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Hermione salió del Caldero Chorreante rumbo a La Madriguera para asistir a la temida comida familiar, la última vez que había asistido había sido cuando ella y Ron aún estaban juntos, desde entonces sólo había hecho esporádicas apariciones cuando era invitada a una boda, cumpleaños o a conocer a los nuevos pelirrojos que parecían estar llegando al mundo en continuidad ininterrumpida, la última vez que había estado en el hogar de Molly fue para conocer a James Potter y a Ronald Weasley, éste último el hijo de Ron y Lavender.
Por eso le causó tanto espanto a la castaña encontrarse rodeada de varios niños y niñas que corrían de un lado a otro, unos lloraban, otros gritaban y otros reían, sólo logró reconocer a James y eso gracias a que Ginny le había mandado una foto reciente del niño, antes de que la castaña pudiera decidirse a huir del lugar llegaron de la cocina Ginny Potter y Lavender Weasley precedidas de dos grandes vientres.
- ¡Hermione!- gritó Ginny tratando de acercarse a la castaña.
Hermione sonrió con dificultad, comprendía que viviendo entre tanto niño era necesario gritar para hacerse entender por sobre todos los pequeños pelirrojos pero Ginny definitivamente había heredado el tono de Molly Weasley.
- Ginny, Lavender- saludó Hermione a las dos mujeres.
- Vamos afuera, tenemos que poner la mesa- dijo Ginny.
Hermione las siguió agradecida, apenas podía escucharse pensar ahí adentro.
- ¿En donde están Harry y Ron?- preguntó la castaña, entre ayudar a las dos mujeres a poner la mesa y platicar con Harry, prefería lo segundo.
- Están jugando quidditich con todos los demás- respondió Molly Weasley que salía de la cocina acompañada de todas sus demás nueras, varias cacerolas de comida flotaban detrás de ellas.
Hermione se acercó a saludar a Molly y a los esposas de los demás Weasleys.
- Harry me dijo que te vas a quedar unos meses- comentó Molly Weasley viendo a la castaña sospechosamente.
- Sí- respondió Hermione pero no elaboró en sus razones, sabía que Molly nunca había terminado de aprobar sus decisiones, mientras estaban en Hogwarts, su presencia era tolerada por la matrona porque era amiga de Harry y Ron pero nunca tuvo reparo en mostrar su reprobación cuando algo que hacía Hermione le parecía impropio, igual que su hijo Ron, la mujer era dada a creer los chismes más absurdos (como por ejemplo los de Rita Skeeter) lo cual le había causado a Hermione muchos problemas con la mujer especialmente porque era una silenciosa guerra privada entre ambas pues nadie más en la madriguera se daba cuenta de la animosidad, pero los verdaderos problemas comenzaron cuando Ron y ella comenzaron a vivir juntos sin antes casarse, entonces Molly mostró sin reservas su disgusto; y finalmente la mujer fue francamente hostil cuando Hermione abandonó a Ron para irse a trabajar a Egipto.
- ¿Y no piensas en casarte?- preguntó Molly, la pobre sabelotodo se estaba quedando, lo cual en realidad no era raro, la mujer no sabía ni los hechizos más básicos de cocina.
- No- respondió Hermione cortante, viendo hacía donde venían los hombres y los niños.
- Mamá, déjala en paz, Hermione es una de esas mujeres intelectuales que primero quieren ver el mundo y conocer varios hombres antes de ponerse a remendar calcetines- dijo la esposa de Percy, Audrey Weasley, sonriéndole nostálgicamente a la castaña.
A pesar de que Molly emitió un sonido de disgusto y horror cuando escuchó "varios hombres" Hermione le sonrió agradecida a Audrey, ambas habían trabajado juntas en el Departamento de Aplicación de la Ley Mágica, cuando Hermione estaba indecisa entre seguir en su vida con Ron y el ministerio e irse a estudiar a la Gran Biblioteca de Alejandría, fue Audrey quien le aconsejó irse por lo segundo, si la hubiera visto feliz con Ron y en su trabajo, tal vez no lo hubiera hecho, pero era obvio que Hermione estaba viviendo su vida conforme lo que se esperaba de ella y no lo que ella quería.
