- Y…cuando vas a recuperarte, viejo?
Una pequeña vena de frustración se dejó ver en su frente. Y es que Judal le estaba comenzando a colmar la paciencia; para colmo, lo trataba de viejo, a él, que apenas si tenía 30 años.
No sabía cómo, se las había ingeniado para sacarlo de su despacho, y llevarlo a su habitación. Había sido realmente arriesgado, sobre todo porque Sinbad sabía que Ja'far podía estar acechando por ahí. Pero nada ni nadie se topó en su camino. Quizás porque técnicamente iba solo, mientras Judal lo seguía levitando, en lo alto del techo.
Seguía enajenado. Quizás por eso lo había llevado a su alcoba, sin tomar en cuenta los riesgos. Se estaba comportando como cuando tenía 14 años y había conquistado su primer laberinto. Se sentía temerario, lleno de vida, de ansiedad. Asi lo estaba haciendo sentir Judal en esos momentos.
- No soy viejo. Y dame algo más de tiempo.- dijo enojado.
Y es que había quedado francamente agotado, tanto física y mentalmente. Judal parecía completamente ajeno al cansancio, es más, parecía renovado. Y quería más. Y Sinbad iba a dárselo.
No quería pensar en las consecuencias que todo esto atraería. Si es que esto-no sabía cómo denominarlo- continuaba en el tiempo. Tenía la secreta esperanza de que asi fuera. Siempre había visto en el Magi alguien imposible de tratar, caprichoso, violento y completamente contrario a la paz, y por qué no, a todos sus planes. Nunca había querido dejar que Judal lo dominara en ningún aspecto, porque él jamás se había doblegado. Pero esto era diferente.
Judal despertaba y atraía sus bajos instintos al punto de que no le importaba nada más. Incluso había echado a Ja'far! Ahora que lo pensaba en frio, se estaba arrepintiendo. Se sentía culpable. Como se sienten culpables los que ocultan algo, como una traición de semejante calibre. No quería siquiera imaginar la reacción del visir si solo…si solo intuía algo de lo que había sucedido.
Un escalofrío le recorrió la espalda.
Pero no sabía la razón especifica.
Podía ser por lo que acababa de pensar, y el miedo lo había recorrido.
O era el hecho de que comenzaba a enfriarse, pues se encontraba en su amplia bañera…le había sugerido a Judal tomar un baño luego de aquello, a lo que el Magi asintió aburrido- tenía la esperanza de que aceptara porque quería pasar más tiempo con él, y no porque no tuviese otra cosa que hacer.
O tal vez, la razón era que Judal había decidido acariciarlo sutilmente con una pierna, por debajo del agua. O porque estaba desparramado, con la espalda apoyada en el borde de la bañera, con el cabello suelto…ese cabello tan largo, tan hermoso, que nunca había podido apreciar asi, cayéndole por todos lados, dándole un leve aire femenino, o tal vez…esos ojos que quemaban, que lo miraban con insistencia, con los parpados levemente caídos.
Sinbad se removió, apoyado en el extremo opuesto. El agua llena de espuma se movió débilmente. Judal suspiró, relajado, mientras cerraba los ojos y apoyaba la nuca en el borde, estirándose hacia atrás.
Aun luego de haberse desfogado con él, con solo esos sutiles gestos estaba calentándolo otra vez.
- Me estoy aburriendo, Sinbad…no querrás que eso pase.- lo dijo débilmente, pero notó el peligro en su voz aterciopelada. Sabía que cuando Judal estaba aburrido, solo podía esperar desastre.
- No sé cómo entretenerte.- rogaba porque su entretenimiento tuviese que ver con la erección que volvía a tener.
- Ah, no te hagas el idiota!.- se inclinó bruscamente hacia delante, indignado, haciendo que un poco de agua rebalsara de la bañera.- Sabes muy bien cómo!
- No, no lo sé! No sé qué es lo que te gusta.- estaba disfrutando el picarlo un poco. Vio como fruncía el ceño, molesto.
- Vamos, hazlo de vuelta!
- Que cosa?
- Lo de antes!
- Que de todo?.- podía ver de nuevo ese tinte rosado en su rostro. La erección saltó entre sus piernas, ansiosa.
- Esto.- a continuación se dio la vuelta, apoyándose en el borde, mientras le elevaba el trasero.
