CAPÍTULO 10
Edward tiró de la mano de Bella dirigiéndose hacia la pista de baile mientras que las primeras notas de "Black Velvet" en versión Country empezaron a sonar. Bella observó como las diferentes parejas se iban disponiendo en filas una detrás de otra.
—¿Qué es esto? —Preguntó con cara de pánico.
—¿No querías bailar?, Pues eso haremos, un típico baile country en un típico local country con el típico capataz country de la zona. —Edward enarcó una ceja y la dirigió una mirada petulante.
—Créeme, en ti no hay nada de típico, y cuando me refería a bailar pensaba en una canción lenta de toda la vida, no en un numerito propio de las películas.
—Tranquila Bella, tú sólo confía en mí. —La dispuso a su lado, pasó su brazo por encima de los hombros de ella para agarrar su mano y la otra por delante para sostener la mano que le quedaba libre.
—¡Edward, yo no sé bailar esto! —Harían el ridículo, nunca había bailado ese estilo. Ella era más de bailes de pubs y discotecas, no coreografías sincronizadas.
—Tú sólo sígueme y déjate llevar.
A partir de ese momento Bella se olvidó de la música y se concentró en seguir a Edward. Era un caos de pies cruzados hacia delante, hacia atrás, vueltas... varias veces lo pisó y chocaron con algunas parejas, lo que hizo que ella rompiera a reír de los nervios y el ambiente se relajara.
—Lo estás haciendo genial, nena. —Susurró Edward mientras daban la vuelta y repetían los mismos pasos, pero en sentido inverso.
—Creo que tus pies no opinan los mismo. —Bromeó—. Y los del vecino tampoco. —Señaló con la cabeza al cincuentón de al lado que sin querer se había llevado algún que otro pisotón.
Una vez rota la tensión inicial, Bella pudo disfrutar del resto del baile, aunque agradeció enormemente cuando la canción llegó a su fin. Todo el bar irrumpió en aplausos y al fondo pudo escuchar los gritos y silbidos de los amigos de Edward.
—Para ser el primer baile no lo has hecho nada mal, vaquera. —La felicitó Edward.
—Y tú parece que no estabas tan perdido, sólo necesitabas desengrasar esas caderas. —Ambos sonrieron—. Ahora, si me lo permites voy a ir al baño, que entre los nervios y las risas no puedo aguantarme más.
—Están al fondo, yo iré mientras a por algo para que puedas rellenar tu vejiga. Te espero en la mesa con los chicos. No tardes, aunque yendo al baño de señoras ya se sabe.
—Qué gracioso —Ironizó Bella—. Espero que lo que me pidas no lleve alcohol, no quiero que me emborraches.
—Me lo pensaré. —Y caminando de espaldas hacia la barra observó como ella se dirigía al baño. La verdad, es que no había pensado que le iba a costar tan poco bailar, con ella a su lado hasta lo había disfrutado.
๗๗๗
Isabella se retocaba en el baño cuando observó su imagen en el espejo. Tenía una expresión relajada, color en las mejillas, una sonrisa bobalicona se dibujaba en sus labios; parecía feliz. Hacía mucho tiempo que no sentía esa sensación.
Al momento de abrir la puerta chocó con otra chica; era más o menos de su estatura, rubia, de ojos azules, ataviada con unos pitillos negros ajustados y una camisa entallada a su cintura que marcaban su excelente figura. Iba a disculparse cuando ella abrió la boca y mirándola de arriba a abajo le dijo:
—Así que tú eres la nueva "zorrita" de Cullen. —El tono que utilizó y la forma en la que la miró de arriba a abajo destilaba veneno—. Tengo que reconocer que físicamente eres diferente a las demás.
—¿Perdona? —Bella no salía de su asombro—. No sé quién eres, pero no te permito que me faltes el respeto de esa manera.
—¡Ah, vaya sorpresa!, ¡La mosquita muerta tiene temperamento! —La rubia avanzó en su dirección haciendola chocar contra la puerta del aseo. Sus rostros estaban a escasas distancia—. ¡Mira, guapa!, Edward te dirá cosas bonitas, te adulará, intentará meterte en su cama y estará contigo hasta que esté satisfecho, pero no esperes nada más, él es mío.
Bella no se amilanó.
—No sabía que Edward fuera como un perro para tener dueño.
—¡Cómo se nota que no me conoces! Si lo hicieras no te atreverías a hablarme así, ¡Zorra! —La chica golpeó su mano contra el marco de la puerta— ¡Aquí la perra soy yo! Una perra que defiende con dientes lo que le pertenece, y llevo demasiado tiempo detrás de él para que una veterinaria de tres al cuarto me lo quite. ¡Aléjate de él o atente a las consecuencias!