- ¡Hermione, viniste!- exclamó Harry al ver a la castaña entre las mujeres.
El trío se reunió brevemente para intercambiar saludos pero en seguida Molly dio la orden de sentarse a comer y los amigos se vieron forzados a posponer su conversación.
La comida pasó entre amenas pláticas, lloriqueos de los niños que no querían comer, regaños de las madres, ofrecimiento de segundas raciones y quejas de las futuras madres.
- Hermione, leí tu artículo en el Almanaque de Aritmancia, es la primera vez que te publican internacionalmente- comentó Audrey emocionada.
La castaña sonrió agradecida, había sido un gigantesco logro en su carrera profesional pero no esperaba que nadie en la madriguera lo supiera.
- Me invitaron a colaborar mensualmente- informó la castaña sin mencionar que la paga sería ínfima, Ginny Potter ganaba más dinero con su columna de quidditch que lo que Hermione ganaba con sus publicaciones de Aritmancia Avanzada, después de todo ¿a quién le importaba que Hermione Granger hubiera desarrollado nuevas formulas para calcular probabilidad basándose en datos variables e inestables que antes no habían podido ser usados, cuando la esposa de Harry Potter sabía la diferencia entre una quaffle y una snitch?
- Percy me dijo- dijo Audrey viendo de soslayo a su esposo que en ese momento se encontraba alimentado a una de sus hijas mientras Audrey se encargaba de la otra.
- Se ve cansado- comentó Hermione observando a su asistente con curiosidad, Percy había comenzado hacía poco tiempo a trabajar en Alejandría porque después de que terminara el periodo de Kingsley Shackelbot como Ministro, Percy había sido descendido de posición y se rehusó a aceptarlo por lo tanto renunció a su trabajo estando seguro de que en unos cuantos meses le rogarían que regresara a su antiguo puesto, hasta el momento no había pasado.
- Va a renunciar- anunció Audrey, Percy viajaba todos los días por traslador o Aparición desde Egipto hasta Inglaterra y era estresante.
- ¿Y qué van a hacer?- preguntó Hermione, Percy no había pasado tanto tiempo en su nuevo trabajo, había sido asignado como asistente del Departamento de Investigación en donde Hermione era una de las titulares, por lo tanto habían trabajado juntos a menudo.
- Va regresar al Ministerio en el Departamento donde nosotras estábamos- respondió Audrey.
- ¿Y tú?- preguntó la castaña viendo con ojos indagantes a la mujer, Audrey había sido buena en su trabajo pero había tenido que dejarlo después de su primer embarazo, en el Mundo Mágico no hay guarderías ni escuelas primarias y ni Audrey ni Percy querían dejar a su hijas con Molly Weasley.
- Estoy esperando a que cumplan once años- dijo Audrey resignada, ya sólo faltaban siete años para la pequeña Molly y ocho para Lucy.
- Llévalas a una escuela muggle- aconsejó Hermione por centésima vez.
- ¿Y arriesgarme a los regaños de Molly?- preguntó Audrey con disgusto.
Hermione meneó la cabeza con indignación.
- Molly va a encontrar la forma de criticarte, ya sean tus guisos, tu casa, por atender mal a su hijo o por la forma en que educas a sus nietas, que más da que se enoje por inscribir a las niñas en una escuela muggle, tendrían la oportunidad de conocer dos formas de vida, de saber que la magia no lo es todo, y de saber que se puede vivir con perfecta comodidad sin necesidad de una varita- dijo Hermione finalmente y en voz baja.
- No es eso, creo que aunque hubiera escuelas mágicas para niños Molly se opondría, si tienes hijos es porque los vas a criar si no para qué lo haces- argumentó Audrey, ella lograba entender la posición de Molly al respecto pero no la compartía completamente.
Hermione suspiró exasperada, ella había crecido en un hogar de profesionistas, no entendía por qué no era posible ser madre y tener un trabajo, Molly y Hermione eran dos mujeres de siglos de distintitos, y ambas tenían la razón, pero eran diferentes, casi opuestas, y por eso los hombres que crió Molly jamás serían los indicados para Hermione.
Audrey regresó su atención a su pequeña hija que insistía en comer con las manos y la comida terminó antes de que las dos mujeres pudieran terminar de hablar.