Sinbad cerró los ojos por un momento. Lo mataba que fuese tan poco vergonzoso, y tan caprichoso. Sólo estaba pensando en él, en disfrutar otra vez el nuevo placer que había descubierto. Agradecía que por primera vez fuese compartido.
Se inclinó hacia delante, dispuesto a entretenerlo, cuando Judal se sentó de golpe, mirándolo con horror.
- No pensarás metérmela aquí en el agua, verdad?.- dijo con asco. No entendía que le pasaba.
- Por qué no? Es lo mismo, además no tendremos que volver a bañarnos.
- Eres un asqueroso.- le dijo con reproche. Otra vez esa voz burlona que odiaba había vuelto.- Además, asi no me interesa.
- Cómo?.- Sinbad vio como las mejillas de Judal se teñían aún más, mientras bajaba la mirada. Su cabello flotaba disperso en el agua.
- Porque asi no me dejarás nada.
- Cómo?.- volvió a repetir, como un idiota. No sabía si había escuchado bien.
- Que no me dejarás nada. Y me prometiste que dejarías más de eso allí.- dijo, con un color rojo furioso en el rostro. Sinbad iba a tirarse sobre él.- Se me arruga la piel.
Salió de la bañera con una facilidad que asombró a Sinbad, quien solo podía deleitarse con el cuerpo del Magi. Estaba completamente mojado, con el cabello pegado a su espalda y piernas; Judal tomó un mechón entre sus manos, molesto. Tomó todo su cabello y lo escurrió, para luego tirarlo hacia atrás. Podía apreciar su cuello desnudo, pues se había sacado las joyas para bañarse. Caminó hacia una de las toallas para secarse, mientras Sinbad no reaccionaba. No sabía si era adrede o no, pero movía las caderas al andar, seductoramente. Tampoco sabía si le daba algún cuidado a su piel, o simplemente era asi de hermosa. O a su cabello. Tragó saliva.
- Piensas quedarte a vivir allí o qué?.- dijo, burlón, mientras se secaba. Lo miraba desnudo, sin pudor alguno.
- Realmente nunca has hecho esto?
- Qué quieres decir?.- preguntó, confundido, mientras terminaba de secarse el cuerpo. Continuó con el cabello.
- Nada, solo…nada.
Salió de la bañera, dispuesto a secarse, cuando una carcajada lo interrumpió. Miro a Judal, que había tirado la toalla y se reía ruidosamente, apuntándolo.
- Me dices que no sabes cómo entretenerme, pero bien que esa cosa pequeña se volvió gigante de repente.- dijo mirándolo sin vergüenza alguna. Sinbad se sonrojó débilmente.
- Es tu culpa, me provocas.
- Yo no te provoco, te digo la verdad.
Sinbad se acercó a él, dispuesto a continuar lo que había querido empezar en la bañera, pero Judal retrocedió, mirándolo serio. Otro paso, otro paso de Judal hacia atrás, hacia su habitación.
- Se puede saber qué haces?.- Sinbad estaba impaciente por tenerlo entre sus brazos otra vez, y el hecho de que el Magi oscuro se comportara de forma tan infantil lo enervaba. No quería que volviera el Judal despreciable. No aun.
- Ahora ya no tengo más ganas.- dijo, bastante seguro de sí mismo.
Sinbad lo miró con desconcierto. No había sido él acaso quien lo había incitado? Volvió a dar uno, dos, tres pasos más, y notó que Judal se inclinaba hacia atrás, listo para salir corriendo en cualquier momento.
- Judal…
- No.
A continuación, salió disparado de su habitación, y gracias al cielo, Sinbad reaccionó tan rápido como el, corriendo casi al unísono. Agradecía ser más alto, porque sus piernas eran más largas que el Magi, y por lo tanto, lo alcanzó en segundos, antes de que éste alcanzara sus ropas, posiblemente buscando su varita. Lo tomó por detrás, por los brazos, y lo dio vuelta, encarándolo y empotrándolo contra uno de los doseles de su cama. En la ansiedad no recordaba si había cerrado la puerta. No le importaba. Otra vez se pegó a su cuerpo, abrazándolo.