La tensión entre ambas se podía cortar con un cuchillo. La rubia la estaba taladrando con la mirada, pero Bella se negaba a dejarse vencer.
—¿Tengo que llamar a mi marido para que intervenga, Jane? —Rosalie apareció detrás de ellas confirmando lo que ella sospechaba. La loca que la había abordado era Jane Voulturi. Al principio no pensó en ella, pero a medida que fue hablando empezó a atar cabos.
—Por supuesto que no, Rose. Simplemente le estaba dando la bienvenida al pueblo a Bella. —Estaba claro que Alec le había hablado de ella, era la única forma de que supiera su nombre—. Y aconsejándola, sólo por su bien.
—Mira Jane, si Edward se entera de esto no le va a gustar, y muy a tu pesar, él precisamente no te tiene en alta estima. —Las últimas palabras de Rosalie no le sentaron demasiado bien a Jane.
—¡Tú no sabes nada! Además, estoy segura de que nadie le va a contar nada de lo que hemos hablado aquí, ¿Verdad? —Miró a ambas—. Ya sabéis, podría decirse que son... cosas de chicas. ¡Os dejo! —Su tono de voz cambió a uno similar al de una niña pequeña, cualquiera diría que la dulce chica que ahora se despedía de ellas, era la misma que hace unos casi le saca los ojos—. ¡Disfrutad de la noche!... y Bella... no te olvides de lo que hemos hablado.
Jane se marchó dejando a las dos chicas en la entrada de los baños. Bella intentó agradecerle a Rosalie su intervención, pero ella no la dejó.
—Gracias Rosalie, yo...
—No me las des. Mantente alejada de ella y no le cuentes nada a Edward.
Sin más, Rosalie entró en los baños y la dejó allí. Estaba claro que la mujer de Emmet no sentía mucha simpatía por ella. Prefirió no pensarlo mucho. No sabía cuánto tiempo llevaba allí, pero sería mejor volver antes de que empezaran a sospechar.
Cuando llegó a la mesa se sentó al lado de Edward.
—¡Hey!, Pensaba que te habías caído por la taza del váter. —Bromeó.
—Ya sabes, en los baños de chicas siempre hay cola. De hecho, allí he dejado a Rosalie.
Edward dio un último trago a su cerveza y justo en el momento que Rose volvió se levantó y tomando la mano de Bella se despidió del grupo.
—¡Chicos!, Nosotros nos vamos. Tenemos que repetir esto más a menudo, ha estado bien.
—¿Ya os vais? —Preguntó Alice—. Pero si es muy pronto, aún tenemos mucho que hacer —Hizo un pequeño mohín con la boca.
—No os preocupéis, nos veremos pronto.
Bella confundida ante la repentina prisa de Edward por irse no tuvo más opción que despedirse de ellos. La noche había sido agradable y esperaba poder volver a verlos.
Salieron del local y se montaron en el coche.
—¿Por qué tanta prisa?, ¿Estás cansado? —Ella pensaba que lo estaban pasando bien.
—No, vamos a otro sitio. Me dijiste que a cambio del baile podría pedirte algo y quiero que me acompañes a un sitio, así que abróchate el cinturón. —Edward arrancó el coche y tomó un camino completamente distinto por el que habían venido.
—¿Ahora? —Preguntó sorprendida.
—Ahora, tú sólo... confía en mí.
—Es la segunda vez que me dice eso esta noche.
—Y cómo la vez anterior saldrá bien.
Después de un cuarto de hora conduciendo hacia lo que a Bella le pareció el camino hacia ninguna parte Edward detuvo el coche y la invitó a bajar.
—Llegamos. —Anunció él.
Bella miró a su alrededor. Estaba en mitad de la nada. Bien, eso no era del todo cierto, estaban en mitad del campo. Sólo había campo mirara hacia donde mirara.
—Esto no es nada. —Apreció ella.
—Esto, Bella, lo es todo. —Se dirigió hacia el maletero del coche, sacó una manta y una linterna, la tomó de nuevo de la mano y empezaron a caminar de nuevo. Cuando a él le pareció que habían caminado lo suficiente se detuvo, extendió la manta y tumbándose en el suelo la invitó a hacer lo mismo.
—Cierra los ojos, túmbate y vuelve a abrirlos, sólo entonces lo entenderás. —Pidió él.