- Hermione, ¿has encontrado algo interesante?- preguntó Harry en cuanto terminó la comida y las mujeres Weasleys se pusieron a recoger y limpiar platos.
- Interesante pero no para mi investigación- respondió Hermione, -nada peligroso, ni oscuro- elaboró al ver la mirada de Harry.
- ¿Estás segura?- insistió Harry.
Hermione sólo lo miró con exasperación, claro que estaba segura.
- ¿Y has sabido algo de tu asesino?- preguntó la castaña para cambiar de tema antes de que Harry preguntara qué es lo que había encontrado de interesante en las cosas de un mortífago.
Harry miró alrededor sospechosamente, no quería hablar al respecto en medio de toda su familia, subrepticiamente comenzó a alejarse un poco con Hermione a su lado.
- Creemos haber encontrado algo, ninguna de las víctimas tiene parentesco muggle inmediato, son de sangre pura- comentó Harry casi sintiéndose entusiasmado, no sabía que estaba extrañando las aventuras de Hogwarts, no que los asesinatos fueran algo aventuroso y divertido pero esta vez ninguna de las tragedias podía ser culpa de Harry por lo que se sentía libre para investigar el misterio.
Hermione arrugó el entrecejo y miró a Harry con preocupación, la guerra no había terminado con el racismo, de hecho el prejuicio se había acrecentado, excepto que ahora los racistas eran todos, los sangre pura contra los sangre sucia y viceversa, si el público se enteraba de los extraños asesinatos, Harry tendría un problema mayor en sus manos.
- Pero dijiste que el asesino lleva años trabajando- dijo Hermione.
- Sí, pero sólo se ha vuelto visible en los últimos meses, lo cual quiere decir que está saliendo de control, está cometiendo errores- dijo Harry con su tono serio.
- ¿Y qué más?- preguntó Hermione esperando algo más del mejor auror del Ministerio.
- Nada más, no encontramos mucha información sobre la marca, todavía no tenemos sospechosos pero hemos puesto espías en el Callejón Knockturn, adivina quienes son asiduos visitantes del lugar.
Hermione estaba segura de que no le iba a gustar la respuesta.
- ¿Quienes?
- Nott, Malfoy…
- Harry, no puedes acusar a las personas por visitar callejones de mala reputación, es como si a un muggle lo señalaran por pasar por la Zona Roja, cada quien es libre de transitar por donde quiera- argumentó Hermione.
- Pero Nott y Malfoy tienen antecedentes.
- ¿Y qué negocios visitan?
- Malfoy se la pasa en Borgis y Burkes, y Nott siempre entra en… "Accio bruja"- dijo Harry con incomodidad al mencionar lo último, "Accio Bruja" era una casa de prostitutas.
Hermione hizo en gesto de disgusto al escuchar lo último pero se deshizo rápidamente de ese sentimiento, habría preferido no saber ese detalle, ahora cada vez que mirara a Theodore Nott no podría evitar pensar en lo que Harry acababa de decirle.
- Eso puede decir muchas cosas sobre ellos pero nada que los vincule a los asesinatos- dijo Hermione, lo último que Harry necesitaba era obsesionarse con una sola idea como solía hacerlo.
Harry se mordió el labio para no quejarse de los regaños velados de su amiga, no iba a admitir que estaba concentrando sus investigaciones en los Malfoy y Nott porque tenía una corazonada.
- Ya escogimos un nombre para el bebé- anunció Harry cambiando el tema de la conversación súbitamente.
Hermione volteó confundida a ver la razón para la que Harry había cambiado de tema y se encontró con la radiante sonrisa de Ginny Potter.
- Albus Severus- dijo orgulloso el niño-que-vivió.
Hermione esperó algunos segundos a que alguno de los dos Potter se riera y dijera que no es cierto pero el momento nunca llegó.
- Albus Severus Potter, ¿qué te parece?- preguntó Ginny.
Lo que parecía era que Harry estaba terminando de masacrar la memoria del hombre que en vida había vituperado y calumniado sin descanso, si Severus Snape estuviera vivo le escupiría en la cara al niño-que-vivió por atreverse a tomar su nombre para uno de sus hijos, tal vez el maestro de pociones haya dedicado su vida a proteger a Harry por un sentido de deber pero eso no quería decir que el hombre en el fondo haya querido, estimado, o siquiera respetado a Harry Potter.
