Quince minutos habían pasado ya, ninguno había dicho una sola palabra. Blaise y Ginevra miraban desde el sofá, atentos a cualquier movimiento. Sus padres estaban serios, casi parecían decepcionados. Draco se había sentado al lado de Luna, aunque con cierta distancia entre ellos. No quería admitirlo, ni siquiera a él mismo, pero estaba nervioso.

Aunque ya no hablaban como antes ni compartían el chocolate caliente en las noches, la simple idea de que sus padres le prohibieran seguir viviendo con ella le daba un poco de miedo. Sabía que la quería, era algo así como una hermanita…

- ¿A qué se debe la visita? – preguntó Draco, como si fuese lo más casual del mundo.

- Te hemos llamado toda la tarde – respondió Lucius.

Fue una respuesta corta y punzante. Tratando de mantener su semblante, Draco sacó su celular de su chaqueta y se dio cuenta que seguía apagado. Lo conectó y encendió: 18 llamadas perdidas y 34 mensajes sin leer. Astoria y sus amigos le habían escrito. Sus padres lo habían buscado por horas. Aun así, el único mensaje en el cual el podía fijarse era de Luna: "Compré un nuevo té, a tus papás les gustó".

Leer aquello casi lo hizo reír. No había otra persona en el planeta que le daría una noticia tan grave hablando del té. Se disculpó por no haber contestado y se excusó brevemente. No tenía deseos de pelear con sus padres, estaba exhausto por el trabajo y todo lo que acababa de experimentar con Blaise y la pelirroja. Volvió a sentarse, su madre no lo miraba, veía a Luna y la examinaba con aquella mirada que Draco detestaba.

- Nos encontramos a la señora Umbridge hoy – comentó Lucius con una mueca, Draco sabía que odiaba a aquella mujer. – y tuvo el descaro de insinuar que estas trabajando para El Quisquilloso.

Hubo un silencio sepulcral. Por un momento, pareció que nadie parpadeó. Draco mantuvo la mirada fija en su padre, debatiéndose qué hacer. Podía ver de reojo que la respiración de Luna había cambiado, definitivamente poniéndose a la defensiva.

- Pero ese no parece ser lo único que no sabíamos… - dijo Narcisa, sin quitar la mirada de Luna. - ¿Qué hace exactamente la señorita Lovegood en tu apartamento?

- Técnicamente, madre, es el apartamento es de Blaise.

Narcisa resopló, a pesar de que creía que el gesto era de alguien sin clase. Dirigió la mirada a Blaise, quien se mantuvo firme. Para sorpresa de Draco, la pelirroja también miraba a su madre sin miedo aparente.

- Luna vive aquí. Este apartamento le pertenece tanto a ella como a Draco – dijo Blaise. Lucius murmuró algo y Narcisa le tomó de la mano, como si quisiera tranquilizarlo.

- Esto es indignante. ¿Hace cuánto pasó esto? ¿Qué va a suceder cuando…?

- No me importa qué va a suceder. – dijo de pronto Draco, todos los ojos se dirigieron a él. – Luna es la razón por la que estoy trabajando, madre. ¿No era eso lo que querían desde el inicio? Ella fue la única capaz de convencerme de hacerlo y me está yendo bien. Ella ha sido un gran apoyo en todo esto y hasta me enseña cómo es vivir de manera independiente. He aprendido mucho de ella, y exijo que la traten con respeto mientras estén en su presencia y bajo el techo de su apartamento.

La pelirroja sonrió. Luna abrió la boca y clavó sus grandes ojos azules en Draco, como si acabara de conocerlo. Este se había puesto de pie sin darse cuenta. Antes de que cualquiera pudiese decir algo, se escuchó el ding del horno. Luna se fue y volvió con un plato lleno de galletas.

Esta vez Draco sí rió. Era tan irónico todo aquello. Se tapó los ojos con una mano mientras soltaba unas cuantas risas. Parecía un loco riéndose en esa situación; sus padres debieron pensar lo mismo por la mirada que le echaron.

- Draco… - comenzó su padre.

- No. Escuchen. Ella seguirá viviendo aquí hasta que ella quiera. Lo mejor que me pudo pasar es que alguien como ella aceptara vivir con alguien como yo. Considero que ha habido un cambio en mí para bien y me atrevería a decir que se ha dado gracias a ella. En serio, Luna – Draco dirigió la mirada a la pequeña rubia a su lado. –, gracias.

Una débil sonrisa se asomó en los labios de la rubia. Draco también sonreía. Por alguna razón ya no estaba nervioso, ni siquiera por estar diciéndole todo aquello a sus padres. Algo en su cerebro hizo click y se dio cuenta que realmente ya no dependía de ellos. Ni económica ni mentalmente. Podía tomar sus decisiones. Se sintió liberado.

Y entonces se dio cuenta de algo y su corazón comenzó a latir con rapidez. Era la segunda vez que se sentía así de bien… por Luna. ¿Qué carajos significaba eso? Su sonrisa se borró un poco, asustado por el hecho de que se estaba dejando influenciar por ella.

- Draco, cariño… - dijo Narcisa con un semblante serio.

- No vamos a decirte qué hacer o qué no hacer – comentó Lucius. Parecía querer sonreír por alguna razón. Blaise, detrás suyo, estaba sonriendo de más. – Pero el hecho de que seas un hombre independiente no significa que nos tengas que sacar de tu vida.

- No podemos creer que nos hayamos enterado por… alguien más de que estás trabajando. – dijo Narcisa. Draco se sentó, dejándose caer un poco. - Y está bien que la señorita Lovegood viva contigo, siempre y cuando estén ustedes dos de acuerdo. Solo no vuelvas a escondernos cosas.

Se sintió como un idiota. Sintió la sangre acumularse en su cara y la temperatura subió. No quitó la mirada de la mesa, estaba avergonzado. Si tan solo hubiese dejado a sus padres hablar…

Escuchó a sus padres dar un sorbo de sus bebidas, ofrecerle a Ginevra y a Blaise que se unieran, agradecer y darle un cumplido a las galletas de Luna; pero él no volvió a levantar la mirada.

Escuchó un poco la conversación que estaban teniendo todos sin él, hasta reían, pero él no llegó a enterarse de qué. Tal vez él no era parte de la broma, o tal vez era la broma. Cerró los ojos un momento, dejando que la sensación de ser un imbécil lo inundara.

Entonces, la pequeña mano de Luna tomó la suya y la estrujó levemente. Fue solo un gesto. Un detalle. Algo mínimo para decirle que todo estaba bien. Pero fue más que suficiente. Su pulso volvió a acelerarse y hasta sintió un hueco en el estómago. La miró de reojo y vio que ella sonreía, aunque no lo estuviese viendo directamente.

Eso fue todo lo que necesitó para tomar una decisión…

Era momento de continuar con Astoria. O no sabía qué podía pasar si no lo hacía.