Bella hizo lo que él le ordenó y cuando abrió los ojos se asombró. Ante ella estaba una de las imágenes más bonitas que había visto jamás: el cielo nocturno se había transformado en un manto estrellado iluminado por la luz de la luna llena. La estampa era preciosa, las estrellas parecían pequeñas luces que brillaban de manera intermitente.
—¡Es precioso, Edward! Nunca había visto algo tan bello. —Apreció sin dejar de mirar el cielo, por eso no pudo observar como él la miraba a ella.
—Yo sí. —Susurró Edward acercándose a ella—. Verte a ti aquí, tumbada a mi lado, iluminada por las estrellas mejora las vistas mucho más.
Bella giró su cabeza y vio como él la estaba mirando fijamente. Poco a poco ambos se fueron acercando hasta que sus labios se unieron y entonces todo estalló. Era como si ambos estuvieran sedientos el uno del otro. La boca de Edward poseía sus labios, su lengua invadía voraz su boca mientras que ella buscaba ansiosa su contacto. Edward se colocó encima de ella intentando no aplastarla, pero a Bella no le pareció suficiente. Necesitaba tocarlo, lo agarró de la camisa y pego su cuerpo contra el de ella. La pasión era arrolladora. Una fiebre enloquecedora los consumía. Edward deslizó su mano a lo largo de la pierna de ella levantando la falda de su vestido y acariciando su suave piel. Gemidos aterciopelados abandonaban la boca de Isabella, el contacto con él hizo que su cuerpo ardiera, ansiosa buscaba frotar su pelvis con la de él, que había empezado a imprimir un frenético golpeteo haciendo que ambos sexos chocaran.
Nunca había sentido esa necesidad, esa urgencia por ser poseída. Intentaba poner un poco de cordura en esa situación. Necesitaba hablar con Edward antes de avanzar más. Tenía que contárselo, pero era difícil razonar cuando él estaba devorando su cuello a la vez que sus manos la recorría de arriba a abajo; una agarrándola fuertemente por sus glúteos acercándola más a él describiendo un lento pero sensual camino desde su culo hasta su pubis dónde estaba completamente húmeda, y la otra amasando su pecho cubierto sólo por un fino sujetador de encaje. La brisa que corría y las caricias con las que Edward la estaba torturando habían provocado que sus pezones se pusieran inhiestos, deseosos y anhelantes de un contacto más íntimo que los calmara, pidiendo a gritos que fuera cubierto por su boca.
Edward no estaba mucho mejor. La manera en la que Bella lo apretaba contra su cuerpo lo estaba volviendo loco. Deseaba besar cada poro de su piel, pasar su lengua por cada rincón. Bella lo acariciaba; su pecho, su espalda, su nuca, amarraba fuertemente sus manos a su pelo cuando ambos se separaban por segundos para buscar aire. Perdido en ella, notó como tímidamente su mano se dirigió hacia la entrepierna de él; estaba duro, completamente rígido, su erección iba a travesar sus pantalones. Con sus manos había podido comprobar lo mojada que ella estaba, y de seguir así, él se correría como un quinceañero.
—¿Qué me estás haciendo Bella? —Murmuró contra el hueco de su cuello—. Me vuelves loco.
Las palabras de Edward la hicieron volver de la marea de pasión y lujuria en la que estaba envuelta.
—Edward. —Suspiró—. Espera…, y... —Los besos de él no le permitían una tregua—. No...Edward... no. —Intentó separarlo suavemente y entonces él consciente de lo que ella intentaba hacer se apartó como un resorte.
—¡Dios!, ¡Bella, lo siento!, yo... perdí el control, ¡Perdóname!, yo no quería… —La expresión horrorizada que había en la cara de Edward la hizo comprender que había malinterpretado las cosas.
—¡Jamás te forzaría, Bella!, Yo...
—¡No!, ¡No, no, no, Edward !, ¡Por favor escúchame! —Poniéndose de rodillas, se acercó a él y le retiro las manos que tapaban su cara. Sosteniendo su cabeza frente a ella lo tranquilizó.
—¡Yo sí quería!, Es decir, ¡Sí quiero!, ¡Lo deseo! —Ante esas palabras Edward se tranquilizó—, Es sólo que... yo nunca...no he...
—¿Tú no...?, ¿Eres...? ¿Eres..?
—Soy virgen Edward. Nunca he tenido relaciones sexuales completas, y desde luego nunca he sentido con nadie lo que acabo de sentir aquí contigo.
Edward estaba estupefacto. Ella le había comentado que no había tenido muchas relaciones, pero jamás imaginó que fuera virgen.