- Bien- logró decir Hermione con una sonrisa y viendo a Ginny con una mirada interrogante, entendía la obsesión de Harry con los muertos, pero que Ginny hubiera permitido el altisonante nombre era algo extraño.
- Es una forma de rendirles tributo- contestó Ginny la silenciosa pregunta de la castaña.
Hermione asintió, seguramente Harry se había puesto en el plan ser el-niño-que-vivió, era difícil negarle algo al auror cuando inconscientemente traía el drama de su pasado a flote.
- Tengo que irme- dijo Hermione viendo a Harry a los ojos para intentar comunicarle que lo visitaría en el Ministerio para continuar hablando, el auror asintió entendiendo perfectamente la mirada.
La castaña se despidió del resto de los Weasleys deteniéndose varios minutos con Ron y su esposa para observarlos con detenimiento y comprobar una vez más que había hecho lo correcto al dejar a Ron cuando lo había hecho, finalmente salió de Madriguera después de prometerle a Audrey Weasley que la visitaría la siguiente semana.
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Theodore Nott caminó con rapidez por el callejón ignorando las miradas de los aurores que lo seguían desde sus esquinas, visitar prostíbulos no era un crimen, lo que tenía pensado hacer en el prostíbulo posiblemente sí, pero los aurores no se iban a enterar de eso.
Entró al establecimiento y siguió su camino ignorando a las brujas y magos que ofrecían sus servicios, la Madam del lugar ignoró su presencia y no se molestó en enviarle a su ejército de seductoras, Theodore pasó por las habitaciones del primer piso y bajó hasta el sótano del lugar, con un movimiento de su varita el suelo se abrió y se hicieron visibles unas escaleras que parecían no tener fin, Theodore descendió con rapidez y se encontró en las catacumbas secretas del Callejón Diagón, navegó por los caminos laberínticos sin problemas y pronto llegó a su destino.
- El pequeño Theo- saludó una fuerte voz sin voltear a ver a su visitante.
Theodore respondió con una maldición para la que el hombre estaba listo, continuaron con un duelo que habían comenzado hacía años y nunca podían terminar.
- ¡Avada Kedavra!
El hombre se carcajeó cuando el rayo de luz verde se impactó contra su pecho.
- Diablos, Theo, sabes que esa maldición siempre me da cosquillas- se quejó el hombre guardando su varita.
Theodore bajó su varita pero no la guardó, recorrió con la mirada la habitación para asegurarse de que las mascotas del hombre no saldrían a atacarlo.
- Te ves mal, Theo- dijo el hombre como si realmente le importara la salud de su visitante.
- Si no fueras tan ambicioso podríamos haber llegado a un acuerdo cuando Taylor murió, aún podemos hacerlo- continuó el hombre, estaba acostumbrado al silencio de Theodore.
- La sangre sucia, deja que yo me encargue de ella- dijo el hombre con autoridad.
Theodore levantó una ceja y observó al hombre con ojos interrogativos.
- A cambio, yo te puedo dar la última botella de poción que me queda- ofreció el hombre, era Titus Thukell, un viejo amigo y colega de Taylor Nott.
- Tú la necesitas más que yo- habló finalmente Theodore.
El hombre sonrió con crueldad y se acercó con lentitud al mago.
- Pero yo ya estoy loco, no tengo nada más que perder, tu mente en cambio todavía está sana- murmuró el hombre viendo a Theodore a los ojos.
Theodore miró escépticamente al hombre, ¿sana?
- O tan sana como puede estar la mente de un hombre que nació maldito… sabes a lo que me refiero- enmendó el oscuro personaje.
Theodore sonrió con expresión irónica y asintió levemente.
- De todas formas, es inconsecuente quien de los dos se encarga de Granger, lo importante es que consiga lo que pretende, y es más fácil si la "ayudo" yo- argumentó Theodore aparentando afabilidad.
- Pero tú ni siquiera puedes tocar las cosas de Taylor, mucho menos ayudarla a descifrar los enredos que dejó- le recordó el hombre.