Judal primero bufó, molesto. Lo miró con el ceño fruncido, enojado por haber sido cazado tan rápidamente. Pero luego, cuando Sinbad lo abrazó, tocó algo en alguna parte que le hizo cosquillas, y comenzó a reírse en forma dulce, casi infantil. Inclinó la cabeza hacia atrás, y Sinbad aprovechó para devorar su ahora descubierto cuello de porcelana. Lo oyó suspirar entre risas.
- Eres un miserable…sin mi varita no puedo defenderme.- decía entre suspiros, aparentando enojo. Sinbad enredó sus manos en su cabello, deleitándose con lo suave que era, mientras el deseo se encendía de vuelta, tan potente como hacia un rato atrás.
- Creo que ahora estamos iguales.- dijo entre besos. Judal volvió a reír, complacido, cuando Sinbad le mordió uno de sus hombros. – Ahora que lo pienso…aun no me has dejado besarte.
- Eh?.- no sabía si no lo había escuchado, o se hacia el tonto. Sinbad lo miró directo a los ojos, que hacían juego con el rubor de ambos.
- Ven aquí.- se acercó lentamente para probar sus labios…habiendo probado su cuerpo, sabia de sobra que sus labios serian un manjar, algo de lo que no podría escapar. Ni siquiera podía imaginarse su sabor, su textura…
Cuando estaba a punto de besarlo, otra vez, esquivó su rostro, haciendo a un lado el suyo, rehuyéndolo. Sinbad frunció el ceño, confundido y ansioso.
- Por qué no quieres que te bese?.- lo tomó en sus brazos con mayor insistencia, haciendo un poco de fuerza, apretándolo. Judal reaccionó mal, empujándolo. Por la fuerza, cayó sobre la enorme cama, quedando en el medio de mantas y sabanas de color azul y verde agua, mirándolo con rencor.
- No quiero, es todo…confórmate con mi cuerpo.
Sinbad lo miró.
Judal no lo miraba directamente, sino que esquivaba sus ojos, rojo como un tomate. Su expresión era contrariada, pero había algo más en ella. Sinbad pensó que era vergüenza. Y se sintió extraño. Por qué tenía vergüenza ahora, después de todo lo que habían hecho, de lo descarado y erótico que se había comportado momentos antes? Todo por un beso? Su cerebro no podía maquinar, porque Judal decidió volver a ser él. Se apoyó en sus codos, mirándolo de manera coqueta otra vez, aun con el sonrojo en su cara, moviendo las piernas, abriendo y cerrando.
- Vas a quedarte allí parado?
Ante la provocación, Sinbad se zambulló en su propia cama, tirándose sobre Judal. Sus cabellos, negro y púrpura, se entremezclaron en las sabanas, mientras Judal abría ampliamente las piernas, recibiéndolo, enroscándolas en sus caderas y piernas bronceadas. Sinbad tomó las dos muñecas del Magi y apresó sus manos a los costados, entrelazando sus dedos. Volvió a sentir que Judal lo acariciaba sutilmente entre los dedos, como aquella vez en el corredor.
Lo oyó reír juguetonamente, removiéndose bajo él.
- Eso de allí abajo está ansioso, como tú.- maldición. Cómo es que un hombre podía hablar de una manera tan erótica, más sensual que cualquier mujer que había intentado seducirlo?
- Quiere entrar en ti otra vez.- dijo Sinbad, ronco de deseo.
Besó su mentón, esperando que apartara el rostro. No lo hizo, pero la risa paró, al igual que sus movimientos. Decidió probar su suerte, delineando la línea de su mandíbula con la lengua. Lo oyó suspirar.
- Me dejarás besarte ahora?.- dijo en un tono que pretendía ser seductor.
- No lo sé, no lo hiciste cuando debías hacerlo.- dijo compungido. Volvía a estar sonrojado.
- Cuando?.- estaba confundido.
- …
- Judal? Cuando debí haberte besado?.- se sentía horrible. Acaso había despreciado sus labios sin darse cuenta?
- No es…ah…- no encontraba las palabras. Desvió otra vez la mirada.- no es que…el beso viene al principio?
Se quedaron en silencio. Al no obtener respuesta, Judal se atrevió a mirarlo por el rabillo del ojo. Estaba rojo. Y Sinbad también lo estaba. No podía sino sentirse enternecido, en cierta forma. Jamás pensó en ver a Judal en ese estado de ingenuidad pura. Era otra persona, definitivamente.