—¿Pero cómo es posible?, Es decir, si has estado con chicos antes, ¿No?
—Sí, pero nunca así. Alguna cita, algunos besos, pero no tanta intimidad. Nunca se dio la oportunidad, no sentía la necesidad de hacerlo con ellos.
—Bella...
—¡No, Edward!, No quiero que pienses que te digo todo esto porque soy una mojigata o algo parecido. Me ha encantado lo que ha pasado aquí, quiero decir que me estaba gustando bastante, que nosotros..., que tú y que yo..., —Estaba empezando a balbucear—. Es sólo que necesitaba que lo supieras antes de... ya sabes...
Edward le acarició la mejilla suavemente.
—¡Madre mía, Bella!, ¡Eres única!, ¡Vas a ser mi perdición! —Sonrió y la besó suavemente. Cuando se apartó Bella volvió a buscar sus labios, pero Edward la frenó. Ante ese gesto, Bella contrariada le aclaró.
—Yo... quiero que sigamos con lo que estábamos, no quiero que esto cambie nada.
—Y lo haremos, —aseguró él—, pero no aquí. Tu primera vez no será sobre una manta en mitad de un campo. Además, creo que ha quedado claro que los dos tenemos demasiadas ganas el uno del otro, y en estas circunstancias, esto nos dejaría insatisfecho a ambos. Podemos tomar esto como un ensayo, una práctica.
—¿Una práctica? —Preguntó suspicaz.
—Sí, una práctica, y ya sabes lo que dicen... con la práctica se llega a la perfección. Será mejor que volvamos.
Bella hizo un pequeño mohín, puede que ese ansía que sentían ambos les hubiera dejado insatisfechos, pero el estado en el que se encontraban ahora mismo podría ser muy similar. Tomando su mano se levantó y recogiendo las cosas se dirigieron al coche. Un incómodo silencio se instauró entre ellos.
—Edward, esto no cambiará nada entre nosotros, ¿No? —Estaba empezando a arrepentirse de haber hablado con él.
—Por supuesto que no. Me gustas. Te deseo. Me agrada estar contigo. Eso no ha cambiado ni cambiará, simplemente haremos las cosas de manera diferente. —La sonrisa que le dirigió y la suave caricia en su mano la tranquilizó. —¿Por qué tardaste tanto en el baño?.
Edward no era sutil. Sus cambios de tema eran así, inesperados y teniendo en cuenta lo que había pasado, lo que menos esperaba ella era que dirigiera la conversación hacia allí.
—¿De verdad me estás preguntando eso?
—Sí.
—Ya te lo dije, había cola. —Isabella no iba a contarle lo sucedido con jane, no por miedo a su amenaza, simplemente no iba a darle la importancia que ella quería
—¿Rosalie es así siempre o sólo conmigo? —Ella también podía jugar a su juego.
—Te has dado cuenta, ¿Eh? Ella es así, pasa de ella, yo lo hago. Su carácter es extraño, simplemente tienes que aprender a conocerla. Es completamente diferente a Emmet. Aún no sé cómo han podido terminar juntos.
—Ya sabes, los polos opuestos se atraen.
—Llegamos. —Anunció Edward. Se bajó del coche y fue a abrirle la puerta. La acompañó hasta la puerta principal. Bella fue la primera en hablar.
—Gracias por esta noche.
—Gracias a ti. Hacía años que no tenía una noche así. Estoy seguro de que será la primera de muchas.
—¿De verdad?
—De verdad. Además, tenemos que seguir "practicando". —Se acercó a ella, acarició su labio inferior y de manera muy lenta acercó su boca. Esta vez el beso fue pausado, lento, sin prisas, una suave caricia que la hizo suspirar.
—Descansa. Mañana nos vemos.
La cara de Bella había adquirido un suave sonrojo cuando él hizo referencia a sus próximas clases práctica. Con una suave sonrisa se despidió de él.
Jamás pensó que alguien pudiera despertar en ella esa pasión, ese ardor. Cuando se metió entre sus sábanas después de desmaquillarse y ponerse el pijama, imágenes de lo ocurrido en el campo acudieron a su cabeza. Seguro que esa noche tendría sueños…interesantes.
¡Ta chan!
¿Qué os ha parecido? Bailecito, encontronazo con Jane y …. Vuelve a subir la temperatura entre estos dos ¿Practicarán mucho de ahora en adelante?
Muchas gracias por vuestros reviews, favs y follows.
Gracias de todo corazón por seguir la historia semana a semana.
Espero leer que os está pareciendo a través de vuestros comentarios.
Un saludo
Nos seguimos leyendo.
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