Theodore sonrió de lado, como si tuviera un fabuloso secreto que no estaba dispuesto a decir, un triunfo bajo la manga.
- En sus últimos años mi padre no era tan lúcido como creía- mintió Theodore sonando vago y críptico, quería hacerle dudar a su interlocutor.
El hombre arrugó sus cejas al escuchar las palabras de Theodore pero sabía lo slytherin que podía llegar a ser el hijo de Taylor.
- ¿Qué quieres decir?- preguntó el hombre finalmente, se rehusaba a creer que Theodore hubiera podido romper los maleficios que su padre había dejado sobre sus cosas.
- He estado leyendo sus diarios…- mintió Theodore, ni siquiera podía tocarlos, una semana antes de ser arrestado, Taylor había puesto sus cosas y su investigación bajo protección mágica para asegurarse de que Theodore no tendría acceso a sus cosas, se había dado cuenta de que su hijo sería capaz de traicionarlo en cualquier momento.
Taylor había dedicado su vida a las Artes Oscuras, incluyendo pociones oscuras, antiguas, míticas, secretas, extrañas; al igual que Titus Thurkell, una de sus mayores obsesiones había sido la continuación del linaje, después de intentar en vano por decenas de años con distinta mujeres, Taylor se decidió a hacer algo espantoso para conseguir a su heredero, la concepción de Theodore había requerido un ritual oscuro, y la magia siempre tiene consecuencias, en especial las Artes Oscuras.
Theodore había nacido maldito, le tocó pagar por los pecados de su padre, entre sueños vivía con demonios y el horror lo habría matado cuando era niño si Taylor y Thurkell no hubiera encontrado una copia del recetario de la mítica Circe, Theodore se volvió adicto a la poción y su padre era el único proveedor, cuando reapareció Lord Voldemort comenzaron las discrepancias entre padre e hijo, para asegurarse de la lealtad de su hijo, Taylor se aseguró de que Theodore no pudiera tener acceso a la receta ni a nada que le pudiera ayudar a llegar a ella, pero no tenía pensado ser enviado a Azkaban, mucho menos morir ahí.
Había sido entonces cuando comenzaron las relaciones clandestinas de Theodore con Titus Thurkell, después de muchos duelos, negociaciones y amenazas, Thurkell le había dado la receta a Theodore, sólo para burlarse y decirle que de nada le servía porque los ingredientes principales estaban extintos, fue así que comenzó la búsqueda por la isla de Circe, cuando Theodore escuchó los rumores en Alejandría de que Hermione Granger había pedido financiación para un proyecto demente, el slytherin se puso a complotar, Thurkell había hecho lo mismo, y ahora uno de los dos tenía que ceder.
- No te creo- aseguró Thurkell viendo a Theodore con sospecha.
- Eso no importa- dijo Theodore.
- ¿Realmente quieres a la sangre sucia contaminando las cosas de tu padre?- preguntó Thurkell con disgusto.
Theodore sonrió de lado como lo hacía cada vez que alguien compartía con él un comentario racista, era una buena técnica, la había intentado con Draco Malfoy en varias ocasiones, el rubio decía algo estúpido sobre los sangre sucia y Theo se burlaba con sarcasmo, Draco pensaba que Theo se estaba riendo con él cuando en realidad se estaba riendo de él.
- ¿Prefieres que contamine tus oficinas de Alejandría? – preguntó Theodore.
- ¿Qué vas a hacer con ella cuando ya no te sirva?- preguntó Thurkell.
Theodore hundió el cuello entre sus hombros y adoptó una pose de indiferencia, Thurkell sonrió con crueldad.
- Entonces continúa con tus planes- dijo Thurkell con un brillo de locura en los ojos.
Theodore levantó una ceja, como si necesitara permiso; al ver la expresión de su interlocutor comprendió que Thurkell tenía planes diferentes para Hermione Granger, recordó la interacción que había observado entre el Thurkell y Hermione aquella vez en que se encontraron en el Ministerio y entonces Theo supo que la castaña estaba metida en graves problemas.
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Lamento el retraso, tenía estos dos últimos capítulos escritos desde algun tiempo pero estaba espearando a que me saliera el tercero, finalmente he decidio subir estos dos últimos, son cortos pero al menos creo que está avanzando la trama.