- Tienes razón, soy un idiota.- dijo, tomándolo por el mentón. Judal se sonrojó un poco más, mientras contenía la respiración.- Alguna vez has besado a alguien?.- lo dijo suave, pero en su interior, y no comprendía por qué, un sentimiento quemante se removía, sacándole el aire.
- Claro que sí!.- si no hubiera sido por la velocidad a la que contestó, y porque esta vez, la mentira era obvia en su cara, Sinbad habría estallado de celos. Pero no. Se maravilló, sabiendo con certeza que Judal era virgen en todos los sentidos, y se estaba entregando a él. Probablemente no le daba la importancia que eso realmente tenia.
- Ah sí?
Acercó su rostro al del Magi oscuro. Este contenía la respiración, ansioso y asustado. Rozó su nariz a la de Judal, acariciándola.
- Respira, Judal.- inmediatamente, el otro largó el aire contenido, respirando agitadamente. Volvió a acariciarlo con la nariz.
Sacó su lengua despacio, apenas tocando los labios de Judal; éste los entreabrió , sorprendido, y cuando Sinbad repitió la acción, los mordió, ansioso. Estaba comenzando a gustarle; como todo lo anterior, se acostumbraba a lo desconocido, encontrándole el goce rápidamente.
Sinbad lamió sus labios mordidos, esta vez con mayor ímpetu. Judal se desprendió de su agarre, y paso ambos brazos sobre sus hombros, acercándolo aún más.
- A qué esperas?.- si voz estaba ronca.
Aprovechando que había abierto la boca, Sinbad tomó su labio inferior entre los suyos, apretándolo sutilmente. Judal suspiró placenteramente, apretando su abrazo, tanto de brazos como de piernas.
Fundieron sus labios, primero lenta, tímidamente, conociéndose. Pero una vez Judal tomó confianza, comenzó a chupar los labios de Sinbad, en forma apasionada, desesperada. Sinbad gimió en su boca, introduciendo su lengua en la cavidad del menor, en donde rápidamente se encontró con su par, esperándolo. Parecían desesperados por el contacto, como muertos de hambre al ver un trozo de alimento.
Y Judal comenzó a refregarse contra él otra vez.
- Esto es tan bueno como lo otro.- suspiró, orgulloso.
Sinbad sonrió, pensando lo que se venía.
No quería que eso acabara jamás.
Kougyoku no recordaba haber necesitado dormir tanto antes. Por lo menos, cuando abrió los ojos, aún era de día. Considerando que se había acostado cerca del mediodía, era todo un logro que solo fuera el atardecer.
Lo primero que sintió al despertar, fue un olor diferente al habitual allí, en su habitación en Sindria. No era el típico aroma a fresas que ella usaba para bañarse, y que estaba impregnado en todas sus ropas. Era una fragancia diferente, pero aun asi, delicada.
Lavanda. O algo asi.
Frunciendo el ceño, y sintiendo aun un pequeño dolor de cabeza, se sentó en la cama. Casi pega un grito al ver que su Judal la había estado mirando dormir.
Se llevó una mano al pecho, intentando calmarse. Judal la miraba entre divertido y burlón, y la princesa pudo notar que las ojeras aún seguían allí.
- No dormiste, Judal-chan?.- dijo con voz pastosa la princesa. Se aclaró la garganta, sonrojada.
- No, no dormí.
- Y que hiciste?.- quizás había estado con Kouen todo ese tiempo. Rogaba porque no le dijera que la había estado espiando dormir todo el tiempo. Si había roncado o algo…
- Anduve por ahí.
El "anduve por ahí" se convirtió en un gran sonrojo. Kougyoku lo miró embelesada, mientras Judal intentaba ocultar la pena en sus ojos.
- Anduviste haciendo cosas, Judal-chan?.- dijo en un tono coqueto, acercándose a él, gateando. El tono en el que lo había dicho no daba lugar a dudas.
- Si, y qué? No soy tan paciente como quieres que sea, vieja.- dijo furioso. Se cruzó de brazos y piernas, mirándola desafiante. Kougyoku juró, que por un instante, su rostro había expresado dolor.
- Estas bien?.- se preocupó, de repente. Quizás el amor secreto de su pequeño Judal había sido demasiado bestia con él…
- Si, y no preguntes más.- volvió a desviar la mirada.
