podía ser nada bueno para él. Sam le sonrió con ternura y Lindsay creyó ver que se estaba despidiendo de ella. "Sam…"
"Cas, saca de aquí a Lindsay. Sam, no creo que al demonio que llevas dentro le vaya a gustar lo que va a pasar y en cuanto a ti, amigo, te dije que dejaras en paz a mi familia y si tienes algún problema con la tuya, será mejor que lo arregles fuera de mi vista."
El demonio dejó marchar a Lindsay y fue hasta Dean, pero no llegó, miró al suelo, al símbolo que el cazador había dibujado con su propia sangre. Se quedó petrificado, sabía lo que eso significaba, pero hacía mucho que nadie le atacaba como si de un ángel se tratara.
"Veo que les has enseñado bien para deshacerse de los ángeles. Espero que nunca se cansen de ti, hermano."
Dean presionó el símbolo con fuerza con la mano ensangrentada y un potente haz de luz inundó la habitación. Un momento más tarde, Dean abrió los ojos y aunque le costó un momento acostumbrase a la oscuridad que otra vez cubría la habitación, en seguida se dio cuenta que estaba sólo en el cuarto.
Se levantó por fin y dio un par de pasos, para asegurarse que la trampa había desaparecido con el demonio. "Sam, Cass, Lindsay, estáis ahí." Esperó un segundo, con el corazón latiendo a cien por hora.
Tenía demasiadas cosas en la cabeza, Carolina y lo que había tenido que ver y sufrir, saber que iba a ser padre otra vez. suplicó por no haberle hecho daño a Sam por haber usado esa forma de echar al demonio; porque aunque sabía que esa forma era efectiva con los ángeles, nadie le había dicho si también actuaba con los demonios. Castiel también le preocupaba, pero no tuvo que darle muchas vueltas a la cabeza, pues en seguida escuchó pasos acercándose a él. Los vio aparecer en la habitación, Sam y Lindsay juntos y Castiel tras ellos, con el semblante alicaído.
Deano no preguntó pues ya sabía el motivo de aquella expresión, aunque no conociera toda la historia. Como había pensado antes, le preguntaría, pero antes tenía que preocuparse por otras cosas.
"¿Sam como estás?"
"Mejor ahora que el demonio se ha ido. Ha sido muy extraño, pue sentía que el demonio que trata de dominarme, odiara a ese demonio. Nunca me había ocurrido algo así."
"Eso es porque el demonio que nos ha atacado, antes era un ángel y tal vez los demás demonios sean un tanto racitas y tan sólo les gusten los demonios de pura sangre." Sam miró a su hermano sorprendido y luego se dio la vuelta hacia Castiel, pero vio que había algo extraño en él, no estaba en la conversación. Quería preguntar, pero su hermano le hizo un gesto negativo con la cabeza.
"¡Dean!"
El cazador se dio la vuelta, Carolina estaba en la puerta, visiblemente nerviosa, lo suficiente, como para echar a correr y lanzarse a los brazos de su marido. Él la arropó con fuerza y la besó. La sola idea de poder llegar a perderla le estaba haciendo polvo.
"¿Cómo estás?"
"Bien ahora que no estoy atrapada por un demonio." La sonrisa de Carolina iluminó su rostro. "Pero creo que va siendo el momento de que me cuentes un par de cosas sobre tu vida antes de conocernos. Vas a tener que ponerme al día de muchas cosas."
"Si pero antes… ¿Estás embarazada?"
"No quería que te enterarás así, pero. Si, vamos a ser padres otra vez."
"Cass, necesito que me digas que el bebé y ella están bien." El ángel no contestó, por lo que Dean tuvo que volver a llamarle para que le hiciera caso. "¡Cass!"
Dean compredía que su amigo estaba mal, que demasiados recuerdos aparecían en su mente, pero el cazador lo necesitaba en ese momento a su lado. Cuando todo es tuviera más tranquilo, tendría una charla con él, sobre las relaciones de hermanos que estaban en diferentes bandos.