- Sólo una pregunta más.- pidió la princesa. Esperaba que el Magi aceptase.
- Sólo si prometes después cerrar la boca y no comentar nada.
- Judal-chan, me ofendes! Jamás te traicionaría!
- Está bien, que quieres?
- Te gustó?.- preguntó sonrojada. Claro, él también se sonrojó.
- Si.- dijo escuetamente, violento.
- Mucho?.- estaba emocionada, no podía parar.
- Sí, quiero más.- lo dijo sin pensarlo, arrepintiéndose. Odiaba tener tanta confianza con la vieja esa, lo hacía vulnerable.
- Lo sabía! Oh, que romántico!
- No lo es!
Lo dijo con tanta violencia, que sacó de su ensoñación a Kougyoku. Lo miró, entre confundida y preocupada.
- Qué quieres decir?
- Me echó de su habitación.- dijo simplemente.
Kougyoku lo miró con lastima. No quería que se le notara en el rostro, porque sabía que Judal odiaba ese tipo de sentimientos, más cuando se los tenían a él; pero no podía evitarlo, pensando que había dicho aquello sin importancia. No sabía si estaba ocultando el dolor de ser rechazado, o realmente no le importaba. Si era lo primero, sufría con y por él. Si era lo segundo, sufría más todavía.
Suspiró.
La princesa no sabía bien como había sido la crianza del Magi. Ella nunca había preguntado, y él nunca le había hablado de aquello. Cuando lo conoció, siendo aún demasiado jóvenes, ya era lo caprichoso e infantil que era ahora, por lo que pensó que, a diferencia de ella, en su más tierna infancia había tenido cuanto él había deseado. Pero oyéndolo…quizás si había tenido todo lo material que había querido, pero el afecto, el cariño, la aceptación amorosa de otra persona…quizás no. Y es que no encontraba otra explicación para que se tomara tan tranquilamente ese tipo de rechazos, después de haber hecho algo tan importante e íntimo…
- Y eso a ti no te molesta?.- tanteó, con temor.
- No mucho, porque me dijo que nos veríamos de noche.- sonrió, restándole importancia.
- Judal-chan…sólo…bueno, sólo has hecho eso con esta persona?
- Qué quiere decir con sólo eso?.- la miró confundido.- Qué más quieres que haga?
Kougyoku lo miró horrorizada, tapándose la cara.
- Te está usando, no te das cuenta?
- Y? yo también lo uso a él.- dijo encogiendo los hombros, como si fuera lo más natural del mundo.
- Eso es horrible, Judal-chan…acaso tú me usas a mí?.- vio a Judal ponerse nervioso.
- Claro que no! Quiero decir, a veces si.- la princesa infló las mejillas, enojada.- A veces necesito que me escuches, como ahora, o que me prestes tus conocimientos, como antes.
- Pero eso no es usar, Judal-chan, yo te ayudo y te escucho porque te quiero.- Judal desvió la mirada, avergonzado.- No está mal querer a alguien, sabes.
- Qué molesta eres.
- Se levantó de la cama, y parecía más tranquilo. Se acercó a la ventana, dispuesto a irse.
- Existe la puerta, sabes?
- Cállate.
Se apoyó en el alfeizar, y se giró, encarándola. Antes de saltar, le sonrió.
- Gracias, vieja bruja.- desapareció.
Kougyoku se quedó allí, sentada en su propia cama, llena de preocupaciones. Si Judal no controlaba la situación, terminaría cayendo; sabía bien que el Magi pese a ser frío, en el fondo tenia sentimientos, y la princesa tenía terror de que se le rompiera el corazón. Por lo que le había dicho, ese hombre lo estaba usando sólo para placer personal, sin molestarse en conocerlo, y por qué no, quererlo. Tenía miedo de que Judal se enganchara realmente, que se enamorara…y saliera gravemente herido.
No pudo evitar sonrojarse cuando se dio cuenta que le había dado las gracias. Sonrió, mientras por la ventana entraba la luz rojiza del sol, anunciando los últimos momentos de la tarde.
Hola!
Disculpen la demora! no se qué me paso!XD
Muchisimas gracias por sus comentarios, realmente me alegro que les guste el fic! haganme saber cualquier sugerencia que tengan, o critica...es bien recibida!
Nos leemos!
